El misterioso satélite que espiaba otros satélites

¿Cuál es el satélite espía más secreto que jamás haya existido? En el oscuro mundo de los satélites militares es prácticamente imposible saber nada a ciencia cierta. Poco se sabe de los famosos KH-11 o de los Mentor, pero los rumores apuntan a la existencia de un proyecto norteamericano aún más secreto, un proyecto con un objetivo realmente ambicioso: espiar satélites soviéticos geoestacionarios durante la Guerra Fría.

El proyecto ha sido bautizado de forma no oficial como Prowler -la denominación de los satélites espía clasificados es alto secreto- y de hecho aún se desconoce si realmente existió, aunque hay numerosas evidencias que sugieren que estamos ante algo real. El misterio comenzó en noviembre 1990 con el lanzamiento de la misión STS-38 Atlantis, un vuelo secreto del Departamento de Defensa de los EEUU.

Durante la misión, el Atlantis lanzó un satélite desde su bodega que se separó del transbordador y se dirigió hacia la órbita geoestacionaria, situada a 36000 km de distancia de la Tierra. El Pentágono no proporcionó información de ningún tipo sobre la carga útil, pero reconoció que se trataba de un único satélite denominado USA-67. Los observadores aficionados pudieron comprobar que, efectivamente, un objeto se separó del Atlantis y continuó por su cuenta hasta la órbita geoestacionaria propulsado por una etapa superior. Posteriormente, las autoridades admitieron que se trataba de un satélite militar de comunicaciones denominado SDS B2. Uno de los objetivos de los satélites SDS era retransmitir en tiempo real las imágenes y datos de otros satélites espía situados en la órbita baja, como los KH-11. En cualquier caso, y más allá de la naturaleza clasificada de la información, se trataba de satélites de comunicaciones totalmente normales. Parecía que la STS-38, pese a estar clasificada, había sido una misión anodina y rutinaria.

La tripulación de la STS-38 Atlantis (NASA).

La tripulación de la STS-38 vuelve a casa después de su misión secreta (NASA).

Sin embargo, el 30 de julio de 1998 dos aficionados norteamericanos dedicados a la observación de satélites, Ed Cannon y Mike McCants, descubrieron un objeto geoestacionario desconocido cuya curva de luz se correspondía con la de un satélite de comunicaciones girando sin control. El objeto volvió a aparecer en el año 2000 y se pudo determinar su órbita, por lo que fue catalogado con el número 90007 en el listado no oficial de satélites geoestacionarios. Poco después se perdió su rastro, pero otros aficionados lo pudieron observar en 2004 y 2006. Finalmente, desde 2008 fue posible llevar a cabo un seguimiento continuo del objeto. Según los expertos, 90007 tenía toda la pinta de ser un satélite de comunicaciones de la familia HS-376 de Boeing. Con un diseño basado en un cilindro giratorio, la serie HS-376 había gozado de una gran popularidad durante los años 80 y 90.

Plataforma HS-376 de Boeing (Boeing).

El extraño objeto 90007 parecía ser por tanto un simple satélite de comunicaciones a la deriva. Fin del misterio. No obstante, había un problema con esta hipótesis. 90007 no ocupaba una órbita circular, sino ligeramente elíptica (35610 x 35960 km), algo totalmente anómalo para un viejo satélite fuera de servicio. Pero había algo aún más extraño: nadie fue capaz de relacionar 90007 con un lanzamiento concreto. Pese a que cada año se lanzan varios satélites geoestacionarios, su número total no es muy grande. Muchos expertos intentaron identificar el satélite consultando todo tipo de fuentes, sin éxito. Simplemente, 90007 no podía existir. Era un satélite fantasma.

El aficionado canadiense Ted Molczan, tras analizar todas las bases de datos europeas y norteamericanas, se dio cuenta en 2010 de que la órbita de 90007 tenía una inclinación orbital (5º) muy parecida a la del satélite SDS B2 lanzado durante la STS-38. Estudiando los datos orbitales hechos públicos por el gobierno norteamericano, descubrió que durante la misión STS-38 se habían puesto en órbita tres objetos. Uno era el conocido SDS B2 (USA-67), mientras que los otros dos estaban catalogados de forma anómala como USA-67 R/B 1 y USA-67 R/B 2. Oficialmente, las siglas “R/B” (“rocket body”) hacían referencia a las etapas del cohete usado para situar el SDS B2 en órbita geoestacionaria. Estas etapas se utilizan de forma rutinaria para trasladar un satélite desde la órbita baja hasta su órbita final. Pero algo no cuadraba. Nadie sabía explicar por qué habían sido necesarias dos etapas para situar el SDS B2 en la órbita geoestacionaria en vez de sólo una.

Un satélite de alerta temprana DSP “despega” desde la bodega del Atlantis en la STS-44 rumbo a la órbita geoestacionaria usando una etapa superior (NASA).

Aparentemente, el SDS B2 había sido construido usando la plataforma HS-389 empleada por otros satélites civiles como el Intelsat 6. Estos satélites usaron una sola etapa para alcanzar la órbita geoestacionaria, como por ejemplo la Orbus 21S. Molczan conocía los rumores sobre la existencia de un programa de satélites furtivos denominado Prowler, así que no le fue difícil atar cabos. El nombre se había hecho popular a raíz de una entrevista con el senador Jay Rockefeller -el bisnieto de ese otro Rockefeller- en la que denunciaba el alto coste de algunos programas militares secretos, entre ellos, el proyecto Prowler. Según Rockefeller, este satélite experimental había sido desarrollado para espiar de cerca los satélites geoestacionarios soviéticos durante la Guerra Fría. A su vez, Rockefeller se hacía eco de los rumores surgidos en 1999 sobre un hipotético satélite geoestacionario furtivo.

