Otro veterano de las misiones Apolo nos deja. El pasado 7 de agosto falleció Jim Lovell, antiguo astronauta de la NASA, a la avanzada edad de 97 años. De entre todos los astronautas del Apolo, Lovell, veterano de cuatro misiones espaciales, era sin duda uno de los más populares. Paradójicamente, su fama se debía principalmente a haber participado en una misión fallida, el Apolo 13. La odisea de esta misión hizo que la tripulación del Apolo 13 fuese mundialmente conocida en 1970, pero sería la magnífica película sobre esta hazaña espacial que dirigió Ron Howard en 1995 la que catapultaría a Lovell al olimpo de la fama. Sin embargo, Lovell pasará a la historia no solo por haber sido el comandante del Apolo 13, sino por ser uno de los tres primeros seres humanos, junto con Frank Borman y Bill Anders —todos ya fallecidos—, en abandonar el pozo gravitatorio de la Tierra para orbitar la Luna en la misión Apolo 8 de 1968.

Cuando James Arthur Lovell Jr. nació el 25 de marzo de 1928, viajar a la Luna era una simple fantasía que nadie con un mínimo de cordura se planteaba en serio. Pero el bueno de Jim tuvo la suerte de vivir durante una de las épocas de progreso tecnológico más acelerado de la historia de la humanidad, lo que permitió que, tan solo cuarenta años después, pudiese protagonizar lo que hasta ese momento había sido un simple sueño del ser humano. Eso, y el ser un militar estadounidense varón de raza blanca, claro, pues no olvidemos que este era el perfil de todos los astronautas del Apolo. Después de completar una exitosa carrera como piloto de la armada (US Navy) en la que voló aviones tanto desde portaviones como desde bases en tierra, Lovell pasó a ser un piloto de pruebas experimentado, un hecho que lo situó en el punto de mira de la selección para los primeros astronautas de la NASA. Fue uno de los 101 militares seleccionados como posibles candidatos para el Programa Mercury, pero no superó una de las pruebas médicas por tener demasiada bilirrubina en sangre.


Finalmente, logró ser seleccionado astronauta de la NASA en 1962 como parte del segundo grupo de la agencia, el primero después de los famosos siete astronautas del Mercury. El teniente comandante Jim Lovell, junto con los tenientes Charles Conrad y John Young, formaba el grupo de pilotos de la US Navy de entre los nueve astronautas de esta nueva hornada. Todos los miembros de la segunda selección volarían en misiones del programa Gémini, salvo Elliot See, que se mataría en un accidente de avión junto con su compañero Charles Bassett poco antes de despegar en la Gémini 9. Y todos ellos, salvo See, serían luego asignados a misiones Apolo, aunque Ed White no lograría alcanzar el espacio en el Apolo al fallecer en el tristemente famoso incendio que le costó la vida a la tripulación del Apolo 1 en la rampa de lanzamiento. Los nueve astronautas de esta segunda selección estaban por detrás de los ‘7 del Mercury’ en cuanto a ‘rango’ informal dentro de la agencia se refería, pero por delante de los catorce astronautas elegidos por la NASA en 1963 como miembros de la tercera selección.

Deke Slayton, astronauta del Mercury reconvertido a seleccionador de tripulaciones para la NASA, dio a Lovell en 1964 su primera tarea seria dentro de la NASA como miembro de la tripulación de reserva de la Gémini 4, junto con Frank Borman. No obstante, Ed White despegó en esta misión para convertirse en el primer estadounidense en efectuar un paseo espacial, así que no hizo falta que Lovell lo sustituyese. El no haber sido seleccionado para formar parte de una de las primeras cuatro tripulaciones del programa Gémini tuvo que ser una pequeña decepción para Lovell, sobre todo al ver que sus compañeros de la Navy, Conrad y Young, sí conseguían un asiento en estos primeros vuelos de la nave espacial con menos volumen interno de la historia de la exploración espacial. Pero Lovell sabía que, si era paciente y hacía bien su trabajo, el sistema de rotaciones de Slayton lo terminaría por colocar en una misión. Y así fue. En 1965 Slayton asignó a Borman y a Lovell a la misión Gémini 7, o Gémini-Titán 7 (GT-7) en el argot de la NASA. Los dos hombres despegaron el 4 de diciembre de 1965 en la que sería la misión espacial más larga hasta el momento, 14 días, con el objetivo de demostrar que un ser humano era capaz de aguantar sin problemas un viaje de ida y vuelta a la Luna.


