Hasta hace cosa de ocho años, si alguien hubiese afirmado que objetos provenientes del espacio interestelar nos visitan con frecuencia, gran parte de la comunidad científica hubiera pensado que se trataba de una locura. Y, sin embargo, en 2017 lo imposible se hizo realidad cuando apareció 1I/‘Oumuamua, el primer objeto interestelar detectado por la humanidad. Su pequeño tamaño y elevada distancia de la Tierra a la que pasó impidieron que averiguásemos muchos detalles sobre su naturaleza, pero aparentemente se trataba de un pequeño objeto de 100 o 200 metros de longitud con una curiosa forma, quizá muy alargada o en forma de disco. Su composición parecía ser similar a los objetos de nuestro cinturón de Kuiper, con complejas sustancias orgánicas en su superficie. A día de hoy su naturaleza, así como las pruebas de una posible actividad cometaria, siguen siendo objeto de debate.

Pero ‘Oumuamua se alejó para siempre. Ya se encuentra más allá de la órbita de Neptuno, alejándose del Sol cada vez más lentamente hasta llegar a la velocidad hiperbólica de escape de 26,33 kilómetros por segundo (como comparación, la Voyager 1 se aleja del Sistema Solar a 16,9 km/s). Aunque cuando se descubrió se plantearon de manera más o menos informal misiones para visitar este misterioso cuerpo, como Lyra o Lyra 2.0, el coste y los plazos eran demasiado justos (no obstante, todavía estamos a tiempo, pero cada segundo que pasa juega en contra nuestra). La gran pregunta que todo el mundo se hacía era, ¿volveríamos a ver otro ‘Oumuamua en nuestras vidas? O lo que es lo mismo, ¿cómo de frecuentes son las visitas de objetos interestelares al Sistema Solar? Solo dos años más tarde la cuestión se aclaró un poco cuando se descubrió el segundo objeto interestelar, 2I/Borísov.

Ligeramente más grande que ‘Oumuamua, con un diámetro de 400 a 500 metros, 2I/Borísov era claramente un cometa. Su velocidad hiperbólica también era mayor, de 32 km/s. Mientras que ‘Oumuamua pasó muy cerca del Sol —por dentro de la órbita de Mercurio—, de tal forma que la gravedad de nuestra estrella desvió su trayectoria unos sorprendentes 66º, el perihelio —punto de máximo acercamiento al Sol— de 2I/Borísov estaba por fuera de la órbita de Marte y sufrió un desvío de su trayectoria mucho menor. No obstante, desde 2019 no habíamos vuelto a detectar ningún otro visitante interestelar y no teníamos más objetos que comparar. Afortunadamente, la espera ha terminado y ya conocemos un tercer objeto interestelar: 3I/ATLAS. Descubierto el 1 de julio por un telescopio robótico de la red ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) situado en Río Hurtado (Chile), se denominó originalmente A11pl3Z, siendo bautizado 3I/ATLAS o C/2025 N1 (ATLAS) hace tan solo dos días.


Como su segundo nombre denota, 3I/ATLAS es claramente un cometa, como 2I/Borísov. Pero 3I/ATLAS presenta dos importantes diferencias con respecto a sus primos interestelares. Primero, su velocidad hiperbólica es mucho más alta, 58 km/s. Segundo, su tamaño también es mucho mayor. Aunque siempre es difícil calcular el diámetro de un núcleo cometario, se estima que ronda los 5 o 10 kilómetros (se han obtenido estimaciones de hasta 30 kilómetros, pero es una cifra que con total seguridad se reducirá en los próximos días a medida que haya más observaciones). La trayectoria de 3I/ATLAS es también diferente, más próxima al plano de la eclíptica, aunque retrógrada (175º). El perihelio de 3I/ATLAS, que alcanzará el 29 de octubre, está situado entre las órbitas de Marte y de la Tierra, a unos 206.4 millones de kilómetros del Sol (en su paso por el perihelio la velocidad será de 68 km/s). Eso sí, la Tierra estará al otro lado del Sol durante el paso por el perihelio, a 270 millones de kilómetros de distancia, así que no podrá verse desde nuestro planeta hasta diciembre. Sin embargo, pasará a tan solo 31,4 millones de kilómetros de Marte el 3 de octubre, suficientemente cerca para que, con suerte, sea captado por alguna sonda marciana como la MRO.

3I/ATLAS se alejará para nunca volver como 1I/‘Oumuamua y 2I/Borísov, sin poder ser estudiado en detalle por una sonda espacial. Pero eso debe cambiar en el futuro con misiones del tipo Comet Interceptor de la ESA. Además, se cree que el observatorio Vera Rubin descubrirá entre 6 y 50 objetos interestelares en sus primeros diez años de servicio. En menos de una década hemos pasado de ni siquiera contemplar la posibilidad de que objetos interestelares pasen por nuestro Sistema Solar durante nuestras vidas a planificar misiones espaciales para visitarlos. No está nada mal.

