20 de julio de 1976. Ya ha pasado el mediodía en Chryse Planitia, Marte, cuando un meteoro recorre el cielo. Pero no se trata de una simple roca espacial, sino de un artefacto que proviene del planeta vecino. Su nombre, Viking 1. O mejor dicho, aterrizador (lander) de la Viking 1, pues el orbitador homónimo espera pacientemente en órbita marciana al éxito de su sonda hija para retransmitir sus datos a la Tierra. Las expectativas son enormes: ¿cómo será la superficie del planeta vecino? ¿Se podrán ver formas de vida simples? ¿Habrá quizás líquenes o plantas pequeñas? ¿O, al menos, microbios marcianos? Y es que por primera vez en la historia, una sonda va equipada con un complejo experimento de astrobiología para detectar posibles microorganismos marcianos, un hito que no se ha repetido desde entonces.

La Viking 1 entra en la tenue atmósfera marciana a 4,4 km/s y luego frena mediante un paracaídas supersónico. La parte final del descenso se llevará a cabo mediante retrocohetes. Toda la secuencia es automática, pues el retraso en las comunicaciones impide que el control de la misión pueda intervenir. Finalmente, la sonda de 575 kilogramos se posa en una planicie rocosa con unas cuantas dunas y colinas. El aterrizaje es un éxito, aunque la nave evita por puro azar descender sobre una roca cercana que podría haberla destrozado. Tan solo 25 segundos después del aterrizaje, la Viking 1 toma su primera imagen: una foto de una de las tres patas de la nave. De esta forma, el equipo de la misión quiere asegurarse de que la sonda ha aterrizado correctamente y, de paso, comprobar la naturaleza del suelo.

En la Tierra muchos científicos habían previsto que las zonas de aterrizaje podían estar cubiertas de traicioneras dunas de todos los tamaños que podían desequilibrar la nave. La imagen es captada y transmitida a la Tierra por el orbitador Viking 1, tardando otros 22 minutos en cruzar el vacío interplanetario. Finalmente, los miembros del equipo del Proyecto Viking reunido en la sede del JPL en Pasadena (California) se convirtieron en los primeros seres humanos que vieron la superficie de Marte. Era un momento histórico que tenía lugar justo siete años después de que Neil Armstrong pusiese el pie en la Luna. El presidente Gerald Ford llamó al director del proyecto, James Martin, para felicitarlo, pero el bueno de Jim le dijo que «estaba muy liado y que volviera a llamar dentro de tres horas». El resto es historia.

No era la primera vez que la humanidad se posaba en el planeta rojo. Las sondas de aterrizaje de las misiones soviéticas Mars 2, Mars 3 y Mars 6 habían llegado a Marte entre 1971 y 1974. Pero solo la Mars 3 logró posarse suavemente en la superficie el 2 de diciembre de 1971 y enviar algunos datos de telemetría. Lamentablemente, no fue capaz de transmitir ningún dato científico y la conexión se perdió tras 110 segundos. Pero la Viking 1 era casi el doble de masiva y bastante más compleja que sus competidoras soviéticas. No en vano, el Proyecto Viking era el programa de exploración planetaria más ambicioso y costoso puesto en marcha por la NASA y, por extensión, de todo el mundo.

LA HISTORIA DE DOS VIAJERAS
Llegar a este punto no había sido nada sencillo. Durante los años 60 la NASA había desarrollado el programa Voyager para lanzar dos grandes sondas gemelas a Marte, cada una consistente en un orbitador y un aterrizador. La razón de enviar dos naves era maximizar la posibilidad de éxito, pues, como es sabido, solo se pueden lanzar naves a Marte en determinadas ventanas de lanzamiento que tienen lugar cada dos años aproximadamente. De este modo, si una sonda fallaba, no habría que esperar dos años para volver a intentarlo. El programa Voyager fue aumentando en complejidad y costes, hasta el punto de que se consideró lanzar las dos sondas mediante un cohete gigante Saturno V. Voyager era una especie de «Apolo marciano», pues ningún otro programa de sondas espaciales era remotamente tan caro y ambicioso. Y tenía su lógica, pues por entonces la NASA tenía planes para enviar seres humanos al planeta rojo como siguiente parada tras la Luna.


Pero a finales de 1967 la NASA decidió cortar por lo sano y canceló el programa Voyager (el nombre sería reutilizado por la NASA más tarde para las dos sondas Mariner Jupiter-Saturn 77, que se lanzarían hacia los planetas exteriores y que todos conocemos). Además de los costes, en la decisión influyó el hecho de que se iba a cerrar la cadena de montaje del Saturno V y también las primeras imágenes de Marte tomadas por la Mariner 4 en 1965, que mostraron un mundo desértico repleto de cráteres y casi sin atmósfera, más parecido a la Luna que a la Tierra. Pero la NASA no se podía olvidar de Marte. Era la Guerra Fría y la Unión Soviética también quería explorar el planeta vecino. La URSS ya había enviado varias sondas relativamente sencillas, pero todos sabían que solo era cuestión de tiempo que intentasen aterrizar. No se podía dejar Marte a los soviéticos, así que se decidió proseguir con otro programa, ahora más modesto.


La prioridad era buscar un nuevo lanzador, por lo que se estudiaron varias opciones. Finalmente, se seleccionó el Titán III de la Fuerza Aérea. La decisión no estuvo exenta de polémica, pues la NASA, acostumbrada a controlar todos los elementos de sus proyectos, no veía con buenos ojos usar un vector militar. Este programa marciano post-Voyager sería conocido como Mars Titan 73, haciendo referencia al lanzador elegido y a la fecha de lanzamiento prevista. En 1968 la NASA decidió reestructurar el programa, que estaría a cargo del centro Langley de la NASA, con James S. Martin Jr. como director general del proyecto. Martin había trabajado previamente en el programa Lunar Orbiter y había sido el encargado de las sondas de aterrizaje de las Voyager marcianas. Después de los desmanes con Voyager, el JPL, que aspiraba a controlar todo el programa de exploración de la NASA, vio reducido su papel gestor al diseño y construcción de los orbitadores. Ni que decir tiene, las peleas entre Langley y el JPL serían continuas y es una de las causas de que en algunos libros oficiales sobre el programa se hable más de los orbitadores que de las sondas de aterrizaje. El contratista principal de las sondas de aterrizaje sería Martin Marietta, empresa que ya había trabajado intensamente en el programa Voyager marciano.


Con el fin de abaratar costes, el diseño de los orbitadores estaría basado en el de la Mariner 71 (que despegaría como la Mariner 9), proyecto liderado por el JPL. Con respecto a las sondas de aterrizaje, entre 1968 y 1969 se estudiaron varias propuestas de naves con paneles solares o generadores de radioisótopos (RTG) con plutonio-238 y dotados de cuatro o tres patas. El empleo de RTG evitaba depender del Sol y permitía calentar la nave durante las gélidas noches marcianas, pero al mismo tiempo disparaba los costes de la misión y, paradójicamente, generaba graves problemas de disipación de calor en el vehículo. En cierto modo, se volvió a repetir el proceso de diseño de las sondas que tuvo lugar con el programa Voyager. También se decidió que las sondas entrarían directamente en la atmósfera marciana antes de la inserción orbital para ahorrar combustible al orbitador y simplificar las operaciones, una estrategia que también usarían las sondas soviéticas de 1971 y 1973.


A finales de 1968 el proyecto pasó a llamarse Viking. La elección de este nombre, que se alejaba del gusto de la NASA por el mundo grecolatino, tenía como objetivo honrar a los vikingos como grandes navegantes. En los años 60 la colonización vikinga de Norteamérica era un tema que estaba muy de moda gracias a nuevos descubrimientos arqueológicos. De paso, se quería dar continuidad a los nombres elegidos para los programas Mariner (‘navegante’) y Voyager (‘viajero’). En esa misma época Jim Martin puso a Gerald Soffen como científico principal del proyecto (paradójicamente, Soffen trabajaba en el JPL y se tuvo que mudar a Virginia para el nuevo puesto). Martin también eligió a Thomas Young como el encargado de la integración de los instrumentos científicos de la misión. A finales de 1968 los tres lo tenían claro: Viking debería centrarse en la búsqueda de vida microbiana en Marte. La decisión era arriesgada y bastante polémica: si no se detectaba vida (como así fue), el futuro de nuevas misiones a Marte podría quedar en el aire (como efectivamente terminó ocurriendo). Por otro lado, ¿y si tenían éxito y descubrían algo? Por entonces la Mariner 4 había demostrado que Marte no era precisamente Barsoom, pero muchos científicos optimistas, como Carl Sagan, seguían creyendo que podrían existir plantas u otras formas de vida en la superficie.


La clave para buscar vida era desarrollar un espectrómetro de masas —un instrumento capaz de identificar moléculas complejas— suficientemente compacto y ligero para que pudiera ser lanzado a Marte, un desafío tecnológico para la época. Sin el GC-MS (Gas Chromatograph-Mass Spectrometer), como se llamaba el instrumento, no habría forma de saber si las sustancias emitidas por las muestras de suelo marciano al calentarlo o al echarle nutrientes y agua —para alimentar posibles microbios— contenían moléculas orgánicas sintetizadas por organismos vivos. En 1969 el nuevo administrador de la NASA Thomas Paine apoyó firmemente el proyecto renacido de las cenizas de Voyager. Para Paine, Viking sería «su Apolo», pues aunque el Apolo 11 alunizó bajo su mandato, obviamente el programa había nacido mucho antes y el mérito se lo iba a llevar el anterior administrador, James Webb. No obstante, los recortes presupuestarios que sufrió la agencia obligaron en 1970 a retrasar el lanzamiento de 1973 a 1975, aumentando el coste del proyecto en el proceso.


