El ‘suceso Kaputnik’: sesenta años del lanzamiento del Vanguard TV-3

Por Daniel Marín, el 8 diciembre, 2017. Categoría(s): Astronáutica • blog • Cohetes • Historia ✎ 58

¿Cuál ha sido el momento más humillante de la conquista del espacio? Hay muchos candidatos, pero sin duda el favorito es la explosión en la rampa de lanzamiento del que debía haber sido el primer satélite estadounidense en el espacio, el Vanguard TV-3. El vergonzoso suceso se produjo el 6 de diciembre de 1957 y convirtió la respuesta norteamericana al Sputnik soviético en una derrota sin paliativos. El fracaso fue de tal magnitud que obligó a reorganizar todo el incipiente programa espacial de EEUU y propició la creación de la NASA unos meses más tarde. Pero rebobinemos un poco, ¿qué era el programa Vanguard?

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El ‘Kaputnik’: los restos del ‘satélite mínimo’ del Vanguard TV3 (airandspace.si.edu).

En julio de 1955 la administración Eisenhower anunció al mundo su intención de lanzar un satélite artificial en el Año Geofísico Internacional (IGY), que, por motivos un tanto oscuros, se prolongaría desde julio de 1957 hasta diciembre de 1958. El anuncio llamó la atención de los medios y de la URSS, lógicamente, pero lo cierto es que para la Casa Blanca era un programa de bajo perfil y delegó en el Pentágono la elección de los medios para conseguirlo. Por entonces ya era evidente que los misiles balísticos que estaban en pleno desarrollo eran capaces, con ligeras modificaciones, de alcanzar la velocidad orbital de 28.000 km/h.

El descubrimiento de las increíbles capacidades del misil V-2 (su nombre oficial era A-4) de Wernher von Braun por parte de los Aliados tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial generó una auténtica reacción en cadena a ambos lados del telón de acero. Tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos comenzaron a experimentar con el A-4 y no tardaron en construir versiones mejoradas cada vez más potentes. Ya en 1946 surgieron en las dos superpotencias los primeros proyectos para poner un satélite en órbita, entre los que destaca el de la RAND Corporation, pero no se les dio mucha importancia: la prioridad era construir cohetes que pudieran enviar una ojiva nuclear al enemigo, no alcanzar el espacio.

En los años 50 el panorama cambió radicalmente con la irrupción de los primeros proyectos de misiles intercontinentales (ICBMs). Estos misiles enormes serían capaces de lanzar un satélite sin complicaciones. Ahora lo difícil era no alcanzar la órbita con estos ingenios. En la URSS la creación del primer ICBM del país, el R-7 Semiorka, recayó en la oficina de diseño OKB-1 de Serguéi Koroliov a partir de 1953. Koroliov había sido un apasionado de la exploración espacial desde su juventud y, junto a otros colaboradores como Mijaíl Tijonrávov, comenzó a estudiar el uso del R-7 para lanzar un satélite artificial. Otras oficinas de diseño, como la de Cheloméi o Yangel, también empezarían a diseñar ICBMs (como el R-16 o el UR-100), pero lo hicieron bastante más tarde que Koroliov. La situación en Estados Unidos era más compleja. Aunque no había oficinas de diseño como en la URSS, las tres ramas de las fuerzas armadas, la fuerza aérea (USAF), el ejército de tierra (US Army) y la armada (US Navy), tenían todas ellas programas de misiles balísticos completamente independientes.

Misil de alcance medio Júpiter, diseñado por el equipo de von Braun (Wikipedia).
Misil de alcance medio Júpiter, diseñado por el equipo de von Braun (Wikipedia).

