Las olvidadas sondas para estudiar Urano y Neptuno

Hace poco celebramos los 25 años del sobrevuelo de Neptuno por parte de la sonda Voyager 2. Parece mentira, pero ya ha pasado un cuarto de siglo desde que la humanidad visitó un gigante de hielo. Una visita tan histórica como fugaz. Y lo triste es que no hay ningún plan para volver a mandar una nave espacial a estos planetas. Urano y Neptuno encierran multitud de misterios que nos permitirían aclarar no sólo la formación del Sistema Solar, sino de muchos otros sistemas estelares. Actualmente sabemos que una fracción considerable de los exoplanetas descubiertos alrededor de otras estrellas son exoneptunos. Así que no es de extrañar que una de las misiones espaciales prioritarias para la comunidad científica sea precisamente una sonda para estudiar los dos planetas más lejanos del Sistema Solar.

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Neptuno visto por la Voyager 2 (NASA/JPL/Björn Jónsson)

Antes de nada convendría aclarar por qué es tan importante el estudio de Urano y Neptuno. Más que nada, porque mucha gente pudiera pensar que ambos planetas no son otra cosa que gigantes gaseosos en miniatura. Vamos, una especie de Júpiter de pequeño tamaño, y no es así. Júpiter y Saturno están formados principalmente por hidrógeno en un 90% de su masa, aunque la denominación ‘gigante gaseoso’ es más bien errónea: la mayor parte del hidrógeno en el interior de estos planetas está en estado líquido o metálico (aunque ‘gigante líquido’ quedaría un tanto confuso). Por el contrario, Urano y Neptuno están compuestos por menos de un 20% de hidrógeno y su parte interna debe estar dominada por compuestos de elementos tales como oxígeno, carbono o nitrógeno. Como en el caso de sus hermanos mayores, el nombre ‘gigantes de hielo’ no es exactamente correcto. Urano y Neptuno tienen grandes cantidades de agua, metano y amoniaco, pero a las presiones y temperaturas del interior su comportamiento es muy distinto al que estamos acostumbrados. De hecho, la fase preferida por el hielo de agua dentro de estos planetas corresponde a un fluido supercrítico bastante exótico desde nuestro punto de vista.

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Estructura de los planetas exteriores (ESA).

En cualquier caso, es más lo que desconocemos de Urano y Neptuno que lo que sabemos. Desde su tortuosa formación -ambos planetas nacieron más cerca del Sol que donde están actualmente para luego ser empujados hacia el exterior por Saturno-, hasta su estructura interna, pasando por sus extraños satélites, todo son misterios. Por lo que sabemos, los gigantes de hielo podrían albergar diamantes gigantes en su interior o una atmósfera con chaparrones de gotas de metano del tamaño de balones de fútbol. Sólo una sonda espacial podría ayudar a despejar estas incógnitas, pero, ¿la mandamos a Urano o a Neptuno?

Buena pregunta. Los dos planetas son muy similares, pero cada uno tiene una serie de características únicas. Urano está más cerca, lo que siempre es una ayuda cuando hablamos de misiones que pueden tardar más de una década en alcanzar su objetivo. Pero Neptuno cuenta con la ventaja de poseer una luna, Tritón, que en su momento fue un planeta enano parecido a Plutón. O sea, que estudiar Neptuno nos ofrece la posibilidad de ver dos mundos fascinantes por el precio de uno (y eso sin contar con el resto de satélites del sistema, claro). Por otro lado, el interior de Urano, carente de una fuente de calor como la de Neptuno, es un auténtico rompecabezas, al igual que la anómala orientación de su eje.

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Urano y sus lunas (ESA).

Otro dilema es qué tipo de sonda usar. Lo mejor sería un orbitador, es decir, una nave que dé vueltas alrededor de Urano y Neptuno para estudiar en detalle su atmósfera, anillos y satélites. El problema que este tipo de misión es la más cara y compleja. ¿Por qué? Pues porque necesitamos combustible para frenar nuestra velocidad y ponernos en órbita de uno de estos planetas. Y, obviamente, el combustible extra se traduce en masa, y la masa adicional significa un aumento de presupuesto para la misión. Por otro lado, una misión de tipo sobrevuelo, como las Voyager, sería mucho más barata, pero su retorno científico también estaría muy limitado.