En julio de 1969 las Mariner 6 y 7 sobrevolaron Marte. Por un lado, estas misiones proporcionaron datos precisos sobre la atmósfera marciana muy necesarios para concretar el diseño de las sondas de aterrizaje de las Viking y su secuencia de entrada, descenso y aterrizaje (EDL). Por otro lado, los datos confirmaron la visión de Marte como un mundo muerto y desértico que había obtenido la Mariner 4. Los resultados fueron un jarro de agua fría para el equipo científico centrado en los experimentos biológicos. ¿No sería mejor olvidarse de la detección de vida y centrarse en estudiar la mineralogía de la superficie? Martin consideró que era demasiado tarde para cambiar el objetivo principal de la misión. De hacerlo, la misión podría cancelarse o retrasarse. Seguirían adelante, aunque a partir de entonces las notas de prensa ya no pondrían tanto énfasis en la detección de vida.

En 1971 la Mariner 9 se convirtió en la primera sonda en orbitar Marte. Envió 7329 imágenes y detalló la estructura de la atmósfera en las capas más bajas —gracias al envío de señales de radio al pasar por detrás del planeta—, la zona en la que había más incertidumbre de cara al aterrizaje de las Viking, confirmando una presión superficial de unos 10 milibares. Aunque la Mariner 9 volvió a mostrar un Marte desértico, también descubrió enormes volcanes, incluyendo la montaña más alta del Sistema Solar (Olympus Mons), pudo observar complejos detalles en los casquetes polares, los sistemas de fracturas de Valles Marineris y, especialmente, numerosas evidencias de que el agua líquida había recorrido la superficie de Marte en el pasado. El equipo de detección de vida estaba exultante: Marte quizá no fuera un lugar tan desolado después de todo. Por otro lado, las imágenes de la Mariner 9 sirvieron para identificar posibles lugares de aterrizaje para las Viking. En diciembre de 1968 el propio Paine tomó la decisión de que las sondas de aterrizaje descenderían desde la órbita y no directamente. Esto aumentaba la masa del orbitador al necesitar más combustible y limitaba su vida útil, para desconsuelo del JPL. Pero a pesar de contar con las imágenes de la Mariner 9, la NASA no se quería arriesgar. Los orbitadores fotografiarían otra vez los lugares elegidos para comprobar su idoneidad, una decisión que resultó ser de lo más acertado.

LAS NAVES
Como hemos visto, el diseño de los orbitadores Viking era heredero del de la Mariner 9. Los orbitadores tenían 2325 kg de masa (incluyendo 1445 kg de propelentes), con unas dimensiones de 3,3 metros de altura y 2,5 metros de diámetro, con una envergadura de 9,75 metros una vez desplegados los cuatro paneles solares. La estructura principal tenía forma octogonal y sobre ella se encontraba el sistema de propulsión. Los cuatro paneles solares tenían una superficie de 15 metros cuadrados. Cada orbitador llevaba unos 70 kg de instrumentos científicos, agrupados en tres instrumentos principales: dos cámaras de televisión para imágenes de alta resolución en el espectro visible, un espectrómetro infrarrojo y un radiómetro infrarrojo. Cada orbitador disponía de dos ordenadores que podían almacenar órdenes de hasta 4096 palabras, mientras que los datos se almacenaban en dos grabadoras de cinta, cada una con capacidad para almacenar hasta 640 millones de bits. También disponían de una antena de alta ganancia de 1,5 metros de diámetro. En el extremo de uno de los paneles solares existía una pequeña antena para captar los datos de las sondas de aterrizaje.


Pero eran los aterrizadores los que incorporaban la mayor parte de innovaciones tecnológicas. Lógico, pues eran los primeros vehículos que la NASA diseñaba para aterrizar en Marte, un mundo con una atmósfera lo suficientemente densa para usar escudo térmico y paracaídas, pero a la vez tan tenue que había que usar propulsión en la fase final del aterrizaje. Para las Viking se diseñó una nueva cápsula de descenso, de 3,54 metros de diámetro y 1,66 metros de altura, muy diferente a las del Apolo o de las Voyager marcianas, que usaría también un nuevo material en el escudo de ablación, SLA-561V (Super Lightweight Ablator 561V), diferente al PICA del Apolo. El diseño del escudo térmico sería usado por la NASA en todas las misiones marcianas posteriores (aunque los escudos de Curiosity y Perseverance son mayores, su forma es la misma). No así el material ablativo, que sería sustituido por otro. En vez de diseñar varios paracaídas para las fases supersónica y subsónica del vuelo, la NASA tomó la arriesgada decisión de emplear un único paracaídas supersónico de gran tamaño (16,15 metros de diámetro), que también serviría para frenar la nave en la fase subsónica.



Las sondas de aterrizaje eran más pequeñas de lo que las fotos parecen indicar, aunque seguían siendo enormes para los estándares de la época. Solo tenían tres patas, como las sondas lunares Surveyor (a pesar del parecido, las Surveyor no habían sido construidas por Martin Marietta, sino por Hughes Aircraft), un diseño menos estable que el de cuatro patas, pero más ligero. Tenían una masa de 660 kg e incluían 85 kg de hidrazina para los tres motores de frenado MR-80, que hacían uso de un ingenioso diseño con 18 toberas para minimizar el efecto del escape sobre el suelo marciano (una de las preocupaciones del equipo científico era hasta qué punto los motores podrían cambiar las propiedades del suelo a estudiar). Cada motor generaba 2,6 kilonewton de empuje y podían regular su empuje (hasta un mínimo de 276 newtons). La hidrazina se almacenaba en dos tanques esféricos y sobre los mismos se hallaban dos parejas de propulsores para el control de giro, similares a los que se encontraban en el escudo térmico.




La estructura principal de las sondas, fabricada en titanio y aluminio, era de forma hexagonal, con un diámetro de 1,5 metros. La altura total era de 2 metros, con un ancho de 3 metros. Visto desde arriba, cada sonda tenía una forma triangular con las patas desplegadas, siendo la longitud de cada lado del triángulo de 2,21 metros. Cada pata tenía 1,3 metros de longitud y una base de 30,5 centímetros de diámetro. Estaban diseñadas para que, una vez en la superficie, la distancia de la estructura al suelo fuera de unos 22 centímetros. Los aterrizadores estaban pintados de gris claro para control de temperatura usando una pintura a base de silicona.



La sonda iba equipada con una antena de alta ganancia de 76 centímetros de diámetro capaz de mandar datos directamente a la Tierra a una velocidad de entre 250 bits por segundo y 1 kB/s, aunque a través de una antena fija de UHF se podían retransmitir datos al orbitador a 4 kB/s o 16 kB/s. Los dos RTG de tipo SNAP-19 proporcionan 35 vatios de potencia eléctrica a 4,4 voltios. Cada RTG pesaba 15,3 kg y tenía unas dimensiones de 147 x 96 cm. Las Viking serían las primeras sondas en la superficie de otro planeta que usarían un RTG. Las misiones Apolo habían usado RTG de tipo SNAP-27 para los instrumentos científicos (ALSEP) de las misiones Apolo 12, 14, 15, 16 y 17 —el RTG del LM del Apolo 13 acabó en el fondo del océano—, pero el SNAP-19 también se usaría en las sondas Pioneer 10 y 11 al Sistema Solar exterior. Dos ordenadores con una memoria de tipo cable con capacidad para 18000 palabras se encargan de controlar cada sonda de aterrizaje. Los datos se almacenaban en una grabadora de cinta.


La esterilización de las sondas era un asunto que llevaba de cabeza a los científicos de la misión, que no querían ser los responsables de transportar formas de vida terrestres que contaminasen el planeta vecino. Como resultado, las dos sondas fueron sometidas a varios procesos para eliminar todo rastro de vida, siendo el más importante la exposición durante 50 horas a 121 ºC en una atmósfera de nitrógeno. Hoy en día este proceso no se considera muy exigente, pues sabemos que algunas esporas bacterianas pueden sobrevivir al mismo, pero para la época era radical. Otros elementos de las sondas serían esterilizados por separado, con especial énfasis en el extremo del brazo recolector. Hasta la hidrazina de los motores de aterrizaje fue purificada para eliminar restos bacterianos. Había que evitar la contaminación una vez esterilizadas las sondas, así que las dos cápsulas se rodearon con una «biobarrera» (bioshield) de 3,7 metros de diámetro y 1,9 metros de altura. Estaba fabricada con una capa muy fina de fibra de vidrio tejida sobre una estructura de soporte de aluminio que le daba una apariencia de huevo a la cápsula.


Los experimentos científicos de cada sonda de aterrizaje incluían un sismómetro, un espectrómetro de fluorescencia de rayos X para análisis de los minerales del suelo y un mástil con sensores meteorológicos para medir la presión atmosférica, la temperatura, la velocidad del viento y su dirección. Pero la joya de la corona era el experimento de biología VLBI (Viking Lander Biology Instrument, a veces referido como VBI solamente) y el espectrómetro de masas GC-MS, destinado a detectar los marcadores moleculares que pudieran dejar los organismos marcianos. Solo el VLBI costó unos 60 millones de dólares, mientras que el GC-MS salió por unos 40 millones.