Referencias:
- https://www.nature.com/articles/d41586-025-02141-5
- https://www.iac.es/es/divulgacion/noticias/3iatlas-el-iac-sigue-de-cerca-el-tercer-objeto-interestelar-detectado-en-el-sistema-solar
- https://science.nasa.gov/solar-system/comets/3i-atlas/


Rama envía la tercera nave:
1- Oumuamua
2- Borisov
3- Atlas
@Martínez el Facha
Pues si se confirma los 20 kms pues seria interesante el escenario de «nave tipo Rama»
Por cierto Martínez ya que te pillo por aquí, que sepas que el proyecto New Armstrong es real, y se anunciará en un futuro bastante próximo, y su objetivo, me parece te alegrará…
s2
Bien.
2017, 2019, …… 2025 ! ( han enviado más pero se nos han colado !)
Es para verdaderamente ruborizarse digo Robinizarse!
Probablemente la 4 “nave” sea la décima por lo menos y espero que la localicemos antes de un semestre.
fdo: el taxista interestelar.
Un a duda que me surge… si tratásemos de alcanzarlo, no me refiero a un sobrevuelo, si no a posarnos sobre él. ¿tendríamos capacidad para hacerlo? Es decir, 68 km/s en el perihelio… ¡es un 30% más de la velocidad de escape del sistema solar! Con la tecnología actual y teniendo en cuenta que no creo que se puedan hacer muchas asistencias gravitatorias, no creo que podamos ¿no?
@Txemary
Pues nos toca aplicar «telescopiar» XD, en todas las bandas del espectro, lo mejor que quizas nos pueda pasar es que a su paso el sol lo asimile al sistema solar a fuerza de gravedad, seria increible porque a futuro, otras generaciones lo investigaran.
En principio, y según cálculos de su momento, una vela solar DEBERÍA poder alcanzar esa velocidad (y más, hablaban de hasta 1.000 km/s, en casos realmente óptimos, actualmente inalcanzables).
Pero claro, hacer una sonda capaz de salir a toda mecha de un Lagrange, acercarse al Sol casi en caída libre (previo paso por Júpiter, supongo) para acelerar a lo bestia en un perihelio aterradoramente cercano a la estrella, y desplegar una vela en condiciones (tecnología bastante en pañales aún) para acelerarse con la abrasadora luz sola a tan corta distancia, controlando el rumbo para alcanzar el objeto interestelar en cuestión…
Bufffff, no veas!!!
O construir una sonda impulsada por un sistema Orión de pulsos nucleares…
… que molaría muchísimo, la verdad, pero que no está ni en pañales actualmente.
@Noel
Pero es que si para ir a Marte sucede lo que sucede (y eso que esta relativamente cerca) con la mision de retorno de muestras, imaginate alcanzar un objeto de este tipo con la tecnologia actual y la poca motivacion de sectores clave en lograr una meta con poca claridad (siendo sinceros, no esta claro la naturaleza exotica de estos objetos, pudiesen ser de la hoy todavia hipotetica nube de Oort, no es claro) peor si la posibilidad de fallar es muy alta, imaginate.
Sobre todo, lo segundo @Tevatron…
Porque para ciencia espacial y demás, siempre hay racaneo… pero para armas y bombas el bolsillo no tiene fondo.
Mira, y ya sé que lo que diré es duro, peroo… va haciendo falta que un pedruscazo en condiciones, algo de al menos 500 metros, choque con la Tierra en los próximos años y que no se pueda evitar por falta de investigación y por exceso de «Armageddon» en las mentes de los «flipaos» de los políticos y demás parásitos…
La única (e inasumible) pega es la de miles o millones de vidas que segaría, y ese es el ÚNICO motivo por el que espero que NO ocurra… pero iría que ni pintado para dejarse de gaitas e invertir el dinero en lo que se ha de invertir, no en liquidar al prójimo.
Sugiero el estadio Santiago Bernabéu como punto de impacto.
Noel, comparto bastante lo que comentas en este hilo, sobre todo en lo importante que sería ordenar mejor las prioridades de en qué invertir.
Ahora, en cuanto a tecnologías a desarrollar, ese motor nuclear Orion tal vez fuera una solución para obtener potencia y poder impulsarse (y maniobrar) fuera del sistema o en sus confines. Pero como algo, al parecer, «más sencillo» y viable creo que sería preferible ahora dirigir la investigación hacia la puesta a punto de velas solares –algo que hace años se viene amenazando hacer pero siempre se posterga.
Los primeros pasos (los que se habían ya anunciado, de hacer pequeñas sondas para maniobrar en órbita terrestre) no parecen tan onerosos ni descabellados. Y si se lograse dominar la técnica del despliegue de la vela –y luego la navegación– se podrían encarar otros retos mayores: salir hacia la Luna y hacia nuestros vecinos, Marte y Venus. Con el tiempo, una sonda como la que dices, para darle alcance a algún «visitante», u otra, para alcanzar los planetas exteriores en corto tiempo, o explorar más allá, tendría que volverse factible.
Pronto detectaremos flotas comerciales extraterrestres =D
A mi lo que me preocupa es que la trayectoria pasa entre Tierra y Marte. ¿Qué pasaría si la velocidad del objeto fuese menor? ¿No sería atraido por el pozo gravitacional del sol y habría más posibilidades de colisión con la Tierra?
Puede.
Quizá en vez de 0’000000000000000000000000000000000001% de posibilidades, le arañes un cero o dos…
Tiene que ser una carambola alucinantemente casual que un pedrusco en trayectoria hiperbólica al azar acierte precisamente en un planeta de apenas 13.000 km de diámetro que recorre esa distancia en 7 minutos, a más de 100.000 km/h.
Vamos: como tirar una aguja desde lo alto del Everest y que, tras rebotar por las laderas y los glaciares, y ser arrastrada por el viento, se pinche justo, justo, justo, en «tó» lo alto de la antena derecha de una mariposa en concreto -elegida previamente-, que vuela aleatoriamente sin parar dentro de una jaula de mariposas, en el interior del segundo piso de una casa roja y blanca con un desconchón en la pared en forma de culo de perro, en Lhasa (la capital del Tíbet). Y eso, habiendo tirado la aguja en dirección a la India.
Se conoce la densidad de este objeto?
Muy bueno el artículo!!
¿Sería posible desorbitar la Juno para interceptar este objeto?