Las mujeres del Mercury 13 y los peligros de reinventar la historia

Por Daniel Marín, el 11 junio, 2018. Categoría(s): Astronáutica • Cine • NASA ✎ 76

En 1958 una recién nacida NASA comenzó a buscar candidatos a astronauta para el proyecto Mercury. El Sputnik soviético había cogido a los Estados Unidos por sorpresa un año antes, pero ese fiasco no se volvería a repetir. La administración Eisenhower creó la NASA con el objetivo específico de poner el primer hombre en el espacio y recuperar así el prestigio de EEUU. Y sí, la palabra ‘hombre’ no es aquí sinónimo de ‘ser humano’, sino que, efectivamente, uno de los requisitos para entrar en el selecto grupo de los candidatos a astronauta era ser de sexo masculino. Cierto es que este criterio no aparecía recogido en las directrices de la NASA. No hacía falta. Todo el mundo lo daba por sentado. Solo los pilotos varones podían acumular el mínimo de 1.500 horas de vuelo en aviones militares de altas prestaciones que pedía la NASA.

Jerrie Cobb frente una cápsula Mercury en un reportaje de la revista LIFE (LIFE).
Jerrie Cobb frente una cápsula Mercury en un reportaje de la revista LIFE (Wikipedia).

La primera mujer estadounidense en el espacio, Sally Ride, no volaría hasta 1983, más de dos décadas después de crearse la NASA y el programa Mercury (Valentina Tereshkova fue la primera mujer en órbita en 1963). Pero Ride no fue la primera mujer de EEUU que intentó llegar al espacio. Entre 1959 y 1962 existió un grupo de mujeres conocido de forma informal como «Mercury 13» que probaron los límites de la sociedad de la época en cuanto a igualdad de derechos se refiere. Lamentablemente, nunca tuvieron ninguna oportunidad real de alcanzar la órbita.

La historia de las mujeres del Mercury 13 está íntimamente ligada a la de dos personas que, por supuesto, eran hombres: Donald Flickinger y Randolph Lovelace. Flickinger era médico y general de la fuerza aérea (USAF) con una carrera de película (durante la Segunda Guerra Mundial llegó a saltar en paracaídas sobre el Himalaya para ayudar a un grupo de pilotos). Había sido un pionero en el incipiente campo de la medicina espacial y fue uno de los responsables de la selección los astronautas del Mercury. Por su parte, Randolph Lovelace también había trabajado como médico a cargo del Mercury y junto con su tío, había fundado el Instituto Lovelace de Albuquerque, una institución privada centrada en estudios médicos relacionados con la aviación. Lovelace también había tenido una vida movidita. En la Segunda Guerra Mundial llegó a saltar en paracaídas desde casi trece kilómetros de altura. Quedó inconsciente al abrirse el paracaídas y sufrió congelaciones en ambas manos al caerse los guantes a gran altura.

William Randolph Lovelace II (1907–1965) (NASA).
William Randolph Lovelace II (1907–1965) (NASA).

Flickinger y Lovelace estaban interesados en saber si las mujeres podrían superar las mismas pruebas físicas a las que habían sido sometidos los astronautas del Mercury. Les movía la simple curiosidad científica y el interés estratégico y militar del país. Los dos habían llevado a cabo estudios médicos en mujeres pilotos y querían averiguar si existía algún límite fisiológico que impedía a las mujeres alcanzar el espacio. Se rumoreaba que la Unión Soviética iba a poner una mujer en el espacio y, aunque la Casa Blanca no parecía estar preocupada por el asunto, querían que el país fuese capaz de responder a este desafío lo más rápidamente posible. Al fin y al cabo, marginar a la mitad de la población no parece una buena idea si tu objetivo es ganar a los soviéticos a toda costa.