El sistema de imágenes fue, después de los experimentos biológicos, el instrumento considerado más crítico para la misión (y fue el tercer instrumento más caro, con un coste de 27 millones de dólares). Los sistemas de cámaras de televisión basados en tubos Vidicon, empleados en el Apolo o, luego, en las Voyager, no ofrecían una calidad de imagen demasiado alta. Obviamente, no se podía traer película fotográfica desde Marte, pero se estudió la posibilidad de usar un sistema mixto, como el empleado por las sondas soviéticas o las Lunar Orbiter. En este sistema, se obtienen imágenes en alta resolución mediante película fotográfica, que se revela sobre la marcha y luego es escaneada para enviarla a la Tierra. Este sistema tiene el inconveniente de la limitación de película y que tiene partes móviles, por lo que era poco apropiado para una misión que podía durar años. Finalmente, se optó por un sistema muy original que combinaba lo mejor de ambos mundos. Las imágenes se obtendrían mediante cámaras facsímiles, que, a diferencia de los tubos Vidicon de televisión, escanean píxel a píxel las líneas de la imagen y las envían a la Tierra (en los Vidicon la imagen se obtiene de golpe y luego es leída por un haz de electrones).

Curiosamente, el sistema de cámara facsímil es más sencillo de entender desde la perspectiva actual, acostumbrados como estamos a expresar las imágenes en píxeles, pero entonces se consideraba un sistema desfasado (de hecho, fue el usado por las cámaras de las sondas soviéticas de aterrizaje en la Luna y en Marte). Eso sí, el sistema facsímil de las Viking, liderado por Tim Mutch, era mucho más avanzado que el empleado en estas misiones, aunque su principio era el mismo. Cada cámara, situada a 1,3 metros de altura máxima sobre el suelo, era un tubo en el que se integraba la óptica del telescopio y el sensor óptico, que apuntaban hacia arriba. Un espejo móvil se encargaba de escanear el paisaje en vertical. La cámara luego giraba sobre su eje para escanear otra línea vertical. De esta manera, se conseguía una imagen completa. La pega es que el envío de datos tardaba mucho más, pero a cambio la calidad era casi fotográfica. A comienzos del programa se había decidido añadir una segunda cámara a cada lander —separadas un metro— para obtener imágenes estereoscópicas (y por si fallaba una de ellas).

El sensor no era un chip tipo CCD/CMOS como en la actualidad, sino que estaba formado por doce diodos, uno para imágenes en blanco y negro, otros tres con filtros para imágenes a color real y otros tres con filtros en infrarrojo (para estudiar los óxidos de hierro presentes en el regolito marciano), además de cuatro diodos a distintas distancias del plano focal para proporcionar imágenes enfocadas de objetos cercanos; el duodécimo diodo estaba destinado a captar el Sol exclusivamente. Cada imagen podía tener un ángulo vertical de 20º (alta resolución) o 60º. El ángulo horizontal podía ser el que se quisiera, hasta casi 360º.

EL VIAJE
A principios de 1975 los dos orbitadores y las dos sondas de aterrizaje estaban listas. El 8 de marzo se integraron por primera vez los dos primeros elementos de la misión Viking, fabricados a miles de kilómetros de distancia. El orbitador nº 2 se unió a la cápsula VLC-2 (Viking Lander Capsule 2), formando el conjunto Viking A, que luego sería la Viking 1 (el número de la Viking 1 o 2 no se decidiría hasta el lanzamiento, por si una de las sondas se retrasaba; la NASA quería evitar la confusión de que la Viking 2 fuese la primera en aterrizar). Como curiosidad, el conjunto estaba montado dentro de la cofia del lanzador «al revés», es decir, la cápsula con la sonda de aterrizaje estaba arriba y el orbitador debajo —por eso en las imágenes del conjunto se suele elegir esta confusa perspectiva—, pero, y esto es lo llamativo, dentro de la cápsula, la sonda de aterrizaje… ¡también estaba colocada al revés!, es decir, con el escudo térmico y las patas del tren de aterrizaje orientadas hacia el orbitador. De esta forma, la sonda estaría «de pie» en la rampa de lanzamiento.


El 31 de marzo, la Viking A ya estaba integrada con su lanzador Titan IIIE/Centaur, aunque luego se volvieron a separar para llevar a cabo más pruebas en el edificio de montaje. Todo iba bien hasta que el 26 de mayo un rayo alcanzó la sonda, lo que obligó a cambiar todo el módulo de propulsión del orbitador Viking 1 (005) por el de la Viking 2 (006). El 28 de julio, la Viking A estaba lista para el lanzamiento. El despegue se tuvo que retrasar nueve días por una batería y una válvula defectuosa, pero finalmente despegó con éxito el 20 de agosto de 1975. En ese momento, la Viking A pasó a ser la Viking 1. El 9 de septiembre despegaba la Viking B —formada por el orbitador nº 1 y la cápsula VLC-1—, ahora Viking 2. El viaje a Marte duraría unos once meses en vez de los cinco meses de las anteriores misiones Mariner por culpa de la elevada masa de cada nave (2,3 toneladas), lo que obligó a seguir una trayectoria más conservadora.



La Viking 1 entró en órbita marciana el 19 de junio de 1976 (apenas diez días antes se había detectado una fuga de helio en los tanques de propelentes que podía ocasionar la explosión del vehículo al intentar la maniobra de inserción orbital, un problema que se comprobó resuelto durante un encendido de corrección el 15 de junio). Era la segunda sonda de la NASA que se colocaba alrededor de Marte y la quinta en total después de las sondas soviéticas Mars 2, 3 y 5 (la Viking 2 haría lo propio el 7 de agosto). El plan original preveía que la Viking 1 aterrizase en la zona A-1 de Chryse (19,5º norte, 34º oeste) y la Viking 2 en Cydonia, en la región del Mare Acidalium (44,3º norte, 10º oeste). Las zonas se habían elegido por aparecer relativamente «aburridas» en las imágenes de la Mariner 9 y, por tanto, seguras para un aterrizaje: sin dunas, grandes rocas o pendientes elevadas. Desde el punto de vista científico, ambas zonas se habían seleccionado por estar en el hemisferio norte del planeta, mucho más joven y con menos cráteres que el hemisferio sur (también por ser más profundas con respecto al radio medio de Marte, lo que permitía aprovechar mejor el frenado del paracaídas). En Chryse había además cañones y otras estructuras geológicas asociadas con el agua, mientras que Cydonia se encontraba más al norte y en el límite de extensión del casquete estacional de dióxido de carbono (a pesar de que las sondas usaban RTG, ir más al norte se consideraba peligroso por las bajas temperaturas invernales y el riesgo de que la sonda quedase cubierta de escarcha de CO2).

Sin embargo, una vez en órbita las cámaras de las Viking 1, con una resolución de 100 metros, mostraron que la zona A-1 de Chryse seleccionada para el aterrizaje era demasiado arriesgada al estar repleta de cráteres. La zona A-2 alternativa de Tritonis Lacus tampoco parecía una buena opción, pues se había elegido teniendo en cuenta las imágenes de la Mariner 9. Se inició entonces una carrera contrarreloj para elegir nuevos sitios de aterrizaje. En cualquier caso, la intención de la NASA de aterrizar el 4 de julio de 1976 para celebrar el 2o0º aniversario de la fundación de los Estados Unidos ya no podría hacerse realidad. El tiempo apremiaba, porque si la Viking 1 no aterrizaba antes del 25 de julio, deberían esperar a la inserción orbital de la Viking 2 el 7 de agosto. La razón es que el personal de la misión era limitado y a partir de esa fecha tenían que dedicarse a preparar las tareas de inserción orbital de la otra nave. Para complicar las cosas, si la Viking 1, o la 2, no aterrizaba en verano, se corría el riesgo de que la otra sonda tuviese que hacerlo después del 2 de enero de 1977, cuando tendría lugar la conjunción de Marte con el Sol (cuando el planeta pasa por detrás del Sol visto desde la Tierra) y las comunicaciones son imposibles. El tiempo apremiaba, pero nadie quería sacrificar una misión a Marte por las prisas. Al final, el 12 de julio se seleccionó una nueva zona de aterrizaje, no muy lejos de la original, también en Chryse Planitia, pero más al oeste (22,48º norte, 48º oeste).

El 20 de julio de 1976 llegó el día de la verdad. La orden final para separar la cápsula se mandó desde la Tierra 37 minutos antes de la separación, que, teniendo en cuenta los 22 minutos de retraso de la señal por la distancia al planeta, significaba que se recibiría 15 minutos antes de la maniobra. Llegado el momento, los pernos explosivos se activaron y las dos naves se separaron. La cápsula giró casi 180º para orientarse correctamente, con el escudo térmico hacia el planeta. Pero la cápsula todavía tenía la velocidad orbital del orbitador. Si no cambiaba su trayectoria, seguiría dando vueltas alrededor de Marte. A diferencia de otras misiones conjuntas con orbitadores y sondas de aterrizaje, como la Tianwen 1 o la ExoMars 2016, el encendido de frenado corría a cargo de la propia cápsula, que contaba con doce motores RCS de hidrazina en el escudo térmico. Tras una ignición de estos motores de 23 minutos de duración, la cápsula ya estaba en trayectoria hacia la superficie de Marte. La elipse de aterrizaje era grande, de 280 x 100 kilómetros, aunque menos que si hubiera reentrado directamente sin pasar por la órbita. Durante tres horas y cuarto la cápsula cayó hacia el planeta ganando velocidad a partir de los 4 km/s que llevaba en la separación, hasta impactar con las capas altas de la atmósfera marciana a 4,42 km/s. A 1370 kilómetros de distancia, el radar altímetro comienza a proporcionar datos de la altitud de la sonda.

