En febrero de 2026 Elon Musk decidió que Marte ya no era una prioridad para SpaceX y optó por que la empresa se centrase en la Luna y en el lanzamiento de centros de datos espaciales para IA, con hasta un millón de estos satélites. A finales de marzo SpaceX anunció que los primeros centros de datos se llamarían AI Sat Mini y tendrían una envergadura de 180 metros con los paneles solares desplegados. Pero en los últimos meses el diseño de estos primeros centros de datos ha cambiado de nuevo y el pasado 7 de julio SpaceX anunció que ahora el proyecto se llamará Starmind. La primera serie, denominada AI1, tendrá una capacidad de computación de 120 kilovatios de media, con un máximo de 150 kilovatios, gracias a dos paneles solares con una envergadura de 70 metros y una capacidad de generación de 250 vatios por metro cuadrado.

A pesar de que el propio Musk había minimizado el problema de gestionar el calor generado por los centros de datos espaciales —el vacío es un gran aislante—, los Starmind AI1 poseen un enorme radiador —con respecto a las dimensiones del satélite— que funciona con fluido refrigerante y posee una superficie de 110 metros cuadrados. Los Starmind llevan módulos de computación independientes —hasta doce por satélite aparecen en los renders— que usarán procesadores suministrados por varios fabricantes de chips especializados en IA, como Nvidia. Los satélites estarán situados en una órbita polar heliosíncrona (SSO) para estar iluminados constantemente y estarán conectados por láseres, como los Starlink. Se construirán en la fábrica Gigasat, una enorme instalación situada en Bastrop (Texas) que debe estar lista el año que viene.

Los satélites deben ser energéticamente muy eficientes, capaces de generar unos 70 kilovatios por cada tonelada de masa del vehículo. Al fin y al cabo, recordemos que el objetivo de situar centros de datos en órbita es disponer de la energía gratuita e ilimitada proporcionada por el Sol. La rentabilidad o no de este concepto depende de muchos factores, como el número de satélites en órbita, su latencia e interconexión o la capacidad de lanzamiento de los cohetes elegidos, factores todos ellos en los que SpaceX tiene una clara ventaja gracias a la experiencia en la gestión de la megaconstelación Starlink.

Y, hablando de Starlink, SpaceX acaba de presentar una solicitud ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de EE. UU. para operar una constelación de satélites de tercera generación (Gen 3) de hasta 100 000 satélites. La solicitud tiene su miga y parte de misterio porque el sistema descrito en la misma no es Starlink, sino «Gen3 NGSO». Aunque es de suponer que se refieren a los Starlink v3 —Gen 3 o Tercera Generación— que serán lanzados por la Starship, no está claro por qué no los llaman así. Según los datos enviados a la FCC, cada satélite tiene una masa de 2 a 2,5 toneladas y un área de 300 a 400 metros cuadrados (los actuales V2 Mini tienen una masa de 800 kg). La altitud de las órbitas será de 320 a 480 kilómetros. Según la solicitud, además de las bandas Ku, Ka, V y E que ya han sido aprobadas por la FCC, los nuevos satélites usarán bandas W y D (92–275 GHz), lo que permitirá aumentar la cantidad de datos enviados en un tiempo dado.

Actualmente hay casi once mil satélites Starlink en órbita baja, pero el número total autorizado por la FCC para las Gen2 es de 15000 unidades (justo en febrero la FCC autorizó a SpaceX el lanzamiento de 7500 satélites Starlink adicionales). Gen2 es de 19 400. De hecho, la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, declaró que veía poco probable que se lanzasen más de quince o veinte mil Starlink, gracias al incremento de prestaciones de la Gen3, a pesar de que el número inicial de satélites previsto para la megaconstelación era de un máximo de treinta mil unidades (29 988 para ser exactos). Entonces, ¿para qué necesita SpaceX tantos satélites? Precisamente, una explicación es que este número ingente de satélites servirá para apoyar a la megaconstelación Starmind, bien sea transmitiendo los datos de estos satélites a la Tierra o entre ellos. Además, también se podrán usar para transmitir datos de otros satélites y constelaciones —incluyendo otras constelaciones de centros de datos—, un plan de negocio que SpaceX ya ha anunciado.

Sea como sea, cien mil satélites Starlink son casi diez veces la cantidad que ya está en órbita. Y hablamos de satélites más grandes. Si ya el cielo nocturno está herido de muerte por las megaconstelaciones de satélites, con Starmind y los Starlink Gen3, así como los miles de satélites de las otras megaconstelaciones, ya podemos dar la batalla por perdida.


