Apolo 11: el primer aterrizaje en otro mundo (medio siglo del Apolo 11 parte 5)

Por Daniel Marín, el 20 julio, 2019. Categoría(s): Apolo • Astronáutica • Astronomía • Luna • NASA ✎ 96

Aterrizar en la Luna. A lo largo de la historia de la humanidad la idea de viajar a la Luna había sido solamente una fantasía, una aventura imposible propia de locos. Pero ahora estaba a punto de hacerse realidad. El día elegido para esta hazaña histórica sería el 20 de julio de 1969, el quinto día de la misión Apolo 11. La fecha era una imposición de la naturaleza. Si la NASA quería tener unas condiciones ideales de iluminación en el lugar de aterrizaje seleccionado, no quedaba otra opción. El viaje hacia la Luna del Apolo 11 había sido muy tranquilo. Los astronautas solo realizaron dos encendidos del potente motor SPS del módulo de servicio: uno para alejarse de la tercera etapa y otro para corregir la trayectoria rumbo a la Luna y permitir que la nave alcanzase un perilunio de 116 kilómetros de distancia a la superficie. Una de las dos maniobras de corrección sería cancelada gracias a la elevada precisión lograda por la tercera etapa S-IVB en el encendido translunar. La ignición de inserción orbital alrededor de la Luna o LOI (Lunar Orbit Insertion) transcurrió sin incidentes en tiempo de la misión 75 horas y 49 minutos (T+75:49) y tuvo una duración de casi seis minutos. La órbita inicial era elíptica, de 314,3 x 111 kilómetros.

El módulo lunar LM-5 Eagle se separa del CSM-107 Columbia en órbita lunar (NASA).

Era la segunda vez que se llevaba a cabo una ignición de estas características, ya que el Apolo 10 había realizado un encendido prácticamente similar. La órbita era casi ecuatorial, pero retrógrada, es decir, de este a oeste, aunque dado el lento periodo de rotación de la Luna esto no supondría ningún problema durante el aterrizaje. En su primer paso orbital por la cara visible los astronautas aprovecharon para comprobar cómo se veía el lugar del aterrizaje y, sobre todo, las distintas características del terreno que usarían durante el descenso para saber si su trayectoria era correcta. Estas características incluían cráteres conocidos, como Maskelyne o Moltke, pero el resto habían sido bautizadas con apodos puestos por los astronautas (Colina de la Bota, Monte Marilyn o Isla de Duke, entre otros). Durante esta inspección preliminar el lugar del alunizaje en el Mar de la Tranquilidad estaba prácticamente a oscuras. Todavía quedaba un día para el descenso y el Sol se elevaba en el cielo lunar lentamente, 12º por cada día terrestre.

Imagen de la zona de alunizaje en el Mar de la Tranquilidad. Abajo a la derecha se aprecia el cráter Maskelyne (NASA).
La imagen anterior con las características del terreno anotadas (NASA).

Después de dos órbitas alrededor de la Luna el motor SPS cobro vida de nuevo para circularizar la órbita del conjunto CSM-LM. El encendido LOI-2 duró 16,88 segundos y tuvo lugar en 80 horas y 11 minutos en tiempo de la misión. La órbita final no era, sin embargo, totalmente circular (122,4 x 101 kilómetros) con el fin de compensar los efectos perturbadores de las MASCONS lunares que habían modificado la órbita del Apolo 10. El Apolo 11 orbitaba ahora alrededor de la Luna con un periodo de cerca de dos horas. Sin nada más que hacer, los astronautas se fueron a dormir.

Los cinco ALS para la primera misión de alunizaje (NASA).
Los cinco ALS para la primera misión de alunizaje (NASA).

El lugar del alunizaje (coordenadas 0,67° norte y 23,47°este) era el ALS-2 (Apollo Landing Site 2) o II P-6. En octubre de 1967 había sido seleccionado por el equipo de las sondas no tripuladas Lunar Orbiter junto con otros cuatro lugares candidatos localizados muy cerca del ecuador lunar. Los cinco eran muy planos y estaban separados entre sí en 12º de longitud. Debido que en el momento del alunizaje el ángulo entre el Sol y el horizonte debía ser lo suficientemente bajo (entre 5º y 14º) como para que los cráteres y otras características del terreno proyectasen sombras claras, la NASA eligió estos lugares de alunizaje alternativos para cada misión con el objetivo de no tener que esperar un mes si la misión debía retrasarse unos días. Los lugares situados al este eran los prioritarios, ya que si la misión no podía lanzarse en la fecha prevista, el resto de sitios tendrían la iluminación adecuada al cabo de unos días. La distribución geográfica de los mares lunares imponía que los lugares primarios para el Apolo 11 solo podían estar en el Mar de la Tranquilidad o el Mar de la Fertilidad, pero los lugares situados más al este tenían la pega de que la tripulación no tendría mucho tiempo entre la salida de la cara oculta y el comienzo del descenso propulsado. Tras la misión Apolo 8 en diciembre de 1968 se confirmó el ALS-1 —cerca del cráter Maskelyne— como lugar prioritario, pero después de un análisis detallado los expertos consideraron que el terreno podría ser más abrupto de lo esperado. Tras la misión Apolo 10, apenas dos meses antes del despegue del Apolo 11, se eligió oficialmente el ALS-2 como el lugar de alunizaje para el Apolo 11.

