La Luna, Venus, Marte, Eros, Titán, Itokawa, Churyumov-Gerasimenko y, ahora, Ryugu. El 21 de septiembre de 2018 la humanidad logró aterrizar suavemente en el asteroide Ryugu, un logro que solo hemos llevado a cabo en ocho cuerpos del sistema solar con superficie sólida (sin contar la Tierra, claro). A las 04:06 UTC el contenedor con los dos «rovers» MINERVA-II1 se separó de la sonda Hayabusa 2 y los dos aparatos comenzaron una lenta caída libre. Poco después los dos exploradores alcanzaron la superficie e incluso saltaron sobre la misma tal y como estaba previsto. Y, por si fuera poco, transmitieron fotografías durante el descenso y uno de los saltos. Las dos pequeñas sondas se han convertido en los primeros artefactos humanos que logran moverse por la superficie de un asteroide, aunque sea a saltos. Hayabusa 2 despegó en diciembre de 2014 y llegó a las cercanías de Ryugu el 27 de junio de este año. Desde entonces ha estado estudiando este asteroide cercano de 900 metros de diámetro con el fin de elegir las zonas de despliegue de sus distintos rovers y aquellas donde se posará para recoger muestras de regolito.

Espectacular imagen de la superficie de Ryugu captada por el Rover-1A durante un salto el 22 de septiembre a las 11:44 tiempo de Japón. La imagen se ve borrosa por el movimiento, pero casi le da un efecto más dramático (JAXA).

Aterrizar en la superficie de un asteroide no es nada sencillo por culpa, paradójicamente, de su baja gravedad. Si el descenso no es extremadamente lento la sonda corre el riesgo de rebotar y terminar en cualquier zona no prevista, algo potencialmente catastrófico si lleva paneles solares y acaba en una región en sombra (sin duda la pequeña Philae tiene algo que decir al respecto). Por suerte para la agencia espacial japonesa JAXA, el asteroide 162173 Ryugu (1999 JU3) ha resultado ser menos irregular de lo esperado (curiosamente ha terminado por ser más parecido a Bennu, el asteroide objetivo de la misión OSIRIS-REx de la NASA, que a los modelos iniciales). Esto facilita la elección de la zona de aterrizaje, especialmente si lo comparamos con un cuerpo tan irregular como el cometa 67P/CHuryumov-Gerasimenko en el que aterrizaron Philae y Rosetta. No obstante, tampoco ha sido sencillo. Para lograr este éxito Hyabusa 2 ha estado estos últimos dos meses acercándose y alejándose del asteroide en repetidas ocasiones.

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El pasado 18 de abril despegaba TESS, un satélite que está destinado a descubrir miles de exoplanetas alrededor de otras estrellas (unos 15.000, mil arriba, mil abajo). Y todo viaje comienza con un paso. Algún día hablaremos de forma natural de esos miles de planetas extrasolares que están por detectar como ahora hacemos con los que descubrió su antecesor, el telescopio espacial Kepler. Pero mientras tanto ya podemos celebrar que TESS ha descubierto su primer planeta: una supertierra caliente alrededor de la estrella Pi Mensae. El planeta en sí, que ha sido denominado Pi Mensae c, no es en principio nada especial. Se trata de un mundo con un diámetro 1,8 veces el de la Tierra que tiene un periodo de tan solo 6,25 días. Puesto que Pi Mensae (HD 39091) es una estrella de tipo solar (G0V), eso significa que este mundo está muy cerca de su estrella —0,07 Unidades Astronómicas— y la temperatura media de la superficie debe ser elevadísima —ronda los 800 ºC— e incompatible con la vida.

Recreación artística de Pi Mensae c (ESO/NASA/MIT/TESS).

Pero lo interesante es que Pi Mensae tiene una magnitud de 5,65, es decir, es visible a simple vista (por poco, pero lo es). La gran ventaja de TESS con respecto a Kepler es que los candidatos a planetas detectados por este satélite pueden ser fácilmente estudiados posteriormente mediante instrumentos situados en tierra gracias a que las estrellas que observa son brillantes. Y dicho y hecho. El equipo de TESS ha podido usar los datos del espectrógrafo HARPS del ESO y del satélite Gaia de la ESA para detectar el planeta mediante el método de la velocidad radial. Por lo tanto, su existencia ha sido confirmada por el método del tránsito (TESS) y de la velocidad radial (HARPS), lo que nos permite conocer al mismo tiempo la masa —4,51 masas terrestres— y el diámetro del planeta.

