Medio siglo del Apolo 13: «Houston, hemos tenido un problema»

Por Daniel Marín, el 15 abril, 2020. Categoría(s): Apolo • Astronáutica • Luna • NASA ✎ 121

Estos días celebramos el 50º aniversario de la que probablemente es la misión Apolo más famosa tras el Apolo 11. Hablamos, claro está, del Apolo 13. No deja de ser una paradoja que una de las misiones más populares del programa espacial sea aquella en la que la tripulación estuvo más cerca de morir en el espacio. Aunque, evidentemente, ya sabemos que una historia trágica con final feliz es mucho más atractiva que un ‘simple y aburrido’ éxito. Por eso hay una magnífica película de Hollywood sobre el Apolo 13, pero ninguna superproducción sobre el Apolo 11 (no, First Man no cuenta). Y por eso hay más libros sobre el Apolo 13 que sobre el resto de misiones del programa. Apolo 13 se suele presentar como uno de los mayores éxitos de la NASA. Un éxito a pesar del fracaso: el ingenio y la perspicacia de los miles de hombres y mujeres que trabajaban para la NASA lograron salvar la vida de tres hombres que iban camino a la Luna gracias a un esfuerzo contrarreloj. «El fracaso no es una opción» y todo eso. Y, sin duda, esa parte es cierta.

La Luna vista desde el Apolo 13. Se puede ver parte de la cara oculta (NASA).

Apolo 13 demostró lo bien engrasada que estaba la maquinaria del Apolo y que el control de la misión había alcanzado un altísimo grado de eficiencia. Por otro lado, cuando Lovell, Swigert y Haise despegaron el 11 de abril de 1970 rumbo a la Luna, el programa Apolo ya tenía fecha de caducidad y la apatía de la opinión pública hacia las misiones lunares comenzaba a ser una carga muy pesada para la NASA.

Emblema del Apolo 13. «Ex Luna, scientia», («de la Luna, conocimiento») (NASA).

La tripulación

Apolo 13 era la primera misión que no formaba parte del esfuerzo inicial por poner el primer ser humano en la Luna. Apolo 12 había sido planificada como una especie de repetición del Apolo 11 teniendo en cuenta la posibilidad de que esta misión —o alguna otra anterior— sufriese algún problema que impidiese el alunizaje. Conrad y Bean habían demostrado la capacidad del módulo lunar para descender con precisión en una zona específica de nuestro satélite y que la enorme falta de precisión del Apolo 11 durante el alunizaje —que casi da al traste con la misión— había quedado atrás. Por este motivo, en el Apolo 13 —una misión de ‘tipo H’ según la clasificación de la NASA— la ciencia jugaría un papel más relevante que en las misiones previas. Se eligió la región de Fra Mauro, la primera zona de alunizaje que no estaba situada en uno de los maria y, por tanto, tenía un relieve más accidentado. Pero había una pega que se revelaría de vital importancia para la misión: Fra Mauro no se encuentra en el ecuador lunar, así que, para alcanzarla, Apolo 13 no podía seguir una trayectoria de retorno libre. Las misiones Apolo 8, 10 y 11 habían seguido este tipo de trayectoria, que permitía usar la gravedad de la Luna para volver a la Tierra sin casi usar propulsión en caso de que surgiese algún problema en el viaje de ida. Apolo 13 seguiría la misma trayectoria que el Apolo 12, denominada de tipo híbrido. En esta trayectoria, la nave seguía inicialmente una órbita de retorno libre, pero luego se apartaba de la misma para poder alcanzar el lugar de alunizaje. En caso necesario se podía volver a la órbita de retorno libre con un ‘pequeño’ empuje propulsivo.

Fra Mauro: zona de alunizaje original del Apolo 13 (NASA).

Pero, ¿qué astronautas irían es esta misión? A principios de 1969 Deke Slayton, el encargado de seleccionar a las tripulaciones del Apolo, no lo tenía claro. Su objetivo en esa época era el primer alunizaje, que correría a cargo del Apolo 11 o, si surgía algún problema, del Apolo 12. El 13 no era una prioridad y Slayton no pensaba aplicar a rajatabla el sistema de rotaciones según el cual la tripulación de reserva de una misión debía volar como tripulación principal tres misiones más tarde. En realidad, Slayton decidió saltarse la rotación para ayudar a su antiguo compañero y amigo Al Shepard en la que probablemente fue su decisión más polémica a lo largo de su carrera. Shepard había sido el primer astronauta estadounidense en superar la barrera del espacio en 1961 y para entonces era un auténtico ‘héroe americano’. Sin embargo, poco después de su misión se descubrió que padecía la enfermedad de Ménière, una dolencia del oído interno que lo incapacitaba como astronauta. Como premio de consolación, Shepard fue asignado en 1963 como Jefe de la Oficina de Astronautas para supervisar el entrenamiento de sus compañeros. Pero Shepard no se rindió y se sometió a una operación para eliminar sus síntomas. En marzo de 1969 Shepard se había recuperado de su última cirugía y le comunicó a Slayton que estaba listo para volver al espacio.

De izqda. a dcha.: Deke Slayton, Al Shepard, Jim Lovell y Wally Schirra (NASA).

Slayton creía que Shepard era el mejor piloto de entre todo el cuerpo de astronautas. No podía asignarle un ‘simple’ puesto de piloto del módulo de mando o, peor, piloto del módulo lunar (el escalafón más bajo en los «rangos» de la tripulación del Apolo). No, Shepard solo podía volver a lo grande, es decir, como comandante. Y, ni corto ni perezoso, Slayton tomó la decisión de ponerle en la siguiente misión disponible, que era Apolo 13. El problema es que había, como mínimo, otros dos candidatos más preparados que Shepard (sin contar a Wally Schirra, comandante del Apolo 7, que había sido vetado por la cúpula de la NASA por su ‘insubordinación’ durante su misión). El primero era Gordo Cooper, veterano de los programas Mercury y Gémini que había servido como comandante de reserva del Apolo 10. Desgraciadamente, la relación personal entre Slayton y Cooper se había agriado ostensiblemente, hasta tal punto que Slayton se quejó abiertamente de la actitud de ‘holgazán’ de Cooper y maniobró para dejarlo fuera de cualquier posible misión espacial (Cooper y otros astronautas siempre negaron que Cooper fuera un ‘vago’ y, como muchos mitos del Apolo, es posible que nunca sepamos toda la verdad). El segundo candidato era Jim McDivitt, comandante del Apolo 9. De hecho, McDivitt había sido uno de los favoritos de Slayton para ser el primero en pisar la Luna, pero la cercanía de fechas entre el Apolo 9 y el Apolo 11 impidió que pudiera ser asignado a esta misión. Como no podía dejar a McDivitt de lado, a Slayton no se le ocurrió otra idea que ponerlo de piloto del módulo lunar con Shepard de comandante, mientras que Stu Roosa sería el piloto del módulo de mando. Para un astronauta veterano como McDivitt, que había comandado su propia misión Apolo y se codeaba con la cúpula de la NASA, la propuesta de Slayton era más dolorosa que una patada en las costillas.

Alan Shepard en el control de la misión celebrando el lanzamiento exitoso de la Gémini 6 (NASA).

McDivitt se quejó, con razón, de que Shepard no estaba preparado para estar al mando de una misión Apolo. No había participado en el programa Gémini y su entrenamiento en el Apolo como astronauta había sido muy superficial y breve. Su experiencia se limitaba a un vuelo suborbital de un cuarto de hora. Por muy héroe que fuese, casi cualquier otro astronauta del sistema de rotaciones del Apolo estaba mejor preparado que Shepard. De hecho, McDivitt insistió en que si volvía a volar lo haría con sus compañeros de tripulación del Apolo 9, Dave Scott y Rusty Schweickart. Pero Scott tampoco estaba por la labor porque ya había sido nombrado comandante de reserva del Apolo 12, un puesto que le ponía en primera fila para comandar el Apolo 15. Ante la negativa de McDivitt a aceptar su papel de segundón, Slayton decidió proponerle el puesto de Shepard como jefe de la oficina de entrenamiento de los astronautas. Ni que decir tiene, McDivitt no aceptó la propuesta de Slayton (pero sí lo hizo Stafford, el comandante del Apolo 10). Posteriormente, McDivitt sería recomendado por George Low, uno de los jefes de la NASA, para ser uno de los encargados del Apolo en Houston. La respuesta de Cooper fue bastante más visceral y se pasaría el resto de su vida criticando a Slayton por haber elegido a Shepard para la misión (Cooper dejaría la NASA en 1970).

La tripulación del Apolo 9: Jim McDivitt, Dave Scott y Rusty Shweickart (NASA).

Finalmente, Slayton puso como piloto del módulo lunar a Ed Mitchell, otro ‘novato’ como Roosa. Slayton también tuvo problemas para elegir la tripulación de reserva del Apolo 13. Primero pensó en John Young como comandante de reserva, Gene Cernan como piloto del módulo lunar y Jack Swigert como piloto del módulo de mando. Pero Cernan rechazó la invitación porque eso dejaba fuera la posibilidad de que pudiese comandar su propia misión. Sí, como lo oyes. Cernan rechazó caminar por la Luna, aunque al final la jugada le salió bien y comandó el Apolo 17, pero solo porque Mike Collins rechazó el puesto. Slayton puso a Charlie Duke en el lugar de Cernan. Sin embargo, contra todo pronóstico, la cúpula de la NASA rechazó la propuesta de Slayton para las tripulaciones del Apolo 13. George Mueller, el jefe de los vuelos tripulados de la agencia, también consideró que Shepard estaba demasiado verde para volver al espacio tan pronto. Como no quería enfrentarse con Slayton ni con Shepard, Mueller le permitió que lo asignase a otra misión posterior (que sería el Apolo 14). Slayton se vio obligado a buscar otra tripulación para el Apolo 13 y, esta vez, dejó favoritismos a un lado, aunque ya se había enemistado con los principales candidatos. Finalmente, decidió optar por James Arthur Lovell como comandante, Thomas Kenneth Mattingly como piloto del módulo de mando y Fred Wallace Haise como piloto del módulo lunar. Lovell y Haise estaban en esos momentos sirviendo como tripulación de reserva del Apolo 11 junto con Bill Anders (Anders había decidido abandonar la NASA, de ahí que Slayton escogiese a Mattingly en su lugar). La tripulación de reserva se mantuvo con Young, Swigert y Duke.

La tripulación original del Apolo 13 (Lovell, Mattingly y Haise), posan con el emblema de la misión, un sextante y un astrolabio (NASA).

Jim Lovell (42 años) había sido el piloto del módulo de mando del Apolo 8 y ya había estado alrededor de la Luna. Ahora, en su cuarto vuelo espacial, tendría la oportunidad de pisarla. Frente al callado y serio Armstrong, Lovell era una persona extrovertida y simpática, pero sin llegar a los ‘excesos’ de Pete Conrad. Frank Borman, el comandante del Apolo 8, solía decir que si no te llevabas bien con Lovell, no te llevarías bien con nadie. Fred Haise (36 años) y Ken Mattingly (34 años) encajaban mejor dentro del estereotipo de los pilotos de pruebas: serios, reservados y muy trabajadores (Haise era militar de la USAF y Mattingly, como Lovell, de la US Navy). La tripulación le puso al módulo de mando CSM-109 el nombre de Odyssey —’odisea’— inspirados claramente por la película 2001: una odisea en el espacio. El módulo lunar LM-7 seria Aquarius, una referencia indirecta al concepto New Age —y erróneo— de la ‘Era de Acuario’ tan en boga en los años 70, además de ser un homenaje al musical Hair. Vale la pena recordar que la costumbre de poner un nombre a las dos naves no era un simple capricho anecdótico, sino que estos nombres se usaban como señal de identificación —callsign— cuando los dos vehículos estaban separados (durante el resto del tiempo el callsign sería simplemente ‘Apolo’, ‘Apolo 13′ o ’13’). El Saturno V de la misión, el octavo del programa Apolo, era el SA-508 (Saturn-Apollo 508). Había sido trasladado a la rampa 39A sobre la plataforma MLP-3 el 15 de diciembre de 1969. El ensayo final antes del lanzamiento con la tripulación, el TCDT (Terminal Countdown Test), se llevó a cabo el 26 de marzo de 1970.

