Tres décadas de ‘un punto azul pálido’

Por Daniel Marín, el 14 febrero, 2020. Categoría(s): Astronáutica • Astronomía • NASA • Sistema Solar ✎ 92

Hay fotos icónicas y luego está la foto que el 14 de febrero de 1990 tomó la sonda Voyager 1 de la Tierra a más seis mil millones de kilómetros de distancia. La foto en sí no es nada impresionante, pero precisamente ahí radica su belleza. Nuestro planeta, junto con los miles de millones de seres humanos y otros seres vivos que vivimos en él, aparece como una pequeña mota azul en medio de la negrura del espacio. Un minúsculo, humilde e insignificante punto azul pálido (pale blue dot), como fue bautizado por Carl Sagan.

La imagen del Punto Azul Pálido procesada nuevamente (NASA/JPL-Caltech/Candy Hansen/William Kosmann/Kevin McGill).

El pequeño punto aparece justo en medio de un rayo de luz, pero, lejos de ser una señal de que nuestro planeta es importante, se trata de un simple artefacto de la óptica de la cámara de la Voyager. Otra cura de humildad. En realidad, la imagen del ‘punto azul pálido’ formaba parte de un retrato de los planetas del sistema solar. Aunque, finalmente, Mercurio y Marte se quedaron fuera de la foto de familia. Mercurio por encontrarse demasiado cerca del Sol y Marte por ser muy débil.

Una de las Voyager antes del lanzamiento (NASA).

La Voyager 1 había abandonado el plano de la eclíptica tras su sobrevuelo de Saturno en noviembre de 1980. A pesar de que seguía —y sigue— recabando datos sobre el viento solar y la heliosfera, su misión principal como sonda planetaria había terminado. Su posición por encima del plano de las órbitas de los planetas le permitía obtener una foto de conjunto de los principales cuerpos del sistema solar. Esta situación peculiar la había alcanzado como resultado del paso cercano de Titán, la por entonces enigmática luna de Saturno. El sobrevuelo modificó dramáticamente la trayectoria de la Voyager 1, provocando que abandonase la eclíptica. La NASA no tenía fondos para enviar a las dos Voyager a explorar otros mundos más allá de Saturno, así que decidió «sacrificar» la exploración de Plutón —sí, Plutón era uno de los posibles objetivos de la misión— por parte de la Voyager 1 a cambio de un sobrevuelo que pasase cerca de Titán. Por su parte, y después de su paso por Saturno en 1981, la Voyager 2 continuó hacia Urano y Neptuno, planetas que sobrevoló en 1986 y 1989, respectivamente.

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Sonda Voyager (NASA).

Precisamente, ya en 1981 Carl Sagan, junto con parte del equipo que había participado en la creación de los discos de oro de las Voyager, comenzó a presionar a la NASA y a los encargados de la misión para llevar a cabo esta sesión fotográfica. Gracias a la serie Cosmos, hoy en día todo el mundo asocia a Sagan con las Voyager, pero en realidad Sagan tuvo un papel muy marginal en el proyecto (colaboró con el equipo de la cámara y, por supuesto, fue el principal impulsor de la iniciativa del disco de oro de las Voyager, a su vez continuación del mensaje grabado en la placa de las Pioneer 10 y 11; sin embargo, no era investigador principal de ningún instrumento ni ocupaba un papel relevante en la jerarquía de la NASA). Para Sagan, tomar una imagen de la Tierra desde «fuera» —o sea, desde el exterior del sistema solar— serviría para que la humanidad tomase conciencia de nuestro insignificante lugar en el cosmos y de la necesidad de superar las pueriles diferencias que nos autoimponemos como barreras para hacer de este mundo un lugar mejor. Si la legendaria imagen de la «cánica azul» (blue marble) de la Tierra que tomó el Apolo 17 puso de relieve la fragilidad y belleza de nuestro planeta, esta fotografía iría más allá: además de bello y frágil, nuestro planeta es una pequeña mota en medio de la nada.

