Tierra, aquí Chaika. ¡La Tierra es hermosa! (Medio siglo de la primera mujer en el espacio)

Aquí Chaika, veo el horizonte como una línea azul. Es la Tierra. ¡Es hermosa! Hola, Universo

Valentina Tereshkova, 16 de junio de 1963.

Hoy en día parece difícil de creer, pero hubo una época en la que ciertos trabajos te estaban vedados por el simple hecho de ser mujer. Una de esas profesiones era la de cosmonauta. ¿Cómo iba a estar una mujer entre el selecto grupo de masculinos y viriles pilotos de combate que debían volar en las primeras naves espaciales? Pero, contra todo pronóstico, solamente dos años después del vuelo de Yuri Gagarin, Valentina Vladímirovna Tereshkova se convirtió en la primera mujer en el espacio. Parece mentira que ya haya pasado medio siglo.

Tereshkova en el interior de la Vostok.

Una mujer en el espacio

La idea de poner una mujer en órbita surgió casi al mismo tiempo que Gagarin surcaba los cielos a bordo de la Vostok 1. El éxito propagandístico de la hazaña de Yura había sido de tal calibre que las autoridades soviéticas comenzaron a temer que los norteamericanos se les adelantasen. Los Estados Unidos habían sido los segundos en poner un hombre en el espacio, pero ahora podían tomarse la revancha y ser los primeros en enviar una fémina a la órbita terrestre. Una perspectiva que había que evitar a toda costa. Los rumores que llegaban del otro lado del Atlántico no eran nada tranquilizadores. Aunque la NASA no tenía ninguna mujer astronauta en sus filas, todo parecía indicar que se había iniciado un procedimiento de selección para poner una mujer en el espacio. Estos rumores terminaron por ser falsos, pero en medio de la Guerra Fría nadie estaba dispuesto a correr riesgos.

El teniente general Nikolái Petróvich Kamanin, encargado de la selección de cosmonautas, decidió comenzar la búsqueda de mujeres cosmonautas cuanto antes. En octubre de 1961 Kamanin escribió en su diario: «no podemos permitir que la primera mujer en el espacio sea norteamericana. Sería un insulto para los sentimientos patrióticos de las mujeres soviéticas». Dicho y hecho. El 31 de diciembre de 1961 el Comité Central del PCUS autorizó un nuevo proceso selectivo para aumentar las filas del cuerpo de cosmonautas de cara a los futuros proyectos espaciales que debían llevarse a cabo tras las misiones Vostok. Gracias a las presiones de Kamanin, el decreto autorizaba la búsqueda de cinco candidatas a cosmonauta. ¿Pero dónde encontrarlas?

No existían mujeres que pilotasen aviones de combate dentro de las Fuerzas Aéreas Soviéticas (VVS) y si algo tenía claro Kamanin era que el proceso de selección tenía que estar vinculado a los militares. De no ser así, el Ingeniero Jefe Serguéi Koroliov podría aprovechar la ocasión para arrebatarle parte de su poder de decisión en el reclutamiento de cosmonautas, algo que ya había intentado en varias ocasiones. Kamanin decidió entonces usar la DOSAAF (Sociedad de Voluntarios para la Colaboración con el Ejército, la Aviación y la Flota), una especie de organización paramilitar que permitía a los civiles colaborar de forma directa en ciertos asuntos militares. En el periodo comprendido entre 1951 y 1955 Kamanin había sido uno de los altos cargos de la DOSAAF, así que conocía bien la organización y su funcionamiento. La DOSAAF se encargó de llevar a cabo un procedimiento secreto para la búsqueda de mujeres cosmonautas. Los clubes de paracaidismo y aviación —que se daban como setas en la URSS de la época— eran la fuente principal de candidatas. Después de un proceso inicial de selección en el que se valoraban ciertos parámetros como edad —entre 18 y 30 años—, estado civil —a ser posible debían tratarse de mujeres solteras—, estatura y peso, la DOSAAF recopiló una lista inicial con 400 nombres a comienzos de 1962, una lista que pronto quedaría reducida. Entre las candidatas estaba Valentina Tereshkova, una humilde trabajadora textil de 24 años hija de Vladímir Tereshkov, un koljosiano héroe de guerra fallecido en 1940 durante el conflicto entre la URSS y Finlandia. Tras el vuelo de Gagarin la joven Tereshkova había mandado una carta a las autoridades soviéticas prestándose voluntaria para ser la primera mujer en el espacio.

