La elusiva y fascinante historia del agua en la Luna

Por Daniel Marín, el 24 agosto, 2018. Categoría(s): Astronáutica • Astronomía • India • Luna • NASA ✎ 63

La odisea del agua en la Luna no es tan repetitiva como la del agua en Marte, pero casi. Cada cierto tiempo aparece un estudio sobre la presencia de oxidano en nuestro satélite y, como es normal en estos tiempos que corren en los que la capacidad de atención es prácticamente nula, siempre se arma cierto revuelo. Naturalmente, si queremos entender esta historia necesitamos un poco de contexto. La Luna no tiene atmósfera ni, a diferencia de Marte, nunca ha tenido una digna de tal nombre. Eso significa que el agua jamás ha podido fluir por la superficie. Pero es que además la cantidad de agua presente en el suelo lunar es prácticamente nula, otra diferencia significativa con el planeta rojo. Entonces, ¿de dónde viene la idea de que nuestro árido y yermo satélite puede tener agua?

Depósitos de hielo superficiales en el polo sur lunar (izquierda) y polo norte según los datos de la sonda india Chandrayaan 1 (NASA).

Ya en una fecha tan temprana como 1961 algunos astrónomos propusieron que el agua podría acumularse en forma de hielo dentro de algunos cráteres polares cuyo fondo siempre está en sombra. La oscuridad en el fondo de estos cráteres es fruto de la pequeña inclinación del eje de rotación de la Luna, que solo es de 1,5º. Muy bien, ¿pero de dónde procedería esta agua si la Luna es más seca que una mojama? Pues del choque de cometas y asteroides con alto contenido en volátiles. El agua se sublimaría en la colisión con la Luna y se dispersaría por gran parte de la superficie en forma gaseosa. Con el tiempo desaparecería para perderse en el espacio, pero una pequeña cantidad podría acumularse en el fondo de estos cráteres que nunca ven la luz del Sol.

Mosaico de imágenes del polo sur de la Luna visto por la sonda Clementine. Se aprecian las zonas en sombra (NASA/DoD).

Desgraciadamente, a pesar de las numerosas misiones espaciales que se lanzaron en los años 60 y 70, no sería hasta los años 90 cuando pudimos disponer de un mapa del relieve lunar lo suficiente detallado como para estimar la superficie de los cráteres polares que se hallan en sombra permanente, que hoy sabemos que ronda los 13.000 kilómetros cuadrados. Tuvimos que esperar a 1994 para que la sonda Clementine —un curioso proyecto en el que colaboraron la NASA y el Departamento de Defensa— pudiera fotografiar por primera vez las hasta el momento hipotéticas regiones de sombra perpetua. Pero una cosa es que haya cráteres donde se puede acumular el hielo permanentemente y otra cosa muy distinta es que realmente lo haga.

La sonda Clementine (NASA).

La propia sonda Clementine intentó detectar hielo en el fondo de los cráteres polares usando una ingeniosa técnica de reflexión de radar usando estaciones terrestres, pero los resultados no fueron concluyentes. Aunque la mayoría de investigadores de la misión afirmó en su momento que la pequeña nave había detectado agua, la comunidad científica no se mostró muy impresionada. En 1998 la NASA lanzó la sonda Lunar Prospector para detectar hielo en los polos como uno de sus objetivos principales. Y, efectivamente, el espectrómetro de neutrones de la sonda detectó indirectamente la presencia de hidrógeno en el fondo de los cráteres polares. Instrumentos similares a bordo de sondas marcianas han sido los encargados de descubrir los gigantescos depósitos de hielo bajo la superficie del planeta rojo, pero los datos de la Lunar Prospector tampoco fueron concluyentes. El problema es que el hidrógeno podía provenir no solo de moléculas de agua —lo más probable—, sino también de grupos hidroxilo (OH) y átomos de hidrógeno. O sea que sí, había agua en la Luna, pero nadie podía decir cuánta exactamente ni a qué profundidad, ni tampoco si había acumulaciones de hielo puro en el fondo de los cráteres. Los científicos de la Lunar Prospector estimaron que debían existir unas tres mil millones de toneladas (3 x 1012 kg) de hielo en los polos lunares. Ahora bien, obviamente no es lo mismo que este hielo se encuentre en forma de depósitos prístinos sobre la superficie que el que esté mezclado con el regolito lunar.