Plataforma de instrumentos de la Voyager con la cámara de pequeño angular en primer plano (el cilindro más largo). Encima se ve la cámara de gran angular (NASA).

Muchas otras sondas podían captar la Tierra desde millones de kilómetros de distancia como un simple punto —y, de hecho, lo siguen haciendo—, pero lo importante era el contexto. Sagan sabía que lo que hacía única una imagen así era que iba a ser tomada por un emisario de la humanidad que había sido enviado fuera del sistema solar. Sin embargo, Sagan no lo tuvo fácil y su idea se topó con mucha más resistencia de la esperada. Algunos de los investigadores principales de las Voyager y la cúpula de la NASA no veían con muy buenos ojos usar una nave extremadamente cara para tomar una serie de imágenes sin ningún valor científico. Sí, aunque parezca mentira, la imagen del punto azul pálido estuvo a punto de ser cancelada por que era ‘poco interesante’ (seguramente, el peso de los egos de los encargados de la misión jugó un papel nada despreciable en esta resistencia a la idea de Sagan; recordemos que, pese a su enorme fama y renombre, Sagan no tenía ni voz ni voto en el programa Voyager). Con el fin de darle un contenido científico a la propuesta y facilitar que fuese aprobada, el científico principal de las Voyager, Ed Stone, insistió en que las imágenes se usaran para estudiar la luz zodiacal y analizar la distribución de materia interplanetaria. Lamentablemente, en 1987 la Voyager 1 tomó varias imágenes del cinturón de asteroides para estudiar la distribución de polvo interplanetario en un intento de sondear la viabilidad de la idea de Sagan. Desgraciadamente, no detectó nada. ¿Por qué repetir un experimento que no había dado resultados?

Las dos cámaras de las Voyager recibían el nombre de ISS: Imaging Science Subsystem (NASA).

La principal crítica a la idea de Sagan y su equipo es que la sensible cámara Vidicon de la Voyager 1 —en realidad eran dos, una de gran angular y otra de pequeño angular— podría estropearse si se acercaba demasiado al Sol. El temor hubiera sido razonable de no ser porque la cámara ya no se iba a usar más después del sobrevuelo de Saturno. Otro inconveniente era el gasto de combustible y el coste: movilizar el equipo de la sonda para tomar la serie de imágenes no saldría gratis, aunque, evidentemente, el precio era insignificante en comparación con el presupuesto de la misión. Poco a poco, todas las posibles pegas fueron desapareciendo, aunque no sabemos si la propuesta hubiera salido adelante sin el decidido apoyo de Sagan, quien por entonces estaba en el zenit de su fama como divulgador científico. La NASA aceptó tomar la imagen después del encuentro de la Voyager 2 con Neptuno en 1989, ya que no quería que este pequeño proyecto interfiriese con el trabajo de los investigadores. No obstante, fue necesaria la intervención directa del administrador de la NASA Richard Truly para que la propuesta fuese aprobada en firme. Y es que Sagan y su equipo tenían prisa. El generador de radioisótopos (RTG) de la Voyager 1 cada vez producía menos electricidad. Si esperaban demasiado, era posible que no quedase potencia suficiente para activar la cámara, grabar las imágenes en la cinta magnética y mandarlas a la Tierra.

Perspectiva del sistema solar desde la Voyager 1 y las imágenes tomadas. El ángulo con respecto a la eclíptica es de unos 32º (NASA/JPL).

Una vez recibida la autorización, las investigadoras Candy Hansen (del JPL) y Carolyn Porco (Universidad de Arizona) calcularon los tiempos de exposición necesarios para cada planeta según las características de la cámara de la Voyager 1. Porco, que se había unido al equipo de la cámara de la Voyager en 1983, había tenido la misma idea que Sagan de forma independiente sin saber que Carl estaba promoviendo la idea. En 1988 Porco se enteró de la propuesta de Sagan y se sumó a la misma. Posteriormente, sería la encargada de la cámara ISS de la sonda Cassini y llevaría a cabo su propio ‘punto azul pálido’ desde la órbita de Saturno.

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El retrato de familia de la Voyager 1 en 1990 (NASA/JPL).