CSM-109 Odyssey (NASA).
Módulo lunar LM-7 Aquarius (NASA).

El 5 de abril, a menos de una semana del despegue, el médico de la oficina de astronautas Chuck Berry —sí, se llamaba igual que el cantante—, le comunicó a Slayton que había un problema. Sería el primero de la misión. Uno de los hijos de Charlie Duke había contraído la rubeola y, por tanto, era posible que las tripulaciones principal y de reserva hubiesen estado expuestas a la enfermedad. De ser así, desarrollarían síntomas dentro de dos semanas, justo cuando los astronautas estuviesen en órbita lunar. Lovell y Haise ya habían padecido la enfermedad, pero no así Mattingly. Slayton pensó en sustituir la tripulación principal por la de reserva, pero la primera se había entrenado mucho más duro y era posible que el cambio fuese peor que la enfermedad, nunca mejor dicho. La otra opción era sustituir a Ken Mattingly por Jack Swigert, que también era inmune. La decisión no fue fácil, pero Slayton no quería arriesgarse y decidió poner a Swigert en la tripulación principal. A Mattingly le sentó fatal, lógicamente, aunque Slayton le aseguró que podría volar con Young y Duke en el Apolo 16, si es que esta misión no se cancelaba antes. Lovell tampoco estaba nada convencido: cada tripulación desarrollaba sus rutinas y sus propios códigos internos con lenguaje no verbal. Sustituir a Mattingly por otra persona podía ser muy arriesgado, ¿no se podía retrasar la misión? Slayton «convenció» a Lovell recordándole que la única opción alternativa era cambiar a toda la tripulación principal por la de reserva. El comandante no tuvo más objeciones.

El SA-508 del Apolo 13 en la rampa 39A (NASA).

(Con respecto a la enfermedad, hay cierta confusión en las fuentes en castellano. Las fuentes oficiales de la NASA señalan que era rubeola, que en inglés es rubella. Sin embargo, en EE UU esta enfermedad se conoce popularmente como German measles o three-day measles, pero a veces se le denomina de forma coloquial simplemente como measles, palabra que también significa ‘sarampión’ de ahí que en ocasiones se comente, erróneamente, que se trataba de esta última enfermedad).

jack Swigert se enfunda su escafandra A7L antes del lanzamiento (NASA).

Aunque en la película Apolo 13 se presenta a Swigert como el ‘novato’, recordemos que ni Haise ni Mattingly habían volado al espacio. Además, Swigert había participado como miembro de la tripulación de apoyo —algo así como la tripulación de reserva de la tripulación de reserva— de los Apolo 7 y 10. De hecho, y pese a que es cierto que Mattingly se había entrenado más duramente que Swigert para el Apolo 13, ambos hombres eran igual de novatos en términos de experiencia dentro de la NASA y los dos habían sido seleccionados en 1966 como parte del mismo grupo de candidatos a astronauta (al igual que Haise, por otro lado). Pese a todo, el 9 de abril, tan solo dos días antes del lanzamiento, Slayton llevó a cabo una prueba-maratón de doce horas con Lovell, Swigert y Haise para verificar las aptitudes del nuevo piloto del módulo de mando y su grado de compenetración con sus nuevos compañeros. Swigert superó la prueba. El 10 de abril John Leonard ‘Jack’ Swigert (38 años) fue confirmado oficialmente como miembro de la tripulación del Apolo 13. Mattingly, que todavía albergaba la esperanza de viajar a la Luna con el ’13’, se puso furioso.

La tripulación final del Apolo 13: Jim Lovell, Jack Swigert y Fred Haise (NASA).

La nueva tripulación tuvo que realizar varios retratos oficiales apresurados, pero ya era demasiado tarde para quitar el nombre de Mattingly de las notas de prensa que habían sido publicadas. Afortunadamente, en el emblema de la misión no aparecían los nombres de los astronautas —fue el único emblema del programa, junto con el del Apolo 11, que no hacía referencia a la tripulación—, solo el lema Ex Luna, scientia (‘de la Luna, conocimiento’), una versión adaptada por Lovell del lema de la academia naval Ex scientia, tridens (‘del conocimiento, el tridente [el poder de Neptuno]). Eso sí, se tuvo que crear a toda prisa la placa conmemorativa con los nombres y firmas de los astronautas. Como la que llevaba el nombre de Mattingly ya estaba fijada a la pata frontal del módulo lunar Aquarius, situado sobre el Saturno V en la rampa 39A, los astronautas la llevarían a bordo del LM y la colocarían sobre la otra placa una vez en la superficie lunar.

Réplica de la placa del Apolo 13 que iba en el módulo lunar. Sus restos están actualmente en el fondo del océano Pacífico (NASA).
Jim Lovell se pone su escafandra A7L con las marcas rojas de comandante (NASA).
La tripulación se dirige a la Astrovan para ir a la rampa (NASA).

Apolo 13 despegó el 11 de abril de 1970 a las 19:30 UTC, 14:13 hora local. Los astronautas llevaban los trajes de presión A7L habituales, pero en esta ocasión el traje de Lovell incorporaba unas bandas de color rojo en los brazos y piernas con el objetivo de distinguirlo de Haise cuando caminase por la superficie lunar (la cubierta del casco de Lovell también llevaba una banda roja y un escudo de la armada con un ancla). Como ya era habitual, el Saturno V se elevó en el despejado y soleado cielo de Florida creando un majestuoso espectáculo. La tripulación pudo comprobar cómo la aceleración sube progresivamente hasta alcanzar 3,83 g. La brusca separación de la primera etapa S-IC transcurrió con éxito, pero la segunda etapa S-II pronto comenzó a mostrar las oscilaciones longitudinales —’efecto pogo’— que habían afectado a misiones previas.

Lanzamiento del Apolo 13 (NASA).

Las oscilaciones eran ligeramente incómodas para la tripulación, pero en esta ocasión provocaron además el apagado prematuro del motor J-2 central a los 330,6 segundos tras el despegue. Este motor debía apagarse antes que los otros cuatro para limitar la aceleración sufrida por los astronautas, pero no tan pronto. Se había apagado dos minutos y doce segundos antes de tiempo. Para compensarlo, los otros cuatro motores funcionaron 34 segundos adicionales guiados por el ordenador del Saturno V, situado en la Unidad Instrumental de la tercera etapa. A pesar de todo, el fallo del motor se tradujo en una pérdida de eficiencia (es decir, se gastó más propelente para alcanzar la órbita planeada). Por suerte, el SA-508 llevaba más combustible del necesario para probar los lanzamientos de las futuras misiones de tipo J, con módulos lunares más pesados, que comenzarían con el Apolo 15 (aunque en ese momento se esperaba que la primera misión de tipo J fuese el Apolo 16). No era la primera vez que fallaba un motor J-2 de la segunda etapa: durante el problemático lanzamiento no tripulado del Apolo 6 se perdieron dos de los cinco motores de la S-II. En todo caso, 9 minutos y 53 segundos tras el lanzamientos la segunda etapa se separó y la tercera etapa S-IVB realizó su primera ignición. Habían pasado 12 minutos y 40 segundos desde el despegue cuando el Apolo 13 alcanzó la órbita baja terrestre.

Plan de vuelo original del Apolo 13 (NASA).

En la órbita de aparcamiento la tripulación comprobó que los sistemas del Odyssey y la tercera etapa funcionaban correctamente de cara al encendido translunar (TLI). El Apolo 13 dio una vuelta y media a la Tierra y 2 horas y 25 minutos tras el despegue el único motor J-2 de la tercera etapa S-IVB se encendió durante 351 segundos. Lovell, Swigert y Haise ya iban camino a la Luna. Swigert ocupó el asiento izquierdo para pilotar la nave en la maniobra de transposición: separó el Odyssey de la tercera etapa y lo acopló con el módulo lunar Aquarius, que hasta ese momento había estado protegido por los pétalos del SLA (Saturn Launch Adapter). El acoplamiento manual tuvo lugar unas 4 horas tras el despegue. La tercera etapa ejecutó una maniobra mediante su sistema de propulsión secundario —un conjunto de propulsores hipergólicos situado en su base— para alejarse del conjunto CSM-LM. Pero la misión de la tercera etapa no había terminado. A diferencia de las S-IVB de las misiones Apolo 8, 10, 11 y 12, que se habían quedado en órbita solar, la tercera etapa del Apolo 13 sería la primera a la que se ordenaría «suicidarse». El objetivo era estrellarla contra la superficie lunar para que los sismómetros del ALSEP del Apolo 12 pudieran detectar las ondas sísmicas y determinar así su estructura interior. La etapa impactó contra la Luna tres días después a una velocidad de 2,5 km/s.

El módulo lunar Aquarius en la tercera etapa S-IVB visto desde el módulo de mando Odyssey (NASA).
La tercera etapa S-IVB del Apolo 13 se aleja. En primer plano se ven los propulsores RCS del módulo lunar Aquarius (NASA).

La misión se estaba desarrollando perfectamente y a las 30 horas y 40 minutos de misión el motor principal SPS del Odyssey realizó un pequeño encendido de 3,49 segundos. El objetivo de esta maniobra era abandonar la trayectoria de retorno libre que el Apolo 13 había seguido hasta ese momento. Esta trayectoria permitía regresar a la Tierra dando una vuelta alrededor de la Luna sin casi usar propulsión, pero, a cambio, solo permitía acceder a las zonas situadas en el ecuador lunar. Recordemos que, desde el Apolo 12, la NASA había introducido una «trayectoria híbrida» que seguía un retorno libre durante la primera parte de la misión y luego la abandonaba de cara a la inserción en órbita lunar. Lovell, Swigert y Haise no sabían que este pequeña ignición les iba a complicar bastante la vida tan solo un día más tarde.

El motor SPS del módulo de mando y servicio (CSM) del Apolo en acción (NASA).
Trayectoria de retorno libre (línea discontinua) y trayectoria híbrida (línea continua). La primera se usó en los Apolo 8, 10 y 11. La segunda en el resto de misiones lunares Apolo. El Apolo 13 tuvo que volver a situarse en una trayectoria de retorno libre después del accidente usando el motor DPS de la etapa de descenso del LM (NASA).

La historia del tanque de oxígeno número dos

El Apolo 13 se estaba acercando a la Luna y los astronautas ya solo pensaban en activar el módulo lunar Aquarius y en la inserción en órbita lunar. Pero fue entonces cuando comenzaron los problemas con el tanque de oxígeno número dos del módulo de mando Odyssey. Para entender bien la naturaleza del accidente del Apolo 13 es necesario explicar primero cómo funcionaba este tanque y para qué servía. El módulo de mando y servicio (CSM) del Apolo estaba dividido en la cápsula o módulo de mando (CM) y el módulo de servicio (SM). Durante el vuelo a la Luna, el módulo de servicio se encargaba de las tareas de propulsión, comunicaciones y generación de energía eléctrica. Para esta última tarea, el SM llevaba células de combustible, mientras que el módulo lunar confiaba en baterías. Por su parte, el módulo de mando también llevaba baterías, pero solo estaban pensadas para alimentar los sistemas de la cápsula durante la reentrada y descenso, tras la separación del SM. Estas baterías de óxido de plata-zinc se podían recargar con las células de combustible.

Elementos del módulo de servicio (SM) del Apolo (NASA).
La sección número 4 del SM donde estaban las tres células de combustible, dos tanques de oxígeno líquido y uno de hidrógeno líquido (NASA).
Vista de los tanques criogénicos del CSM del Apolo. Encima los tanques de oxígeno y abajo del de hidrógeno (NASA).