El satélite SDS B2 (arriba) y el Intelsat 6, ambos con la plataforma HS-389 (Boeing/NRO).

Así pues, Molczan llegó a la conclusión de que durante la STS-38 se lanzaron dos satélites, el SDS B2 y el Prowler, cada uno con sus respectivas etapas superiores. De los cuatro objetos puestos en órbita, los militares introducirían en su catálogo solamente tres. Según Molczan, el SDS B2 habría sido lanzado con una etapa Orbus 21S, mientras que el Prowler habría usado una PAM-D. Aunque el transbordador espacial nunca despegó con dos satélites de este tipo en su bodega, lo cierto es que antes del accidente del Challenger se planearon misiones similares. De hecho, en 1985, la misión STS-61I debía haber puesto en órbita el Intelsat 6 F1, usando la plataforma HS-389, y el Insat 1C, basado en la plataforma HS-376. La masa de los dos satélites y sus etapas no debía superar los 17200 kg, bastante por debajo del máximo de 23000 kg que transportó el transbordador durante la STS-93.

Claro que más de uno puede estar pensando que quizás hubiese sido más fácil espiar los satélites soviéticos con otros medios. Por ejemplo, usando telescopios terrestres. Y, efectivamente, los militares norteamericanos tienen telescopios dedicados exclusivamente a observar satélites en órbita baja con muy alta resolución (AMOS), pero lo cierto es que los satélites geoestacionarios quedan demasiado lejos para poder obtener imágenes de calidad. Además, quizás Prowler no se limitase a fotografiar los satélites soviéticos. Puede que uno de sus objetivos fuera interceptar las transmisiones soviéticas o incluso interferirlas en caso de guerra. Si tenemos en cuenta que en la órbita geoestacionaria se situaban por entonces los satélites de alerta temprana del sistema OKO (US-KS y US-KMO) -vitales para detectar un ataque nuclear estadounidense-, podemos empezar a vislumbrar la importancia de Prowler y el porqué veinte años más tarde su existencia sigue siendo alto secreto.

El Columbia durante la fatídica STS-107 visto por el telescopio AMOS de la USAF. Obviamente, con estos equipos no hace falta mandar un satélite para espiar los satélites situados en órbita baja (AMOS/USAF).

Satélite OKO de alerta temprana (US-KMO).

Tras la caída de la URSS en 1991 puede que Prowler fuese cancelado al no existir ninguna otra potencia enemiga con satélites geoestacionarios avanzados que justificasen un programa de este tipo. Curiosamente, una evidencia bastante indirecta de la naturaleza doblemente secreta de la misión STS-38 la podemos encontrar en su emblema. Además de la insignia -o patch– oficial, en 2008 Dwayne A. Day y Roger Guillemette publicaron un artículo en The Space Review en el que revelaban la existencia de una segunda insignia “secreta”. ¿Fue un guiño a Prowler o se trató de una simple broma de la tripulación? Difícil saberlo.

La insignia oficial de la STS-38 (izquierda) y la “secreta” (derecha) (The Space Review).

Por supuesto, es posible que Prowler no sea más que un mito y que jamás haya existido un programa espacial tan atrevido. Sin duda, es posible. Pero entonces deberemos encontrar una explicación al objeto 90007.

Referencias:


8 Comentarios

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AnonymousAnonymous

Estupendo articulo, esperando que saques mas articulos sobre el lado “oscuro” de la carrera espacial. Por parte de todos los participantes.

Un saludo!

jp

DarkSapiens

Muy buen artículo! Resulta todo muy interesante, me encanta cuando cuentas detalles poco conocidos de la astronáutica. Incluso estando el tema principal de la entrada sin confirmar, toda la información adicional vale mucho la pena.

Gracias, y un saludo!

Daniel Marín

@jp: tomo nota 😉

@DarkSapiens: muchas gracias 😉 A mí lo que me llama la atención es que simples aficionados con prismáticos y pequeños telescopios sean capaces de destrañar estos misterios (son los mismos que han seguido la órbita de los X-37B).

Saludos.

DeltaRomeoDeltaRomeo

Me encantan tus artículos, sobre todo en los que cuentas cosas como esta. Es realmente intrigante y da a pensar la de hechos que nos habremos quedado sin saber.

ArthuraleksArthuraleks

No me extrañaría que hubiera satélites con ojivas nucleares, disfrazados de inofensivos satélites de comunicaciones. pero apuntando sus armas a algún país. :S

José AlfredoJosé Alfredo

Excelente!, cuantas cosas como ese satélite habrá allá arriba sin que sospechemos siquiera su verdadero propósito????!
Espero con ansias esos otros posts sobre “el lado oscuro” de la astronáutica si los llegas a escribir.
Respecto a esas misiones secretas del “shuttle”, ahora que está a un vuelo de ser retirado la revista Air & Space del Instituto Smithsonian hace un recuento de las mismas y revela algunos detalles interesantes de esos vuelos que te dejan deseando saber toda la verdad (aunque si la supieramos seguramente a casi nadie le daría morbo), pues en uno de esos vuelos se especula inclusive que hubo una EVA para recuperar un satélite que aparentemente no estaría listada en el record oficial (a propósito de que ya no habrá más EVA’s en el programa STS), aquí el link:
http://www.airspacemag.com/space-exp...uttles.html
Saludos!

Gabriel Garcia Sagario

Dani quería comentar algo:

Además de ser un post fascinante, me impresionó la foto del Columbia tomada por el AMOS, casi con toda certeza la última antes del desastre, no?. Es tremenda.

Gran entrada camarda yuriesférico!.

1 Trackback

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