20 aniversario del Hubble

Hoy se celebra el vigésimo aniversario de la puesta en órbita del Telescopio Espacial Hubble (HST), el instrumento astronómico más popular desde el anteojo de Galileo.

Desde que en los años 40 se lanzaron los primeros misiles capaces de volar por encima de la atmósfera, miles de astrónomos soñaron con la posibilidad de poner un telescopio en el espacio, libre de las interferencias de la molesta atmósfera terrestre. En 1957 el Sputnik surcó los cielos y esa posibilidad se convirtió en una realidad. Desgraciadamente, los primeros telescopios orbitales no apuntaban hacia las maravillas celestes, sino hacia la Tierra, pues el espionaje de los países enemigos se consideraba más importante que la astronomía. En la década de los sesenta se lanzaron finalmente varios satélites astronómicos que podrían considerarse los primeros telescopios espaciales, como el OAO-2, cuyo fin era estudiar las longitudes de onda bloqueadas por la atmósfera. Pero seguía existiendo la necesidad de lanzar un gran telescopio que observase en longitudes de onda del espectro visible y fuese capaz de obtener imágenes en alta resolución.

El proyecto de gran telescopio espacial -LST, Large Space Telescope,o simplemente ST- se plantearía en 1970 como una de las razones para justificar el nuevo programa del transbordador espacial. En 1971, el administrador de la NASA George Low crearía el Large Space Telescope Science Steering Group para estudiar el desarrollo del proyecto. El LST sería un enorme satélite y tendría un espejo primario inmenso, de unos tres metros. Puede que hoy en día, cuando los telescopios de ocho u once metros son comunes, tres metros parezca poco, pero en aquella época muy pocos observatorios profesionales poseían un espejo tan grande. Corrían tiempos difíciles para la NASA; el programa Apolo había finalizado y pronto lo haría el Skylab. Tras eliminar de los planes de la agencia la construcción de una estación espacial mediante el shuttle, el LST pasaría a ser uno de los proyectos científicos que justificarían el transbordador espacial. Pero su desarrollo no sería sencillo, pues el programa acumularía sucesivos retrasos y sobrecostes. En 1975 el ST estuvo a punto de ser cancelado debido a su alto coste -estimado en unos 500 millones de dólares de la época-, aunque seguiría adelante gracias al esfuerzo de figuras como John Bahcall y Lyman Spitzer. La posible participación de la European Space Research Organization (ESRO), germen de la ESA, ayudó a sacar adelante el programa. También se redujo el tamaño del telescopio primario de 3 metros a 2,4 metros y se introdujeron medidas para evitar que el telescopio superase los 200 millones de dólares. Una de las principales causas del alto precio del telescopio era que éste estaba diseñado para ser reparado en órbita por astronautas. En repetidas ocasiones se sugirió eliminar este requisito, lo que permitiría además situar al telescopio en una órbita más adecuada que la planeada (LEO), que era altamente desfavorable para las operaciones científicas. Con estos recortes, el LST pudo ser finalmente aprobado en 1977.

En 1978 se otorgaron los contratos para la construcción del telescopio: Lockheed sería responsable del diseño general del satélite y sus sistemas, mientras que la óptica -incluido el espejo primario- estarían a cargo de la Perkin-Elmer Corporation. La ESA contribuiría con los paneles solares. En un principio el transbordador debía lanzar al ST en 1983, pero los continuos retrasos pronto revelaron esta fecha como demasiado optimista. La construcción del espejo se finalizaría en 1981, pero no sería hasta 1984 cuando el sistema óptico completo estaría listo. En 1983 el telescopio sería bautizado Hubble Space telescope (HST) en honor al famoso astrónomo Edwin Hubble.


Montaje del sistema óptico del Hubble (Wikipedia).


El espejo primario con aberración esférica (NASA).

La construcción del HST se completó a finales de 1985, por lo que la NASA esperaba poder lanzarlo en octubre de 1986 durante la misión STS-61J Atlantis. Desgraciadamente, en febrero de ese mismo año el Challenger se hacía pedazos sobre el cielo de Florida, retrasando el lanzamiento del Hubble aún más e incrementando los costes de la misión de forma exponencial. El coste del proyecto se estimaba ya por entonces en más de mil millones de dólares, varias veces la cantidad por la que estuvo a punto de ser cancelado una década antes.