Las células de combustible funcionan combinando oxígeno e hidrógeno para dar agua, creando electricidad en el proceso. Eso significa que había que llevar oxígeno e hidrógeno en el módulo de servicio, que, para ahorrar espacio, tendrían que estar en estado líquido a bajísimas temperaturas. De paso, el oxígeno podía ser usado por los astronautas para respirar (el Apolo usaba una atmósfera de oxígeno puro a baja presión) y el agua resultante del funcionamiento también se usaría para refrigerar los sistemas de la nave y como fuente de agua potable para la tripulación (en realidad, las células producían tanta agua que era necesario echar al espacio el exceso de forma regular). El módulo de servicio era un cilindro dividido internamente en seis secciones radiales, con una parte central dedicada al motor SPS. Cuatro de las secciones incluían los tanques de propergoles hipergólicos del SPS —dos de ellas con un ángulo de 60º y las otras dos de 70º— mientras que las dos últimas eran de 50º. De estas dos secciones de 50º, una estaba vacía —en las misiones J Apolo 15, 16 y 17 se pondrían instrumentos científicos en esta zona— y la otra, el sector número cuatro, incluía tres células de combustible, dos depósitos de oxígeno líquido (LOX) y uno de hidrógeno líquido (LH2). Sabiendo lo que sabemos ahora, es fácil ver que el sistema criogénico del Apolo era un sistema crítico con pocas redundancias. Un fallo grave del mismo dejaría a la nave sin electricidad, agua y oxígeno a la vez.

Esquema de funcionamiento del sistema criogénico del CSM con las tres células de combustible. Se ven los dos tanques de oxígeno (NASA).
Detalle interno de un tanque de oxígeno líquido del CSM (NASA). A la izquierda detalle del cableado.

Los dos tanques de LOX eran esferas metálicas de 67 centímetros de diámetro hechas a partir de Inconel —una aleación de níquel y acero— con 148 kg de oxígeno en su interior cada uno. El oxígeno se almacenaba dentro otra esfera metálica interna de 64 centímetros de diámetro. El espacio entre ambas esferas estaba relleno de material aislante (papel de aluminio y fibra de vidrio). Además, una bomba se encargaba de mantener el vacío parcial entre ambas esferas para mejorar el aislamiento. No todo el oxígeno estaba en estado líquido, sino que era una mezcla gaseosa y líquida en función de la temperatura. A mayor temperatura, más cantidad de gas. Al principio de la misión la mayor parte del oxígeno estaba en estado líquido, pero al pasar el tiempo, la proporción de gas aumentaba. Como, obviamente, el gas ocupa más volumen que la fase líquida, si todo el oxígeno pasase a estado gaseoso de golpe la presión interna del tanque sería demasiado alta y se podría producir una ruptura explosiva. Por ese motivo, la temperatura del interior del tanque tenía que estar entre -149 ºC y 27 ºC. Como vemos, el límite superior era lo suficientemente alto como para que se considerase que la probabilidad de una explosión fuese extremadamente remota.

Otro plano del tanque de LOX (NASA).
Detalle del ventilador del tanque (NASA).

El accidente que sufriría el Apolo 13 tendría que ver con un problema muy habitual en las naves espaciales. ¿Cómo medir cuánto oxígeno había en el tanque? En ausencia de gravedad el oxígeno líquido no se va al fondo del recipiente, así que se usaba un sensor que medía la densidad del contenido. Pero, como hemos comentado, el interior del tanque era una mezcla de oxígeno líquido y gaseoso. En gravedad cero el oxígeno se distribuía en capas según la densidad, un fenómeno que confundía al sensor y que podía dar lecturas erróneas de la cantidad disponible. Por eso cada tanque llevaba dos pequeños ventiladores destinados a agitar el oxígeno para homogeneizarlo y obtener una medida de densidad media adecuada, que a su vez era traducida en una medida de cantidad. Dentro del tanque también había dos calefactores y una resistencia que medía la temperatura. ¿Y para qué servían los calefactores? Pues porque si la mayoría el oxígeno estuviese en fase líquida, el tanque no tendría presión suficiente para suministrar gas a las células de combustible, así que había que calentar la mezcla para mantenerla con la densidad óptima.

Situación de las células de combustible en el SM (NASA).

Sin que nadie lo supiese, el tanque de oxígeno número dos del Odyssey (con número de serie 10024X-TA0008) tenía un defecto oculto que resultaría fatal. En sí, el problema no era grave, pero combinado con una serie de errores adicionales, resultaría ser explosivo, literalmente. Este tanque había sido construido originalmente para el CSM Charlie Brown del Apolo 10, pero cuando intentaron instalarlo el 21 de octubre de 1968 descubrieron que no se ajustaba bien al espacio disponible. Como no había tiempo para reparar el tanque, se decidió cambiarlo por otro del Odyssey del Apolo 13. En el proceso de desmontar el tanque de Charlie Brown, el equipo de tierra se despistó y lo dejó caer desde unos cinco centímetros de altura. El golpe fue muy suave, pero se cree que descolocó ligeramente la conducción que se usaba para llenar el tanque en tierra. Tras una inspección externa, se concluyó que no había sufrido daños de consideración y se decidió usarlo en el Odyssey del Apolo 13.

Instalando los tanques criogénicos en el SM (NASA).

El tanque no dio ningún problema hasta el 25 de marzo de 1970, cuando se realizó la prueba de cuenta atrás TCDT. En esta prueba se llenaron todos los tanques de la nave con los volátiles correspondientes, incluyendo el oxígeno. El tanque número dos se llenó correctamente y la prueba se realizó con éxito. Pero cuando los técnicos quisieron vaciar el tanque descubrieron que no podían. Metieron oxígeno gaseoso a alta presión por la conducción de llenado para desplazar al oxígeno líquido, pero dicha conducción había resultado dañada en el golpe y no estaba transportando el oxígeno gaseoso correctamente. Unos días más tarde decidieron intentar un plan B, consistente en calentar el tanque para que el oxígeno líquido simplemente se transformase en gas y saliese por la conducción de salida del tanque (un proceso más lento que llevaría un par de días). ¿Cómo hacerlo? Fácil, recuerda que el tanque disponía de dos elementos calefactores en su interior. Lo único que había que hacer era vigilar que la temperatura no excediese los 27 ºC para no superar los límites de presión del tanque. Por tanto, y tras consultarlo con sus superiores, los técnicos decidieron seguir este plan.

Detalle del tanque de LOX del Apolo (NASA).

Sin saberlo, los técnicos habían conectado el segundo elemento de la cadena que llevaría al accidente del Apolo 13. Y es que el tanque de oxígeno tenía otro defecto, esta vez de diseño, que había pasado desapercibido. Originalmente la electrónica de los tanques debían operar a un voltaje máximo de 28 voltios de corriente continua, que era el suministrado por las células de combustible, pero con posterioridad la NASA decidió cambiar el límite de voltaje de trabajo a 65 voltios. Aunque las células seguirían generando 28 voltios, la NASA quería poder usar equipos de tierra con un voltaje superior, de ahí el cambio de especificaciones. El subcontratista del tanque de oxígeno, la empresa Beech Aircraft —el contratista principal del CSM era North American—, había encargado los sistemas eléctricos a otra compañía con el requisito inicial de que soportasen un máximo de 28 voltios. Cuando la NASA aumentó el voltaje máximo, la información no llegó al suministrador de Beech, que siguió fabricando la electrónica para 28 voltios. Nadie en Beech Aircraft ni en la NASA se dio  cuenta del fallo.

El SA-508 del Apolo 13 sobre la plataforma ML y la torre de servicio móvil MSS. Los técnicos accedían a los sistemas de las naves CSM y LM desde la torre MSS (NASA).

¿Y qué tiene que ver todo este lío con los voltajes? Pues que cuando el equipo de tierra suministró desde fuera la corriente a 65 voltios, los fusibles de seguridad de la electrónica del tanque, diseñados para un máximo de 28 voltios, se fundieron, literalmente, y, en vez de impedir el paso de corriente, permitieron que esta entrase sin control en la resistencia de los calefactores. La temperatura comenzó a subir muy por encima de los límites de diseño del tanque. Los técnicos monitorizaban continuamente la temperatura, pero en este punto nos encontramos con el tercer eslabón de la cadena de fallos. Y es que el termómetro del tanque no podía mostrar temperaturas por encima 30 ºC. No es que fuera exactamente un fallo de diseño, porque recordemos que los tanques no debían superar los 27 ºC, sino más bien se trataba de un fallo de previsión. El inconveniente es que los técnicos de tierra desconocían la existencia de esta limitación. El interior del tanque superó los 500 ºC durante más de ocho horas, dañando su interior y, especialmente, el recubrimiento de teflón del cableado interno. El tanque no explotó porque para entonces no estaba completamente lleno y porque el exceso presión de podía aliviar por los conductos de salida. Aunque el teflón aguantó por el momento, la exposición a la alta temperatura lo había agrietado y dejado en un estado muy frágil. Por si fuera poco, los técnicos volvieron a repetir este protocolo tres días más tarde.

La Tierra vista desde el Apolo 13 (NASA).

El problema de diseño en la limitación de voltaje de los tanques de oxígeno del Apolo estaba presente en todas las unidades construidas hasta la fecha, pero no se había manifestado porque los calefactores solamente se usaban en el espacio usando el voltaje de 28 voltios de las células de combustible. Y si alguna vez los equipos de tierra los activaron a 65 voltios, lo hicieron durante muy poco tiempo. El tanque de oxígeno número dos del Odyssey había sido sometido a cientos de grados durante horas. Y todo por la imposibilidad de evacuar el oxígeno líquido de su interior por culpa de una conducción que había sido dañada por un ligero golpe fortuito.

Menú previsto de Lovell durante la misión (NASA).

El accidente: «hemos tenido un problema»

Y, una vez que comprendemos los detalles del tanque de oxígeno, volvamos a bordo del Odyssey. La secuencia que llevó a la explosión del tanque número dos fue, como suele ocurrir, un poco más compleja y larga que la que nos presenta la versión de Hollywood. Pese a los daños sufridos, el tanque número dos se llenó antes del lanzamiento y funcionó perfectamente durante los primeros días de la misión. Pero cuando habían transcurrido 46 horas y 40 minutos desde el lanzamiento (el 13 de abril a las 17:15 UTC), la tripulación activó los ventiladores del tanque para poder medir su contenido adecuadamente. Los astronautas y el control de tierra pudieron ver que la aguja que marcaba la cantidad de oxígeno subía del 82% a más del 100%, una medida obviamente errónea. La investigación posterior determinó que, probablemente, se produjo un cortocircuito en el cableado interno del sensor de densidad que había quedado expuesto por el incidente en la rampa de lanzamiento y, como consecuencia, ya no funcionaba correctamente. Era la primera indicación de que algo iba mal.

Indicadores de presión y llenado de los tanques criogénicos del panel de mandos del CM del Apolo. Abajo vemos los interruptores para activar los calefactores y los ventiladores de los tanques (Apollo Flight Journal).

En las cuatro horas siguientes se repitió el procedimiento para agitar el contenido del tanque en dos ocasiones, pero la aguja seguía marcando más del 100% de capacidad. No obstante, no pasó nada más. Mientras tanto, en el edificio MOCR de Houston tocaba cambiar turno de controladores. Gene Kranz se incorporó como director de vuelo luciendo un chaleco blanco (los chalecos de Kranz eran famosos desde que debutó como director de vuelo en las misiones Gémini). Comunicándose con la nave estaba el CAPCOM Joe Kerwin. Aunque la película Apolo 13 nos ha hecho creer que Kranz fue el único director de vuelo en Houston, en realidad había cuatro turnos de directores con sus equipos de controladores correspondientes, como en el resto de misiones. Para el Apolo 13, los otros tres directores fueron Milton Windler, Gerald Griffin y Glynn Lunney. No obstante, en esta misión Kranz era el director de vuelo principal.

Gene Kranz en el control de la misión del edificio MOCR de Houston (Apollo Flight Journal).

La tripulación tenía otras cosas en las que pensar. Ahora tocaba inspeccionar el interior del módulo lunar Aquarius, una inspección que, además, sería emitida en directo por televisión. Y a todo color. La retransmisión, la tercera del vuelo, duró 32 minutos y al finalizar los astronautas volvieron al Odyssey. Precisamente, durante la retransmisión Lovell había puesto la sinfonía de Also sprach Zarathustra de Richard Strauss, el tema principal de la película 2001: una odisea en el espacio. Lovell se despidió de los televidentes con «aquí la tripulación del Apolo 13, deseamos a todos que tengan una buena noche». El 13 de abril de 1970, a las 55 horas y 52 minutos de misión, la alarma principal —master alarm— del módulo de mando se activó. No era la primera vez que lo hacía durante la misión. Curiosamente, el motivo no tenía que ver con el tanque de oxígeno número dos, sino con el tanque de hidrógeno. La presión del tanque había bajado de tal forma que no podía suministrar hidrógeno gaseoso a las tres células de combustible, por lo que 27 segundos después de la activación de la alarma, el control de tierra decidió que había que recomendarle a la tripulación la activación de todos los calefactores y ventiladores de los tres tanques criogénicos. Parecía un problema menor.

