50 años de la tragedia de la Soyuz 11

Por Daniel Marín, el 1 julio, 2021. Categoría(s): Astronáutica • Historias de la Cosmonáutica • Rusia • Soyuz ✎ 71

Estos días se cumple medio siglo de la tragedia de la Soyuz 11 en la que fallecieron los cosmonautas Georgui Dobrovolsky, Vladislav Vólkov y Víktor Patsáyev. Los tres cosmonautas pasaron a la historia con el triste récord de ser los primeros seres humanos en morir en el espacio, pero lo cierto es que fueron además los primeros en vivir en una estación espacial, la Salyut 1. Aunque, en realidad, los primeros cosmonautas a bordo de la Salyut 1 tenían que haber sido Vladímir Shatalov, Alexéi Yeliseyev y Nikolái Rukavishnikov, que despegaron a bordo de la Soyuz 10 el 22 de abril de 1971. Pero, aunque lograron unirse con la estación, no consiguieron un acople en firme y tuvieron que regresar a la Tierra. Rápidamente se tomó la decisión de lanzar otra misión cuanto antes, pero, esta vez, la tripulación estaría formada por los cosmonautas de reserva de la Soyuz 10: Alexéi Leónov, Valeri Kubásov y Pyotr Kolodin. El comandante Leónov, que en 1965 se había convertido en el primer ser humano en realizar un paseo espacial, ya era toda una leyenda dentro y fuera de la URSS. El lanzamiento estaba previsto para el 6 de junio y, esta vez, todo tenía que salir bien.

Vólkov, Patsáyev y Dobrovolsky (Roscosmos/RGANTD).

La tripulación principal y de reserva volaron al cosmódromo de Tyura-Tam —como por entonces de denominaba a Baikonur— el 28 de mayo. Allí, los cosmonautas pudieron visitar su nave guiados por el cosmonauta e ingeniero Konstantín Feoktístov. La Soyuz 11 (7K-T nº 32) llevaba 10 kg adicionales de combustible y tenía capacidad para efectuar hasta cuatro días de vuelo autónomo, uno más que la Soyuz 10, con el fin de garantizar que pudiese intentar el acoplamiento con la estación más ocasiones en caso de problemas. Pero apenas tres días antes del despegue los médicos vieron en una radiografía una mancha sospechosa en el pulmón derecho de Kubásov. Temiendo que fuese alguna enfermedad grave —en concreto, tuberculosis—, la comisión médica tomó la decisión de retirarlo de la misión, aunque Kubásov se encontraba perfectamente de salud. No obstante, la estrategia soviética de la época era sustituir a toda la tripulación si ya se encontraban en el cosmódromo, a diferencia de la NASA, que prefería cambiar solo al astronauta afectado (recordemos la sustitución de Mattingly en el Apolo 13). Así que, en el último momento, la tripulación de la Soyuz 11 pasó a estar formada por Georgui Timoféievich Dobrovolsky (43 años, comandante), Vladislav Nikoláievich Vólkov (35 años, ingeniero de vuelo) y Víktor Ivánovich Patsáyev (37 años en el lanzamiento, cumpliría 38 en el espacio, ingeniero de vuelo). De los tres, solo Vólkov tenía experiencia en vuelos espaciales, pues ya había participado en la Soyuz 7.

Estación espacial Salyut 1 (Roscosmos/RGANTD).