Estamos apunto de presenciar el nacimiento de Skynet!! La IA de Musk que gestionará todos los datos desde el espacio
Bienvenidos a la penúltima revisión del Evangelio según Elon Musk.
Desde febrero de 2026 sabemos que Marte -ese idílico desierto radiactivo que iba a ser el hogar de la humanidad- ya no es prioritario, pasó a ser la Luna. Pero ahora, tras la última Revelación, resulta que el verdadero destino manifiesto de nuestra especie es procesar algoritmos de inteligencia artificial en órbita baja. Con dos cojones. Esto sí que es un giro de guion y no el cambio de enemigo a mitad de un mitin que mostraba la orwelliana novela “1984”.
El proyecto Starmind es el monumento definitivo a la huida hacia adelante: ante la ralentización de la maduración de la Starship para misiones interplanetarias, nada mejor que subirse a la ola del hype de la IA y prometer un millón de satélites-servidores para mantener inflada la valoración de una empresa cuyo mercado es limitado por definición y que, desde luego, no es que jamás pueda “financiar la colonización de Marte”, sino que ni siquiera puede cubrir los gastos de desarrollo de la Starship (20.000 millones por ahora) y que trata desesperadamente de tapar el agujero de xAI. Ya veremos qué pasa en unos meses cuando muchos que han comprado acciones traten de convertirlas todos a la vez en dinero contante y sonante.
Si os fijáis en la propuesta, el diseño de los Starmind AI1 es una graciosa cura de humildad de la física de Secundaria. Tras mucho tiempo escuchando la sandez esa de que el vacío del espacio era un problema menor para disipar calor, los ingenieros de SpaceX han tenido que diseñar un satélite de 120 kilovatios con un radiador descomunal de 110 metros cuadrados lleno de fluido refrigerante, lo que es una admisión implícita de que poner chips de Nvidia a sudar en un termo espacial -porque eso es el vacío, un aislante térmico perfecto- es una puta pesadilla de ingeniería. Lanzar supercomputadores al espacio para «aprovechar la energía solar gratuita» mientras te gastas una fortuna en blindaje contra la radiación cósmica y sistemas de refrigeración exóticos es el equivalente aeroespacial de comprarse un Ferrari para ahorrar en billetes de autobús.
Por si el millón de centros de datos fuera poco, la guinda del pastel es la reciente solicitud ante la FCC para la monstruosa constelación Gen3 de 100,000 satélites. Gwynne Shotwell intentaba mantener la cordura pública hace poco afirmando que difícilmente se pasarían de los 15.000 o 20.000 satélites gracias a las mejoras de eficiencia. Pero claro, no se trata tanto de conseguir una plena conectividad sino de saturar el espectro y las órbitas antes de que China, Amazon o la Unión Europea puedan pestañear.
Financieramente, el modelo se ¿sostiene? sobre una premisa circular: se necesita la Starship para lanzar los 100.000 satélites, y necesitamos prometer un negocio de 100.000 satélites para justificar el gasto de la Starship. Yo a esto lo llamo HUMO.
«Lanzar supercomputadores al espacio para «aprovechar la energía solar gratuita» mientras te gastas una fortuna en blindaje contra la radiación cósmica y sistemas de refrigeración exóticos es el equivalente aeroespacial de comprarse un Ferrari para ahorrar en billetes de autobús«.
Pura poesía, Hilario.
Noel dice:
10 julio, 2026 a las 11:53 pm
«Lanzar supercomp….»
¡¡ Tal cual !!!
En esto del espacio todo va para atrás.
Starship sigue en ensayos suborbitales.
Blue Origin ha reventado la rampa de lanzamiento al explotar el cohete ¿ saben la causa a estas alturas? y su módulo lunar para el próximo año.
Los cohetes Neutrón y Terran R para ¿ finales de año ? mejor el próximo.
China quiere probar el Mengzhou sin tripular para finales de año y el Xuntian ¿ operado de miopía?; solo les falta joder la próxima Chang’ e mientras se conforman con llegar a una roca raquítica con una sonda secreta.
La India sigue retrasando el Gaganyaan sin tripular y no rasca bola desde Enero.
Los nuevos lanzadores » miniatura» siguen una gran racha de retrasos, fallos y explosiones .
Paciencia.
Más allá del debate sobre el proyecto en sí, me surge una cuestión técnica respecto a la justificación orbital.
El maestro escribe indica: «Los satélites estarán situados en una órbita polar heliosíncrona (SSO) para estar iluminados constantemente y estarán conectados por láseres, como los Starlink.»
Entiendo que una SSO no mantiene los satélites permanentemente iluminados. La ventaja es que permite que el satélite sobrevuele una determinada zona de la Tierra aproximadamente a la misma hora solar local en cada pasada, con condiciones de iluminación similares para observación terrestre. Yo creo que los satélites en SSO siguen experimentando eclipses debido a la sombra de la Tierra, como cualquier otro satélite en órbita terrestre baja.
Para mantener iluminación constante tendrían que estar en los puntos de Lagrange L1, L2, L4 ó L5, aunque cada uno tiene características y limitaciones muy diferentes.
Entonces ¿qué ventajas operativas aporta una SSO para una constelación de este tipo frente a otras arquitecturas orbitales (LEO no heliosíncronas, MEO o incluso configuraciones diferentes en órbita polar)? ¿Qué se me escapa?
No sé si alguno se acuerda de que en un artículo anterior de Daniel, alguno me porfiaba sobre mis cálculos de servilleta de la superficie necesaria para los radiadores. O los ingenieros de SpaceX no tienen idea de gestión del calor en el espacio (lo que sería absurdo) o hacen sus cálculos basados en los mismos principios que yo. En aquella discusión, mis estimaciones eran suponer que la temperatura de trabajo eran 355K y ello me arrojaba 1.11 m2 por cada Kw disipado.
Por lo que leemos en el estupendo artículo de Daniel, el diseño cuasidefinitivo es para satélites de 120 Kw netos (con picos de 150) con 110 m2 de radiador, es decir, 0.92 m2/Kw, incluso menos que mi estimación de servilleta de 1.11 m2/Kw. Probablemente la temperatura de trabajo sea algo mayor que la que estimé (355 K). De hecho podemos deducirla (si asumimoss idéntica reflectividad): 1.11 / 0.92 = T^4 / 355^4 lo que nos da 372K, del orden de 100º, temperatura, perfectamente normal en procesadores modernos.
Por cierto, admiro el trabajo que hace Daniel, pero decir que los radiadores son «enormes» me parece inapropiado. Un radiador de 110 m2 es un rectángulo, por ejemplo de 11 x 10 m2. Nada del otro mundo ni mucho menos «enorme» o extraordinario comparado con paneles solares o antenas de satélites de toda la vida.