Lovell en el interior del módulo lunar Aquarius (NASA).

El CAPCOM, que ahora era el astronauta, Jack Lousma, le dijo a la tripulación desde Houston: «13, tenemos una tarea adicional para vosotros. Nos gustaría que agitaseis los tanques criogénicos. Además…». Swigert interrumpió a Lousma respondiendo «OK», antes de que el CAPCOM terminase la frase sugiriendo que la tripulación observase el cometa Bennet. Jack Swigert, situado en el asiento izquierdo del Odyssey —el puesto del comandante durante el lanzamiento— volvió a activar el interruptor de los ventiladores. El Apolo 13 estaba a 330 mil kilómetros de la Tierra, muy lejos de casa. Esta vez algo ocurrió dentro del tanque número dos. Probablemente los cables expuestos de los ventiladores se cortocircuitaron y la capa aislante de teflón se prendió fuego con el oxígeno a alta presión. El fuego aumentó la presión del tanque hasta que este reventó un minuto y medio después de que Swigert activase los ventiladores (se cree que la presión del tanque alcanzó los 41 megapascales), unas 55 horas, 54 minutos y 53 segundos en el tiempo de la misión. El fuego y la explosión dañaron las conducciones del tanque de oxígeno gemelo, el número uno, y provocaron que la cubierta del sector 4 saliese disparada al espacio.

Recreación de la explosión del tanque de oxígeno número 2 del Apolo 13 (Analytical Graphics, Inc.).

Todavía no está claro si la cubierta salió expulsada por la explosión del tanque o porque se formó un pequeño incendio en la bahía criogénica por el oxígeno expulsado, o por una combinación de ambos factores (la duda persiste porque el tanque de LOX llevaba una válvula para liberar el exceso de presión y no se sabe hasta qué punto fue efectiva). La tripulación escuchó una explosión. El sonido no se transmite en el vacío, pero sí a través del metal de las naves. Swigert estaba en el asiento izquierdo del Odyssey y Haise en el túnel saliendo del módulo lunar tras apagar los sistemas del Aquarius, mientras que Lovell se encontraba delante de los asientos guardando la cámara usada en la retransmisión de televisión. De no haber sido por el vacío del espacio, la onda expansiva podría haber dañado gravemente los tanques de propergoles del módulo de servicio —que, no obstante, permanecieron intactos— y, quizás, incluso el módulo de mando. Afortunadamente, el túnel de conexión entre el Odyssey y el Aquarius aguantó. Si no lo hubiese hecho, la nave se habría despresurizado. En la película Apolo 13 la nave se sacude violentamente, pero, en realidad, los tres astronautas solo sintieron unas oscilaciones relativamente pequeñas y el ruido de la explosión (Lovell no percibió el bamboleo porque estaba flotando libremente), seguidos por el ruido de los motores de reacción (RCS) del módulo de servicio, que de forma automática intentaban mantener la nave con la orientación predeterminada después de la explosión.

Recreación de la explosión dibujada por el astronauta Alan Bean (Alan Bean).

Los técnicos del control de tierra en Houston supieron que algo no iba bien cuando se perdió la telemetría durante 1,8 segundos debido a que la antena de alta ganancia fue golpeada por la cubierta del fuselaje que había salido disparada. La explosión había tenido una potencia equivalente a más de 3 kg de TNT. En ese momento nadie sabía qué pasaba. Los astronautas no podían ver el exterior del módulo de servicio a través de las cinco ventanas del módulo de mando. Desde Houston, los sistemas eléctricos y de soporte vital del Apolo estaban vigilados por el controlador a cargo de la consola EECOM (Electrical, Environmental and Communications Systems), situada en la segunda fila de consolas del control de la misión (en realidad, y pese al nombre, desde el Apolo 10 el EECOM ya no se encargaba de las comunicaciones para aligerar su carga de trabajo). Ese 13 de abril de 1970 le había tocado estar frente a la consola EECOM a Seymour ‘Sy’ Liebergot. Liebergot observó con asombro que los datos de su consola no tenían ningún sentido.

Liebergot frente a su consola (NASA).

Justo después de la explosión, Swigert comienza a dirigirse al control de la misión; «OK, Houston…», aunque justo en ese momento Lovell comienza a hablar «Houston…». Y Swigert termina la frase: «…hemos tenido un problema aquí» (we’ve had a problem here). El CAPCOM Lousma se confunde al escuchar a los dos astronautas y les pide que repitan, «Aquí Houston, repite por favor». Lovell asume su papel de comandante y toma la palabra: «Houston, hemos tenido un problema. Hemos tenido una bajada de voltaje del bus principal B» (las tres células de combustible alimentaban dos circuitos redundantes denominados ‘Bus A’ y ‘Bus B’ que daban electricidad a toda la nave). Efectivamente, tanto Swigert como Lovell no han dicho «Houston, tenemos un problema» (Houston, we have a problem), como se suele citar erróneamente, sino «Houston, hemos tenido un problema» (Houston, we’ve had a problem). Mientras, la explosión y el oxígeno que sigue escapando del tanque número uno han movido la nave, lo que provoca que los motores RCS sigan activándose de forma automática. Además, el ordenador AGC se ha reiniciado sin previo aviso.

Gene Kranz no entiende qué está pasando (Apollo Flight Journal).

Ni la tripulación ni Houston entienden la auténtica naturaleza de la situación, solo que ha se ha producido una explosión y que el voltaje ha bajado dramáticamente, pero ahora parece recuperarse. En realidad, la explosión del tanque de oxígeno número dos ha dejado fuera de servicio dos células de combustible —las número 1 y 3—, provocando la bajada de voltaje, pero la célula superviviente está manteniendo el voltaje de la nave usando el oxígeno del tanque número uno. La tripulación observa momentáneamente con alivio como el voltaje se recupera. Houston parece convencido de que se trata de un problema relativamente menor, quizás relacionado con los sensores. A estas alturas los astronautas están casi acostumbrados a las alarmas, así que tampoco tienen la impresión de que sea un problema excesivamente grave, aunque, por si acaso, proceden a cerrar las escotillas entre el módulo de mando y el módulo lunar.

Interior del módulo de mando del Apollo (NASA).

Lamentablemente, la explosión también ha dañado las conducciones del tanque de oxígeno número uno y el precioso gas se está perdiendo lenta, pero inexorablemente, al vacío del espacio. En tres horas estará vacío. Cinco minutos después de la explosión la única célula de combustible que sigue funcionando, la número tres, comienza a fallar debido a la falta de suministro del tanque de oxígeno. El voltaje del otro circuito principal del Odyssey, el Bus A, también comienza a bajar. La situación pasa de grave a desesperada. Sin energía eléctrica no se puede hacer nada dentro de la nave, pero es que recordemos que las células de combustible sirven además para generar oxígeno y agua. Poco a poco en Houston los distintos controladores y sus equipos recomponen las piezas del rompecabezas de la telemetría y la magnitud del problema comienza a ser evidente.

Células de combustible del Apolo (NASA).

Casi un cuarto de hora después de la explosión, algo llama la atención del comandante Lovell en la ventana central de la escotilla del módulo de mando. Lovell se acerca y, aunque no puede ver la parte trasera de la nave, es capaz de ver una sustancia que escapa del módulo de servicio. «Estamos… estamos expulsando algo al espacio», comunica a Houston. Al escucharlo, a Gene Kranz se le hiela la sangre y exclama por el canal interno del control de la misión: «¡la tripulación cree que está expulsando algo!». Y Kranz no es un tipo que suela elevar la voz más de lo necesario. «Es un gas de algún tipo», especifica Lovell. Las declaraciones del comandante echan por tierra la posibilidad de que todo sea algún tipo de fallo instrumental. El problema es real y ese gas solo puede ser el contenido de los tanques criogénicos. Las células de combustible uno y tres dejan de funcionar definitivamente, pero la dos se mantiene por el momento, aunque no aguantará mucho. Siguiendo órdenes de Houston, la tripulación comienza a apagar todos los sistemas no esenciales del Odyssey con el objetivo de aprovechar la electricidad el máximo tiempo posible mientras se activan los sistemas del Aquarius. Pero la telemetría es implacable. A pesar de todos los esfuerzos el tanque se está vaciando. El gas que vio Lovell por fuera de la ventana solo puede ser el oxígeno.

Varios astronautas acuden al centro de control para ayudar al enterarse de las noticias (Al Shepard, Ed Mitchell, Ron Evans, Gene Cernan, Joe Engle y Tony England; detrás vemos a Tom Stafford, Vance Brand y Deke Slayton) (NASA).

El fracaso no es un opción

¿Qué hacer? Todo el mundo sabe que el alunizaje es ya imposible, aunque tanto Houston como la tripulación pasan por una etapa de negación inicial (las normas de la misión obligan a que las tres células de combustible funcionen perfectamente antes de colocarse en órbita alrededor de la Luna). Ahora la prioridad es mantener con vida a la tripulación el máximo tiempo posible y traerlos a casa. La principal preocupación es el oxígeno. El módulo de mando dispone de reservas de oxígeno propias en cuatro pequeños tanques, pero son, principalmente, para emplearlos durante la reentrada. Si las usan ahora, los astronautas morirán sin remedio durante el descenso a la Tierra. Afortunadamente, el módulo lunar Aquarius tiene reservas de oxígeno de sobra. A pesar de que ha sido diseñado para mantener a dos hombres durante unos dos días, lleva reservas para permitir represurizar la cabina varias veces después de los paseos espaciales. Teniendo en cuenta los tanques del módulo lunar y las mochilas para pasear por la superficie de la Luna, Houston calcula que hay suficiente oxígeno para mantener vivos a tres hombres entre ocho y diez días. En cuanto al regreso a casa, la NASA ha compilado metódicamente una lista de todas las posibles emergencias que pueden ocurrir en una misión lunar. Este accidente encaja perfectamente con los requisitos para un aborto directo, que consiste en encender el potente motor SPS del Odyssey y volver a la Tierra. Pero hay un obstáculo. Pese a su gran potencia, el SPS no tiene la Delta-V suficiente para enviar de vuelta el conjunto Odyssey-Aquarius. Y la opción de deshacerse del Aquarius —o, al menos, de su etapa de descenso—, no es válida porque lo necesitan para mantener viva a la tripulación. Además, nadie conoce el estado del SPS. Es perfectamente posible que el motor explote al encenderse, un escenario que aterra a Houston.

Aborto directo a la Tierra usando el motor SPS del Apolo (NASA).
Tiempo de retorno a la Tierra en horas (líneas gruesas) tras un encendido de aborto del SPS en función del tiempo de la misión (eje X) y la Delta-V ejercida por el motor (NASA).

Menos de una hora después de la explosión, y tras varias reuniones frenéticas en el control de la misión, se decide que la opción más segura es realizar una maniobra de retorno libre alrededor de la Luna. Por desgracia, Apolo 13 había abandonado esta trayectoria justo un día antes. Es necesario volver a situarse en ella y al mismo tiempo se decide que será el motor de DPS de la etapa de descenso del Aquarius el encargado de realizar las maniobras de propulsión. Aquarius servirá como ‘bote salvavidas’ durante el resto de la misión, un escenario que ya había sido propuesto con anterioridad como ejercicio teórico, pero que ahora iba a ser muy real. Los astronautas deben primero activar el Aquarius, ya que en el camino a la Luna el módulo lunar era una especie de «polizón durmiente» mientras el CSM se encargaba de todo. Casi dos horas después de la explosión —tiempo de misión 58 horas y 40 minutos— la tripulación ya ha activado el Aquarius y procede a apagar todos los sistemas del Odyssey, incluyendo el ordenador principal AGC. El Aquarius tiene un ordenador similar, el LGC, pero con un software muy distinto. En cualquier caso, es necesario transferir los datos de navegación y guiado del AGC al LGC antes de apagar el primero, pero hay un problema y es que los dos ordenadores no tenían una conexión física, así que deben transferir los datos a mano. Normalmente, el procedimiento en una misión lunar era el contrario: el piloto del módulo lunar activaba el LGC anotando los datos del AGC, pero, en cualquier caso, Haise y Lovell saben muy bien qué hay que hacer. Eso sí, por si las moscas, Haise pide a Houston que confirme sus cálculos. Una vez apagados los sistemas del Odyssey, su interior comienza a enfriarse inmediatamente. La única luz dentro de la nave entra por las ventanillas de la cápsula.