La elipse de aterrizaje del Apolo 11 sobre el ALS-2 y, dentro, el lugar de aterrizaje preciso. En primer plano se ve el CSM Columbia (NASA).
La elipse de aterrizaje del Apolo 11 sobre el ALS-2 y, dentro, el lugar de aterrizaje final. En primer plano se ve el CSM Columbia. Imagen tomada desde el Eagle (NASA).
Partes del módulo lunar (NASA).

Y llegó el gran día. En T+95:41 el director de vuelo Gene Kranz ocupó su lugar en el MOCR de Houston. Kranz sabía que era afortunado: le había tocado dirigir el primer aterrizaje de la humanidad en otro mundo durante una misión en la que no era el director principal (ese honor le correspondía a Cliff Charlesworth). Charlie Duke se sumaría poco después como Capcom principal del turno de Kranz. Poco a poco, el MOCR comenzó a llenarse de figuras relevantes del programa Apolo que no querían perderse ese momento histórico, la culminación de la iniciativa del presidente Kennedy de ocho años atrás.

Gene Kranz sería el director de vuelo durante el descenso a la Luna (NASA).

Armstrong y Aldrin se enfundaron en sus escafandras. No se las quitarían hasta que, si todo salía bien, regresasen de la Luna. Así, los astronautas se cambiaron la ropa ICG (In Flight Coverall Garment), de cuatro piezas, que habían llevado desde que se quitaron las escafandras por un nuevo traje interior de una pieza cubierto de multitud de pequeños tubos por los que circularía agua para mantener su temperatura controlada durante el paseo por la superficie lunar. Collins hizo lo propio y se puso su traje intravehicular, aunque él carecía de esta pieza de ropa bajo la escafandra y sí que podría quitarse su traje una vez el Eagle partiese hacia la Luna. Armstrong y Aldrin comenzaron el tedioso proceso de despertar al Eagle de su letargo de cara a su trascendental misión y, de paso, accionaron los mecanismos pirotécnicos para desplegar el tren de aterrizaje. También activaron el ordenador LGC (Lunar Guidance Computer) y lo sincronizaron con los datos de navegación de su gemelo, el CGC del Columbia. Una vez cerradas las escotillas, en T+100:12 el Eagle y el Columbia se separaron después de que Collins accionase un interruptor en el módulo de mando. En el momento de la separación el Columbia estaba situado apuntando hacia la superficie lunar.

El Columbia visto desde el Eagle (NASA).

Ahora el Eagle volaba en solitario y dependía de sus cuatro baterías para el próximo día y medio (hasta ese momento se había alimentado de la electricidad generada por las pilas de combustible del Columbia). Las dos naves se inspeccionaron mutuamente y Collins comunicó a Armstrong que el tren de aterrizaje estaba correctamente desplegado mientras el comandante comprobaba la maniobrabilidad del Eagle usando los motores RCS. Pero Armstrong no se confió. Sabía que la próxima vez que pilotase el módulo lunar manualmente sería mucho más ligero y sus características de vuelo habrían cambiado considerablemente. La forma irregular, angulosa y repleta de facetas del Eagle contrastaba con las líneas redondas del Columbia. La asimetría de la etapa de ascenso, con una protuberancia más grande que otra a ambos lados de la escotilla para paseos espaciales, le daba al conjunto una forma desgarbada (la razón de esta asimetría era la mayor densidad del oxidante, que había obligado a situar el tanque de combustible más lejos del centro de masas para mantener la estabilidad de la etapa de ascenso).

«El Eagle tiene alas», comentó Armstrong al maniobrar el módulo lunar por primera vez (NASA).

Unos 28 segundos después de la separación, el Columbia realizó un encendido de ocho segundos con sus motores RCS para alejarse del Eagle. Poco después se comprobó el buen funcionamiento del radar de acoplamiento, una herramienta esencial para permitir que el Eagle se uniera con el Columbia una vez completada su misión, sobre todo en caso de emergencia. Las dos naves se introdujeron detrás de la cara oculta. Fuera del alcance de las estaciones de comunicaciones terrestres, el Eagle debía llevar a cabo el encendido DOI (Descent Orbit Insertion) para colocarse en una órbita elíptica con un periastro de apenas 15,7 kilómetros a poca distancia del lugar del aterrizaje. Justo al pasar por este nuevo periastro comenzaría el descenso propiamente dicho. La altura del periastro se había elegido para permitir un rescate seguro de Armstrong y Aldrin por parte de Collins. El DOI se produjo como estaba previsto a las T+101:36 y tuvo una duración de 30 segundos (los primeros 10 segundos al 10% de potencia y el resto al 40%). El motor de la etapa de descenso DPS (Descent Propulsion System), pronunciado dips, del Eagle se comportó de forma excelente en su debut en esta misión.

Sistema de propulsión del Eagle (NASA).

El Columbia salió primero de la cara oculta, seguido dos minutos después por el Eagle. El retraso en su aparición era una indicación de que el encendido DOI había sido un éxito. Como el lugar de aterrizaje estaba situado tan al este, solo quedaban 17 minutos para iniciar el descenso propulsado hacia la superficie… y hacia la historia. Todos sabían que solo había dos posibilidades: o lograban aterrizar o no lo lograban. Y en el segundo caso solo podía ser por culpa de un aborto o porque el Eagle se estrellase contra la superficie. Desgraciadamente, y para poner al control de la misión aún más nervioso, las comunicaciones con el Eagle eran muy deficientes y estaban repletas de ruidos y estática. La causa era la interferencia causada por los cuatro nuevos deflectores metálicos que se habían instalado bajo los propulsores RCS inferiores con el fin de evitar que los gases de escape dañasen la etapa de descenso. Evidentemente, introducir un cambio de diseño tan importante después de que el Apolo 10 hubiera funcionado tan bien no había sido una buena idea.