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Campo magnético de los gigantes de hielo (ESA).

Por último, la mayor parte de científicos insisten en que la sonda lleve una o más cápsulas para el estudio de la atmósfera de Urano o Neptuno. Es tan poco lo que sabemos de los gigantes de hielo que una medida directa de su composición atmosférica se considera una prioridad absoluta, independientemente de que se corra el riesgo de obtener información ligeramente sesgada por culpa de las particularidades de la zona de descenso (que es justamente lo que pasó con la cápsula de la sonda Galileo en Júpiter). El problema es que todos estos requisitos son tremendamente exigentes. O bien usamos una sonda gigante y cara, o una pequeña y con poco valor científico. Para que entendamos lo complicado que resulta viajar a los gigantes de hielo tengamos en cuenta que usando una trayectoria de mínima energía -conocida como trayectoria de transferencia de Hohmann, usada en las misiones a Marte o Venus- tardaríamos unos 31 años en llegar a Neptuno (!). Y viajar más rápido, aún a costa de sacrificar masa útil, tampoco es la panacea, ya que entonces deberemos gastar más combustible para frenar en Urano o Neptuno.

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Concepto de sonda a Neptuno de 2003 que hacía uso de propulsión eléctrica solar (SEP) y aerocaptura (NASA).

Una solución, por supuesto, es usar sistemas de propulsión no convencionales o sobrevuelos de otros planetas para llevar a cabo maniobras de asistencia gravitatoria. Ya en 2003 varios estudios de la NASA propusieron usar una combinación de propulsión eléctrica solar (SEP) con motores iónicos o de plasma y aerocaptura para una misión a Neptuno. La propulsión eléctrica es la más eficiente disponible en la actualidad y ya ha sido usada en sondas como la Deep Space 1 o Dawn. Por su parte, la aerocaptura -esto es, colocarse en órbita alrededor de un mundo con atmósfera usando ésta para frenar la velocidad- es una técnica que nunca ha sido probada, pero resulta ideal para las misiones a los gigantes de hielo al permitir velocidades de llegada muy altas y, por tanto, bajos tiempos de vuelo.

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Trayectoria de un orbitador a Neptuno basada en la Mariner Mark II. Propuesta de 1991 (NASA).

Desde que la Voyager 2 pasó por Urano y Neptuno se han puesto encima de la mesa numerosos conceptos de misiones, aunque ninguna ha sido aprobada hasta la fecha. En 1991 se jugó brevemente con la idea de lanzar una sonda Mariner Mark II (como la Cassini y CRAF) a Neptuno, pero el entusiasmo se disipó rápidamente. Y es fácil entender por qué. Esta sonda habría despegado en 2002 mediante un Titán IV/Centaur y, tras 19 años de viaje (!!), llegaría a Neptuno en 2021 después de sobrevolar Venus, la Tierra y Júpiter (trayectoria VEEJGA). La nave llevaría una cápsula atmosférica similar a la de la Galileo. En cualquier caso, estaba claro que nadie quería esperar 19 años para que una nave llegase a su destino.

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Diseño definitivo de la sonda JIMO a Júpiter, la sonda insignia del Proyecto Prometeo (NASA).

La NASA comenzó a estudiar en serio la posibilidad de regresar a los gigantes de hielo a principios de la pasada década. Y el regreso iba a ser a lo grande, con una sonda gigante de propulsión nuclear del Proyecto Prometeo. Las sondas Prometeo debían estar equipadas con un reactor nuclear de medio megavatio de potencia que alimentaría los sistemas del vehículo y varios motores eléctricos (iónicos o de plasma). Gracias al empleo de la propulsión eléctrica la duración del viaje hasta el Sistema Solar exterior se reduciría significativamente a pesar del gran tamaño de la nave. Y es que a diferencia de otras propuestas, el uso de un reactor nuclear serviría para mantener operativos los motores iónicos durante todo el transcurso de la misión y no sólo en la fase inicial.