Aparentemente el US Army tenía las de ganar en la carrera por el espacio gracias a que contaba con la flor y nata del grupo de ingenieros alemanes que diseñó y operó el A-4 desde Peenemünde —incluyendo al mismísimo Sturmbannführer Wernher von Braun—, que habían sido sacados de Europa en secreto al final del conflicto durante la operación Paperclip para evitar que algunos de ellos fueran juzgados por crímenes de guerra. El grupo de von Braun, que recibió a partir de 1956 el nombre de ABMA (Army Ballistic Missile Agency), estaba a cargo del general John Medaris y su sede estaba en Huntsville (Alabama). Von Braun, al igual que Koroliov, siempre había soñado con alcanzar el espacio y, de hecho, había logrado reciclar su oscuro pasado para convertirse en un auténtico fenómeno de masas gracias a sus reconocidas habilidades sociales y sus cautivadoras propuestas de viajes tripulados a la Luna y Marte, proyectos que serían popularizados entre el público estadounidense en los años 50 por la revista Collier’s y Walt Disney. No es de extrañar por tanto que uno de los objetivos del equipo de von Braun fuese, además de construir misiles, poner un satélite en órbita.

El general John Medaris (izquierda) con Wernher von Braun (NASA).
El general John Medaris (izquierda) con Wernher von Braun (NASA).

El equipo de von Braun había diseñado los misiles PGM-11 Redstone y PGM-19 Júpiter —de corto y medio alcance, respectivamente— a partir del A-4. Por su parte, la USAF había puesto en servicio varios misiles, como el PGM-17 Thor de medio alcance, y a mediados de los 50 estaba diseñando el que debía ser el primer ICBM estadounidense, el SM-65 Atlas. Diseñado por uno de los grandes olvidados de la carrera espacial, el belga Karel Bossart, este novedoso misil tenía muy poco en común con la herencia del A-4 y sería construido por Convair. Pero los esfuerzos de la USAF eran tan ambiciosos que no se limitaban al Atlas, ya que por la misma época había puesto en marcha el programa SM-68 Titán para crear otro ICBM alternativo al Atlas en caso de que el desarrollo de este sufriera demasiados retrasos. Frente a esta pléyade de proyectos, la US Navy estaba en clara desventaja y sus proyectos de misiles eran mucho más modestos, principalmente porque albergaba serias dudas con respecto a los combustibles líquidos y apostaba por los combustibles sólidos para construir misiles compactos que pudieran ser lanzados desde submarinos, una estrategia que daría origen al programa Polaris.

Atlas, el primer misil balístico intercontinental de EEUU, despega desde Cabo Cañaveral (Wikipedia).
Atlas, el primer misil balístico intercontinental de EEUU, despega desde Cabo Cañaveral (Wikipedia).

En agosto de 1955 se creó el comité Stewart para seleccionar el proyecto que debía poner en órbita el primer satélite artificial. El comité, presidido por el físico Homer Joe Stewart, era de carácter secreto y había sido organizado por Donald Quarles, el jefe de investigación y desarrollo del Pentágono, a instancias del presidente Eisenhower. Desde nuestro punto de vista su primera decisión fue una locura. El comité rechazó de plano el uso de los misiles Atlas, Júpiter y Thor, precisamente los más avanzados y potentes. La lógica detrás de esta decisión era que se trataba de programas prioritarios para la seguridad nacional que no podían ser ‘molestados’ por proyectos de segunda categoría. Para la USAF fue una decepción, pero en honor a la verdad tampoco habían puesto mucho interés en el asunto por orden directa del director del proyecto Atlas, Bernard Schriever, que se negaba a desviarse un milímetro de su misión para desarrollar el primer ICBM estadounidense. La Fuerza Aérea había propuesto el proyecto World Series, que combinaba un misil Atlas A con una segunda etapa formada por un pequeño cohete sonda Aerobee 150.

El físico Homer Joe Stewart dirigió en 1955 el comité para decidir cómo se pondría en órbita el primer satélite de EEUU (NASA).
El físico Homer Joe Stewart dirigió en 1955 el comité para decidir cómo se pondría en órbita el primer satélite de EEUU (NASA).

