Reentrada de la cápsula Kosmos 482, la sonda Venera que terminó en la Tierra y no en Venus

Por Daniel Marín, el 11 mayo, 2025. Categoría(s): Astronáutica • Historias de la Cosmonáutica • Rusia ✎ 68

Una antigua cápsula soviética que lleva décadas inactiva ha reentrado en algún lugar de nuestro planeta. El objeto, de aproximadamente un metro de diámetro, forma ovoidal y 495 kg de peso, llevaba unas insignias metálicas de platino con la efigie de Lenin, el escudo de la Unión Soviética y el nombre «Venera 9» grabado en ellas. Curioso, ¿no? Pero, un momento, ¿cómo es esto posible? Al fin y al cabo, la ‘verdadera’ cápsula de la sonda Venera 9 aterrizó en Venus el 22 de octubre de 1975. ¿Qué misterio es este? Pues bien, la cápsula que reentró el 10 de mayo de 2025 alrededor de las 06:24 UTC era en realidad la sonda V-72 nº 671 (también denominada 3V nº 671). La sonda fue lanzada el 31 de marzo de 1972 rumbo a Venus y, en un principio, la cuarta etapa y la sonda quedaron en una órbita de aparcamiento de 196 x 215 kilómetros. La siguiente ignición de la cuarta etapa Blok-NVL del cohete Mólniya-M (8K78M) debía poner la sonda en una trayectoria de escape en órbita solar, pero el encendido solo duró 125 segundos en vez de los cuatro minutos previstos. La nave, de 1183 kg, quedó varada en una órbita terrestre elíptica de 206 x 9800 kilómetros.

Auténtico color del exterior de las cápsulas Venera con el escudo térmico de ablación. Aquí, una V-70 (Venera 7), similar a la Kosmos 482 excepto por la antena superior (Eureka).

Su hermana gemela V-72 nº 670 —lanzada apenas cuatro días antes, el 27 de marzo— sí logró llegar a Venus y pasaría a la historia como Venera 8. Pero la que iba a ser la Venera 9 se quedó alrededor de la Tierra y fue bautizada con el nombre de Kosmos 482, una práctica habitual soviética para reducir el impacto mediático negativo de los fracasos espaciales (no es que esta argucia engañase a nadie, pues desde el mismo día del lanzamiento en Occidente se sabía que era una misión a Venus). En junio de 1972 se pudo observar la separación de un objeto de la sonda, que recibió el número de catálogo orbital 1972-023E (objeto 6073). Puesto que se separó un único objeto, se consideró poco posible la fragmentación de la nave y los expertos occidentales supusieron que se trataba de la cápsula de descenso destinada a la atmósfera de Venus, situada en un extremo, aunque nunca hubo confirmación oficial sobre este punto por el lado soviético.

Sonda Venera 8, similar a la Kosmos 482. La cápsula de descenso para la atmósfera de Venus está en la parte inferior (RGANTD).
Sonda Venera 3MV/4MV (Roscosmos).

A lo largo de las siguientes décadas, el rozamiento con las capas altas de la atmósfera fue circularizando poco a poco la órbita del bus interplanetario de la Kosmos 482 y de la cápsula. El bus orbital de la sonda, el pedazo más grande del Kosmos 482, con el número de catálogo 1972-023A, reentró el 5 de mayo de 1981. La cuarta etapa del cohete Mólniya-M, el objeto 1972-023B, hizo lo propio dos años más tarde. Pero quedaba el objeto 1972-023E. Aunque todo apuntaba a que se trataba de la cápsula de descenso, seguía sin poder confirmarse este dato. Bien es cierto que la inmensa mayoría de expertos rusos sobre el tema no tenían dudas de que se trataba de la cápsula de la V-72 nº 671, pero tampoco tenían pruebas definitivas. En septiembre de 2000, Jonathan McDowell recabó los datos existentes sobre el objeto y llegó a la conclusión de que se trataba de la cápsula dado su tamaño (alrededor de 1 metro según el radar) y su coeficiente balístico de frenado. En junio de ese año el Pentágono pasó a clasificar el objeto 1972-023E como la cápsula de la Venera V-72 nº 671. A pesar de todo, seguían sin existir pruebas concluyentes (la principal pega a esta hipótesis es que no había ningún motivo para que la cápsula se hubiese separado de forma accidental poco después del lanzamiento).

