40 años del Apolo 12

Hoy hace cuarenta años que el módulo lunar Intrepid alunizó en la llanura del Oceanus Procellarum con los astronautas Charles ‘Pete’ Conrad y Alan Bean en su interior. Por segunda vez, el ser humano lograba viajar a otro mundo.

La NASA tenía que demostrar que el éxito de la misión del Apolo 11 no había sido una cuestión de suerte y que era capaz de repetir la hazaña de Armstrong y Aldrin en el menor tiempo posible, algo imprescindible de cara a las futuras misiones de exploración. Apolo 12 debía ser la primera misión de “clase H”, más ambiciosa que el primer alunizaje (“clase G”), ya que permanecería más tiempo en la superficie y se llevarían a cabo dos actividades extravehiculares (EVAs) en vez de una. Para realizar misiones más complejas había primero que demostrar la capacidad para efectuar alunizajes con una precisión mayor de un kilómetro, algo muy difícil teniendo en cuenta la inexactitud de los modelos del relieve lunar de finales de los años 60. Por eso, el Apolo 12 tenía que aterrizar cerca de un objetivo predefinido. En un principio el lugar del alunizaje debía ser el alternativo del Apolo 11, pero pronto fue considerado demasiado “aburrido” por los geólogos, los cuales estaban ansiosos por explorar un cráter de dimensiones importantes. Finalmente se escogió la zona ALS-7 (2,94º S, 23,45º O) como objetivo, ya que incluía cráteres, pero al mismo tiempo se trataba de un lugar suficientemente seguro desde el punto de vista de la arquitectura de la misión. Además, en esa misma zona había aterrizado 31 meses antes la sonda Surveyor 3, lo que constituía un magnífico objetivo para demostrar la precisión del descenso. Aunque, por otro lado, era una decisión arriesgada: si la precisión del alunizaje no era la esperada el fracaso sería evidente a ojos de todo el mundo. Para mejorar la exactitud de las operaciones se dotó al software del ordenador del módulo lunar de una nueva instrucción (“noun 69”) que permitía a la tripulación actualizar el lugar de aterrizaje utilizando los datos proporcionados por el control de tierra al principio de la fase de frenado.

La misión del Apolo 12 estuvo a punto de terminar en desastre cuando dos rayos alcanzaron el cohete SaturnV SA-507 poco después del despegue (a los 36,5 y 50 segundos de la misión, respectivamente). El sistema inercial del módulo de mando quedó fuera de juego por el choque eléctrico, pero el cohete pudo ascender sin problemas, controlado por la Unidad Instrumental (IU, el “cerebro” del Saturno). En esos momentos quedó claramente justificada la decisión tomada por el equipo de Wernher von Braun a principios de los sesenta para dotar al Saturno V con su propio sistema de control independiente y no utilizar el del CSM del Apolo, aunque esto hubiese supuesto un importante ahorro de tiempo y dinero. Pese a todo, la misión tendría que haber sido cancelada si los astronautas no hubiesen alineado la plataforma del CSM en órbita terrestre usando el sistema óptico de navegación. Hasta el último momento, los controladores en Houston temieron que los rayos pudiesen haber dañado los paracaídas del módulo de mando. Por lo demás, el viaje hasta la Luna estuvo libre de incidentes. Por primera vez en la corta historia del programa Apolo, esta misión no usaría una trayectoria de retorno libre. Así que 31 horas después del despegue, el motor del CSM se encendió para apartar la nave de esta ruta, lo que permitiría alcanzar el lugar del alunizaje en el Océano de las Tormentas.

Una vez en órbita lunar el LM Intrepid y el CSM Yankee Clipper se separaron, aunque esta vez, y a diferencia del Apolo 11, sólo se emplearon los propulsores del módulo de mando. De este modo se evitaba aumentar la velocidad del LM, una de las causas de error a la hora de calcular la trayectoria de descenso del Eagle. Conrad y Bean tampoco utilizarían el sistema basado en cronometrar el paso de las características superficiales del relieve de la Luna para calcular su trayectoria, por lo que durante el descenso volarían con las ventanillas apuntando hacia el negro cielo lunar. Una hora después de la separación, el motor del módulo de descenso del Intrepid se encendió para dar inicio al PDI (Powered Descent Initiation). En la fase final, Conrad tomó los mandos del LM e inclinó la trayectoria ligeramente hacia la derecha para evitar el borde del cráter Surveyor.

El Intrepid alunizó a sólo 200 metros del Surveyor 3, todo un récord de precisión y que constituyó el principal éxito de la misión. Apenas dos horas después del aterrizaje, Conrad y Bean comenzaron a prepararse para su primera actividad extravehicular. El comandante descendió por la escalerilla y sus primeras palabras al pisar el suelo lunar fueron: “puede que haya sido un pequeño paso para Neil, pero para mí ha sido bastante grande”. Esta frase era el resultado de una apuesta privada que había hecho Conrad con la periodista Oriana Fallaci antes del lanzamiento.