Sonda Lunar Prospector (NASA).
Datos de la Lunar Prospector sobre la concentración de hidrógeno en los polos lunares (NASA).

La diferencia es fundamental porque en el primer caso estamos hablando de un recurso que se podría usar para sustentar una base lunar. El agua se puede emplear para generar oxígeno e hidrógeno mediante hidrólisis, o sea, por el mismo precio tenemos asegurado el suministro de agua, oxígeno y combustible. En el segundo caso, sin embargo, la explotación del hielo sería mucho más compleja con la tecnología actual y el uso de tecnologías ISRU (In-Situ Resource Utilization) no sería tan atractivo. Los estudios de radar realizados con observatorios terrestres a principios de la pasada década favorecían la última opción, pero, una vez más, no eran concluyentes. Hacían falta más datos. En 2005 la administración Bush Jr. dio luz verde al Programa Constelación con el objetivo de poner un ser humano en la Luna en 2020. Como paso previo había que aclarar de una vez por todas varios misterios lunares, incluyendo el polémico asunto del hielo polar. Más que nada porque el Programa Constelación preveía la instalación de una base lunar cerca del polo sur para aprovechar el supuesto hielo. Como resultado, en 2009 la NASA desarrolló y lanzó las sondas LCROSS (Lunar CRater Observation and Sensing Satellite) y LRO (Lunar Reconnaisance Orbiter).

Las sondas LRO (arriba, plateada) y LCROSS (naranja) antes del lanzamiento (NASA).

LCROSS se estrelló a propósito contra el polo sur lunar para ver si la etapa Centaur que previamente había chocado contra la zona del cráter Cabeus levantaba algo de agua en el impacto. Los resultados fueron, para variar, no concluyentes. Parecía haber hielo, pero muy poco. Después de múltiples análisis los investigadores llegaron a la conclusión de que el regolito de los polos lunares contenía un 5,6% de hielo aproximadamente. Poco a poco la hipótesis de que el hielo lunar estaba mezclado con el regolito se fue imponiendo. Eran malas noticias para una base lunar, aunque no importó mucho porque el Programa Constelación sería cancelado al año siguiente.

Antes y después del impacto de la etapa Centaur contra el polo sur de la Luna (NASA).
El polo sur lunar y un planeta habitable visto por la sonda japonesa Kaguya. Se aprecia el cráter Shackleton, en cuyo borde la NASA quería instalar una base lunar aprovechando el hielo de su fondo (NHK/JAXA).

Por su parte, LRO comenzó a buscar evidencias del elusivo hielo lunar usando todos los recursos posibles. Por un lado se usó el altímetro láser LOLA para comprobar si la reflectividad del suelo de los cráteres en los polos era homogénea o no. Por otro, se empleó un radar. En ambos casos, adivinen la respuesta, los resultados fueron confusos. El instrumento ruso LEND confirmó y refinó los datos del espectrómetro de neutrones de la Lunar Prospector, mientras que el instrumento DIVINER demostró que la temperatura el fondo de los cráteres polares se mantenía entre los —234 y los —121 ºC, más que suficiente para permitir la presencia de hielo de forma continua. Pero en realidad ya se sabía desde 2007 que los cráteres en sombra permanente no tenían grandes depósitos de hielo puro sobre su superficie merced a las imágenes de la sonda japonesa Kaguya.

Datos del espectrómetro de neutrones ruso LEND a bordo de la sonda LRO sobre la presencia de hidrógeno en el polo sur lunar (NASA/Roscosmos).
El fondo del cráter Shackleton del polo sur lunar, sumido en sombra perpetua, visto por Kaguya usando la luz dispersa por las zonas iluminadas. No hay grandes depósitos de hielo puro (JAXA).
Temperaturas de los cráteres del polo sur lunar durante el día y la noche según la LRO (NASA).