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Una vez más, el oráculo de Hawthorne habló y el mundo escuchó con atención. El mesías marciano Elon Musk se transformó temporalmente en profeta selenita para presentar oficialmente la última versión de su cohete gigante BFR y sus planes lunares. Como se esperaba, el coleccionista de arte japonés Yusaku Maezawa, de 42 años, es el multimillonario que había reservado una plaza en el primer vuelo de la nave BFS en una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna. En realidad Maezawa ha comprado billetes para otros seis u ocho artistas que volarán con él en el marco de la iniciativa #dearMoon. La introducción del singular —¿estrambótico?— proyecto de Maezawa fue el momento WTF de la presentación de anoche, pero, ey, es su dinero y lo gasta como quiere. Eso sí, si se llega a hacer realidad nos podría dejar escenas tan mágicas como la siguiente:

No es una escena de «El quinto elemento», sino una performance durante la misión lunar con artistas (SpaceX).

La misión lunar tendrá lugar en 2023 y también contará con la presencia de otras cinco personas aproximadamente, probablemente personal de SpaceX. No se sabe cuánto ha pagado Maezawa por viajar a la Luna con los artistas, pero en cualquier caso el punto más interesante del evento fue la presentación en sociedad del tercer diseño del BFR desde su primera introducción oficial en en 2016. La primera versión, el ITS (Interplanetary Transport System), era un cohete de dos etapas a base de metano y oxígeno líquidos, con un diámetro de doce metros, 10.500 toneladas al lanzamiento y con capacidad para colocar 300 toneladas en órbita baja. En 2017 el proyecto fue rebautizado como BFR (Big Falcon Rocket) con unas prestaciones más modestas. El nuevo cohete tenía 106 metros de largo, 9 metros de diámetro, 4.400 toneladas al despegue y con capacidad para situar 150 toneladas en órbita baja. Y así llegamos a la tercera versión, no muy diferente de la anterior.

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China ha puesto en marcha un plan de exploración del sistema solar tremendamente ambicioso para un país cuya experiencia previa en enviar sondas espaciales hace una década era prácticamente nula. Pero estos planes están en continua evolución a medida que los distintos agentes a cargo del programa espacial chino afinan sus previsiones en función de la financiación y tecnologías disponibles. Por si fuera poco, las fuentes originales suelen contradecirse entre sí y en ocasiones son un tanto confusas. Pero, en cualquier caso, es más que evidente que China está desarrollando un programa de exploración planetario del que veremos sus frutos durante los próximos años y décadas. Veamos las misiones principales.

Concepto de misión china de retorno de muestras de un asteroide que debería despegar en 2024. Es obvio que el diseño está basado en la OSIRIS-REx de la NASA. Y sí, el “asteroide” es el cometa 67P (CNSA).

Primero debemos pasar por la Luna. El programa de exploración lunar (CLEP) chino es el pilar básico del esfuerzo de exploración del sistema solar del país asiático. Este año se lanzará la sonda Cháng’é 4, gemela de la Cháng’é 3, que aterrizará en el cráter von Kármán de la cara oculta de la Luna. En 2019 despegará la Cháng’é 5 mediante un cohete Larga Marcha CZ-5 para traer unos 2 kg de muestras de la zona de Mons Rümker, en el Oceanus Procellarum. Entre 2020 y 2024 deben despegar las Cháng’é 6, 7 y 8. Una de ellas traerá muestras del polo sur de nuestro satélite, donde se supone que existe hielo mezclado con el regolito lunar. En principio esta misión de retorno de muestras debía ser la Cháng’é 6, gemela de la Cháng’é 5, pero otras fuentes indican que esta sonda será denominada Cháng’é 7, aunque para aumentar la confusión puede que vuele antes que la Cháng’é 6 (recordemos que en principio la Cháng’é 5 iba a despegar antes que la Cháng’é 4, así que tampoco sería la primera vez que los chinos se hacen un lío con el número de sus sondas).

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El pasado 15 de septiembre de 2018 a las 13:02 UTC despegaba desde la rampa SLC-2W (Space Launch Complex 2 West) de la Base Aérea de Vandenberg (California) el último cohete Delta II de la historia (un Delta II 7420-10C). La carga de la misión Delta 381 era el satélite científico de la NASA ICESat-2 (Ice, Cloud and land Elevation Satellite-2). Este veterano lanzador se retira después de 155 lanzamientos, el primero de los cuales tuvo lugar en 1989. Pero su fama no se deriva solamente de su alta fiabilidad —un 99% aproximadamente—, sino porque ha sido el encargado para lanzar multitud de misiones científicas a cada cual más famosa. Su alta tasa de éxitos y su relativo bajo precio llevaron a la NASA a elegirlo como su caballo de batalla favorito, especialmente dentro del programa Discovery de sondas espaciales.

Último lanzamiento del Delta II (John Kraus).

