El fin del Apolo: epílogo y referencias (medio siglo del Apolo 11 parte 8)

Hace medio siglo el ser humano caminó por primera vez por la superficie de otro mundo. En su momento, el gran público pensó que se trataba del inicio de una nueva era para la humanidad y para la NASA. Pero la aventura lunar solo duró cuatro años. Cuatro años durante los cuales viajar a otro mundo fue —casi— rutina. Solo una docena de hombres caminaron sobre la Luna y desde 1972 nadie ha vuelto a abandonar la órbita baja terrestre. En una decisión que se suele comparar con el desmantelamiento de las Flotas del Tesoro del almirante Zheng He por parte de los funcionarios de la dinastía Ming, Estados Unidos renunció a la Luna. Los vehículos creados para el programa Apolo —el cohete Saturno V y las naves CSM y LM— se cancelaron y fueron olvidados en favor de aventuras menos costosas y ambiciosas en la órbita baja.

Apolo (Robert McCall).

Mientras que en Rusia y otros países el vuelo de Gagarin o el Sputnik se consideran los hitos más importantes de la exploración del espacio —no en vano, todo el mundo recuerda a Cristobal Colón, pero nadie al segundo que llegó a América—, en Estados Unidos el programa Apolo siempre se ha considerado el punto álgido de la exploración del espacio. Todo lo que sucedió antes del Apolo 11 era un preludio, meros preliminares, la anodina introducción antes de que ocurriese lo realmente importante. Esta actitud, comprensible hace unas décadas, no deja de ser paradójica hoy en día en tanto que significa el reconocimiento de una derrota: «hemos sido incapaces de repetir algo que hicimos hace medio siglo». La NASA ha sido víctima de su propia mitología sobre la ‘conquista’ del espacio. Si el Apolo fue la cima del progreso humano en el espacio, entonces desde 1972 solo hemos ido cuesta abajo.

Los planes de la NASA en 1969 eran un pelín ambiciosos: misiones a Marte, a la Luna y estaciones espaciales de cien personas (NASA).

Naturalmente, todos sabemos que no es así. Estados Unidos —y, en menor medida, otros países— ha liderado desde los años 90 la era dorada de la exploración del sistema solar gracias a una pléyade de misiones automáticas. Nunca antes había habido tantos robots explorando, o a punto de explorar, todo tipo de cuerpos que giran alrededor del Sol. Los artefactos humanos, la mayoría de la NASA, han estudiado todo tipo de mundos, desde el interior de la órbita de Mercurio hasta el Cinturón de Kuiper y más allá. Así que no es cierto que la humanidad, y menos aún Estados Unidos, haya renunciado a la exploración espacial. Lo que sí ha ocurrido es que no hemos encontrado motivos para continuar la exploración tripulada del espacio más allá de la órbita baja. ¿Pero por qué? ¿Era inevitable? ¿Hubiera sido posible una realidad alternativa con misiones rutinarias a la Luna y más allá?

Un transbordador espacial basado en el Saturno V podría haber mantenido viva esta tecnología (NASA).

Obviamente, Apolo fue producto de la Guerra Fría. Era una carrera lunar con la Unión Soviética. En el momento que Armstrong puso el pie sobre el Mar de la Tranquilidad se alcanzó el único objetivo del programa Apolo. Ya no hacía falta continuar. No se fue a la Luna por motivos científicos, ni para controlar recursos naturales, ni para ‘explorar’. Se fue únicamente para demostrar al mundo que se podía vencer a la Unión Soviética en el espacio en una época donde una confrontación militar directa entre las dos superpotencias hubiese significado el fin de la civilización. Para ser un icono de una era, o quizá por eso mismo, lo cierto es que hay muchos mitos alrededor del final del Apolo. Todavía mucha gente piensa que las misiones lunares se cancelaron porque «el público se aburrió» o porque «la guerra de Vietnam impidió continuar con el enorme presupuesto de la NASA». No es que estos argumentos sean falsos, que no lo son, pero solo son dos razones que no explican por sí solas un fenómeno mucho más complejo.

Etapas S-IC del Saturno V en la fábrica de Boeing en Michoud (NASA).