Flickinger fue el representante de la USAF en el Comité Asesor de Ciencias de la Vida de Lovelace, encargado de establecer los estrictos –y a veces surrealistas— criterios médicos de selección del proyecto Mercury y fue además el encargado del estudio de medicina espacial en el ARDC (Air Research and Development Command) de la USAF. Como resultado de su interés por el comportamiento del organismo femenino en microgravedad creó el programa WISE (Women in Space Earnest), también conocido como WISS (Women In Space Soonest), aunque él lo llamaba simplemente «Programa de las Chicas Astronautas». WISE, como la mayor parte de programas militares de la época, era secreto y estaba dirigido por el ARDC, pero primero había que encontrar candidatas adecuadas. En septiembre de 1959 Flickinger se topó con la primera, la piloto Geraldyn M. ‘Jerrie’ Cobb, que terminaría por convertirse en la espina dorsal del programa Mercury 13. Cobb trabajaba para la empresa Aero Design y era una piloto con una experiencia de miles de horas de vuelo, aunque ninguna en aviones a reacción. Flickinger quería que Cobb fuese la primera mujer en entrenarse en el programa WISE, pero a finales de 1959 la USAF se enteró de las intenciones de Flickinger y canceló el programa de manera fulminante, probablemente temerosa de que el asunto llegase a la opinión pública.

Jerrie Cobb.
Jerrie Cobb.

La decisión de los militares tuvo que ver con un asunto en el que estuvo implicada la piloto Ruth Nichols. Nichols, nacida en 1901, era por entonces una leyenda de la aviación en Estados Unidos que, a título personal, se sometió a varias de las pruebas por las que pasaron los astronautas del Mercury en el centro WADC (Wright Air Development Center) de la USAF. Nichols superó las pruebas sin complicaciones, pero el problema vino cuando la prensa se enteró. La USAF tuvo que negar que estuviese entrenando a mujeres para el puesto de astronauta, lo que era cierto, y como consecuencia de la polémica los militares quisieron desmarcarse del programa personal de Flickinger. Nichols moriría prematuramente en 1960. Es importante recalcar que WISE no pasó de ser un pequeño programa militar de la USAF que no tuvo ningún tipo de relación con la NASA, la única agencia civil a cargo del proyecto Mercury. Oficialmente la NASA nunca supo de la existencia de WISE.

Al mismo tiempo, la piloto Betty Skelton acaparó a las portadas, literalmente, como candidata a astronauta para el proyecto Mercury. Skelton saltó a la fama en febrero de 1960 gracias a un artículo de la revista Look en la que aparecía vistiendo un traje de presión al lado de la cápsula Mercury. Skelton también pasó por algunas pruebas similares a las que habían pasado los astronautas varones y se fotografió con ellos en numerosas ocasiones. El entrenamiento de Skelton había surgido como una iniciativa de la revista Look. La NASA pensó que era una buena idea como campaña de relaciones públicas para promocionar el proyecto Mercury, pero, en cualquier caso, lo cierto es que Betty Skelton se convirtió en la primera mujer que de forma oficial realizó un entrenamiento parcial como astronauta para la NASA. No obstante, se trató de un proyecto puntual resultado de una propuesta privada. Paradójicamente, Skelton ni siquiera llegaría a formar parte de las Mercury 13.

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Betty Skelton en la portada de Look.

Debido a la negativa de la USAF, Flickinger decidió contactar con su amigo Lovelace para continuar el programa WISE por su cuenta, ahora de forma privada, en las instalaciones Fundación Lovelace. Por supuesto, Jerrie Cobb sería la primera mujer en formar parte de este nuevo estudio y el 14 de febrero de 1960 llegó a la fundación con el objetivo de someterse a la primera batería de pruebas. Las pruebas médicas habían sido divididas en tres fases e iban desde todo tipo de análisis médicos hasta tests de inteligencia y psicológicos (otras pruebas más específicas, como la de permanencia en tanques de aislamiento, solo se ofrecieron a algunas candidatas). La tercera y última fase debía tener lugar con la ayuda de la armada, ya que requería el empleo de aviones militares a reacción, pero Flickinger y Lovelace decidieron que ya irían sorteando los obstáculos sobre la marcha. La prioridad era reclutar más candidatas. El nuevo programa recibió el nombre de Mujeres en el Espacio (Women in Space). Se buscaron nuevas candidatas recomendadas por Cobb, un grupo que en una primera fase estaría formado por Frances Bera, Marian Petty, Geraldine Sloan, Jane White, Marilyn Link, Barbara Erickson y Betty Skelton. Este grupo no llegó a reunirse nunca y no todas pasarían las pruebas de la Fundación Lovelace.