En realidad la decisión del comité Stewart ya había sido tomada con antelación: el proyecto para lanzar el primer satélite artificial de Estados Unidos correría a cargo de la US Navy. La armada había propuesto a través de su laboratorio de investigación NRL (Naval Research Laboratory) el Proyecto Vanguard, que consistía en un lanzador con una primera etapa formada por el cohete sonda Viking y una segunda etapa derivada del Aerobee Hi. El proyecto había sido creado por el ingeniero del NRL Milton Rosen y gozaba de la simpatía de Eisenhower por ser el menos militar de todos los proyectos, ya que la Casa Blanca quería que el primer satélite artificial fuese civil. Y, de hecho, hoy en día se sigue presentando al Vanguard como un proyecto civil, aunque está claro que esto no es correcto teniendo en cuenta que estaba a cargo del Pentágono y la US Navy, dos organizaciones poco civiles bajo cualquier punto de vista.

Milton W. Rosen, el padre del proyecto Vanguard y el cohete Viking (airandspace.si.edu).
Milton W. Rosen, el padre del proyecto Vanguard y el cohete Viking (airandspace.si.edu).

Lo que sí es cierto es que tanto el Viking como el Aerobee no eran misiles balísticos, sino cohetes sonda y además el satélite Vanguard no tenía aplicaciones militares. Pero Eisenhower optó por el Vanguard no porque estuviese en contra de la militarización del espacio, sino, curiosamente, por todo lo contrario. La Casa Blanca quería que el primer satélite artificial fuese un proyecto civil en vez del satélite espía WS-117L —que terminaría por transformarse en el programa CORONA– que estaba desarrollando en esos momentos para, de esta forma, sentar un precedente y que los soviéticos aceptasen que un satélite podía sobrevolar el ‘espacio aéreo’ de otro país. Además, mientras el Júpiter, el Redstone y el Atlas eran misiles clasificados, el Viking no lo era. En septiembre de 1955 el Proyecto Vanguard recibió oficialmente su nombre gracias a una sugerencia de la mujer de Rosen. El director del proyecto sería el astrónomo John P. Hagen.

Cohete Viking (NASA).
Cohete Viking, desarrollado por Milton Rosen para la US Navy a partir de la V-2 alemana (NASA).
John P. Hagen, director del proyecto Vanguard (NASA).
John P. Hagen, director del proyecto Vanguard (NASA).

Ni que decir tiene, para von Braun la decisión fue una auténtica bofetada. El grupo de Von Braun había propuesto a la Casa Blanca el Proyecto Orbiter para lanzar en 1956 —o sea, antes incluso de que diese comienzo el IGY— un satélite usando un misil Redstone con tres etapas adicionales consistentes en pequeños cohetes Loki. El Redstone estaba operativo y ya no era un programa prioritario, pero el comité Stewart no se dejó impresionar por el grupo de von Braun, «esos nazis arrogantes de Medaris», como los llegó a calificar un miembro del comité. Medaris protestó enérgicamente por la decisión que, lógicamente, consideraba injusta y, oh, casualidad, justo entonces decidió embarcarse en un programa de pruebas de reentradas balísticas con el cohete Júpiter C (la ‘C’ era por Composite re-entry test vehicle), una ‘tapadera’ que claramente le permitía a la ABMA desarrollar la tecnología para poner un satélite en órbita sin contravenir la decisión del Pentágono. Pese a su nombre, el Júpiter C tenía más elementos en común con el Redstone que con el misil Júpiter.

Cohete Júpiter C de von Braun (NASA).
Cohete Júpiter C de von Braun con un Redstone al fondo (NASA).