Los nuevos deflectores de los RCS del Eagle causaron interferencias en las comunicaciones del descenso (NASA).
Geometría de la posición de ambas naves durante el descenso (NASA).

Se acercaba el momento crítico: el descenso propulsado. El Apolo 10 había ensayado todas las fases de la misión hasta ese punto. Con el descenso a la superficie el Apolo 11 se adentraba en terra incognita. La maniobra debía durar unos doce minutos y medio, durante los cuales el motor DPS del Eagle debía regular su empuje para alcanzar una trayectoria de descenso óptima. Para lograrlo, el sistema de guiado y navegación principal o PGNCS o PGNS —’pings‘— debía funcionar correctamente. El PGNCS estaba formado por el ordenador LGC, la unidad de medida inercial IMU, los radares de acoplamiento y aterrizaje, y el sistema de navegación óptica, aunque también usaba los datos de la trayectoria del LM actualizados por Houston a través de sus estaciones terrestres. Pero la NASA no se fiaba del PGNCS y el LM también llevaba un sistema de guiado secundario denominado AGS (Abort Guidance System) —o aggs— formado por un ordenador y una IMU más simples. El AGS debía ser el encargado de salvar a la tripulación durante un aborto en cualquier fase de la misión incluso si el ‘pings‘ fallaba (precisamente, un motivo de aborto era un fallo total del PGNCS).

Sistema de navegación principal PGNCS del módulo lunar (NASA).
Sistema de sujeción de los astronautas en el LM (NASA).

El descenso propulsado comenzaría a 15,7 kilómetros de altura y a unos 407 kilómetros de distancia en horizontal del lunar del aterrizaje. Los astronautas, enfundados en sus trajes con los cascos y guantes puestos —pero no presurizados—, volvieron a fijar las suelas de sus trajes en el suelo de velcro y comprobaron los cables de sujeción que les mantendrían firmemente en sus puestos, de pie durante todo el descenso. El descenso estaba dividido en tres partes, cada una de ellas gobernada por un programa del ordenador LGC. Durante la primera, o fase de frenado, el motor DPS funcionaría al 100% de potencia dirigido por el programa 63 (P63). En la segunda, o fase de aproximación, el programa P64 le daría al comandante la opción de modificar la zona de aterrizaje, aunque el resto de los parámetros seguirían estando controlados por el LGC. En la última fase entraría en juego el programa P66 y el comandante podría controlar el LM como si fuera un helicóptero hasta posarlo en el lugar más adecuado (o sea, el menos accidentado).

Fases del descenso en función de los programas del LGC (NASA).
Fases del descenso en detalle (NASA).

Nueve minutos antes del encendido del motor DPS se activa el programa P63. Cuando quedan 2 minutos y 35 segundos los tanques de propergoles de la etapa de descenso se presurizan al máximo. Para lograrlo se rompen dos válvulas en sendos depósitos de helio: uno a temperatura ambiente y otro de helio supercrítico a —271 ºC. En ese momento el Eagle pasa sobre un conjunto de barrancos denominado Rimae Secchi. 30 segundos antes del encendido Kranz pregunta a sus controladores si dan el go o el no go para el inicio del descenso propulsado o PDI (Powered Descent Initiation). A pesar de los problemas con las comunicaciones, Houston da un go! enfático. Cuando quedan 5 segundos el teclado DSKY —diski— del LGC parpadea con las instrucciones ‘verbo 99, nombre 62’, que es la forma que tiene el ordenador de preguntar a los astronautas si están seguros de lo que hacen. La tripulación aprieta la tecla ‘pro’ (proceed) en el DSKY para autorizar el encendido.

Motor DPS de la etapa de descenso del módulo lunar (NASA).
Uno de los quads de propulsores RCS de

En T+102:33 se enciende el motor DPS para iniciar el descenso propulsado o PDI. Previamente los motores de posición RCS se han encendido brevemente para asegurarse de que los propergoles están en el fondo de los tanques —una maniobra conocida como ullage—. Durante los primeros 26 segundos el motor DPS funciona al 10% de su empuje para permitir que el ordenador pueda comprobar que la fuerza creada por el motor apunta al centro de masas del vehículo y, si no es así, orientar la tobera hasta lograrlo. Las interferencias en las comunicaciones aumentan y Houston le pide a Collins que avise a Armstrong y Aldrin para que usen la antena omnidireccional trasera. Durante el descenso, Collins, a bordo del Columbia, servirá de enlace de emergencia con la Tierra.

Comunicaciones con el Eagle (NASA).

Han pasado 26 segundos y el motor DPS aumenta su potencia hasta el 100% de su empuje. Hasta ese momento Armstrong y Aldrin no habían sentido ni escuchado nada, pero ahora el motor cobra vida para ellos. Las comunicaciones siguen siendo malas y en un par de ocasiones se pierde también la telemetría de la nave, aunque Houston sabe que se trata de una oportunidad única y siguen adelante. Aldrin mueve la antena de alta ganancia, pero sin mucha mejoría en las comunicaciones. Como piloto del módulo lunar, su misión no es, paradójicamente, pilotar el módulo lunar, sino servir de ingeniero de vuelo para Armstrong y comprobar el correcto funcionamiento de los sistemas de guiado PGNCS y AGS. Aldrin chequea que el pings y el aggs no difieran significativamente en la supuesta posición del vehículo, un hecho que también sería causa de un aborto. A los 3 minutos del descenso propulsado pasan sobre la Colina de la Bota. Hasta ese momento han estado volando con las ventanas orientadas hacia la superficie lunar y los pies ‘por delante’ para comprobar su trayectoria usando como referencia el momento de sobrevuelo de las características del terreno elegidas. A los 3 minutos y 15 segundos del descenso propulsado pasan por encima del cráter Maskelyne W —apodado ‘wash basin‘ («lavamanos»)—. El sobrevuelo de Maskelyne W tiene lugar más tarde de lo previsto, señal inequívoca de que el Eagle no está siguiendo la trayectoria planeada y que va a aterrizar más lejos de lo esperado.