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Sonda Prometeo a Neptuno y Tritón con un reactor nuclear (NASA).

El Proyecto Prometeo nació con el objetivo prioritario de enviar una sonda a Júpiter y sus lunas, la famosa misión JIMO (Jupiter Icy Moons Orbiter), pero con el tiempo estaba previsto que toda una flotilla de naves Prometeo explorasen los planetas exteriores. La versión de Prometeo a Neptuno, a veces denominada Prometheus-N, fue concebida entre 2003 y 2005. Debía incluir 1500 kg de carga útil, una auténtica barbaridad comparada con otras sondas ‘normales’, así como dos sondas atmosféricas que se separarían antes de la entrada en órbita de la sonda y que descenderían a través de la atmósfera de Neptuno durante unas cinco horas antes de sucumbir a las enormes presiones y temperaturas de su interior. Cada una de estas sondas tendría una masa de unos 300 kg, de los cuales 19,4 kg serían instrumentos científicos. La experiencia de la cápsula de la Galileo ayudaría a diseñar el escudo térmico de estas dos sondas, que tendría que soportar una velocidad de entrada de 30,2 km/s.

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Diseño conceptual de la sonda de aterrizaje para Tritón (NASA).

Prometheus-N debería haber despegado en 2016. Tras sobrevolar Júpiter en 2020 para recibir un empujón gravitatorio, llegaría al sistema de Neptuno en 2029, donde soltaría las dos sondas atmosféricas antes de entrar en órbita alrededor del gigante de hielo. La sonda estudiaría el sistema de Neptuno y, con suerte, entraría en órbita alrededor de Tritón en 2033 para comenzar a estudiar en detalle este fascinante mundo. El JPL jugó con la idea de incluir una pequeña sonda de aterrizaje de 500 kg capaz de aterrizar en la superficie de Tritón y perforarla con un taladro, todo un desafío teniendo en cuenta que la temperatura superficial de esta luna ronda los -238º C.

El Proyecto Prometeo fue cancelado en 2005, pero justo ese mismo año varios centros de la NASA (Ames, JPL, Johnson, Langley y Marshall) presentaron de forma conjunta otro concepto sonda a Neptuno. La sonda estaba destinada a ser uno de los vehículos espaciales más ambiciosos jamás concebidos. Al igual que las naves Prometeo, esta sonda usaría propulsión eléctrica, pero alimentada por paneles solares en el principio de la misión en vez de un reactor nuclear. La parte realmente espectacular de la misión consistía en la técnica de aerocaptura para colocarse en órbita alrededor de Neptuno sin gastar un gramo de propelente. El escudo térmico que protegería al vehículo sería un cuerpo sustentador con forma de elipsoide y estaba basado en los estudios de la NASA para situar grandes cargas en la superficie marciana. La aerocaptura permitía aumentar la masa útil de la sonda en un 40% comparado con otros proyectos que empleaban propulsión química convencional, además de reducir el tiempo de vuelo en tres o cuatro años.

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Sonda a Neptuno de 2005 con escudo de aerocaptura. En la parte trasera se aprecian las cápsulas atmosféricas (NASA/JPL).

La sonda, con una masa al lanzamiento de 4780 kg, debía ser lanzada en 2015 o 2017 mediante un cohete Delta IV Heavy y alcanzaría Neptuno después de doce años de viaje y tras sobrevolar Júpiter, aunque también se estudiaron otras trayectorias que incluían un sobrevuelo adicional de Venus. Llevaría cinco o seis motores eléctricos NEXT alimentados por xenón y por dos enormes paneles solares. La velocidad de entrada en la atmósfera de Neptuno sería de unos 28-30 km/s y, aunque la maniobra de aerocaptura no duraría más de diez minutos, la sonda tendría que aguantar hasta 22 g de deceleración. Al igual que Prometheus-N, debía incluir dos sondas atmosféricas capaces de soportar hasta cien bares de presión. La misión primaria duraría tres años e incluiría un mínimo de cuarenta sobrevuelos de Tritón a menos de mil kilómetros de distancia.

