Eligiendo un lugar de aterrizaje en Europa, la luna de Júpiter

Europa, la luna de Júpiter, es uno de los mundos con mayor potencial de habitabilidad del sistema solar gracias a su hipotético océano interior. ¿Pero cómo podemos estudiar un océano que se halla a kilómetros de profundidad bajo la corteza de hielo? En el caso de Encélado la naturaleza nos lo ha puesto más fácil y parte del océano interno de esta pequeña luna de Saturno escapa al espacio exterior a través de géiseres. Europa, sin embargo, no tiene unos chorros similares que conecten el océano con el espacio exterior. Hace dos años el telescopio espacial Hubble descubrió en Europa indicios de unos géiseres similares a los de Encélado, pero nadie ha sido capaz de volver a detectarlos. Si de verdad existen, lo más probable es que se trate de un fenómeno pasajero, así que por ahora no podemos contar con ellos para analizar el océano europano.

Terreno caótico de Europa visto por la sonda Galileo (NASA).
Terreno caótico de Europa visto por la sonda Galileo (NASA).

Otra opción es analizar la superficie de Europa en busca de compuestos que provengan del interior del satélite. Si, como creen muchos investigadores, la superficie está conectada directamente con el océano, algunas sustancias disueltas en este estarán también presentes en el exterior. En este caso no necesitaríamos excavar kilómetros de hielo para estudiar las aguas de Europa y bastaría con hacer aterrizar una sonda para estudiar la composición del océano. Pero, y aunque parezca sorprendente, no es imprescindible mandar una nave espacial para analizar la superficie de Europa. Podemos usar telescopios terrestres para la tarea, aunque por supuesto con un grado de resolución muy limitado.

 

Precisamente eso es lo que hicieron hace un par de años los astrónomos Mike Brown -el popular ‘asesino de Plutón’- y Kevin Hand. Analizando espectros de Europa obtenidos con el observatorio Keck de Hawái, los dos investigadores propusieron que el sulfato de magnesio (MgSO4) que existe en la superficie se ha formado a partir de cloruro de magnesio (MgCl2) procedente del océano y azufre proveniente de la cercana y volcánica luna Ío. Dicho en otras palabras, el agua del océano de Europa es capaz de llegar a la superficie y además es salada. Ahora bien, ¿por dónde sale el agua del océano? Huelga decir que esta es una pregunta fundamental si alguna vez queremos hacer aterrizar una sonda en Europa.

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Sustancias y reacciones químicas en la superficie de Europa (NASA).

Desde que la sonda Galileo fotografió Europa en alta resolución se ha sospechado que el llamado terreno caótico está formado por regiones donde se está transportando material directamente desde el océano hasta la superficie. Un simple vistazo a una imagen de este tipo de terreno, formado por bloques que parecen icebergs fragmentados ‘flotando’ en un mar recientemente congelado, es suficiente para entender por qué. Pero, siempre hay un pero, hasta ahora nadie ha demostrado que, efectivamente, el terreno caótico guarde alguna relación con el océano interno más allá de su curiosa morfología, así que su verdadero origen bien podría ser otro muy distinto.

Pues bien, Brown y Hand, junto con Patrick Fisher, han publicado un nuevo estudio en el que parecen confirmar que sí, que el terreno caótico está relacionado con el océano interior. El trío de investigadores no ha podido analizar en detalle la composición del terreno caótico debido a las obvias limitaciones instrumentales derivadas de la lejanía del objetivo, pero ha aplicado una ingeniosa técnica para descubrir las zonas de Europa más peculiares. Con casi 1600 espectros distintos de la superficie de toda Europa obtenidos con el espectrógrafo OSIRIS del telescopio Keck II a su disposición se dedicaron a analizar las distintas contribuciones espectrales y descubrieron que la superficie de Europa está dominada por tres grupos de zonas con composiciones distintas. Los dos primeros eran ya conocidos y coinciden con las regiones donde predomina el hielo puro y las sustancias creadas por la actividad volcánica de Ío y la acción de la radiación de la magnetosfera de Júpiter, respectivamente. El tercer grupo es nuevo, y esta es la sorpresa, coincide con gran parte del terreno caótico de Europa. En concreto, con la zona de Powys Regio.