Curiosamente, casi nunca se suele mencionar que Apolo estaba muerto antes de nacer. Efectivamente, el programa Apolo fue cancelado de facto en agosto de 1968, casi un año antes de que el Eagle alunizase, cuando el administrador de la NASA James Webb rechazó la petición de George Mueller para construir cohetes Saturno V adicionales (la decisión fue especialmente paradójica porque Webb fue el verdadero padre del Apolo y gracias a sus maniobras políticas logró mantener a flote el programa a pesar de las amenazas de cancelación durante los años 60). La NASA había pedido quince Saturno V para el programa Apolo y no se iba a construir ni uno más. Y sin el cohete gigante del centro Marshall era imposible viajar a la Luna con la arquitectura elegida para el programa Apolo. La cadena de producción del Saturno V se cerró en 1968, poco después del pico de gasto del Apolo, que llegó a alcanzar el 4% del presupuesto federal, una cifra inimaginable hoy en día.

Proyecto de remolcador nuclear con motores tipo NERVA para misiones a la Luna y Marte (NASA).

Y es que quizás el hecho menos conocido del Apolo es que el programa tenía fecha de caducidad. Mientras el público pensaba que las misiones lunares se podían prolongar durante años o incluso décadas, la NASA sabía que solo disponían de quince Saturno V. Quince, ni uno más. La única duda era determinar cuántas misiones a la Luna serían posibles con ese número. Tras el accidente del Apolo 1, la NASA no podía imaginar ni en sus mejores sueños que todas las misiones Apolo previas al Apolo 11 se iban a llevar a cabo sin problemas significativos —con la excepción del Apolo 6, que casi termina en la destrucción del lanzador—, algo que permitió disponer de diez cohetes Saturno V para realizar vuelos lunares. Lamentablemente, una de estas misiones —Apolo 13— no alcanzó la Luna y la NASA canceló las tres últimas misiones (Apolo 18, 19 y 20). El Apolo 20 se canceló en enero de 1970, en pleno apogeo de popularidad del Apolo, para usar el Saturno V de esta misión en el lanzamiento de la estación Skylab. Los Apolo 18 y 19 se cancelaron en septiembre de 1970 por culpa de una mala jugada por parte del administrador Thomas Paine, que pensaba que el ahorro de los 42 millones de dólares destinados a esas misiones —una auténtica miseria en comparación con el coste del programa—, ‘suavizaría’ la postura hostil de la administración Nixon hacia la NASA. Ni que decir tiene, fue un tremendo error. Nixon no se movió ni un milímetro de su postura en contra del programa espacial tripulado, más bien todo lo contrario.

Proyecto de recuperar la primera etapa S-IC del Saturno V con paracaídas (NASA).

Entonces, ¿cómo habría sido posible la continuación del Apolo? La única posibilidad es que la Unión Soviética se hubiese adelantado al Apolo, pero, como ya hemos comentado en este blog en innumerables ocasiones, la URSS nunca tuvo una oportunidad real de ganar a la NASA a la hora de poner un ser humano sobre la superficie lunar. No obstante, sí que podría haber logrado mandar una misión tripulada alrededor de la Luna antes que el Apolo 8 con algo de suerte y esfuerzo. En ese caso es posible que la línea de producción del Saturno V se hubiese mantenido abierta ‘por si acaso’ y las últimas misiones lunares no se hubiesen cancelado. Quién sabe.

Elementos de las etapas S-IC del Saturno V en Michoud (NASA).

Sea como sea, el segundo motivo del fin del Apolo fue la falta de apoyo social. Aunque ahora nos pueda parecer sorprendente, Apolo nunca gozó del apoyo del público estadounidense. El programa apenas superó el 50% de aprobación en todas las encuestas. Y eso en plena euforia del Apolo 11. Cuando el Apolo 17 despegó en diciembre de 1972 el apoyo se había reducido todavía más y los medios de comunicación se jactaban abiertamente del hastío y aburrimiento hacia las misiones lunares que mostraba el público. La Guerra de Vietnam y los problemas de la sociedad —las desigualdades económicas y la lucha por los derechos civiles, incluyendo el feminismo y las políticas contra el pseudo-régimen de apartheid de algunos estados sureños— eran vistos por la mayoría del público como problemas más acuciantes que ir a la Luna. Y tenían razón, claro, pero evidentemente se trataba de asuntos que no estaban relacionados entre sí. La lucha por los derechos de las minorías o el resultado del conflicto en Vietnam eran independientes de lo que pasase con el programa Apolo (de hecho, el pico de gasto en la guerra de Vietnam tuvo lugar, como en el Apolo, antes de 1970). Esa falta de apoyo social, sumada a la falta de una respuesta soviética, se tradujo en una falta de apoyo político, tanto entre demócratas como republicanos (el mito de que Nixon, republicano, quería acabar con el Apolo porque era parte del legado de Kennedy, demócrata, es solo eso, un mito).