Así que a principios de esta década estaba claro que el hielo lunar era escaso y se hallaba mezclado en su mayor parte con el regolito. Algunos optimistas seguían pensando que podían existir pequeños depósitos de hielo puro en la superficie del fondo de los cráteres polares, pero había que demostrarlo. ¿Y por qué es tan esquivo el hielo lunar? Principalmente porque las observaciones —en el visible, en el ultravioleta, usando altímetros láser o con espectrómetros de neutrones— no son capaces de discriminar claramente la presencia de agua —o sea, hielo— de la de hidrógeno y grupos hidroxilos mezclados con el regolito. Los grupos hidroxilo y el hidrógeno pueden provenir del agua, sí, pero también del viento solar (formado principalmente por protones). Llegados a este punto conviene separar el enigma del hielo en los polos con la detección de moléculas de agua y radicales hidroxilo en otras partes iluminadas de la Luna, un tema que también ha sido noticia en el pasado. Este «agua» procede de la interacción del regolito con el viento solar y, aunque se trata de un fenómeno muy interesante, se encuentra en forma gaseosa y en cantidades insignificantes.

Tampoco debemos confundirnos con el agua encontrada en el interior de las rocas lunares. Efectivamente, ahora sabemos que las rocas selenitas contienen hasta un 0,0o5% de agua. Sin duda es muy poco y no es aprovechable, pero estas trazas de agua han puesto en jaque el modelo tradicional de formación de la Luna. Según este modelo la Luna nació de la colisión entre la prototierra y un protoplaneta del tamaño de Marte —o más pequeño— denominado Theia. Pero de acuerdo con las versiones más simples de este modelo la Luna debería estar completamente seca, que no es el caso, así que debemos revisar los procesos de formación de nuestro satélite (la hipótesis más aceptada hoy en día es que el choque con Theia tuvo lugar, pero primero se formó una estructura de material fundido denominada sinestia). En cualquier caso, estas otras «aguas» no tienen nada que ver con el hielo polar.

Sonda india Chandrayaan 1 (ISRO).

¿Cómo aclarar este embrollo de una vez por todas? Pues una solución pasa por observar en el infrarrojo cercano. En estas longitudes de onda la firma espectral del agua es meridianamente clara. En 2008 la sonda india Chandrayaan 1 llegó a la Luna provista del espectrómetro infrarrojo M3 (Moon Mineralogy Mapper), suministrado por la NASA, dispuesta a resolver el misterio para siempre. El instrumento detectó agua, pero lamentablemente el rango de longitudes de onda en el que trabajaba no era lo suficientemente amplio como para distinguir inequívocamente el agua de los grupos hidroxilos. Y así quedaron las cosas hasta que el pasado 20 de agosto un grupo de investigadores publicó los resultados de un nuevo análisis de los datos del instrumento M3 tomados hace casi una década. La novedad es que los investigadores han podido aprovechar la luz indirecta que incide en las regiones de sombra de los cráteres permanente para detectar la firma espectral del agua. En su momento este análisis no se pudo hacer por el ruido sistemático de las observaciones, pero los investigadores, liderados por Shuai Li, han ideado una nueva técnica que permite obtener espectros viables.

Instrumento estadounidense M3 a bordo de la Chandrayaan 1 (NASA).

La conclusión es que existen depósitos de hielo lunar en varios cráteres con sombra permanente alejados hasta un máximo de 20º de cada polo lunar. Vamos, algo que ya era conocido. Pese a lo que han señalado muchos medios, la «noticia» es de todo menos nueva. Como hemos visto, desde finales de la década pasada sabíamos con seguridad que existía agua en la Luna. O, mejor dicho, hielo en los cráteres polares. La novedad es que en este caso estamos ante una prueba definitiva —el espectro del agua no miente— de que existe hielo puro sobre la superficie de los cráteres. Evidentemente, y como ya demostraron las sondas LRO y Kaguya, la extensión de los depósitos tiene que ser muy pequeña, pero algo es algo. Por poco que sea, el hielo puro superficial puede ser fácilmente aprovechado por humanos y máquinas para la exploración espacial. O, lo que es lo mismo, supone la diferencia entre explorar la Luna o no hacerlo.

Los depósitos de hielo puro a partir de los datos combinados de las sondas Chandrayaan y LRO (Shua Li et al.).

