Starliner: la nave que no quería llevar personas al espacio

Por Daniel Marín, el 14 agosto, 2023. Categoría(s): Astronáutica • CST-100 Starliner • ISS • NASA ✎ 79

Estados Unidos tiene en estos momentos tres naves tripuladas en servicio: la Crew Dragon de SpaceX, la Starliner de Boeing y la Orión de la NASA (fabricada por Lockheed Martin). Es la primera vez que una nación dispone de tres vehículos espaciales tripulados al mismo tiempo. Pero, por el momento, solo la Crew Dragon ha volado al espacio con personas a bordo (y ya lo ha hecho diez veces con éxito). Orión llevará astronautas alrededor de la Luna en la misión Artemisa II, con suerte en 2024, pero, ¿y la Starliner? Después de realizar dos vuelos sin tripulación —OFT en 2019 y OFT-2 en 2022—, la primera misión con astronautas debía haber tenido lugar el 21 de julio de este año. Sin embargo, la NASA y Boeing anunciaron hace unos días que este primer vuelo con astronautas se retrasa una vez más. Como resultado, la misión CFT (Crew Flight Test) no despegará hasta marzo de 2024 como muy pronto.

La Starliner se acopla con la ISS en la misión OFT-2 de 2022 (NASA).

La principal fuente de retrasos son las conexiones de líneas de los paracaídas con la cápsula, que son menos resistentes de lo previsto. Increíblemente, después de dos misiones orbitales y numerosas pruebas en tierra, Boeing sigue sin haber alcanzado los requisitos de seguridad que demanda la NASA para los paracaídas de la cápsula. El próximo noviembre Boeing llevará a cabo una prueba para comprobar las mejoras introducidas en los paracaídas, así que no se pueden descartar más retrasos si la prueba no es un éxito total. Recordemos que, en su momento, SpaceX también se vio obligada a modificar el sistema original de paracaídas de la Crew Dragon y tuvo que introducir un cuarto paracaídas principal, entre otros cambios. No obstante, la empresa de Elon Musk introdujo estas modificaciones y las verificó en una serie de pruebas que se desarrollaron en un periodo de tiempo relativamente breve. El otro problema con la misión CFT es todavía más surrealista y tiene que ver con la cinta empleada para unir manojos de cables, denominada P-213. Aparentemente, Boeing ha usado esta cinta en zonas donde no debería al ser un material inflamable en ciertas circunstancias. La cinta se utiliza con frecuencia en la industria aeroespacial, pero parece ser que la NASA no se fía del criterio de Boeing para usarla en determinadas zonas de la cápsula expuestas a una mayor concentración de oxígeno. Boeing ha retirado un 85% de la cinta en la parte superior de la cápsula, pero por lo visto en la parte inferior no es posible quitarla sin causar daños. La chapuza… perdón, la solución, pasa por cubrir la cinta problemática con otra que sí cumpla los estándares de la NASA o, según la localización, colocar barreras para evitar la propagación de un posible fuego.

La Starliner nº 3 Calypso de la misión CFT en las instalaciones de Boeing en el KSC de Florida (antiguo OPF del shuttle) el pasado 8 de febrero (NASA).
Nave Starliner y cohete Atlas V N22 (Boeing).
Los paracaídas principales de la Starliner en la misión OFT-2 (NASA).

En realidad, la causa última de los retrasos son las nulas ganas que ha mostrado Boeing con su propia criatura. Es posible que Starliner sea la nave espacial que haya sido desarrollada con menos entusiasmo en toda la historia de la astronáutica. Boeing —una empresa que, como todos sabemos, no pasa por sus mejores momentos— estaría encantada de retirarse de este proyecto después de haber tenido que poner 1100 millones de dólares de su propio bolsillo para mantenerlo a flote, ya que el contrato con la NASA es a precio fijo (o sea, cualquier incremento en el coste del programa corre a cargo de Boeing). Pero la agencia espacial está empeñada en disponer de un segundo proveedor para vuelos tripulados a la ISS por si la Crew Dragon o el Falcon 9 sufren algún problema y no va a dejar que el gigante aeroespacial eluda sus responsabilidades. La posición de la NASA se justifica porque si la Crew Dragon sufre algún percance, las Soyuz rusas volverían a ser el único vehículo capaz de llevar astronautas hasta la estación espacial. Y, evidentemente, la situación internacional no está como para aumentar la colaboración con Rusia. Boeing ha confirmado a regañadientes que se compromete a lanzar las seis misiones tripuladas operativas a la ISS, además de la misión de prueba CFT, como mandaba el contrato original firmado con la NASA. Eso sí, teniendo en cuenta que hay planeada una misión de la Starliner por año, no está muy claro si a Boeing le dará tiempo de lanzar estas seis misiones antes de que la NASA se retire de la ISS en 2030.

