Misión Starliner CFT: un grave Incidente de Tipo A

Por Daniel Marín, el 20 febrero, 2026. Categoría(s): Comercial • ISS • Lanzamientos • NASA ✎ 88

La misión Starliner CFT fue uno de los episodios más preocupantes de los últimos años en el programa espacial tripulado estadounidense. De hecho, se trató de un «Incidente de Tipo A», el tipo más grave según la NASA y la misma categoría otorgada a las misiones STS-51L Challenger y STS-107 Columbia (obviamente, sin sufrir pérdida de vidas). Así se desprende del último informe sobre la misión hecho público por la NASA ayer. Sabíamos que la nave Starliner Calypso de Boeing, lanzada el 5 de junio de 2024, sufrió problemas con los propulsores durante el acoplamiento con la ISS, de tal forma que la NASA decidió que la nave regresase sin tripulación el 7 de septiembre, mientras que su tripulación, Butch Wilmore y Sunita Williams, regresaron el 18 de marzo de 2025 a bordo de la Crew-9 de SpaceX. Una misión que debía haber durado entre diez días y un mes se convirtió en un vuelo de 286 días.

La Boeing CFT acoplada a la ISS vista desde una Crew Dragon (NASA).

La misión CFT fue la primera tripulada, pero se trató de la tercera misión de este vehículo. Recordemos que la primera misión, la OFT-1 (Orbital Flight Test 1), de diciembre de 2019, no se pudo acoplar con la ISS porque un problema con el reloj interno impidió que el ordenador de a bordo efectuase un encendido corrector de la órbita. Además, diez de los propulsores de maniobra (RCS) del módulo de servicio (SM) fallaron y, como resultado, el resto de propulsores tuvo que encenderse más veces de lo previsto y se gastó una cantidad excesiva de propelentes hipergólicos. Finalmente, nueve de los diez propulsores defectuosos se recuperaron y la cápsula aterrizó sin problemas, pero no se estudió a fondo la causa del fallo de los motores RCS.

Propulsores fallidos en cada misión de la Starliner (NASA).
Elementos de la Starliner (Boeing).

Tras el fracaso de la OFT-1, la NASA obligó a Boeing a realizar una segunda misión no tripulada a la ISS, la OFT-2 (por eso originalmente la misión OFT-1 se llamó OFT a secas). Sin embargo, en agosto de 2021, durante los preparativos para el lanzamiento 13 de las 24 válvulas del oxidante (un derivado del tetraóxido de nitrógeno) se estropearon y no se pudieron abrir, por lo que hubo que retirar la nave y el lanzador para sustituir el módulo de servicio. Finalmente, cuando despegó en mayo de 2022, logró acoplarse con la ISS, pero tres de los propulsores traseros del SM también fallaron, aunque luego se recuperaron (en la misión OFT-2 se usó la segunda cápsula Starliner, mientras que en la OFT-1 se empleó la Calypso).

Inspección de los propulsores de la Starliner desde la ISS (NASA).
Uno de los módulos de propulsores RCS del SM de la Starliner CFT acoplada a la ISS (NASA).

La misión tripulada CFT (Crewed Flight Test) sufrió numerosas fugas de helio —un gas que se usa para presurizar el sistema de propulsión del módulo de servicio— antes y después del lanzamiento. Una vez en el espacio, cinco de los 28 propulsores de maniobra RCS fallaron debido a un sobrecalentamiento excesivo (como en las misiones anteriores, la elevada temperatura deterioró las juntas de teflón, impidiendo el paso del oxidante a la cámara de combustión de estos motores RCS, de 38,6 kgf de empuje cada uno y fabricados por Aerojet Rocketdyne). El fallo provocó la pérdida de control temporal del vehículo; técnicamente, una pérdida de control de los seis grados de libertad, o lo que es lo mismo, que el vehículo no podía controlarse directamente en todos los ejes, una situación muy preocupante en una maniobra de acoplamiento.

La Starliner activa sus propulsores para separarse de la ISS (NASA).
Actuaciones de los propulsores durante el acoplamiento de la Boeing CFT con la ISS (NASA).

Tres de los propulsores fallidos apuntaban en la misma dirección, por lo que la nave se quedó sin redundancia de maniobra. La pericia de Wilmore, con experiencia en pilotar el shuttle, salvó la situación, pero según las reglas de la propia NASA el acoplamiento debía haberse cancelado. Afortunadamente, cuatro de los cinco propulsores volvieron a funcionar tras reiniciar el ordenador y, además, se cambiaron las reglas de funcionamiento de los mismos, permitiendo un acoplamiento exitoso (y gracias a Wilmore). No obstante, y esto es lo importante, si la nave no hubiera podido acoplarse o los propulsores no hubieran vuelto a la normalidad —o hubieran fallado unidades adicionales— la Starliner habría quedado varada en el espacio, quizá con una posible pérdida de la tripulación. Además, durante el viaje a la estación la temperatura de la cápsula no superó los 10 ºC, por lo que los astronautas no se quitaron las escafandras. Durante la reentrada sin tripulación, falló uno de los doce propulsores MR-104J monopropelentes a base de hidrazina de la cápsula (CM), de 440 newton de empuje cada uno.

La Starliner CFT en tierra sin tripulación (Boeing).