Pero persiste la duda de cuánto hielo hay en la Luna. La estimación de tres mil millones de toneladas contrasta con la cantidad de hielo descubierta en los cráteres polares de Mercurio, que se cree debe ser mil veces superior (!). Sí, como lo oyes, el planeta más cercano al Sol tiene en sus polos mucho más hielo —y hielo negro, para más inri— que nuestro satélite, a pesar de que la superficie en sombra permanente es inferior (0,12% en Mercurio y 0,16% en la Luna). La mayor gravedad de Mercurio y las intensas interacciones con el viento solar pueden estar detrás de esta diferencia. Además se cree que la Luna ha sufrido cambios en la inclinación de su eje de rotación que habrían destruido parte de sus depósitos de hielo originales. Curiosamente, el planeta enano Ceres es el tercer cuerpo del sistema solar en el que sabemos con total seguridad que existe hielo en los cráteres polares.

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Cráteres del polo norte de Mercurio con sombra permanente con depósitos de hielo (Deutsch et al.).

En definitiva, sí, hay hielo en la Luna y sí, parte del mismo se encuentra en acumulaciones relativamente puras sobre la superficie. Ahora queda averiguar cuánta cantidad estamos hablando y qué entendemos por «puro». Pero no cabe duda de que la posibilidad de utilizar el hielo lunar de cara a la exploración de nuestro satélite y del resto del sistema solar es a día de hoy mucho más sólida.

Referencias:

  • http://www.pnas.org/content/early/2018/08/14/1802345115
  • https://www.jpl.nasa.gov/news/news.php?feature=7218


63 Comentarios

  1. Muchas gracias Daniel por tu reportaje tan cuidado e interesante como siempre. Dices “La Luna no tiene atmósfera ni, a diferencia de Marte, nunca ha tenido una digna de tal nombre.” y yo tengo dudas de que sea correcto. Hace no muchos días aparecía una noticia que habla sobre la posible atmósfera antigua de la Luna https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/la-luna-tuvo-atmosfera-confirma-la-nasa-211507284442 y es que posiblemente en una etapa muy temprana y durante un breve periodo de tiempo la Luna tuvo vulcanismo, no hay más que ver los océanos de lava solidificada. Si hay vulcanismo, hay gases, y si hay gases hay atmósfera. Los materiales con los que se formó La Luna no tienen por qué ser muy distintos que los de La Tierra, de hecho ambos compartieron material, así que durante algunos miles de años, La Luna tuvo que ser como un cometa gigante, hasta que definitivamente perdió su atmósfera.

    1. Sabía que alguien me comentaría algo así, jeje. La Luna tuvo una atmósfera primigenia, efectivamente, pero su duración fue muy breve y dudo mucho que el agua fluyese por su superficie en algún momento, pero quién sabe. En cualquier caso, no era el tema de la entrada y por eso decidí simplificar el asunto.

      1. De haber corrido el agua habrian quedado restos -en Marte los hay, y en la Luna que apenas tiene atmosfera hoy se habrian conservado mucho mejor-, asi que salvo que hubiera sido en muy pocas cantidades que no hubieran dejado apenas huella (charcas o ni eso) nada.

        Eso si, una Luna con atmosfera habria sido una vista interesante desde aqui -nubes, los cuernos del creciente lunar prolongandose…-

  2. Yo había leído que un grupo de científicos de la había planteado que era a más fácil terraformar la luna que marte no se que pensaran otros “científicos” del blot pero me párese fatible si se la bonvardea con cientos de cometas ricos en amoniaco la única pega es que tendríamos que traerlos desde el cinturón de kiuper ?

    1. No creo que ni la gravedad ni el campo magnético sean adecuados para una atmósfera o una colonia. Nos acercamos demasiado a la microgravedad y el deterioro del cuerpo humano tras días. A ver cuando enviamos humanos a marte para cuantificar el deterioro y evaluar si al menos dentro de recintos cerrados podemos sobrevivir indefinidamente.
      Siento echar agua congelada sobre la idea de terraformar la luna. Pero no me hagas mucho caso

    2. Esos científicos deberían saber que con la gravedad de la Luna es imposible retener una atmósfera lo suficientemente densa para respirar o para que el agua no se evapore inmediatamente. Es inviable completamente por mucho que bombardeen. (Bueno a no ser que bombardeen TANTO como para aumentar sinificativamente la masa lunar, XD)

  3. A veces me pregunto … Si la misión no ofrece datos concluyentes, merece la pena esperar más a una misión de más alto nivel que dé respuestas inequívocas? Parece que nos damos mucha prisa en obtener datos ambiguos. Seguro que los científicos que conocen las misiones de cerca tienen muchos argumentos válidos para explicar esta situación. La ignorancia es muy atrevida a la hora de cuestionar la forma con que se hacen las misiones
    Gracias por el artículo Daniel. Es muy interesante.