Elegidas para la gloria

El 15 de enero de 1962 Kamanin ya tenía en su despacho los informes de 58 candidatas. El viejo militar curtido en la Segunda Guerra Mundial no quedó nada impresionado. Más bien lo contrario. En su opinión, la DOSAAF no había hecho bien sus deberes y la mayoría de candidatas simplemente no estaban a la altura. Kamanin quería supermujeres en perfecto estado físico y patriotas hasta la médula que además contasen con experiencia de vuelo, de tal forma que pudiesen ser entrenadas para viajar al espacio en menos de seis meses. Esto puede parecer una locura, pero no nos olvidemos de que la Vostok era básicamente una nave automática en la que el cosmonauta era poco menos que un simple pasajero. Sólo en condiciones de emergencia la cosmonauta debería tomar el control de la nave, así que no hacía falta que fuese una piloto consumada. Kamanin redujo pronto la lista de la DOSAAF a 23 candidatas que deberían viajar a Moscú para llevar a cabo pruebas médicas. Cinco de las mujeres fueron descartadas inmediatamente después de las pruebas preliminares. Las elegidas para la gloria serían Borzenkova, Valentina Daricheva, Svetlana Ivleva, Galina Korchuganova, Galina Korolkova, Tatiana Kuznetsova, Vera Kvasova, Natalia Maslova, Tatiana Morozitcheva, Valentina Ponomariova, Marina Popóvicha, Marina Sokolova, Liudmila Solovieva, Irina Soloviova, Valentina Tereshkova, Yefremova, Zhanna Yorkina y Rosalia Shikina (con el apellido de casada Zanozina). Entre las candidatas llamaba la atención la presencia de Marina Popóvicha, mujer del cosmonauta Pável Popóvich y piloto de pruebas (en realidad, Popóvicha tenía más horas de vuelo que su marido).

La nave Vostok comparada con la Mercury estadounidense (Paco Arnau/ciudad-futura.net).

Kamanin dividió a las candidatas en dos grupos para someterlas a todo tipo de pruebas médicas y psicológicas. Las supervivientes de este duro proceso de selección serían Kuznetsova, Sokolova, Solovieva, Soloviova, Tereshkova y Yefremova en el primer grupo, mientras que en el segundo quedarían Borzenkova, Ponomariova y Yorkina. Popóvicha no pasó el corte, quizás —dicen las malas lenguas— debido a las presiones de su marido, del que terminaría divorciándose poco tiempo después. Finalmente, el 3 de abril se hizo oficial la selección oficial, formada por cinco candidatas, que deberían ingresar inmediatamente en las Fuerzas Aéreas con el rango de soldado para comenzar los entrenamientos. Las cinco serían Tatiana Kuznetsova —una joven paracaidista de veinte años con varios récords a sus espaldas—, Valentina Ponomariova —28 años, piloto, paracaidista, madre de un niño de tres años y casada—, Irina Soloviova —paracaidista de 24 años con 2 200 saltos en su haber—, Valentina Tereshkova —paracaidista de 24 años— y Zhanna Yorkina —paracaidista de 22 años—.

Valentina Ponomariova, la segunda suplente de Tereshkova.

Kuznetsova, Soloviova y Tereshkova llegaron a al TsPK (Centro de Entrenamiento de Cosmonautas) de Moscú el 2 marzo de 1962 para comenzar su entrenamiento, mientras que las otras dos candidatas las seguirían un mes después. La actitud hacia las primeras mujeres cosmonautas por parte de sus compañeros varones fue en un principio bastante fría, cuando no abiertamente hostil. A pesar de la propaganda del régimen, en 1962 la URSS seguía siendo una sociedad bastante machista —aunque ciertamente menos que en la mayoría de países del mundo— y no todo el mundo estaba encantado con la idea de mandar una mujer al espacio. Pero la hostilidad dentro del cuerpo de cosmonautas tenía más que ver con la competencia que con el sexo. Muchos cosmonautas de la primera selección veían con rencor cómo uno de los preciados asientos de las últimas naves Vostok iba a ser destinado a una recién llegada sin apenas formación. Pero las futuras cosmonautas, acostumbradas a abrirse paso en una sociedad de hombres, estaban encantadas. Allí estaban ellas, que apenas unas semanas antes eran unas simples ciudadanas anónimas, codeándose con auténticos mitos soviéticos de la talla de Gagarin y Titov. El propio Gagarin sería el encargado de dar la bienvenida a las candidatas y de que se sintiesen como en casa.

Irina Soloviova, suplente de Treshkova.