Recreación del descenso propulsado (NASA).
La cabina del LM (NASA).

Cuando llevan 3 minutos y 50 segundos del PDI, Armstrong comienza a girar el Eagle para que quede con las ventanas hacia arriba. De esta forma el radar de aterrizaje podrá fijar el suelo. Es la única modificación del control del vehículo que hace Armstrong, ya que, por el momento, es el LGC quien realmente pilota el Eagle. La maniobra de guiñada tarda un poco porque el Eagle gira al principio muy lento debido a que Armstrong había seleccionado el modo de giro menos rápido, pero después lo corrige. Mientras, Houston autoriza a seguir con el descenso propulsado, pero necesitan los datos del radar de aterrizaje antes de alcanzar los 5,5 kilómetros de altura debido al error en la trayectoria o, en caso contrario, habrá que abortar la misión.

Radar de aterrizaje del módulo lunar (NASA).
Modos de funcionamiento del radar (NASA).
Detalle del radar de aterrizaje (NASA).

A los 4 minutos y 50 segundos del inicio del PDI el Eagle ya se encuentra con las ventanas hacia arriba. Los astronautas solo ven el cielo oscuro y su altura con respecto a la superficie es de unos 12,2 kilómetros. Casi cinco minutos tras el inicio del descenso los astronautas cruzan la marca de los 11,3 kilómetros de altura y el radar de aterrizaje fija el suelo lunar (los dos hombres confirman la activación del radar al apagarse —sí, apagarse— dos botones iluminados del DSKY). El radar ha comenzado a funcionar antes de lo previsto, una muy buena señal. Ahora hay que esperar que la discrepancia entre sus datos y los proporcionados por el PGNCS no sea demasiado alta. Esta discrepancia —o ‘Delta-H’— debe irse reduciendo una vez que el ordenador acepte los datos del radar. En misiones Apolo posteriores Houston dará a la tripulación datos extras para compensar las desviaciones de la trayectoria, de tal forma que los astronautas deben hacer creer al ordenador que el lugar de aterrizaje se ‘ha movido’ (en realidad, quien se ha movido respecto a la trayectoria planeada es, lógicamente, el LM). Pero no en el Apolo 11. Los errores de navegación acumulados van a provocar que el Eagle aterrice cerca de seis kilómetros más lejos de lo calculado, un error en el límite de la elipse de aterrizaje y de lo tolerable.

Secuencia del descenso (NASA).

Para saber cuál es la Delta-H y otros parámetros del vuelo, Aldrin introduce en el ordenador las órdenes ‘Verbo 16, nombre 68’. En condiciones normales no pasaría nada, pero Aldrin ha pasado por alto que ha dejado el radar de acoplamiento en un modo de funcionamiento distinto del previsto, por lo que el ordenador LGC se está sobrecargando cada vez que le pide información sobre la Delta-H. A los 5 minutos y 21 segundos del descenso propulsado el ordenador se sobrecarga finalmente y emite una alarma 1202 cuando el Eagle se encuentra a unos 11 kilómetros de altura. Ni Armstrong ni Aldrin saben qué significa, pero, dejando a un lado la alarma, el LGC sigue controlando el vehículo de forma aparentemente correcta, así que los dos astronautas se mantienen a la espera, aunque se temen lo peor: que Houston ordene un aborto.

El radar de acoplamiento del LM (este es el del Apolo 9), situado en la etapa de ascenso (NASA).

Pero en Houston tampoco saben de qué se trata la alarma 1202. El controlador de guiado —Guidance— Steve Bales consulta con sus ayudantes situados en otra habitación, quienes se ponen a repasar rápidamente las listas de posibles alarmas del LGC y sus consecuencias. Para los dos hombres que están en el módulo lunar el tiempo se hace eterno. ¡No entienden cómo es posible que Houston no les dé una respuesta sobre una alarma que podría significar el fin de su misión! Armstrong pide a Houston que les digan de una vez qué pasa con la alarma —«give us a reading on the 1202 program alarm»— con un punto de impaciencia en la voz, algo insólito en el astronauta con más nervios de acero de toda la NASA. Finalmente, el equipo de Bales le asegura a este que no pasa nada mientras la alarma no se repita muchas veces. De repetirse el problema de sobrecarga de memoria, el ordenador podría reiniciarse con pérdida de datos y eso significaría perder el PGNCS y, por lo tanto, abortar la misión. Bales le comenta a Kranz que todo está en orden: «we’re go on that, Flight». El Capcom Duke les comunica rápidamente a Armstrong y a Aldrin que pueden seguir con el descenso, pero por el canal interno del MOCR Kranz no parece muy convencido y le pide a Bales una confirmación adicional.