Tras la OFT-2, y según las conclusiones del nuevo informe y del administrador de la NASA Jared Isaacman, no se tomaron las acciones adecuadas y se siguió adelante sin solucionar realmente los problemas que habían surgido. Boeing efectuó cambios y mejoras en la Starliner que, en muchas ocasiones, la NASA no llegó a entender del todo, pero que, sin embargo, recibieron la luz verde de la agencia. Es decir, un patrón que recuerda, salvando las obvias distancias, a la relación entre la propia Boeing —en este caso la división aeronática— y la FAA tras los dos primeros accidentes mortales del 737 Max.

Starliner CFT antes del lanzamiento (ULA).

Según Isaacman, Boeing permitió que varios sistemas de la nave operasen fuera de los límites para los que habían sido diseñados, algo incompatible con los márgenes de seguridad de la tripulación. Peor aún, cuando se discutieron las opciones para hacer regresar a la tripulación, Isaacman deja claro que la viabilidad del programa Starliner se puso por delante de la seguridad, motivo por el cual la misión no fue declarada un Incidente de Tipo A pese a todos los problemas sufridos (esta categoría incluye incidentes graves que resultan en la pérdida de una nave espacial, la muerte de la tripulación o daños superiores a los 2 millones de dólares). En definitiva, las críticas al programa Starliner no son tanto técnicas —evidentemente los propulsores pueden ser mejorados para evitar fallos como los sufridos—, como de gestión, al trabajar aceptando riesgos que no debían haberse aceptado por no supervisar a los subcontratistas y no tener los límites claros. En este sentido, y aunque Isaacman ha pasado por este punto un poco más de puntillas, la culpa también es compartida por la NASA —ojo, en una administración anterior, no lo olvidemos—, al no haber presionado a Boeing lo suficiente.

Sunita Williams y Butch Wilmore durante el despegue (NASA).

El informe de la NASA es, no cabe duda, un gesto de transparencia por parte de Isaacman que le honra (que se haga público un informe así —a pesar de estar fuertemente redactado— sería impensable en la mayor parte de agencias espaciales). ¿Y qué pasará ahora con el programa? Pues recordemos que la misión Starliner 1 está prevista para este año, pero será un vuelo de carga a la ISS sin tripulación porque la nave todavía debe demostrar su seguridad. La inversión para mejorar los sistemas de la Starliner viene en exclusiva de Boeing, así que dudo que hayan gastado unas sumas astronómicas para garantizar la máxima fiabilidad. Aunque habrá que ver el desenlace de la misión Starliner 1, mi impresión es que la nave de Boeing no volverá a volar con astronautas a bordo y el programa será cancelado tras esta misión.

Tripulación de la CFT antes del lanzamiento (NASA).

Referencias:

  • https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2026/02/nasa-report-with-redactions-021926.pdf


88 Comentarios

  1. Mucho tiempo sin darte las gracias por tu blog Daniel, así que ¡recuerda que te queremos aunque tardemos años en volver a comentar!

    No es aceptable en absoluto el procedimiento que han seguido y el descontrol de Boeing… Musk me caerá gordo, pero esto lo hace SpaceX y los ponen de vuelta y media.

    En un principio pensaba que la misión de carga que van a hacer es simplemente para que Boeing pueda decir «eh! mira, al final sí desarrollamos una nave viable, pero por temitas… no ha podido ser, pero mirad qué ingeniería tenemos» pero luego he leído que la inverisón solo va a ser de Boeing y la verdad… sin tripulación, no tengo NADA claro que vaya a ser un éxito la misión. Es más, espero que no lleven nada caro en la carga útil.

    Saludos!

    1. Hombre, la Starliner se ha acoplado ya dos veces a la ISS. Muy mal se tendría que dar para que no pudieran volver a acoplarse de nuevo, ¿no?. Sería un retroceso brutal y que la nave hubiera que tirarla por el váter.

      1. La última vez se acopló porque el piloto consiguió hacer una machada, no porque la nave estuviese funcionando bien. ¿Es probable que se acople? Sí, ¿es esa probabilidad alta? mmmñé… no apostaría dinero.

    1. Lo he visto y da bastante miedito. Esos motores no dan ninguna confianza. En estos momentos, la Starliner no me parece en condiciones de admitir vuelos tripulados.

  2. La colaboración entre instituciones públicas y empresas privadas es una buena estrategia para impulsar ideas creativas y desarrollar proyectos innovadores en el sector espacial. Por eso las agencias más avanzadas tienden a favorecer este tipo de cooperaciones que suelen generar cambios tecnológicos.
    Juntar conceptos disruptivos y visión empresarial es algo básico para que surjan nuevas propuestas aprovechables.
    Eso es cierto y está muy bien, pero además debe estar sujeto a un determinado nivel de seguridad y a comprobaciones rigurosas. En el caso particular de Starliner todo indica que las cosas no han ido así y que los problemas detectados se derivan de un proceso complejo que evidentemente habrá que revisar a fondo.
    Lo que sí me parece destacable es que las dos potencias actuales más innovadoras en este ámbito, China y Estados Unidos, comparten el hecho de combinar los citados sectores público y privado en sus planes de investigación del espacio.
    Por otro lado, lo que también parece muy significativo es que otra potencia con mucho más protagonismo anterior, Rusia, no destaca hoy en igual medida por lo que se refiere a empresas privadas vinculadas a este escenario, o al menos, si es que existen, no nos resultan tan conocidas a la mayoría de aficionados al tema.
    Es difícil decir si esto tiene implicaciones en las capacidades innovadoras de sus respectivos programas espaciales y no sé si dicha cuestión se ha abordado alguna vez en el blog, pero quizás sería interesante tenerla en cuenta.
    Seguro que este es el mejor sitio para informarse de ello.
    Gran artículo, Daniel.

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