Thomas O. Paine, administrador de la NASA que sucedió a James Webb (Wikipedia).

Por supuesto, la nefasta negociación del administrador Thomas Paine con el presidente Nixon no ayudó al futuro del programa tripulado. En 1969, cuando ya era evidente que Apolo no contaba con apoyo suficiente por parte del público y de la Casa Blanca, Paine le intentó ‘vender’ a Nixon un conjunto de proyectos completamente desconectados de la realidad. Mientras Nixon deseaba cancelar las misiones lunares por su elevado coste y baja popularidad, la alternativa de Paine para el futuro de la NASA fue… ¡un viaje tripulado a Marte! O sea, un proyecto todavía más caro, arriesgado y ambicioso. Y, no contento con ello, al mismo tiempo Paine quería que Nixon aprobase el proyecto del transbordador espacial, una estación espacial en órbita baja para cien personas y una flota de transbordadores nucleares que usarían la tecnología de las misiones marcianas para viajar desde la órbita baja a la Luna. Obviamente, y como buen estratega que era, la respuesta de Nixon fue la peor posible y amenazó con cancelar el programa espacial tripulado por completo. En marzo de 1970 Paine solo consiguió que la Casa Blanca se comprometiese a seguir adelante con la estación Skylab y logró la promesa de continuar con el desarrollo del transbordador espacial, el proyecto estrella de la NASA para la era post-Apolo.

El MEM, el Módulo de Excursión Marciano para una misión a Marte que habría tenido lugar en los años 80 (NASA).

Para sorpresa de todos, probablemente el propio Nixon incluido, Paine no reculó y siguió proponiendo proyectos fantásticos —aunque cada vez con menos fuerza— para el futuro de la NASA hasta que fue cesado en septiembre de 1970. Su sucesor, James Fletcher —que era afín a Nixon y, también, más realista— sabía que la única opción era elegir el mal menor. Es decir, había que olvidarse de misiones a Marte y luchar por seguir adelante con el transbordador espacial, un proyecto modesto —comparado con el Apolo— que al menos garantizaría la presencia estadounidense en el espacio y permitiría mantener parte de la tecnología y puestos de trabajo del Apolo. Pese a todo, en 1970 y 1971 la NASA volvería a proponer una misión tripulada a Marte, con el resultado esperado.

James Fletcher y Richard Nixon con una maqueta del diseño casi definitivo del transbordador espacial en enero de 1972 (Wikipedia).

El transbordador espacial pretendía abaratar los costes de acceso al espacio y revolucionar la astronáutica por completo. Con suerte, dejaría atrás los enormes costes del programa Apolo. Y es que otro de los factores del declive del Apolo fue la fuerte oposición interna. Por increíble que nos pueda parecer hoy en día, la inmensa mayoría de ingenieros y técnicos que trabajaron en el Apolo pensaban que la tecnología de las misiones lunares era obsoleta. Veían al Saturno V como un gran logro técnico, sí, pero al mismo tiempo creían que era un enorme dinosaurio metálico, costosísimo y torpe. Los cohetes gigantes por etapas diseñados por un antiguo ingeniero de la Alemania nazi eran algo que había que superar. El futuro lo protagonizarían hermosas y estilizadas máquinas aladas totalmente reutilizables. Los cohetes desechables estaban pasados de moda. La única alternativa era la reutilización que prometía el transbordador espacial. Y, una vez el acceso al espacio fuese barato, la humanidad se expandiría por el sistema solar. Todo un acto de fe más propio de un culto religioso que de una agencia espacial. Pero no podemos culpar de exceso de optimismo a los protagonistas que hicieron posible el Apolo. Era una época en la que se soñaba a lo grande y en la que cualquier cosa imposible se podía hacer realidad con ingenio, esfuerzo y dinero suficientes. Huelga decir que esta ‘quinta columna’ que criticaba la ‘obsoleta y cara’ tecnología del Apolo al mismo tiempo que abogaba por la demolición del programa desde dentro tampoco ayudó a continuar con las misiones lunares precisamente.