El Júpiter C era capaz de alcanzar la velocidad orbital gracias a disponer de dos etapas adicionales formadas por varios cohetes Sergeant de combustible sólido agrupados. La respuesta del Pentágono al desafío de Medaris fue prohibir taxativamente a la ABMA poner un satélite en órbita. Como resultado, el misil Júpiter C de von Braun llevaría lastre como carga útil en sus primeras pruebas a partir de septiembre de 1956. El Pentágono llegó a exigir personalmente a Medaris que él mismo supervisase los lanzamientos y le hizo responsable de que no se pusiese en órbita ningún elemento del lanzador, aunque fuera de forma accidental. El Pentágono eligió el Vanguard a sabiendas de que estaría listo más tarde que el Júpiter C de von Braun, pero al fin y al cabo, no había prisa. «¿Acaso los soviéticos van a poner un satélite antes? Imposible», debieron pensar en la Casa Blanca. Un error de cálculo que les saldría muy caro.

Cohete sonda Aerobee 150 (NASA).
Cohete sonda Aerobee 150 (NASA).

Mientras tanto el programa Vanguard acumulaba retraso tras retraso. Crear el nuevo lanzador a partir de dos cohetes distintos estaba resultando más complicado de lo esperado, tal y como von Braun había pronosticado. Y, como demuestra el actual cohete SLS de la NASA, una lección que parece que nadie ha aprendido 60 años siglo después. Las variantes del Viking y el Aerobee Hi para el Vanguard debían ser más potentes, lo que implicaba rediseñar todo el conjunto casi desde cero (irónicamente, el Viking, diseñado por Milton Rosen y construido por la empresa Glenn L. Martin, era también una versión mejorada de la V-2 alemana). El grupo de von Braun continuó pidiendo permiso para lanzar un satélite con el Júpiter C, pero el Pentágono no solo se lo volvió a denegar, sino que ordenó a Medaris que destruyese los cohetes de combustible sólido para las etapas superiores. Medaris se negó y guardó los propulsores con la excusa de estudiar cómo soportaban el almacenamiento a largo plazo. Al mismo tiempo, y pese a ser un proyecto ‘civil’, la CIA y el Pentágono inyectaron enormes sumas de dinero en el Proyecto Vanguard para garantizar su éxito.

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Cohete Vanguard (NASA).

El cohete Vanguard tendría finalmente tres etapas y 22 metros de longitud. La primera estaba basada en el Viking, pero era casi un 33% más larga y usaba un nuevo motor X-405 de General Electric a base de queroseno y oxígeno líquido. La segunda etapa era casi el doble de ancha que el Aerobee Hi original y tenía 9,4 metros de largo. Usaba el motor AJ-10-37 a base de propergoles hipergólicos. Por último, una tercera etapa X-248 de combustible sólido permitiría al satélite alcanzar la velocidad orbital. Está claro que la mezcla de tres tipos de combustibles distintos no ayudó a que el proyecto progresase a buen ritmo. El satélite apenas tenía una masa de 1,5 kg —como comparación, el Sputnik pesaba 84 kg— y recibió la apropiada denominación de Minimum Satellite, ya que básicamente era una diminuta esfera con baterías y dos emisores de radio (curiosamente, el Sputnik, a pesar de su mayor masa, cumplía la misma función y su nombre oficial era también muy parecido: PS-1, Prosteishi Sputnik, ‘el satélite más simple’). Su tamaño del primer satélite Vanguard era de solo 16 centímetros de diámetro y llevaba seis antenas para transmitir señales a 108 MHz.

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Detalle del sistema de propulsión de las dos primeras etapas (NASA).
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Detalle de la tercera etapa de combustible sólido (NASA).
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Aleaciones empleadas en el Vanguard (NASA).