El cálculo de exposiciones era fundamental para evitar que los planetas se viesen borrosos o que no se distinguiesen entre el negro del espacio. Curiosamente, esta tarea era bastante complicada porque existía cierta incertidumbre con respecto al albedo de cada planeta en las longitudes de onda de los filtros de la cámara de las Voyager. Se decidió no fotografiar a Mercurio por estar demasiado cerca del Sol. De acuerdo con la base científica de la propuesta, la sonda fotografiaría las zonas cercanas al Sol para estudiar la distribución de partículas interplanetarias, pero, por seguridad, usaría el menor tiempo de exposición posible (1/200) y las imágenes se tomarían con el filtro de metano (el más oscuro). En estas condiciones, Mercurio era invisible. Hansen y Porco calcularon que, desde la Voyager 1, la Tierra y Venus tendrían un tamaño aparente 1,4 y 1,3 píxeles respectivamente. Sin embargo, ambos planetas ocuparían menos espacio (0,12 píxeles en el caso de la Tierra) al verse como crecientes desde la posición de la Voyager (aunque, lógicamente, la nave no podría resolver la forma de los planetas). La icónica fotografía de la Tierra se obtuvo a partir de tres fotografías de 0,72, 0,48 y 0,72 segundos de exposición con los filtros azul, verde y violeta (que a veces se denomina ‘azul’ en alguna documentación), respectivamente. La Luna era demasiado débil para que se pudiese distinguir como un objeto separado.

Los seis planetas vistos por la Voyager 1 en 1990 (Venus, Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) (NASA/JPL).

El Sol ocupaba 3,3 píxeles en la cámara de gran angular y 40 píxeles en la de pequeño angular. Por su parte, Marte no pudo fotografiarse porque los encargados de la misión se dieron cuenta demasiado tarde de que el planeta se vería muy débil a través de los filtros de color de la cámara. Cuando fueron conscientes del fallo ya se había planificado al detalle la secuencia de instrucciones para realizar las fotografías. Modificarla hubiese supuesto un retraso inaceptable, así que el planeta rojo se quedaría fuera del retrato, aunque se fotografiaría la zona en la que se hallaba de todas formas. La cámara no tendría ningún problema en captar Júpiter y Saturno, que ocupaban un píxel aproximadamente, pero Urano y Neptuno eran tan débiles que las imágenes requerirían quince segundos de exposición, por lo que saldrían ligeramente movidos por culpa del movimiento de rotación la nave.

El retrato de familia del sistema solar de la Voyager 1, sin Mercurio y Marte (NASA).

Finalmente, la vieja nave activó su cámara el 14 de febrero de 1990. Tras calentar las dos cámaras durante tres horas, la plataforma de instrumentos se movió para apuntar hacia los planetas siguiendo la secuencia prevista: primero captó Neptuno, luego Urano, seguido de Marte, el Sol, Júpiter, la Tierra y Venus. Sesenta imágenes en total. La imagen de la Tierra se tomó a las 04:48 UTC. 34 minutos después, y una vez cumplida su misión, la cámara de la Voyager 1 se apagó para siempre. No obstante, hubo que esperar al 1 de mayo de 1990 para que la Voyager transmitiese a la Tierra las últimas imágenes del retrato.

Pese a los esfuerzos de relaciones públicas de la NASA, las fotografías tuvieron un modesto impacto entre el público. Al fin y al cabo, solo eran seis imágenes de pequeños puntos borrosos en medio de un fondo negro. Habría que esperar a 1994, cuando Sagan publicó su libro Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio para que se volviesen realmente famosas, en especial la foto de la Tierra. La fotografía de nuestro planeta pasó a ser parte del legado de nuestra especie y un símbolo de lo lejos, literalmente, que hemos llegado. Pese a todo, tres décadas después la humanidad no ha aprendido la principal lección de la imagen del punto azul pálido, más bien todo lo contrario. Una imagen que nos recuerda que todos los humanos habitamos el mismo planeta diminuto y frágil; y que las diferencias políticas o culturales son insignificantes y ridículas comparadas con la inmensidad del espacio.