Mientras tanto, Cobb superó todas las pruebas de la primera fase y a continuación logró usar las instalaciones MASTIF de la NASA. Bajo el nombre de MASTIF (Multiple Axis Space Test Inertia Facility) se escondía una réplica de la cápsula Mercury que podía girar con total libertad en todos los ejes para poner a prueba la capacidad de orientación y el equilibrio de los astronautas. Las aptitudes de Cobb a los mandos de MASTIF, un auténtico potro de torturas, sorprendieron al personal de la NASA, pero seguía siendo un experimento extraoficial. En agosto de 1960 Lovelace hizo público los resultados de las pruebas de la primera fase de Cobb y declaró que «es posible que las mujeres estén mejor preparadas que los hombres para ir al espacio». En plena histeria asociada con la Guerra Fría y la conquista del espacio las declaraciones de Lovelace atrajeron la atención de muchos medios. Cobb se hizo famosa de la noche a la mañana y apareció en periódicos y programas de televisión como la «primera astronauta americana», a pesar de que obviamente no formaba parte de ningún programa de la NASA. Llegó a protagonizar un reportaje fotográfico en la revista Life —por aquella época el summum de ser famoso— parecido al de Skelton en el que aparecía junto a cápsulas y otros equipos del proyecto Mercury. A raíz de su recién adquirida fama, en mayo de 1961 el administrador de la NASA James Webb decidió contratarla como asesora, un puesto que no tenía nada que ver con su situación de astronauta potencial.

La Fundación Lovelace no tenía dinero para sufragar un programa de esta magnitud, así que apeló a la conocida piloto Jacqueline Cochran y a su marido millonario, Floyd Odlum. La pareja aceptó financiar la aventura de Lovelace y en 1961 se invitó formalmente a 24 mujeres a participar en las pruebas, incluidas varias de las propuestas por Cobb. De todas ellas, 19 se sometieron a las pruebas de la Fase I, pero solo 12 aprobaron. Este grupo, junto con Cobb, serían las conocidas como Mercury 13, aunque recordemos que no existía ninguna vinculación formal entre el programa privado de Lovelace y el proyecto Mercury de la NASA. Las trece mujeres serían Jerrie Cobb, Mary Wallace Funk, Myrtle Cagle, Sarah Gorelick, Jane Hart, Jean Hixson, Rhea Woltman, Gene Nora Stumbough, Irene Leverton Jerri Truhill Bernice Steadman y las gemelas Jan Dietrich y Marion Dietrich.

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Cobb durante una de las pruebas MASTIF.

Jerrie Cobb era sin dudas la más famosa y la portavoz informal del grupo, aunque nunca llegaron a coincidir todas al mismo tiempo. Jane Hart, con 41 años, era la mayor y, además de una experimentada piloto, era madre de nueve hijos. Funk, con solo 23 años, era la más joven. Entre ellas se llamaban FLATS (Fellow Lady Astronaut Trainees), un término acuñado por Cobb. Cobb fue la primera en superar las pruebas de la fase tres, pero, de forma inesperada, en septiembre de 1961 la armada decidió retirar el permiso para llevar a cabo las pruebas con sus aviones a reacción en la Escuela Naval de Medicina de la Aviación de Pensacola (Florida). En aquel momento no lo sabían, pero el rechazo frontal de los militares supuso la cancelación de facto del programa. Lovelace apeló una vez más a la fama de Jackie Cochran para que presionase en Washington con el fin de permitir la continuación del programa. No lo consiguió, pero sí logró que varios altos cargos de la armada se dirigieran a la NASA para saber si estaban interesados en continuar con el programa. La agencia respondió negativamente. Sin ningún apoyo externo, la armada no cambió de opinión y mantuvo el veto al entrenamiento de mujeres.