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Sonda para Neptuno con escudo de aerocaptura de 2005. En la parte trasera se ven los motores iónicos (naranja) y las dos cápsulas atmosféricas (rojo) (NASA/JPL).
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Configuración de crucero de la sonda de aerocaptura a Neptuno con los paneles solares de la etapa SEP (NASA).

Una vez en el sistema de Neptuno el orbitador, con una masa de 1900 kg, desplegaría una antena de comunicaciones de alta ganancia de 4,2 metros de diámetro. Para las maniobras orbitales la nave llevaría hasta 22 pequeños propulsores con propergoles hipergólicos convencionales. Dos generadores de radioisótopos tipo MMRTG suministrarían la potencia necesaria a los sistemas durante la misión.

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Configuración de lanzamiento de la sonda de aerocaptura (NASA).
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Partes de la sonda (NASA).
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La sonda a Neptuno con la antena desplegada una vez en órbita del planeta (NASA).

El objetivo de esta curiosa misión, así como de Prometheus-N, era Neptuno y no Urano debido en buena parte a que por entonces se pensaba que la actividad atmosférica de Urano era sustancialmente inferior a la de Neptuno (vamos, que Urano era un planeta ‘aburrido’). Pero justo por esa época los telescopios terrestres comenzaron a registrar evidencias de que en cuanto a actividad se refiere Urano no tenía nada que envidiar a su hermano gemelo, un descubrimiento que tendría un impacto considerable en las propuestas de misiones que aparecieron en los años posteriores.

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Una de las trayectorias estudiadas para la misión (NASA).
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Secuencia de aerocaptura en Neptuno (NASA).

Como contrapunto a esta ambiciosa misión, el JPL sugirió en 2002 la misión New Horizons 2 (NH2). Como su nombre indica, sería una sonda de pequeño tamaño (478 kg) idéntica a la New Horizons, pero en vez de dirigirse a Plutón sobrevolaría Urano, además de entre tres y cuatro objetos del Cinturón de Kuiper, incluyendo 1999 TC36 en 2020-2023 y 2002 UX25 en 2022-2023. 1999 TC36 era un blanco especialmente interesante por su enorme tamaño (400-500 kilómetros) y por poseer un satélite de grandes dimensiones. De esta forma, la NH2 habría estudiado tanto Urano como los objetos del Cinturón de Kuiper, otro de los objetivos de la comunidad de científicos planetarios. La sonda NH2 debería haber sido lanzada antes de 2009 para permitir la asistencia gravitatoria de Júpiter y un sobrevuelo de Urano entre 2014 y 2017, pero lamentablemente no fue aprobada. Esta misión de bajo coste (habría salido por unos 472 millones de dólares) no consiguió atraer el interés de la comunidad científica al carecer de las ventajas de un orbitador.

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Sonda New Horizons (NASA/JHU Applied Physics Lab/David S. F. Portree).

La siguiente misión en ser propuesta llegaría de la mano del influyente Planetary Science Decadal Survey de 2010, un trabajo conjunto entre la NASA y la comunidad científica estadounidense. Conscientes de las limitaciones presupuestarias que habían frustrado proyectos anteriores, la nueva sonda tendría un precio de 1500-1900 millones de dólares (del tipo New Frontiers o de medio coste según la clasificación de la NASA). El estudio propuso un orbitador convencional dotado de tres generadores de radioisótopos de tipo Stirling (ASRG). El objetivo de la misión sería Urano y no Neptuno al no haber disponible ningún sobrevuelo de Júpiter en las fechas de lanzamiento previstas (sin este sobrevuelo, el tiempo de vuelo para una misión a Neptuno se dispara). En cualquier caso, el estudio consideraba que Neptuno era una opción igual de interesante.

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Orbitador de Urano del Decadal Survey (NASA).