El programa Vanguard había previsto varias misiones denominadas TV (Test Vehicles) en los que se probarían los distintos elementos del lanzador poco a poco lanzados desde la rampa 18A (LC-18A) de Cabo Cañaveral. El primer vuelo, el TV-0, tuvo lugar el 8 de diciembre de 1956 y consistió en un único cohete Viking (Viking 13) que alcanzó una altura de 204 kilómetros en su trayectoria suborbital. El TV-1 (Viking 14) llevó por primera vez la tercera etapa de combustible sólido, pero no incorporó la segunda etapa. El programa parecía avanzar a ritmo lento, pero seguro, y se preveía un lanzamiento orbital en algún momento de 1958. Sin embargo, el 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzó el Sputnik y el mundo cambió por completo. La administración Eisenhower ya estaba al tanto de los progresos con el misil R-7 de Koroliov desde comienzos de año y no descartaba que la URSS pudiese lanzar un satélite, pero, aunque nos parezca increíble, no le importaba demasiado. Para Eisenhower lanzar el primer satélite artificial era el equivalente a poner en servicio un nuevo tipo de avión. Algo llamativo, quizás, pero nada revolucionario. De hecho, pensaba que hasta sería positivo que la Unión Soviética se adelantase para que la política de ‘cielos abiertos’ en el espacio se considerase un hecho consumado y los Estados Unidos tuviesen vía libre para lanzar sus satélites espía CORONA.

El Vanguard TV-0 (un cohete Viking) antes del lanzamiento (NASA).
El Vanguard TV-0 (un cohete Viking) antes del lanzamiento (NASA).
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El satélite mínimo Vanguard era realmente pequeño (NASA).

El resto del mundo no pensaba lo mismo. Los medios se volvieron locos con el Sputnik y en los EEUU pronto todos se hicieron la misma pregunta, ¿dónde estaba la respuesta estadounidense? El potencial propagandístico del primer satélite en el espacio había sido completamente infravalorado a ambos lados del telón de acero. Al igual que Eisenhower, Nikita Jruschov también se quedó con la boca abierta ante la histeria internacional provocada por el Sputnik y otorgó prioridad al recién nacido programa espacial de Koroliov, que hasta el momento había tenido que contentarse con las migajas de los militares. Ironías del destino, el propio proyecto Vanguard jugó un papel en el lanzamiento del Sputnik tres días antes de lo previsto. Efectivamente, Koroliov creyó erróneamente que los EEUU planeaban un lanzamiento del Vanguard para comienzos de octubre y no quiso arriesgarse. Sea como sea, tres días o tres meses no habrían supuesto ninguna diferencia, pero Koroliov desconocía el verdadero estado de desarrollo del proyecto Vanguard.

Después del Sputnik todos los ojos estaban puestos en el Vanguard y de repente el gobierno se dio cuenta de que el programa todavía estaba muy verde. Aún quedaba mucho para que pudiese poner un satélite en órbita. Hasta el 23 de octubre no estaba previsto el siguiente vuelo, el TV-2, que sería la primera prueba de la primera etapa del Vanguard (no se usaría un cohete Viking normal) en la que el resto de fases serían simples maquetas. Afortunadamente la prueba salió bien, aunque quedaban por probar las otras dos etapas. Pero los soviéticos no les dieron un respiro. El 3 de noviembre volvieron a lanzar otro satélite, el Sputnik 2, y esta vez llevaba nada más y nada menos que un perro a bordo, la famosa perrita Laika. La sociedad estadounidense estaba perpleja. Una cosa es que la URSS se adelantase ‘por sorpresa’ y otra muy distinta era la incapacidad manifiesta de su país para organizar una respuesta adecuada. La comparación de masas y tamaños entre la minúscula esfera del satélite Vanguard y los enormes Sputnik no hizo sino aumentar la indignación.

Preparando el Vanguard TV-2 para el lanzamiento (NASA).
Preparando el Vanguard TV-2 para el lanzamiento (NASA).
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Satélite Vanguard (NASA).
Otra vista del satélite (NASA).
Otra vista del satélite (NASA).

