Nunca antes habíamos tenido a nuestra disposición tantos datos de misiones espaciales y ello se debe en gran medida a los más de diez telescopios de la NASA que actualmente están en órbita. La NASA se ha convertido en esta última década en el líder indiscutible de la astronomía espacial. Sin embargo, puede que esta situación esté a punto de cambiar. ¿Estamos ante el final de la edad de oro de la NASA?
El gran número de misiones actuales se debe a la combinación de varias decisiones que se tomaron hace más de una década. Como es de sobras conocido, planificar y desarrollar una misión espacial lleva años. La mayoría de misiones actualmente en servicio fueron aprobadas hace más de una década, cuando el entonces administrador de la NASA Daniel Goldin introdujo en la agencia la filosofía faster, better, cheaper. A raíz de esta iniciativa, se cancelaron una serie de misiones altamente costosas para dar cabida a otras más baratas y menos ambiciosas. Fue entonces cuando se desarrolló la clasificación de misiones según su coste siguiendo tres categorías: Discovery (menos de 400 millones de dólares), New Frontiers (400-800 millones) y Flagship (800-5000 millones). Aunque no estuvo exenta de problemas, esta estrategia permitió sacar adelante numerosos proyectos. Pero si echamos un vistazo a la siguiente gráfica, podemos ver que esta «época maravillosa» está a punto de finalizar:

Algunas misiones espaciales astronómicas de la NASA, JAXA y la ESA (fuente).
Antes de nada, para entender este esquema debemos resaltar que los observatorios Integral (rayos gamma), XMM-Newton (rayos X), Herschel (infrarrrojo lejano) y Planck (microondas) son en realidad misiones de la Agencia Espacial Europea (ESA). Tampoco es una lista exhaustiva, pues no aparecen misiones como los telescopios solares STEREO o SDO. Por otro lado, la NASA finalizó hace poco las operaciones científicas de la sonda Wilkinson (WMAP) para el estudio del fondo cósmico de microondas (CMB), una de las misiones más exitosas de todos los tiempos y que nos ha permitido averiguar -entre otras cosas- la proporción de materia y energía oscuras que existen en nuestro Universo. WMAP ha funcionado a la perfección durante nueve años, pero su pérdida no es especialmente grave, puesto que la sonda Planck de la ESA ya ha tomado el relevo en el estudio el CMB. Pero volviendo a la gráfica, es evidente que a partir de 2012-2014 vamos a tener a nuestra disposición un número significativamente menor de misiones espaciales. ¿Qué ha ocurrido?
La respuesta es simple: lo que ha «pasado» es el Programa Constellation y el telescopio espacial James Webb (JWST). Michael Griffin, el anterior administrador de la NASA, se vio obligado a sacrificar numerosas misiones científicas con el fin de sacar adelante el malogrado Programa Constellation. La NASA no tenía -y no tiene- un presupuesto lo suficientemente amplio como para mantener al mismo tiempo el transbordador espacial, la ISS, el Programa Constellation y una pléyade de misiones científicas. Había que hacer recortes para salvar al Constellation y se hicieron. Lamentablemente, al final el sacrificio no ha servido de nada, puesto que la administración Obama lo canceló a principios de año.
El alto coste del JWST ha obligado a cancelar muchas otras misiones astronómicas (NASA).
La única misión que Griffin no se atrevió a tocar fue el JWST, la vaca sagrada de la comunidad astronómica. Y no es que no lo intentara, porque durante unos meses el futuro de esta misión estuvo pendiente de un hilo. El problema es que el JWST ha resultado ser -¡oh, sorpresa!- mucho más caro y complejo de lo esperado. Su coste se estima que ya ha superado los 5000 millones de dólares…y sigue subiendo. Al fin y al cabo, todavía quedan cuatro años para que despegue a bordo de un Ariane V, así que hay tiempo de sobra para que aumente la factura.
La consecuencia inmediata del desvío de fondos hacia el Programa Constellation y el JWST ha sido la «congelación» -eufemismo de cancelación- de numerosas misiones espaciales. Desde mi punto de vista, el sacrificio más doloroso ha sido la misión TPF (Terrestrial Planet Finder). Por si la paralización de TPF fuese poco, la NASA ha anunciado recientemente el fin de SIM Lite. Sin estas dos misiones, la NASA -y la Humanidad con ella- renuncia a estudiar en profundidad los posibles planetas similares a la Tierra que puedan existir cerca del Sistema Solar.
