La empresa SpaceX tiene una difícil tarea por delante. Sobre sus espaldas recae el reto de desarrollar la nave Dragon para enviar suministros a la ISS, una misión fundamental tras la retirada del transbordador espacial. La Dragon tiene además tiene todas las papeletas para convertirse en la próxima nave tripulada de los Estados Unidos. En su versión con astronautas, se caracterizará por usar un sistema de aterrizaje vertical mediante cohetes de combustible sólido similar al que debe emplear la futura nave rusa PTK-NP.
Pero si por algo se distingue SpaceX es por proponer el más difícil todavía incluso antes de haber completado sus objetivos inmediatos. Aunque aún no ha acoplado ni una sola nave a la ISS, SpaceX pretende mandar un ejemplar de la Dragon nada más y nada menos que a Marte. Y no contentos con este reto, están desarrollando el que con -mucha- suerte será el lanzador más potente en servicio, el Falcon Heavy. Llegados a este punto, era inevitable que SpaceX nos volviese a sorprender con alguna nueva propuesta. La última «locura» de Elon Musk consiste en un Falcon 9 que será no solo reutilizable, sino que además estará equipado con etapas capaces de regresar al lugar del lanzamiento de forma autónoma.
La primera etapa estará dotada de un tren de aterrizaje de cuatro patas y aterrizará verticalmente. La segunda fase hará lo mismo, pero debido a su mayor velocidad de reentrada tendrá un escudo térmico derivado del de la Dragon. Las dos fases aterrizarán en el Cabo Cañaveral y serán procesadas para un lanzamiento posterior.

(Por cierto, a todas estas, se rumorea que la versión tripulada podría llamarse DragonRide).
¿Es todo esto una locura sin sentido? Es posible, pero no podemos negar la genialidad de la idea, aunque no sea un concepto en absoluto novedoso. De entrada, SpaceX parece que va en serio, ya que ha propuesto el desarrollo del vehículo experimental reutilizable Grasshopper RLV, formado por una primera fase de un Falcon 9 con un solo motor Merlin-1D y un tren de aterrizaje. El Grasshopper permitirá introducir todas las técnicas y tecnologías necesarias para la versión de aterrizaje vertical del Falcon 9.
Independientemente de la viabilidad de la idea, el problema es que SpaceX se ha puesto el listón tan alto que va a ser casi imposible que no nos decepcione más tarde o temprano.




Me sumo a los últimos comentarios de esta entrada, SpaceX sigue sin decepcionarnos, y lo mejor de todo, no temen a doblar la apuesta, han puesto el listón muchísimo más alto