Propuesta de transbordador espacial totalmente reutilizable que no vio la luz en favor del diseño final, parcialmente reutilizable, pero más barato (NASA).

El historiador David Portree ha imaginado una realidad alternativa en la que el programa Apolo nunca fue cancelado y en la que la humanidad siguió aventurándose más allá de la órbita baja. En esta realidad, el coste de las misiones lunares se redujo al espaciarlas en el tiempo. Y, entre misión y misión lunar, la NASA llevaría a cabo vuelos a estaciones espaciales en órbita baja. De esta forma, la infraestructura del Apolo podría haber sobrevivido hasta nuestros días —o al menos hasta los años 80 o 90—, de modo parecido a lo que ha pasado con la nave tripulada Soyuz y el cohete homónimo. No deja de ser un interesante ejercicio de imaginación, pero, como hemos visto, Apolo lo tenía todo en contra. Puede que si alguien como Fletcher hubiera ocupado el lugar de Paine y hubiese propuesto la continuación de la tecnología del Apolo con proyectos más modestos y baratos, la historia hubiese sido distinta. Puede, pero nunca lo sabremos.

La tripulación del Apolo-Soyuz ASTP fue la última de una cápsula Apolo en 1975. También fue la única que llevó el logo del gusano de la NASA en los trajes (NASA).

Medio siglo más tarde, y tras el hiato de las tres décadas de la era del transbordador, la NASA tiene la intención de regresar a la Luna con el programa Artemisa usando un cohete menos potente que el Saturno V —el SLS— y una cápsula más grande que el CSM del Apolo —la Orión—. China también ha mostrado varios planes para poner un astronauta en la Luna, aunque por el momento no hay ningún proyecto oficial en marcha. Paradójicamente, todas estas arquitecturas se basan en lanzadores desechables. Solamente SpaceX propone viajar a la Luna y a Marte usando la combinación Starship/SuperHeavy, un sistema completamente reutilizable. ¿Lograrán hacer realidad los sueños de los ingenieros del Apolo más de cincuenta años después?

La Starship de SpaceX en la Luna (SpaceX).

 

Las referencias del programa Apolo:

¿Cómo entender el Apolo? ¿Cómo es posible abarcar la inmensidad de este programa? No se puede. Resulta físicamente imposible leer y ver todo lo que se ha escrito y filmado sobre el Apolo. A lo largo de los años he intentado leer cuanto he podido sobre este fascinante periodo de la historia y, pese a todo, solo he podido consultar una pequeña fracción de las obras disponibles. He leído libros infumables y otros maravillosos. Fruto de esta experiencia particular, dejo a continuación una lista con mis referencias preferidas. Por supuesto, hay muchas más, pero estas son de las que puedo hablar con garantías porque, bueno, porque las he leído. He dejado fuera de la lista libros que no me han gustado, otros dedicados a misiones Apolo específicas distintas al Apolo 11 y la mayoría de las biografías de los astronautas (simplemente, son demasiadas). No están todas las que son (eso sería imposible), pero son todas las que están:

