Ahmakiq Undae: los campos de dunas de hidrocarburos de Titán que sobrevolará la sonda Dragonfly

Por Daniel Marín, el 21 septiembre, 2026. Categoría(s): Astronáutica • NASA • Saturno • Sistema Solar • Titán ✎ 71

Si todo sale bien, en 2034 la humanidad aterrizará por segunda vez en la superficie de un mundo del Sistema Solar exterior. En concreto, la sonda Dragonfly se posará en Ahmakiq Undae, un enorme campo de dunas situado en Titán, la mayor luna de Saturno. Dragonfly será la primera aeronave que vuele más allá de la órbita de Marte. Dragonfly será el segundo artefacto humano que aterrice en Titán y, por extensión, en el Sistema Solar exterior. Recordemos que el primero fue la sonda europea Huygens, que descendió en la cercana región de Adiri el 14 de enero de 2005. Adiri es el nombre que recibe el paraíso en la mitología melanesia, mientras que Ahmakiq Undae es un nombre compuesto formado por undae, que es el término en latín que la Unión Astronómica Internacional (UAI) emplea para los campos de dunas de Titán, y Ahmakiq, una deidad de la mitología maya encargada de proteger las cosechas de los fuertes vientos.

Dragonfly volando sobre Titán (NASA/Johns Hopkins APL).

La UAI aprobó la nomenclatura de Ahmakiq Undae el pasado 13 de abril después de que fuera seleccionado por el equipo de Dragonfly a partir de una serie de nombres. La zona era simplemente conocida hasta entonces como el «campo de dunas situado al sur del cráter Selk». Precisamente, Ahmakiq Undae tiene un diámetro de unos 810 kilómetros y bordea por el sur al cráter Selk, que tiene un diámetro de 80 kilóm Mientras tanto, la sonda propiamente dicha ha comenzado a tomar forma y ya en julio se instaló la parte principal del cableado eléctrico en el interior del fuselaje (de unos 4 metros de longitud). El cableado de Dragonfly tendrá una longitud total de 5,3 kilómetros y tiene una masa de 45,4 kg. Será el encargado de distribuir la energía proveniente del generador de radioisótopos MMRTG (que generará 2 kilovatios térmicos al principio de la misión) desde y hacia la batería principal, de 136 kg y 11,3 kilovatios-hora.

Zona de Ahmakiq Undae en Titán, en la región de Shangri-La (NASA).
Elipse de aterrizaje en Ahmakiq Undae, cerca del cráter Selk (NASA).
Tipos de terreno en Titán y las zonas de aterrizaje de Huygens y Dragonfly (NASA).

Debido a las bajísimas temperaturas de Titán (unos –179 °C) y a la presencia de una atmósfera densa que conduce eficientemente el calor —a diferencia del vacío de la Luna o la tenue atmósfera de Marte—, el control de la temperatura de Dragonfly es uno de los aspectos más inusuales y complejos de la misión. Al fin y al cabo, la atmósfera es cuatro veces más densa que la terrestre, pero debido a la menor gravedad (0,14 g), la presión superficial es solo 1,5 veces la de la Tierra. Además, recordemos que las noches en Titán duran 8 días terrestres seguidos (la temperatura apenas cambia entre el día y la noche, pero evidentemente de noche no podrá volar). Para mantener la temperatura bajo control —a unos 0 ºC— se usará un sistema calefactor mediante fluido —usará freón-11, un CFC actualmente prohibido en electrodomésticos por su impacto en la capa de ozono— que distribuirá el calor del MMRTG y una capa exterior de espuma aislante de 5 centímetros de espesor. La espuma está hecha de un material denominado Rohacell 31, mientras que el fluido será el compuesto CFCl3 (fluortriclorometano), también llamado CFC-11.

Sistema de control de temperatura de Dragonfly (NASA/Johns Hopkins APL).
Al operar en una atmósfera más densa y fría, el MMRTG de Dragonfly no necesita aletas de refrigeración tan grandes (NASA).