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Mapa espectral de Europa. En rojo lo que se supone una mayor concentración de sales, coincidente con la región caótica de Powys Regio (Fischer et al.).

Lamentablemente, la resolución de los espectros es insuficiente para saber cuál es la composición de las sustancias detectadas, aunque se supone que son sales de algún tipo. Pero el hecho de que coincidan con el terreno caótico son una prueba adicional de que en estas zonas el agua del océano ha estado en contacto con la superficie hace relativamente poco. Durante la próxima década una sonda de la NASA estudiará Europa en detalle. Con suerte, esta nave llevará una pequeña sonda de la ESA que podría analizar la superficie de esta luna por primera vez. Ahora ya sabemos dónde aterrizar.

Referencias:

 



15 Comentarios

  1. Quizá sería mejor analizar lo máximo posible desde la órbita y dejar aterrizadores para cuando la tecnología nos garantice mejores opciones. Es más, una sonda de superficie puede hacer poco, incluso nada, según las circunstancias, una buena batería en órbita es mucho más útil y cubre toda la luna cada pocas horas. Se puede hacer no poco. Es que mirando los precedentes en la Tierra las probabilidades de hacer estropicios son altísimas… Y eso no va a redundar en favor del tema.

  2. ¿No tendrán los japoneses ganas de construir otra hayabusa 2 y empotrarla en CLEO/P? Se evita prácticamente el problema de la contaminación y nos traemos las muestras para casa.
    Aunque la ESA se quede con dos palmos de narices, pero es que la ocasión lo merece

  3. ¡¡Qué se podría hacer en exploración espacial con los beneficios de Apple!!
    ¡¡Lástima de presupuestos raquíticos con tanto por descubrir!!

  4. 10 años para una sondita? Pues más motivos para acelerar los proyectos de los telescopios terrestres de 30+ metros (Magallanes 24, TMT de 30 y el E-ELT de 39). Con eso tendrían una resolución muy superior para hacer espectros de TODO el sistema solar -y no de una luna o dos beneficiadas con una sonda. Además está el detalle crucial: una sola sonda “de bajo costo” sale lo mismo que el más grande telescopio terrestre planeado. Lo que es ridículo en comparación a la ciencia que otorga uno y el otro (objeto especializado y de uso por tiempo muy limitado; objeto de ciencia general, para usar por décadas, poder ir actualizando con nuevas ópticas AO, nuevos espectrómetros, nuevos coronógrafos, par apuntar a todo lo que se quiera: planetas, agujeros negros, estrellas, cúmulos galácticos, exotierras, asteroides peligrosos).
    Con esa nueva visión que nos daría la nueva generación de telescopios nos sería mucho más fácil además enviar sondas al lugar indicado (el colmo sería mandarla a un mal lugar por haber tenido mediciones incorrectas).
    Daniel, molaría que un día hicieras una nota sobre estos gigantes de 30 metros para ponernos al día sobre cuándo estarán listos, qué observaciones nos permitirán y en qué estado actual se encuentran. Saludos!

    1. +1 A todo lo dicho.

      El telecopio europeo E-ELT que se construye en chile cuesta cerca de 1000 millones. Con 2 o 3 de estos repartidos por el mundo ( hawai, chile, canarias) podríamos hacer miles de descubrimientos mucho mas interesantes que los aportados por una sonda.

      Y en el futuro pues lo mismo con los telescopios en órbita. Cuando los SLS funcionen o los FH, se podrán lanzar telescopios increibles por una fraccion de lo que valen las sondas!

    2. Nada que objetar, excepto que la sonda puede ver la luna todo el tiempo (toda ella quedaría cubierta cada pocos minutos), un telescopio tiene zonas invisibles por completo y un hemisferio prácticamente bastante más de la mitad del tiempo (en la Luna, siempre).
      Aparte no puedes dedicar un telescopio todo el tiempo a lo mismo, una sonda es precisamente para eso.

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Por Daniel Marín
Publicado el ⌚ 29 octubre, 2015
Categoría(s): ✓ Astronomía • Júpiter • NASA • Sistema Solar