  • Apollo Flight Journal: todo —y cuando digo todo, es TODO— sobre las misiones Apolo: transcripciones, fotos, etc. Es LA fuente imprescindible para cualquier historiador, espaciotrastornado o simple curioso.
  • Apollo Surface Journal: igual que la página anterior, pero con los detalles de las actividades en la superficie lunar de las seis misiones Apolo que pisaron la Luna. Ahí está TODO.
  • Apollo Press Kits: antes de Internet, los periodistas, expertos y curiosos en general tenían acceso a una gran cantidad de información oficial sobre el Apolo gracias a los informes para a la prensa. Son muy informativos y contienen multitud de detalles curiosos e ilustraciones.
  • Apollo Press Kits: otra fuente oficial sobre los press kits de cada misión. Son más entretenidos y rigurosos que la mayoría de libros dedicados al tema.
  • A Man on the Moon: The Voyages of the Apollo Astronauts, Andrew Chaikin: si tienes que leer solo un libro sobre el programa Apolo, que sea este. Chaikin resume el programa espacial estadounidense de forma magistral en una obra para todos los públicos. Los espaciotrastornados más recios echarán de menos los detalles técnicos, pero este defecto queda compensado por la maravillosa prosa del autor.
  • Chariots for Apollo: A History of Manned Lunar Spacecraft, Courtney G. Brooks. James M. Grimwood y Loyd S. Swenson, Jr.: una magnífica referencia oficial —y gratuita— sobre la historia del programa Apolo de forma cronológica. Como su nombre indica, se centra en la historia del desarrollo de las naves y los lanzadores del Apolo.
  • Stages to Saturn, Roger E. Bilstein: este libro oficial de la NASA es, además de ser gratuito, probablemente la mejor referencia sobre las decisiones políticas tras el programa Apolo.
  • Project Apollo: The Tough Decisions, Robert C. Seamans: un libro para entender la historia del Apolo y las decisiones políticas asociadas. Bastante árido, pero muy interesante.
  • NASA Apollo 11 Owners’ Workshop Manual, Christopher Riley y Philip Dolling: un libro delicioso repleto de detalles técnicos que resume fantásticamente la ingente información de los press kits de la NASA y cuenta con hermosas fotos e ilustraciones a gran tamaño.
  • NASA Saturn V Owners’ Workshop Manual: 1967-1973 (Apollo 4 to Apollo 17 and Skylab), David Woods: el libro es similar al anterior, pero dedicado exclusivamente al Saturno V.
  • How Apollo flew to the Moon, David Woods: gran libro que describe los detalles del viaje a la Luna. El autor consigue un equilibrio perfecto y logra ser entretenido, pero sin saturar de detalles técnicos al lector. Pese a todo, no se trata de una lectura dirigida a un público casual. Para dotar de un hilo conductor al relato, Woods narra los aspectos de cada fase de la misión de forma cronológica —lanzamiento, alunizaje, etc.— usando datos y anécdotas de todas las misiones Apolo.
  • Deke!, Deke Slayton y Michael Cassutt: esta biografía de Slayton escrita por Michael Cassutt es LA referencia para conocer cómo se seleccionaron las tripulaciones de los programas Mercury, Gémini, Apolo y Skylab. El bueno de Deke no deja títere con cabeza y, a diferencia de lo que ocurre en las aburridas hagiografías que son la mayoría de las biografías de astronautas, no se muerde la lengua si es necesario. Imprescindible.
  • The First Men on the Moon: The Story of Apollo 11, David Harland: este libro es LA referencia para el Apolo 11. Es una magnífica alternativa al Apollo Journal de la NASA, aunque lo malo es que para la mayoría del público puede ser demasiado exhaustivo, mientras que para muchos expertos y espaciotrastornados resulta más cómodo acudir al Journal directamente. En cualquier caso, es de lectura obligatoria para los fanáticos del Apolo.