El historial del Delta II es apabullante: los telescopios espaciales Spitzer, WISE, Fermi, Swift y Kepler, el satélite COBE, los observatorios solares STEREO, el satélite experimental Gravity Probe B y las sondas NEAR, Stardust, Genesis, MESSENGER, Deep Impact, CONTOUR, Dawn o GRAIL alcanzaron el espacio gracias a este cohete. Pero sin duda fue la participación del Delta II en el programa de exploración de Marte lo que hizo que entrase de lleno en el corazón de millones de personas a lo largo del mundo. Las sondas marcianas Pathfinder, Mars Global Surveyor, Mars Climate Orbiter, Mars Polar Lander, Mars Odyssey, Spirit, Opportunity y Phoenix usaron el Delta II para llegar al planeta rojo. Además, un enorme número de satélites de observación de la Tierra y nada más y nada menos que 48 satélites GPS han sido lanzados por este cohete a lo largo de su vida útil.

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En febrero de 2017 SpaceX dio uno de sus habituales golpes de efecto anunciando mandaría a dos turistas alrededor de la Luna usando la nave Dragon 2 y el cohete Falcon Heavy. Los plazos, incluso teniendo en cuenta de que hablamos de «tiempo de Musk», eran igual de sorprendentes. No en vano, la misión hubiera debido tener lugar a lo largo del presente año. La fecha elegida para el anuncio no fue casual. La nueva administración Trump acababa de llegar a la Casa Blanca y puso en marcha un proceso de revisión de los planes de la NASA, especialmente los relativos al proyecto SLS/Orión. Como resultado, la administración Trump flirteó con la idea de lanzar la primera misión del SLS con astronautas a bordo para 2019. En este contexto, el anuncio de SpaceX era toda una declaración de intenciones. Finalmente la realidad se impuso y SpaceX renunció silenciosamente a su misión lunar ante la perspectiva de certificar el Falcon Heavy para vuelos tripulados. Un año después del anuncio de sus planes lunares Elon Musk declaró que centrarían sus esfuerzos en el futuro cohete gigante BFR.

El nuevo BFS alrededor de la Luna con los siete motores Raptor encendidos (SpaceX).

Desde entonces no se supo nada más de los planes lunares, pero el 13 de septiembre SpaceX volvió a anunciar —cómo no, por sorpresa— que retomaba el asunto de los vuelos turísticos a nuestro satélite con un críptico twit acompañado de una bella imagen de la nave BFS alrededor de la Luna. La noticia en sí no ha sorprendido demasiado porque, como hemos dicho, el propio Musk ya había dicho que el BFR se usaría para misiones lunares, aunque esta es la primera confirmación oficial. No. Lo que ha sorprendido a todos es el nuevo diseño del BFS, el tercero desde que Musk hizo públicos sus planes de conquista de Marte en 2016.

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El programa 61 de Radio Skylab llega lleno de contenidos memorables. Si tuvieras que elegir una sonda espacial mítica de antes de los años 80, ¿cuál eligirías? En la primera parte del programa los cuatro radionautas comentan sus selecciones de sondas espaciales míticas. Y en la segunda parte del programa, explican cuáles son sus telescopios históricos favoritos. Con la secciones de retroalimentación y recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en sus travesías por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

Enlace al programa: http://radioskylab.es/2018/09/12/061-azimut/

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El pasado mes de julio la agencia espacial india ISRO probaba con éxito el sistema de escape de su futura nave tripulada. Era un pequeño paso para un programa que llevaba más de una década en desarrollo, pero nadie esperaba que India pusiese un astronauta en órbita hasta mediados de la próxima década. Sin embargo, pocas semanas después, el primer ministro indio Narendra Modi anunció por sorpresa el 15 de agosto que la primera nave espacial india despegará en 2022 (el 75º aniversario de la independencia de India). Y no solo eso. También le puso nombre al proyecto: Gaganyaan (गगनयान), «nave celeste» en hindi, una nomenclatura que sigue la tradición del ISRO después de haber llamado Chandrayaan —«nave lunar»— a su primera sonda lunar y Mangalyaan —«nave marciana»— a su primera misión a Marte. Hasta ese momento el vehículo se conocía simplemente con el poco atractivo nombre de ISRO OV (Orbital Vehicle). Poco después del anuncio la ISRO decidió adelantar la fecha de la primera misión tripulada de 2022 a diciembre de 2021.

Gaganyaan, la futura nave tripulada india (ISRO).

Las declaraciones de Modi cambian por completo el panorama espacial de India a corto plazo. Ahora el país tiene como objetivo convertirse en la cuarta nación de la Tierra capaz de poner humanos en el espacio en el plazo de unos pocos años. Para acelerar el proyecto, Gaganyaan alcanzará la órbita mediante el lanzador GSLV Mark III, el cohete indio más potente en servicio. En el pasado se propuso usar el GSLV Mk. II —pese a su nombre un cohete mucho más pequeño— y, más recientemente, un nuevo cohete pesado (HLV). El GSLV Mk.III puede colocar en órbita baja unas diez toneladas, más que suficiente para lanzar a una Gaganyaan de 7,8 toneladas.