El controlador Guidance Steve Bales (NASA).
Charlie Duke, el Capcom del Apolo 11 durante el descenso. A su lado están Jim Lovell y Fred Haise, miembros de la tripulación de reserva del Apolo 11 (NASA).

A los 6 minutos y 10 segundos del descenso vuelve a saltar la alarma 1202. Aldrin se da cuenta de que, como anteriormente, la alarma ha sonado después de preguntarle al ordenador por la Delta-H y lo comunica a Houston. A los 6 minutos y 30 segundos el motor DPS reduce su empuje al 57% y a los 7 minutos el Eagle ya está a 5,8 kilómetros de altura. Medio minuto más tarde Houston le dice a Armstrong y a Aldrin que deben seleccionar el segundo sistema de estimación de combustible o Descent 2. El LM dispone de dos sistemas para medir la cantidad de propergoles que quedan en los tanques de la etapa de descenso y, tras verificar su funcionamiento por telemetría, Houston elige el más conservador de los dos, es decir, el que marca menos combustible.

Aldrin en el interior del módulo lunar durante la primera inspección el tercer día de la misión (NASA).

A los 8 minutos y 30 segundos, cuando el Eagle está a 2,1 kilómetros de altura —una posición denominada ‘Puerta Alta’ (High Gate)—, el ordenador ejecuta el programa P64. Casi inmediatamente, el módulo lunar se inclina hacia adelante —de 70º con respecto a la vertical a 30º— para permitir que los astronautas puedan ver la superficie a través de sus pequeñas ventanas triangulares (una maniobra denominada pitchover). De paso, el radar pasa a su segunda posición para seguir calculando la altura y velocidad con la nueva inclinación. En esta fase el ordenador sigue controlando el descenso, pero ahora Armstrong puede ver hacia dónde se dirige el módulo lunar y, si lo estima oportuno, modificar el lugar del aterrizaje. Para ello emplea un ingenioso sistema denominado LPD (Landing Point Designator) y que consiste en un conjunto de marcas de medida grabadas en la parte interna de su ventana. El ordenador señala el ángulo en el que debe verse el lugar del aterrizaje mirando por el LPD y el comandante, si no está satisfecho, puede cambiarlo usando la palanca de control de la mano derecha —denominada RHA (Rotational Hand Controller) o ACA (Attitude Controller Assembly)—. Cada movimiento hacia adelante o atrás del ACA moverá el lugar del alunizaje en 1º, mientras que los movimientos laterales lo modificarán en 2º. Por este motivo, mientras el P64 esté activo, Aldrin se dedicará a ‘cantar’ información a Armstrong sobre el ángulo LPD que marca el ordenador, así como la velocidad de descenso vertical en pies por segundo. La singularidad de la fase P64 radicaba en que la NASA estaba dispuesta a sacrificar el guiado automático del avanzado ordenador LGC para permitir a la tripulación intervenir en el alunizaje de forma directa.

Sistema LPD (NASA).
El comandante y el LPD (NASA).

Veinte segundos después del inicio del P64, Armstrong maniobra el Eagle ligeramente durante unos pocos segundos para comprobar cómo ha cambiado su comportamiento ‘en vuelo’ por el consumo de propergoles. A los 9 minutos y 5 segundos Houston autoriza el aterrizaje —go for landing!— cuando el Eagle está a un kilómetro de altura. Ocho segundos más tarde salta una tercer alarma, ahora de tipo 1201. Esta vez el equipo de Bales es más rápido y le comunica que es igual a las anteriores. Duke informa a la tripulación que pueden continuar —«We’re go. Same type, we’re go»—. Por si la carga de trabajo fuera poca, Aldrin debe además actualizar regularmente el sistema de guiado AGS para que incorpore los nuevos datos del radar que está usando el PGNCS. A los 9 minutos y 38 segundos vuelve a saltar una alarma 1202, seguida de otra similar 15 segundos más tarde. En total, el LGC del Eagle ha sufrido cinco sobrecargas durante la fase más crítica de la misión que provocarán que se reinicie otras tantas veces sin pérdida de datos —afortunadamente, no debemos olvidar que el CGC y el LGC tardaban menos de dos segundos en reiniciarse—

Fases del descenso (NASA).

10 minutos y 8 segundos en el descenso el Eagle ya eliminado casi totalmente su velocidad horizontal y comienza la última fase con la introducción del programa P66. Se suele decir que en esta fase el comandante tenía el control «manual» del LM, pero, aunque en teoría podía controlar tanto el empuje del motor como la orientación de la nave, en todas las misiones Apolo, incluida el Apolo 11, el comandante se limitaba a dirigir la nave con el mando de la mano derecha y, al mismo tiempo, con la mano izquierda apretaba un pequeño interruptor denominado ROD (Rate of Descent) hacia arriba o hacia abajo. Si el ROD se pulsaba hacia arriba una vez, se reducía la velocidad de descenso en un pie por segundo. Si lo hacía hacia abajo, se incrementaba en la misma cantidad. Mientras, el empuje del motor DPS seguía estando controlado por el ordenador. Por lo tanto, lo correcto sería decir que la fase P66 era «semiautomática». También se suele comentar que Armstrong tomó control manual del vehículo como si fuera una situación excepcional, pero lo cierto es que, a pesar de que su alunizaje fue el más accidentado de todos, el resto de misiones también usaron el programa P66 en la fase final.

Interruptor ROD para manejar la velocidad vertical del LM (NASA).
El mando ROD visto desde el frente. A la derecha está el botón de apagado y encendido del motor y a la izquierda la palanca de maniobra traslacional, que también servía para modificar el empuje del DPS (NASA).
El DSKY del módulo lunar. A la izquierda se aprecia la palanca ACA del comandante que usaba con su mano derecha para maniobrar la nave (NASA).