Alan Bean dañó involuntariamente la cámara de televisión al apuntarla hacia el Sol. Durante los entrenamientos, nadie había reparado en la posición relativa de la cámara con el Sol al trasladarla de un lugar a otro, lo que se saldó con la ausencia de imágenes de televisión de la misión. A diferencia de las fantasmales imágenes del Apolo 11, la cámara del Apolo 12 debía proporcionar por primera vez vistas a todo color de la superficie lunar, algo que sería posible gracias a la antena de comunicaciones que sería desplegada por los astronautas junto al LM. Posteriormente, muchos considerarían que la misión fue un desatre de relaciones públicas para la NASA por culpa de este incidente. Durante las cuatro horas que duró la primera EVA, la tripulación instaló además el experimento del viento solar y, por primera vez, el ALSEP. El ALSEP-1 (Apollo Lunar Surface Experiments Package) era un conjunto de experimentos para estudiar la superficie lunar alimentados por un generador de radioisótopos SNAP-27. El sismómetro del ALSEP era capaz de detectar las pisadas de los astronautas a menos de 360 metros de distancia. La actividad extravehicular se vio facilitada por el empleo de listas de comprobación en forma de cuaderno pegados a la manga izquierda del traje (listas que incluían fotos y bromas añadidas por la tripulación de tierra).

Finalizada la EVA, los astronautas debían descansar siete horas dentro del LM usando unas hamacas improvisadas. Una tarea nada fácil teniendo en cuenta que debían tener puestos los incómodos trajes de presión, con la excepción del casco y los guantes. Esta medida no era tanto por facilitar un despegue de emergencia como para evitar que las cremalleras de los trajes se atascasen a causa del regolito lunar. Tras el descanso, se llevó a cabo la segunda y última EVA, también de casi cuatro horas. El paisaje había cambiado de forma importante debido al movimiento del Sol, lo que contribuyó a ciertos problemas de orientación. Los astronautas recogieron más muestras de la superficie y se acercaron hasta la sonda Surveyor 3 para estudiar su estado. Se retiraron diversas piezas de la nave para ser llevadas de regreso a la Tierra y estudiar el efecto del ambiente lunar en sus mecanismos. Conrad y Bean experimentaron pocas dificultades para moverse en la pendiente del cráter del Surveyor, aunque el equipo para sujetar las herramientas (Hand Tool Carrier) demostró ser un tanto engorroso. Bean había llevado un temporizador para su cámara Hasselblad y poder así realizar una foto junto con Conrad, pero al final no pudo encontrarlo entre las herramientas.

Conrad, Gordon y Bean trajeron de regreso 34,35 kg de rocas lunares y la demostración de que la aventura del Apolo 11 no había sido un hecho aislado: en un mismo año la NASA había viajado a la Luna no una, sino dos veces, abriendo el camino para futuras misiones más ambiciosas.


La tripulación del Apolo 12: Charles Conrad, Richard Gordon y Alan Bean (NASA).


Entrenamiento con una maqueta del Surveyor 3 (NASA).


El módulo lunar Intrepid (LM-6) (NASA).


Traslado a la rampa del AS-507 (NASA).


Lanzamiento (NASA).



Descenso del LM (NASA).


Pete Conrad saliendo del módulo lunar (NASA).


Alan Bean se une a Conrad en la superficie lunar (NASA).


La varilla superior que debía asegurar el despliegue de la bandera no logró permanecer en su posición (NASA).



Extrayendo el contenedor con los isótopos del RTG SNAP-27 (NASA).






Instrumentos del ALSEP (NASA).


Posición de descanso dentro del LM (NASA).


El experimento del viento solar y el Intrepid (NASA).


El Surveyor 3 con el módulo lunar al fondo (NASA).


Ascenso de la etapa superior del LM hasta la órbita lunar (NASA).


La Tierra desde el Apolo 12 (NASA).



El lugar de alunizaje del Apolo 12 visto por la LRO (NASA).

Alunizaje del Intrepid:

Más información:



4 Comentarios

  1. Me sorprendió Alan Beam en “In the shadow of the moon”. Un tipo muy normal, temeroso, encantador…no parecía un heroe, y sin embargo lo es.

    Carlos Ruiz

  2. Sensacional entrada. Salvo la XI y la XIII, el resto de misiones Apollo son grandes desconocidas para el público general.
    Tenía la vaga idea de que en una misión se habían acercado a un “lander” lunar, pero ahora me queda todo muy claro. Curiosa la foto practicando en la tierra con la réplica del Surveyor 3.

    Un saludo.
    PD:¿Cómo sacas tiempo para currarte estas pedazo de entradas?

  3. Excelente documento y más si lo acompañamos previamente del vídeo en inglés. Vi una foto en la que Conrad se toma una foto en unas posibles construcciones teniendo atrás y a la derecha la bandera usa y más al fondo el surveyor 3. Saludos.

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Por Daniel Marín
Publicado el ⌚ 19 noviembre, 2009
Categoría(s): ✓ Apolo • Astronáutica • Luna • NASA