    1. ¿Por qué no se podía usar el Hubble que permite captar en infrarrojo cercano para captar la señal de agua en los polos de las lunas? Por tema de ángulos o distancia? se necesita un espectrómetro y no lo tiene el Hubble?

      1. Ovbiamente la respuesta es la imposibiliadad de llegar a ver los polos de la Luna -el ángulo como bien dices- esa es una zona de oscuridad total, donde salvo estrellando objetos (ya se ha hecho) es imposible la observación para un telescopio orbitando la Tierra. La mejor forma es llegando allí con algún tipo de rover, pero el problema es que sin luz, se necesitar una gran bateria o directamente un RTG de plutonio… algo caro debido a su escasez.

        Si fuese tan sencillo ya lo hubiesen realizado.

        Saludos.

        1. Muchas gracias por tu respuesta. No lo sabia.
          El tema de la energía en la cara oscura, no lo había pensado … es un problema a resolver. A lo pronto, un RTG es una opción. Si las necesidades creciesen, pues, no sé cuál sería la mejor opción. No sé qué tal andan de cobre por la luna, para pasar un largo cable desde la zona visible, pero quizás dos grandes espejos para direccionar la luz del sol hasta la zona de los paneles solares … es que no sé si la energía de fisión, estaría disponible. No sé si un reactor nuclear recargable es factible para la luna. Pero vamos que a corto plazo un RTG sería lo suyo. Es que ni tiene atmósfera para eólica, ni luz, ni marea, ni contrastes de temperatura. Luego se pensará en algo a medio plazo.
          Un cordial saludo

          1. Uf! Qué vergüenza … He confundido cara oculta como si fuera cara oscura de la luna. Los ciclos de día en la luna no sé como funcionan. Disculpa.

  4. Grandes noticias para la Base Lunar, esperemos que todo los planes y hardware se prepare en esta nueva década…

    Hablando de esto, Daniel han salido noticias que Rusia prepara dinero para la futura familia del lanzador pesado Energía 3 y 5…

    Esperemos que se apueste de una vez por la colonia Lunar…

    1. Perdona, hablo más de lo que debería.
      Tu comentario supongo que irá dirigido a encontrar Deuterio en el agua de la luna, que es parte de la reacción de fusión junto al Helio 3. A veces, con tanto offtopics que creo, me olvido del tema que trata el artículo.
      No entendí lo que querías resaltar del interés de encontrar agua en la luna.

      1. Creo que TACuster se refiere a la proporción Deuterio/Hidrógeno (isotope ratio) del agua lunar, pues de ello depende que sea apta o no para consumo humano.

        Las impurezas puedes filtrarlas, o eliminarlas mediante procesos químicos relativamente sencillos, pero quitarle neutrones al “agua pesada” (D2O) para convertirla en “agua” (H2O) es bastaaante más complicado y costoso.

        Saludos.

  5. Fantástico artículo! Una pasada!
    Yo pensaba que sí había un cierto ciclo del agua en base al viento solar, y que terminaba en los polos. Supongo serán cantidades despreciables, como dices.

    1. Sí, podrían estar relacionados. De hecho ese ciclo se cree que es mucho más activo en Mercurio y explicaría la abundancia de hielo allí. Pero no he querido mezclar ambos conceptos para evitar confusión.

  6. Muy interesante el artículo cómo siempre. Leyendo el artículo me ha surgido una duda. Comentas que el viento solar está formado en su mayor parte por protones. ¿Sería factible capturar esos protones y convertirlos en hidrógeno?