Interior del Odyssey con los sistemas apagados (NASA).

A continuación los tres hombres se dedican a catalogar todos los víveres de los que disponen. Como ya dijimos, el oxígeno no es un problema, pero el agua sí lo es. En principio, el Aquarius dispone de reservas de agua potable suficientes —unos 180 litros—, pero parte de esta agua se usa para la refrigeración de los sistemas de la nave. Además, el Aquarius no genera electricidad mediante células de combustible, sino con baterías. Los cálculos muestran que hay energía suficiente para regresar a casa, pero solo si se desactivan la mayor parte de sistemas del módulo lunar, de tal forma que el consumo sea de apenas 300 vatios (los sistemas esenciales que se mantienen son la radio y, por supuesto, el sistema de soporte vital). Esto permitirá ahorrar agua como refrigerante, pero pese a todo habrá que racionarla. Con la mayoría de sistemas desconectados, las bajas temperaturas pueden ser un problema para los astronautas, pero en un vehículo espacial lo complicado es disipar el calor generado —el vacío es el mejor aislante—, no al contrario. Por tanto, los astronautas van a pasar frío, pero no morirán congelados, siempre y cuando no se queden dentro del Odyssey. Dentro de la nave no hay ropa de abrigo y la tripulación tendrá que conformarse con sus finos monos de vuelo. En cuanto a la comida, hay víveres de sobra en ambas naves, aunque una gran cantidad esta en forma deshidratada y, por tanto, no se puede comer directamente si quieren ahorrar en el consumo de agua.

Panel de mando del Aquarius con la mayor parte de sistemas apagados (NASA).

Mientras, en Houston Gene Kranz es relevado por Glynn Lunney, el siguiente controlador de vuelo. Ahora la prioridad es ejecutar el encendido del motor DPS para volver a colocarse en una trayectoria de retorno libre. Si no se alcanzar esta trayectoria antes de llegar a las cercanías de la Luna, todo lo demás dará igual. Pero no basta con encender el motor y ya está. El Aquarius no está diseñado para funcionar con el módulo de mando acoplado y Lovell no se ha entrenado para maniobrar el conjunto desde el módulo lunar con un centro de masas tan diferente. Afortunadamente, la tripulación del Apolo 9 ensayó a principios de 1969 cómo maniobrar las dos naves acopladas usando el módulo lunar. Gracias a esta experiencia, Houston puede asesorar a la tripulación de cara al encendido. Lovell y Haise presurizan el sistema de propulsión de la etapa de descenso con helio y el motor DPS cobra vida 61 horas y 30 minutos en tiempo de misión. El encendido duró 34 segundos, primero al 10% de potencia y, diez segundos más tarde, al 40% (el procedimiento estándar del DPS). Apolo 13 volvía a estar en una trayectoria de retorno libre. Lovell, Swigert y Haise regresarían a la Tierra. Ahora quedaba por ver si podrían hacerlo vivos. A diferencia de lo que suele creer mucha gente, esta no fue la primera vez que se encendía el motor DPS de un módulo lunar acoplado a un módulo de mando y servicio, puesto que ya se había efectuado durante el Apolo 9.

Encendidos del Aquarius durante la misión. La línea discontinua marca la trayectoria que habría seguido Apolo 13 si no se hubiera efectuado el primer encendido (NASA).
Sistema de propulsión del LM (NASA).

¿Qué habría pasado si el encendido hubiera fallado? La mayoría de fuentes citan que Apolo 13 había dado una vuelta alrededor de la Luna para posteriormente pasar por la Tierra a una distancia de unos 7000 kilómetros antes de quedar en una órbita solar. Los cadáveres de Lovell, Swigert y Haise hubiesen quedado en el espacio para la eternidad. Y eso es lo que pensaban en Houston en la época. Pero simulaciones recientes muestran que la nave habría pasado cerca de la Tierra a menor distancia, de tal forma que habría quedado en una órbita muy excéntrica alrededor de la Tierra. En esta órbita Apolo 13 se habría acercado a la Luna a gran distancia, pero lo suficiente como para cambiar la trayectoria y enviarla en un rumbo de colisión con la Tierra, de tal forma que la nave con los cuerpos de los tres astronautas hubiese reentrado el 20 de mayo de 1970 en el océano Atlántico, apenas cinco semanas después de la explosión.

Etapa de descenso del Aquarius (NASA).

Con la trayectoria que llevaba, el Apolo 13 amerizaría en el océano Índico, una zona del planeta con pocos buques estadounidenses. Pero lo haría casi un día más tarde de que se agotasen las reservas de agua. Demasiado justo para gusto del control de la misión. Por tanto, se decidió realizar un segundo encendido del DPS para acelerar el viaje de retorno. La ignición se denominó PC+2, es decir, pericynthion plus 2 hours, ya que tendría lugar dos horas después de pasar por el pericintio, el punto de la órbita más cercano a la Luna.

Los tres motores principales de las naves Apolo: el SPS del CSM, el DPS de la etapa de descenso del LM y el APS de la etapa de ascenso (NASA).

Pero antes de ejecutar la ignición PC+2, en Houston se dan cuenta de que hay otros dos problemas. El primero es cómo volver a activar el Odyssey después de haber estado congelado. Nunca nadie había apagado por completo un módulo de mando en el espacio y tampoco se había previsto algo así. Habrá que diseñar una lista de comprobación específica para la misión teniendo en cuenta la limitada capacidad de las baterías de la cápsula. Para recargarlas, habrá que emplear la electricidad del módulo lunar. La siguiente amenaza es el dióxido de carbono. En el Apolo, como en la mayoría de las naves espaciales, se usan filtros con cristales de hidróxido de litio (LiOH) para retirar el dióxido de carbono de la atmósfera. El Aquarius dispone de solo dos filtros, suficientes para dos personas durante dos días, pero no para tres personas durante cuatro días. En el Odyssey hay filtros de sobra, pero no son compatibles: los del Odyssey tienen forma cúbica, mientras que los del Aquarius son cilíndricos. Esto es un inconveniente potencialmente mortal. Los cálculos muestran que la acumulación de dióxido de carbono puede alcanzar niveles tóxicos antes de la reentrada. Existe la opción de usar los filtros de LiOH de las dos mochilas PLSS de soporte vital, pero Houston no quiere jugársela. Por si acaso, se crea un grupo de emergencia dedicado a idear una «técnica McGyver» para usar los filtros del Odyssey en el sistema del Aquarius usando los materiales disponibles a bordo del Apolo 13. En esta ocasión, Houston tiene que improvisar. Como organización, la NASA se jactaba de tenerlo todo previsto, pero esta vez deben admitir que la situación les ha pillado por sorpresa.

Filtros de hidróxido de litio para eliminar dióxido de carbono en el Apolo. A la izquierda los filtros del módulo lunar y a la derecha los del módulo de mando (Apollo Flight Journal).
Mochilas PLSS del Apolo 13 (NASA).

Sin el encendido PC+2, el Apolo 13 amerizaría en el océano Índico tras pasar 152 horas en el espacio. Demasiado tiempo teniendo en cuenta las malas noticias de la acumulación de dióxido de carbono. El tiempo mínimo de misión que se podía lograr con el encendido PC+2 era de 133 horas, casi un día menos. Pero el lugar de amerizaje sería el océano Atlántico. En Houston consideraron que, incluso si el «plan McGyver» no funcionaba, podían usar los filtros de las mochilas PLSS, permitiendo un amerizaje en el Pacífico tras 142 horas de misión. Por tanto, el encendido PC+2 se planeó para garantizar el poder llegar al Pacífico sur, una opción más segura al encontrarse allí los buques de rescate de la armada.

Lovell y Swigert comen en el interior del Aquarius (Apollo Flight Journal).
Cantidad de energía disponible en el Apolo 13 a lo largo de la misión (NASA).

Mientras tanto, Lovell, Swigert y Haise no se preocupan todavía por el dióxido de carbono. Se dirigen hacia la cara oculta de nuestro satélite. 77 horas y 8 minutos en tiempo de misión, el Apolo 13 se mete detrás de la cara oculta de la Luna y se interrumpen las comunicaciones con la Tierra. Los astronautas no pueden ver la superficie lunar porque se han aproximado por su hemisferio nocturno, pero luego comienzan a vislumbrar el horizonte a medida que se acercan a la parte iluminada. Apolo 13 pasa su punto más cercano a la Luna, el pericintio, el 15 de abril de 1970 a las 00:21 UTC. La mínima distancia a la superficie lunar es de 209 kilómetros, casi el doble de lo previsto en una misión normal. Como la misión Apolo 13 tuvo lugar con la Luna casi en el apogeo de su órbita, a día de hoy la tripulación del Apolo 13 sigue ostentando el récord de distancia de nuestro planeta tras haber alcanzar 400 171 kilómetros.

Geometría de acercamiento del Apolo 13 a la Luna, que estaba en fase creciente vista desde la Tierra (NASA).
El cráter Tsiolkovsky visto desde el Aquarius (NASA).

El hemisferio iluminado de la Luna empieza a desplegarse bajo los astronautas. Haise y Swigert aprovechan para tomar fotos y hacer de turistas, mientras Lovell, que ya ha estado en órbita alrededor de nuestro satélite en el Apolo 8, no muestra tanto entusiasmo. Después de 24 minutos y 35 minutos, la Tierra aparece tras el disco lunar y la tripulación vuelve a poder hablar con Houston. A partir de ahora, la Luna se irá haciendo más pequeña en las ventanas del Aquarius. Lovell, Swigert y Haise se han convertido en los primeros seres humanos en realizar una maniobra de retorno libre alrededor de la Luna (es decir, sin pasar por la órbita lunar). Pero queda pendiente el encendido PC+2. El DPS vuelve a ser presurizado y a las 79 horas y 27 minutos en tiempo de misión, Lovell y Haise se ponen a los mandos del Aquarius una vez más. No para aterrizar en la Luna como se habían entrenado, sino para regresar a la Tierra de forma más rápida. Antes de encender el motor, los astronautas deben calcular la orientación de la nave usando el sistema de guiado y navegación midiendo la posición de las estrellas, pero la enorme cantidad de partículas procedentes del módulo de servicio —que sigue expulsando restos al espacio— dificulta la visualización a través de las ópticas del módulo lunar. A instancias de Houston, Lovell y Haise usan el Sol como referencia. El encendido fue esta vez mucho más largo que el anterior: 264 segundos. Tras finalizar, Houston comprueba que el Apolo 13 ha aumentado su velocidad en 262 m/s, el valor previsto para poder amerizar en el Pacífico.

Recreación del encendido de la etapa DPS (NASA).
Otra vista de la Luna desde el Aquarius (NASA).

El regreso a casa

Los astronautas tienen ahora que sobrevivir durante dos días y medio. Apagaron todos los sistemas no esenciales del Aquarius para ahorrar agua y electricidad. El consumo de agua había sido racionado siguiendo instrucciones de Houston a 0,2 litros por persona y día. La temperatura bajó otra vez hasta los 6 ºC. Lovell, Swigert y Haise buscaron más prendas de abrigo que ponerse, incluyendo los cubrebotas lunares. Swigert, que se había mojado los pies al intentar «rescatar» la mayor cantidad posible del agua potable del Odyssey, no tenía este complemento (solo había dos pares de cubrebotas a bordo del Aquarius). Descartaron ponerse las escafandras A7L porque, al estar desactivadas, habrían pasado mucho calor y sudado en su interior, empeorando la deshidratación. La convivencia de los tres hombres en el escaso volumen del módulo lunar no es sencilla, así que de vez en cuando se retiran al congelado espacio del Odyssey para ganar algo de intimidad. Ninguno duerme bien. En el Odyssey hace demasiado frío —los tres hombres comienzan a llamarlo «la nevera»— y en el Aquarius poco espacio. Haise comienza a tener algo de fiebre debido a una infección urinaria. Esta infección fue causada por el uso continuado de bolsas de orina a raíz de una instrucción de Houston para que no vertiesen más orina por el módulo de mando. Los vertidos interferían con la telemetría de la nave, pero Houston se refería que dejasen de hacerlo durante unas pocas horas, no para siempre. En cualquier caso, su infección se agravó por la deshidratación que sufría, aunque su estado nunca fue preocupante.