El equipo del Vanguard se vio presionado por todos lados para convertir en operativo un programa que todavía estaba en fase de desarrollo. Lo único que pudieron hacer fue acelerar las cosas y poco más. Se decidió que la siguiente prueba, la TV-3, llevaría todas las etapas funcionales y un satélite por si tenía lugar un milagro y el cohete alcanzaba la velocidad orbital. El encargado del proyecto Vanguard, John Hagen, advirtió al gobierno de que había muchas probabilidades de que la prueba saliese mal, pero nadie le hizo caso. Para la prensa la misión TV-3 era la ansiada respuesta estadounidense a ‘los rusos’ y todos los medios se presentaron en Cabo Cañaveral para ser testigos del lanzamiento del primer satélite artificial de Estados Unidos.

Fases previstas del lanzamiento (NASA).
Fases previstas del lanzamiento (NASA).
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Trayectoria prevista del satélite (NASA).
La rampa LC-18A de Cabo Cañaveral (NASA).
La rampa LC-18A de Cabo Cañaveral (NASA).
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Diferencias entre los Vanguard TV-2 y TV-3 (Theodore A. Talay).
El Vanguard TV-3 en la rampa (NASA).
El Vanguard TV-3 en la rampa (NASA).

Tras un despegue abortado el 4 de diciembre, el 6 de diciembre de 1957 a las 11:45 hora local el Vanguard TV-3 cobró vida y se alzó sobre la rampa LC-18A. Pese al nombre de la prueba, era la primera vez que un cohete Vanguard despegaba en su configuración completa. Pero apenas dos segundos más tarde el motor X-405 perdió empuje debido a una tubería de combustible mal conectada que se soltó. Después de alcanzar metro y medio de altura el cohete cayó sobre la rampa y explotó. El ‘satélite mínimo’ se desprendió y rebotó entre las llamas como si fuese una pequeña pelota hasta quedar en el suelo a poca distancia de la rampa. Era difícil imaginar un resultado más ignominioso. La prensa se regodeó en la desgracia en una mezcla de indignación, vergüenza y… mucho cachondeo. Los apodos ingeniosos para el Vanguard comenzaron a salir debajo de las piedras, aunque ‘flopnik’ y ‘kaputnik’ se llevaron la palma.

Explosión del Vanguard TV-3 en la rampa (NASA).
Explosión del Vanguard TV-3 en la rampa (NASA).
Así quedó el satélite (NASA).
Así quedó el satélite (NASA).

Como era de esperar, von Braun y Medaris habían estado siguiendo los acontecimientos muy de cerca y tras el lanzamiento del Sputnik volvieron a pedir al Pentágono por enésima vez permiso para lanzar su misil Júpiter C con un satélite. El gobierno, que ya se olía un fracaso del Vanguard, decidió darles luz verde. No podían permitirse no tener un plan B. La ABMA tuvo listo su cohete en muy poco tiempo y un equipo de científicos del JPL de Pasadena dirigidos por James Van Allen diseñó el satélite de 14 kg en 84 días. El satélite recibió la denominación Explorer A, aunque en realidad era un pequeño conjunto de instrumentos acoplados a la parte delantera de un cohete de combustible sólido Sergeant que serviría como cuarta etapa del Júpiter C. Finalmente, el 31 de enero de 1958 el Explorer 1 despegó mediante un misil Júpiter C que sería bautizado como Juno I para hacerlo parecer ‘más civil’ (y porque a von Braun le encantaban los nombres relacionados con la mitología grecorromana). El Explorer 1 se convirtió así en el primer satélite artificial estadounidense, pero para el equipo del Vanguard fue su segunda humillación, quizás más dolorosa que la primera. No solo habían sido superados por los soviéticos, sino también por sus compatriotas (con la ayuda de un grupo de alemanes, todo sea dicho).

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El cohete Vanguard TV-4 (Vanguard 1) en la rampa (NASA).