Sea como sea, en ese momento Armstrong se da cuenta de que el Eagle se dirige hacia el borde del único cráter de gran tamaño de la zona, el cráter West. La mala suerte ha querido que, además, el borde del cráter esté repleto de rocas de dimensiones considerables. Armstrong sabe que, si no interviene, el Eagle puede destrozarse al intentar un aterrizaje en esa zona. Sin decir nada a Houston o a Aldrin, coloca al Eagle en posición casi vertical, por lo que el módulo lunar sigue descendiendo, pero más lentamente, con el objetivo de sobrevolar el cráter. Como astronauta que conoce los detalles del alunizaje, Duke se da cuenta de la gravedad de la situación a pesar de no saber nada del asunto del cráter y sugiere en el MOCR que deberían evitar comunicarse con la tripulación si no es imprescindible para no distraerles.

Partes del LM usadas por el comandante durante el descenso (Apollo Flight Journal).

A los 10 minutos y 40 segundos, ya superado el cráter West, Armstrong vuelve a frenar la nave inclinándola ligeramente hacia atrás cuando divisa una zona adecuada un poco más allá de otro cráter más pequeño —apodado Little West—. A los 11 minutos y 2 segundos se ve la sombra en la cámara Maurer de 16 milímetros que filma el descenso desde la ventana de Aldrin y la cantidad de polvo que levanta el motor comienza a ser considerable, hasta tal punto que Armstrong tiene dificultad para distinguir rocas que le sirvan como referencias visuales. A los 11 minutos y 50 segundos se enciende la ‘luz de cantidad’, un eufemismo para señalar que queda poco combustible en la etapa de descenso —debe activarse cuando el combustible esté al 5,6%—. La señal de bajo combustible pone en marcha la cuenta atrás de un minuto para ‘Bingo Fuel’, es decir, que el motor DPS se quede sin combustible.

Etapa de descenso del LM (NASA).

Si Armstrong no ha aterrizado antes de ese momento, deberá abortar. En Houston comienzan a ponerse nerviosos. Se llega a la señal de 30 segundos para Bingo. Finalmente, 12 minutos y 35 segundos tras el inicio del descenso (T+102:45 en tiempo de misión, 20:17 UTC), una de las tres extensiones de 1,73 metros situada en la pata izquierda del tren de aterrizaje toca el suelo lunar, activando dos luces azules, denominadas ‘Lunar Contact’, en el panel de instrumentos (la luz del comandante está situada en una posición más alta y la del piloto más baja, al nivel de los ojos de cada astronauta). En ese momento Armstrong debía apagar el motor DPS y permitir que el módulo lunar cayese a plomo los últimos metros con el fin de evitar que las ondas de choque del motor puedan causar algún tipo de explosión o que la nave rebotase. Pero Armstrong, concentrado en el pilotaje del Eagle, no oye a Aldrin y se olvida por completo de que debe apagar el motor. El módulo lunar se posa suavemente con el motor encendido, mientras se desvía hacia a la izquierda, frente a dos pequeños cráteres gemelos. En ese momento quedaban 17 segundos para que Houston ordenase abortar la misión por falta de combustible. Durante la fase final, Armstrong tuvo que desplazar el Eagle unos 335 metros con respecto al lugar en el borde del cráter West al que le dirigía el ordenador .

La luz ‘lunar contact’ en el panel de mandos del LM (collectspace.com).

¿Y cuáles fueron las primeras palabras que el ser humano pronunció desde la superficie de otro mundo? Pues un conjunto de frases en la oscura jerga técnica del Apolo:

—Armstrong: «OK, engine stop. ACA out of detent. Mode control, both auto. Descent engine command override off. Engine arm off».

—Aldrin: «413 is in».

Armstrong se refería al apagado del motor y a la desactivación de los controles del LM. ‘ACA out of detent‘ significa que Armstrong movió la palanca de control de su mano derecha ligeramente para indicarle al ordenador que él era el que controlaba la nave y que no intentase cambiar su orientación. Esto se hacía porque el ordenador no sabía que el módulo lunar había alunizado (!) y, una vez en la superficie, tendía a activar los propulsores RCS para mantenerlo en la misma posición que antes, algo que, obviamente, era imposible y hubiera supuesto el vaciado de propergoles del sistema de maniobra, condenando a los astronautas a una muerte segura. La frase de Aldrin ‘413 is in‘ servía para señalar que había introducido esa cifra en el ordenador de emergencia AGS con el fin de decirle que el LM ya estaba en la superficie lunar.

Vista de la superficie lunar desde la ventana derecha del Eagle (NASA).

Solo entonces Armstrong pronunció su famosa frase «aquí base de la Tranquilidad, el Águila ha aterrizado»  y que, normalmente, suelen considerarse como las primeras palabras desde la superficie lunar. Y sí, el Eagle había aterrizado, pero lo había hecho casi 5,6 kilómetros más lejos de lo previsto, un error que ponía en tela de juicio la capacidad del LM de llevar a cabo alunizajes de precisión en otras zonas de interés científico durante misiones posteriores. Aunque la parte del descenso que más pavor provocó en la NASA fue lo cerca que había estado el Eagle de quedarse sin combustible. Posteriormente se comprobaría que el módulo lunar tenía más combustible en sus depósitos del que se creía —suficiente para entre 40 y 50 segundos adicionales—, debido a que el movimiento de los propergoles en los tanques había confundido a los sensores. Pero eso no importaba. Lo único que contaba era la cantidad de combustible que Houston creía que había, porque esta era la que dictaba la necesidad de abortar o no. Y en esta ocasión el proceso había ido muy justo. Quizá demasiado.