Unión de la cápsula de la Starliner 3 Calypso con su módulo de servicio (NASA).
La Starliner Spacecraft 2 se aproxima a la ISS en 2022 (NASA).

En 2014 la NASA seleccionó a Boeing y a SpaceX como las empresas que debían fabricar las nuevas naves tripuladas de EE.UU. Boeing recibió 4200 millones de dólares y, después de muchos retrasos, la CST-100 Starliner alcanzó la órbita por primera vez el 20 de diciembre de 2019 en la misión OFT (Orbital Flight Test), pero no pudo acoplarse con la ISS por culpa de un vergonzoso fallo del reloj de la nave que provocó un mayor consumo de combustible de lo previsto. La siguiente misión no tripulada, OFT-2, tuvo que ser retrasada en varias ocasiones por culpa de diversos problemas relacionados con las válvulas de propelentes y otros sistemas. Finalmente despegó el 19 de mayo de 2022 y, esta vez sí, logro acoplarse con la ISS. La primera misión tripulada de Starliner ha sufrido tantos retrasos que la tripulación ha cambiado varias veces. La primera tripulación, anunciada en enero de 2018, estaba formada por Chris Ferguson, Eric Boe y Nicole Aunapu Mann. En enero de 2019 Boe se retiró por motivos médicos y fue sustituido por Michael Fincke. En octubre de 2020 Ferguson se retiró por motivos personales y su lugar lo ocupó Barry Wilmore. Por su parte, Mann fue asignada a la misión Crew-5 y Sunita Williams, que debía haber volado en la primera misión operativa de la Starliner, la sustituyó en octubre de 2021. En junio de 2022 la NASA retiró a Fincke de esta misión, que finalmente solo contará con Barry Wilmore y Sunita Williams.

Jebediah Kerman frente al panel de control de la Starliner (Oleg Artemyev/Roscosmos).
La cápsula Starliner Spacecraft 2 de la misión OFT-2 después de aterrizar en White Sands. Los técnicos van equipados con trajes especiales por si hay fugas de propergoles hipergólicos (NASA).

La Starliner es una nave del siglo XXI perfectamente válida con un diseño que, recordemos, deriva de la propuesta de Boeing para la nave Orión del programa Constelación, un contrato que finalmente se llevó Lockheed Martin. Los problemas y retrasos sufridos por este proyecto son únicamente culpa del poco interés de Boeing hacia el mismo. Pero, a pesar de la falta de ganas, esperemos en algún momento del año que viene pueda alcanzar el espacio con seres humanos en su interior.

Separación de la Starliner (Serguéi Kórsakov/Roscosmos).


79 Comentarios

  1. «Pero, a pesar de la falta de ganas, esperemos en algún momento del año que viene pueda alcanzar el espacio con seres humanos en su interior.»

    Y traerlos sanos y salvos…

    1. Muy cierto. En el ecosistema LEO que viene, esta nave tiene la oportunidad de ser relevante y tener un mercado nada desdeñable.
      Todos los ánimos al equipo de ingenieros de Boeing que trabajan para que el proyecto salga adelante. Está muy cerca.

