El 15 de octubre de 2026 la NASA publicó los resultados del análisis del escudo térmico de la cápsula Orión Integrity, la nave de Artemis II que llevó por primera vez seres humanos alrededor de la Luna en el siglo XXI. El 10 de abril, tras dar la vuelta a nuestro satélite, Integrity reentró en la atmósfera a casi 11 km/s y amerizó en el Pacífico frente a las costas de San Diego con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo. La reentrada es una fase delicada en cualquier misión espacial, pero en Artemisa II atrajo una atención especial al ser la primera reentrada tripulada a casi la velocidad de escape en este siglo y, sobre todo, por la preocupación existente después de que el escudo gemelo de la misión Artemisa I sufriese daños importantes en 2022.

Esta vez todo salió perfectamente, a pesar de que la NASA optó por no modificar el escudo térmico de Artemisa II. Lo que se hizo fue modificar el perfil de reentrada, siguiendo una entrada doble —skip reentry— más suave con dos picos menos marcados con respecto a Artemisa I. De hecho, la NASA calificó el perfil de entrada de Artemisa II como «entrada elevada» (lofted entry) en vez de doble (skip entry). De esta forma, y aunque la energía total disipada era lógicamente la misma, se pretendía reducir la exposición del escudo a las altas temperaturas de 20 a 13 minutos, evitando que se formasen burbujas de gas dentro del escudo que pudieran provocar el desprendimiento de grandes trozos del mismo, como en Artemisa I. Este defecto fue debido a que la versión del material ablativo Avcoat de Artemisa I y II resultó ser menos porosa de lo esperado, favoreciendo la creación de estas burbujas de gas.


El Avcoat es una resina epoxi con fibras de sílice y microesferas de vidrio. Al calentarse, la resina se descompone mediante pirólisis: se forma una capa exterior carbonizada que se va desprendiendo y se liberan gases que se llevan buena parte del calor (algo parecido a como el sudor ayuda a regular la temperatura del cuerpo humano al evaporarse). Esos gases tienen que salir al exterior a través de la capa carbonizada. En las misiones Apolo, y en el vuelo de prueba EFT-1 de la Orión en 2014, el Avcoat se inyectaba a mano en una matriz de panal de abeja celda a celda. Para Artemisa I la NASA cambió a un escudo formado por 186 bloques de Avcoat moldeados por separado, más fáciles de fabricar e inspeccionar, pero menos, por lo que se ve, menos permeables.


Después del amerizaje de Artemisa II pudimos ver fotos del escudo térmico tomadas por los buzos de la armada que demostraban que su estado parecía ser bueno, pero la NASA ha tardado seis meses en comunicar oficialmente que, efectivamente, el escudo no sufrió grandes daños. Integrity reentró a 39 688 km/h y el escudo se comportó fantásticamente. En el exterior el escudo superó los 2.200 ºC, mientras que en la cabina la temperatura se mantuvo en torno a 24 ºC. La NASA ha identificado 9 zonas con pérdida de material en la superficie en el escudo de Integrity, frente a las 103 que presentó la nave Orión de Artemis I en diciembre de 2022, y estima que las grietas y la pérdida de material se han reducido unas diez veces.


Tampoco se ha observado el desgaste alrededor de los pernos de separación, que funcionan como puntos de apoyo de la cápsula sobre el módulo de servicio. Las manchas anaranjadas de los espacios entre los bloques de Avcoat se deben al relleno de silicona, que contiene óxido de hierro y se enrojece tras la reentrada. Y, como ya habíamos visto, las 1.300 losetas cerámicas del escudo frontal tampoco muestran daños, ni siquiera alrededor de ventanas, propulsores, respiraderos y escotilla.



El análisis no ha terminado. En agosto el escudo se trasladó del Centro Espacial Kennedy al Centro Marshall, en Huntsville. Allí se están extrayendo muestras y haciendo radiografías internas, y se compararán escaneos láser de la superficie anteriores y posteriores al vuelo para medir cuánto material se perdió por ablación. Mientras, el escudo de Artemisa III, que debe volar el año que viene, incorpora un diseño diferente que evitará la acumulación de gases, aunque justo esta misión irá a órbita baja y no pondrá a prueba el nuevo diseño a velocidad de escape, algo que no sucederá hasta que Artemisa IV regrese de la Luna en 2028.