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La Tierra vista como un punto azul pálido por la Voyager 1 en 1990 (NASA/JPL).

Echemos otro vistazo a ese puntito. Ahí está. Es nuestro hogar. Somos nosotros. Sobre él ha transcurrido y transcurre la vida de todas las personas a las que queremos, la gente que conocemos o de la que hemos oído hablar y, en definitiva, de todo aquel que ha existido. En ella conviven nuestra alegría y nuestro sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cazadores y forrajeadores, héroes y cobardes, creadores y destructores de civilización, reyes y campesinos, jóvenes parejas de enamorados, madres y padres, esperanzadores infantes, inventores y exploradores, profesores de ética, políticos corruptos, superstars, «líderes supremos», santos y pecadores de toda la historia de nuestra especie han vivido ahí… sobre una mota de polvo suspendida en un haz de luz solar.

Carl Sagan

Referencias:

  • https://www.jpl.nasa.gov/news/news.php?feature=7593
  • https://solarsystem.nasa.gov/resources/536/voyager-1s-pale-blue-dot/
  • https://blogs.scientificamerican.com/observations/how-the-celebrated-pale-blue-dot-image-came-to-be/


92 Comentarios

  1. Impresionantes fotografías que quedarán para la posteridad gracias al empeño de Carl Sagan. Y pensar que no iban a hacerlas por no tener valor científico… Gracias a esa fotografía el mundo astronómico es más conocido entre el gran público.

    Una cosa, ¿Estando en 2020 la sonda podría encender otra vez la cámara para hacer una sola foto aunque fuera? ¿O no tiene energía suficiente? Sería un detalle para celebrar el 30 aniversario de las fotografías, aunque imagino que ahora mismo solo podría ver el sol y como un pixel…

  2. Buenísimo y emotivo. Años después Porco et al repitieron lo mismo con las cámaras de la mítica Cassini desde Saturno, y varias veces. Lástima que Sagan no lo hubiera podido ver.

    1. Interior to the G ring and above the brighter main rings is the pale blue dot of Earth. Cassini views its point of origin from over a billion kilometers (and close to a billion miles) away in the icy depths of the outer solar system. See PIA08324 for a similar view of Earth taken during this observation.

  3. Una imagen muy evocadora ojalá que ya sea EEUU o china y porque no la ESA puedan sacar adelante una misión interestelar similar para que nos vuelva a mostrar nuestro humilde lugar en el universo .

  4. Una imagen que nos recuerda que todos los humanos habitamos el mismo planeta diminuto y frágil; y que las diferencias políticas o culturales son insignificantes y ridículas comparadas con la inmensidad del espacio.

    +1 Daniel, aún seguimos anclados al pasado, y el futuro ante nosotros es inmenso y abrumador…y nuestra piedra-planeta sigue a la deriva como nosotros…ojalá cambiemos pronto…

  5. Ahí es donde se ve realmente lo insignificantes que somos.

    También vemos que vivimos en un mundo pequeño y frágil. Es un artgumento muy bueno para animar la ciencia y la exploracion espacial y habitar otros mundos.
    Como especie, habitando un sólo mundo corremos el riesgo de desaparacer del universo.

  6. A quien no haya leído (aún) el texto de Sagan (o escuchado en su propia voz, está ahí en YouTube), recomendarle que lo lea. Tiene artículo en la Wiki y se encuentra por doquier en la web. A la Humanidad le ha llevado siglos hacer una reflexión así, no el fondo, mucha gente a lo largo de la historia ha venido a caer en la cuenta de lo mismo, pero con una imagen así, tan demoledora, no. Es una imagen, real, no es una abstracción de la mente.

    Los humanos no nos conocemos a nosotros mismos. Esto en un individuo es potencialmente grave y hasta letal según las circunstancias. Configuramos grupos sociales enormes, de millones de individuos -esto es lo que nos ha dado la ventaja evolutiva, y no el habla ni el pensamiento presuntamente abstracto ni nuestras maravillosas manos, todo esto está presente en otros animales a veces incluso en mayor medida-, no sabemos a qué reglas obedece nuestro comportamiento, en resumen, de nosce te ipsum (noscite vos ipsa) nanay.