Pero si los militares o la NASA creían que las Mercury 13 se iban a rendir, se equivocaban. Aprovechando su fama, Cobb inició una gira por Washington que la llevó a reunirse con políticos y personas influyentes de todo tipo. Como resultado, se creó un comité en el Congreso para analizar su caso. La audiencia pública se celebró en julio de 1961 y duró dos días. Del grupo del Mercury 13 declararon Cobb y Hart, pero también asistieron otros personajes famosos como Cochran y, especialmente, los astronautas Scott Carpenter y John Glenn, además de George Low, un alto directivo de la NASA. Los astronautas se mostraron en contra de incorporar mujeres al programa espacial, al igual que, de forma sorprendente, Cochran. Y ese fue el punto final del programa Mercury 13. El resultado del comité no sorprendió a nadie. De hecho, lo sorprendente fue que el asunto llegase tan lejos a pesar de las objeciones de los militares y la NASA. Cada una de las pilotos siguió con sus vidas, ajenas a la NASA, hasta que en 1999 la astronauta Eileen Collins invitó a diez de ellas para que fueran testigos de su segundo lanzamiento, la primera misión del transbordador espacial con una comandante. Coincidiendo con el lanzamiento la NASA les hizo un pequeño, pero más que merecido homenaje.

Gene Nora Jessen, Wally Funk, Jerrie Cobb, Jerri Truhill, Sarah Rutley, Myrtle Cagle and Bernice Steadma
Las Mercury 13 se reúnen para ver el lanzamiento de la STS-93 en 1999. De izqda. a decha.: Gene Nora Jessen, Wally Funk, Jerrie Cobb, Jerri Truhill, Sarah Rutley, Myrtle Cagle and Bernice Steadman (NASA).

La reciente aparición del documental Mercury 13 de Netflix ha vuelto a poner sobre la mesa la olvidada historia de estas pioneras. El documental es de una factura impecable y es muy recomendable. Cuenta con la participación de varias de las FLATS y narra una historia de injusticia y discriminación con la que es imposible no sentir empatía, pero contiene varios errores y omisiones bastante graves. Tras ver el documental uno tiene la impresión de que las Mercury 13 estuvieron a punto de volar al espacio y que solo una cancelación de última hora lo evitó. Y no es verdad. Como hemos explicado, el programa Mercury 13 era una iniciativa privada ajena a la NASA y al Pentágono que nunca tuvo un apoyo formal del gobierno. Las trece mujeres nunca fueron candidatas a astronauta ni recibieron el entrenamiento necesario para ello (porque les fue negado, sí, pero el caso es que no lo recibieron). El documental transmite la idea de que el programa fue cancelado porque Glenn, Carpenter y otros —que se presentan como los malos de la película— eran unos machistas que echaron por tierra los esfuerzos de Lovelace.

Y sí, es cierto que Glenn y Carpenter, como la mayor parte de pilotos militares de la época, eran machistas, pero en realidad el programa nunca salió adelante porque era la sociedad en su conjunto la que era machista, no solo unos pocos individuos. Las mujeres del Mercury 13 no tuvieron ninguna posibilidad de viajar al espacio. Ni siquiera tras el vuelo sorpresa de Valentina Tereshkova en 1963 la NASA mostró un interés serio por reclutar mujeres para el programa espacial —aunque hubo ciertos movimientos muy tímidos—. La falta de plazas en misiones espaciales después del Apolo hizo que la agencia no se plantease seleccionar mujeres hasta bien entrados los años 70. Las primeras astronautas de la NASA serían reclutadas en 1978 como parte de la octava selección de la agencia. Todas volarían en el transbordador espacial.

El póster de Mercury 13 de Netflix (Netflix).
El póster de Mercury 13 de Netflix (Netflix).

Hubiese sido interesante que, además de las supervivientes del Mercury 13, los creadores del documental hubiesen entrevistado a Tereshkova. No en vano fue la primera mujer en el espacio y algo tiene que decir sobre el tema. En definitiva, el documental nos muestra unas mujeres tremendamente capaces y valientes que decidieron enfrentarse a las barreras sociales de su época. Su historia es lo bastante interesante como para que no sea necesario exagerar los hechos.