Esta sonda llevaría una cápsula atmosférica de 127 kg basada en el diseño de las sondas de pequeño tamaño de la Pioneer Venus de los años 70. La cápsula se separaría 29 días antes de la llegada a Urano y alcanzaría una profundidad de cinco bares de presión después de entrar a 22,35 km/s en la atmósfera del planeta. Su misión tendría una duración de dos horas como máximo. El orbitador de Urano debía despegar en 2020 mediante un cohete Atlas V 531, realizar un sobrevuelo de la Tierra en 2024 y llegar a Urano en 2033. La sonda haría uso de una etapa de propulsión eléctrica (SEP) con tres motores iónicos NEXT a base de xenón para reducir el tiempo de vuelo a ‘solo’ 13 años. Durante la misión primaria se realizarían un mínimo de diez sobrevuelos de los cinco satélites principales de Urano (Miranda, Ariel, Umbriel, Oberón y Titania).

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El orbitador de Urano con la etapa SEP acoplada (NASA).
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Sonda atmosférica para Urano (NASA).
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Dimensiones del orbitador de Urano con la etapa SEP (NASA).
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Trayectoria de la sonda (NASA).

El orbitador de Urano del Decadal Survey es probablemente el concepto de misión más influyente de los últimos años, pero no ha sido el último, ni mucho menos. Hace unos años se propuso el proyecto ODINUS (Origins, Dynamics and Interiors of Neptunian and Uranian Systems) para la misión L2 o L3 de gran presupuesto de la agencia espacial europea (ESA). ODINUS no logró ser seleccionada -en su lugar fueron elegidos los observatorios Athena+ y eLISA-, pero quedó en un honroso tercer puesto. ODINUS habría consistido en dos sondas gemelas, una a Urano (bautizada como Freyr) y otra a Neptuno (Freyja), dentro del marco de la misión Odín (de ahí el nombre de las sondas). El tiempo de vuelo habría sido de entre 13 y 15 años para cada nave. Las sondas hubieran tenido una masa de entre 500 y 600 kg (sin propergoles) al lanzamiento y habrían hecho uso de una combinación de propulsión eléctrica y química, aunque su diseño no llegó a definirse.

Otra misión parecida fue Uranus Pathfinder, una propuesta de 2010 de sonda de medio coste para la misión M3 de la ESA. Uranus Pathfinder habría despegado en 2021 mediante un cohete Soyuz desde Kourou, lo que le hubiese permitido llegar a Urano en 2037. Para ahorrar costes no usaría propulsión SEP, sólo química, y para compensar la trayectoria incluiría dos sobrevuelos de la Tierra, uno de Venus y otro de Saturno (trayectoria VEESGA). El diseño de Uranus Pathfinder habría estado basado en el de la Mars Express o Rosetta en otro intento de reducir el presupuesto total de la misión. Tanto ODINUS como Uranus Pathfinder habrían requerido el desarrollo de generadores de radioisótopos europeos a base de americio-241 en vez de plutonio-238, un programa que la ESA lleva décadas intentando sacar adelante sin demasiado éxito.

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Trayectoria de la misión Uranus Pathfinder (ESA).

Más recientemente se han propuesto misiones exóticas, como usar velas eléctricas para alcanzar Urano en cinco años, aunque por ahora son sólo eso, simples ideas. En cualquier caso, está claro que los tiempos de vuelo tan prolongados de estas misiones son una desventaja considerable, así que bienvenida sea cualquier iniciativa para disminuir la duración del viaje hasta los gigantes de hielo. En los últimos años se ha sugerido emplear el cohete SLS de la NASA para alguna misión de este tipo, lo que permitiría el uso de una trayectoria directa. Lamentablemente, el enorme coste de este lanzador y su incierto futuro son otras desventajas a tener en cuenta.

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Sonda con vela eléctrica para alcanzar Urano en cinco años (Electric Solar Wind Sail).

Y así llegamos a la actualidad. Como decíamos, la Voyager 2 pasó por Neptuno hace 25 años y visto lo visto mucho me temo que tendremos que esperar mucho más para volver a contemplar una misión de este tipo. Está claro que la exploración del Sistema Solar no es para impacientes.

Referencias:


42 Comentarios

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Daniel FernandesDaniel Fernandes

Temo que yo no vea una misión a lod gigantes de hielo, tal y como están las cosas. Esperemos que la ESA se lance. Todos los planetas tienen su propio orbitador salvo esos dos, ahí pueden marcar un hito.
Por cierto, ¿como le va a Stratolaunch?
Otra cosita más, ¿que se sabe de Gliese 667? ¿Podría alguien indicarme donde encontrar un “esquema “del sistema?

