Los planes chinos para llevar misiones tripuladas a la Luna son un rumor constante desde hace más de una década, pero lo cierto es que oficialmente las intenciones del gigante asiático en este campo son contradictorias y muy vagas. Pero esto puede estar cambiando. En la reciente exhibición aeroespacial de Zhuhai pudimos ver más detalles sobre las intenciones lunares de China, aunque primero debemos recordar que los planes oficiales en materia de vuelos espaciales tripulados pasan por la estación espacial permanente de sesenta toneladas que estará completada a partir de 2022. Esta estación —apodada como «la Mir china»— estará habitada permanentemente durante al menos una década por entre tres y seis astronautas que viajarán a bordo de naves Shenzhou y recibirá la visita de cargueros Tianzhou.

La nueva nave tripulada china en su versión de 14 toneladas para misiones a LEO.

Y aquí es donde aparece la nave tripulada de nueva generación (o, en mandarín, 新一代载人飞船). En 2016 China lanzó un modelo a escala de esta nave en el primer vuelo del cohete Larga Marcha CZ-7 y, recientemente, las autoridades anunciaron que el año que viene realizará el primer vuelo, aunque sin tripulación. En esta misión se usará un cohete Larga Marcha CZ-5B, el mismo encargado de lanzar los tres módulos principales de la estación espacial china. La nave de nueva generación vendrá en dos versiones, una de 14 toneladas destinada a vuelos a la órbita baja y otra de 20 toneladas para misiones lunares o más allá de la órbita terrestre. En la exposición de Zhuhai hemos podido ver nuevas imágenes de esta nave, aunque sigue sin haber muchos detalles técnicos disponibles.

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El 16 de noviembre de 2018 a las 18:14 UTC despegaba desde la Rampa de Gagarin en Baikonur un cohete Soyuz-FG con la nave de carga Progress MS-10 (11F615 nº 440, también conocida como 71P para la NASA). Es el cuarto lanzamiento exitoso de un cohete Soyuz desde el fallo de la Soyuz MS-10 el 11 de octubre pasado y el primero de un cohete Soyuz-FG, además de ser el 90º lanzamiento orbital exitoso en lo que llevamos de año (y el 93º en total). Ya el 25 de octubre despegó un Soyuz-2.1b/Fregat-M desde Plesetsk con el satélite militar Kosmos 2528 —un satélite espía Lotos S1— y pocos días después, el 3 de noviembre, partió otro Soyuz-2.1b desde la misma rampa con un satélite GLONASS (Kosmos 2529). El 7 de noviembre despegó desde la Guayana Francesa un Soyuz ST-B/Fregat-M —una variante del Soyuz-2.1b— con el satélite europeo MetOp-C. Por tanto, con el lanzamiento de la Progress MS-10 Roscosmos y la empresa RKTs Progress dan por concluido el conjunto de vuelos de prueba destinados a confirmar que el fallo del Soyuz-FG de la Soyuz MS-10 fue un suceso puntual.

Lanzamiento de la Progress MS-10 (Roscosmos).

Recordemos que la comisión de investigación concluyó que el problema del lanzador de la Soyuz MS-10 fue la separación incorrecta de uno de los bloques laterales de la primera etapa por culpa de un sensor que resultó dañado durante el montaje en el hangar MIK-110 de Baikonur. Por suerte, el sistema SAS salvó la vida de los cosmonautas Alexéi Ovchinin y Nick Hague. En principio la Progress MS-10 debía despegar mediante un Soyuz-2.1a, pero Roscosmos decidió usar un Soyuz-FG para asegurarse de que esta versión del lanzador realizase una misión no tripulada antes del lanzamiento de la Soyuz MS-11.

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El 15 de noviembre de 1988 el transbordador soviético Burán realizó su primer y único vuelo sin tripulación, que, al mismo tiempo, fue el segundo y último vuelo del cohete gigante Energía. Los encargados del programa decidieron lanzar el Burán, a pesar de que la nave no estaba totalmente a punto —no llevaba sistemas de soporte vital ni mandos para la tripulación, pero tampoco otros sistemas importantes del vehículo—, para dar a conocer el proyecto al mundo antes de que fuese cancelado por Mijaíl Gorbachov. El programa Energía-Burán había nacido a principios de los años 70 fruto de un malentendido y de la mentalidad paranoica de la Guerra Fría. En Estados Unidos la NASA estaba desarrollando el transbordador espacial con ayuda financiera del Pentágono y los militares habían jugado un papel clave a la hora de decidir las dimensiones de la bahía de carga del shuttle, que debía acomodar satélites espías de gran tamaño como el KH-9 Hexagon. La participación del Pentágono desató el pánico en Moscú y los militares soviéticos llegaron a la conclusión de que el shuttle podría ser usado como arma en un ataque nuclear preventivo contra la Unión Soviética. El transbordador despegaría desde la base de Vandenberg en California y, siguiendo una órbita polar, usaría su capacidad de planeo hipersónico para cambiar el plano orbital, esquivando parcialmente los radares de alerta temprana soviéticos para luego sobrevolar Moscú, donde soltaría un «regalito» en forma de ojivas nucleares.