76 Comentarios

  1. Conocía por encima la historia pero como siempre Daniel nos lo cuenta con pelos y señales. No sabía que había un documental sobre ello. Con esta entrada en la mano, sería bueno echarle un ojo.

    Por cierto, irónicamente, el astronauta americano con más tiempo acumulado en el espacio a día de hoy es un a mujer, Peggy Whitson. Y sigue en activo.

  2. Seria muy utópico pensar en una tripulación mista para la primera misión tripulada a la luna de parte de los chinos o la sociedad china es tan machista y patriarcal como la de EE.UU. en esos tiempos ??

    1. Hoy por hoy, no veo factible que sea mixta la primer misión tripulada china a la Luna, a menos que pase bastante tiempo. La sociedad actual china es hoy mucho más machista y puritana que la de Estados Unidos. Hasta hace relativamente poco, la propagación de pornografía tenía la pena capital. Claro que la tendencia es a ser cada vez más liberal (en lo político, no en lo económico, que son conceptos muy diferentes aunque deliberadamente mezclados por muchos). Pero en ese sentido, los cambios en China son cautelosos, no abruptos. Es posible que en el futuro la sociedad China sea más abierta que la de USA, pero en el corto plazo no lo veo factible

  3. En mi caso no tuve la sensación de que tuvieran opciones reales de volar, de hecho me quedé con la idea que planteas, que ni NASA ni USAF estaban realmente interesadas y que fue una iniciativa más privada que otra cosa. Es cierto que algunas protagonistas del documental exageran un poco sus apreciaciones.

  4. Gracias por este artículo Martín.
    Me recuerda tristemente, que esto sólo sucedió hace 60 años. Y he visto como hablas en pasado, cuando la realidad, me parece que ha maquillado ciertos ‘síntomas’ de desigualdad.
    Es trágico cómo se maltrata simbólicamente a la mitad de la población humana (No son toda la mitad y maltrato no lo digo en sentido físico, sino más bien psicológico). Si bien se han dado pasos para cultivar la igualdad y la tolerancia, nos llevará muchas décadas que estas semillas fructifiquen. Y tristemente muchas de estas semillas, serán matadas por padres, que inculcarán a sus hijos otros pensamientos machistas. Es triste además, que no sólo el hombre promueva una filosofía machista, sino que muchas mujeres así también lo hacen.
    Me da pena que hayamos avanzado tan poco en la lucha de la igualdad real. La semilla de la intolerancia y el machismo sigue vigente.
    Esperemos que con los años, psicólogos desentrañen nuevos aspectos del machismo que hasta ahora han quedado latentes o fuera del punto de vista de medios de comunicación y de las medidas políticas y se creen nuevas herramientas para trabajar por un mundo más igualitario.

  5. No voy a negar que la URSS contribuyera significativamente a la derrota del régimen Nazi, discuto que sin la URSS pero con EEUU la derrota se habría dado igualmente, (al contrario lo dudo). Y siento una gran admiración por el pueblo Ruso (o soviético como quieras), que ha sufrido las mayores atrocidades de la historia, en muchos casos causadas por sus propios dirigentes y que desde luego se dejó la piel contra los invasores. Sin embargo no comparto el sistema político comunista por algo obvio, y es que como teoría (utópica) está muy bien, pero en la práctica choca de frente con la naturaleza humana, o ¿tu crees que las clases dirigentes comunistas viven con los mismos recursos que el resto de la población?. Al final la puesta en práctica del comunismo acaba en comunismo para el pueblo y capitalismo para los dirigentes. Y no tienes mas que ver como están acabando las potencias comunistas, en capitalistas (camufladas de momento).
    En cuanto al desembarco de Normandía, si hubiera fracasado , en vez de día D, habría habido día A, N o H, y no precisamente en la costa, sino en el centro de Alemania. El enlace al que se hace referencia donde se comentan las aportaciones de EEUU en porcentajes, aún quedándonos en un término medio entre unos y otros hay que tener en cuenta que muchos de los equipamientos de los que disponía la unión soviética (camiones, tanques, aviones etc.) eran viejos y usados y gran parte de ellos fueron barridos por la apisonadora Nazi en el comienzo de la invasión, (y muchos abandonados en la retirada hacia el interior). Sin embargo todos los equipos enviados por los EEUU, eran recién elaborados por las fábricas americanas completamente a salvo de ataques aéreos o de cualquier tipo (nuevitos a estrenar y con tecnología puntera). Además llegó en el momento oportuno para que después de las derrotas de Stalingrado y Kurst, el ejército Alemán no tuviera un momento de respiro. Por cierto América también contó ( y cuenta) con dos generales, el Océano Atlántico y el Océano Pacífico.
    Y otro dato, durante la guerra fría los EEUU dedicaban entre el 1% y el 4% del producto interior bruto a la defensa. Para mantenerse al mismo nivel la URSS el 50%.

