Diarios de Baikonur IV: el Hotel de los Cosmonautas

La entrada del Hotel de los Cosmonautas en Baikonur no tiene nada de llamativo. Situado en el norte de la ciudad en la carretera que conduce al cosmódromo, parece un complejo turístico más, no muy distinto a esos hoteles de la costa mediterránea española que conocieron tiempos mejores. La diferencia es más acentuada si lo comparamos con el nuevo hotel Baikonur, de corte moderno y construido recientemente al otro lado de la calle. Pero cuando llegas a la entrada te das cuenta de que este no es un hotel normal. Una pequeña señal se encarga de dejar claro que estás a punto de entrar en la mismísima zona de cuarentena de los cosmonautas. Eso y la presencia de varios militares armados hasta los dientes que se encargan de registrar tus pertenencias antes de acceder al recinto.

El exterior del hotel, con su famoso mural y el símbolo del Centro de Entrenamiento de los Cosmonautas (TsPK). La sala de prensa se encuentra justo en esta zona en la primera planta.
La señal a la entrada del Hotel de los Cosmonautas.

Nuestro objetivo era ver a los cosmonautas el día antes de su lanzamiento durante la tradicional rueda de prensa. Entramos por una puerta lateral del hotel rodeados por decenas de personas. Allí se encuentran periodistas de todo el mundo, pero también altos cargos de Roscosmos, la NASA y la ESA. El mismísimo Jean-Jacques Dordain, director general de la agencia espacial europea, está por allí, así como el astronauta Frank de Winne. La sala de prensa es mucho más pequeña de lo que parece en la televisión y la gente se aprieta contra las paredes. En un extremo de la sala se sitúa la habitación acristalada para los cosmonautas. El cristal de la habitación es lo único que los separa de posibles gérmenes que pudieran frustrar su misión.

Entrada al hotel.
El emblema del TsPK en el hotel.
La tripulación principal y de reserva de la Soyuz TMA-09M durante la rueda de prensa.
El emblema de la misión.

La tripulación principal y la de reserva entran en la habitación desde un pasillo lateral. Hay saludos y los flashes de las cámaras de la prensa se vuelven locos. Comienza la ronda de preguntas, la mayoría de ellas tópicas y típicas, ya repetidas cientos de veces en el transcurso de otras misiones. Luca Parmitano, el astronauta novato de la ESA, atrae la atención de la mayor parte de los medios. Los cosmonautas responden de forma amable y por lo general se limitan a decir lo que se espera de ellos. Titulares previsibles para una ceremonia previsible. Sólo los niños son capaces de poner un punto de frescura al protocolo. ‘¿Tienes miedo?’, le pregunta un pequeño chaval ruso de no más de diez años al curtido Fiodor Yurchijin, comandante de la Soyuz TMA-09M. Fiodor sonríe, quizás porque sabe que es una pregunta que ningún periodista de la prensa acreditada se atrevería a hacer.

El astronauta europeo Frank de Winne.
El pope de los cosmonautas.

La ceremonia concluye con los cosmonautas en pie posando para la prensa. Tras despedirse del público, desaparecen por la misma puerta que entraron hacia sus habitaciones, situadas en el piso superior, no sin antes recibir la bendición de uno de los popes de Baikonur. El día después del lanzamiento pudimos visitar el hotel y la zona de cuarentena. En el pasillo del primer piso se encuentran las habitaciones de la tripulación, cada una de ellas con la firma de los cosmonautas que han dormido en ellas. La mañana del lanzamiento, la tradición obliga a que los cosmonautas firmen en la puerta antes de salir hacia el cosmódromo (las puertas repletas de firmas se desmontan y se conservan en el sótano del hotel). El visitante también puede acceder a la habitación acristalada -‘la pecera’- si lo desea para hacerse algunas fotos imitando a los cosmonautas.

La puerta de acceso a la zona de cuarentena en la sala de prensa.
Otro cartel de cuarentena, pero en el piso de los cosmonautas.
La puerta de Karen Nyberg.
La puerta de Luca Parmitano.
La sala de prensa, ya sin los cosmonautas.