A continuación se vivieron los «siete minutos de terror» de la secuencia EDL de la Viking 1. No obstante, en la época nadie los llamó así. Los ingenieros de las Viking eran de otra generación y tan solo cuatro años antes seres humanos habían caminado por la Luna. Naturalmente, sabían que podían fallar muchas cosas y que el éxito no estaba asegurado, pero también tenían confianza en las innumerables pruebas a las que se habían sometido los vehículos. Al entrar en la atmósfera marciana desde la órbita, el flujo térmico no fue muy grande, alcanzando unos 26 vatios por centímetro cuadrado (veinte veces menor que la reentrada de una cápsula Apolo que regresaba de la Luna). A 5,5 kilómetros de altitud se desplegó el paracaídas supersónico a una velocidad de Mach 2,2. El paracaídas, hecho de dracon, se despliega usando un mortero que lo lanza a 139 km/h y tarda solamente 7 segundos en frenar la cápsula por debajo de la velocidad local del sonido. Tras separar el escudo térmico inferior, se desplegó el tren de aterrizaje, permitiendo que los cuatro haces de radar Doppler de aterrizaje comiencen a medir la velocidad relativa con el suelo, a unos 12 kilómetros de altitud (previamente el radar altímetro había proporcionado información menos detallada de la altitud). A 1,5 kilómetros del suelo se separó el escudo térmico trasero con el paracaídas y se activaron los tres motores de hidrazina. A 610 metros el altímetro radar pasa a modo de baja altitud y el radar de aterrizaje hace lo propio a 100 metros con el fin de obtener datos más precisos.

Para evitar que la sonda apague sus motores a gran altitud por culpa de datos espurios y se estrelle —un error que se sigue cometiendo hoy en día—, a 50 metros del suelo el ordenador da la orden de ignorar los datos del altímetro radar y a partir de los 17 metros —estimados— fija la velocidad de descenso en 1,5 m/s. La Viking 1 mantuvo esta velocidad antes de encontrarse con el suelo 11 segundos. Los motores se apagan automáticamente al tocar el suelo las patas del tren de aterrizaje.

Una vez en el suelo, la sonda transmitió directamente la señal a la Tierra de que había aterrizado con éxito, una señal que se recibió 22 minutos más tarde. La sonda comienza a captar la imagen de una de sus patas en el suelo marciano solo 25 segundos tras el aterrizaje, mientras al mismo tiempo despliega el mástil meteorológico y se activa la válvula del sistema para eliminar el polvo de las cámaras. Los datos son enviados al orbitador Viking 1 a una velocidad de 16 kB/s, hasta que el orbitador se pone bajo el horizonte local, unos 12 minutos tras el aterrizaje. Tres minutos después se apaga el transmisor de 20 vatios de potencia para ahorrar energía. Al día siguiente se orientaría la antena de alta ganancia para transmitir imágenes y otros datos a la Tierra directamente sin necesidad de usar el orbitador, aunque este seguiría siendo el método preferido de comunicaciones.

El paisaje mostrado por la Viking 1 era desolador, pero extrañamente familiar. Cuando se recibieron las primeras imágenes en color se pudo ver que el regolito rojizo rico en óxidos de hierro cubría todo. El cielo, que se pensaba iba a ser de un azul muy oscuro, resultó ser más brillante y de tonos rojizos por el polvo en suspensión. Aunque, como contraste, los atardeceres y amaneceres eran azules. La atmósfera terminó por ser todavía más tenue de lo previsto, entre 6 y 7 milibares de media. No se descubrió el exceso de argón apuntado por una misión soviética (este gas noble constituye el 1,6% de la atmósfera marciana). Los científicos del equipo inventaron un nuevo término, sol, para referirse a un día marciano (que dura 24 horas y 39 minutos), una palabra que sigue usándose a día de hoy.

El 3 de septiembre la Viking 2 acompañó a su gemela en la superficie marciana. Al igual que había ocurrido con la Viking 1, el lugar candidato para la Viking 2 en Cydonia, seleccionado a partir de las fotos de la Mariner 9, resultó no ser apropiado. Tampoco se usó el lugar alternativo, situado en Alba (44,2º norte, 110° oeste), y se optó por hacer aterrizar la sonda en Utopia Planitia (47,65° norte, 134.29° este). Utopia resultó ser una zona mucho más plana que Chryse, pero con más rocas y menos regolito.

Las sondas de aterrizaje tenían que durar un mínimo de 90 días, pero finalmente aguantaron varios años: la Viking 2 hasta el 11 de abril de 1980 y la Viking 1 hasta el 11 de noviembre de 1982 (el mayor estrés térmico de la Viking 2, situada más al norte, le pasó factura). La gran frustración de los científicos de la misión fue el verse condenados durante años a ver el mismo paisaje, con pequeñas variaciones estacionales, y no poder desplazarse, aunque fuera unos metros, para analizar rocas o regolito en otras zonas. Todos los instrumentos funcionaron correctamente, a excepción de los sismómetros, que resultaron un fracaso. El de la Viking 1 no llegó a funcionar y el de la Viking 2 solo proporcionó datos sobre un evento del que no quedó clara su naturaleza. Habría que esperar al siglo XXI a que la sonda InSight proporcionase datos sismológicos de Marte.

Por su parte, los orbitadores Viking duraron menos que las sondas de superficie. El orbitador Viking 2 dejó de funcionar el 25 de julio de 1978 al agotarse el gas del sistema de control de posición, mientras que el orbitador de la Viking 1 duró hasta el 7 de agosto de 1980. Tras el cese de operaciones del aterrizador de la Viking 1 en 1982, la NASA dio la misión por finalizada de forma oficial el 21 de mayo de 1983, después de que los orbitadores enviasen más de 52000 imágenes y las sondas de superficie otras 4500.
LA ELUSIVA VIDA MARCIANA
Una vez tomados los primeros datos, todo el mundo esperaba impacientemente los resultados del experimento de biología VLBI. Ya en el documento difundido a la prensa durante el lanzamiento la NASA había intentado dejar claro que no era probable que la misión detectase vida, declarando que «una respuesta negativa no prueba que no haya vida en Marte. El lugar de aterrizaje podría haber sido el incorrecto, durante la estación equivocada, o podríamos haber realizado experimentos erróneos. Muchos científicos aún creen que la probabilidad de que exista vida en Marte es baja». El instrumento consistía en tres experimentos separados altamente compactos para buscar formas de vidas autótrofas o heterótrofas y trazas de su metabolismo. El PR (Pyrolytic Release, Liberación Pirolítica) buscaba organismos fotosintéticos o quimiotróficos que pudieran fijar carbono de la atmósfera. Se añadía dióxido de carbono con carbono-14 radiactivo a una muestra de suelo expuesta a luz solar simulada. Si había vida, esta incorporaría el carbono radiactivo en su estructura orgánica, que luego se detectaría calentando la muestra para liberar dichos compuestos.

El experimento LR (Labeled Release, Liberación Marcada) estaba diseñado para detectar el metabolismo de heterótrofos. Se humedecía el suelo con una «sopa» de nutrientes orgánicos marcados radiactivamente. Si los microbios consumían los nutrientes, liberarían CO2 radiactivo. Por último, el GEX (Gas Exchange, Intercambio de Gases) medía cambios en la composición de los gases (oxígeno, nitrógeno, metano, etc.) sobre una muestra de suelo incubada. Podía funcionar en modo «húmedo» (solo vapor de agua) o con «nutrientes» (añadiendo una mezcla compleja de aminoácidos y sales) para ver si la humedad activaba algún metabolismo.
Los experimentos se habían diseñado para buscar formas de vida similares a las terrestres, pero, contra todo pronóstico, los resultados no fueron concluyentes. El experimento de Liberación Marcada (LR) dio un resultado positivo espectacular. El suelo marciano empezó a emitir grandes cantidades de gas radiactivo en cuanto recibió los nutrientes. Para confirmar que era un proceso biológico, los científicos de la misión calentaron una muestra de control a 160 °C (para esterilizarla y matar a cualquier posible microbio). Al repetir la prueba en la muestra esterilizada, no hubo emisión de gases. El equipo científico del instrumento estaba entusiasmado. Según los protocolos de la misión, esto era la prueba concluyente de que habían encontrado vida. Sin embargo, el espectrómetro de masas GC-MS arrojó un resultado devastador: cero moléculas orgánicas. El GC-MS ni siquiera encontró los rastros de compuestos de carbono que los meteoritos depositan de forma natural en todos los planetas.

Pero el equipo del LR no estaba convencido. No es de extrañar que el investigador principal del experimento LR, Gilbert Levin, se pasara el resto de su vida, hasta su fallecimiento en 2020, insistiendo en que las Viking habían descubierto vida marciana y que el error estaba en la precisión del GC-MS. Los resultados negativos de los otros dos experimentos, junto con el del GC-MS, obligaron al cuartel general de la NASA a intervenir años después para zanjar la polémica desde el punto de vista político. Para la agencia espacial, las misiones Viking no habían detectado formas de vida marcianas y los resultados de LR se debían a algún tipo de reacción inorgánica (opinión compartida por la mayor parte de la comunidad científica en la actualidad).

LA HERENCIA DE LAS VIKING
El Proyecto Viking salió por un total de 1060 millones de dólares de 1970, que, ajustados a la inflación, son 7100 millones, convirtiéndolo en el programa de exploración planetaria más costoso de la historia. El desarrollo de los orbitadores costó 217 millones de dólares de la época, mientras que las sondas de aterrizaje alcanzaron los 610 millones (a estas cifras hay que sumar el coste del lanzamiento y las operaciones hasta 1982). Como comparación, el programa Voyager costó unos 865 millones de dólares.