Convivir con otra persona durante dos semanas dentro del reducido espacio de la Gémini fue un auténtico desafío, a pesar de que los dos astronautas llevaban la nueva escafandra G5C, dotada de un casco flexible de tela con cremallera en vez del habitual casco rígido del traje G4C (los astronautas llevaban un casco rígido de piloto bajo el traje durante el lanzamiento). El calor dentro de la diminuta cápsula fue un problema durante toda la misión, sobre todo cuando tenían que llevar la escafandra puesta (por seguridad, durante la mitad del tiempo uno de los tripulantes tenía que ponerse el traje, sin cerrar la parte superior, por si surgía alguna emergencia). Además de batir el récord de permanencia en el espacio, Borman y Lovell se encontraron con la Gémini 6A en órbita, tripulada por Wally Shcirra y Tom Stafford, en el que fue el primer encuentro cercano de dos naves espaciales tripuladas de la historia (la Gémini 6A despegó después de la Gémini 7). El magnífico desempeño de Lovell durante la misión, su buen carácter, capacidad de concentración y paciencia infinita no pasaron desapercibidos para Slayton.

La última misión del programa Gémini debía ser la Gémini 12, tripulada por Tom Stafford y Gene Cernan. Al mismo tiempo, Slayton puso de reservas de la segunda misión Apolo a Frank Borman, Charles Bassett y Bill Anders. ¿Y qué tenía que ver todo esto con Lovell? Pues que la muerte de Elliot See y Charles Bassett antes de su misión Gémini 9 trastocaría todos estos planes y afectaría de lleno a Lovell. Tras el accidente, Slayton asignó a Stafford y a Cernan a la misión Gémini 9 (eran los reservas de See y Bassett), por lo que hubo que seleccionar una nueva tripulación de reserva para la Gémini 9, que sería la principal para la Gémini 12. Ese papel recayó en los que habían sido los reservas de la Gémini 12, Jim Lovell y Buzz Aldrin. Si Charles Bassett no hubiese muerto, es muy probable que Aldrin no hubiera pisado la Luna en el Apolo 11 y Lovell no hubiera volado en el Apolo 8. En cualquier caso, la décima misión tripulada del programa Gémini fue un éxito. Tras despegar el 11 de noviembre de 1966, los dos hombres estuvieron casi cuatro días en órbita y Aldrin efectuó tres paseos espaciales. El trabajo de Lovell, una vez más, fue inmejorable.


Para entonces, la tripulación de reserva de la segunda misión tripulada del Apolo había vuelto a cambiar y ahora estaba formada por Frank Borman, Tom Stafford y Mike Collins. Poco después, Slayton quitó a Stafford y puso a Bill Anders. Este hecho sería de gran importancia tras el accidente del Apolo 1 que mató a Gus Grissom, Ed White y Roger Chafee, porque hizo que Borman pasase a comandar la tercera misión tripulada del programa Apolo, el Apolo 9. Lovell fue asignado a la tripulación de reserva de esta misión junto con Neil Armstrong y Buzz Aldrin. Efectivamente, de haber quedado así las cosas, Lovell habría pasado a la historia como uno de los tres tripulantes de la primera misión de alunizaje en el papel de piloto del módulo de mando. No obstante, nadie sabía por aquel entonces que el Apolo 11 terminaría siendo la primera misión del programa en poner seres humanos sobre la superficie lunar.

Y es que, siguiendo el esquema de rotaciones, la tripulación suplente de la tercera misión tripulada del Apolo volaría, con suerte, en la sexta misión, o sea, el Apolo 12. Sin embargo, Mike Collins tuvo que someterse a una operación de cervicales, por lo que Slayton lo pasó a la tripulación de Armstrong. Sería sustituido por Jim Lovell. La elección de Lovell para reemplazarlo en la tripulación de Borman era obvia no solo porque era su reserva, sino porque Jim ya había volado con Frank en la Gémini 7 (mientras Collins estuvo de baja, la tripulación de Armstrong se completó con Fred Haise). La misión Apolo 8 debía poner a prueba el módulo lunar (LM) y el módulo de mando (CSM) en órbita baja, pero los retrasos con el LM obligaron a tomar una decisión drástica: el Apolo 8 viajaría directamente a la Luna sin LM, sellando de paso el destino del programa soviético 7K-L1, que pretendía enviar una nave Soyuz modificada alrededor de la Luna. Sin embargo, Slayton optó por intercambiar las tripulaciones del Apolo 8 y el Apolo 9, de tal forma que Borman, Lovell y Anders volarían en el Apolo 8. Ahora la tripulación del Apolo 9 estaría formada por Jim McDivitt, Dave Scott y Rusty Schweickart, que se habían entrenado duramente para poner a prueba el LM.