    Y cuando se está muy pasado de rosca, y en una burbuja fuera de la realidad (el camino más rápido a la extinción),

    It has been said that astronomy is a humbling and character-building experience. There is perhaps no better demonstration of the folly of human conceits than this distant image of our tiny world. To me, it underscores our responsibility to deal more kindly with one another, and to preserve and cherish the pale blue dot, the only home we’ve ever known.

    P.S. 6 millardos de km son 5 h 33 min-luz.

  7. Deliciosa y fantástica entrada, Dani. Soy maestro de primaria y hoy he puesto el video del “pale blue dot” a todos los cursos de primaria de mi colegio. Sus caras lo decían todo…

  8. Que naves más maravillosas y que gran hombre Sagan y su cabezonería.
    Cuando la humanidad disponga de naves capaces de ir más allá, tenemos que rescatar al menos una de las dos.

  9. Hablando de Carl Sagan un poco de crónica rosa: ¿nunca os habéis preguntado por qué no funcionó su primer matrimonio?. Una hipótesis que me acabo de inventar justo ahora sería: por el cambio climático antropogénico. Imaginémonos: es 1961, y ya tienen dos niños, ¿qué toca ahora?, pues, discutir. Pero ellos no discutirían por chorradas como nosotros los mortales. Yo me imagino que Carl defendería que si los hombres no cuidamos el planeta todo se iría al traste en un final apocalíptico que ahora (60 años después) tanto se ha puesto de moda con el llamado calentamiento global. Sin embargo, Lynn creería que el planeta Tierra contiene muchos más seres vivos que el hombre y que el conjunto de todos ellos regularían la temperatura terrestre, hiciese lo que hiciese el hombre. Total: divorcio asegurado.

      1. A ver, lo aclaro: el cambio climático antropogénico no creo que influyera en absoluto en el divorcio de Carl y Lynn Sagan. Esas ideas las tuvieron en su madurez, no creo que las tuvieran de jóvenes 46 años antes del año 2007 (cuando ya se convirtió en un tema «mainstream»).
        Pochi, lo que dice ese blog que citas debe ser la versión del asunto dictada por el heteropatriarcado machista opresor falocéntrico. Como feminista de toda la vida que soy, podría extenderme más en el asunto y explicar todas esas circunstancias mejor. Pero no caben en esta entrada que, al fin ya al cabo, nos regala una hermosa vista de la Tierra desde muy lejos.

    1. Pues no. En esa época Sagan estaba más preocupado por el invierno nuclear que se produciría después de una guerra nuclear. Escribió varios artículos sobre ese tema que era el que más le preocupaba. La autodestrucción de la civilizacion

      1. Falcon, ya lo aclaré esta mañana. Lo repito por si no se entendió: las visiones del cambio climático eran opuestas en Carl y en Lynn. Pero el catastrofismo de Carl le vino a él alrededor del 1985 (5 años después de la publicación de su conocidísimo libro «Cosmos» donde no habla nada del cambio climático ni del calentamiento global). La visión de Lynn sobre la temperatura regulada de la Tierra se formalizó en la hipótesis de Gaia (una hipótesis bastante difusa que apareció por primera vez en 1979 aunque sus dos principales defensores, Lynn y Lovelock, venían años trabajando en ella y que, durante muchas décadas después, siguieron discutiendo entre ellos dos sobre Gaia). El hecho de que yo quisiese adelantar 20 años en el tiempo la discusión: Carl vs. Lynn, para que coincidiera con la ruptura de su matrimonio, es pura invención mía.
        Por otro lado, Falcon, la preocupación de Sagan por el invierno nuclear es evidente: ya en 1980, la página 300 de este libro «Cosmos» contiene una fórmula cuyo último factor es la probabilidad de que una civilización se auto-destruya (por el invierno nuclear del que hablas). Pero no creo que el invierno nuclear fuese importante para Carl en 1961 porque todavía no había existido la crisis de los misiles soviéticos en Cuba y toda esa paranoia todavía no se había producido en los USA. Por otro lado, Lynn siempre defendió que los humanos no somos lo más importante en este «punto azul pálido». Ella solía decir que, antes de los humanos, existían los organismos microbióticos y que, después de los humanos, seguirán existiendo estos organismos microbióticos.

