Navegando por la red, el otro día me encontré con una noticia astronómica ciertamente curiosa. Por lo visto, recientemente un grupo de investigadores había descubierto una estrella que dispara enormes chorros de agua. Sí, sí, han leído bien. «Chorros de agua» y «estrella» en la misma frase, como lo oyen. No le presté más atención a la noticia, pero curiosamente, y por motivos que se me escapan, se ha hecho muy popular en la red (llegó a portada en Menéame). Así que decidí leerla con más atención.
Entonces me di cuenta horrorizado de que cualquier persona no familiarizada con la astronomía puede llegar a la errónea conclusión de que el agua se forma en las estrellas de forma natural y que es expulsada en forma de chorros líquidos hacia el espacio interestelar. Como suele suceder con la mayoría de noticias astronómicas sensacionalistas -todo un subgénero en sí mismo-, la información tiene parte de verdad, pero la presentación es tan confusa que los detalles se pierden en el camino. Y como todo el mundo sabe, el diablo está en los detalles. En estos casos, lo mejor es irse al artículo original, Water in low-mass star-forming regions with Herschel (WISH-LM) (Kristensen et al.), que se encuentra disponible en arXiv, e intentar descifrar de qué va todo esta historia.

Representación artística de un disco protoestelar con sus chorros (NASA).

Chorros en protoestrellas vistos por el Hubble (NASA).
Resumiendo, el paper describe las observaciones de una región de formación estelar denominada L1448-MM por medio del telescopio espacial Herschel. Es decir, no estamos ante una estrella, sino una protoestrella, que no es lo mismo. Como es sabido, las estrellas nacen a partir del medio interestelar, que son regiones que se encuentran a muy baja temperatura en las que se pueden encontrar moléculas complejas. No obstante, aunque el hidrógeno y el oxígeno son muy abundantes en este medio, las moléculas de agua no son especialmente comunes por una serie de razones que no vienen al caso. Pero la cosa cambia cuando tenemos una estrella en proceso de formación.
Durante el colapso gravitatorio de la protoestrella se crea un disco protoplanetario y un flujo de materia bipolar en forma de dos chorros que eyectan materia -principalmente hidrógeno y helio- por las regiones polares del astro. Estos chorros se desplazan a 100-300 km/s y cuando colisionan con los gases del medio interestelar situado alrededor de la protoestrella se crea una onda de choque que permite la formación de nuevas especies moleculares. Según la violencia del impacto tenemos dos tipos de ondas: las de tipo C (C-shock) y las de tipo J (J-shock). En las de tipo C la temperatura alcanza un máximo de 3000 K y no sólo no se destruye la mayor parte de moléculas, sino que se crean algunas nuevas, incluyendo el agua.
En las ondas de tipo J la temperatura alcanza los 100 000 K y todas las moléculas se fragmentan, pero en la región posterior a la onda de choque la temperatura desciende hasta unos bajísimos 10 K. En estas zonas existen «bolsillos» protegidos de la radiación ultravioleta donde la temperatura es además superior a 250 K, lo que facilita la formación de moléculas de agua. En algunos casos estas moléculas pueden incluso agruparse para formar pequeños cristales de hielo. Para que nos hagamos una idea, la abundancia de agua en las ondas de choque de las protoestrellas llega a alcanzar una diezmilésima o una cienmilésima parte de la abundancia de la molécula de hidrógeno. Por otro lado, también existen moléculas de agua en el medio situado alrededor de las protoestrellas, aunque su abundancia es muy inferior a la que encontramos en las ondas de choque (entre una millonésima y una diez millonésima).
Sin duda, es un proceso fascinante, pero obviamente no estamos hablando de estrellas que «disparan chorros de agua» al espacio, ya que este agua se crea en las ondas de choque de la protoestrella. Toda noticia astronómica que contenga la palabra «agua» recibe inmediatamente atención del gran público, pero lo cierto es que el agua es un compuesto muy abundante en el Universo. Otra cosa muy distinta es la existencia de agua líquida en la superficie de un planeta. El agua presente en las protoestrellas es interesante porque su presencia nos permite inferir las condiciones que existen en las regiones de formación estelar. No obstante, las líneas espectrales de la molécula de agua se encuentran en el infrarrojo lejano, por lo que su estudio sólo es posible mediante observatorios espaciales como el Herschel.

Espectro de L1448-MM obtenido por Herschel (Kristensen et al.).
Por si fuera poco, nada de esto es nuevo. Sabemos que existe agua en las protoestrellas desde 1996, cuando se observó su existencia en el objeto protoestelar HH54B gracias al observatorio infrarrojo espacial ISO.
En definitiva, se trata de una noticia muy interesante que demuestra la enorme sensibilidad del telescopio Herschel a la hora de estudiar regiones de formación estelar, uno de los principales objetivos de la misión. Desgraciadamente, y una vez más, la información ha sido distorsionada de forma tan brutal que resulta casi imposible reconocer el artículo original. Sin duda, la culpa de esta degradación la tiene en parte el aumento en el sensacionalismo de las notas de prensa originales, pero teniendo en cuenta que el paper está disponible en la red, no termino de entender por qué nadie decide consultarlo antes de escribir una noticia tan confusa. Si seguimos a este ritmo, la información astronómica en Internet pronto dejará de tener coherencia alguna y se limitará a una sucesión de titulares cada vez más sensacionalistas.


Oye daniel y crees tu que el agua obtenida por la formación de una Protoestrella es parte del agua que conforma la tierra??
Obviamente. El agua presente en nuestro Sistema Solar viene del disco protoplanetario original.
Saludos