Como resultado, Lovell despegaría el 27 de diciembre de 1968 rumbo a la Luna en el Apolo 8, el primer lanzamiento tripulado del imponente cohete Saturno V. Borman, Lovell y Anders pasaron casi un día en órbita lunar durante la navidad de 1968. Serían los primeros seres humanos en abandonar la órbita baja, los primeros en viajar a la Luna, los primeros en orbitarla y los primeros en regresar a la Tierra a casi la velocidad de escape (11 km/s). También fueron los primeros en contemplar el ‘amanecer de la Tierra’ desde la Luna. La NASA sabía que la misión era arriesgada, pero nunca sospecharon hasta qué punto el peligro era mucho mayor de lo que sospechaban. Y es que, de haber sufrido el mismo accidente del Apolo 13, la tripulación del Apolo 8 habría muerto sin remedio.

Después del Apolo 8, Lovell aspiraba a pisar la Luna en una misión comandada por él. Haber ocupado el puesto de piloto del módulo de mando en el Apolo 8 lo convertía en uno de los principales candidatos para ser comandante de una misión a partir del Apolo 12. Y lo logró. Paradójicamente, Lovell terminó como comandante del Apolo 13 por culpa de una más que cuestionable e injusta decisión de Slayton, que se empeñó en poner de comandante del Apolo 13 a su amigo y compañero del Mercury Alan Shepard. Shepard había sido el primer estadounidense en el espacio y era un héroe nacional, pero poco después de su misión fue retirado del servicio activo por motivos médicos y no tenía ninguna experiencia adicional de vuelos espaciales ni en el programa Gémini ni en el Apolo. Para colocar a Shepard de comandante, Slayton terminó apartando a Jim McDivitt y a Gordo Cooper, dos astronautas veteranos que aspiraban a tener esta misión bajo su mando. Tras quedar estos astronautas fuera de juego, Lovell pasaba a ser el favorito para ser el comandante de la siguiente misión Apolo tras el Apolo 13. Jim hubiera comandado el Apolo 14 de no ser porque, en una decisión sin precedentes, George Mueller, el jefe de los vuelos tripulados de la agencia, decidió que, obviamente, la elección de Shepard no era la más adecuada y obligó a Slayton a que lo asignase a una misión posterior con el fin de que tuviera más tiempo para entrenarse. Finalmente, Slayton optó por nombrar a Lovell comandante del Apolo 13, con Ken Mattingly como piloto del módulo de mando y Fred Haise como piloto del módulo lunar.


La misión Apolo 13 despegó el 11 de abril de 1970 con Lovell, Haise y Jack Swigert, que había sustituido tan solo dos días antes a Mattingly por la posibilidad de que pudiese desarrollar síntomas de rubeola en órbita lunar (spoiler: no enfermó). Desafortunadamente, el tanque de oxígeno líquido número dos del CSM reventó el 14 de abril de 1970 a 330 000 kilómetros de la Tierra, dejando a la tripulación sin electricidad, agua y oxígeno (el tanque se usaba para alimentar las células de combustible, que generaban agua y electricidad). Lovell anunció la explosión con la famosa frase «Houston, hemos tenido un problema. Hemos tenido una bajada de voltaje del bus principal B», que sería simplificada en la cultura popular como «Houston, tenemos un problema», aunque nunca pronunció estas palabras. Lovell, Haise y Swigert pudieron sobrevivir gracias a los suministros y el sistema de propulsión del módulo lunar Aquarius y al ingenio del personal de la NASA. La creatividad de los ingenieros permitió que los astronautas no se asfixiasen y pudieran usar los filtros de dióxido de carbono del CSM en el LM, a pesar de que los filtros de ambas naves no eran compatibles.


En realidad, esta mítica hazaña de solución de problemas de ingeniería escondía un fallo de diseño fundamental, pues lo lógico es que ambos filtros hubiesen sido compatibles por cuestiones de seguridad básicas. Igualmente, el accidente del tanque de oxígeno puso de relieve otro defecto de diseño del CSM mucho más grave, pues demostró que un problema con un único componente de la nave podía dejar a la tripulación sin oxígeno, agua y electricidad, todo al mismo tiempo. En cualquier caso, la tripulación del Apolo 13 volvió sana y salva, aunque la Casa Blanca decidió que ya era hora de ir cerrando el programa antes de que alguien se matase y en noviembre de 1970 canceló las misiones Apolo 18 y 19. Y no se cancelaron más porque había que demostrar que era posible regresar a la Luna tras el accidente y por la presión de la NASA para lanzar las misiones de tipo J, mucho más capaces e interesantes desde el punto de vista científico (Apolos 15, 16 y 17). Tras el regreso, nadie le ofreció a Lovell una oportunidad firme de repetir la misión (estaba claro que Slayton no iba a permitir que Shepard se quedase fuera del Apolo 14, a pesar de que esta misión terminó por llevar a cabo los objetivos previstos para el Apolo 13). Además, sabía que no tenía ninguna posibilidad de comandar otra misión Apolo posterior (quizá podría haber volado como piloto del módulo lunar de haber insistido, pero para un astronauta veterano ocupar el escalafón más bajo de una tripulación Apolo era impensable). Jim Lovell se retiró de la NASA en 1973 para trabajar en la empresa privada.