      1. FJVA: Seguimos sin coincidir en absoluto. La diferencia está en que ahora reconoces que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas contribuyó «significativamente» a la derrota de la peste nazi. Sigo opinando que esa contribución fue «definitiva» para que tal victoria se produjese. Repito que si no fuera por las derrotas y el daño causado a la lacra fascista por el puño de hierro soviético habría sido prácticamente imposible que cuajase cualquier invasión por Occidente. Los soviéticos, con una determinación admirable, pusieron en el campo de batalla material bélico de producción propia en cantidad que deja en anecdótica la «ayuda» occidental. Y, repito, las batallas más grandes y feroces (por cantidad de recursos humanos y materiales empleados) fueron en territorio ruso y se saldaron con victorias para el Ejército Rojo a cambio, eso si, de un arrase total del territorio patrio, lo que hace más meritorio aún su posterior recuperación y el salto tecnológico que le permitió plantar cara a una potencia como Norteamerica que no conoce la guerra en suelo propio.

        Honestamente (e independientemente de la ideología) creo que no se hace justicia desde Occidente a la contribución Soviética a la Guerra. Ni tampoco a sus hazañas en la carrera espacial posterior.

        1. No me parece que se hayan desconsiderado las hazañas Soviéticas en la carrera espacial, si que es verdad que se ha tenido mucha menos información en parte por el hermetismo de ellos mismos, que solo daban publicidad a los éxitos confirmados, mientras que los americanos lo hacían todo con luz y taquígrafos, (por cierto encontrándonos con situaciones tan surrealistas como el impresionante espectáculo de la explosión del Challenger, a mi me costó unos segundos procesar que aquello no estaba en el guión y que acababan de morir 7 personas). De todas formas gracias a que tenemos a Daniel con este impagable e insustituible Blog (y encima en Español) estamos descubriendo muchísima información sobre el programa espacial Soviético. Además aprecio una cierta predilección de Daniel por el mismo.