La Luna vista desde la ventanilla superior del Aquarius con el Odyssey en primer plano (NASA).

A diferencia de lo que vemos en la película Apolo 13, no hay constancia de que la tripulación se gritase o enfadase entre sí en ningún momento. Sin duda pasaron momentos tensos, pero eran profesionales acostumbrados a situaciones límite y sabían que perder la calma podía significar una muerte segura. En un determinado momento de la misión, Lovell pregunta al CAPCOM Vance Brand «¿ya han florecido las flores en Houston?». Una referencia velada para saber si Mattingly había mostrado síntomas de rubeola. Brand responde: «no, aún no. Todavía debe ser invierno». «Sospechas confirmadas», dice Lovell. «Sí, e incluso dudo si florecerán para el sábado cuando volváis», añade Brand. Efectivamente, Mattingly no había tenido síntomas de ninguna enfermedad.

Lovell en el interior del Aquarius (Apollo Flight Journal).

Cuando habían pasado 87 horas de misión, el equipo de ingenieros encargado del «plan McGyver» para adaptar los filtros de hidróxido de litio del Odyssey comunicó al control de la misión que todo estaba listo. Los filtros del Odyssey se podrían emplear en el Aquarius usando una curiosa combinación de conexiones para gases de las escafandras y bolsas de plástico. La idea era forzar el paso del aire de la cabina a través de los filtros cuadrados del Odyssey usando el sistema de soporte vital del Aquarius. Tres horas más tarde la NASA ya había autorizado el plan y Houston comenzó a enviar las instrucciones a la tripulación. Los astronautas estuvieron una hora (!) anotando los pasos para el montaje de los adaptadores de los filtros y luego se pusieron manos a la obra. El sistema de soporte vital de Aquarius está no obstante sobrecargado y la humedad llena la cabina. Los astronautas observan grandes gotas de agua pegadas a tuberías y otras partes del equipo de la nave.

Slayton explica a los mandamases de la NASA cómo adaptar los filtros de LiOH del Odyssey en el Aquarius (NASA).
Esquema del plan para usar los filtros del Odyssey (NASA).

El plan de Houston salió según lo previsto y la tripulación pudo adaptar varios filtros del Odyssey en el interior del Aquarius. El nivel de dióxido de carbono comenzó a bajar, aunque todavía estaba lejos de concentraciones preocupantes. En cualquier caso, ya no sería necesario recurrir a los filtros de las mochilas PLSS. La tripulación podía volver a respirar tranquila, nunca mejor dicho. Los astronautas iban a llegar vivos a la Tierra. La única duda era ahora cómo resucitar el módulo de mando Odyssey. Los equipos de tierra y los ingenieros de North American colaboran contrarreloj para idear la secuencia de activación adecuada. En Houston tres equipos independientes han trabajado en la lista: uno para crearla, otro para trasladarlo a la «jerga de astronauta» y otro más para verificar que ninguno de los pasos superaba el límite de las baterías. Una vez preparada, la probaron en los simuladores con la tripulación de reserva del Apolo 13, John Young, Ken Mattingly y Charlie Duke. Otros astronautas también participaron en numerosas simulaciones.

Los filtros del Odyssey unidos al sistema de soporte vital del Aquarius. Los círculos de la parte inferior son los filtros de LiOH del módulo lunar (NASA).
Swigert con el adaptador improvisado (NASA).
Otro de los filtros en el túnel entre el LM y el CSM (NASA).

Un día después del crítico encendido PC+2, Houston comunicó a la tripulación que los errores acumulados en la ignición iban a desviar la nave de la trayectoria de reentrada ideal. Para corregirlo, se hace necesario llevar a cabo otro encendido del motor DPS de tan solo catorce segundos de duración en el tiempo de misión 105 horas y 18 minutos. La Delta-V de esta ignición fue de apenas 2,4 m/s. Esta vez Lovell usa la Tierra como referencia. Siete horas después comienzan a recargar las baterías del módulo de mando usando la electricidad del módulo lunar. Cuando habían pasado 125 horas y 34 minutos de la misión, Houston empieza a transmitir la checklist de la activación del módulo de mando, aunque los astronautas no se pondrán manos a la obra el proceso real hasta once horas más tarde. Había que retrasarlo lo máximo posible debido a las limitaciones de las baterías del módulo de mando. Lovell y Swigert, ayudados por Haise, activan parcialmente el Odyssey 136 horas y 25 minutos en el tiempo de misión. A pesar de la condensación en los paneles y las temperaturas bajo cero en algunas partes de la nave —el depósito de agua del módulo de mando se había congelado y permanecería así hasta después del amerizaje—, el Odyssey se pone en marcha correctamente. La parte más crítica, el encendido del ordenador AGC, es un éxito. Los astronautas empiezan a pasar los datos de guiado y navegación del ordenador LGC del Aquarius al AGC del Odyssey, imprescindibles para la reentrada.

Secuencia de eventos antes de la reentrada (NASA).
Fred Haise duerme en el puesto del comandante en el Aquarius (Apollo Flight Journal).

La reentrada

El procedimiento de reentrada sería, como el resto de la misión, muy atípico. Lo normal sería separar el Aquarius primero y luego el módulo de servicio, pero recordemos que, con el módulo de servicio fuera de juego, los sistemas del módulo lunar eran fundamentales para mantener a los astronautas vivos. Los propulsores del módulo de mando tenían reservas de combustible que se debían usar en la reentrada y no eran capaces de llevar a cabo maniobras de traslación, solo de rotación alrededor de los tres ejes. Además, Aquarius seguía siendo la fuente principal de oxígeno. En Houston deciden que primero se separará el módulo de servicio, dejando al módulo de mando acoplado al Aquarius hasta el último momento. La maniobra se había sugerido antes, pues al fin y al cabo el módulo de servicio era un «peso muerto» después de la explosión. De hecho, si previamente se hubiera expulsado el módulo de servicio la masa de la nave habría sido menor y, por tanto, se podría haber ahorrado combustible del módulo lunar. Pero Houston decidió mantenerlo acoplado porque no querían exponer el delicado escudo térmico del módulo de mando al espacio durante varios días. Además, Aquarius contaba con combustible de sobra para las maniobras previstas (y, en caso de emergencia, también se podría haber usado el motor APS de la etapa superior).

Configuración del Apolo 13 tras separar el módulo de servicio (NASA).
Interruptores del panel de mando del CM para separar el SM y el LM (arriba a la derecha) (Apollo Flight Journal).

Por tanto, primero se separará el módulo de servicio, quedando el módulo de mando acoplado al Aquarius, una configuración que jamás se volvería a ver en el espacio. Antes, en el tiempo de misión 137 horas y 39 minutos, la tripulación volvió a usar el módulo lunar para corregir su trayectoria. Una vez separado el Aquarius ya no podrán cambiarla. En esta ocasión el cambio en Delta-V necesario era tan pequeño, de apenas 1 m/s, que no se usó el motor DPS, sino los propulsores de posición RCS del Aquarius (aunque Lovell casi activa el motor DPS por culpa del cansancio; afortunadamente en Houston se dieron cuenta del error). La ignición duró 21,5 segundos y sería la última del módulo lunar en esta misión. En total, el Aquarius se había usado para efectuar cuatro correcciones de maniobra —vuelta a la trayectoria de retorno libre, un encendido para acelerar el regreso (PC+2) y dos correcciones de trayectoria—, tres de ellas con el motor DPS de la etapa de descenso.

Secuencia de separación del SM y el LM en el Apolo 13 (NASA).

21 minutos después de la última maniobra de corrección, Swigert aprieta el interruptor que activa los pernos explosivos para la separación del módulo de servicio (con el fin de evitar expulsar el Aquarius por error, Swigert había señalado con una nota el interruptor de desacoplamiento del módulo lunar, situado cerca del de separación del SM). Lovell acciona los motores de reacción del Aquarius para alejarse del módulo de servicio y rotar la nave para poder verlo. Es la primera vez en toda la misión que la tripulación puede ver el estado del módulo. Mientras lo fotografían, se dan cuenta del panel que falta y los daños producidos por la explosión. Se quedan de piedra. No se imaginaban algo así. También comprueban que, por otro lado, el motor SPS del módulo de servicio parece estar intacto, con la salvedad de una pequeña mancha en la tobera. ¿Podrían haberlo usado sin que reventase? Probablemente sí, pero ya da igual. Además, en su momento la prioridad era apagar cuanto antes los sistemas del Odyssey y, sin electricidad, no se podía activar el motor o controlar su encendido.

Estado del módulo de servicio del Odyssey. Se aprecian los daños causados por la explosión (NASA).
Descripción de la imagen superior (NASA).

Después de la separación del módulo de servicio, la tripulación vuelve al Odyssey llevando consigo equipamiento del módulo lunar para que sirva como lastre. La reentrada del Odyssey había sido planificada al milímetro teniendo en cuenta el peso de las rocas lunares, que obviamente no estaban presentes. Los astronautas recuperaron la cubierta del casco lunar de Lovell, cámaras y otros equipos. El problema no era tanto el peso de la cápsula como la posición del centro de gravedad. Dicho centro debía de estar desplazado con respecto del centro geométrico de la cápsula para poder generar así una pequeña fuerza de sustentación durante la reentrada y controlar la trayectoria de descenso. El Apolo realizaba además una reentrada doble —skip reentry—, es decir, primero entraba en las capas superiores y luego volvía a salir de la atmósfera brevemente antes de descender definitivamente, así que la precisión era crítica. A diferencia del retorno desde la órbita baja, no había lugar para una reentrada balística sin control. Una vez completado el traslado de equipos, los astronautas cierran las escotillas entre el Odyssey y el Aquarius.

Reentrada doble del Apolo. El «pasillo de reentrada» solo tiene 2º (NASA).
Reservas de oxígeno a lo largo de la misión (NASA).

La separación del Aquarius planteaba un problema. Como hemos señalado, los motores del módulo de mando no podían realizar maniobras de traslación, es decir, no podían alejarse del Aquarius para evitar una posible colisión entre ambos vehículos tras la separación. En una separación normal, los motores del maniobra del módulo de servicio se usaban para alejarse del módulo lunar, pero en esta ocasión eso era imposible. En Houston llegan a la conclusión de que si se soltaba el Aquarius con el túnel entre las dos naves presurizado, el aire al escapar alejaría de forma natural al Aquarius del Odyssey. En realidad, las tripulaciones de las anteriores misiones Apolo que llevaron un módulo lunar habían experimentado este fenómeno, pero a partir del Apolo 12 se decidió despresurizar el túnel antes de la separación para reducir la desviación en la trayectoria durante el descenso hacia la Luna. Curiosamente, el módulo de mando del Apolo no llevaba ningún sistema de muelles, como por ejemplo el que llevan las naves rusas Soyuz, para separarse suavemente tras un acoplamiento sin necesidad de usar el sistema de propulsión.

El Aquarius se separa del módulo de mando (NASA).

Finalmente, el módulo de mando Odyssey se separa del Aquarius a las 141 horas y 30 minutos en el tiempo de misión, apenas una hora antes de la reentrada. Jim Lovell comenta: «adiós, Aquarius, y gracias». Los astronautas fotografían su bote salvavidas, que se encuentra en perfecto estado. Aquarius está situado en una ruta de colisión directa con la Tierra. Al carecer de escudo térmico, la nave está condenada. El módulo lunar reentra sobre el Pacífico, desintegrándose en la atmósfera. Los restos caen al mar en una zona situada entre Samoa y Nueva Zelanda, entre ellos el generador de radioisótopos (RTG) SNAP-27 con plutonio-238 —que debía haberse usado para los instrumentos científicos del ALSEP— que se hundió hasta las profundidades del océano y allí sigue hoy en día.

El Aquarius de aleja (NASA).