Tras las Viking la NASA no volvió a lanzar una misión a la superficie marciana hasta más de veinte años después. Y lo hizo con la pequeña Mars Pathfinder, una misión relativamente modesta que resucitó el interés por la exploración del planeta rojo. Durante toda una generación, las imágenes de las Viking fueron las únicas disponibles de la superficie de Marte. La misión fue un éxito rotundo, pero justo por eso mismo impidió que se lanzara ninguna otra misión en más de 15 años (para colmo, la siguiente misión, la Mars Observer, falló antes de entrar en órbita marciana). ¿Para qué volver a lanzar una misión a Marte si las Viking habían demostrado que era un desierto congelado carente de vida? Lanzar un lander similar no tenía mucho sentido. Se propuso una misión de retorno de muestras o un rover usando el hardware de las Viking, pero la NASA no tenía dinero para estos grandiosos proyectos.


A finales de los 70 se valoró la idea de lanzar un rover de más de 100 kg alimentado por RTG para ser lanzado en 1984, pero los costes eran enormes y el proyecto no saldría adelante. Tampoco ayudó que los soviéticos desistiesen en su empeño por explorar Marte tras la ventana de lanzamiento de 1973. En vez de insistir con el diseño de las sondas M71/M73 hasta conseguir enviar datos desde la superficie —la Mars 3 había demostrado que, con un poco más de suerte e inversión, podían lograrlo—, algo que sí hicieron en Venus, la URSS se centró en diseñar misiones marcianas mucho más ambiciosas (4M y 5M) para enviar rovers y retornar muestras, misiones que nunca se lanzaron.

Los resultados negativos, pero confusos, del experimento de biología también supusieron un fuerte escarmiento para la NASA, que no se atrevería a mandar un experimento similar hasta la fecha. La misión Phoenix de 2008 demostró que los resultados confusos del VLBI se debían muy probablemente a las reacciones químicas con los percloratos que abundan en el regolito marciano. Pero los análisis de las imágenes de los orbitadores Viking en los años 80 demostraron que Marte sí que fue habitable en el pasado, con lagos y, quizá, mares de agua líquida. El interés por Marte resurgió poco a poco. La búsqueda de vida fue sustituida por la búsqueda del agua líquida, un objetivo más modesto. Puede que el Marte actual fuese estéril, pero quizá en el pasado surgiera la vida. Valía la pena seguir investigando.

¿Y sí?…
La misión Phoenix no solo descubrió percloratos en Marte, sino que confirmó excavando con su pala que existía una capa de hielo a pocos centímetros de la superficie. Esta capa superficial se extiende por gran parte del hemisferio norte e incluye la zona de Utopia Planitia, donde aterrizó la Viking 2. Quizás, solo quizás, si el brazo robot de la Viking 2 hubiese excavado unos centímetros más, habría descubierto hielo como lo haría la sonda Phoenix tres décadas más tarde. En ese caso, la historia de la exploración de Marte hubiese sido muy diferente.