    1. Creo que hay dos aspectos que están mezclados pero que son claramente diferentes. Las simpatías o no con el sistema comunista es uno y quién fue quien más contribuyó a la derrota de los nazis el otro. Personalmente, nunca me gustó Stalin. Luego de la muerte de Lenin, hizo asesinar a Bujarin, Zinoviev, Kamenev y Trotski entre otros. Para ver la relevancia de quiénes hicieron la Revolución de Octubre, recomiendo la lectura de «10 días que conmovieron al mundo», de John Reed. Es una crónica de alguien QUE ESTUVO ALLÍ mientras ocurrió y la escribió mientras sucedía. No alguien que reconstruye la historia a partir de su anteojera ideológica. Según la Universidad de Nueva York, es el séptimo mejor trabajo periodístico del siglo XX. https://es.wikipedia.org/wiki/Diez_d%C3%ADas_que_estremecieron_el_mundo. Ahí Stalin apenas es nombrado. Casi nadie pensaba que quedara al frente del PCUS. Pero primero consiguió que se mantuviera en secreto el testamento de Lenin, que alertaba sobre su brutalidad. Luego consiguió unir a todos contra Trotski, que había sido el fundador del Ejército Rojo. Luego de derrotarlo, se alió con Bujarin contra Kamenev y Zinoviev quienes ya tarde, se unieron a Trotski formando «la oposición de izquierda». Cuando fueron derrotados, enfrentó y derrotó a Bujarin y por último todos ellos fueron asesinados, Trotski en México y los otros en «los juicios de Moscú».
      Ahora, el otro tema es quién derrotó a los nazis. La batalla que decidió la guerra fue la de Stalingrado. Hasta ese momento (luego cambió), la ayuda en armas por parte de los aliados era irrisoria. Entonces la URSS los derrotó con sus armas (vetustas o eficientes, pero prácticamente exclusivamente suyas) y su invierno. La única ayuda tal vez relevante que había recibido por parte de EEUU hasta ese momento fue la alimentaria. Entonces la contribución de EEUU a la derrota de los nazis hasta ese momento fue claramente secundaria. Eso es un hecho, no una interpretación. ¿Qué hubiera pasado si los nazis vencían en Stalingrado? Aquí dejamos los hechos y entramos en la historia contrafáctica. EEUU hubiera dejado para más adelante el frente europeo (recordemos que el desembarco en Normandía recién acaeció el 6 de junio de 1944, cuando los nazis llevaban un año retrocediendo del frente oriental) y concentrado todos sus esfuerzos en el enfrentamiento con Japón, a quienes posiblemente hubiera derrotado antes del momento real en qué lo hizo, dado que hubiera peleado en un sólo frente. ¿Y los nazis? Hubieran estado muy ocupados contra la guerra de guerrillas que se hubiera desarrollado en toda la URSS. No hubiera intentado la locura de cruzar el Atlántico para invadir a EEUU ni hubieran distraído fuerzas para ayudar a sus aliados japoneses, de quién desconfiaban. ¿E Inglaterra? Tenía la opción de liberar a Rudolf Hess y enviarlo a Alemania para negociar un armisticio. ¿Y luego? Ya más que historia contrafáctica estaríamos hablando de una ucronía

      1. No se que fue peor para los soviéticos si Hitler o Stalin, por lo menos contra Hitler pudieron luchar. Lo terrible de las dictaduras es que si el poder va a por ti, no tienes defensa posible, no hay nadie a quien recurrir…

  6. Hola Daniel,
    Por este post y vuestra recomendación en Radio Skylab vi ayer Mercury 13.
    Me encantó.
    Esperaba esta sensación transmitida por ti:

    Tras ver el documental uno tiene la impresión de que las Mercury 13 estuvieron a punto de volar al espacio y que solo una cancelación de última hora lo evitó. Y no es verdad….
    El documental transmite la idea de que el programa fue cancelado porque Glenn, Carpenter y otros —que se presentan como los malos de la película— eran unos machistas que echaron por tierra los esfuerzos de Lovelace.»>

    No esoy para nada de acuerdo con lo que dices.
    En mi opinión el documental deja muy claro que las Mercury 13 sólo hicieron dos rondas preliminares de pruebas médicas. Ni siquiera se llegaron a subir en la centrifugadora. Glenn y compañía no las apoyaron, desde luego, pero el documental pone el acento en que la puntilla se la dio la aviadora Jackie Cochran (lo mencionas en tu artículo).
    En fin, que me ha encantado el documental y me ha agradado que el prejuicio que llevaba sobre que el documental indicaba que las Mercury 13 estuvieron muy cerca de volar no es tan así.
    Estoy contigo que hubiese sido aún más grande si llegan a entrevistar a Tereshkova.
    Las palabras de Sally Ryde «Puede que una niña que me esté otendo ahora sea la primera mujer en pisar la Luna. Puede que esa niña sea el primer humano en pisar Marte» resuenan en mi cabeza ^_^
    Gracias y saludos,

    Juan Carlos—
    @ApunteCiencia

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Por Daniel Marín, publicado el 11 junio, 2018
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