Jim Lovell, John Young y Gene Cernan son hasta la fecha los únicos humanos que han viajado dos veces a la Luna, aunque Young y Cernan sí lograron pisarla en su segunda misión, así que Jim es por el momento la única persona que ha ido dos veces a la Luna y no la ha pisado. En 1994 Lovell asesoró al escritor Jeffrey Kluger para su libro Apolo 13, que sería un éxito de ventas. El libro serviría como base del guion de la película homónima de Ron Howard, que saldría al año siguiente. Protagonizada por Tom Hanks, la película fue un éxito e hizo de Lovell un personaje famoso otra vez, 25 años después de la misión. Los medios volvieron a descubrir el buen humor de Jim y su talento para contar anécdotas, convirtiéndolo en una estrella de nuevo.

(ya ha pasado más tiempo entre el estreno de la película y el presente que entre la misión Apolo 13 y el estreno). Con la muerte de Lovell ya no hay ningún miembro vivo de la tripulación del Apolo 8. Solo quedan cinco seres humanos que recuerdan de primera mano lo que es viajar a la Luna: Dave Scott, Buzz Aldrin, Fred Haise, Charlie Duke y Harrison Schmitt (aparte de Rusty Schweickart, del Apolo 9). Desgraciadamente, Jim Lovell ha fallecido tan solo ocho meses antes de la fecha prevista de despegue de la misión Artemisa II. Curiosamente, Artemisa II seguirá una trayectoria de retorno libre alrededor de la Luna muy parecida a la que efectuó el Apolo 13. Esperemos al menos que los seis astronautas supervivientes del Apolo puedan ser testigos de esta misión.




Gracias por las emocionantes historias que nos cuentas (tan bien contadas)
La de hoy y el enlace a la misión Apolo 13 son impagables.
PD; como fe de errata (sin mucha importancia 21 en vez de 27 de diciembre, lanzamiento A-VIII, que el 1 y el 7 se parecen, más aún a cierta edad )
97 es una gran edad. DEP.
Fantástico artículo Daniel, gracias.
Lamento mucho que nunca se le haya reconocido a Jim Lovell en vida como se merecía. Por desgracia, tampoco podrá ser el invitado de honor para Artemisa II. Esto es culpa de los políticos, demasiado ocupados en sus propios intereses mezquinos y de corto plazo. No les importa, para nada, retrasar y retrasar la exploración del espacio y el progreso de la humanidad.
Que descanse en paz, mi héroe Jim lovell. :´(
Con toda mi admiración por el trabajo de Daniel Marín, querría hacer una observación sobre la fotografía de la tripulación del Apolo 13: lo que lleva en la mano Jim Lowell creo que es un octante y no un sextante. 😉
Enhorabuena y gracias por todo el conocimiento y el tiempo de disfrute que nos das, Daniel (tocayo).
Gran artículo Daniel, como siempre, pero tengo una pregunta/duda:
Por qué solo Lovell y Young sufrieron ser “degradados”? Young fue comandante del Gemini 10 y lo “degradaron” a piloto del CSM en el Apollo 10.
Igualmente, Lovell fue comandante del Gemini 12 y lo “degradaron” en el Apollo 8.
Por que hacían eso? Es decir, por que si ya habían sido comandantes, los bajaban de rango en otras misiones?
El sistema de rotaciones no era perfecto ni mucho menos y Slayton se lo saltó varias veces. Pero en el caso del Lovell y Young es porque formaban parte de tripulaciones asociadas a determinados comandantes. Es decir, Slayton había previsto que las primeras 6 misiones estarían comandadas por Schirra, McDivitt, Borman, Stafford, Armstrong y Conrad. Y a cada comandante le asignó una tripulación que podía variar. En cualquier caso, Lovell y Young viajaron como pilotos del CM, el segundo rango en la tripulación del Apolo. Otra cosa hubiera sido volar como pilotos del LM, el rango más bajo.