¿Y qué hay del programa de sondas no tripuladas? La NASA seguirá siendo líder en este campo, sin duda, pero todo indica a que el número de sondas se reducirá durante la próxima década. La misión JEO (Jupiter-Europa Orbiter) será la gran apuesta de la agencia estadounidense para la exploración del Sistema Solar. Deberá despegar en 2020, pero mientras consumirá la mayor parte de recursos económicos dedicados a sondas espaciales cuyo destino no sea Marte. Y es que el planeta rojo continuará siendo el gran protagonista de la exploración no tripulada. La NASA mantendrá el programa de exploración marciano, pero con recortes. El año que viene veremos despegar el gigantesco rover Curiosity, la sonda más compleja jamás enviada a la superficie de otro mundo. Gracias a la unificación de los programas marcianos de la NASA y la ESA, en 2016 partirá la sonda europea ExoMars Trace Gas Orbiter (junto con el aterrizador EDM) para estudiar el metano marciano y, si los fondos lo permiten, la agencia estadounidense añadirá un orbitador propio con el fin de transmitir los datos de las futuras sondas de superficie. En caso de ser finalmente aprobados, en 2018 despegarán dos rovers marcianos, el ExoMars de la ESA y el MAX-C de la NASA. Pese a todo, todavía no está claro si serán lanzados conjuntamente o formarán parte de dos misiones distintas. El rover norteamericano podría servir como precursor para una misión de recogida de muestras.
Posible configuración de aterrizaje conjunto de ExoMars y MAX-C (NASA/ESA).
Como vemos, misiones no faltan, pero el plan de la NASA para los próximos diez años es poco ambicioso y un tanto difuso cuando lo comparamos con décadas anteriores. Por supuesto, no debemos olvidarnos de otras sondas como MAVEN, Juno o LADEE, así como de aquellas que aún están pendientes de aprobación.
Dicen que hay que tener cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad. Y eso es lo que ha sucedido con el JWST. La comunidad astronómica quería un telescopio gigante en el espacio y lo va a conseguir, a costa de cercenar el futuro de muchas otras misiones espaciales. Lo mismo se puede decir de JEO y su influencia negativa en otras sondas espaciales. ¿Habrán valido la pena los sacrificios?
Lista no exhaustiva de sondas y misiones astronómicas actualmente en servicio:
- Lunar Reconnaissance Orbiter (NASA, 2009): orbitador lunar.
- Chang’e 2 (China, 2010): orbitador lunar.
- IBEX (NASA, 2008): estudio de la heliopausa.
- Cluster (ESA, 2000): varios satélites para el estudio de la magnetosfera y el viento solar.
- THEMIS (NASA, 2008): varios satélites para el estudio de la magnetosfera y el viento solar.
- ACE (NASA, 1997): estudio del viento solar desde L1.
- MESSENGER (NASA, 2004): sonda a Mercurio.
- Venus Express (ESA, 2006): orbitador de Venus.
- Akatsuki (JAXA, 2010): en camino hacia Venus.
- IKAROS (JAXA, 2010): prototipo de vela solar interplanetaria.
- Stardust (NASA, 2004): rebautizada NExT, sonda para el estudio de cometas.
- Deep Impact (NASA, 2005): rebautizada EPOXI, sonda para el estudio de cometas.
- Rosetta (ESA, 2004): sonda para el estudio de cometas.
- Mars Odyssey (NASA, 2001): orbitador marciano.
- Mars Express (ESA, 2003): orbitador marciano.
- Mars Reconnaissance Orbiter (NASA, 2006): orbitador marciano.
- MERs (NASA, 2004): los robots Spirit y Opportunity.
- Dawn (NASA, 2007): estudio de asteroides.
- Cassini (NASA, 1997): orbitador de Saturno.
- New Horizons (NASA, 2006): estudio de Plutón y otros TNO.
- Voyager 1 y 2 (NASA, 1977): actualmente, estudio de la heliopausa.
- Hubble (NASA, ): telescopio orbital.
- Spitzer (NASA, 2003): telescopio infrarrojo.
- Kepler (NASA, ): telescopio en órbita solar para la búsqueda de planetas extrasolares.
- CoRoT (ESA/CNES, 2006): telescopio para la búsqueda de planetas extrasolares.
- Herschel (ESA, 2009): telescopio infrarrojo en L2.
- Planck (ESA, 2009): telescopio de microondas en L2 para el estudio del CMB.
- WISE (NASA, 2009): telescopio infrarrojo.
- Akari (JAXA, 2006): telescopio infrarrojo.
- Swift (NASA, 2004): telescopio de rayos gamma y rayos X.
- SDO (NASA, 2010): telescopio solar.
- Hinode (JAXA, 2006): telescopio solar.
- SOHO (ESA, 1996): telescopio solar en L1.
- TRACE (NASA, 1998): telescopio solar.
- STEREO A y B (NASA, 2006): dos telescopios para el estudio del Sol en órbita solar.
- RXTE (NASA, 1995): telescopio de rayos X.
- RHESSI (NASA, 2002): estudio de los rayos X solares.
- XMM-Newton (ESA, 1999): telescopio de rayos X.