Ahmakiq Undae es un campo de dunas, que en el visible destaca por su tonalidad oscura, situado en la región de Shangri-La. Titán presenta unos enormes campos de dunas situados en las regiones cercanas al ecuador, entre las latitudes 30º norte y 30º sur que ocupan entre el 10% y el 15% de la superficie de este satélite. Junto con las zonas cubiertas de «arena», el 18% de la superficie de Titán está formada por estos desiertos. No obstante, las dunas de Titán no están compuestas de arena procedente de materiales rocosos como cuarzo o feldespato, como en la Tierra, sino por aglomeraciones de sustancias orgánicas. Las características precisas de estas dunas de hidrocarburos son todo un misterio y uno de los objetivos de Dragonfly. Lo que sí sabemos es que en Titán se combinan sustancias orgánicas y agua, pues la corteza de la luna está hecha de hielo. La razón de enviar a Dragonfly cerca del cráter Selk es precisamente porque se cree que el impacto que creó el cráter también generó agua líquida, agua que se combinó con las sustancias orgánicas de la superficie.

Estructura de Dragonfly durante las pruebas de vibraciones (NASA/Johns Hopkins APL/Ed Whitman).
Detalle de la estructura de Dragonfly sin la cubierta térmica exterior (NASA/Johns Hopkins APL).
Instalación del cableado eléctrico dentro del fuselaje de Dragonfly (NASA/Johns Hopkins APL/Ed Whitman).

Para resolver los misterios de la química titánica, en principio similar a la química prebiótica terrestre, Dragonfly lleva dos taladros situados en los patines de aterrizaje de la sonda que forman parte del sistema DrACO (Drill for Acquisition of Complex Organics). Los taladros podrán perforar un máximo estimado de 50 agujeros hasta 6 centímetros de profundidad en la superficie y trasladarán las muestras al avanzado espectrómetro de masas DraMS (Dragonfly Mass Spectrometer), que dispone de capacidad para analizar hasta 40 muestras usando el espectrómetro GCMS (Gas Chromatograph Mass Spectrometer) y hasta 18 si se usa el espectrómetro y cromatógrafo LDMS (Laser Desorption Mass Spectrometer). Cada muestra tendrá un volumen de apenas 0,5 mililitros. El gran desafío de DrACO es evitar que las muestras aumenten su temperatura dentro de la sonda —está previsto que la temperatura apenas cambie 20 ºC—, un interior que estará a unos 200 ºC más caliente que la superficie. De esta forma, se evitará que el calor destruya las moléculas orgánicas complejas de Titán. En cada vuelo, Dragonfly se alejará hasta 14 kilómetros del lugar de despegue y regresará para aterrizar a 7 kilómetros de distancia. De esta forma, podrá ir reconociendo el terreno a medida que avanza.

Detalle del sistema de taladro y distribución de muestras DraCO (NASA).
Trayectoria de Dragonfly a Saturno, de tipo EGA (NASA).
Secuencia de entrada, descenso y aterrizaje (EDL) en Titán. Debido a la densa atmósfera de Titán, en vez de «los 7 minutos de terror» del EDL de las sondas de Marte, en Titán serán los «90 minutos de terror» (NASA/Johns Hopkins APL).

Sin duda, la principal «decepción» de Dragonfly es que no explorará los lagos y mares de metano-etano del hemisferio norte. El motivo es que para 2034 esa zona estará a oscuras, pues coincide con el invierno local. Una pena, sobre todo porque Dragonfly no es una misión precisamente barata (costará 3350 millones de dólares, a pesar de ser de tipo New Frontiers, o sea, de coste medio). La misión primaria de Dragonfly durará 3,3 años, aunque es muy probable que siga funcionando durante varios años más. Dragonfly debe despegar en el verano de 2028 mediante un Falcon Heavy de SpaceX y alcanzará Saturno tras sobrevolar la Tierra y realizar una maniobra de espacio profundo en el cinturón principal de asteroides. Si no hay contratiempos, en menos de diez años podremos ver los campos de dunas de Ahmakiq Undae desde el aire.

El fuselaje de Dragonfly (NASA/Johns Hopkins APL/Ed Whitman).
Dragonfly en la superficie de Titán (NASA/Johns Hopkins APL).
Dragonfly sobre los campos de dunas de Ahmakiq Undae (NASA/Johns Hopkins APL).


71 Comentarios

  1. Todavía me pasma que esta misión pasase de propuesta visionaria en mesa de dibujo. Creo que es la misión espacial que afronta más dificultades técnicas de toda la historia de las misiones espaciales. O sea, la que con mayor probabilidad puede fracasar. Razón suficiente para que Don Sueltapasta allá en los Estados Juntitos la hubiese archivado en el Cajón de Estos-tíos-están-locos.
    Pero no, les soltó un cheque por 3350 M$.
    Y entretanto, mis muestras de Marte, en canutos tirados por el suelo.
    Y mi Urano, allí solo, sin nadie que vaya a verle.

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