Las chicas pronto comenzaron a ganarse el respeto de sus compañeros. Al igual que ellos, tuvieron que pasar por los rigores del duro entrenamiento del TsPK para convertirse en cosmonauta, lo que implicaba horas y horas de ‘tortura’ en todo tipo de mecanismos a cual más endiablado. Desde la centrífuga hasta la cámara de vacío, las candidatas tuvieron que sufrir lo indecible. Una de las pruebas más duras desde el punto de vista psicológico era la cámara de aislamiento, en la que los cosmonautas permanecían sin conexión con el mundo exterior durante días. Según contaría años más tarde, Tereshkova pudo superar esta prueba escribiendo cartas a su madre. El entrenamiento incluía volar en aviones MiG-15 UTI e Ilyushin Il-14, aunque nunca en solitario. También experimentaron la ingravidez en vuelos parabólicos a bordo de Túpolev Tu-104 y realizaron decenas de saltos en paracaídas con y sin la escafandra Sokol de la nave Vostok (algunos de los saltos tuvieron lugar sobre el Mar Negro).

Traje Sokol SK de la Vostok (Eureka).

Gracias al entrenamiento las debilidades y fortalezas de cada una de las candidatas pronto quedaron bastante claras. Kuznetsova se descolgó del grupo tras sufrir una enfermedad, lo que impidió que se presentase a los exámenes finales en octubre de 1962. De todas formas, su poca edad y la falta de madurez psicológica no la hacían figurar entre las favoritas. Por su parte, Yorkina sufrió un esguince durante un salto en paracaídas y su rendimiento durante los entrenamientos no era nada bueno. Aparentemente, Yorkina decidió saltarse la dieta e incluso llegó a desmayarse durante una misión simulada de tres días (en la cual también se quitó las botas del traje pese a estar terminantemente prohibido). Ante este panorama la lista se redujo de facto a Ponomariova, Tereshkova y Soloviova. Desde el punto de vista del desempeño durante los entrenamientos, Ponomariova era la ganadora de calle.

Gozaba del apoyo del influyente Mtislav Keldish, director de la Academia de Ciencias de la URSS, ya que había trabajado para él en el pasado. Era además la única con experiencia de pilotaje. Lamentablemente, su carácter rebelde había llamado la atención del siempre atento Kamanin. Y es que después de los incidentes con cosmonautas indisciplinados como Mars Rafikov, lo último que deseaba Kamanin era otra bala perdida en el cuerpo. Soloviova era la más fuerte físicamente, pero fallaba en el aspecto del trabajo en equipo, así que sólo quedaba Tereshkova. Para Kamanin, era claramente la favorita. Sus raíces humildes y su condición de proletaria ejemplar sin duda ayudaron en la elección. A finales de noviembre de 1962 Kamanin escribió en su diario: «debemos enviar a Tereshkova primero, con Soloviova como su suplente. Tereshkova es una Gagarin con falda». Y no era el único que se había fijado en Tereshkova. El cosmonauta Andrián Nikoláiev pasaba cada vez más tiempo con ella, quizás más del estrictamente necesario.

Valentina Tereshkova (Wikipedia).

Para entonces ya se había decidido llevar a cabo una única misión Vostok con una mujer a bordo, que además sería la última del programa. En agosto de 1962, Andrián Nikoláiev y Pável Popóvich habían llevado a cabo las misiones Vostok 3 y Vostok 4. Aunque las Vostok no podían acoplarse entre sí, Koroliov decidió llevar a cabo las dos misiones al mismo tiempo para apuntarse otro tanto en la carrera espacial. La jugada se repetiría con la Vostok 5 y Vostok 6. En la primera nave viajaría Borís Volynov o Valeri Bykovsky, mientras que en la segunda iría una de las tres mujeres. El vuelo tendría lugar en junio de 1963, pero un mes antes del lanzamiento todavía no se había elegido formalmente quién tripularía la nave. El 14 de mayo Kamanin se reunió con Tereshkova y llegó a la conclusión de que alguien le había filtrado las noticias sobre su elección. El 21 de mayo de 1963, poco antes de partir hacia el cosmódromo de Tyura-Tam, Koroliov informó oficialmente al grupo que la seleccionada había sido Tereshkova, con Irina Soloviova como su suplente. Ponomariova también viajaría al cosmódromo en calidad de segunda suplente, pero era consciente de que las posibilidades que tenía de volar eran nulas. La decisión disgustó profundamente a Ponomariova, que había esperado quedar al menos como primera suplente. La elección de dos suplentes tenía que ver con la preocupación de la Comisión Estatal acerca de los ciclos menstruales de las cosmonautas, ya que se había decidido llevar a cabo la misión en medio del ciclo de la cosmonauta principal (finalmente el vuelo fue retrasado unos días).