Mientras, Swigert orienta el módulo de mando para medir la posición del horizonte terrestre con respecto a las estrellas y la Luna con el fin de conocer la posición de la nave en el espacio. De esta forma, el ordenador podrá ajustar su trayectoria de descenso de forma adecuada. Al igual que en misiones anteriores, los astronautas no llevan sus escafandras puestas, ya que se considera que el riesgo de despresurización es menor que la posibilidad de morir ahogados por no poder evacuar la cápsula a tiempo en caso de emergencia. La reentrada comienza en el tiempo de misión 142 horas y 40 segundos. El módulo de mando viaja a una velocidad de cerca de 11 km/s. Envueltos en una bola de plasma mientras atraviesan la atmósfera, las comunicaciones de los astronautas con Houston se cortan brevemente, como es habitual. La nave se desplaza por el hemisferio nocturno de la Tierra de oeste a este, hacia el terminador del planeta. Los paracaídas auxiliares se abren, ayudando a desplegar los tres paracaídas principales. El silencio de radio se extiende más de lo previsto. El CAPCOM Joe Kerwin no para de preguntar: «13, adelante», esperando una respuesta. La tripulación se hace de rogar, porque la mala suerte ha querido que en esta misión las comunicaciones tardasen más en poder restablecerse. En Houston todos están a punto de perder los nervios. Pero al final el Apolo 13 responde. Están vivos.

Amerizaje del Apolo 13 (NASA).
La cápsula del Apolo 13 con los buzos del equipo de rescate (NASA).

Apolo 13 ameriza en el Pacífico sur al oeste de las Islas Cook. Un bello amanecer les saluda. Son las 18:07 UTC del 17 de abril de 1970. La misión ha durado un total de 142 horas, 54 minutos y 41 segundos. Los astronautas apenas se han desviado un par de kilómetros del punto de amerizaje previsto. Los helicópteros del USS Iwo Jima pueden ver la cápsula descendiendo antes de que toque el mar y se comunican con la tripulación. La cápsula está a menos de seis kilómetros del buque. El equipo de buzos del Iwo Jima comprueba que los astronautas están bien y aseguran flotadores alrededor de la cápsula para evitar que esta se hunda aunque entre agua de mar al abrir la escotilla. Uno a uno, los tres hombres son izados hasta el helicóptero. Tres cuartos de hora después del amerizaje, desembarcan en la cubierta del Iwo Jima. Los tres lucen un aspecto fatigado y descuidado, pero su alegría es inmensa. Saben que han salvado la vida por poco. Si el mismo accidente hubiera tenido lugar en órbita lunar o al regresar de la Luna en esta o en cualquiera de las otras misiones Apolo, habrían muerto sin remedio. Han sido afortunados por poder usar el módulo lunar como nave de emergencia.

El famoso «Helicóptero 66», un Sikorsky Sea King SH-3D, recoge a la tripulación del Apolo 13. Es el mismo helicóptero usado en las Apolo 8, 10, 11 y 12 (NASA).
Swigert es recogido por el helicóptero (NASA).

Un día después, los astronautas dejan el Iwo Jima y se dirigen a Houston en avión, a donde llegan el 20 de abril después de hacer escalas en Samoa y Hawái. Obviamente, están exentos de sufrir la cuarentena prevista para ellos (el Apolo 14 sería la última misión lunar que llevó a cabo una cuarentena). Son recibidos como héroes. El USS Iwo Jima llegó a Hawái el 24 de abril y de allí el módulo de mando fue trasladado por avión a las instalaciones de North American en Downey (California). Hoy en día el módulo de mando Odyssey, la única parte de la misión Apolo 13 que volvió a la Tierra, se puede contemplar en el museo Cosmosphere de Hutchinson (Kansas).

Haise, Swigert y Lovell en el Iwo Jima (NASA).
La tripulación con el presidente Nixon durante la ceremonia de entrega de una medalla (NASA).

El Apolo 13, 50 años después

En cuanto a la tripulación, ninguno volvió al espacio. Jim Lovell se retiró de la NASA en 1973 para trabajar en la empresa privada. Tras cuatro vuelos espaciales y dos misiones a la Luna, había tenido suficiente. Sabía que el programa Apolo iba a ser cancelado antes de que tuviese otra oportunidad de pisar la Luna. Jack Swigert quería volver al espacio, pero se vio salpicado por el turbio incidente de los sellos del Apolo 15 (los astronautas habían llevado sobres sellados a la Luna para luego venderlos en la Tierra y ganar dinero). En 1972 el viceadministrador de la NASA George Low vetó personalmente a Swigert y le retiró de la misión Apolo-Soyuz para la que había sido elegido. Dejó la NASA al año siguiente y en 1982 se presentó como candidato al Congreso por Colorado. Desgraciadamente, siete semanas después de haber sido elegido, murió de cáncer a los 51 años. En cuanto a Haise, siguió en el Apolo y formó parte de la tripulación de reserva del Apolo 16. Eso le hubiese colocado en posición de comandar el Apolo 19, pero para entonces los Apolo 18, 19 y 20 ya habían sido cancelados. En 1973 casi se mata al volar un avión de hélice que había sido usado en la película Tora! Tora! Tora! y sufrió quemaduras en la mitad de su cuerpo. En 1977 Haise pilotó el transbordador Enterprise en tres ocasiones durante los vuelos para comprobar las características aerodinámicas del transbordador. Tenía todas las papeletas para volar en una misión orbital del shuttle, pero, ante el retraso de la puesta en servicio del mismo, se retiró de la NASA en 1979 y pasó a trabajar en la empresa privada.

Haise, Lovell y Swigert (NASA).

En cuanto al programa Apolo, sufrió un duro golpe tras el Apolo 13. Sí, la misión había sido un «fracaso exitoso», pero muchos cuestionaron si se debía seguir adelante con los viajes a la Luna. En realidad, cuando el Apolo 13 despegó desde Florida el programa ya tenía fecha de caducidad. La cadena de montaje del Saturno V se había cerrado dos años antes. Solo quedaban disponibles siete cohetes adicionales, ni uno más. En enero de 1970 el Apolo 20 había sido cancelado con el objetivo de lanzar la estación Skylab con el Saturno V de esa misión. Cuando Lovell, Swigert y Haise luchaban por sus vidas alrededor de la Luna, todo el mundo sabía que, con suerte, el programa solo podría continuar hasta el Apolo 19. Tras el amerizaje del Apolo 13, se suspendieron todas las misiones del programa hasta aclarar la causa del accidente. Se creó una comisión de investigación dirigida por el director del Centro Langley de la NASA, Edgar Cortwright, en la que participaría Neil Armstrong. Después de determinar que la causa del incidente fue un cortocircuito en el tanque de oxígeno número dos, se introdujeron una serie de cambios para evitar accidentes similares.

Gene Kranz y los controladores de Houston celebran el regreso exitoso del Apolo 13 (NASA).

La investigación dejó claro que la configuración del sistema criogénico y de las células de combustible era uno de los talones de Aquiles del Apolo. El fallo de un único componente podía dejar la nave sin electricidad, agua y oxígeno, todo a la vez. Si el módulo lunar no estaba presente —o sea, durante la mayor parte de la misión—, esto equivalía a una sentencia de muerte para los astronautas. Es curioso que siempre se cite al Apolo 13 como ejemplo de la madurez técnica del programa Apolo, pero, mirando atrás, es evidente que el CSM presentaba un fallo de diseño básico. Entre las medidas correctoras que se introdujeron, obviamente, la prioridad fue cambiar por completo el diseño interno de los tanques de oxígeno líquido, retirándose el cableado interno en contacto con el oxígeno. También se quitaron los ventiladores, se redujo el uso de teflón —en su lugar se empleó una cubierta de óxido de magnesio y acero—, se añadió un nuevo sensor de temperatura y se usó acero inoxidable en los sensores en vez de aluminio. Se decidió incorporar un tercer depósito de oxígeno adicional en el módulo de servicio, haciendo un total de tres, que podía aislarse de las células de combustible para garantizar el suministro de la tripulación en caso de emergencia (en realidad, este tanque de oxígeno extra ya estaba previsto introducirlo en las misiones de tipo J; este tercer tanque nuevo se instaló en otra zona distinta del SM). Además, se aumentó la reserva de agua potable y se añadió una nueva batería de 400 amperios-hora al módulo de servicio para evitar depender del módulo lunar en caso de que se usase esta nave como bote salvavidas. Afortunadamente, el escenario del Apolo 13 no volvería a repetirse.

Cambios efectuados en los tanques de oxígeno a partir del Apolo 14 (NASA).

Apolo 13 había burlado la catástrofe por poco, pero muchos en la NASA querían cancelar el programa antes de que se matase alguien. Las misiones Apolo 18 y 19 serían canceladas en septiembre de 1970 por la cúpula de la NASA para ahorrar unos 42 millones de dólares. El programa continuó hasta el Apolo 17 solo porque no hubo ningún problema de magnitud en las misiones anteriores. La explosión del Apolo 13 se produjo, como en la mayoría de accidentes de aviación, por la concatenación de varios sucesos improbables. Pero el esfuerzo de los astronautas y del control de tierra logró lo imposible: hacer regresar a una nave después de quedar fuera de servicio en el espacio profundo camino de la Luna, un esfuerzo que medio siglo después se ha convertido en leyenda.

Recreación de Haise y Lovell caminando por la Luna (NASA).

Referencias:

  • https://history.nasa.gov/afj/ap13fj/index.html
  • https://www.hq.nasa.gov/alsj/a13/Apollo13_PressKit_restored.pdf
  • https://www.hq.nasa.gov/alsj/a13/AS13_TEC.PDF
  • https://nssdc.gsfc.nasa.gov/planetary/lunar/ap13acc.html
  • https://history.nasa.gov/afj/ap13fj/pdf/report-of-a13-review-board-19700615-19700076776.pdf


121 Comentarios

  1. Aún no he tenido tiempo de leérmelo, pero sólo puedo decir una cosa: muchas gracias por este articulazo. Nunca podremos agradecerte lo suficiente la de información que nos transmites en este blog y explicado todo tan detenidamente.

    Saludos!

  2. Estupenda entrada Daniel.
    Y genial repaso al sistema de elección de tripulaciones para Apollo. Siempre he pensado que la mala suerte que tuvo Lovell, uno de mis favoritos, en este vuelo fue «culpa» de Shepard al tener que hacerse el intercambio 13-14

    «Para un astronauta veterano como McDivitt, que había comandado su propia misión Apolo y se codeaba con la cúpula de la NASA, la propuesta de Slayton era más dolorosa que una patada en las costillas».
    Creo que fue más bien una patada en todos sus mcdivittos, además en militares que casi no tienen a cuenta eso de los rangos…
    Ni te cuento la lucha de egos que habría habido en ese módulo lunar durante el descenso a la superficie de haber metido esos dos «gallitos» dentro…

    Y os recomiendo ver la película de Ron Howard en estos días, para refrescar y como tarea para distraernos del confinamiento.

    Permaneced a salvo!
    Saludos.
    Carlos

  3. Excelente entrada. Me ha costado una hora de reloj leerla, pero a ti Daniel te debe haber costado escribirla al menos varios días. Me encanta que todo esto lo ofrezcas gratis: quedo agradecido. El problema del tanque de oxígeno número dos está excelentemente explicado. Nunca suele haber una única causa a una catástrofe (por ejemplo, lo de Chernobil también fue un cúmulo de errores fundamentales unidos a acontecimientos desafortunados). Me encanta que hayas añadido ese párrafo final explicando lo que la NASA rediseñó tras la catástrofe.
    Deberían contratarte los que hacen series o películas realistas del espacio o de la historia espacial. Creo que hace tiempo consultaron contigo algo relacionado con «Gravity» (no estoy seguro), pero deberías proyectarte más en esos ámbitos. Déjanos un poco de lado y vete a Hollywood. Yo mismo estaba pensando en contactar con Ann Druyan para ofrecerme como consultor externo baratito; pero acabo de ver los episodios 11 y 12 y ya veo que no tengo cabida en su visión del Cosmos.