El 5 de febrero se llevó a cabo otra prueba del Vanguard, denominada TV-3BU (back-up), con el satélite de repuesto Vanguard 1B. El cohete también resultó destruido en la que fue la tercera humillación consecutiva del programa. La mayor parte de historias del proyecto Vanguard suele terminar en este punto, pero evidentemente el programa siguió adelante. Pocos se acuerdan de que el 17 de marzo de 1958 la misión TV-4 (posteriormente denominada Vanguard 1) tuvo éxito y logró situar el satélite Vanguard 1 en órbita. Fue el cuarto satélite artificial de la historia y el más antiguo que todavía permanece en órbita. Dice mucho a favor del equipo de Milton Rosen y los chicos del NRL el que fuesen capaces de lanzar un satélite apenas dos meses después del Explorer 1. En total, se lanzaron doce cohetes Vanguard y se realizaron once intentos de alcanzar la órbita, de los cuales tuvieron éxito solamente tres. La última misión del programa, la Vanguard SLV-7 (Vanguard 3), fue un éxito y tuvo lugar el 18 de septiembre de 1959.

El satélite Vanguard TV-4 (Vanguard 1) antes del lanzamiento (NASA).
El satélite Vanguard TV-4 (Vanguard 1) antes del lanzamiento (NASA).
No comment (NASA).
No comment (NASA).
Lanzamiento del Vanguard 1, el primer satélite del programa que alcanzó el espacio (NASA).
Lanzamiento del Vanguard 1 (TV-4), el primer satélite del programa que alcanzó el espacio (NASA).

Evidentemente, si el comité Stewart hubiera elegido el proyecto Orbiter de von Braun los EEUU habrían puesto un satélite antes que el Vanguard, aunque no necesariamente antes que el Sputnik (recordemos que el comité prohibió el uso del cohete Júpiter y el proyecto Orbiter estaba basado en el Redstone). Pero en estos escenarios de «¿y si?» siempre se suele dejar al margen el misil Atlas, el más potente que Estados Unidos tenía en servicio y la verdadera réplica al R-7 soviético. Si los EEUU hubieran realmente querido adelantarse al Sputnik tenían a su disposición este enorme cohete, que posteriormente se usaría para lanzar las cápsulas orbitales tripuladas del programa Mercury. De hecho, el Atlas fue empleado para lanzar el satélite Score en diciembre de 1958, así que, irónicamente, las tres ramas del ejército lograron finalmente poner un satélite en órbita a lo largo de 1958.

Ayuda para identificar otros cohetes Vanguard (Theodore A. Talay).
Ayuda para identificar otros cohetes Vanguard (Theodore A. Talay).
Detalle de los últimos Vanguard SLV (NASA).
Detalle de los últimos Vanguard SLV (NASA).
Satélite Vanguard SLV-2 que no alcanzó la órbita (NASA).
Satélite Vanguard SLV-2 de 10 kg que no alcanzó la órbita (NASA).

La humillación del Vanguard TV-3 provocó que los EEUU entrasen de lleno en la carrera espacial y sentó las bases para la creación de la NASA pocos meses después con el objetivo de no dejarse sorprender nunca más. Los soviéticos podían haber sido los primeros en llegar al espacio, pero no serían los primeros en poner un hombre en órbita (una vez más, los planes no salieron como esperaban). Para von Braun y su equipo de alemanes el éxito del Explorer 1 supuso su salto al estrellato, nunca mejor dicho, después de haber sido relegados al papel de prisioneros de lujo que construían misiles poco ambiciosos para el US Army. La ABMA pasaría a ser controlada por la NASA bajo el nombre de Centro Marshall, donde se diseñarían los cohetes Saturno del programa Apolo. La fama de von Braun alcanzó su cenit cuando Armstrong puso un pie en la Luna, pero justo entonces los fantasmas del pasado en forma de prisioneros supervivientes de Mittelwerk comenzaron a señalarlo y, en consecuencia, la NASA les dio la espalda a él y a su molesto pasado nazi de forma un tanto ingrata. Fallecería en 1977 rodeado de todo tipo de polémicas y acusaciones.