Al mismo tiempo, Bykovsky fue elegido el tripulante de la Vostok 5 en detrimento de Volynov. La decisión de Kamanin estuvo dictada, entre otros factores, por el peso, ya que Bykovsky pesaba unos 15 kg menos que Volynov. Las Vostok 5 y 6 serían versiones avanzadas de la nave con una masa superior a sus predecesoras, así que el menor peso de Bykovsky era de agradecer. Como anécdota, Kamanin dejó constancia en su diario que Bykovsky era poco agraciado físicamente y resultaba muy poco fotogénico, así que prohibió la difusión de cualquier retrato del cosmonauta que no hubiera sido aprobado por él mismo.

Valentina Tereshkova.

Camino al cosmódromo

El 1 de junio las tripulaciones principales y de reserva de las Vostok 5 y 6 llegaron al cosmódromo de Tyura-Tam a bordo de un Antónov An-10 junto con Gagarin, Titov y los miembros de la Comisión Estatal, dirigida por Georgui Tyulin. Yorkina también iba en el avión. Dos días después, Tereshkova y Ponomariova se probaron las nuevas escafandras Sokol SK-2 que la oficina de diseño Zvezdá había creado teniendo en cuenta las particularidades de la anatomía femenina. Las cosmonautas comprobaron el grado de comodidad de la escafandra, algo de vital importancia teniendo en cuenta que no se la quitarían durante los varios días que debía durar el vuelo. El 4 de junio la Comisión Estatal autorizó las dos últimas misiones del programa Vostok. El lanzamiento de la Vostok 5, previsto para el 7 de junio, tuvo que ser pospuesto al 11 de junio por culpa de la elevada velocidad del viento en el cosmódromo, que alcanzaba los 72 km/h. Las normas de seguridad prohibían el traslado del cohete a la rampa con vientos por encima de los 54 km/h.

Soloviova, Ponomariova, Tershkova y Koroliov en el cosmódromo.

Los cosmonautas recibieron instrucciones precisas para comunicarse con la Tierra. Si decían «me siento perfectamente, el equipo de la nave funciona a la perfección» es que el vuelo podía seguir adelante. Si en vez de «perfecto» usaban un simple «bien», significaría que habían surgido ciertos problemas que impedían completar la misión. Por último, la palabra «satisfactorio» era el código para indicar que debían regresar a la Tierra urgentemente. El 6 de junio a las siete en punto el cohete con la Vostok 5 fue trasladado a la rampa. La preparación del lanzador sufrió bastantes problemas por culpa de diversos fallos técnicos. Kamanin le recordó a Bykovsky que lo importante no era cumplir la misión, sino que volviese de una pieza. El 11 de junio Koroliov decidió pasar el día con Tereshkova para conocerla mejor. Ese mismo día la Comisión Estatal decidió postergar el vuelo una vez más por culpa de la elevada actividad solar.

El lanzamiento de la Vostok 5 fue movidito. Primero falló el emisor VHF de la nave, aunque la Comisión decidió seguir adelante con el vuelo. Luego, cuando el ingeniero a cargo del asiento de eyección tuvo que armar el mecanismo del mismo, observó como el cable de armado se resistía a salir, por lo que tomó la decisión de cortarlo con un cuchillo. Cuando el constructor principal de la Vostok, S. M. Alekséiev, se enteró del desaguisado avisó a la Comisión de que no se podía llevar a cabo la misión en esas condiciones. Se paralizó la cuenta atrás y los ingenieros retiraron la escotilla de la Vostok para inspeccionar el estado del asiento. Se decidió seguir adelante, pero cuando sólo quedaban cinco minutos para el despegue se comprobó que existía un problema con la tercera etapa del cohete, el Bloque Ye, lo que obligó a retrasar el lanzamiento otra vez. El despegue se había retrasado tanto que se contempló la posibilidad de sustituir a Bykovsky por Volynov.

Interior de una cápsula Vostok (Eureka).

Por fin, a las 14:59 hora de Moscú, solamente dos horas antes de que se cerrase la ventana de lanzamiento, Yastreb —’halcón’, el nombre en código de Bykovsky— despegó desde Tyura-Tam, situándose pocos minutos después en una órbita de 196 por 235 kilómetros. Milagrosamente, el transmisor de VHF volvió a funcionar una vez en el espacio. Con Yastreb ya en el espacio la Comisión decidió lanzar a Tereshkova dos días después. Su nombre en código sería Chaika, ‘gaviota’ (algunas feministas se quejarían posteriormente del criterio usado para elegir los nombres). Tereshkova pudo saludar a Bykovsky desde el control de tierra. Un cómplice «estoy esperando», fue la respuesta del cosmonauta a su compañera desde el espacio. Previamente la Comisión pensaba lanzar a Tereshkova cinco días después y hacer aterrizar las dos naves al mismo tiempo, pero los retrasos de los últimos días obligaron a cambiar los planes.