      1. Aquí te has equivocado Tiberius. Los hermanos Nolan tenían muy claro qué querían mostrar en su película y le pidieron a Thorne que les dijese si algo de aquello estaba en contra de la física. Thorne, como es muy listo, encontró solución para todos y cada uno de los aspectos más críticos del guión. Compruébalo: haz un listado con lo que tú creas que está mal y lo contrastas con el libro que publicó Thorne.
        Yo prefiero las películas o series más realistas que no intentan acomodar tanto lo imaginado a lo real. Pero no siempre es posible. Incluso a veces se intenta hacer pasar lo imaginado como verdad, no siéndolo; p.ej., en el Episodio 12 de Cosmos, mundos posibles se dice que Manabe es el que inventó los modelos climáticos que demostraban el cambio climático causado por el hombre; pero esto es incierto a muchos niveles. (Por cierto que me da un poco de repelús ver a un hombre sobando tanto a un bebé que no es claramente su hijo).
        Por otro lado, la gente que sabe (porque le ha dedicado muchas horas a un tema), tiene derecho a intentar sacar partido a su esfuerzo. ¿Por qué perder el tiempo con gente que a final siempre acaba hablando de la Starship, si uno puede ofrecerse a guionistas y directores como consultor externo baratillo (uno que cobra sólo si encuentra mejoras relevantes a lo que él inicialmente lea)?

        1. No se, yo creo que Daniel asesoró a la persona encargada de la traducción de interestelar al castellano en cuanto a términos científicos se refiere, así que en cierto modo si que a hecho ya lo que comentas, salvando las distancias claro. Yo estoy seguro que si el cine en español tratase a menudo temas científicos como estos le hubieran llamado como asesor sin dudas, de todas formas no creo que Daniel nos regalé el blog a disgusto o en perjuicio de su economía, las entradas de Starship que publica son las más comentadas y él lo sabe muy bien, que esas entradas atraen, las publica con toda intención de darnos el lugar para hablar de Starship

          Reconozco que no he leído el libro de Thorne sobre interestelar, pero me cuesta muchísimo creer que los planetas que aparecen en la película son posibles tal y como se muestran en ella, a mi me parecieron infumables, ¿olas gigantes en un palmo de agua de profundidad en un planeta con 1’3G? Cuando vi ese oleaje pensé que nada en la película iba a darme más vergüenza ajena hasta que… ¿Nubes sólidas flotando en una atmósfera heladora y los protagonistas se creen al doctor Mann cuando llegan y les dice que bajo ellas existe un vergel que no le extrañaría nada tuvieran que compartir con otra especie? Vergel que no existe pero se lo tragan. Y el último el único un poco pasable por orbitar una estrella («pantagruel?») Compañera del agujero negro ¿un desierto «¿global?» pero con atmósfera de oxígeno respirable? Se le ve tan poco que no sé… pero al menos habría tanto polvo como en la tierra de la que huían

          Y lo del Ranger? Que la nave sea SSTO sin tener espacio para depósitos de combustible hasta es perdonable por el bien de la trama, me la imagino propulsada por una reacción materia-antimateria y ya esta, aunque sea una fuente de problemas de ingeniería-imaginaria casi irresoluble meter la antimateria en algo como el Ranger, pero es que sin el ranger no hay odisea en la película, simplemente solo tendrían una oportunidad de explorar un objetivo y no tres, punto, así que se lo perdono, no me entiendas mal el primer comentario, a mi me encanta interestelar, adoro esa película, pero por las emociones que transmite el mensaje tan poderoso que tiene, no por que sea cine científicamente realista, porque no lo es, cuando años antes del estreno leí en una entrevista a Thorne que estaba trabajando en una película, él la vendía así, como una película que no tendría los típicos fallos científicos que cometen guionistas directores y artistas conceptuales, y yo cuando la vi me sentí defraudado en ese sentido porque ves volar el Ranger y casi es lo mismo a ver volar una nave cualquiera de starwars, ves los planetas de esta película y no difieren de ver las montañas flotantes de pandora, es fantasía total, vale que el agujero negro esté exquisitamente recreado, estoy seguro que Thorne en su libro lo explica perfectamente aunque las maniobras que realiza el ranger y la endurance en sus cercanías no me las trago, si el disco de acreacion ilumina los planetas lo suficiente para ser habitables entonces debe estar tan caliente como el sol al menos, sin embargo la endurance (si esa que se achicharraba cuando estuvo a punto de reentrar sin explicacion tras la explosión en la órbita del planeta de Mann) y el ranger deberían haberse quemado con el calor del disco al acercarse, pero nada, ni se inmutan, pero mira si el libro de Thorne explica el ranger y las condiciones fantasiosas que vuelven inhabitables para los humanos esos mundos al borde de la habitabilidad, me compro el libro, yo siempre pensé que los Nolan se la habían colado a Thorne, pero si en el libro intenta explicarlo todo sería entonces simplemente compinche de Nolan, si no lo consigue explicar (que no lo se porque no lo he leído) ya me diras si explica lo que he dicho.

  4. Dejé de leer cuando llegué a : …una explosión similar a 3 kg. de TNT……¡Con esa cantidad de dinamita se hace viruta 10 metros cúbicos de granito !

  5. La historieta de la explosión del tanque de oxigeno ….( con un poder de 3 kg. de TNT…..) yo no me la creo.
    ¿Como quedó la crew dragon? con menos poder explosivo….

    1. La Dragon no explotó en el espacio, deberias esforzarte menos en hacer honor a tu nick, no es lo mismo una explosión en el vacío que una en atmósfera a cierta presión que una en el interior de un bloque de granito, la misma cantidad de explosivos resultados muy diferentes en cuanto a destrozos, en el vacío no se transmiten ondas de choque con la explosion

      1. La misma explosión genera los gases que provocan ondas de choque, las que , según el relato , rompieron el mamparo y las conduciones.
        Una explosión con la similitud de 3 kg. de TNT , destroza toda la nave.
        Que me cuenten otro cuento porque la historieta de ese depósito desde el inicio es absulutamente INCREIBLE.
        Yo lo veo así: -construyendo el MS- ¡chico trae del almacen el deposito que quitamos al del 11 porque no cabía, a ver si aquí cabe , pero no le caigas como la otra vez.
        Probando a vaciar de oxigeno- ¡¡jefe que no sale! es normal , nos pasa muy a menudo, ¡calientale !
        Podía seguir , pero es que parece lo de pepe gotera y otilio.

        1. Pero de que estas hablando? De verdad tú comparas la expulsión de unos pocos gases en el vacío a la compresión que existe en una atmósfera a 1013 milibares? Cuando algo explota bajo presión la fuerza inicial de la detonación se transmite a las moléculas de gas (o de lo que sean) que la rodean y expulsa todos esos gases en todas direcciones destrozando todo a su paso, esta propagación destructiva solo se detiene cuando la dispersión debilita la onda de choque por debajo del umbral de resistencia de los objetos y materiales que se encuentra a su paso, incluyendo los gases a presión de la atmósfera en cuestión

          En el caso del Apollo la presión está dentro del depósito pero una vez reventado en el exterior no hay gases que hagan un efecto de reacción en cadena que lo destroce todo en todas direcciones porque no hay contacto entre todas las partes, tenemos como resultado una voladura del depósito y de las partes que estaban en contacto directo con el, pero no del resto, los gases del interior del depósito que reventó son demasiado escasos para destrozarlo todo a su paso, en su dispersión enseguida la presión ejercida baja en lugar de aumentar a medida que se separarán del tanque hasta ejercer una presión minúscula (o insuficiente) en el resto del módulo para destrozarlo

          Se puede hacer el experimento haciendo reventar un cartucho de dinamita en el vacío, otro a una atmósfera y otro dentro de un bloque de granito, te pondríamos a ti a 1 metro de distancia en todos los casos y ya verías como ibas a notar las diferencias como la noto el Odyssey

          1. ¿Cuanto de «unos pocos gases» genera la explosión de 140 kg. de oxigeno?
            Unos pocos gases……¡¡¡ja!!!!
            La explicación del fallo del tanque es lo mas parecido una historieta de pepe gotera y otilio.
            Un tanque que se desecha porque «no encaja» ¿?
            Se almacena para ….¿ver si encaja en otro mañana?
            Se cae y ¿le mira el conserje así por encima ? ¡vaa parece que está bien!
            No se puede vaciar y….¡es normal , nos pasa muchas veces , caliéntalo.
            ¿donde lo enchufo? ¡ pues donde la cafetera!
            ¿es la NASA o pepe gotera y otilio, chapuzas a domicilio?

  6. Gracias, otro artículo maravilloso e interesante. Las fotografías y diagramas son increíbles. Me sigue pareciendo un logro increíble que un objeto con tantísimos componentes y la tecnología disponible en aquel momento haya permitido llegar tan lejos.

  7. BRUTAL. Un millón de gracias. El artículo es inmejorable. En mi vida leeré nada mejor o más completo acerca del 13 que este aporte de Daniel. Una maravilla que me guardo.

  8. Maravillosa entrada. Muchas gracias Daniel. Tengo 2 pequeñas dudas como ignorante que soy en tecnología. Agradecería que alguien me las resolviera.
    Cuando se explica la historia del tanque de oxígeno causante del problema se dice que fué sometido a una corriente de 65 voltios cuando su electrónica estaba hecha para 28 voltios. Como consecuencia los fusibles se fundieron (haciendo honor a su nombre) y «permitieron que la corriente entrase sin control en la resistencia de los calefactores……». Por lo que yo sé la función de un fusible es precisamente fundirse ante una subida de tensión (que hará subir la intensidad según la ley de Ohm), y cortar precisamente la corriente para proteger al dispositivo. Parece que aquí ocurrió lo contrario. Agradecería que alguien me lo explicara.
    La segunda duda es más pedestre, creo. En la película al menos se ve cómo los astronautas realmente se pelaron de frío durante varios días. Si realmente fué así eso tuvo que afectar a sus facultades y capacidad de enfrentarse a la situación. Si ponerse los trajes A7L les hubiera hecho sudar y deshidratarse más yo no hubiera dudado en hacerles cortes para que no dieran tanto calor ¿quizás en realidad la película dramatiza el problema del frío? ¿O podían ser necesarios los trajes por algún peligro de despresurización en algún momento? No sé si la duda es un poco tonta pero me gustaría que alguien me lo explicara. Muchas gracias.

    1. Respecto a los fusibles, todo está diseñado para trabajar dentro de un cierto intervalo. Al atravesar a los fusibles una corriente muy superior a la estipulada, entiendo que se fundió algo más de lo que debía fundirse, formando un puente. Algo similar a los magnetotérmicos, que en caso de grandes corrientes ya no tienen poder de corte, se funden los metales y se quedan «pegados».

  9. Me saco el sombrero Sr. Daniel. Una entrada fabulosa.

    Una duda que me asalta es que, si quitaron los ventiladores de los tanques de oxígeno en versiones posteriores, ¿como se lo hacían para homogeneizar la mezcla de gas y liquido para saber la cantidad que es queda?

  10. «Las oscilaciones…..provocaron además el apagado prematuro del motor J-2 central a los 330,6 segundos tras el despegue. Este motor debía apagarse antes que los otros cuatro para limitar la aceleración sufrida por los astronautas, pero no tan pronto. Se había apagado dos minutos y doce segundos antes de tiempo»

    Supongo que este apagado prematuro también se investigó. ¿Se sabe algo sobre ello? ¿Hubo algún otro apagado imprevisto de motores en los Apolo?

    1. Sí, la causa fue el efecto pogo, como dice el artículo. Los detalles no están del todo claros, pero tuvo que ver con la influencia de este efecto en un sensor de presión del motor central. En cuanto a otros imprevistos, el Apolo 6 también sufrió la pérdida de dos J-2 de la segunda etapa por el efecto pogo (lo añadiré al artículo).

      1. por las dudas digo que soy ignorante….pero…me parece que los apagados j2 del apollo 6 no fueron por el efecto Pogo,,,uno se apago por congelarse los tubos (de combustible?)…y el otro por mal cableado la computadora quiso apagar el primero, pero los cables estaban cruzados y apagaron el otro.

        1. Quería decir que se apagaron 2 motores, no necesariamente por el efecto pogo, perdón. De todas formas, las causas de esos fallos son un poco más complejas. El motor nº 2 falló porque las vibraciones inducidas rompieron la conducción de hidrógeno. En principio estas vibraciones eran independientes del efecto pogo (aunque hubo cierta polémica con el asunto).

      2. Gracias Daniel. Entiendo que el efecto pogo ocurría siempre pero esta vez hizo fallar un sensor de presión del motor central que no debería estar bien del todo.

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Por Daniel Marín, publicado el 15 abril, 2020
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