Finalmente la Starship S40 (Ship 40) ya está en su casa, o sea, Starbase (Texas). La S40, la segunda Starship de la versión v3, despegó el pasado 24 de julio en la misión IFT-13 (Integrated Test Flight 13) con el Super Heavy B20 (Booster 20). La misión resultó ser la última cuasiorbital del sistema y, como en anteriores vuelos, la segunda etapa Starship descendió una hora tras el despegue sobre el océano Índico para efectuar un amerizaje suave simulando una captura por los brazos de la torre de lanzamiento. Los ingenieros de SpaceX esperaban que, también como en anteriores vuelos, o como en la 14ª y última misión, la nave explotase al caer de lado sobre la superficie del océano. Pero no fue así. Contra todo pronóstico, la S40 permaneció de una pieza y los pequeños incendios que surgieron tras el descenso se apagaron. No solo eso, sino que la nave no quiso hundirse y siguió a flote, primero horas, luego días.

Al principio, en SpaceX estaban exultantes al poder comprobar en detalle el estado del escudo térmico de una Starship tras la reentrada, pero tras los primeros días había que tomar una decisión. ¿Se debía hundir para no poner en peligro el tráfico marítimo o era mejor llevarla hasta la costa? SpaceX optó por la última opción, pero capturar la S40 no fue nada sencillo al principio: la nave se había convertido en una enorme boya metálica que reaccionaba a cualquier empuje, casi como si fuera una gran criatura marina con vida propia. Los primeros intentos de atraparla usando cuerdas alrededor de las toberas de los motores Raptor 3 fueron al principio infructuosos, aunque finalmente se consiguió domar a la ballena espacial. Tras unos once días flotando en alta mar, el buque Normand Ranger comenzó a remolcarla con ayuda de dispositivos de flotación añadidos. El navío Go Australis acompañó a la pareja en el trayecto.



La S40 había amerizado a unos mil kilómetros de Australia y la intención era llevar a la S40 hasta allí (en concreto, al puerto de la ciudad de Dampier). Sin embargo, el proceso de remolque resultó ser extremadamente lento y apenas logró contrarrestar el arrastre natural, que se vio agravado por el mal tiempo. Como resultado, la S40 y su flota acompañante se estaban alejando de Australia poco a poco, no acercándose. Al mismo tiempo, las olas dañaban el escudo térmico y el fuselaje de la S40 cada vez más (hasta tal punto que la nave perdió en el trayecto una de las dos superficies aerodinámicas delanteras y más de la mitad de la otra). Por este motivo, se tomó la decisión de llevarla hasta la isla de Navidad (Christmas island), un territorio externo de Australia situado a 1550 kilómetros de la costa australiana y a 350 kilómetros de Indonesia. La S40 llegó a Navidad el 18 de agosto, donde un equipo de ingenieros de SpaceX estaba esperándola para analizar su estado en detalle.



(Como nota espaciotrastornada, conviene recordar que no es la primera vez que esta pequeña isla tiene contacto con temas espaciales, pues a principios de siglo estuvo a punto de convertirse en la base de lanzamiento del cohete ruso Aurora (Аврора), la versión de exportación del Yamal, a su vez una variante del Soyuz con un solo motor NK-33 en el bloque central. El proyecto fue finalmente desechado a favor del Soyuz-ST lanzado desde la Guayana Francesa, pero su historia es interesante.)





SpaceX decidió llevar la S40 hasta Estados Unidos, pero, visto lo visto, era evidente que no se podía remolcar. La solución fue usar el buque semisumergible Forte, construido para transportar navíos y otras estructuras de gran tamaño. Forte llegó a Navidad el 24 de agosto y dos días después la S40 ya estaba sobre la cubierta del buque. El 28 de agosto zarpó hacia EE.UU. recorriendo el Índico y pasando al Atlántico por el cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), paradójicamente una trayectoria parecida a la que llevó a cabo la S40 en su vuelo espacial. Eso sí, en vez de la hora y cinco minutos que tomó el viaje de ida, la S40 no arribó al puerto de Brownsville (Texas) hasta el 7 de octubre. El 11 de octubre, la S40 llegó oficialmente a Starbase tras recorrer los últimos kilómetros por tierra. El 13 de octubre fue puesta en vertical dentro del hangar Megabay 2.




La nave ha llegado con numerosos desperfectos. Además de faltarle los flaps delanteros, el fuselaje presenta daños por la caída a la superficie del océano, así como una brecha en el escudo térmico sufrida durante la reentrada. Las toberas de los Raptor se ven claramente abolladas y numerosas partes están oxidadas después de tanto tiempo expuestas al agua salada (una de las pegas de construir una nave espacial usando acero y no aluminio). Es difícil que SpaceX aprenda nada especialmente relevante sobre la S40 que no haya aprendido ya durante las inspecciones en el Índico y en la isla de Navidad. Pero dejar a la S40 en alta mar o en un país extranjero no era una alternativa válida. Despedazarla y devolverla a EE.UU. en cachitos hubiera sido más barato, pero habría supuesto dejar expuesta, literalmente, tecnología sensible. No está claro qué destino le espera a la S40. Para que pueda ser exhibida, primero debe ser reparada concienzudamente y es más que probable que no valga la pena semejante esfuerzo. Además, si SpaceX quiere extraer el máximo de información de este vehículo, lo lógico es que la corte en mil piezas. El tiempo dirá. Mientras tanto, la próxima Starship en volar, la S42, debe convertirse con algo de suerte en la primera Starship en ser recuperada por los brazos de la torre en la 15ª misión del sistema.




Una Odisea espaciotranstornada. (Homer Marín) 😉
!A por la S42!