Parece mentira, pero como bien dice Daniel en esta extraordinaria entrada, ya han pasado 50 años -se dice pronto- desde el aterrizaje de las Viking en Marte. Sin duda fue un logro tecnológico de primer nivel y este artículo lo pone claramente de manifiesto además de exponer detalles internos de la misión que muchos desconocíamos.
Es bueno recordar también que justamente tal día como hoy, 21 de julio de hace 57 años, después del alunizaje del Apollo 11 en 1969 muchos comentarios optimistas apuntaban que en una década se haría lo mismo en el planeta rojo.
El tiempo ha demostrado que no ha sido así y de ello hemos aprendido que todo lo relacionado con la exploración del espacio, particularmente la tripulada, es algo difícil, todavía arriesgado y habitualmente muy costoso.
En cualquier caso, debemos seguir conservando la esperanza de que nuevas ideas creativas y sucesivos avances nos permitan algún día ver convertidos en realidad los deseos y aspiraciones que todos compartimos en el sector espacial.
Lo dicho, un artículo magnífico que pasará a la historia de Eureka.
Felicidades y gracias por tu gran labor, Daniel.
Magnífico y muy necesario para la Danipedia pues creo que no había entradas con las viking como actor principal.
Aqui Daniel lo ha dado todo!
👏👏
Hola!
Hace tiempo que no comento porque he entendido que mis intervenciones aportan poco o nada y estoy muy cómodo en la grada como espectador.
Un artículo muy completo en el que se nos ayuda a entender los pormenores de la misión y especialmente el experimento biológico cuyo resultado fue, digamos, indeciso muchos años… Entre nosotros, me gustaba que fuera así. Ahora parece claro que el secarral estéril que vemos es también, por lo visto, perfectamente estéril en la actualidad…
Una pequeña corrección, si me permites: los paracaidas estaban fabricados en ‘dacron’, material con que se construyeron velas durante décadas, superado hoy día para altas prestaciones, pero con uso intensivo en vela de crucero en la actualidad, especialmente el dacron triradial en varios gramajes. Es fuerte y duradero. ‘Dracon’ no es correcto en castellano. Pero no te preocupes, dada la similitud entre ambas palabras es un error que cometen muchas personas, incluso en el lenguaje oral.
Es todo, gracias por tus artículos, Daniel, y un abrazo!
Pues se te echa de menos…
Gracias Pochi!!
Sigo con interés tus aportaciones y las de los magníficos comentaristas habituales, como ‘peligroso agente’ o ‘Erick’, y los de siempre desde hace tantos años ya… Jugais en otra liga.
Prefiero aprender de todos que comentar sin base suficiente. He metido la pata en alguna ocasión. Es lo que hay.
Un abrazo!
Vamos, Santi, que se te echa de menos. Este foro necesita aumentar el peso de la izquierda real, hay demasiado anarcoliberalcapitalista pululando por él. ¡Vuelve!
Vamos Santi, vuelve con ese velero por las aguas de Eureka…
Siempre un placer leerte…
+1
+2
Todos metemos la pata, Santi. Lo que no hay que hacer es soltar burradas. Pero aquí mete la pata hasta el más pintao.
Gracias a todos, ‘Peligroso’, ‘Erick’, ‘Noel’, ‘Pedro’, ‘Pochi’ y a todos los demás!
Son muchos años reunidos alrededor de esta indispensable publicación del gran Daniel Marín. Somos como una pequeña- gran comunidad.
Descuidad, que no os pierdo de vista en el horizonte. Iré asomándome de vez en cuando.
Un abrazo para todos!
+3. Cuando ingresé a este blog ya estabas, si mal no recuerdo con otro nick pero muy parecido y te leía. Y en muchísimas ocasiones recuerdo que te troleaba un insoportable y pedante que por suerte no está más.
Se ubicó mal mi comentario. El +3 era al «se te echa de menos», que Pochi dedicó a SB.
Por cierto, no comenté que esta entrada me parece espectacular
Daniel, te sugiero que corrijas el dato del día marciano, pues este no dura «24 horas y 36 minutos» sino que en realidad supera las 24 horas y 39 minutos.
Bueno, como todos los planetas tiene » dos días «, el sidéreo de 24 h 37 min y el solar de 24 h 39 min .
Con aclararlo basta.
No. Cuando se habla de «día», como hace Daniel en su artículo, se sobreentiende que se trata del día solar. Por tanto, no hay necesidad de «aclarar» nada.
Al principio, llegué a sospechar que Daniel podía haber confundido el «día marciano» con la rotación marciana, pero después me di cuenta de esa explicación no tenía sentido, porque su dato original («24 horas y 36 minutos») no solo era inferior al del día marciano (24 horas y 39 minutos) sino que también era inferior a la rotación marciana (24 horas y 37 minutos).
Daniel, en su artículo, habla de «día», lo cual significa que se refiere al día solar.
Pues ya está….aclarado .
Muchas gracias, Daniel. Para quien sepa poco del asunto, una joya y un disfrute de artículo; para quien sepa o crea saber mucho, un tesoro y una gozada.
Espectacular artículo, con mucho nivel de detalle y mucho mimo al contarlo. Gracias por el regalo Daniel, un lujo.
Un vídeo de como llegó la primera imagen de la Mariner 4 desde la superficie de la Marte, como la colorearon hasta ver los ordenadores pudieron procesarla. También salen imágenes del lanzamiento del cohete, molaría un lanzamiento actual con una música de fondo de ese estilo.
https://images.nasa.gov/details/JPL-20250710-MARINRs-0001-Mariner_4_Media_Reel
Daniel, un artículo magnífico. Nos recuerda que la cultura y la tecnología occidental, ahora combatida por lo woke, ha favorecido el desarrollo de la ciencia humana de manera notable. A este respecto cabe mencionar que el éxito del proyecto Viking puso de manifiesto la superioridad tecnológica del mundo libre respecto del soviético. El comunismo no fracasó por la nobleza de sus ideales y por el deseo de eliminar las injusticias sociales. Sus errores fueron pensar que el pueblo era el enemigo de los soviets y por creer en una utopía escatológica inspirada en las tesis de Marx que nunca se cumplió. El totalitarismo fue la consecuencia de considerar a la ciudadanía una enemiga potencial. Y el desviacionismo se castigaba por ser la herejía que atentaba contra el advenimiento del paraíso comunista.
Una vez colapsado el comunismo, el movimiento woke sustituye la lucha de clases por una pugna entre los colectivos de identidad convirtiendo la sociedad occidental en una barahúnda de razas y etnias y orientaciones heterosexuales, homosexuales, lésbicas, transgénero y no binarias. Aparecen categorías por nacionalidad y estatus migratorio que justifican las avalanchas migratorias descontroladas que crean conflictos serios entre la población nativa y la migrante. Y recorriendo este magma se apunta a los blancos y blancas heterosexuales como responsables de las injusticias sociales.
La ideología woke, al menos su versión radical, asume la falacia globalista o unicista. Da por hecho que las razas, etnias, ideologías y naciones corren a la fusión, el mestizaje y la mezcla universal. Es una falacia a la vista de los conflictos que estos mestizajes producen y que se manifiestan en ataques violentos a los símbolos culturales de los pueblos y las culturas. La resistencia al globalismo se describe de un modo peyorativo como separatismo o diferentismo cuando en realidad es una precaución elemental ante la hibridación indiscriminada de elementos culturales diferentes.
Con independencia de las justas reclamaciones del movimiento woke, esta ideología tiene una faceta corrosiva que se transmite como un psicovirus o patógeno mental que destruye nuestra cultura desde dentro. En el fondo de estas manifestaciones late un odio indisimulado a la sociedad occidental pese a sus avances aportados a la humanidad. Debemos preservar nuestras raíces culturales y científicas, si no somos cuidadosos nos veremos abocados al colapso social de los soviéticos. Seríamos derrotados por un enemigo interno que hace de las identidades y el globalismo su campo de batalla.
Me pregunto, por ejemplo, qué tiene que ver este comentario con el artículo de hoy.
En fin, serafín…
Ya sabes que hay tuiteros y comentaristas que si no escriben la palabra WOKE diez veces diarias, no se sienten realizados.
Pero las palabras fascista y nazi ganan por goleada a WOKE ¿verdad ?
+1
Parece que hay personas que, si no dejan su dosis diaria de bilis ideológica (del bando que sea, del color que sea, de la mucosidad que sea…), o no cobran, o no saben vivir, o les da Síndrome de Abstinencia…
Es lo que hay…
«… la cultura y la tecnología occidental, ahora combatida por lo woke…» – 1000
Fua, apenas tenía yo 4 meses de edad cuando aterrizó… No fue hasta muchos años después que pude conocer estas gestas, aunque, ni de lejos, con la calidad, amenidad y abundancia de datos de interés con que lo has explicado en tu entrada, Daniel.
Chaval, eres un crack. Absoluto. Imperecedero. Tu legado te sobrevivirá seguro.
+1
Excelente artículo Daniel muy detallado.
Tuvo que ser increíble poder ver las primeras imágenes de Marte en aquella época. Un logro fantástico de todo el equipo de la misión.
Más que un artículo, es un libro. Para leer en cómodas cuotas diarias…
Muy buen libro Daniel!, todavía estoy tratando de terminarlo!…😄. Gracias!
Otro artículo para la posteridad, para ser guardado en el libro de Historia de la Astronáutica.
¡Bravo! épico documento.
Cómo pasa el tiempo 50 años, y la cosa sigue más o menos como la dejamos. Empiezo a a sospechar que los trisolarianos nos sabotean para que no avancemos. La luna está tecnológicamente igual de lejos que en 1969. En marte los rovers son más chulos que las viking pero ya está. El sistema solar exterior tan lejos o más que antes porque ya nadie volvió a Urano y Neptuno. Etc…
Me sumo a las felicitaciones por un artículo largo, bien documentado y ameno. Gracias, Daniel.
En otro orden de cosas, qué lástima que en 50 años no haya aterrizado una sola sonda con el objetivo específico de buscar indicios de vida. A ver si hay suerte y Rosalind Franklin rompe el maleficio.
Resulto ser que Marte no era Barsoom y mucho menos Malacandra, planeta humedo y esponjoso de musgos si los hubiera, donde uno podia bañarse en sus lagos de noche mientras disfrutaba del espectaculo de Jupiter y sus satelites (si estaban adecuadamente alineados). Malacandra era el nombre que los marcianos daban a su planeta en la novela «Fuera del Planeta Silencioso» de C.S. Lewis. En ella un filologo (en homenaje al amigo de Lewis, Tolkien) es raptado y llevado a Marte.
Cuando vi la primera foto en color quede «flipando en colores». Me dio una tremenda sensacion de familiaridad y cercania y casi podia sentir el frio de esa superficie accidentada. Hasta me inspiro para escribir algunos cuentos.
Me gustaria saber como se ve Jupiter a simple vista desde Marte en su maxima aproximacion.
Pues a simple vista no verías un planeta gigante flotando con sus franjas y su Gran Mancha Roja, sino algo parecido a lo que verías desde la Tierra: un punto de luz intensamente brillante y de tono blanco-amarillento.
En el punto de máxima aproximación entre ambos planetas (oposición), Marte y Júpiter están a unas 3,5 Unidades Astronómicas (UA) de distancia, en comparación con las 4,2 UA que nos separan desde la Tierra. Eso hace que desde Marte se vea aproximadamente un 15-20 % más grande y más brillante.
Si usaras prismáticos o un pequeño telescopio disfrutarías de una imagen muy nítida debido a que la atmósfera marciana es muy débil. Y podrías obtener una buena imagen del disco joviano y sus franjas principales con una simple cámara con superzoom.
Qué bueno. Nunca me había parado a pensarlo.
Habrá un día en que tengamos telescopios en Marte. Es cuestión de tiempo y de perseverar.
Telescopios en Marte…