El cohete Mólniya-M con la Venera 7 camino de la rampa en Baikonur. La serie 3MV usó este lanzador (Roscosmos).
Las sondas Venera 3MV estaban formadas por un ‘bus orbital’ (que, pese a su nombre, no entraba en órbita de Venus; eso se lograría a partir de la serie 4V) y una cápsula de descenso (que no era blanca, sino oscura debido al escudo térmico de ablación) (NPO Lávochkin).

A lo largo de la última década, imágenes del objeto en órbita tomadas desde tierra por varios aficionados, especialmente Ralph Vandebergh, despertaron el interés sobre la malograda sonda soviética de forma cíclica. En 2019 escribimos en Eureka un artículo al respecto después de que apareciesen en los medios varias informaciones erróneas que apuntaban a una posible reentrada inminente de la cápsula, a pesar de que era obvio que todavía le quedaban varios años por delante en órbita, como así ha sido. Finalmente, en 2022 Roscosmos desclasificó varios documentos relativos a las sondas V-72 del programa Venera donde, al fin, se confirmaba que la cápsula había sido separada del bus orbital intencionadamente por el equipo de la misión para recabar más información sobre el comportamiento de la nave en el espacio. Medio siglo después de su lanzamiento, el misterio estaba resuelto. El objeto 1972-023E era, sin lugar a dudas, la cápsula de descenso venusina de la sonda Venera V-72 nº 671.

Sonda Venera 3MV con su cápsula acoplada en la parte inferior (NPO Lávochkin).

El 10 de mayo de 2025 la cápsula reentró finalmente en la atmósfera terrestre. La hora precisa —y, por tanto, la zona de caída exacta— no está del todo clara: Roscosmos asegura que fue a las 06:24 UTC, lo que situaría la zona de caída en el océano Índico, al oeste de Indonesia, mientras que la ESA ha comunicado que ha sido entre las 06:04 y las 7:32 UTC, con la hora de 06:16 UTC como la más probable. La Fuerza Espacial de EE UU cree que fue entre las 05:20 y las 05:44 UTC, lo que implicaría que cayó en el Pacífico. Esta discrepancia depende de los modelos usados por los distintos gobiernos y agencias para predecir el rozamiento atmosférico y de los datos de radar u ópticos del objeto. Al tratarse de una cápsula de descenso para Venus, la cápsula de la sonda V-72 nº 671 estaba rodeada de un escudo térmico de ablación y había sido diseñada para sobrevivir a una entrada atmosférica a 11 km/s. Lo lógico es suponer que la cápsula ha caído de una pieza gracias a su protección térmica, de ahí el interés de esta reentrada en concreto, pero es posible que el escudo estuviese dañado después de medio siglo en órbita. E incluso si ha sobrevivido a la reentrada, es probable que se haya fragmentado en su impacto con el suelo o el océano a velocidad terminal.

Evolución de la órbita de la cápsula Venera de la Kosmos 482 en los últimos días de mayo de 2025 (ESA).
Última órbita de la cápsula Kosmos 482 y los distintos puntos de entrada según las estimaciones de varias agencias y organizaciones (Marco Langbroek).

En cualquier caso, no olvidemos que no es la primera vez que una cápsula Venera reentra en la atmósfera de la Tierra en vez de Venus. Sin ir más lejos, la sonda V-70 nº 631, gemela de la Venera 7 (V-70 nº 630) también quedó varada en órbita terrestre el 22 de agosto de 1970 tras un fallo de la etapa superior del Mólniya-M y fue denominada Kosmos 359. La diferencia es que en aquella ocasión la cápsula no fue separada del bus orbital y la sonda entera reentró de una pieza el 6 de noviembre de 1970. La cápsula nunca fue recuperada.