El día antes del lanzamiento Tereshkova fue informada del estado del cohete y la nave por los ingenieros Konstantín Feoktístov —futuro cosmonauta— y Borís Raushenbaj. Las tres cosmonautas se dirigieron a la rampa para llevar a cabo una ceremonia de aceptación del vehículo. Aunque las tres eran tenientes de las fuerzas aéreas soviéticas y era una ceremonia militar, se decidió que llevasen ropas civiles. Tras la ceremonia, las tres mujeres subieron hasta la nave para comprobar el estado de la Vostok. Tereshkova y Soloviova se sentaron brevemente dentro de la nave, pero Ponomariova rechazó el honor. Tras charlar con Koroliov, Tereshkova se retiró a dormir en la misma casa y en la misma cama que había usado Gagarin dos años antes.

Tereshkova, Soloviova y Ponomariova junto a la rampa con Koroliov el día antes del lanzamiento.

La misión

El día del lanzamiento de la Vostok 6 amaneció a las cuatro de la mañana en Tyura-Tam. Era un día perfecto. Tereshkova y Soloviova se levantaron a las siete y media hora local (5:30 hora de Moscú). No obstante, durante las pruebas con las escafandras de las cosmonautas surgió un problema que podría haber cambiado el curso de la historia. El traje Sokol SK-2 de Soloviova sufrió una rotura a la altura del cuello. El traje fue rápidamente reemplazado por el de Ponomariova, pero de haberse tratado de la escafandra de Tereshkova el problema habría sido más grave. Tereshkova era la más alta de las tres, así que el traje de Soloviova o el de Ponomariova no le servían. Si su escafandra se hubiese roto la Comisión no habría tenido más remedio que lanzar a Soloviova en su lugar.

Tereshkova en su escafandra.
Koroliov con Tereshkova.

Enfundada en su traje espacial, Tereshkova se despidió de Gagarin, Titov, Koroliov y otros miembros de la Comisión Estatal antes de dirigirse en autobús hacia la rampa. Valentina descendió del autobús de la mano de Andrián Nikoláiev. «Camarada representante de la Comisión Estatal, la cosmonauta Tereshkova está lista para el vuelo», dijo Tereshkova ante la Comisión sosteniendo el ramo de flores que le había dado Koroliov. Allí estaban sus compañeras Soloviova, Ponomariova y Yorkina (Kuznetsova no viajó a Tyura-Tam). Valentina —Valya para los amigos— subió las escaleras de la torre que conducían al ascensor. A las 12:15 ya estaba dentro de la cápsula esférica sharik de la nave y, como ya era habitual en el programa Vostok, pasó las dos horas que quedaban escuchando música y comprobando las comunicaciones. Durante los preparativos del lanzamiento, Koroliov, Gagarin y Nikoláiev serían los encargados de hablar con Tereshkova a través de la radio. La profesionalidad de Tereshkova sorprendió al propio Kamanin. Para el viejo militar, Tereshkova se había comportado mejor que Nikoláiev y Popóvich durante sus respectivas misiones. «Me alegro de que no nos hayamos equivocado en la elección de la primera mujer en el espacio», escribió en su diario.

Bykovsky y Tereshkova posando con niños.

En unos pocos minutos todo el mundo conocería el nombre de Valentina Tereshkova y le dedicarían interminables artículos y reportajes. Pero en esos momentos, mientras esperaba sentada dentro la cápsula, era aún una total desconocida. Quince minutos antes del despegue se puso los guantes y cerró el visor de su casco. Veinte segundos antes del lanzamiento Tereshkova declaró que podía sentir el cohete cobrando vida y su pulso se disparó mientras se agarraba a los asideros del asiento eyectable que, en caso de emergencia, sería su única oportunidad de sobrevivir. Los cinco motores de la primera y segunda etapas del cohete Vostok alcanzaron su empuje máximo. A las 12:30 hora de Moscú el cohete Vostok se elevó a los cielos con la primera cosmonauta de la historia en su interior.

Dos minutos más tarde se separaron los cuatro bloques laterales de la primera etapa, seguidos treinta segundos después por la cofia que rodeaba la nave Vostok. Hasta ese momento Tereshkova sólo había podido ver el exterior por una pequeña ventana, pero ahora la luz entraba a borbotones por la mirilla principal del visor Vzor de la cápsula. Cinco minutos después del despegue se separó la segunda etapa o Bloque A. El Bloque Ye tomó el relevo, acelerando a la Vostok 6 (Vostok 3KA número 8) hasta los 28000 km/h. Una vez alcanzada la velocidad orbital la nave se separó de la tercera etapa. Nunca antes una mujer había viajado tan rápido y tan alto. Tereshkova estaba en el espacio.