    1. Sí, yo también comenté esta misma noticia en el artículo sobre la misión Chang’e 4.
      Además China está impulsando bastante que empresas privadas se metan en el desarrollo de cohetes.
      Es una alegría para los que deseamos cierta competencia con el fin de abaratar costes y lograr metas más importantes, en vez de estar sin mejorar la productividad.
      Espero que el CZ-5 no tenga fallos esta vez. Porque de lo contrario van a volver a retrasar su uso. Imagino que la baja cadencia con el CZ-5 se produjo por este fallo. Puede ser que se considere comprensible. El Ariane 5 tuvo fallos en sus 2 primeros vuelos en la década de los 90. Es algo mejor que el modelo ES del Ariane 5 21.000kg a LEO, en cambio el Larga Marcha 5B o CZ-5B 25.000kg a LEO. Aunque habrá otros modelos menos potentes para cargas menos exigentes. Todo esto lo sé porque estoy transcribiendo de Wikipedia, no porque sepa algo de memoria. El Ariane 6, de entrada no ofrece más potencia, sino un proceso de fabricación la mitad de barato, sin usar reutilización. Un gran logro. No obstante siempre miro al Saturno V de hace 50 años y deseo que la ESA tuviera en mente un cohete de gran potencia como el Saturno V, el próximo BFR o el futuro CZ-9.

      https://danielmarin.naukas.com/2016/04/17/el-cohete-larga-marcha-cz-9-el-sls-chino/

      ¿Para cuando noticias sobre el BFR? Los meses pasan y sólo sabemos de los ataques constantes de los medios a Elon Musk y su fábrica de coches eléctricos … Dragon V2 vemos que va el desarrollo según lo previsto a pesar de un corto retraso para tenerlo listo. No sé cómo pueden hacer tantas cosas a la vez … sí son mucha gente.

      Gracias por tu comentario aunque sea offtopic 😉

  7. POR QUÉ EL HUMANO QUIERE COLONIZAR MARTE Y PRIMERO COMO EXPERIENCIA PREVIA NO LO HA HECHO EN LA LUNA, QUE ESTÁ TAN CERCA ?????????????????????????’!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.

    1. Si se quiere colonizar algo, es porque hablamos de permanecer. La luna no es colonizable. Lo más evidente es la falta de gravedad. Si estás varios meses sin gravedad, el cuerpo humano deja de funcionar correctamente. Esto en Marte podría ser que no ocurriese (está por comprobar). A la luna, lo que se puede hacer es enviar personas de vez en cuando, como hacemos en la ISS, pero tienen que volver o su salud peligrará inevitablemente.

      1. Eso de que que no existe gravedad en la Luna no es cierto, ni siquiera se puede considerar micro-gravedad.
        La no existencia de gravedad se llama ingravidez. La micro-gravedad es CASI ingravidez, para efectos prácticos son sinónimos.

        La Luna tiene una gravedad de ~1,62 m/s², lo que equivale a 6 veces menos gravedad que en la Tierra.

        El planeta Marte tiene una gravedad de ~3,711 m/s², lo que equivale a 6 veces menos gravedad que en la Tierra que es un ~37% la de la Tierra. Y equivalente a casi 2 veces al de la Luna.

      2. yo creo que una forma de compensar, el que la gravedad en la Luna sea seis veces menos que en la Tierra, es vivir en exo-esqueletos que con su masa sumada a la masa del cuerpo humano generen el mismo peso en la Luna que en la Tierra.

        1. He leído de que en muchos casos puede compensar algunos síntomas mediante un sobrepeso como un exoesqueleto, tal como dices o bien hacer ejercicios. No obstante tengo dudas de que sea perfecto. Leí que ocurren otras cosas a nivel interno del cuerpo. Como por ejemplo la redistribución de líquidos en el cuerpo y defectos en la visión. Y la pérdida de cálcio en los huesos, pues no sé si poner pesos ayudará también. Pero claro, estoy hablando de ausencia de gravedad. Con gravedad de 1.6m/s2 en la Luna, y 3.7m/s2 de Marte no sé cómo se comportará el cuerpo respecto a 9.81m/s2 de la tierra.

          https://es.wikipedia.org/wiki/Efectos_del_viaje_espacial_en_el_cuerpo_humano

        2. La idea sería compensar el peso faltante, vistiendo un “traje” que aporte peso extra repartido equitativamente por todo el cuerpo. Es una idea casi viral, la he visto comentada en numerosas ocasiones. Y es que en principio parece tener sentido.