La sonda Venera 4 en configuración de lanzamiento, cubierta con las mantas térmicas de color blanco (EVTI) que no suelen aparecer en las reproducciones de museos (Roscosmos).

La reentrada de la cápsula V-72 nº 671 es una buena ocasión para repasar algunos datos de estas fascinantes sondas. Recordemos que el programa Venera (Венера, ‘Venus’ en ruso) constó oficialmente de 16 misiones exitosas lanzadas entre 1961 y 1983, aunque en realidad se lanzaron muchas más sondas que, como el Kosmos 482, no alcanzaron la órbita terrestre o no llegaron a Venus. Algunas de estas misiones fallidas recibieron la calificación genérica de Kosmos y otras fueron incluidas en el programa Zond. Además, hay que añadir las dos sondas VeGa lanzadas a Venus y al cometa Halley en 1985. En total, unas 35 misiones a Venus.

Las sondas Venera de las series 2MV, 3MV de la OKB-1 y 3MV de NPO Lávochkin (Ralph Gibbons).

Pese a que todas estas sondas se clasificaron dentro del programa Venera, en realidad se trataba de naves con un diseño muy diferente. Simplificando, podemos clasificar las sondas Venera en cuatro generaciones: series 1VA, 2MV, 3MV y 4V. De las primeras, de la serie 1VA, solo se lanzaron dos misiones mediante cohetes Mólniya —un derivado del R-7 Semiorka—, de las cuales solo fue un éxito parcial la Venera 1. Las 2MV y las 3MV eran muy distintas y fueron diseñadas alrededor de una plataforma común para misiones a Marte y a Venus, de ahí la ‘M’ y la ‘V’. La 2MV incluye tres lanzamientos a Venus en 1962, todos fallidos. La serie 3MV incluye 14 lanzamientos a Venus entre 1964 y 1972 mediante cohetes Mólniya, con 8 éxitos parciales o totales, desde la Venera 2 a la Venera 8, incluyendo los primeros descensos con éxito en la atmósfera de Venus (Venera 4) y el primer aterrizaje con éxito en otro mundo (Venera 7). La serie 4V era mucho más grande y compleja que las anteriores, por lo que usaban el cohete pesado Protón en vez del Mólniya. Se lanzaron ocho 4V entre 1975 y 1983, de la Venera 9 a la Venera 16, y todas fueron un éxito. La serie 4V es quizá la más famosa de todas por ser las primeras sondas, y las únicas hasta la fecha, que han enviado imágenes desde la superficie de Venus. Curiosamente, las dos sondas VeGa recibieron la denominación de 5V, aunque en realidad su diseño era una ligera mejora de las 4V.

Bus orbital de la Venera 4, una sonda 3MV/4MV (RGANTD).

La cápsula Kosmos 482 pertenecía a la serie 3MV. De hecho, fue la última de esta serie lanzada antes del debut de las 4V. Aunque hemos hablado de la serie 3MV como un bloque único, a su vez se divide en dos tipos muy diferenciados. La serie 3MV lanzada entre 1964 y 1965, a cargo de la oficina de diseño OKB-1 de Serguéi Koroliov y las 3MV lanzadas entre 1967 y 1972, construidas por NPO Lávochkin con Gueorgui Babakin al frente (por este motivo, a esta segunda serie de sondas 3MV se las denomina a veces 4MV). Las sondas 3MV/4MV se lanzaron en cuatro tandas, con dos unidades por cada ventana de lanzamiento para maximizar las posibilidades de éxito (no solo los soviéticos enviaban las sondas planetarias a pares, la NASA también lo hizo con muchas Mariner, las Pioneer 10 y 11, las Viking 1 y 2 o las Voyager 1 y 2, entre otras). Las sondas recibieron una denominación interna V-3 y otra por cada ventana de lanzamiento, es decir, V-67, V-69, V-70 y V-72, de la Venera 4 a la Venera 8. El bus orbital de estas sondas —con una masa de una tonelada, 3,5 metros de alto y una envergadura de 4 metros— no cambió mucho en los cinco años que se lanzaron, pero las cápsulas sí que lo hicieron. La evolución de estas cápsulas es una apasionante historia sobre la búsqueda de diseño óptimo para soportar unas condiciones cada vez más adversas en un planeta desconocido, en las que la presión jugó al principio el factor principal a la hora de construir la cápsula, aunque al final el factor clave fue la temperatura.