La lanzadera Burán con el cohete Energía 1L en la rampa de lanzamiento del Área 110 de baikonur (Roscosmos).

Los expertos que asesoraban a los militares soviéticos insistían en que este escenario, aunque posible, no tenía sentido estratégico. Pero en el Kremlin no querían arriesgarse. Si la NASA y el Pentágono se estaban gastando miles de millones de dólares para desarrollar una nave espacial tripulada con aplicaciones militares, la Unión Soviética no se iba a quedar atrás. Y, de este modo, a mediados de los años 70 nació el programa MTKS (‘sistema de transporte espacial reutilizable’). La industria aeroespacial soviética propuso otros diseños más adaptados a las necesidades y la idiosincrasia de la tecnología del país, pero el Kremlin impuso que la réplica del shuttle tenía que ser lo más parecida posible. De hecho, se sopesó construir una copia idéntica —el OS-120— con motores principales situados en el orbitador y aceleradores de combustible sólido. Finalmente se llegó a un compromiso. El orbitador sería una copia casi idéntica del shuttle, aunque con diferencias de diseño muy significativas. Por ejemplo, por primera vez en una nave espacial se usó un sistema de propulsión de control de posición y orbital a base de queroseno y oxígeno líquido; y la estructura de la nave sería de titanio y no de aluminio. Además llevaría motores a reacción para facilitar la maniobra de aterrizaje y sería capaz de volar automáticamente sin tripulación.

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La estrella de Barnard es una de las estrellas más populares debido a su cercanía y a su elevada velocidad con respecto al sistema solar. Y seguirá siendo famosa porque ahora sabemos que posee el que por el momento es el segundo planeta extrasolar más próximo. Descubierta oficialmente por el astrónomo estadounidense Edward Barnard en 1916, se halla a tan solo 5,96 años luz, un dato que la convierte en la cuarta estrella más cercana al Sol después de Proxima Centauri y el sistema doble de Alfa Centauri. Se trata de una enana roja de tipo espectral M4, así que, incluso estando tan cerca, es invisible a simple vista (su magnitud es de 9,5). Estas características han convertido la estrella de Barnard en objeto de multitud de obras de ciencia ficción —así, a bote pronto, recuerdo las novelas Hyperion de Dan Simmons o Rocheworld de Robert Forward—, pero también de observaciones científicas en busca de planetas. En los años 60 el astrónomo Peter van de Kamp se hizo famoso por el supuesto descubrimiento de uno o varios gigantes gaseosos a su alrededor mediante la técnica de astrometría usando un telescopio refractor de 61 centímetros.

Recreación de Estrella de Barnard b (o Barnard b) (ESO).

El descubrimiento de van de Kamp se demostró un espejismo y contribuyó a que la comunidad científica se tomase con mucho escepticismo la búsqueda de exoplanetas durante los años 70 y 80. A partir de 1995, cuando ya era evidente que existían exoplanetas alrededor de estrellas de la secuencia principal, varios equipos de investigadores buscaron planetas alrededor de la estrella de Barnard mediante el método de la velocidad radial, el método del tránsito y mediante visión directa. Sin éxito. Recordemos que los dos primeros métodos, los más fructíferos con diferencia, favorecen la detección de mundos muy grandes situados cerca de su estrella. Si la estrella de Barnard tenía planetas, estos debían estar lejos o ser muy pequeños. Pero los astrónomos no han cejado en su empeño y, por fin, la búsqueda ha dado sus frutos.

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Ver una cápsula japonesa aterrizando después de regresar desde la órbita no es algo habitual. Pero el 11 de noviembre a las 01:37 UTC amerizaba en el océano Pacífico la pequeña cápsula HSRC (HTV Small Re-entry Capsule o 小型回収カプセル en japonés) después de sobrevivir a la reentrada atmosférica que acabó con su nave nodriza, la nave de carga HTV-7. El HTV-7 Kounotori 7 se había separado del módulo Harmony de la Estación Espacial Internacional (ISS) con la ayuda del brazo robot Canadarm el 7 de noviembre a las 12:15 UTC. La nave de carga había despegado el 23 de septiembre y había sido capturada por el brazo robot de la ISS cuatro días más tarde. Como suele ser habitual, el HTV-7 debía desintegrarse en la atmósfera una vez finalizada su misión, llevando en su compartimento presurizado basura y otros desechos de la tripulación de la ISS. Sin embargo, en esta ocasión el HTV llevaba una «sorpresita»: la cápsula HSRC situada en el compartimento presurizado PLC (Pressurized Logistic Carrier).