La zona de aterrizaje del Eagle y el cráter West vistas desde el LRO (NASA).

Pero eso sería algo de lo que se preocuparían en el futuro. Ahora, Armstrong y Aldrin pudieron saborear brevemente su momento de éxito tras haber dejado atrás la fase más difícil de la misión. Los dos hombres se miraron sonrientes y se dieron un fuerte apretón de manos, conscientes de que habían hecho Historia, con mayúsculas. El sueño se había hecho realidad. El ser humano había alcanzado otro mundo.



96 Comentarios

  1. Caramba Daniel, estás escribiendo este hecho histórico con una épica increíble, lo cierto es que transmites casi en tiempo real la tensión que se vivió a ambos extremos del punto de Lagrange, no dejo de preguntarme lo impotente que debía sentirse Collins estando tan cerca de sus compañeros pero al mismo tiempo incapaz de prestarles ayuda alguna, más allá de servir como relé entre Houston y ellos, y por supuesto acudir en su rescate si se abortaba el lanzamiento

  2. Efectivamente, algún día habrá que pensar cómo recompensamos o reconocemos la ingente labor del autor en pro de la divulgación científica y del espacio en castellano durante tanto tiempo.

    ¡Un abrazo y feliz aniversario a todos!

  3. Excelente artículo (y van…). No he visto ningún desinformativo estos días, ya que salvo la 1 de TVE no espero nada en cuanto a nivel científico (o al menos que no den verguenza ajena, como creo que ha pasado en algún magazine de Telecinco). Pero entre los documentales que he grabado en la 2 de TVE (el único oasis de inteligencia en la Televisión, teniendo en cuenta al 99% de la televisión de pago también, que queda en España) y la película de Apolo XI que he ido a ver al cine…ya estoy servido a nivel audiovisual. Ahora solo queda comprarme otros cuantos libros sobre el proyecto Apolo, y el del 60 aniversario de la NASA.

    PD: Gracias Daniel Marin por el libro recomendado sobre el Apolo XI en vuestro podcast Skylab…otro libro mas a la estantería sobre Astronomía y Astronáutica de mi casa.

  4. Por cierto….si todavía no habéis pasado por los cines…No dudéis en ir a ver la película documental Apolo XI. He visto ingentes horas de documentales sobre astronáutica…pero no es lo mismo verlo en la tele o el ordenador, que en una pantalla de cine con el sonido tan potente que pueden ofrecer. Ver el despegue del Apolo XI en una pantalla de cine, con el sonido muchas veces superior al que podéis escuchar en vuestra casa….es una experiencia que ya estáis tardando en realizar. Los 90 minutos se pasan volando ( es la única pega…).
    No seáis perezosos….Si os pilla de vacaciones, que mas da desplazaros unos cuantos kilómetros desde vuestra casa a ir a ver este excelente documental (yo solo tuve que desplazarme 137 kilómetros desde mi casa para ir a ver la película este jueves).
    La lista completa de cines que todavía proyectan la película la tenéis en filmaffinity.

  5. Hace años leo tu blog y nunca opine, simplemente gracias Daniel el material que públicas siempre es impresionante pero esta vez nos tocaste el corazón.

  6. Extraordinario, Daniel. Me sumo al conjunto de admiradores de esta entrada y de tu blog.

    Según iba leyendo la tensión, ante el momento final, iba subiendo. Sería un gran guión para la escena del aterrizaje.

  7. Off topic: hay un vídeo impecionante de la estación espacial china reentrando en la atmósfera sobre el pacifico y es impresionante como la cámara pudo aguantar tanto y más el vídeo tomado por aficionados desde un barco 🤩

  8. Lo bueno es que a la Luna puedes bajar sólo con la escafandra puesta. Realizas un EVA desde tu nave en órbita al vehículo de descenso, que puede ser solo una estructura ligera con tanques y propulsores, una computadora de navegación portátil instalada en algún lugar, un tanque de oxígeno de reserva. Te sujetas a tu montura cerca del centro de gravedad, tomas los mandos de maniobra. Y bajas a la superficie, incluso puedes volver a subir a reencontrarte con tu nave en órbita. Para los amantes de deporte extremo sería maravilloso!! 😀

    1. A eso deberian dibujarlo al estilo Moebius. «Apolling», el deporte consistente en alunizar y volvera subir a la orbita con una nave minima, que posiblemente se juegue en el futuro =D

  9. a desasnarse, 192 metros de alto !!!!
    acá es un poco más porqué está separado…

    https://www.google.com/amp/s/amp.tn.com.ar/internacional/tn-en-la-nasa-junto-al-cohete-que-llevo-el-apolo-11-la-luna_979712
    un poco más adelante, el sistema de transporte, vean los neumáticos…

    https://youtu.be/ghwvCZrxt90
    minuto 3:57, el combustible donde estaba el módulo lunar…
    y así…

    de los momentos que por vergüenza quisiera ser noruego. De las antípodas del Atlántico.
    Bien lejos.

  10. Gracias Daniel por tus excelentes reportajes sobre la aventura espacial, tu forma de narrarlo es maravillosa y llega a lo mas profundo de nuestro ser.