Es fácil imaginar la sorpresa y el entusiasmo de los tres. Les había tocado la lotería con la que soñaba cualquier cosmonauta. En unos pocos meses habían pasado de tripulación de apoyo de la Soyuz 10 a tripulación principal de la Soyuz 11. Por supuesto, a Leónov y a Kolodin la decisión les sentó como una patada en el estómago e intentaron que solo se sustituyese a Kubásov por Vólkov, pero no hubo manera (la decisión última vino directamente desde Moscú). Después de los sinsabores de la carrera lunar, el no poder viajar en la Soyuz 11 fue un duro golpe para Leónov. Por su parte, Kolodin perdió su última oportunidad de volar al espacio (aunque vivió una larga vida y falleció en febrero de 2021 a los 90 años). Kubásov nunca se puso enfermo y la mancha fue, aparentemente, resultado de una alergia a los insecticidas. El 4 de junio se confirmó la decisión de dejar en tierra a la tripulación principal después de que un grupo de médicos que llegaron de Moscú analizasen toda la documentación. Finalmente, la Soyuz 11 despegó exitosamente el 6 de junio de 1971. Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev no llevaban trajes de presión, como en el resto de misiones Soyuz en las que no se había realizado un paseo espacial. Lanzar cosmonautas al espacio vestidos como para ir de paseo al parque no parecía una buena idea, pero la Unión Soviética llevaba siete años tentando a la suerte con esta práctica. 

El cohete Soyuz de la Soyuz 11 en la Rampa de Gagarin de Baikonur (Roscosmos/RGANTD).
La tripulación poco antes del lanzamiento (Roscosmos/RGANTD).

Había varias razones para justificar esta decisión, ya controvertida por entonces. Por un lado, la cápsula (SA) de la Soyuz tenía —y tiene— un volumen muy reducido. El uso de escafandras habría hecho casi imposible que cupiesen tres personas. Por otro lado, el Ingeniero Jefe Serguéi Koroliov había rechazado el empleo de escafandras por innecesarias, una opinión respondida vehementemente por el encargado del cuerpo de cosmonautas, Nikolái Kamanin, que presionó en repetidas ocasiones para que se incluyesen trajes de presión en las naves espaciales soviéticas, pero sin éxito. En cuanto a la comparación con sus adversarios, los astronautas estadounidenses del Apolo llevaban trajes espaciales durante el despegue, sí, pero no solo por motivos de seguridad, sino porque, por un lado, eran los mismos trajes que se usaban para paseos espaciales y, por otro, porque la atmósfera interna del Apolo era de oxígeno puro y era necesario purgar el nitrógeno de la sangre. No en vano, durante la reentrada atmosférica los astronautas del Apolo no llevaban los trajes espaciales puestos, por lo que la tripulación habría muerto de haber surgido un problema similar al de la Soyuz 11. Por contra, la atmósfera de la Soyuz era de oxígeno y nitrógeno, haciendo innecesario llevar una escafandra para purgar el nitrógeno.

La tripulación principal de la Soyuz 11: Kubásov, Leónov y Kolodin (Roscosmos/RGANTD).

Dejando el asunto de las escafandras a un lado, Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev se acoplaron con la primera estación de la historia el 7 de junio usando el sistema de guiado Iglá. La Salyut 1 (DOS nº 1) era un híbrido construido apresuradamente usando elementos de la nave Soyuz y del programa de estaciones militares Almaz de la oficina de diseño de Cheloméi. En esta ocasión, el acoplamiento fue un éxito y los tres hombres pasaron al interior de la estación, convirtiéndose en los primeros seres humanos en vivir dentro de un laboratorio orbital. Víktor Patsáyev fue el primero en entrar en la estación a través del túnel de conexión presurizado, el primero en una nave tripulada soviética. No obstante, el primer día tuvieron que dormir en la Soyuz por culpa de un extraño olor a quemado procedente de los dos ventiladores principales que terminó por desaparecer. La estación tenía numerosos defectos, fruto de lo apresurado de su desarrollo, aunque ninguno de ellos grave. El apretado programa de trabajo hacía que la vida a bordo de la Salyut 1 fuese dura y estresante, pero, a cambio, los cosmonautas pudieron disfrutar por primera vez de un volumen enorme para los estándares de la época y en las imágenes se les ve «volando» felizmente en microgravedad (la Salyut 1 tenía casi 100 metros cúbicos de volumen). Pese a todo, los médicos del control de tierra temían que los cosmonautas estuviesen dejando de lado el entrenamiento físico para cumplir con los objetivos técnicos y científicos de la misión. De hecho, los cosmonautas no usaron mucho la cinta para correr porque causaba fuertes vibraciones en toda la estación. Lo cierto es que en las imágenes tomadas a bordo de la Salyut 1 vemos unos cosmonautas un tanto demacrados, con barba y cara de cansados (la higiene no era una prioridad en estas misiones pioneras). No es de extrañar, pues por aquel entonces no estaba muy claro cómo preparar el cuerpo humano para una estancia en el espacio de varias semanas.