Evolución del diseño de las cápsulas Venera de la serie 3MV/4MV (Venera 4 a Venera 8) (Eureka).
Vista de la V-70 (Venera 7) con su auténtico color por el escudo térmico (Eureka).

La primera sonda que alcanzó la atmósfera de Venus de esta serie fue la Venera 4 (V-67 nº 310), pues su gemela V-67 nº 311 se quedó en órbita terrestre con la denominación Kosmos 167. Según los datos de misiones anteriores, se sabía que la atmósfera de Venus era muy densa, así que los ingenieros de NPO Lávochkin diseñaron la cápsula, de 383 kg de masa, para que fuese capaz de funcionar con una presión máxima de 10 atmósferas y un límite de 18 atmósferas. La entrada, a 10,7 km/s, era brutal para la sonda, con deceleraciones de hasta 350 g. Con el fin de hacer frente a estas duras condiciones, los ingenieros diseñaron la cápsula como un pequeño submarino esférico de 1,03 metros de diámetro. Lo de submarino no es una simple metáfora, porque por entonces los científicos no habían descartado del todo que la superficie de Venus estuviese cubierta de agua. Por tanto, diseñaron la capsula con capacidad parar flotar en los océanos venusinos, aunque desde la misión Mariner 2 en 1962 se sabía que la temperatura superficial debía ser altísima (visto lo visto, los ingenieros tenían motivos para desconfiar de las predicciones de sus colegas astrónomos). Por este motivo, el interior de la cápsula se refrigeraba a –10 ºC antes de la entrada atmosférica.

Modelo de la Venera 4 (V-67 nº 310) del Museo de la Cosmonáutica de Moscú. A pesar de que este aspecto de color blanco es el más famoso, el exterior de las cápsulas Venera era oscuro por el escudo térmico (Eureka).
Aspecto real de la cápsula Venera 4, con el escudo térmico oscuro (RGANTD).
Interior de la cápsula Venera 4 (Roscosmos).
Detalle de la parte superior de Venera 4. Se aprecia la antena cubierta con material aislante (Roscosmos).

Una vez en la atmósfera, el casquete superior de la cápsula esférica se separaba para permitir el despliegue de los dos paracaídas y los instrumentos. La cápsula usaba dos paracaídas, uno piloto de 2,2 m² y uno principal de 55 m². Las líneas del paracaídas se diseñaron para aguantar hasta 400 ºC. Durante el descenso el vehículo mediría su altitud usando dos antenas de radar (que tenían el aspecto de dos antenas de televisión convencionales). En la parte superior la cápsula llevaba una antena helicoidal semiesférica capaz de transmitir a 1 bit por segundo en 922,8 MHz. La cápsula Venera 4 entró en la atmósfera de Venus el 18 de octubre de 1967, convirtiéndose en el primer artefacto humano en descender por la atmósfera de otro mundo. Transmitió durante 93 minutos, pero dejó de funcionar antes de llegar a la superficie. Los ingenieros soviéticos estaban perplejos: ¿cómo era posible que no hubiese llegado a la superficie tras hora y media de descenso? No fue hasta mucho después, tras analizar también los datos de la sonda estadounidense Mariner 5, cuando concluyeron que la cápsula había quedado frita por las altas temperaturas y que no había alcanzado la superficie durante su misión porque la atmósfera era mucho más densa de lo esperado. Según la reconstrucción del descenso, la Venera 4 había dejado de funcionar a 24 kilómetros de altitud, con una presión de 18 a 22 atmósferas y a una temperatura de al menos 262 ºC.

Descenso de una cápsula Venera 3MV de las primeras generaciones durante una prueba (RGANTD).
Probando la capacidad de la Venera 4 de flotar en el agua por si caía en un océano venusino (Roscosmos).