Al lado del hotel se encuentra también otro lugar sagrado: el paseo de los cosmonautas, donde se hallan los árboles de la mayoría de cosmonautas que han ido al espacio (y digo la mayoría porque pude comprobar que no están todos). La tradición obliga -una vez más- a que cada cosmonauta plante un árbol antes de su primer viaje espacial. Yuri Gagarin inició esta costumbre y desde entonces todos los que le han seguido han cumplido con ella. No todos los árboles están en buen estado. Sin ir más lejos, se ve que el de nuestro compatriota Perdo Duque no ha crecido mucho que digamos en estos últimos diez años.

El paseo de los cosmonautas con los árboles plantados por los mismos.
Los árboles de Gagarin (izquierda) y Titov (derecha).
Una tortuga que andaba por allí entre los árboles… ¿una veterana de las misiones Zond?
El árbol, o mejor dicho, el palo de Pedro Duque.
Un modelo del Protón junto al paseo de los árboles con el río Sir Daria detrás.

El Hotel de los Cosmonautas es una burbuja aislada en el tiempo. Las tradiciones y ritos de hace treinta años se mantienen intactas como si el mundo exterior no hubiese cambiado. Pero sí que lo ha hecho. Con la entrada en servicio del futuro cosmódromo de Vostochni, Rusia pretende trasladar el lanzamiento de misiones tripuladas fuera de Baikonur. ¿Hasta cuándo seguirá siendo el Hotel de los Cosmonautas la última morada de aquellos que osan abandonar nuestro planeta?



14 Comentarios

  1. Muy interesante lugar, bastante alejado de ese aire “pomposo y cinematográfico” que hay en el KSC de la NASA.
    Gracias por este paseo por este mítico lugar, estoy como muchos expectante a que nos cuentes sobre el lanzamiento en sí y la visita a Ciudad de las Estrellas!

  2. Me da pena que trasladen el cosmodromo, pero este parece ser que ofrece mayores capacidades que Baikonur.
    Supongo que también pondrán una rampa para el angará y instalaciones nuevas para el legendario y renovado soyuz. Tengo ganas de no ver un solo proton mas, no me gusta nada con sus numerosos fallos y su combustible toxico.
    quizas se inicie otra saga de nuevos rituales antes del lanzamientos… Lugar nuevo, costumbres nuevas.

    1. Por cierto, esta muy bien la barra lateral esta que pone quien visita el blog. Si configuráis bien vuestro router y un par de cosillas mas podéis hacer que solo se vea el país, y no el lugar, aunque personalmente no me importe para este caso, para otros (tem publicidad de google y ubicacion de google) sí 😉

  3. No creo que haya mucho problema con Baikonur. Tenemos cosmodromo para rato. Estas infraestructuras no se hacen de un dia para otro. Creo que no loveré cerrado. Y si lo cerrasen lo convertirían en museo.

  4. No creo que haya mucho problema con Baikonur. Tenemos cosmodromo para rato. Estas infraestructuras no se hacen de un dia para otro. Creo que no loveré cerrado. Y si lo cerrasen lo convertirían en museo.

    1. En realidad Gagarin no dijo eso, fue Nikita Kruschev que dijo “Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí”. Por otro lado los rusos siempre han sido muy religiosos

    1. Pues yo en ese futuro veo a Baykonur como una ciudad turística, donde te dejan practicar todo el ceremonial como un cosmonauta, y después puedes entrar con tu Sokol puesto, en la maqueta de un módulo de descenso Soyuz donde te reproducen el lanzamiento, acoplamiento y el aterrizaje.
      Señores kazajos, la idea es gratis.

  5. Ese árbol tiene que ser otro distinto, porque en 10 años debería haber crecido algo. Además se ve una goma de riego por goteo detrás.
    ¿Habrá ido Pedro Duque a revisar su árbol en estos años?

    Saludos
    Carlos

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Por Daniel Marín
Publicado el ⌚ 1 junio, 2013
Categoría(s): ✓ Astronáutica • Diarios de Baikonur • Rusia • sondasesp