Un cohete Vostok despegando (Novosti Kosmonavtiki).

La órbita, de 180,9 por 231,1 kilómetros y 64,95º de inclinación, había sido calculada para que la Vostok 6 pasase a tan sólo cinco kilómetros de la Vostok 5, pero los cosmonautas fueron incapaces de verse mutuamente. Los planos de las órbitas de las dos naves tenían una separación de 30º, por lo que los cosmonautas solamente podían comunicarse entre sí durante unos minutos dos veces por órbita. «Aquí Chaika, veo el horizonte como una línea azul. Es la Tierra. ¡Es hermosa! Hola, Universo», dijo Tereshkova una vez en órbita. Durante su primera ‘noche’ en el espacio Valentina durmió casi ocho horas, sin duda fatigada tras la tensión del día del lanzamiento. Aunque Bykovsky no pudo ver a Tereshkova, los dos cosmonautas sí que pudieron hablar por radio. «El enlace con Chaika es prefecto. ¡Me ha cantado una canción!», comunicó Bykovsky.

Mientras, Tereshkova se dedica a llevar a cabo los objetivos de su misión. Básicamente, experimentos biomédicos relacionados con la capacidad de adaptación al espacio del organismo femenino. Para tal fin Valentina estaba conectada a toda una batería de sensores que grabaron sus parámetros vitales durante el vuelo. Las condiciones en el interior de la cabina eran agradables, con una presión de 755 mm de mercurio y una temperatura de 18º-22 ºC. No obstante, Tereshkova se vio obligada a llevar el traje durante toda la misión, unas condiciones en absoluto idóneas. Aparentemente, Tereshkova sufrió el famoso ‘mareo espacial’ que experimenta un tercio de los cosmonautas y llegó a vomitar, aunque la dieta de ‘bajos residuos’ no es que fuese precisamente muy apetecible. La Vostok llevaba raciones suficientes para cuatro comidas al día y un consumo diario de 1,5 litros de agua. Tereshkova no consumió todas las raciones y los rumores dicen que llegó a regalar algunas de las mismas tras aterrizar por miedo a que los médicos pudiesen decirle algo. Años después declararía que el pan estaba muy duro y que una de las comidas había sido la causa de los vómitos en órbita.

Tereshkova antes del lanzamiento.

La Vostok 5 debía permanecer siete días en el espacio, pero al alcanzar una órbita ligeramente más baja de la prevista fue imposible mantener este objetivo (las Vostok, al igual que las Mercury norteamericanas, carecían de capacidad para modificar sus parámetros orbitales). La Comisión decidió que Bykovsky regresase el 19 de junio tras pasar seis días en el espacio. Tereshkova regresaría el mismo día. Mientras, la cosmonauta aprovechó para realizar una pequeña entrevista por radio con un periodista del Komsomólskaia Pravda. Posteriormente, Bykovsky trató en vano de contactar con Tereshkova. La cosmonauta ya se había dormido.

Bykovsky debía regresar en la órbita número 82, mientras que Tereshkova lo haría en la número 49 tras pasar tres días en órbita. Pero la fatiga parece comenzar a pasarle factura a Tereshkova, que se queda dormida en varias ocasiones fuera del programa previsto. Durante una de las sesiones de comunicación, el día antes de la reentrada, el control de tierra le indica a la cosmonauta cómo debe orientar la nave manualmente para el encendido de frenado. Aunque la Vostok es automática, Tereshkova debe orientar manualmente la nave en caso de emergencia. Para consternación de Kamanin, Tereshkova es incapaz de orientar la nave en dos ocasiones. Ante los temores del control de vuelo, Tereshkova se limita a responder «tranquilos, lo haré todo bien mañana». Kamanin no se fía y ordena a Gagarin, Titov y Raushenbaj que se comuniquen con ella durante la órbita final para darle las instrucciones pertinentes en caso necesario.

Nave Vostok.
Nave Vostok en la cofia.

