India lleva desde 2004 desarrollando una nave espacial tripulada, aunque el programa ha pasado por tantos altibajos políticos que muchos ya lo daban por muerto. Pero la agencia espacial del país, ISRO, sigue interesada en el proyecto, que ha sufrido algunos cambios estos últimos años. El último ejemplo, bastante espectacular, del compromiso de ISRO con el programa tripulado ha sido la reciente prueba del sistema de escape de la cápsula. El sistema, conocido como CES (Crew Escape System) fue probado el pasado 10 de julio en el centro espacial Satish Dhawan, situado en la isla de Sriharikota, el principal complejo espacial del país.

Prueba del sistema CES (ISRO).

Esta primera prueba del CES fue del tipo PAT (Pad Abort Test), es decir, se probó el sistema de escape con una maqueta de la cápsula sin estar acoplada a un lanzador. Este tipo de pruebas preceden a las IFT (In-Flight Test), en las que el sistema de escape se activa durante un lanzamiento real. En cualquier caso esta prueba sirve para demostrar la idoneidad del sistema de escape indio. Con respecto al sistema propiamente dicho hay pocas sorpresas. Como ya sabemos desde hace más de diez años se trata de un sistema tradicional de tipo tractor (los cohetes «tiran» de la cápsula por delante) de propulsión sólida. El sistema es del tipo «torre de escape» como el usado por las naves Mercury, Apolo, Soyuz y Shenzhou, además de la futura Orión de la NASA y la Federatsia de Roscosmos; y difiere de los sistemas «de empuje» que emplearán la Dragon 2 de SpaceX y la CST-100 Starliner de Boeing.

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En casi todas las películas de acción hay una escena en la que el héroe, vencido y contra las cuerdas, parece cerca del final. Pero en el último momento reúne fuerzas y se sobrepone a la adversidad para llevar a cabo una hazaña sobrehumana. Algo parecido es lo que ha hecho la sonda Dawn, que una vez cumplida con creces su misión primaria y su primera misión extendida, nos sorprende una vez más con unas vistas de la superficie de Ceres tomadas desde una altura increíblemente baja. El pasado marzo Dawn cumplió tres años alrededor de Ceres y en este tiempo la sonda ha completado más de 1.600 órbitas alrededor del planeta enano. En un principio estaba previsto que la distancia más pequeña de Dawn a Ceres fuese de 385 kilómetros, un récord conseguido en 2015 y 2016 cuando la sonda alcanzó la órbita LAMO (Low Altitude Mapping Orbit), posteriormente rebautizada como XMO1 (eXtended Mission Orbit 1).

Uno de los principales depósitos de carbonato de sodio de las manchas blancas Vinalia Faculae, en el cráter Occator de Ceres (NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA/http://www.unmannedspaceflight.com//Wildespace).

En octubre de 2016 Dawn elevó su órbita para alcanzar alturas mayores donde los encargados de la misión esperaban que finalizase sus días. De esta forma la sonda, una vez fuera de servicio, no tendría posibilidad de chocar contra Ceres y contaminarlo con microorganismos terrestres (Dawn no fue esterilizada antes del lanzamiento). Sin embargo, el comportamiento de la pequeña nave espacial ha sido mejor del esperado y, en vista de que se negaba a morir, el equipo de la misión consideró que podían arriesgarse y visitar órbitas más bajas sin problemas. Así que, ¿por qué no sobrevolar Ceres a casi la misma altura que un avión comercial sobre la superficie de la Tierra? Dicho y hecho. Desde junio de 2017 la sonda había permanecido en una órbita elíptica muy estable a bastante distancia conocida como XMO5 (las órbitas que van de XMO1 a XMO5 formaron parte de la primera extensión de la misión).

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El pasado 28 de junio el nuevo director general de la Corporación Estatal Roscosmos, Dmitri Rogozin, dio una conferencia donde perfilaba los desafíos del programa espacial ruso para la próxima década. En principio no hay cambios significativos. Los planes de Roscosmos a largo plazo siguen pasando por la Luna y dependen del futuro cohete Soyuz 5 y la nueva nave tripulada Federatsia. Pero desde que Rogozin tomó el cargo ha hecho una serie de declaraciones aparentemente menores que, sin embargo, apuntan a un futuro nada prometedor para el programa espacial ruso.

La futura nave tripulada rusa Federatsia ya no aterrizará de esta forma (Roscosmos).

Empecemos por la empresa estatal GKNPTs Jrúnichev, fabricante de los cohetes Protón-M y Angará A5, los más potentes que Rusia tiene en servicio. Jrúnichev —una de las empresas espaciales más importantes del país y heredera de la mítica oficina de diseño de Cheloméi— lleva años sufriendo pérdidas económicas y humanas. De aquí a 2025 se espera que reduzca sus empleados unas dos veces y media hasta quedarse en 1.700 trabajadores. De paso, también venderá sus instalaciones en Moscú, situadas en un terreno muy jugoso desde el punto de vista urbanístico. Estos cambios no son malos de por sí, pero la incertidumbre de cara al futuro sí que lo es. Las instalaciones de Jrúnichev en Fili (Moscú) son precisamente las empleadas para construir el cohete Protón, de ahí que Rogozin haya anunciado la retirada de este venerable lanzador antes de lo previsto.