- Chandra (NASA, 1999): telescopio de rayos X.
- Suzaku (JAXA, 2005). telescopio de rayos X.
- GALEX (NASA, 2003): telescopio UV.
- INTEGRAL (ESA, 2002): telescopio de rayos gamma.
- Fermi (NASA, 2008): telescopio de rayos gamma.


La idea de una agencia espacial mundial es improbable puesto que cada gobierno quiere tener el control de su política espacial.
Aun con todo, la cooperación es la forma indudable de poder hacer cosas más complejas en el espacio, repartiendo tareas de construcción, lanzamientos y costes.
La ISS es un buen ejemplo de ello. En lugar de tener una estación fallida (Freedom) y una Mir2 que se hubiera retrasado considerablemente, ahora tenemos una gran plataforma con una sección rusa, una estadounidense, un módulo europeo y un módulo y bahía japonenes.
El caso de la ISS lo llamaría morir de éxito. Hay que congratularse de que se haya llevado a cabo, demostrando que es posible que varias potencias hagan algo en órbita terrestre de forma conjunta. Peeeroooooo…. ha sido con un coste tan alto que ha estrangulado el desarrollo de otros programas alternativos.
Con tu permiso, te cito.
http://calderodemurias.blogspot.com/2010/10/un-ano-y-un-exoplaneta-gl-581g.html
Escribo este comentario bastante después de los anteriores, cuando el Atlantis está haciendo las última misión de los transbordadores de la NASA, quizá de ahí cierto pesimismo.
Creo que el Anónimo del 23 de octubre de 2010 está muy acertado al comparar los costes de los proyectos espaciales con el de armas de guerra. En alguna parte había leído una comparación entre sueldos de futbolistas y presupuestos de clubes de futbol con el coste de proyectos espaciales y también resultaba llamativo, el sueldo anual de algunos futbolistas daría para enviar una sonda espacial.
La visión de Miguel Rodríguez de la NASA como un carísimo consulting que estudia misiones y programas y luego los cancela, gastando en el proceso millones de dólares que no dan ningún fruto me parece brillantísima. Pero quizá somos un poco ingenuos, quizá ese dinero gastado en los programas cancelados en la NASA si que logran su auténtico objetivo que sería transferir fondos públicos a empresas privadas. Desde ese punto de vista la cancelación de un proyecto no sería una desgracia sino una nueva oportunidad de iniciar otro y pagar dinero a las empresas para nuevos estudios. Me temo que a estas alturas de la crisis ya vamos aprendiendo algo de como funciona el capitalismo moderno.
En cuanto a las misiones tripuladas, la NASA va poniendo fin a programas espaciales reales y prometiendo nuevos proyectos futuros atractivos para compensar. Sin embargo esos proyectos atractivos de naves tripuladas o no llegan a materializarse o mueren antes de nacer, sin pasar de una fase de estudios previos. Además cada nuevo programa es menos ambicioso que el anterior programa cancelado. Eso si, antes de cancelar esos programas muestran espectaculares maquetas y animaciones por ordenador para que el público crea que la NASA sigue a la vanguardia de los viajes tripulados y los medios de comunicación los difunden de manera preferente.
Lo cierto es que Estados Unidos ya no tiene ninguna nave para subir al espacio y no la tendrá al menos por varios años. Dice que en unos años tendrá otro modelo de nave tripulada pero es muy probable que este nuevo proyecto sea cancelado igual que los anteriores. Los astronautas de Estados Unidos solo pueden subir al espacio pagando los servicios del sólido programa espacial ruso.
Lo que me preocupa es que me parece que si sigue habiendo astronautas estadounidenses es porque la NASA sigue siendo titular de parte de la Estación Espacial Internacional, pero los años irán pasando, la Estación Espacial irá envejeciendo y es más que probable que la NASA no tenga los fondos necesarios para renovarla o sustituirla, con lo que es fácil que se pierda la Estación Espacial Internacional, la única estación espacial que existe, o que la NASA se retire de la misma. Entonces la NASA ya no tendrá ningún sitio al que enviar astronautas (seguramente sigan anunciando proyectos etéreos e inconcretos de viajes a la Luna, a Marte o algún asteroide, pero se irán retrasando una y otra vez sin concretarse nada). En ese momento la NASA ya no tendrá motivos para tener un cuerpo de astronautas y los astronautas de la NASA podrían dejar de existir.
Vale, desaparecida la NASA nos quedan otras agencias espaciales. La ESA o los rusos pueden continuar con la Estación Espacial Internacional, hacer otra en colaboración o hacerse estaciones individuales, quizá reciclando cachos de la EEI. Pero también cabe la posibilidad de que el posible desfondamiento del programa espacial de la NASA marque tendencia, que los otros programas espaciales, con menos presión competitiva, se vuelvan menos ambiciosos y también declinen.