Antes del regreso los dos cosmonautas duermen plácidamente. Horas después Tereshkova logra orientar la nave manualmente durante quince minutos, demostrando al fin que es capaz de hacerlo. Koroliov y Kamanin respiran tranquilos. A las 9:39 comienza el ciclo automático de la reentrada de la Vostok 6. La nave se orienta automáticamente con respecto a la dirección de avance orbital y, finalmente, se enciende el motor S5.4 del sistema TDU durante 39 segundos. No ha hecho falta la intervención de Tereshkova, pero para asombro de todos, Kamanin el primero, la cosmonauta no informa de la orientación de la nave ni del encendido del motor. Tampoco dice nada sobre la separación de la cápsula del módulo de servicio, una maniobra obviamente crítica que había dado problemas en anteriores misiones Vostok. Aunque el control de tierra tiene acceso a datos telemétricos básicos, el informe del cosmonauta es vital para saber si todo se ha desarrollado según lo previsto. Ante el silencio de Chaika, Kamanin y Koroliov temen lo peor. Ambos hombres no le perdonarían a Tereshkova su extraño silencio durante esta fase crítica de la misión, un episodio que sería usado posteriormente en repetidas ocasiones para justificar la presencia de pilotos profesionales en los vuelos espaciales.

Tereshkova con Gagarin y Koroliov antes del vuelo.

Pero Tereshkova y su nave han sobrevivido a la reentrada. A 6,5 kilómetros de altura la escotilla principal de la Vostok sale disparada y poco después se activa el asiento eyectable. El paracaídas se despliega y Tereshkova desciende lentamente hacia la superficie. La cosmonauta decide levantar el visor del casco para ver mejor el lugar de aterrizaje y mira hacia arriba para comprobar la correcta apertura del paracaídas. Mal hecho, porque justo en esos momentos le golpea un pequeño fragmento de metal en la cara. Por suerte, sólo le provoca un pequeño corte sin importancia en la nariz.

Si Gagarin estuvo a punto de caer en el Volga tras su vuelo, Tereshkova casi desciende en medio de un lago. Ha sido entrenada para esta situación, pero no es algo que le agrade. Afortunadamente, los fuertes vientos de 61 km/h la apartan de la superficie del lago y aterriza sana y salva en la estepa a 620 kilómetros de la ciudad kazaja de Karaganda, aunque se golpea fuertemente la cabeza dentro del casco. Son las 11:20 hora de Moscú. El vuelo de Tereshkova ha durado 2 días, 22 horas y 50 segundos. Chaika ya está en casa. La primera mujer en el espacio ha regresado con éxito. Bykovsky aterrizaría tres horas más tarde a 800 kilómetros de distancia, dando por finalizado el programa Vostok.

La cosmonauta decide quitarse la escafandra y se pone el mono de trabajo que lleva en el contenedor con el equipo de emergencia. Como ya había pasado con Gagarin dos años antes, fueron granjeros de la zona los primeros en contactar con ella. Gracias a su ayuda Tereshkova lleva su escafandra y el asiento hasta la cápsula, que había aterrizado independientemente a unos 400 metros de distancia. El equipo de rescate la localiza al fin y la traslada hasta Karaganda, donde se le realizan los primeros análisis médicos. Koroliov y Kamanin reciben la confirmación de que la cosmonauta está viva dos horas después del aterrizaje. El 22 de junio Tereshkova llega a Moscú tras pasar por Kuybishev —actualmente Samara— para ser recibida por la cúpula del gobierno soviético con todos los honores.

Tereshkova había hecho historia. En menos de dos años esta mujer había pasado de ser una humilde trabajadora textil a convertirse en un icono de la cosmonáutica y de la Unión Soviética. Pero, pese a el éxito de su misión, habría que esperar casi veinte años para que otra mujer siguiese sus pasos. Está claro que Valya fue una pionera en todos los sentidos.

Tereshkova en la plaza roja con Jruschov, Gagarin y Popóvich.
Tereshkova se casaría en 1963 con el cosmonauta Andrián Nikoláiev.

22 comentarios

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Luis Miguel Pascual Luis Miguel Pascual

Daniel, excelente entrada; como siempre sabes escribir con el grado justo de detalle e interés. De verdad, tienes que plantearte escribir un libro en esta línea
Valentina y sus compañeras tuvieron un enorme mérito. La pena es que la inclusión de mujeres cosmonautas fuera una acción puramente política y no real. Hoy el panorama ha mejorado algo, pero la mujer, en general, sigue teniendo un difícil acceso a muchos nichos profesionales. Al ver los reportajes hoy con el homenaje a Valentina comentando sobre Marte, tengo la sensación de que en 50 años parece que no hemos avanzado apenas (ya sé que no es cierto, pero seguimos confinados en LEO).
Algo que me ha extrañado es que no se pudiesen quitar el traje durante el vuelo. ¿Qué razón había?.
Un abrazo

Anonymous Anonymous

Muchas gracias Daniel por esta magnifica narración, pero este articulo en especia casi me hace soltar una lagrima. No escribo mucho en tu blog, pero el internet no tendría sentido si no escribes algo. Creo que ya me estoy convirtiendo en un Yuritrastornado.
Valentina Tereskova ya es parte de la historia de la Humanidad.
Daniel, Recibe un cordial Saludo desde Oaxaca México.
Ray.

etxazpi etxazpi

Excelente artículo. De lo que se entera uno aquí. Garcias Daniel.