  • Apolo 11: La apasionante historia de cómo el hombre pisó la Luna por primera vez, Eduardo García Llama: la mejor obra en español sobre el Apolo 11. Eduardo cuenta la misión con todo lujo de detalles y, a diferencia de la referencia anterior, de forma mucho más amena y poética. Recomendado tanto para el público en general como para espaciotrastornados. Además, es de lo poco recomendable que ha aparecido con motivo del 50º aniversario del Apolo 11. Si no lo has leído, estás tardando.
  • Un pequeño paso para [un] hombre: La historia desconocida de la llegada del hombre a la luna, Rafael Clemente: un magnífico resumen de todo el programa espacial de la NASA, desde el Mercury hasta el Apolo 11. Rafael explica muy bien TODOS los detalles técnicos del Apolo y la obra cuenta con el apoyo visual de multitud de imágenes a color y todo tipo de esquemas. Y además en español.
  • Apollo: The Definitive Sourcebook, Richard Orloff: las fuentes oficiales de la NASA suelen ser contradictorias en cuestión de cifras y números (duración de las EVAs, hora de cada ignición, etc.). Este libro resuelve todas esas dudas y alguna otra. No se trata de un libro para leer plácidamente antes de dormir, sino que es una obra de consulta con todos los datos importantes del Apolo.
  • On the Moon: The Apollo Journals, Grant Heiken y Eric Jones: este libro cuenta lo que hicieron los doce astronautas que pisaron la Luna. Es decir, se centra exclusivamente en las actividades sobre la superficie. Resume magníficamente y da contexto a la ingente cantidad de información del Apollo Surface Journal.
  • Eight Years to the Moon: The Apollo 11 Mission, Nancy Atkinson: de los pocos libros publicados por el 50º aniversario del Apolo 11 que aportan algo nuevo. Atkinson narra el Apolo 11 de forma original a través de la visión de varios de sus protagonistas, desde astronautas hasta ingenieros. Muy bueno.
  • Digital Apollo: Human and Machine in Spaceflight, David A. Mindell: gran referencia sobre el ordenador del Apolo y los procedimientos que se seguían en las principales fases de las misiones Apolo.
  • The Apollo Guidance Computer: Architecture and Operation, Frank O’Brien: de idéntica temática que el anterior, aunque mucho más técnico y, quizás, mucho más árido. Solo apto para espaciotrastornados de pura cepa.
  • Sunburst and Luminary: An Apollo Memoir, Don Eyles: una biografía que ofrece una visión interna poco habitual del desarrollo del ordenador del Apolo, especialmente en lo relativo al software. Es un libro muy interesante, pero también muy específico y a veces se va por las ramas (en tanto en cuanto habla de otras cosas aparte del Apolo), así que lo recomiendo solo si te gusta mucho la informática retro y su relación con el programa espacial.
  • Failure Is Not an Option: Mission Control from Mercury to Apollo 13 and Beyond, Gene Kranz: mítica biografía del mítico Gene Kranz. Un punto de vista privilegiado del control de la misión y la historia del programa espacial y de la NASA.
  • Apollo Mission Control: The Making of a National Historic Landmark, Manfred ‘Dutch’ von Ehrenfried: cuenta todos los detalles sobre el control de la misión, pero es quizá es demasiado técnico para el gran público.
  • Paving the Way for Apollo 11, David Harland: se centra en la historia de los programas robóticos de exploración de la Luna antes del Apolo 11, o sea, las sondas Ranger, Surveyor y Lunar Orbiter. También habla extensivamente de la selección de los lugares de alunizaje y la geología lunar.
  • Read you loud and clear!, Sunny Tsiao: libro gratuito sobre la historia de la red de estaciones de la NASA.
  • Rocket Ranch: The Nuts and Bolts of the Apollo Moon Program at Kennedy Space Center, Jonathan H. Ward: este libro está dedicado a la historia del que actualmente es el Centro Espacial Kennedy. Árido, pero repleto de anécdotas y detalles muy técnicos poco conocidos.
  • Countdown to a Moon Launch: Preparing Apollo for Its Historic Journey, Jonathan H. Ward: libro muy técnico que es continuación del anterior y cuenta todos los detalles del lanzamiento de los cohetes Saturno (alguno de ellos no los he visto en ninguna otra obra).