Recreación de la Salyut 1 con una Soyuz acoplada (Andréi Sokolov).

El 16 de junio los tres cosmonautas casi regresan a la Tierra de forma apresurada tras detectar un olor a quemado y ver humo que salía de la parte trasera de la estación, aunque finalmente el olor desapareció cuando el comandante Dobrovolsky decidió apagar la mayor parte de aparatos y conectó el sistema de energía secundario. Afortunadamente, el asunto quedó en nada. El 17 de junio, durante la sesión rutinaria de comunicaciones, Vólkov mostró atisbos de algún desacuerdo con Dobrovolsky por la forma de expresarse. Como resultado, se le indicó explícitamente que debía obedecer las órdenes del comandante Dobrovolsky y, para consternación del control de tierra, se opuso desafiante, comentando que «nosotros lo decidimos todo conjuntamente como la tripulación que somos». En los siguientes días, visiblemente arrepentido, Vólkov cambió de actitud, aunque sería el más temperamental de los tres durante todo el vuelo. El 18 de junio la tripulación realizó una transmisión de televisión en la que mostraron el interior de la Salyut, incluyendo el primer telescopio espacial a bordo de una estación espacial, el Orión-1, capaz de observar en el ultravioleta. Al día siguiente, Patsáyev celebró su 38º cumpleaños. Debido a los pequeños problemas que habían surgido y ante la falta de ejercicio diario, el 23 de junio se decidió que la tripulación regresase antes de lo previsto (inicialmente debían estar cerca de un mes en órbita). Al día siguiente, Dobrovolsky y Patsáyev participaron en el experimento Svinets en el que observaron desde la estación, visualmente y mediante radar, el lanzamiento de misiles balísticos de noche, un experimento que posteriormente se llevaría a cabo en las estaciones militares Almaz de Cheloméi, cuyo lanzamiento estaba próximo. La tripulación también obtuvo espectros del horizonte terrestre para analizar la atmósfera, estudió el flujo de rayos gamma y practicó el control manual de la estación.

Interior de la Salyut 1 (Roscosmos/RGANTD).
Telescopio Orión-1 de la Salyut 1 (Roscosmos).
Vólkov y Dobrovolsky a bordo de la Salyut 1 con barba (Roscosmos/RGANTD).

Al final se decidió que los cosmonautas volviesen el 29 de junio, después de pasar 23 días y 18 horas en órbita, todo un récord para la época. Ya el 26 de junio los tres cosmonautas comenzaron a preparar el regreso llevando a la Soyuz los resultados de los experimentos y poniendo a punto la estación para su vuelo autónomo antes del acoplamiento con la Soyuz 12, planeado para el 20 de julio. El aterrizaje de la cápsula en la estepa kazaja estaba previsto que tuviese lugar pocos minutos antes de la salida del Sol. La separación de la estación no estuvo exenta de problemas. La tripulación intentó cerrar herméticamente la escotilla de la cápsula Soyuz durante cerca de veinte minutos, pero el indicador de despresurización del panel de mandos de la cápsula no se apagaba. Vólkov repitió por radio con angustia «¡la escotilla no es hermética, ¿qué hacemos? ¿qué hacemos?». Sospechando que se trataba de un fallo del sensor, el control de tierra recomendó a Dobrovolsky que debía sujetar el sensor con un trozo de cinta adhesiva mientras cerraban la escotilla. El truco funcionó y el indicador de despresurización se apagó. Pero no sabemos si a algún controlador, o a la propia tripulación, se le pasó por la cabeza que, en caso de que la escotilla no se hubiese podido cerrar herméticamente, los cosmonautas estaban condenados al no llevar escafandras. 

Lanzamiento de la Soyuz 11 (Roscosmos/RGANTD).