OscarOscar

No fue un error tuyo, lo que pasa es que Daniel le agrego mas texto e imágenes al articulo después de publicarlo.

JoseJose

Yo veo antes a un falcon heavy que a un SLS en una mision de estas.

Hablamos de costes. Son misiones sin publicidad para una nacion, que no aportan nada directamente… ( ESTAS SON MISIONES PURAMENTE CIENTIFICAS ) y eso a la gente le importa 3 pepinos… No quieren gastarse 10.000 millones en un cacharro que solo haga fotos… Tristemente es el mundo en el que vivimos.

Si realmente se consiguen lanzar cohetes como el FH, FalconX ,o los chinos o rusos se dan prisa con sus cohetes pesados veo mas viable lanzarlos con esos, antes que con un SLS el cual encareceria la mision varios cientos o miles de millones. Dinero del que no se dispone.

Esperemos que en menos de una decada las naciones y empresas privadas se pongan de acuerdo e impulsen misiones de colaboracion internacional a otros mundos. Porque al paso que vamos nos tendremos que conformar con 4 datos nuevos de nuestro sistema solar :(

Salvor HardinSalvor Hardin

Las sonda Voyager 2 llego a Neptuno en 1989 pero si tenemos en cuenta el año de su lanzamiento (1977), han transcurrido 37 años. Y no hay muchas esperanzas de que en los proximos 37 años otra sonda llegue hasta allá… Ya estamos hablando de ¡75! años entre una llegada y otra. Claramente la humanidad se estancó en el desarrollo tecnologico espacial y en otros items… Los Smartphones, los tablet, los espejitos de colores, nos dan la ilusión de que avanzamos rapidamente hacia el futuro (?!), pero lo real es que las cosas estan lamentablemente estancadas y en decadencia.

Disculpen, pero la cantidad de años ya transcurridos desde esa sonda fotografiando Triton con sus geiseres y luego nunca más volvimos allí, me saca de quicio.

Saludos.

Jose SanchezJose Sanchez

Igual lo q digo es una chorrada. Se podria sacar a la Cassini de la orbita de Saturno para llegar al menos a Urano?

AntonAnton

Es una chorrada porque para salir del pozo gravitatorio de Saturno necesita algo potente que lo saque, otro cohete que no existe. Hacer llegar allí un cohete para rescatar a la sonda es muy caro. Sale más económico lanzar directamente otra sonda.

José CastroJosé Castro

No, la Cassini no tiene combustible para dejar Saturno y mucho menos para llegar a Urano, Además nunca se calculó para que vaya mas allá de Saturno.

leandroleandro

pregunto…por q no el uso de microbombas nucleares en el transporte espacial???…el famoso proyecto Orion…

Siempre lei q el tema estaba en el peligro de residuos nucleares en un accidente en la atmosfera…

Pero tb lei q las sondas como la galileo…llevan varios kilos de plutonio para sus generadores electricos nucleares…no es eso peligroso tb en un eventual accidente???…

El tema de las explosiones nucleares en espacio y su efecto en la alta atmosfera de la tierra…obviamente la micro bomba nuclear seria detonada lejos de la tierra…10-50 veces la distancia de la luna…solo una fraccion de rayos gamma alcanzaria la tierra…y por otro lado…el espacio exterior no esta ya inundado de rayos cosmicos de alta energia???…

Las micro bombas nucleares,son tacticas y puden ser llevadas en una valija,tienen un peso de 6 kg y una capacidad de 0,015 Kt a 0,1 Kt cada una…

Como dijo alguien mas arriba…75 años demoramos para visitar por segunda vez un misero planeta de nuestro sistema solar???…es evidente q asi muy lejos no vamos a llegar…

Obviamente,todo incluye riesgos…pero si esperamos q milagrosamente un Enterprise de stark trek aparezca de la nada…solo resta esperar q algun cometa o catastrofe ambiental nos fulmine…vamos a estar atados a este planeta por eones entonces…hasta q la naturaleza,o nosotros mismos,nos destruyamos…