Milton Rosen y el equipo del proyecto Vanguard del NRL también pasaron a trabajar para la NASA a finales de 1958, aunque nunca tuvieron tanta proyección mediática como von Braun. Rosen falleció el 30 de diciembre de 2014 a los 99 años, así que el fracaso del Vanguard TV-3 no fue más que una pequeña nota a pie de página en una larga y fructífera vida.

Lista de misiones orbitales Vanguard:

  • Vanguard TV-3 (6 de diciembre de 1957): no logró poner en órbita el satélite TV-3 de 1,36 kg.
  • Vanguard TV-3BU (Backup) (5 de febrero de 1958): no logró poner en órbita un satélite similar al TV-3.
  • Vanguard TV-4 (Vanguard 1) (17 de marzo de 1958): puso en órbita el satélite Vanguard 1 de 1,47 kg.
  • Vanguard TV-5  (28 de abril de 1958):  no logró poner en órbita el satélite TV-5 de 10 kg.
  •  Vanguard SLV-1 (May 27 de mayo de 1958): no logró poner en órbita un satélite de 1o kg.
  • Vanguard SLV-2 (26 de junio de 1958):  no logró poner en órbita un satélite de 1o kg.
  • Vanguard SLV-3  (26 de septiembre de 1958): no logró poner en órbita un satélite de 1o kg.
  • Vanguard SLV-4 (Vanguard 2) (17 de febrero de 1959): puso en órbita el satélite Vanguard 2 de 9,8 kg.
  • Vanguard SLV-5 (13 de abril de 1959): no logró poner en órbita un satélite de 1o,3 kg.
  • Vanguard SLV-6 (22 de junio de 1959): no logró poner en órbita un satélite de 1o,3 kg.
  • Vanguard SLV-7 (Vanguard 3) (3 de septiembre de 1959): última misión del programa. Puso en órbita el satélite Vanguard 3 de 22,7 kg.

Referencias:

  • https://history.nasa.gov/SP-4202.pdf
  • http://www.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/342505.pdf
  • http://www.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/343179.pdf
  • http://www.dtic.mil/dtic/tr/fulltext/u2/342793.pdf
  • http://www.navy.mil/ah_online/archpdf/ah195712.pdf
  • http://www.accur8.com/19740072500_1974072500%20Vanguard%20Engineering%20Summary.pdf


58 Comentarios

  1. Bueno, despues de leer esta parte poco conocida de la historia, (gracias como siempre a Daniel) coincido que los EEUU empezaban mal así… y los rusos iban con gran ventaja, al menos al principio debieron parecer imparables . No olvidemos que tambien fueron los primeros en lanzar una sonda a la luna (Luna2)… Pero si algo salio de todo esto, fue la creacion de la NASA, lo cual fue decisivo para el exito del programa espacial norteamericano. Ya no mas serian distintas facciones competidoras entre si, ahora habria un ente organizador que aglutinaría todas las acciones y actores principales para lograr los objetivos que se propusieran.
    Y los rusos, paradojicamente les pasaria todo lo contrario, irian perdiendo la ventaja que incialmente tuvieron, y comenzaron a consumir recursos al existir varias oficinas de diseño compitiendo entre si, con varios proyectos paralelos, y multiples luchas intestinas entre todas las partes . Por supuesto, así no se podia hacer nada grande, mas que nada porque no habia para tanto. Al final todos conocemos el resultado. Nunca los rusos tuvieron algo como la NASA, asi que no habia oportunidad en la carrera por la luna. Quizas, ya se ha comentado, hubiera sido diferente si otra cosa hubiera pasado… pues potencial habia, de eso no hay duda. Todos trabajando unidos, con un objetivo común, bajo una direccion única, nadie sabe que hubieran logrado hacer. (lo que hicieron ya de por si fue increible, con mucho menos $$$$)
    Un saludo !

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