¿Para qué aterrizar allí un telescopio ? ¿ quien lo operaría , algún astronauta enviado por Musk o algún chino ?.
Yo flipo con algunos comentarios.
Y, m’hijo, con IA, o a distancia, no habria mayores problemas.
Yo entiendo que lo que afirma principalmente es que ¿ qué se gana con un telescopio en la superficie de Marte ? Polvo, atmósfera aunque sea tenue, sucesión de día y noche y para colmo ¿ que se puede observar del Universo que no se observe aquí o una órbita cercana a la Tierra o en los Lagrangianos?
Mendo / Oleg.
Evidentemente, no estoy pensando en un futuro próximo en absoluto. Pero creo que algún día llegará. Actualmente somos capaces de aterrizar pequeños telescopios en la Luna, por ejemplo.
No necesariamente me refería a la superficie de Marte, aunque también podría ser. Una vez que tienes astronautas en la superficie de la Luna o de Marte, el instalar telescopios para darles trabajo, en este caso de mantenimiento, viene como contrapartida. Conozco perfectamente el problema y las superficies de ambos mundos no son el mejor sitio para colocar telescopios (un lagrangiano es mejor lugar, como dices). En cambio, una vez que tienes astronautas en superficie, gana mucho la facilidad de mantenimiento, frente a la órbita.
El situar un telescopio en órbita marciana (realmente en cualquier órbita distinta de la terrestre o en un lagrangiano distinto de L2 también valdría) tiene la ventaja de poder observar zonas del firmamento en momentos distintos a los que se puede desde Tierra o desde L2. Hay sucesos que es preciso estudiar en el momento apropiado y, si el Sol te molesta porque la geometría orbital no favorece la observación, se pueden perder esos eventos.
Tener un telescopio en Marte seria mejor que en el desierto de Atacama.
¡Claro que sí! Brillante comentario, JULIOSPX.
Instalar un telescopio óptico multimillonario en un planeta famoso por sus tormentas de arena que envuelven todo el globo y bloquean la luz durante meses es, sin duda, una estrategia infinitamente superior a usar el desierto de Atacama.
Mientras que en el norte de Chile se disfruta de una altitud envidiable, sequedad extrema y más de 300 noches despejadas al año con un seeing astronómico casi perfecto, en Marte los astrónomos tendrían el gran privilegio de intentar limpiar polvo rojo y abrasivo de las ópticas, asumiendo que la opacidad atmosférica les permitiera siquiera distinguir las estrellas.
Por no mencionar la absoluta trivialidad logística del mantenimiento. Si se desalinea un espejo o falla la montura ecuatorial en Atacama, mandas a un ingeniero en camioneta; en Marte, supongo que tu plan es mandar una Starship con un rover equipado con un plumero y lidiar con un retraso en las comunicaciones de hasta 22 minutos por cada comando si al final hay que mandar el robot desde la Tierra y no desde Elon City.
Es cierto que la atmósfera marciana tiene apenas un 1% de la densidad terrestre, pero sacrificar la transparencia del cielo andino por nubes perpetuas de polvo en suspensión a escala planetaria es un intercambio que solo un verdadero visionario de la instrumentación astrofísica podría proponer.
En fin, JULIOSPX, como dijo Maurice Switzer (y no Groucho Marx), «Más vale estar callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar todas las dudas».
Que pases un buen día.
Me percepción totalmente subjetiva después de ver las fotos que publican de los rovers que están y han estado en la superficie de Marte es que viven con una calima perenne y planetaria. No me parece un buen lugar para instalar telescopios. Si hay datos que digan que hay lugares mejores que en la Tierra pues que vayan haciendo planes a tiempo indeterminado.
En efecto, UFE666.
La atmósfera de Marte, aunque es cien veces menos densa que la de la Tierra, está constantemente cargada de finísimas partículas de polvo de silicato en suspensión. Debido a la menor gravedad del planeta y a la dinámica de sus vientos, este polvo tarda muchísimo en asentarse. El resultado es exactamente lo que comentas: un cielo que casi nunca es transparente y que presenta un nivel de opacidad constante que arruinaría la nitidez de cualquier observación óptica.
A esa calima constante hay que sumarle las famosas tormentas de arena globales que pueden durar meses y envolver todo el planeta. Este polvo no solo bloquea la luz (como le ocurrió al rover Opportunity), sino que es abrasivo y electrostático. Se pegaría irremediablemente a las lentes y espejos, haciendo imposible su mantenimiento.
Así pues, aunque algún día alguien mande un pequeño telescopio en un vehículo que aterrizaje en lo alto del Monte Olimpo, no dejará de ser una curiosidad tecnológica, una anécdota.
Sólo alguien con una visión falsa y romántica de Marte podría proponer tal disparate. Sería mucho más útil y sencillo construir un observatorio astronómico en Ceres que en Marte.
Amigo Hilario, ¿qué cuesta una corrección fraterna a JulioSpx (tonto?) o a quién sea? Estamos para aprender y confraternizar. Y hay un buen clima de camaradería. Todos tenemos alguna pifiada cada tanto.
Seguro que ya tenés presente la famosa frase de Eintein: «Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy seguro sobre la primera». Y si Einstein tiene razón, no escapamos ninguno de ese maléfico efecto 😉.
HG, Capitan Imaginacion Cero. ¿Cuanto le costaria a nuestra civilizacion tecnologica fabricar alguna clase de proteccion a la entrada del telescopio que se activara ante los pronosticos de tormenta?
Das vuelta a HG y no se le cae una idea 😂😂
COSMOS, suelo tener mucha paciencia y respeto por la gente que honestamente reconoce que no sabe y está dispuesta a aprender. Es una actitud loable. Pero no es es caso que nos ocupa.
Ya van varias veces que. JULIOSPX le corregimos en esto o en aquello y da la callada por respuesta. Es como esos forofos futboleros argentinos que se niegan a aceptar que la selección española jugó mucho mejor que la suya en el final del Mundial y se refugian en una burbuja de fantasías para que no se les rompa la ilusión que se habían montado (somos los mejores = colonizaremos Marte).
Veo, JULIOSPX que no has entendido absolutamente nada de lo que he explicado. En fin, sigue con tus fantasías marcianas.
Sí Hilario, y ¡Felicitaciones!, ganaron bien y jugaron mucho mejor. Se lo merecen. Y el Dibu tapó lo que pudo ser un colador.
Dejame decirte «muy amigablemente» que lo mío iba también por otras correcciones de los últimos tiempos bastante descalificadoras con otros compañeros. Por ejemplo, llamando mascota del Blog a Jimmy y otras dos que ahora no recuerdo.
Se que a veces hay que tener paciencia. Y que a veces se leen cosas muy dispares.
Pero vos sabés que sos uno de los pilares de este Blog y que tenés una autoridad o ascendencia muy especial. Que además se te aprecia y tiene muy en cuenta.
Por eso, más aún, a veces tenemos que estar más atentos y ser un pilar positivo y con ascendencia constructiva desde el lugar que cada uno tiene y se ha sabido ganar.
Te mando un abrazo.
Ah, pero lo de «mascota» a Jimmy era cariñoso y venía a cuento de su entusiasmo por el proyecto Starship y demás, pero tenemos una relación sana. Él tiene una visión optimista de estas cosas que yo no comparto, pero respetable.
Nada que ver con otros elementos…
HG , hay que ser justos, la gilipollez del telescopio en Marte viene e de Pochimax.
Claro Hilario, es que en general usas con tanta frecuencia la palabra tonto, idiota, imbécil entre otros epítetos o palabras descalificadoras, que cuando la decís en broma, es muy difícil darse cuenta.
Me doy cuenta que muchas veces te torean y vos, con justo motivo te defendés, lógicamente, pero convengamos, te lo digo con respeto, que más de una vez te pasás de Estación en tu afán de ponerle intensidad y «carga de dinamita» a tus comentarios.
Muchísimas gracias por regalarnos este enorme artículo tan detallado de aquella primera exploración en suelo marciano con un laboratorio automatizado.
Es casi increíble que con tan poca electrónica e informática tuviera éxito un proyecto tan difícil.
Me ha traído recuerdos de mi adolescencia, en un entorno donde no se hablaba apenas de ciencia, cuando en mi casa los únicos medios de comunicación eran una radio a transistores y una televisión en blanco y negro a válvulas 🙂
Se insistía entonces en que el español Juan Oró había contribuido diseñando el espectrómetro de masas, que había que miniaturizarlo para la misión.
Juan Oró fue uno de los que contribuyó a bajar las expectativas de vida en Marte del experimento LR , ya que fue uno de los investigadores del GS- MS que no encontraron moléculas orgánicas en Marte.
El LR consistía en añadir suelo marciano a un «caldo de cultivo » elemental que contenía los compuestos primitivos generados en experimentos de Urey sobre el origen de la vida ( descargas eléctricas en atmósfera de CO2, agua, metano y amoníaco); estos compuestos eran principalmente glicina, ácido fórmico y ácido glicolico.
Esos componentes estaban marcados con 14C y si se metabolizaban éste se desprenderia ( posiblemente como CO2 ) y un contador lo mediría.
La prueba negativa sería que si la muestra, en uno de los experimentos, se esterilizaba a unos 160°C y no se desprendía gas es que habría vida .
Se había hecho en la Tierra con muestras de la Antártida, Atacama, etc…
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6445182/
Se hicieron experimentos para ver si a 50°C se esterilizan las muestras ( los microorganismos marcianos nunca habrían pasado en su planeta a más de 20- 25 °C ).
Los experimentos parecían dar positivos sobre vida , pero el experimento de detección de materia orgánica a daba negativo y se barajó la posibilidad de reacciones inorgánicas del suelo causarán la descarboxilación u oxidación de los compuestos marcados ( el gas que se desprenderia no se analizaba, podría ser dióxido o monóxido de carbono , quizás metano ).
Se publicó que no había evidencias de vida en Marte.
Algunos investigadores posteriores han recalcado que en Marte podrían existir halófilos extremos y para ellos el caldo de cultivo del experimento , poco salino, hubiera sido mortal ( lo demostraron con halófilos extremos de Atacama) , pero es solo una hipótesis.
Ahora si sabemos de compuestos orgánicos complejos en Marte ,pero eso no demuestra nada, los hay en muchos otros cuerpos celestes.
Muchas gracias, Gibbs, por tu respuesta.
Ya veo, por el artículo que enlazas, que no sé descarta del todo que las Viking detectarán vida.
En el suelo más superficial, sin saber de esto, me parece casi imposible que sobreviva cualquier organismo, por estar expuesto a la radiación y la sequedad. Pero no me extrañaría que haya vida a cierta profundidad, donde la presión de las rocas superiores podría permitir agua líquida en los intersticios, y quizá en acuíferos y corrientes subterráneas.
saludos
«sé descarta del todo que las Viking detectarán“ ->
se descarta del todo que las Viking detectara
Para mí la vida no consiste en un salto brusco sino en un proceso de continuidad, hacia una mayor complejidad de la materia orgánica.
Por eso, me parece muy importante poder ser capaces de encontrar agua líquida accesible en Marte y poder analizar cuál es el estado actual de la materia orgánica en ese tipo de entornos, tanto si hay vida como si no. (Si no hay vida, por qué y cuál ha sido el estadio de mayor complejidad alcanzado). Esto a su vez habría que compararlos con otros entornos de agua líquida del Sistema Solar, como es Encelado.
Se han detectado lagos subterráneos supersalinos a «baja profundidad» 1,5 km que ciertamente no son el lugar más indicado para encontrar vida. Si queremos encontrar agua «normal» en estado liquido habrá que buscarla a más de 10 km bajo la superficie, quizás algo menos en zonas con cierta actividad volcánica. No será nada fácil…