PD…muchos hablan q hay q esperar la antimateria…

Primero,en contacto con materia ordinaria produce energia PURA,es decir ingentes cantidades de rayos gamma y otros rayos mortales,o sea,en caso de q consigamos suficiente cantidad,no podria ser usado para elevar un shuttle desde tierra,seria peligroso por los subproductos en rayos de alta energia…o sea…habria q llevarlo al espacio primero,y way de no sufrir un accidente en el camino…cabo cañaveral y alrededores achicharrado por emisiones de rayos gamma…en este caso estariamos en el mismo caso de la energia nuclear de fision actual…

Ha,la famosa velocidad warp…bueno,cuando alguien descubra como achicar la masa del sol al tamaño de la luna…q BTW seria un agujero negro bastante modesto,viendo los mountruos q existen alla afuera…esedia hablamos de curvar el espacio-tiempo…antes,es como hablar del sexo de los angeles…

Como ven,todas las futuristias formas de viajar rapido en el espacio…tienen sus bemoles…

Ahhh me olvidaba,imaginen manipular un agujero negro en la tierra y q algo salga mal…divertido no???…

Rengel

Si se hubiera implementado el proyecto orion en la decada de 1960, ya en 1969 en lugar de descender en la luna estarian en marte, y en 1972 en lugar del ultimo alunizaje se estaria realizando el primer vuelo tripulado a saturno y descenso en Encelado, y por estas fechas ya se estaria acercando la primera sonda lanzada hacia alfa Centauro…

LeroyLeroy

Daniel, de contar con dinero suficiente cual sonda tendría más probabilidad de se aprobada por la NASA, uranus probe o neptunus probe? científicamente con los datos que tenemos ahora científicamente cual de los 2 planetas es más interesante?

Daniel Marín

Los dos son igual de interesantes. Lo ideal sería una misión a ambos mundos, como ODINUS de la ESA. La decisión final dependería de la fecha de lanzamiento, la trayectoria elegida y el sistema de propulsión. A igualdad de condiciones siempre es mejor una sonda a Urano porque está más cerca y se minimiza así el tiempo de vuelo.

Francisco GalueFrancisco Galue

El Dr. Franklin Chang-Diaz tiene casi cuarenta años trabajando en su motor VASIMR(siglas en ingles de Magnetoplasma de Impulso Específico Variable) el cual, en teoría, reduciría considerablemente el tiempo de vuelo de una misión a Marte. ¿ No seria un gran oportunidad de probar por primera vez dicho motor para acortar el vuelo de una sonda a Urano y Neptuno? Creo que no tendríamos que esperar con esto 20 o 30 años y se pondrían enviar sondas mas ambiciosas para explorar a fondo dichos planetas y sus lunas,

Daniel Marín

VASIMR tiene dos grandes desventajas:
1- todavía debe demostrar que es viable con la tecnología actual y con unas dimensiones/masa apropiadas para una sonda espacial.
2- en el caso del Sistema Solar exterior es necesario un reactor nuclear para alimentar un motor VASIMR, con todos los problemas políticos que eso conlleva.

GinésGinés

¿Y una asistencia gravitatoria usando el Sol en lugar de Júpiter será algún día tecnológicamente factible para acelerar una sonda?

Chatito

No se puede. Para una asistencia gravitatoria es necesario llegarle por atrás al objeto que te va impulsar, porque se trata de que él se aleje mientras caes hacia él. Eso incrementa el tiempo de aceleración y llegas a mayor velocidad final. Desde nuestro punto de vista, el sol no va avanzando, no te agrega mas velocidad que la mínima necesaria para regresarte al punto de partida si no haceas encendidos del motor.