 

Resto de entradas sobre el 50º Aniversario del Apolo 11:



49 Comentarios

  1. Gracias por los artículos sobre esta hazaña.
    Me resulta triste el desinterés en mantener el programa Apolo por parte de la población. No conozco tampoco la situación social. Pero creo que han pasado ya muchos años para poder recuperar la ilusión. Y lo único que me encuentro son cada vez más terraplanistas sin ganas de saber qué hay más allá de nuestra atmósfera.
    Me he pasado unas buenas ocasiones intentando razonar el por qué es importante la exploración espacial, al igual que la investigación y ayuda a la conservación de la naturaleza en este bello planeta. Pero … me he dado cuenta de que quizás estaba equivocado. He defendido que lo que se obtiene es más de lo que se invierte. Sin embargo la realidad es que cada vez invertimos menos en explorar o estamos en un equilibrio que nos da lo suficiente como para hacer powerpoints, pero no llevarlos a cabo. Eso me lleva a pensar de que quizás me miento a mi mismo y realmente no existe esa retribución por invertir en ciencia. Si no, si estuviéramos seguros de que es así, invertiríamos más. En lo que más invertimos es en armamento. De largo. Que además también trae mejoras sociales. No se podía mantener, pero es que por un lado ni se molestaron en explicar el por qué, dejaron de invertir, por lo visto. Ya que tenemos que repasar los motivos 50 años después. Pero por el otro, el resto de países, y sobre todo Europa no invierte en exploración tripulada. Cómo vamos a pensar que merece la pena si la inversión es tan pequeña. Es una contradicción en mi forma de entender las cosas. Encima, la oposición social. Hay tanta gente que lee las cifras de gasto espacial y piensan que es mucho, demasiado, aunque si lo comparamos con el gasto social y sobre todo el militar, es de risa. Aún así mantienen ese pensamiento. Aunque lo expliques. En fin … si es tan rentable por qué no invertir más dinero? En fin … disculpen el rollo y gracias por esta estupenda entrada. Qué grande el proyecto Apolo …

    1. Me parece que buscarle un beneficio directo a la exploración espacial es un gran error, la exploración espacial, al menos en las primeras etapas, sirve para darle a la humanidad una meta, un propósito, convertirse en una especie interplanetaria, como lo plantea elon Musk, se trata de la trascendencia de nuestra especie mas alla de los escasos 100 km de gases que nos separan del universo. de eliminar la posibilidad de que un asteroide, catástrofe natural o pandemia extinga nuestra especie, vamos, no tener todos los huevos en una sola canasta. establecer colonias en marte y, con el paso de las décadas y siglos, lograr terraformarlo para que sea habitable, es la máxima utopía humana, crear una segunda tierra que sirva como respaldo genético para todas las especies que conocemos. pero claro, para llegar a ese punto tenemos que recorrer todo el camino previo, y ese camino solo se puede hacer con motivación y esperanza, si vas a querer hacer ese camino buscando un beneficio, jamás lo tendrás, porque el beneficio es algo que solo lo tendrán las futuras generaciones, no nosotros ni los que empiecen el viaje. lastimosamente, vivimos en un mundo donde a la mayoría no les interesan las motivaciones ni los propósitos existenciales como individuos o como especie y que solo piensan en el beneficio personal, o el beneficio a secas, para ese tipo de personas, la idea de una motivación para la especie les resulta una estupidez sin sentido, digna de nerd espaciotranstornados. lamentablemente asi es como piensa la mayoría de la población, de los políticos, etc etc, muy pocas personas ven esa motivación como algo digno de realizarse, y tenemos la enorme suerte de tener a alguien dentro de la industria aeroespacial que tiene esa forma de ver las cosas, elon Musk, aunque pretender que el haga todo solo es utópico, veremos hasta donde le darán las fuerzas para lograr su propósito.

    2. Pues yo soy optimista, Rafa2. Estamos muy cerca de volver a salir de la órbita baja, en esta ocasión para siempre, porque nos quedaremos en la Luna y porque todos subirán al carro.

  2. Muy interesante esta última entrada de tu serie dedicada al ‘50º Aniversario del Apolo 11’, sobre todo, por mostrar puntos de vista y valoraciones sobre el programa Apolo poco conocidos y dejarnos, además, una bibliografía selecta sobre el tema. Pero al final me quedan unas dudas: 1ª El proyecto de transbordador espacial ¿fue un proyecto original de la NASA, o sea, civil, o de los militares, empeñados en tener un acceso rápido y barato a la órbita terrestre? 2ª Si el siguiente gran proyecto de la NASA fueron los transbordadores espaciales, ¿qué significó el Skylab y en qué lugar de la genealogía de proyectos de la NASA lo situarías?