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¿Preparados para entrar en órbita? El programa 56 ya está en la rampa de lanzamiento.

En este programa hablamos sobre cómo ser astronauta: requisitos físicos, formación y pruebas a pasar en la selección para viajar al espacio. Además de las secciones de retroalimentación y recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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Los géiseres del polo sur de Encélado expulsan al exterior vapor de agua y partículas directamente procedentes del océano global que esta pequeña luna alberga en su interior… además de macromoléculas orgánicas. Esa es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores liderados por Frank Postberg y Nozair Khawaja, de la Universidad de Heidelberg, tras analizar nuevamente los datos de dos de los instrumentos de la difunta sonda Cassini de la NASA. La primera pregunta que nos podemos hacer es, ¿qué tipos de sustancias se han encontrado? La segunda, ¿qué implicaciones tiene este descubrimiento?

Los géiseres del hemisferio sur de Encélado (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute).

Antes de nada debemos saber que la sonda Cassini no iba equipada con instrumentos avanzados capaces de identificar la composición de los géiseres en detalle. Nadie esperaba encontrar alrededor de Saturno una pequeña luna que vierte al espacio partículas procedentes de un océano interior. Lo que sí podía hacer era estimar la masa molecular de moléculas complejas mediante espectrómetros de masas. Los dos instrumentos eran el detector CDA (Cosmic Dust Analyzer), centrado en iones, y el espectrómetro de masas INMS (Ion and Neutral Mass Spectrometer), especializado en el estudio de moléculas neutras. Análisis previos de los datos del instrumento CDA habían mostrado que los chorros de Encélado y el anillo E —formado por partículas provenientes de los géiseres— contienen un 25% de sustancias orgánicas simples, aunque esto en sí no significa nada. Recordemos que «sustancias orgánicas» es simplemente un sinónimo de compuestos del carbono, y los hidrocarburos simples y sus derivados (metano, etano, etc.) son muy comunes en el sistema solar.

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La NASA sigue adelante con sus planes para construir la Plataforma Orbital Lunar Gateway o LOP-G (Lunar Orbital Platform Gateway). Aunque todavía no se ha aprobado formalmente, la agencia espacial ha publicado hace poco una solicitud para que la industria privada envíe propuestas de diseño del primer elemento de la Gateway, el módulo PPE (Power and Propulsion Element). En los últimos meses el diseño del estación ha continuado evolucionando y ahora incorpora más módulos de los inicialmente previstos, la mayoría de ellos suministrados por otros países. De este modo, la plataforma Gateway —antes conocida como Deep Space Gateway— se perfila como la próxima estación espacial internacional, pero estará ubicada en órbita lunar en vez de alrededor de la Tierra.

Diseño actual de la estación lunar LOP-Gateway (NASA).

En su última iteración Gateway cuenta con seis módulos permanentes. El primero será, como ya hemos señalado, el PPE. Este módulo contará con dos grandes paneles solares y se encargará del suministro eléctrico, así como de las maniobras propulsivas gracias a un sistema de propulsión eléctrico con motores a base de xenón y otro con motores hipergólicos convencionales. En principio el PPE, con una masa cercana a las ocho toneladas, debía ser lanzado mediante el cohete gigante de la NASA SLS Block 1B durante la misión EM-2 (Exploration Mission 2), la primera tripulada del programa SLS/Orión. Sin embargo, ante los continuados retrasos del programa, la NASA está estudiando la posibilidad de lanzarlo mediante un lanzador comercial como el Falcon Heavy. En cualquier caso el PPE debería despegar en 2022 y luego viajaría hasta la Luna hasta quedar situado en una órbita lunar de tipo NRHO (Near-Rectilinear Halo Orbit).

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En el reducido género de películas dedicadas a la historia de la astronáutica podemos identificar dos tipos. Uno es el de las producciones que intentan ser fieles a la realidad, aunque con las simplificaciones y dramatizaciones obvias del lenguaje cinematográfico. En esta primera categoría podemos incluir Apolo 13, Elegidos para la gloria, Gagarin: el primero en el espacio o El tiempo de los primeros. El segundo tipo son aquellas películas donde priman los aspectos de ficción sobre la realidad y, de hecho, el resultado final poco tiene que ver con lo que ocurrió originalmente. Aquí podemos meter a Salyut 7 (2017), una película rusa dirigida por Klim Shipenko distribuida en España con el nombre Salyut 7: Héroes en el espacio. No les voy a engañar. Cuando vi el tráiler de Salyut 7 me ilusioné muchísimo pensando que iba a ser una producción del estilo de Gagarin o El tiempo de los primeros. Por fin íbamos a ver una producción con las estaciones espaciales Salyut como protagonista. Lamentablemente, el resultado dista mucho de lo esperado. No es exactamente malo, sino digamos, «diferente».