Recreación de la cápsula japonesa HSRC durante la reentrada (JAXA).

Después del encendido de frenado el HTV-7 dio un giro de 180º y soltó la HSRC, una cápsula cónica de 180 kg y con unas dimensiones de 84 centímetros de diámetro y 65,7 centímetros de alto. La cápsula está dotada de un escudo térmico de ablación y de ocho propulsores de control de actitud a base de nitrógeno gaseoso. La nave siguió una trayectoria balística muy empinada, alcanzando una desaceleración de hasta 40 g, mientras el HTV-7 se despedazaba en la atmósfera. Dentro de la HSRC iba un contenedor de 29 x 32 centímetros —básicamente un termo con doble capa de vacío y un refrigerante en su interior— capaz de mantener muestras a una temperatura de 4 ºC durante 4 días.

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El pasado 5 de noviembre de 2018 a las 03:28 UTC la sonda Parker Solar Probe (PSP) de la NASA realizó su primer paso por el perihelio, esto es, el punto más cercano al Sol de su órbita. Muchas sondas en órbita solar pasan por el perihelio y no es noticia, pero en el caso de la PSP sí que lo es por dos motivos. Primero, porque se ha convertido en el artefacto humano que más se ha acercado al Sol. Efectivamente, la PSP ha pasado a tan solo 24,8 millones de kilómetros de la fotosfera, la «superficie» visible de nuestra estrella. Al mismo tiempo, y respetando las leyes de Kepler, PSP batió el récord de velocidad de una nave espacial alrededor del Sol, alcanzando 95,33 km/s, o sea, 343 190 km/h. ¿No te impresiona? Pues piensa que es nada más y nada menos que el 0,032% de la velocidad de la luz. Como lo oyes.

Rápido y caliente (NASA).

Previamente, el 29 de octubre, la PSP superó el récord de distancia al Sol que había establecido la sonda alemana Helios 2 (Helios B) el 16 de abril de 1976, así como el de velocidad (68,6 km/s), alcanzados el 16 de abril de 1976. Claro que, cuando hablamos de velocidades de vehículos espaciales, hay que ser muy cuidadosos con el sistema de referencia. La Parker Solar Probe es por ahora la nave más rápida en órbita alrededor del Sol si medimos su velocidad con respecto al centro del Sol, es decir, en un sistema de coordenadas heliocéntric; y también ha superado el récord de velocidad de la sonda Juno alrededor de Júpiter, de casi 59 km/s (que sigue siendo la velocidad planetocéntrica más elevada de una sonda) y el de la sonda soviética VeGa 1 cuando sobrevoló el cometa Halley a 79,2 km/s (y que continúa siendo la velocidad de sobrevuelo más alta alcanzada por una sonda). Sin embargo, si medimos la velocidad con respecto a la Tierra, en un sistema de referencia geocéntrico, la PSP todavía no ha batido el récord de 98,9 km/s (356 040 km/h) establecido por la Helios 2 en 1989. El récord de la sonda alemana está siendo un hueso más duro de roer de lo previsto.

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Actualización 13 de noviembre: PLD Space ha decidido cambiar el nombre de sus cohetes Arion y a partir de ahora serán conocidos como Miura.

La empresa española PLD Space sigue adelante con sus planes para lanzar cohetes al espacio. El primer paso, como ya todos sabemos, serán las misiones suborbitales del cohete Arion 1, que deben comenzar a finales del año que viene. Hace pocos meses pudimos ver los detalles del Arion 1 y su logística, pero, si todo sale bien, en 2021 despegará el Arion 2, un vector orbital que aspira a hacerse un hueco en el cada vez más competitivo mercado internacional de minilanzadores. Arion 2 podrá colocar 300 kg de carga en una órbita polar heliosíncrona de unos 500 kilómetros de altura, o sea, el doble de lo inicialmente previsto.

Separación de la primera etapa del Arion 2 (PLD Space).

Las dos etapas del Arion 2 y sus seis motores serán construidos por PLD Space, mientras que la aviónica correrá a cargo de GMV. El cohete tendrá una longitud de 27 metros y un diámetro de 1,6 metros, con una masa total al lanzamiento de 32 toneladas. La primera etapa, de 17 metros de longitud, dispondrá de cinco motores con un empuje total de 408 kilonewton, mientras que la segunda etapa, de 6 metros de largo, tendrá un único motor con un empuje de 65 kilonewton. El lanzador empleará queroseno y oxígeno líquido en las dos etapas (kerolox). La cofia FlexLine tendrá una longitud de 3,2 metros y correrá a cargo de RUAG Space, empresa que también se encargará de la cofia del Arion 1. La configuración de cinco motores de la primera etapa permitirá su reutilización parcial usando paracaídas (suministrados por Airborne Systems North America), retropropulsión y otros sistemas de cara a un amerizaje controlado en el océano. Al igual que SpaceX, PLD Space no usará dispositivos pirotécnicos en la separación de etapas y la cofia, solo mecanismos neumáticos. De este modo se reducen los costes, se simplifica el proceso de lanzamiento y, en el caso de la primera etapa, se facilita la reutilización de acuerdo con el estudio FLPP-LPSR de la Agencia Espacial Europea (ESA).