          Por ejemplo, un colono lunar vistiendo dicho “traje”, al caminar estaría esforzando sus músculos de manera similar a como lo haría en la Tierra, sus huesos estarían soportando similar carga y tensión, su sistema cardiovascular estaría obligado a trabajar a similar ritmo…

          Suena lógico que así se evitarían el debilitamiento muscular, la descalcificación ósea, la atrofia cardiovascular, la redistribución anómala de fluidos, etc.

          Pero a poco que se piense, empiezan a vérsele grietas a la idea. Vestir el “traje” tendría nulo o escaso efecto beneficioso en momentos de inactividad física, como durante las 8 horas de sueño o durante una jornada laboral consistente en estar sentado frente a una pantalla de ordenador.

          Porque una cosa es que tu peso provenga “desde adentro”, que cada átomo de tu cuerpo tenga el peso correcto…. y otra cosa muy distinta es que la mayor parte de tu peso provenga “desde afuera”, mediante una fuerza aplicada sobre tu piel.

          Gracias al “traje” tu peso corporal total en la Luna es el mismo que en la Tierra, vale. Pero tus fluidos y órganos internos NO pesan lo mismo, lo cual repercute sutilmente en toda tu fisiología, y a la larga parece que termina provocando efectos adversos nada sutiles en los sistemas endócrino e inmunológico, por mencionar sólo un par de ejemplos.

          Digo “parece” porque hasta donde sé no hay estudios exhaustivos de la fisiología humana bajo condiciones de gravedad lunar o marciana. Sí los hay bajo condiciones de microgravedad, y de ahí se puede extrapolar. La validez de tal extrapolación está en tela de juicio, pero hasta no contar con datos cabales deberíamos asumir como válido el peor escenario extrapolable, simplemente por precaución.

          Así pues, asumiendo lo peor, no veo cómo el hecho de vestir el “traje” podría, por sí solo, prevenir ese par concreto de efectos adversos. Además, el uso prolongado del “traje”, ese peso anómalo sobre la piel, podría terminar provocando sus propios efectos adversos, como trastornos cutáneos y subcutáneos.

          Todo esto me lleva a pensar que la solución (si la hay) a los efectos fisiológicos adversos de la baja gravedad pasa por un conjunto multidisciplinario de herramientas y procedimientos. El “traje” podría ser una de esas herramientas, pero por sí solo no creo que pueda ser más que un paliativo, un retardador de los efectos adversos.

          Y luego todavía me quedan serias dudas acerca de qué tan viable o práctico sería el uso de semejante “traje”. Podemos construirlo, pero… ¿podemos usarlo?

          Porque sucede que masa y peso son dos cosas muy distintas.

          La masa es la cantidad de inercia de un cuerpo. En condiciones no relativistas, la masa es la “cantidad de materia” de un cuerpo. La masa se mide en Kilogramos (kg).

          El peso es una fuerza (peso = masa x aceleración gravitatoria) y se mide en Newtons (N) o Kilogramos-fuerza (kgf).

          Volviendo al ejemplo del colono lunar, supongamos que es una persona cuya masa corporal es de 60 kg. En la superficie de la Tierra esta persona pesa 60 kgf. En la superficie de la Luna pesa 10 kgf.

          Misma masa, misma inercia, lo único que cambia es el peso porque la aceleración gravitatoria lunar es 1/6 de la terrestre.

          Para que este colono (60 kg) pese 60 kgf en la superficie lunar hay que multiplicar x 6 su masa (360 kg). Hay que “engordarlo” con 300 kg de “traje”.

          300 kg de masa extra repartidos equitativamente por todo el cuerpo, genial. El colono se siente feliz, ahora su cuerpo y extremidades pesan lo mismo que en la Madre Tierra.

          Pero hay un pequeeeño problema: su inercia se ha multiplicado x 6. El peso de sus extremidades es el correcto, pero ponerlas en movimiento o detenerlas requiere esfuerzo x 6.