La Soyuz se separó de la Salyut 1 y los tres dedicaron unos minutos a observar el que había sido su hogar durante más de tres semanas. Durante unas dos órbitas —más de tres horas— la Soyuz 11 voló de forma autónoma antes de realizar el encendido de frenado sobre el océano Atlántico. Los tres hombres debían maniobrar la nave manualmente fuera de la cobertura de comunicaciones y luego se comunicarían con los buques situados en el Atlántico y con la estación de control NIP-16. El control de tierra recibió la denominación Zaryá (‘aurora’), mientras que el nombre en código de la tripulación era Yantar (‘ámbar’). Precisamente, después del accidente las siguientes tripulaciones rechazaron usar nombre en código que hicieran referencias a piedras preciosas (el código de Komarov en la Soyuz 1 había sido ‘rubí’), una tradición supersticiosa que se mantuvo hasta mediados de los 90. Los tres cosmonautas comunicaron el correcto encendido de frenado del sistema de propulsión KTDU y Zaryá les informó «la comunicación se va a cortar. ¡Buen viaje!». Posteriormente, Vólkov añadió «nos vemos mañana. ¡Preparen el coñac!». Estas fueron las últimas palabras que se escucharon de la tripulación (aunque según Kamanin las últimas palabras vinieron de Dobrovolsky, que dijo «todo en orden a bordo de la nave; la tripulación se siente bien; muchas gracias por vuestra preocupación y buenos deseos», aunque es posible que quisiera dejar una buena impresión de la tripulación en su diario).

Vólkov, Patsáyev y Dobrovolsky con la ropa que llevaban en el lanzamiento (Roscosmos/RGANTD).

La telemetría recibida en las estaciones de tierra mostraba que la trayectoria era la correcta. La Soyuz se dirigía hacia la atmósfera terrestre. A unos 150 kilómetros de altura, mientras sobrevolaban Francia, los tres módulos de la Soyuz se separaron mediante mecanismos pirotécnicos fuera de la cobertura de las estaciones de comunicaciones. El módulo orbital (BO), unido a la parte frontal de la cápsula Soyuz (SA), se separó gracias a ocho de estas cargas. Una maniobra rutinaria, pero que en esta ocasión se revelaría mortal. Inmediatamente después de la separación de los módulos, el aire del interior de la cápsula comenzó a escaparse por una válvula situada en la parte frontal. El objetivo de esta válvula era igualar la presión con el aire exterior a unos tres kilómetros de altitud durante el descenso y, de paso, evitar que la tripulación pudiese asfixiarse en caso de no poder abrir la escotilla por algún motivo. La válvula tenía un mecanismo automático de apertura —un sistema pirotécnico de cargas explosivas— y uno manual, que básicamente era un tornillo de mariposa. El mecanismo manual se había introducido para evitar que entrase agua en el vehículo en caso de un amerizaje de emergencia. En realidad, había dos válvulas conectadas en el mismo circuito: una de «alimentación» y otra de «succión». Para que al menos una de las dos se abriese correctamente se debía generar una señal eléctrica adecuada. Más adelante, la comisión de investigación encontró que los mecanismos pirotécnicos para abrir la válvula se activaron durante el descenso, no en el vacío, por lo que una de las dos válvulas solo pudo abrirse eléctricamente, pero no encontraron pruebas de que dicha orden se emitiese por los sistemas de la Soyuz. De algún modo, las ondas de choque generadas por la separación de los módulos provocaron la apertura de la válvula.

Separación de los módulos de una Soyuz TMA moderna (ESA).

Tras escuchar el angustioso sonido del aire escapándose al espacio, la tripulación se quitó los cinturones de seguridad superiores. Es posible que Dobrovolsky, situado en el asiento central de la nave, se irguiese y, todavía en ingravidez, procediese a inspeccionar la parte frontal de la cápsula. Quizá perdiese un tiempo que no tenía comprobando la escotilla frontal —la misma escotilla que había dado problemas pocas horas antes— antes de fijarse en la válvula, aunque nunca lo sabremos con seguridad. A pesar de que el tornillo para cerrar la válvula estaba sobre sus cabezas, el orificio físico por el que escapaba el aire dentro de la cápsula estaba situado tras varios paneles de control. De hecho, Vasili Mishin, el jefe de la oficina de diseño TsKBEM a cargo de la construcción de la Soyuz, sugirió que Dobrovolsky podía haber tapado el agujero con un dedo, pero los ingenieros le señalaron que eso no era posible en las circunstancias en las que tuvo lugar el accidente.