Yo apostaría a qué en Marte sigue habiendo vida bacteriana.
# Hubo y sigue habiendo vida bacteriana quise decir.
Dices «Se han detectado lagos subterráneos supersalinos a «baja profundidad» 1,5 km que ciertamente no son el lugar más indicado para encontrar vida «.
Las halobacterias necesitan un mínimo de 10% de salinidad para vivir , con un óptimo del 20 -30 % aproximadamente que ya está cerca del límite de solubilidad de la sal , esos lagos serían ideales para ellas.
https://enviromicro-journals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1758-2229.70039
Como ya han comentado por ahí, si existen en Marte, no podrían detectarse con el medio de cultivo de las Viking.
Opino como Raúl: si en Marte hubo vida indígena en algún momento, sigue habiéndola. Seguro.
Y si no hubo vida indígena, aún así es razonablemente probable (para mí, bastante probable) que igualmente la haya… de la de la Tierra. Llevamos miles de millones de años exportando materia orgánica e inorgánica, entre ella bacterias, esporas y demás, a todo lo largo y ancho del Sistema Solar. Es razonablemente probable que, cuando encontremos vida en Marte… sean descendientes terrestres.
Pero, como digo, es pura y dura opinión.
Este artículo les va a encantar. Una investigación científica de primer nivel sobre la posibilidad de que vida microbiana halla llegado a la Luna Europa, atravesado el manto de hielo y llegado hasta el océano, partiendo de datos científicos aproximados como que la Tierra por segundo(!¡) expulsa al Espacio un total de unos 5 trillones de partículas (5 x 10^18) del tamaño de una micra, capaces de contener bacterias.
Los datos son verdaderamente sorprendentes. No sólo en relación a Europa, sinó también a los miles de sistemas estelares a los que llegarían partículas con bacterias vivas.
https://www.astrobitacora.com/la-tierra-podria-haber-enviado-vida-a-europa/
Ahora, Rafa, multiplica eso por segundo… por los miles de millones de años que hace que hay microorganismos en la Tierra.
Y teniendo en cuenta que, según otro artículo que ahora no encuentro, el Sol no nació en ésta posición de la Vía Láctea, sino que al parecer (junto a todo un grupo de hermanas) nació cerca de la barra central y ha migrado hasta aquí… la Tierra podría haber dejado todo un rastro de materia orgánica interestelar que podría haber «contaminado» teóricamente miles de exoplanetas (otra cosa sería que tales «polizones» sobreviviesen al viajecito, pero posibilidades hay).
Mira que si al final, la Panspermia es cosa nuestra… jajajajaja.
Eso mismo estarán escribiendo en otro blog como este a cientos de años- luz.
Pero pronto los veremos
https://www.nasa.gov/directorates/stmd/mapping-alien-continents-achieving-optical-vlbi-for-exoplanet-imaging/
Bacterias terrestres viven lo mas bien del *lado externo* de la ISS, mas hostil que eso, imposible. Nuestras bacterias podrian vivir tranquilamente en Marte. Y si las hubo en Marte en el pasado remoto, probablemente siguen existiendo ahora.
Bueno, Julio… sí y no.
O sea, el ambiente en el exterior de la ISS es jodido, pero aún así, dentro del campo magnético terrestre.
Pero en trayectoria a Marte o cualquier otro planeta del Sistema Solar, el ambiente es aún más jodido sin esa protección.
Y, si hablamos de interestelar, fuera de la Heliosfera, ni te cuento.
Aún así, hay bacterias que lo aguantan todo… incluso eso.
Muchas gracias, Daniel, por está estupenda entrada sobre las Viking. Hace tiempo que comenté por X que quizá era la única entrada «antológica» que faltaba en el blog y, por fin, el vacío se ha llenado de manera sublime.
Dicho esto, seguí.las Viking con muchísimo interés y, por ejemplo, todavía conservo los números de Scientific American en español donde se publicaron los resultados de los experimentos científicos, tan debatidos en su momento y he seguido las interpretaciones posteriores, tan interesantes y que siguen dejando la duda sobre si hay vida en Marte o no. A ver si va alguien y nos saca de dudas. Un abrazo, Daniel.
+1
Espectacular artículo de una de las misiones más llamativas de finales del siglo XX.
Yo ya era casi mayor de edad y ya me atraía mucho el espacio, la astronomía las misiones espaciales….. y aquí sigo, un fan de muchos años de Daniel.
Y ya 66 años, claramente entré ya en la fase de abuelo, en muchos aspectos, pero las pasiones siguen intactas.
Yo no había nacido ni de lejos….pero he podido ver esto
https://youtube.com/shorts/IIW_6i7FqhM?si=3fGs0zDw5HO-FkOL
Es difícil que se repita; espero que no lleguen nunca más a esa tesitura ya que al faltar la pieza clave , por antigüedad, es casi imposible que vuelva a suceder.
Saludos.
+10 Roger.
Yo también estoy de acuerdo.
Lo siento por los argentinos del blog, pero no porque perdiesen la final sino por el comportamiento cafre , violento y maleducado de su selección.
Nunca debieron perder en la final….si mucho antes.
Saludos.
Cherry-picking se llama eso
RECIBIDO Y ENTENDIDO
¡¡¡Qué comentario más patético!!! España ganó bien la final. Pero sostener que Argentina debió haber perdido antes de llegar a la final es el colmo del disparate. A ver, Inglaterra no perdió por goleada por las impresionantes atajadas de su arquero y porque tuvo la suerte de dos travesaños. Estuvieron encerrados no ya en su campo, sinó en su área. En el empate de Enzo Fernández en una de las fotos se ve que estaban en la línea de su área los 11 jugadores y 8 en la línea del área chica. Si un suizo que ya tenía una amarilla simuló una falta para que le saquen a un argentino una amarilla y según el nuevo reglamento eso se castiga con una amarilla, lo que ocasionó su expulsión, no es culpa de la Argentina.
Y el fútbol español tuvo un antes y un después de Guardiola y Luis Aragonés. Antes no había tiki-taka, sino que se hablaba de «la Furia Roja», que se caracterizaba por lo violento de su juego. A modo de ejemplo, hubo un campeonato en el cual Barcelona venía puntero con varios puntos de ventaja. En un partido, un defensor con el estilo salvaje que lo caracterizaba quebró a Maradona, que tardó varios meses en volver a jugar. Barcelona sin su estrella perdió el campeonato. Y Goycochea en lugar de ser sancionado fue convocado a la selección, porque representaba muy bien a la «Furia».
En este campeonato, uno de los grandes aciertos de Luis de la Fuente fue no haber convocado a ningún jugador del Real Madrid. Y vaya que le pegaron por ello. No me imagino lo que hubiera soportado si España no salía campeón.
Ahora, quien sabe si mañana gana una coalición de Vox con el Partido Popular y deciden que el Tiki-Taka es woke y vuelve el estilo de la «Furia».
Perdón por ensuciar el blog con un comentario que nada tiene que ver con su naturaleza, pero no podía dejar pasar los dos comentarios que estoy respondiendo.
Para Carlos Math.
https://youtu.be/NNPQjGalIYc?si=vjlNM3Ac4DNTfZOq
Violentos, maleducados y con mal fútbol ( solo Messi, sin él pasaréis a la intrascendencia; conjunto vacío se diría ).
La tercera estrella para cuando Starship llegue tripulado a Marte.
🤣🤣
Perdón la cuarta….ya que deberíais tener dos, los goles con la mano no valen, aunque los marqué Maradona.
⚽️🥈
volvió don fulgencio, el hombre mas pedante del universo, con ínfulas de sabelotodo,escasa comprensión lectora y menos fútbol que la revista ¡Hola! (aunque el que me hayas desenmascarado como el que le suplantó la identidad al famoso librero Marcos Buchin te suma un puntito) Carlos, suscribo tus comentarios, España ganó bien y lo demás son cosas del fútbol
No voy a perder tiempo ¡¡16 minutos!! con un cherry-picking en forma de video. Y menos todavía leyendo las sandeces anónimas de quienes lo comentan. El mundial del 86 se ganó legítimamente. El único mundial que ganaron los ingleses fue auténticamente vergonzoso (por cierto en ese mundial Argentina le ganó a España 2 a 1). En las semifinales en el partido que jugaban los piratas el árbitro era alemán y en el que jugaba Alemania el árbitro era inglés. Con eso y todo, para que le ganen a Argentina el árbitro expulsó al capitán argentino «porque creía que lo había insultado» aunque dijo que no conocía ni una sóla palabra de castellano. Fue tan vergonzoso que la FIFA a partir de ese grotesco creó las tarjetas amarillas, hasta entonces inexistentes. Y no sólo eso, sinó que el defensor Nobby Stiles directamente iba a fracturar a los adversarios y jamás fue sancionado por eso. Y el gol que supuestamente les dio el título no fue https://www.instagram.com/reel/DZTct2qxrNF/?hl=es-la . Así que manga de hipócritas, a llorar a la iglesia. Pero lo que más les molestó a los piratas no fue haber perdido como de costumbre frente a Argentina, en un partido que debió haber sido goleada. Sinó que al final del partido los jugadores argentinos hayan desplegado una bandera con la leyenda «las Malvinas son Argentinas». Y a partir de ahí se intensificó una campaña que hasta ese momento era una de tantas que circulan por las redes y los tontos útiles (increíble que un español defiende a quien le ocupa el Peñón de Gibraltar) se prendieron cual gilipollas que son. Argentina, al contrario de las gansadas que últimamente circulan en la blogósfera, históricamente ha sido perjudicado en el fútbol. En la final del mundial 2014, le cometieron un clarísimo penal a Higuain y el árbitro no sólo no lo cobró, sinó que lo amonestó con una amarilla. En la final del mundial de 1990, con la reglamentación de entonces el penal que le dio la victoria a Alemania fue un regalo. En el mundial de 1982, el jugador italiano Gentile le cometió a Maradona ¡23 faltas! y ni siquiera fue amonestado. Y podría seguir.
Entonces antes de pasar vergüenza reproduciendo sandeces que circulan por la red, mejor informarse
No te enfades.
Pasó, hace unos días…
España dominó el partido, jugó mejor y tuvo más oportunidades de gol.
Tres goles, dos legales ( uno de ellos anulado ).
Argentina jugó más duro y recibió tarjetas amarillas y una roja justa.
Finalizado el partido no aceptaron la derrota, comenzó la violencia contra los españoles.
Mientras celebraban los españoles la victoria los guarros argentinos les dieron la espalda, mala educación; solo les faltó hacer un » calvo».
Esa es la realidad…además tendríais ya que haber perdido con Egipto.
Y parafraseando a Messi os diría…
Que decís BOBO?
Y para llorar ya estáis vosotros, comenzando por el cuasi- jubilado y enorme jugador.
A hidratarse para tener los lacrimales llenos, que falta os va a hacer.
En cuatro años os empatamos a estrellas , con permiso de los franceses.
Carlos Math, saludos.
Ninguno de mis comentarios se refirieron al partido con España, salvo para mencionar que fue un legítimo campeón. Sinó a los partidos anteriores, en los cuales Argentina ganó legítimamente, con Egipto incluído. Los ingleses futbolísticamente no sólo son unos llorones, sinó además hipócritas. Históricamente la FIFA los ha ayudado. Dudo que haya habido un campeón más ilegítimo que Inglaterra en 1966. A Alemania también la han ayudado, pero por lo menos cuando pierden no se dedican a llorar
Por cierto, el técnico de Egipto no sólo se quejó de Argentina, también lo hizo en la copa africana de fútbol https://www.facebook.com/100090615885504/posts/el-t%C3%A9cnico-de-egipto-hossam-hassan-tambi%C3%A9n-se-quej%C3%B3-luego-de-una-derrota-en-la-c/978903845140136/ Así que hay que tomar sus declaraciones como de quien viene
Parafraseando a una mujer de y luego política, una entrada para leer tranquilamente with a good cup of café con leche de una mañana tranquila y sin prisas.
Muchas gracias Dani!