Los científicos soviéticos estaban confusos, ¿cómo era posible que Venus tuviese unas temperaturas y presiones tan altas a semejante altitud? Y es que los datos recibidos por la Venera 4 a gran altura eran los esperados para la superficie, y eso en el peor de los escenarios. Además, el dato de presión era engañoso, pues se trataba de la presión máxima capaz de soportar la sonda, no la medida. Nadie sabía muy bien qué estaba pasando, pero para la siguiente pareja de sondas 3MV, las V-69, se rediseñó la cápsula para que el descenso por la atmósfera fuera más rápido y pudiera alcanzar la superficie antes de que la nave dejase de funcionar. Así, el paracaídas piloto pasó de 2,2 a 1,9 m² y el principal de 55 a tan solo 12 m², mientras que la masa de la cápsula aumentó a 405 kg con el fin de poder soportar hasta 25 atmósferas de presión y 425 ºC de temperatura. Resolver el misterio de la temperatura y densidad de la atmósfera de Venus pasó a primer plano, por lo que la sonda llevaba tres termómetros de platino y dos conjuntos redundantes de barómetros capaces de medir hasta 39 atmósferas de presión. Las dos sondas V-69, la nº 330 y la nº 331 lograron llegar a Venus bautizadas como las Venera 5 y 6 y ambas entraron en la atmósfera de Venus. Sin embargo, tampoco lograron alcanzar la superficie y resultaron destruidas durante el descenso.

Sonda Venera 4 con la cápsula acoplada en la parte inferior (Roscosmos).
La cápsula Venera 4 unida a su bus orbital. Se aprecia el color oscuro del escudo térmico (RGANTD).

La Venera 5 llegó a Venus el 16 de mayo y dejó de transmitir a 18 kilómetros de altitud, cuando la temperatura externa era de 320 ºC (en el interior de la cápsula era de 28 ºC) y la presión era superior a las 27 atmósferas, por encima de los parámetros de diseño. Venera 6 entró en la atmósfera venusina un día más tarde y resultó destruida más o menos a la misma altitud, transmitiendo unas cifras de presión y temperatura similares (en su momento se tardó en interpretar correctamente los datos de esta sonda y los científicos pensaron que había aterrizado en alguna planicie elevada o en la cima de una montaña). La proyección de los datos de las dos sondas apuntaban a que la superficie debía rondar los 530 ºC y las 140 atmósferas, una auténtica locura. Estaba claro que Venus era un verdadero infierno y si querían alcanzar la superficie deberían diseñar las cápsulas para que fueran aún más resistentes.

Contenedor de presión de titanio de las V-70 y V-72 ( Venera 7 y 8) (Roscosmos).
Modelo de prueba de la cápsula de la Venera 8, similar a la cápsula de la Kosmos 482, salvo en el color del escudo térmico (Novosti Kosmonavtiki).

Dicho y hecho. Para la ventana de lanzamiento de 1970 la pareja de cápsulas de las sondas V-70 fue completamente rediseñada, incrementando la masa de los 405 kg hasta los 490 kg, con un escudo térmico más grueso. De un diseño casi esférico se pasó a uno ovoidal. Paradójicamente, el cambio de forma se introdujo para permitir que el contenedor interno con la instrumentación y la aviónica fuese realmente esférico y pudiese aguantar mejor las enormes presiones. El fuselaje de las dos cápsulas se construiría en titanio en vez de la tradicional aleación de aluminio AMg-6 empleada en las Veneras anteriores. Para acelerar el descenso a la infernal superficie se instaló un único paracaídas de 2,5 m². Al desplegarse, el paracaídas estaría parcialmente abierto, con una superficie de 1,8 m² gracias a unas cuerdas que se debían fundir a 200 ºC. Una vez derretidas estas cuerdas, el paracaídas podría abrirse hasta alcanzar los 2,5 m². Los ingenieros de NPO Lávochkin hicieron lo imposible para construir una sonda casi indestructible, capaz de funcionar 90 minutos desde la separación del bus orbital, incluyendo una media hora en la infernal superficie, con temperaturas de hasta 540 ºC y una presión de hasta 180 atmósferas. La sonda se refrigeraría hasta –8 ºC antes de la entrada atmosférica. Si las V-70 no alcanzaban la superficie de Venus, nada lo lograría.