Dobrovolsky, Patsáyev y Vólkov antes del lanzamiento (Roscosmos/RGANTD).

Sea como sea, Dobrovolsky no tuvo tiempo de cerrar la válvula (en condiciones ideales se necesitaban entre 35 y 40 segundos para cerrarla manualmente). Tampoco Patsáyev, situado justo bajo la válvula, pudo hacer nada. Como mucho, solo permanecieron conscientes unos 50 segundos. En 115 segundos la presión cayó a 50 milímetros de mercurio y en tres minutos era prácticamente cero. Mucho antes de eso los cosmonautas tuvieron que desmayarse, falleciendo por hipoxia poco después. Estos datos de presión quedaron registrados en el sistema de grabación Mir, instalado en la cápsula de las naves Soyuz a modo de caja negra tras el accidente de la Soyuz 1. El sistema Mir también registró el pulso y la respiración de los cosmonautas: un segundo tras la separación de los módulos el pulso de Dobrovolsky se disparó hasta las 114 pulsaciones por minuto y el de Vólkov hasta 180, señal inequívoca de que se habían dado cuenta de la fuga de aire mortal. Unos 50 segundos tras la separación, la respiración de Patsáyev alcanzó un ritmo de 42 veces por minuto, otro síntoma de falta de oxígeno. Más o menos al mismo tiempo, el pulso de Dobrovolsky cayó rápidamente y dejó de respirar, probablemente tras quedar inconsciente. A los 110 segundos no se registró pulso alguno de los cosmonautas. Los médicos concluyeron que los tres cosmonautas fallecieron entre 90 segundos y dos minutos tras la separación de los módulos. Una muerte agónica, sí, aunque ciertamente bastante rápida.

Vólkov, Dobrovolsky y Patsáyev dentro del simulador de la Soyuz (Roscosmos/RGANTD).

El control de la misión, el TsUP, no tenía forma de saber nada de lo que estaba ocurriendo. La interrupción de las comunicaciones era normal durante la reentrada por culpa del plasma atmosférico que rodea la cápsula, pero durante el descenso esperaban recuperar el contacto con los cosmonautas. Desgraciadamente, no fue así. Las continuas preguntas por radio solo obtuvieron el silencio como respuesta. Muchos temían lo peor, pero la cápsula fue detectada por los radares siguiendo una trayectoria nominal. El equipo de rescate integrado por un avión Il-14 y cuatro helicópteros Mil Mi-6 y Mi-8 fue capaz de contactar visualmente con la cápsula antes de aterrizar y parecía intacta. La cápsula aterrizó automáticamente a diez kilómetros del punto previsto, un margen de error considerado normal para una Soyuz. Una vez en el suelo, los técnicos se acercaron a la cápsula, que quedó situada de costado en la estepa, y golpearon el fuselaje, pero no hubo respuesta. Se extrañaron, aunque antes del aterrizaje se había decidido que la tripulación no saldría por su propio pie de la cápsula para evitar que se fatigasen de forma innecesaria después de haber pasado tanto tiempo en órbita. Pero al abrir la cápsula desde el exterior se encontraron con un espectáculo dantesco: los tres cosmonautas yacían muertos en sus asientos, con los cinturones desabrochados parcialmente (solo tenían abrochados a la altura de la cintura, menos Dobrovolsky, que se los había quitado y solo estaba sujeto por un cinturón mal colocado; aparentemente, antes de quedar inconsciente tuvo fuerzas para abrochar los cinturones parcialmente, aunque fuera de forma incorrecta).

La foto más famosa de la tripulación de la Soyuz 11, en el simulador de una Soyuz 7K-T (Roscosmos/RGANTD).