Tras la vuelta al servicio del transbordador en 1988, el lanzamiento del Hubble era una de las prioridades de la NASA. Por fin, el 24 de abril de 1990, el HST despegaba rumbo al espacio en la panza del Discovery en el marco de la misión STS-31. Lamentablemente, unas pocas semanas después surgió el escándalo: el espejo primario del telescopio sufría de aberración esférica. Los controles de calidad de unos de los proyectos científicos más costosos de la historia habían fallado uno tras otro, situando a la NASA en el centro de un huracán de críticas por haber permitido semejante chapuza. Fue entonces cuando la decisión de diseñar un telescopio con capacidad para ser reparado en órbita se reveló acertada de cara a la opinión pública. La NASA montó rápidamente una misión de «salvamento» para corregir la óptica defectuosa del telescopio. La STS-61 Endeavour se llevó a cabo sin problemas en 1993 y constituyó un enorme triunfo de relaciones públicas para la NASA, que consiguió dar la vuelta a la tortilla y convertir un bochornoso fracaso en un rotundo éxito.

Superados estos problemas iniciales, el Hubble pronto maravilló a profesionales y aficionados por igual. Las imágenes poseían una resolución tan asombrosa que no hacía falta tener conocimientos de astrofísica para apreciar su belleza. De hecho, ése ha sido el gran éxito del Hubble: hacer accesible la astronomía con una sola mirada. El telescopio espacial se ha convertido en un icono de la exploración espacial y de la capacidad de liderazgo científico de la NASA. Aunque este éxito no ha salido precisamente barato, pues se estima que el coste total del proyecto, incluyendo las distintas misiones de mantenimiento, alcanzan la enorme cantidad de seis mil millones de dólares, con una contribución europea de 593 millones de euros. ¿Ha valido la pena este gasto? Aunque la reacción instintiva es responder con un rotundo «sí», habría que tener en cuenta que gran parte de este dinero se destinó a hacer que el telescopio pudiese ser reparado en órbita baja. Si no se hubiese incluido este requisito, con el presupuesto del Hubble se podían haber construido varios telescopios espaciales.

Gracias a las cinco misiones de mantenimiento, al HST le quedan todavía muchos años de servicio por delante. No obstante, una vez retirado es muy posible que sea el último gran telescopio espacial que opere en el visible. De hecho, su «sucesor» -el telescopio James Webb, con un espejo de 6,6 metros- operará principalmente en el infrarrojo. Con toda seguridad se lanzarán más telescopios ópticos al espacio, pero se tratará de instrumentos con un objetivo concreto -como la búsqueda de planetas extrasolares o astrometría-. El rápido avance de los observatorios terrestres en los últimos años hace difícil justificar un telescopio espacial que opere solamente en el visible. Aunque la resolución espacial del Hubble sigue siendo impresionante, el uso de la óptica adaptativa y otras técnicas hacen que la diferencia con respecto a los actuales telescopios gigantes sea cada vez menor, e incluso en ciertas áreas -como la espectroscopía- algunos observatorios terrestres ya aventajan al HST.

En todo caso, la cantidad de descubrimientos científicos obtenidos por el Hubble en estas dos décadas es apabullante, al igual que el número de imágenes espectaculares. Prácticamente todas las ramas de la astronomía han sido influenciadas por esta máquina genial. Esperemos que funcione otros veinte años más.



El Hubble, listo para ser instalado en la bodega del Discovery (NASA).


En la bodega de carga (NASA).




La tripulación de la STS-31 Discovery: Loren Shriver (comandante), Charles Bolden (piloto), Steven Hawley, Bruce McCandless y Kathryn Sullivan (NASA).




Lanzamiento de la STS-31 (NASA).



Liberando al Hubble (NASA).



Regreso del Discovery (NASA).


Las modificaciones realizadas al Hubble en distintas misiones de mantenimiento (NASA).



Distintas partes del HST (NASA).



Aspecto actual del Hubble tras la misión STS-125 (NASA).



5 Comentarios

  1. Gran entrada como siempre.

    Espero que el Hubble nos siga dejando boquiabiertos muchisimos años mas, de hecho ojala nunca se jubile, aunque todo tene un final 🙁

    Saludos.

    Joan Francesc

  2. ¿De que están hechos los sueños? no lo se; pero este telecopio es algo con lo que los hacen.

    Ea, poético que estoy.
    Gran entrada.
    Saludos.

  3. ¡ qué buen recuerdo daniel !. tengo muy presente la fecha del lanzamiento, ya que lo televisaron en directo en ese momento. recuerdo que hubo por lo menos una cancelación, y el presentador por la nasa era franklin chang diaz. tengo grabado en vhs el lanzamiento, nunca me voy a olvidar de esas épocas!.

    saludos!

  4. Enhorabuena a los ingenieros que lo diseñaron y a los que lo han mantenido en funcionamiento. Para ellos un premio, saber que han contribuido de primera mano en la, posiblemente, mayor expansión del conocimiento humano sobre el universo.

    Y gracias Daniel por ilustrar tan bien este histórico momento.

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Por Daniel Marín
Publicado el ⌚ 24 abril, 2010
Categoría(s): ✓ Astronomía • NASA • Shuttle • sondasesp