Cápsula réplica de la Venera 7, muy parecida a la Venera 8 y a la Kosmos 482 (V-72 nº 671). Las cápsulas Venera de la serie 3MV suelen aparecer en fotos pintadas de blanco, pero en realidad estaban cubiertas por un escudo de ablación oscuro. Las V-72 tenían una antena cónica en vez de semiesférica, como la Venera 7 de la foto y otras anteriores (Wikipedia).
Diseño interno de la cápsula de la Venera 8 y Kosmos 482. 1: amortiguador; 2: aislante térmico exterior; 3: emisor de radio; 4: contenedor de instrumentos; 5: bloque de conmutación; 6: Ventilador; 7: tubería al exterior; 8: antena separable para el exterior; 9: compartimento paracaídas; 10: antena principal; 11: tapa del compartimento de paracaídas; 12: paracaídas de extracción; 13: paracaídas principal; 14: antena del radioaltímetro radar; 15: intercambiador de calor; 16, 19: «acumulador de calor»; 17: aislante térmico interior; 18: «instalación de programación-temporal» (Roscosmos).

De la pareja de sondas V-70, solo la nº 630 alcanzó Venus, pues su pareja, la nº 631 se quedó en órbita terrestre con el nombre de Kosmos 359. La V-70 nº 630, ahora bautizada como Venera 7, llegó a Venus el 15 de diciembre de 1970. Tras un descenso de tan solo 35 minutos, alcanzó la superficie, sobreviviendo 23 minutos antes de sucumbir a las brutales presiones y temperaturas. La cápsula se convirtió en el primer artefacto humano en aterrizar con éxito en otro planeta. La presión de la superficie medida era de 92 atmósferas y la temperatura estaba en el rango de 450 ºC a 474 ºC. La misión estuvo a punto de fracasar porque el paracaídas sufrió algún tipo de rasgadura a unos 3 kilómetros de altitud y la cápsula chocó con la superficie a casi 60 km/h. A pesar de todo, sobrevivió, pero la señal desde la superficie era extremadamente débil porque la cápsula estaba inclinada.

Cápsula Venera V-72, como la Venera 8 y Kosmos 482 (RGANTD).
La cápsula de las Venera 8 y Kosmos 482 se pueden diferenciar del resto de Veneras por tener antenas de comunicaciones helicoidales de forma cónica (derecha) en vez de semiesféricas.
Lanzamiento de la Venera 8 (Roscosmos).

Ahora quedaba demostrar que la URSS podía repetir el éxito de la Venera 7. Para la ventana de lanzamiento de 1972 se modificó ligeramente el diseño de la cápsula, aumentando su masa de los 490 kg hasta los 495 kg. Y, lógicamente, el paracaídas fue reforzado. Puesto que ya se conocían las verdaderas condiciones de la superficie de Venus, no hacía falta construir la nave para que aguantase presiones tan altas, por lo que las V-72 fueron diseñadas para soportar hasta ‘solo’ 105 atmósferas. La temperatura pasó a ser el factor limitante y se incrementó la temperatura máxima que podía resistir la nave hasta los 493 ºC. Como resultado, se liberaron hasta 38,5 kg de masa del fuselaje que se emplearon en añadir más instrumentos, así como unos ingeniosos «acumuladores de calor», como se denominaron a los tanques rellenos de nitrato de litio trihidratado, una sustancia salina capaz de absorber calor al fundirse a 30 ºC, refrigerando el interior de la cápsula en el proceso. Un gran ventilador pasó a ocupar gran parte del espacio interior de la cápsula. Aunque muy similar exteriormente a las V-70, las cápsulas de la serie V-72 se diferenciaban por incorporar una antena superior de forma cónica en vez de semiesférica y una nueva antena desplegable para la superficie. La antena cónica tenía como objetivo asegurar las comunicaciones con la Tierra aunque la cápsula siguiese un perfil de descenso hacia el terminador del planeta durante el amanecer (las anteriores misiones habían entrado en el hemisferio nocturno). La antena desplegable serviría para garantizar las comunicaciones incluso si la cápsula caía de lado.