Los cosmonautas estaban repletos de moratones e hilillos de sangre caían de los oídos y los orificios nasales. Rápidamente, los sacaron de la Soyuz y los médicos del equipo comenzaron a practicar la reanimación cardiopulmonar a los tres hombres. Solo había pasado un minuto y medio desde que aterrizaron. Los médicos no se rindieron. Los esfuerzos por reanimarlos duraron más de una hora, pero todo fue en vano. Aunque los cuerpos parecían no haber sufrido daños graves, la autopsia posterior reveló hemorragias internas por todo el organismo, tímpanos perforados, coágulos en los pulmones, trombos en el cerebro y lesiones en el corazón, entre otros daños asociados con la exposición prolongada al vacío del espacio. Los niveles de ácido láctico en sangre eran diez veces lo normal, algo común en muertes por hipoxia. Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev habían estado unos diez minutos en el vacío del espacio hasta que alcanzaron la altitud de 10 kilómetros, cuando se abrió el paracaídas. El TsUP de Yevpatoria, Ucrania, recibió las trágicas noticias con algo de retraso. Finalmente, los tres cosmonautas serían incinerados y sus restos enterrados con todos los honores de estado en el cementerio situado junto a los muros del Kremlin, un lugar reservado a los héroes más destacados de la Unión Soviética.

La cápsula de la Soyuz 11 tras aterrizar en Kazajistán (Roscosmos/RGANTD).

A pesar de que rápidamente se supo que la causa de la tragedia habían sido las válvulas, no estaba claro por qué una de ellas se había abierto en el espacio. Se sospechaba que la onda expansiva de la separación del módulo orbital mediante otros mecanismos pirotécnicos pudo abrir una de ellas. Pero en las dos pruebas de separación de los módulos que se realizaron en una cámara de vacío en tierra simulando las mismas condiciones de la Soyuz 11 las válvulas no se abrieron y, actualmente, la causa precisa sigue siendo un misterio. La comisión estatal concluyó que se trataba de un accidente muy poco probable y que la tripulación de la Soyuz 11, simplemente, no tuvo suerte ese día. De hecho, hasta el día de hoy ninguna otra Soyuz ha sufrido un accidente remotamente parecido. Alexéi Leónov siempre se sintió algo culpable por el trágico resultado de la misión. En repetidas ocasiones afirmó que él habría sido capaz de identificar rápidamente la válvula abierta y la habría cerrado sin problemas. En cualquier caso, nunca sabremos si, de haber estado en el lugar de Dobrovolsky, Leónov habría sido capaz de hacerlo mejor tras pasar 24 agotadores días en el espacio y haber sufrido poco antes un problema con una escotilla que no cerraba adecuadamente.

Kubásov y Leónov en el interior del módulo orbital de una Soyuz durante el entrenamiento de la misión Apolo-Soyuz (Soyuz 19). Los dos llevan los trajes Sokol-KV introducidos tras la tragedia de la Soyuz 11 (Roscosmos/RGANTD).

Por su parte, el cosmonauta Vladímir Shatálov siempre pensó que la causa había sido un error cometido durante la instalación de las válvulas. Estas válvulas debían colocarse con una llave especial usando hasta 50 kgf de fuerza, pero la zona de instalación era de difícil acceso. Cuando la comisión de investigación comprobó el estado de las válvulas en otras cápsulas, incluida la Soyuz 10, vieron que habían sido colocadas usando menos fuerza de la que indicaban las especificaciones. Sin embargo, no se demostró que este fallo estuviese directamente relacionado con el accidente, aunque fue corregido para misiones posteriores. La consecuencia directa del accidente fue el retraso en las siguientes misiones Salyut y Soyuz, así como la introducción de escafandras Sokol KV, diseñadas por la oficina de diseño Zvezdá, para los cosmonautas (hubo cierta discusión sobre si introducir máscaras de oxígeno en vez de escafandras, pero este apaño no habría salvado la vida de la tripulación y solo habría prolongado su agonía dos o tres minutos adicionales; ¿suficiente para cerrar la válvula manualmente?).