  3. Gracias miles por tan excelentes artículos fruto del conocimiento profundo y esfuerzo. Ahora tengo una visión más completa.
    Ojalá la competencia y nuevas oportunidades de negocio abarate el acceso al espacio más allá de la órbita baja, más allá de las mega-constelaciones.
    ¿Quizás la minería espacial sea el siguiente sueño de los espacio-trastornados?

  4. Cuando crees que sabías mucho sobre la carrera espacial…llega Daniel Marín…y ¡Zas!, en toda la boca. Te agradecemos infinitamente el «bombardeo» constante de información valiosa sobre astronomía y astronáutica.
    La guinda final, es de un valor incalculable…ya estamos tardando en aumentar nuestra biblioteca sobre la era Apollo….que siempre nos parecerá escasa a cualquier espaciotrastornado.
    Mi «biblioteca» sobre la era Apollo se reduce a:
    -Moonfire. Norman Mailer.
    -Objetivo la Luna. Dan Parry.
    -Apollo: The Panoramas. Mike Constantine.
    En principio la voy a aumentar con el libro de Andrew Chaikin, y los de Eduardo García Llama, y Rafael Clemente…De momento.

  5. Muy bueno, como siempre. Las cosas podrian haber sido distintas si hubiera habido alguna manera de reutilizar las etapas de los Saturno. Quizas no al estilo SpaceX pero a la larga hubiera sido mejor que una lanzadera espacial que por icono de los 80-90 que fuera fue un error.

    Lo vuelvo a decir, si alguien quiere leer otro «what if?» en el que la exploracion espacial tripulada no se quedo en la Luna -por un precio bastante alto quizas sabiendo por donde tiramos en el mundo real-, aqui esta:

    https://en.wikipedia.org/wiki/Voyage_(novel)

    Ciencia-ficcion mas dura que el diamante, empleando solo el tipo de tecnologia de la era Apolo o que todo lo mas estuvo desarrollandose en los 60 (cohetes NERVA).

  6. Gracias por esta estupenda serie de entradas que me han hecho revivir la ilusión de cuando vi de niño la llegada a la Luna, pero con datos muy bien explicados.

    La necesidad de sobrevivir ante un peligro inminente es la mayor motivación de los seres vivos, incluidos los humanos, por eso supongo que el peligro que sentían EEUU y URSS fue lo que impulsó la carrera espacial que culminó en la llegada a la Luna. Había que disuadir al contrario demostrando que se podía llegar con rapidez y precisión a cualquier sitio, si hiciera falta incluso montando humanos en el arma, para controlar que alcanzaba su destino con la precisión de los camicaces.

    Estoy seguro de que si ahora se conociera con certeza que dentro de diez años llegaría a la Tierra un asteroide exterminador, para entonces ya tendríamos colonias en los tubos de lava de la Luna y habría una gran flota tripulada con una multitud camino de Marte. Pero como ese peligro no es inminente, sino que ocurre con intervalos de muchos millones de años, no se siente por la mayoría de la población la necesidad de esforzarse en los viajes tripulados.

    Repetir la hazaña de hace 50 años, con sistemas de supervivencia que no sirven más que para el viaje de ida y vuelta, no aporta nada a la humanidad. Si acaso satisface el ego de algunos políticos y el capricho de los más aficionados a la tecnología espacial. En lugar de malgastar en eso, pienso que hay que invertir más en proyectos a largo plazo, como la capacidad de construir en el espacio, con material extraterrestre y mediante máquinas autónomas, naves tripulables, y bases en la Luna, lo bastante grandes como para mantener una colonia humana indefinidamente con energía y recursos sostenibles.

  7. Fantástica serie. Muchas gracias.
    Puestos a especular, pondríamos añadir lo que hubiera sido tener un transbordador espacial con lanzador y orbitador separados, al estilo Energia-Buran. Con esa infraestructura se podría haber vuelto a la luna, se tendría una estación espacial más grande, y mejores sondas…

  8. Vengo atrasado con la lectura, pero no quería dejar de agradecer y felicitarte por esta serie. Para mi fue doblemente satisfactoria la lectura porque estuve en KSC y luego por Washington mientras ibas posteando. Asique imaginate… Muchas gracias!!

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Por Daniel Marín
Publicado el ⌚ 12 agosto, 2019
Categoría(s): ✓ Apolo • Astronáutica • NASA