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La misión nº 65 de Radio Skylab está a punto de comenzar. La primera parada del programa es en Mercurio, el destino de la sonda BepiColombo lanzada recientemente por la Agencia Espacial Europea. Después de comentar los detalles de esta misión, viajamos a los confines del Universo conocido para conocer las megaestructuras cósmicas. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en nuestras travesías por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

Enlace al programa.

Club de la lectura

Actividad destacada del Club de Fans

El objeto interestelar ‘Oumuamua sigue dando que hablar. Su descubrimiento el año pasado demostró que nuestro sistema solar recibe la visita relativamente regular de cuerpos que se formaron hace miles de millones de años alrededor de otras estrellas. ‘Oumuamua se aproximó a nuestro sistema solar desde la constelación de la Lira a unos 26 km/s; no por casualidad, sino que es esa la dirección a la que se dirige el Sol en su movimiento alrededor de la Galaxia y, por lo tanto, es más probable que un objeto errante interestelar se acerque por ahí (para ser precisos, apareció a 6º del ápex solar). ‘Oumuamua pasó por el perihelio a unos 38 millones de kilómetros del Sol sin que nadie lo detectase y fue descubierto cuarenta días más tarde desde el observatorio Haleakala en Hawái el 19 de octubre de 2017. Inicialmente se pensó que era un cometa de nuestro sistema solar, pero pronto se comprobó que su órbita era hiperbólica, es decir, que no era un “hijo del Sol” y que, además, la ausencia de cola y coma apuntaban a que se trataba más bien de un “asteroide”, entendiendo como tal un cuerpo sin alto contenido en volátiles (o sea, hielos).

‘Oumuamua es visitado por una flora de pequeñas nanovelas láser (Maciej Rebisz).

Las observaciones de los telescopios CFHT en Hawái, junto con el Gémini Sur y el VLT en Chile indicaban que se trataba de un cuerpo muy oscuro y rojizo, probablemente con una forma bastante alargada, algo que parecía apoyar la hipótesis del asteroide. Sin embargo, observaciones adicionales más recientes realizadas con el telescopio espacial Hubble y otros instrumentos terrestres han demostrado que “algo” está perturbando la órbita de ‘Oumuamua. ¿La conclusión de algunos medios? ‘Oumuamua es una nave interestelar alienígena. Evidentemente hay un par de saltos lógicos en esta argumentación, así que intentemos aclarar de qué va este asunto.

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Ya sabemos las causas del fallo del lanzador que impidió que la Soyuz MS-10 alcanzase la órbita. La comisión creada a tal efecto ha publicado sus conclusiones el 1 de noviembre y, como se esperaba, no hay sorpresas. El incidente se produjo porque uno de los cuatro bloques laterales de la primera etapa del Soyuz-FG no se separó como estaba previsto por culpa de un sensor defectuoso que había resultado dañado durante el montaje del cohete en Baikonur. El bloque golpeó a la etapa central del Soyuz, desviando el lanzador de su trayectoria. La pronta y efectiva activación del sistema de emergencia SAS salvó la vida de la tripulación. En esta ocasión el Soyuz-FG llevaba una cámara montada en el exterior de la segunda etapa o etapa central (Bloque A), por lo que hemos podido ver directamente qué es lo que pasó en esta misión. La siguiente imagen no deja lugar a dudas:

Imagen de la “rocketcam” del Soyuz-FG en la que se aprecia la separación de dos de los cuatro bloques de la primera etapa mientras que el bloque de la izquierda (Bloque D) sigue unido por el extremo al Bloque A (Roscosmos)

El 11 de octubre de 2018 a las 08:40 UTC el cohete Soyuz-FG con el número de serie U15000-062 despegó sin problemas de la Rampa de Gagarin (PU-5) del cosmódromo de Baikonur con la nave Soyuz MS-10. A bordo viajaban los cosmonautas Alexéi Ovchinin (Roscosmos) y Nick Hague (NASA). El lanzamiento transcurrió sin problemas y 114,16 segundos después del despegue se desprendió la torre de escape del sistema SAS. A los 118 segundos se separaron correctamente tres de los cuatro bloques laterales de la primera etapa (los Bloques B, V y G), pero el Bloque D permaneció unido por el extremo superior.

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