Descenso de las V-72  (RGANTD).
Cápsula Venera 8, con la antena de comunicaciones cónica y la antena desplegable a un lado (Roscosmos).
Pruebas del paracaídas de la Venera 8 (Roscosmos).

La V-72 nº 670 despegó el 27 de marzo de 1972 y se convertiría en la Venera 8. La cápsula aterrizó en Venus el 22 de julio de ese año y se convirtió en el segundo artefacto humano en alcanzar con éxito la superficie de otro planeta. La misión confirmó los datos de la Venera 7, midiendo desde la superficie una temperatura de 470 ºC y 90 atmósferas de presión, esta vez durante el amanecer. Venus era un infierno de noche y de día. A pesar de los sistemas de refrigeración adicionales, la sonda solo fue capaz de soportar 50 minutos antes de dejar de funcionar. Por su parte, su compañera V-72 nº 671 ha tardado 53 años en entrar en la atmósfera. Solo que lo ha hecho en el planeta equivocado. Sea como sea, la última cápsula Venera en el espacio ha regresado a casa.

Emblemas metálicos de platino que llevaba la Venera 8 y que están ahora en Venus. La Kosmos 482 llevaba emblemas similares con el nombre Venera 9, aunque nunca abandonó la órbita terrestre (Roscosmos).
Otra vista de los emblemas de platino de la Venera 8, similares a los de la Kosmos 482 (Roscosmos).

Referencias:

  • https://planet4589.org/space/jsr/latest.html
  • https://blogs.esa.int/rocketscience/2025/05/07/reentry-prediction-soviet-era-venera-venus-lander-cosmos-482-descent-craft/


68 Comentarios

  1. Excelente artículo 👏👏👏
    El empeño que pusieron los Rusos para alcanzar la superficie de Venus fue brutal. Realmente Venera 9 se ha convertido en una cápsula del tiempo.

  2. Me ha resultado muy interesante este articulo repasando la historia de las Venera. Me da pena que Venus se considere un destino de poco interés y no se aproveche la posiblidad de «subir sobre los hombros» de esos brillantes ingenieros y cientificos. A estas alturas ya deberiamos haber industrializado la producción de sondas modulares interplanetarias para hacer combinaciones de propulsión, generación de energia, capacidad, orbitadores y aterrizadores que nos permitan llegar a cualquier planeta del sistema solar rebajando el coste de exploración para la comunidad cientifica. Una idea cada vez más imposible debido a la deriva de la cooperación internacional que estamos sufriendo.

    1. Excelente documento sobre el desarrollo y avances de la tecnología espacial soviética, lástima que con la caída de la URSS se perdió casi toda la vanguardia y el empeño de aquellos años, gracias por seguir informando y rememorar esos tiempos de avances científicos inmensos dejando de lado la pugna que existía por la guerra fría.

  3. Si Daniel hace un libro sobre la cosmonáutica ruso-sovietica yo pongo el título: Cómo Conquistamos el Cosmos, Payasos
    Y bienvenida a la Tierra, venerable Venera

  4. Increíble entrada Daniel… pero me he quedado con ganas de la parte 2: Veneras 9 en adelante, leí que hubo algún problema con las protectores de las lentes y algunas misiones no pudieron sacar fotos a pesar de que sobrevivieron como 2 horas.
    Esperamos ansiosos la continuación!

  5. Por estos artículos se te “venera”.

    (Todo lo leído y el buen juicio para que no haya comentarios de odio o muy fuera de tiesto es de agradecer. Gran tarea.)

  6. Muchas gracias. Llevó par de días viendo videos y leyendo mucho sobre Venus, que me parece mas interesante como planeta que Marte.
    Gracias por tan buena información. Saludos desde Venezuela.

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