Restos de un asteroide alrededor de una enana blanca

El equipo del telescopio espacial Hubble acaba de anunciar la existencia de planetesimales ricos en hielo alrededor de la enana blanca GD 61. Dicho así no parece gran cosa, pero todo indica que estos restos provienen de la destrucción un asteroide del tamaño de Vesta que orbitaba el cadáver estelar (o de varios asteroides más pequeños). ¿Y que tiene esto de importante? Dos cosas. Primero, demuestra que el agua de los asteroides puede sobrevivir la fase de gigante roja de estrellas más grandes que el Sol (de tipo A y F). Segundo, es una prueba de que se pueden encontrar cuerpos menores ricos en hielo de naturaleza no cometaria alrededor de una enana blanca.

Representación artística del asteroide que dio lugar a los planetsimales ricos en hielo. La imagen es un poco engañosa porque el Hubble no ha detectado ningún asteroide alrededor de la enana blanca, sólo sus restos (NASA).

El Hubble no puede ver estos planetesimales directamente, pero su existencia se ha inferido de las observaciones en longitudes de onda del ultravioleta por parte del espectrógrafo COS (Cosmic Origins Spectrograph) del Hubble. La enana blanca GD 61, situada a 150 años luz, muestra un exceso de oxígeno que se cree proviene del agua retenida en estos planetesimales y que ha ido a parar a la estrella por culpa de sucesivas colisiones. El oxígeno extra de la atmósfera de la enana blanca también podría originarse a partir del monóxido de carbono, abundante en cometas, pero las observaciones no han detectado un exceso de carbono. La gran cantidad de oxígeno de atmósfera de la enana blanca ya fue detectada en 2008 por el satélite FUSE de la NASA, mientras que en 2011 el telescopio Spitzer descubrió un disco de material alrededor de la misma. Por este motivo, los astrónomos están seguros de que el agua procede del disco de planetesimales, situado muy cerca alrededor de la estrella.

Fracción de oxígeno en óxidos metálicos de la enana blanca GD 61 (EP y SS) comparada con otros cuerpos del sistema solar. El exceso de oxígeno es evidente.

Pero, ¿de dónde vienen estos asteroides? Una posibilidad es que el asteroide -o los asteroides- no fuese más que un fragmento de un cuerpo mayor -puede que un planeta- de más de cien kilómetros de diámetro que habría podido retener grandes reservas de hielo en su interior incluso después de que la estrella se convirtiese en una gigante roja. Otra posibilidad es que el agua estuviese dentro de minerales hidratados (filosilicatos) en el interior de asteroides ‘normales’ y que fuese liberada al pasar muy cerca de la enana blanca. La influencia gravitatoria de un planeta gigante como Júpiter habría sido la causante de que los asteroides pasasen cerca de la enana blanca y se fragmentasen por las fuerzas de marea, creando los planetesimales ricos en hielo.

En este sentido, las enanas blancas son auténticas especialistas en triturar los cuerpos menores que giran a su alrededor hasta revelar su composición elemental, permitiendo el estudio de la composición química original de los sistemas planetarios alienígenas. Pero, por encima de todo, el estudio de estos sistemas nos ofrece la posibilidad de ver cómo será el futuro del Sistema Solar. Al menos parece que tendremos hielo.

Referencias:



1 Comentario

Deja un comentario

Por Daniel Marín
Publicado el ⌚ 11 octubre, 2013
Categoría(s): ✓ Astronomía • Estrellas • sondasesp