La tripulación de la Soyuz 11 durante el entrenamiento (Roscosmos/RGANTD).

Las escafandras redujeron la tripulación de las Soyuz de tres a dos cosmonautas hasta la introducción de la Soyuz T, que volvió a recuperar la capacidad de llevar tres personas con escafandras modernizadas Sokol KV2 (que todavía siguen en activo). Para la Unión Soviética la tragedia de la Soyuz 11 fue sin duda el momento más negro de la historia de la cosmonáutica al tener lugar justo después de la humillación que significó perder la carrera lunar. Para más inri, el accidente sucedió apenas tres días después del tercer intento fallido de lanzamiento del cohete gigante N1 (N1-6L). La URSS tardaría varios años en recuperarse de la tragedia. Leónov y Kubásov volarían juntos en la famosa misión Apolo-Soyuz de 1975, esta vez con escafandras. La catástrofe de la Soyuz 11 al menos sirvió para que no se volviese a repetir un accidente similar y, desde entonces, no ha muerto ningún cosmonauta a bordo de una Soyuz.

Referencias:

  • Скрытый космос (Tomo 4), Nikolái P. Kamanin (Infortekst, 1995).
  • Ракеты и люди (Tomo 4), Borís Chertok (Mashinostroenie, 2002).


71 Comentarios

  1. Me ha chocado el «nosotros lo decidimos todo conjuntamente como la tripulación que somos» de Vólkov, suena muy a soviets de los primeros días 🙂 . Las primeras experiencias en estaciones espaciales debieron ser durísimas para quebrar la disciplina de gente con este currículum, o el de los astronautas del Skylab, que también pasaron algo parecido.

    En todo caso, unos héroes. Leónov diría que él si se habría dado cuenta de lo de la válvula, pero habría que haber estado ahí, tras semanas en el espacio (en unas condiciones muy diferentes a las actuales y sin precedentes entonces), después del problema con la escotilla, para ver si hubiese sido verdad.

    Ad astra, per aspera.

  2. Gracias Daniel.
    No conocía este hecho. DEP.
    Me pregunto, ¿Cuál es el algoritmo que decide si debemos continuar o parar la exploración espacial tras un accidente?
    Una opción es si conocemos las causas y se puede buscar una solución, aplicarla. Y tras ello restablecer los vuelos.
    Otra situación, quizás podría ser si se conocen las causas, pero no encuentran una solución, o es tan cara que no se puede aplicar. Entonces podría ocurrir una pausa de años para rehacer el diseño desde 0.
    Podría ser que siempre fuese interesante hacer una pausa temporal, por 2 motivos : respeto a los fallecidos, para calmar el ambiente ante una posible guerra de acusaciones internas.

    Me pregunto cómo se debería afrontar un posible accidente fatal en una Soyuz, una Crew Dragon o una Starliner. Depende de si es fallo humano o una suerte de coincidencias poco probables?

    Muchas veces me planteo ¿Deberíamos de dejar el útil coche por los fallecidos en las carreteras? Entiendo que los accidentes en el espacio, estadísticamente son superiores al de los coches y por eso nunca nos plantearíamos dejar de utilizar coches en caso de accidente.

    Disculpen si la cuestión es poco apropiada en esta entrada.

  3. Que buen (y amargo) relato de la situación. Me queda esta duda ¿cuanto tiempo pasó desde que la apertura de la válvula causó la despresurización hasta que la cápsula descendió a un altura respirable? ¿La muerte fue por hipoxia, despresurización, o ambas cosas? Cualquier persona sana puede llegar con un poco de entrenamiento a aguantar la respiración unos 3 o 4 minutos (el record es 11:54), ¿pero cuanto tiempo se pude sobrevivir a una despresurización no instantánea?