          El pobre colono tiene que aprender de nuevo a caminar, a dominar con precisión sus brazos y manos, y así sucesivamente. Tiene que olvidarse de toda su “memoria muscular” y aprender una nueva coordinación.

          Quizás la elección de la palabra “exo-esqueleto” implica el concepto de “traje mecanizado”. Pero recordemos que toda la idea del “traje” radica en “darle más trabajo” a los músculos, huesos y corazón del colono. Por lo tanto la asistencia de servomotores para compensar la inercia no tendría mucho sentido.

          De hecho, toda la idea no tiene mucho sentido. ¿Vale la pena el entrenamiento para dominar el uso de un “traje” tan engorroso… siendo que su beneficio para la fisiología humana es desde un principio harto dudoso?

          Quizás la respuesta sea “no” para la Luna y “sí” para Marte. Pero mientras no haya estudios exhaustivos…

          Saludos.

      3. Creo que la principal contra de la Luna respecto a Marte no era la diferencia gravitatoria, sino la disponibilidad de agua. El descubrimiento que se menciona en esta nota, de depósitos de hielo puro en lugar de regolito, podría cambiar esta percepción. Igual, habrá que ver las cantidades, porque si las concentraciones de hielo puro en esos cráteres no alcanzaran a un kg por hectárea, seguirían siendo insuficientes. En Marte se sospecha que podría haber concentraciones de hielo puro de muchas toneladas en lugares no inaccesibles. Hubo un post de Daniel donde mencionaba la posibilidad de encontrarlos a pocos metros de la superficie.

        1. el problema de la luna no es que haya escasez de agua,
          sino ese abrasivo y fino polvo lunar ultraseco y eléctricamente cargado, que es mata células y cancerigeno, que al verlo en microscopio tiene puntas y filos que fácilmente penetran al cuerpo humano a través de las paredes pulmonares.
          Astronautas que pisaron la luna enfermaron porque alcanzo a meterse en la nave, y cuando volvieron a la tierra duraron semanas en un estado molesto de salud.

      4. No sólo eso. ¿quién rábanos querría vivir en la Luna, pudiendo hacerlo en la Tierra?
        Debemos considerar ese tipo de bases científicas al estilo de las de la Antártida, con gente haciendo campañas de un año o así. Nada de vivir siempre en la Luna, por lo menos no en el presente milenio.

    2. Bueno…disculpas Jorge. En realidad, no sé cuanto pueden estar con una gravedad baja como la de la luna y tampoco si es posible mantener una vida normal desde ese punto de vista en Marte. Que yo sepa nadie ha muerto por deterioro del cuerpo en gravedad baja. Lo que sí parece más cómodo cuanto más se acerque a la gravedad de la tierra, el astro que vayamos a colonizar. Mejor que te responda uno que sepa.

      Un cordial saludo

  8. han destruido la tierra y contamibado el agua fel planeta tierra de un modo atroz..y siguen pensando en utilizar el agua pura de otros planetas para la investigación.. No se puede creer..

  9. OT: Hablando de RTGS, ¿Alguien tiene idea de cuanto puede costar uno ?, por ejemplo de unos 300W eléctricos como el de la New Horizonts, ¿y de cuanto puede costar un kg de PU238?.

        1. Lee Majors usó uno de esos en los 70.
          La broma le costó un ojo de la cara.
          Y un brazo. Y las dos piernas.
          Y encima 6 millones de dólares.
          Dólares de la época 🙂

    1. Difícil encontrar esos datos de costos, por ahí leí que a precios del año 2016 el sistema de GPHS-RTG montado en la nave espacial Cassini-Huygens costo unos 215 millones de dolares, y el sistema MMRTG colocado en el MSL (Rover Curiosity) costo unos 94 millones de dolares.

  10. …Pero no cabe duda de que la posibilidad de utilizar el hielo lunar de cara a la exploración de nuestro satélite y del resto del sistema solar es a día de hoy ” mucho más sólida”. ??

    Esas perlitas de Daniel.

  11. mi pregunta es: ¿como se llegaría al fondo de esos cráteres?
    Olvidaros de vehículos, ni en la tierra tenemos cacharros para subir a lo alto del crater y luego descender por las empinadas pendientes. Son muchos kilometros en oscuridad absoluta

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