  11. Señores, hoy a las 11:15 hora peninsular española, la agencia espacial de la India (ISRO) la lanzado la misión Chandrayaan 2 hacia el polo Sur de la Luna mediante un GSLV Mark III.

    El vídeo:

    https://www.youtube.com/watch?v=Fu1Xjdnbba8

    A partir del minuto 17:30 tenéis el lanzamiento.

    La misión se compone de un orbitador y un aterrizador («Vikram») que porta un pequeño rover («Pragyam») con capacidad para tomar imágenes en 3 dimensiones. En la Wikipedia (en inglés) tenéis detalles adicionales:

    en.wikipedia.org/wiki/Chandrayaan-2

    Por unos días no he podido recogerla en mi libro, así que queda para la próxima actualización.

    Os recuerdo que en diciembre de 2021 está previsto el primer vuelo tripulado orbital de la ISRO.

    Saludotes

    1. Pues si ISRO a paso firme para ser una super potencia espacial en pocos años…y además de eso en 3-4 años, misiones a Marte con rover incluido y un orbitador para Venus, hasta con globos para su atmósfera…ISRO sigue maravillando…

  12. Por Dios…la manera en que escribe Daniel es como estar realmente en el LM y revivirlo punto a punto.
    Me gustaría viajar hasta Canarias y entrevistarte Daniel…eres un maestro! (Deberíamos iniciar un Crowdfunding para tu libro asap)
    Un saludo

  13. Tuve la suerte de vivir ese histórico momento con uso de razón. Me he tomado la libertad de usar este magnifico blog (el mejor que hay en español sobre astronautica) para enlazar al mio donde cuento mis recuerdos de esa fechas:
    http://diarium.usal.es/guillermo/2019/07/en-la-luna-recuerdos-inolvidables/ que contiene algunos comentarios no recogidos por Daniel.

    Añado debajo algunos adicionales a los que incluyo en el enlace:

    En mi pueblo apenas había televisiones y los niños nos teníamos que ir a los bares para ver las trasmisiones. Yo me pedía vasito de vino pues era la consumición mínima que tardaba en beberme varias horas (no tuvo efectos secundarios).

    Recuerdo la gran frustración que experimente cuando dijeron que el paseo seria sobre las 6 de la mañana (era la hora inicialmente prevista) por lo que me echaron del bar sobre las 24 h y lo seguí por la radio (creo que era Cirilo Rodriguez quien lo trasmitió) aunque por la mañana vi la repetición en TVE.

    Leía habitualmente en los periódicos las «noticias sobre La Luna», así fue mi introducción a la lectura. El alunizaje fue en domingo y los lunes no había periódicos (para ser exacto solo se publicaba al Hoja del Lunes) así que hube de esperar al martes para leer el ABC (que era el mas completo). Si enlazáis a la hemeroteca de ABC veréis que el periódico del 21 realmente incluye las noticias después del despegue de la Luna del Eagle pues se publica cerrando el lunes que nos llegaba el martes.
    Los Apolo o Apollo se le denominaban con números romanos, no se por qué. Este era el Apolo XI.
    La tarde del 20 de junio se suspendió en varias ocasiones la programación habitual de TVE (hoy La1 que era la única que se veia en mi pueblo). Como yo estaba en un bar recuerdo que a veces provocaba protestas de alguno de los televidentes que estaban interesados en el programa que se estaba emitiendo (no he logrado ver la programación del día pero con mas tiempo intentare conseguirla).
    La noticia importante fue de lejos el paseo lunar, el alunizaje en si mismo (que obviamente eran de lejos lo mas importante tuvo una relevancia secundaria).
    Cuando pasearon por la Luna hubo algo que aún recuerdo y es cuando el comentarista (Jesús Hermida) dijo que uno de los astronautas trasportaba una «botella de Plutonio» que entonces no tenia tan mala prensa como ahora.

    Desde el primer momento ya había negacionistas entre las personas mayores, que entonces podía tener algún sentido.

    La sensación que teníamos los niños es que la Luna era un paso y que el viaje a Marte estaba al caer pues la NASA decía que eso ocurriría en los 80 del s. XX. Yo que aspiraba a ser astronauta (en mi mentalidad de niño que pensaba hacerme norteamericano) estaba decepcionado pues no podría ir ya que en los 80 tendría veintipocos años y sabia que los astronautas tenia treinta y tantos. Ahora al entrar en los sesenta dudo que llegue a ver el viaje a Marte aunque si he tenido la suerte de ver un lanzamiento del trasbordor Atlantis en 1990.

    1. Muy interesante tu comentario guillermo…si tenemos suerte en unos pocos años se habrá vuelto a la Luna, y se estará construyendo una pequeña base Lunar…ahora a Marte tengo esperanzas para en 20 años quizás…

      Veremos…

      Ojalá que las misiones actuales inspiren a muchos niños, que un día darán el siguiente paso…

    2. GRACIAS GUILLERMO,
      acabo de leer tu recuerdo. Es conmovedor por la emoción que transmite, también porque muestra un mundo diferente.
      Los 50 años del alunizaje, aparte de ser recuerdo de un evento histórico, es una «cápsula del tiempo»: entender su contexto implica recordar cómo se vivió en su momento. Y todo ha cambiado TANTO que TODOS estamos en otro mundo, literalmente.
      Creo bueno pensar en esto pues explica muchas cosas. Incluso por qué no hemos regresado.
      Saludos.

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Por Daniel Marín, publicado el 20 julio, 2019
Categoría(s): Apolo • Astronáutica • Astronomía • Luna • NASA