FERNANDO GENERALEFERNANDO GENERALE

Como ya e dicho si la NASA no gastara 3000 millones de dolares en un projeto sin
futuro como el SLS ya tendríamos una sonda orvitando alguno de estos planetas y hasta
con un globo amoferico como con las sondas VEGA.
PD: Para mis compatriotas argentinos esta noche un AN 124 despegara desde bariloche
trasportando el ARSAT 1 hacia la Guayana francesa : )

ResignadoResignado

Rengel y Leandro si que han acertado con la única posibilidad seria del desarrollo espacial, el proyecto Orion, que termino en un cajón.
Y es que el uso de la energia nuclear es la unica que nos puede sacar de la tierra sino queremos tener que salir con toneladas de combustibles gaseosos, cosa que los hará imposibles.

Mientras no se reanude ese proyecto, seguiremos eternamente como ahora, enviando sondas que tarden un par de lustros en llegar a los confines del sistema solar y como mucho en ir a la luna, probablemente de mano de los chinos.

Quizás estos si que se atrevan a vulnerar ese protocolo que impide el verdadero desarrollo de la industria espacial.

Enrique Moreno

Totalmente de acuerdo. Como muestra un botón: tres o cuatro cargas de demolición nucleares, con un peso que las permite ser transportadas en mochilas por soldados, desarrollan una energía similar a la de todo un Saturno V y sus 2800 toneladas de combustible…

Enrique Moreno

Creo que en el texto hay una errata o se expresa de forma algo confusa cuando se indica que el aerofrenado es una técnica no probada. El aerofrenado ya se ha empleado en varias misiones que yo sepa desde la Mars global surveyor, así que sí que ha sido probada. Saludos y gracias por tan buen artículo.

Daniel Marín

El aerofrenado no es aerocaptura. El aerofrenado -reducir la velocidad orbital con la atmósfera- se ha probado en numerosas misiones, la aerocaptura -colocarse en órbita de otro mundo usando la atmósfera- no se ha probado nunca.

Daniel Marín

Eso no es aerocaptura, es reentrada doble (skip reentry) y también se hizo en las misiones Apolo a la Luna. Aerocaptura es cuando la nave llega con velocidad de escape y queda al final en una órbita alrededor del planeta.

Daniel Marín

Ya, pero era una órbita elíptica con un perigeo dentro de la superficie terrestre, es decir, no era una órbita ni real ni práctica.

josejuan

Siempre me he preguntado por los datos de toma de fotografías (exposición, apertura, focal, …) espaciales.

En este caso, la foto de portada de Neptuno se ve muy nítida y luminosa, pero no parece que allí llegue mucho sol y tampoco que la voyager lleve un flash 😀 😀

En general (no se si obvio, pero a mi me parece muy difícil) la práctica totalidad de fotos en multitud de situaciones (de planetas cercanos al sol, lejanos, grandes, pequeños, …) se ven realmente bien.

No he buscado mucho, pero no encuentro información “para profanos” sobre el tema (pero sí aficionados a la fotografía).

Yo te lo dejo ahí Daniel… 😀 😀

(no por obvio volver a repetir y agradecer tu titánica tarea, ¡mil gracias!)

EzequielEzequiel

Me uno a la pregunta de JoseJuan, es así el color verdadero de Neptuno?? siempre me lo pregunte…

Pere Vilás

Hola:
Con respecto a la foto de esta entrada en particular, te remito a planetary.org. Pero ya te adelanto de que se trata de mosaicos. Como ya debes imaginarte las fotos de consumo público están muy tratadas.

Respecto a los sistemas de captura de las diferentes sondas te remito a infosondas donde seguramente encontrarás la info técnica.

Saludos.

Shankao

Creo que esta sería mi misión favorita en los próximos años, especialmente si fuese a Neptuno. Espero poder verla antes de “pasar a mejor vida”… 😛

Fernando Puig BayleFernando Puig Bayle

Parece que el coste elevado de estas misiones (es el caso de Odinus) es un grave obstáculo.
¿ Por qué no acudir a los archimillonarios de la lista Forbes para que patrocinen estas misiones ?
La “recompensa” que obtendrían sería: denominar a estas sondas con sus respectivos nombres/apellidos, así como “bautizar” los accidentes geológicos (cráteres, fallas, montañas…) de las lunas de Urano y Neptuno, también con sus respectivos nombres y apellidos.

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