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Fobos, la mayor luna de Marte, es un lugar fascinante por derecho propio a pesar de estar a la sombra —nunca mejor dicho— del planeta rojo. Este satélite irregular con forma de tubérculo con unas dimensiones de 27 × 22 × 18 kilómetros parece un asteroide capturado, pero hoy sabemos que probablemente se formó, al igual que Deimos, tras una colisión de un gran cuerpo menor contra Marte poco después del origen del sistema solar. Este gran impacto es posible que crease otras lunas hermanas ya desaparecidas. De hecho, la propia Fobos desaparecerá dentro de unos cuarenta millones de años por culpa de las fuerzas de marea que provocan que la luna se acerque cada vez más a Marte. Pero, más allá de su origen y su final, Fobos guarda muchos misterios. Y uno de ellos es la diferencia de color de su superficie.

Fobos visto por la sonda europea Mars Express con Marte al fondo (ESA).

Aunque a simple vista parezca una roca gris —realmente es más oscura, pero en las imágenes se aumenta su brillo para facilitar el contraste de las características de la superficie—, cuando exageramos las diferencias de color se pueden apreciar claramente regiones donde predominan los tonos rojizos, mientras que en otras lo hacen los azulados. Esta diferencia fue observada por primera vez por la sonda soviética Fobos 2 en 1988 y desde entonces ha sido confirmada por otras misiones (MGS, MRO y Mars Express). Nadie sabe a ciencia cierta el porqué de esta diferencia cromática. Lo que sí está claro que es que los dos tipos de regiones se encuentran separadas y parece que el material rojo proviene de las zonas de material azul. La mayoría de teorías apuntan a que el material azul sería el material original y que, debido a la acción erosiva del medio interplanetario, a partir del mismo se formaría el material rojizo. Muy bien, ¿pero cómo se alcanza la distribución de materiales que vemos en la actualidad?

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Desde hace años varias empresas privadas chinas están desarrollando pequeños lanzadores propios para acceder al espacio. Muchos críticos pensaban que la mayoría se trataba de simples «proyectos powerpoint» y, sin embargo, recientemente hemos visto dos lanzamientos suborbitales de cohetes chinos en menos de dos días. Está claro que algo se mueve en el sector. Estas dos misiones se suman a otras dos que se han llevado a cabo este año. El 4 de abril la empresa iSpace lanzó un cohete Hyperbola-1S (SQX-1S) desde la isla de Hainán en una misión suborbital de prueba. Aunque no está claro que la misión fuese un éxito, el vehículo alcanzó un apogeo de 108 kilómetros y, por tanto, superó la subjetiva barrera del espacio. Apenas un mes después, el 16 de mayo, la empresa OneSpace, una de las más prometedoras del sector, lanzó el pequeño cohete OS-X1, también conocido como «Estrella de Chongqing Liangjiang» (重庆两江之星; el nombre hace referencia a una región china). El pequeño lanzador de combustible sólido de una etapa apenas alcanzó un apogeo de 40 kilómetros y una distancia horizontal de 273 kilómetros en los 265 segundos que duró su misión, pero fue un primer paso.

Lanzamiento del Hyperbola-1Z (SQX-1Z) desde Jiuquan el 5 de septiembre de 2018 (Xinhua).

El 5 de septiembre a las 05:00 UTC iSpace volvió a lanzar otro vector SQX-1. Esta vez fue el pequeño cohete Shuang Quxian-1Z (SQX-1Z o 双曲线1Z), también conocido fuera de China como Hyperbola-1Z. El Hyperbola-1 es un lanzador de combustible sólido de una sola etapa muy similar al OS-X1 de 8,4 metros de longitud y 4,6 toneladas, y en esta ocasión despegó desde el centro espacial de Jiuquan. En teoría el SQX-1Z es capaz de alcanzar un apogeo de 175 kilómetros y una velocidad de 1,6 km/s en vuelos de 450 segundos de duración. Pese a su trayectoria suborbital, este lanzamiento transportaba tres «satélites» chinos de pequeño tamaño (TFJR-1, EREBUS-1 y CDGX-1), aunque sería mejor llamarlos «subsatélites» o «satélites balísticos». El nuevo SQX-1Z empleó rejillas de estabilización hipersónicas en la base, mientras que el SQX-1S usaba aletas tradicionales. Este vector parece estar basado en el pequeño misil DF-11 (según otras fuentes sería el DF-15), así que es evidente que estamos ante una transferencia de tecnología militar al sector privado. Algo que, por otro lado, no es exclusivo de China: no olvidemos que, por ejemplo, los cohetes Minotaur o Taurus de Orbital ATK (ahora Northrop Grumman Innovation Systems) están basados en misiles balísticos intercontinentales.

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