    1. Hola Marcos:
      1- La muerte fue por ambas cosas. Perdieron el conocimiento por hipoxia, pero los daños multiorgánicos irreversibles fueron causados por la exposición al vacío.
      2- Pasaron unos 10 minutos desde la separación de los módulos hasta la apertura del paracaídas de frenado a 10 km de altura.
      3- ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una persona al vacío? Creo que la respuesta precisa no se sabe, pero la tripulación de la Soyuz 11 tardó en morir unos 2 minutos, como mucho. ¿Si los hubieran rescatado justo en ese momento hubieran estado a tiempo de reanimarlos? No lo sé, la verdad. Es posible, aunque lo veo poco probable.

      1. Por cierto…. en la MUY recomendada serie «moon machines» (veanla en español)…en el capitulo que hablan del traje A7L del apollo, en una prueba en una camara de vacio probaron con un sujeto, el traje se pincho, y el hombre se desmayo al momento.
        …al lado de la camara, hay otra camara con media presurisacion y un tecnico -medico. Tardaron en abrir (nivelar la precion).
        Al tipo le dolian los oidos.

        Sobre la serie…recomiendo verlo completo…especialmente el del rover lunar y el traje A7L

  4. OT:

    Está relacionado con el accidente, pero, bueno. Por lo visto Musk sugiere que Starlink puede usarse para comunicar durante las reentradas de los vehículos espaciales, a pesar del plasma. Y con ello se conseguiría mejorar la seguridad de los vuelos.

    Puedo haber entendido mal, como siempre, pero:

    Por otra parte, Musk ha reflexionado sobre el tema de fabricar un Starship v2 de 18m de diámetro. Quizás ha leído a fisivi (sí, al final tenías razón) y ha comentado que no cree que se necesite cohetes de más de 100T. Que cree que sería mejor que Starship tuviera <9m de diámetro (usó el símbolo menos). Que la dificultad para crear y lanzar un vehículo 4X con más combustible es mayor que el peso añadido.

    En vez de buscar los twits, os paso el vídeo donde lo leí:
    https://www.youtube.com/watch?v=DuXgueL-y50&ab_channel=spaceXcentric

  5. Muchisimas gracias daniel por esta entrada. La lei dos veces, la primera con la emocion de los ultimos parrafos casi me hicieron lagrimear, tuve qque leer de nuevo para incorporar conosimientos y verlo de forma mas analitica… que increible estas epocas, tanto valor… que mierd*, tantos huevos. No es que uno quiere que se repita algo ni remotamente parecido a esto, pero si me gustaria ver de vuelta iniciativas cuasi suicidas de en esta era de apatia.
    Y antes de que aalguien me diga nada, Gustoso moriria asi con tal de llegar al espacio, ojala me tocara un destino taan heroico como aciago.

  6. Buenas a mi lo que siempre me intrigó fue que tan adecuados son los trajes de presión para un aprieto como un paseo espacial
    Ne imagino que el factor determinante son los umbilicales ¿que saben u opinan al respecto? Gran relato.

  7. Excelente relato de una amarga historia. Si quizá sólo hubiese sido falta de oxígeno podrían haber sobrevivido, con un mínimo de entrenamiento se puede aguantar 4 minutos (el record actual es 11:35), ¿cuanto tiempo pasó desde que se abrió la válvula hasta que alcanzó una altura con una atmósfera respirable? Pero para lo que no hay aguante posible es para la despresurización:
    https://cienciadesofa.com/2015/11/que-pasa-salgo-espacio-sin-traje-espacial.html
    https://cienciadesofa.com/2015/11/mas-cosas-sobre-la-exposicion-del-cuerpo-humano-al-vacio-sin-traje-espacial.html

  8. Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev tuvieron la suerte de pasar a la historia. Seran recordados.

    Kubásov, Leónov y Kolodin tuvieron aun mas suerte, el destino les aparto de la mision,

    Leonov pudo o no haber ayudado a evitar el desenlace fatal, pero eso es solo una suposición ya que el tiempo de respuesta era demasiado corto y el acceso no parecia tan fácil segun describes en el articulo y solo parece posible habiendo entrenado esa situación.

    En todo caso se avanzó. Se aprendió. Se pensó en como evitarlo en el futuro.

    Solo una crítica: «Prisa mata» dicen por ahi.

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