El cartel ya pinta mal desde el punto de vista del respeto a la historia (Telekanal Rossiya).

El programa Salyut/Almaz tuvo momentos dramáticos y tensos, pero la mayoría de misiones fueron bastante «aburridas» para llevarlas al cine. No así la Soyuz T-13. En junio de 1985 Vladímir Dzhanibékov y Víktor Savinij resucitaron la Salyut 7 (DOS-6) después de que el centro de control de vuelos (TsUP) hubiese perdido el control del vehículo. La misión de la Soyuz T-13 fue un hito de la cosmonáutica y tuvo sus momentos peliagudos. A veces se la denomina el «Apolo 13 soviético», aunque realmente la vida de la tripulación nunca estuvo realmente en peligro y sería más lógico compararla con la misión estadounidense Skylab 2. Pero, en todo caso, es una buena historia que merece la pena ser contada. ¿Y qué tal lo ha hecho Salyut 7?

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¿Estás preparado para escuchar el programa 55 de Radio Skylab? 3, 2, 1…

En esta ocasión miramos hacia oriente para hablar de la exploración espacial y la mitología celeste asiática. El primer tema que tratamos es el programa de sondas lunares chinas. Y a continuación hablamos del cielo boreal de verano y la historia de La noche de los sietes, que da pie a la festividad japonesa de las estrellas (Tanabata). Más las preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y sugerencias de nuevos contenidos en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

wallup.net

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Este artículo apareció originalmente en Vozpópuli.

El pasado 18 de junio el presidente Trump saltó a los medios por su decisión de crear una Fuerza Espacial con el fin de garantizar «el domino de EEUU en el espacio». Ante esta noticia es inevitable que a muchos les venga a la cabeza la imagen de marines espaciales combatiendo contra xenomorfos, pero la realidad es, obviamente, más prosaica y es poco probable que veamos cambios significativos a corto y medio plazo. De hecho, es posible que la propuesta se quede en eso, una simple propuesta.

Sede del JICSpOC situado en la base Schriever para coordinar operaciones entre el USTRATCOM, el Space Command de la USAF y la NRO (www.defense.gov).

Para empezar conviene señalar que Estados Unidos ya mantiene un vigoroso programa espacial militar. Sin ir más lejos, en 2019 el Pentágono dispondrá de 9.300 millones de dólares para sus distintos proyectos espaciales, incluyendo programas clasificados. Para que nos hagamos una idea, esta cifra es aproximadamente la mitad del presupuesto anual de la NASA. La mayor parte del presupuesto militar espacial está gestionado por la Fuerza Aérea (USAF), que también controla los dos principales centros de lanzamiento del país: la base de Cabo Cañaveral (Florida) y la base de Vandenberg (California). (El Centro Espacial Kennedy está bajo control de la NASA).

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No todos los días podemos asistir al descubrimiento en directo de un nuevo mundo. Sigue siendo un proceso fascinante, aunque en este caso se trate de un mundo tan minúsculo como el asteroide 162173 Ryugu, de apenas 900 metros de diámetro. Y todo gracias a la sonda japonesa Hayabusa 2, que está en la etapa final de aproximación a Ryugu. Hoy mismo la nave se encuentra a menos de 150 kilómetros de su objetivo y por primera vez podemos ver detalles de su hasta ahora desconocida superficie. Pero Hayabusa 2 no solo nos mostrará los detalles de un nuevo asteroide, sino que además traerá a la Tierra muestras del mismo. Con un poquito de suerte, a finales de 2020 podremos tener un pedazo de Ryugu entre nosotros.

Ryugu visto por Hayabusa 2 el 17 de junio de 2018 (JAXA/Roman Tkachenko).

Hayabusa 2 (はやぶさ2) fue lanzada el 3 de diciembre de 2014 con el objetivo de repetir y mejorar la hazaña de su predecesora, la sonda Hayabusa, que en junio de 2010 se convirtió en la primera nave espacial que trajo a la Tierra una muestra de un asteroide. Desgraciadamente, tras diversas peripecias, Hayabusa solo pudo recolectar unas 1.500 partículas del asteroide Itokawa. Por contra, se espera que Hayabusa 2 traiga una cantidad de muestras de Ryugu que al menos se pueda ver a simple vista sin necesidad de microscopio. Para llegar hasta Ryugu, un asteroide cercano (NEO) de tipo Apolo también conocido como 1999 JU3, Hayabusa 2 ha tenido que usar su sistema de propulsión iónico y una asistencia gravitatoria de la Tierra. El sobrevuelo de nuestro planeta se llevó a cabo el 3 de diciembre de 2015 y le permitió a la sonda cambiar la inclinación del plano de su órbita para que coincidiese con la del del asteroide (el tipo de maniobra más costosa que hay en términos energéticos).

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