Pena que la URSS y después Rusia no hayan apostado mas por las cosmonautas.

Carlos T Carlos T

Como siempre Daniel, tu forma de contar las historias espaciales las hace especiales. Parece como si lo estuviera viviendo…
Es una lastima que en 50 años sigamos en LEO, que no estemos ya en Marte, Europa o Titán.

Gracias Valentina por tu valentia y coraje.

Ing. Carlos Parga Ing. Carlos Parga

Por ahí leí en un blog sobre Korolev, que no se sintió complacido con la misión de Tereshkova, por fallos y omisiones que tuvo durante la misión, e incluso que nunca estuvo muy de acuerdo con enviar a una mujer. Manejan en la misma redacción que fue la razón por la cual ella fue la primera y la última cosmonauta, a pesar de que había todo un programa de entrenamiento para ellas.

Bueno, eran otros tiempos y ahora vemos frecuentemente mujeres allá arriba, y hasta los chinos se pusieron a la altura.

Larga vida a esas mujeres!

TALsite TALsite

Para un vuelo especial, una entrada especial. Felicidades Dani, siempre aprendo cosas con tus entradas.
El despegue se había retrasado tanto que se contempló la posibilidad de sustituir a Bykovsky por Volynov. ¿A que se debe eso? ¿agotamiento de Bykovsky? ¿Pobre desempeño de sus tareas?

Es una pena, como comento en la entrada de mi blog, que Rusia no aprovechara para festejar esta fecha con Yelena Serova en órbita a bordo de la ISS. Hubiera sido tan fácil como intercambiar asientos con Aleksandr Misurkin en el momento de nombrar tripulaciones.

Saludos, Carlos.

Daniel Marín Daniel Marín

Buena pregunta, Carlos. Por lo visto, la Comisión tuvo en cuenta la fatiga de Bykovsky tras cinco horas en la cápsula. ¿Sería capaz de soportar el lanzamiento a pesar del cansancio?¿Podría desempeñar su trabajo en caso de emergencia? Lo que desconozco es hasta qué punto sopesaron el cambiar de cosmonauta.

En cuanto a lo de Serova, totalmente de acuerdo.

Saludos.

Unknown Unknown

Me da mucha pena ver la decadencia espacial actual.Hojala que le vaya bien al sector privado y que nos lo sepan vender bien.
Saludos
Ilde

Mmonchi Mmonchi

Muy interesante y muy ameno. Y, salvo que me corrijas, hace cincuenta años que no dejan volar sola a una mujer astronauta… Valentina no solo fue la primera, de momento ha sido la única en ir al espacio sin hombres.

Mal'akh Mal'akh

Muy buen articulo Daniel Marin sobre la Primera Mujer En El Espacio. Aunque quisiera aclarar es que Estados Unidos si tuvo un plan de poner una mujer en el Espacio. Había un grupo de mujeres que llamaban “Mercury 13” porque era 13 mujeres, como que el grupo de Mercury 7 se llamaba a los 7 de hombres del Proyecto Mercury. Sin embargo, el gobierno norteamericano no mostro ningún interes al respecto, además de los prejuicios de la época, las mujeres del Mercury 13 quedaron en el olvido. No sería sino 20 años después que la primera mujer norteamericana en el Espacio haría su viaje en el Espacio, en una moderna nave que era un hibrido entre cohete y avión: el Transbordador Espacial.

VICTOR HERNANDEZ OTERO VICTOR HERNANDEZ OTERO

DANIEL UN SALUDO Y DÉJAME DECIRTE QUE ESTA ENTRADA ME HA LLEVADO A RECUERDOS DE JUVENTUD YA QUE TERESA FUE Y SIGUE SIENDO MI HEROÍNA Y CONOCER LOS PORMENORES QUE LA LLEVARON A SER LA PRIMERA COSMONAUTA ES ADEMAS DE ILUSTRATIVO, ESPECTACULAR,POR DEMAS DECIRTE
QUE LA RESEÑA QUE HACES ES MUY BUENA CON DATOS Y DETALLES ESPECTACULARES .
TE ENVIO UN SALUDO DANIEL Y SIGUE ASI CON ESTOS EXCELENTES Y DIVERTIDOS REPORTAJES .

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