        1. Hombre, Cosmos: A Spacetime Odyssey es una maravilla al lado de la bazofia que es el 99% de lo que se emite en TV. Pero sí, la ausencia de Carl es irremplazable, ya desde los scripts.

          Ann Druyan y Steven Soter por sí solos no lograron transmitir «la magia» de Cosmos: A Personal Voyage… y lo que es peor, metieron la gamba en numerosas ocasiones, me refiero a datos erróneos en el aspecto puramente divulgativo, sobre todo en los primeros episodios, después el asunto mejoró.

          Estoy esperando ansiosamente Cosmos: Possible Worlds… presintiéndole desde ya un regusto agridulce, pero en fin, no puede ser taaan mala como para defraudarme por completo 😉

          1. No puedo estar más de acuerdo con tu apreciación, soy hijo de mi tiempo y para mi Cosmos: A Personal Voyage, dejó una marca indeleble que me acompañará siempre, no hay una sola vez que no me acuerde de C.Sagan, cuando observo el firmamento ya sea con telescopio, prismático, o a simple vista, le debo grandes noches de observación, él hizo que me interesase por la astronomía.
            Buenas noches y buenos cielos.

  10. «Pale blue dot» fue el primer libro que me atreví a leer, -con gran esfuerzo entonces-, en inglés, me lo prestó un amigo que lo trajo de USA, había leído «Cosmos» -en español- poco antes y no pude esperar, por supuesto lo compré en cuanto salió traducido y lo volví a leer.. Tres décadas después, «Un punto azul pálido» sigue siendo igual de icónico y ha sido el fondo de escritorio de mi pantalla por mucho tiempo. Estos y otros libros de Sagan, siguen en mi estantería y sigo releyéndolos a menudo. Por cierto, muy recomendables las dos biografías escritas por William Poundstone y Keay Davidson

  11. cuantos más de éstos puntitos con civilizaciones como la terrestre , de variados colores, habrá en el universo?
    el o los que diseñaron el universo deben haber apostado en cuanto tiempo 2 o más de estos puntitos se comunicarian entre ellos.

    increible!!

    1. Está en el texto de Sagan:

      Our posturings, our imagined self-importance, the delusion that we have some privileged position in the Universe, are challenged by this point of pale light. Our planet is a lonely speck in the great enveloping cosmic dark. In our obscurity, in all this vastness, there is no hint that help will come from elsewhere to save us from ourselves.

      Nuestras gesticulaciones, nuestra autoimportancia imaginada, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el universo, son desafiadas por este punto de pálida luz. Nuestro planeta es una mota solitaria en la gran oscuridad cósmica que nos envuelve. En nuestra oscuridad (mental), en toda esta vastedad, no hay ningún indicio de que vendrá ayuda de alguna parte para salvarnos de nosotros mismos.

  12. «Pese a todo, tres décadas después la humanidad no ha aprendido la principal lección de la imagen del punto azul pálido, más bien todo lo contrario» por que eso nos hace humanos, ahora no combinemos compasión con «humanidad» que somos todo contrario.

    1. Otra diferencia entre los demás seres vivos de este planeta y nosotros, es que ninguno de ellos puede llegar a entender las reglas que marcan el mundo en el que viven (y con ellas sus actos). Nosotros creamos además reglas para nosotros mismos, de forma hasta ahora totalmente inconsciente (como los demás seres vivos). Estamos empezando a entenderlas, está por ver si podemos cambiarlas para no destruirnos a nosotros mismos.

      Y evidentemente, esto tenemos que hacerlo nosotros solos. Nadie podría ayudarnos, aunque quisiera.

      Sagan entendía perfectamente el valor pedagógico de esta imagen.

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