  2. El título de esta entrada no me ha gustado nada. A que, dentro de unos años, ¿no te atreves a titular «Starship: la nave que no quería llevar personas a Marte»?.
    En verdad, la Starliner es una nave que tendría que haber estado operativa en 2017; pero hasta el 2024 no lo estará (si todo va bien). El caso es que los proyectos espaciales son difíciles de ejecutar. La tecnología nueva que has de crear de cero; el personal cambiante; la tecnología vieja que creías que te servía pero no; y, luego, cómo haces para encajarlo todo y cumplir el contrato.
    Al igual que una persona debe conocer sus propias limitaciones, una empresa también.
    Hay estrategias empresariales de «ir con todo», de apostarlo todo a una competición que es casi imposible que ganes. Pero, Boeing, ¿debería haberse quedado atrás sin optar a contratos jugosos?. Esta otra opción era la muerte de la empresa. Al menos espero que Boeing se pueda deshacer del personal obsoleto y que siga competitiva a nivel espacial.

    1. Pero no se critica que Boeing consiguiera el proyecto, sino la desgana en terminarlo.
      Han conseguido un jugoso contrato con dinero público levantado en impuestos a los ciudadanos por valor de 4200 millones de dólares… pero Boeing se arrastra cual estudiante perezoso incapaz de cerrar el proyecto. Se les está haciendo bola.
      Estamos hablando de una nave estratégica para los EEUU en el momento en el que Rusia dejó de ser un aliado espacial y Boeing no ha puesto toda la carne en el asador.

      De SpaceX se pueden criticar muchas cosas, pero van a por todas, le meten todas las ganas del mundo y llevan una buena mochila de responsabilidad en la espalda. Además sus contratos públicos vienen acompañados por una substancial inversión privada. En la Starship, que es el jugete diseñado por ellos, la NASA solo cubre una parte no mayoritaria del coste, y aún en los proyectos anteriores más marcados por las necesidades específicas de la NASA como el F9 y la Dragon han cumplido. Encima han derivado proyectos como el FH, que ahora mismo ofrece una capacidad única mientras el Delta IV Heavy se retira y el Vulcan no llega.

      A SpaceX, también les costó terminar la Dragon tripulada, de hecho también hicieron corto de presupuesto, pero apretaron el culete y se terminó. Bridestine hizo un par de comentarios mordaces en el sentido de menos «chatarra» en Tatooine y más Dragon. En aquellos momentos, la NASA apuraba las últimas Soyuz mientras alguna Dragon se consumía en llamas tóxicas después de volver de la ISS.

      La Starliner, tiene la oportunidad de volar a la ISS y el ecosistema de naves espaciales que viene. Probablemente puede ser relevante durante los siguientes 20 años sino más. Está prácticamente pagada pero pareciera que a Boeing le da máxmia pereza terminarla. Como mínimo se lo deben a sus contribuyentes que les han pagado el tinglado.

      1. Jimmy, yo no comparto el discurso vuestro (de Daniel y tuyo) de la pereza de Boeing.
        Yo no concibo esas «nulas ganas» que vosotros percibís en esta empresa.
        Para SpaceX los contratos de las Dragon no tripuladas: les salvaron de la quiebra y les ayudaron en la versión tripulada.
        Boeing puede que tenga una estructura empresarial más clásica y seguro que tiene personal obsoleto, pero lo lógico es que acabe cumpliendo el contrato inicial con la NASA y que tenga al menos una nave reusable operativa y suficientes cohetes como para llevar tripulación hasta en seis ocasiones a la ISS y traerlos de vuelta a la Tierra.

        Por cierto, Jimmy, sobre las finanzas de SpaceX, te dije (en la última entrada de Daniel sobre el Falcon Heavy) que había preparado «una leccion 17», pero al final se me ha colado otra lección antes. No sé qué número acabará teniendo este comentario que me he preparado sobre esas finanzas.

        1. Yo espero que la terminen, pero corren buenos rumores de que la NASA ha tenido que apretar a Boeing para que se mantuvieran en el proyecto.
          Y como mínimo su gestión es criticable por pasarse de fechas y presupuesto ampliamente.

          No entiendo la primera parte del comentario sobre SpaceX. La NASA ha sido clave en la supervivencia y desarrollo de SpaceX, pero la empresa también ha sido un ejemplo cumpliendo con los contratos. Ha habido algún retraso, pero siempre se ha hecho justicia a lo acordado.

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