La cápsula (SA, Spuskaemi Apparat) de la Soyuz MS-07 (11F732 Nº 737 o 53S para la NASA) aterrizó el 3 de junio de 2018 a las 12:39 UTC cerca de Dzhezkazgan, en Kazajistán, con los cosmonautas Antón Shkaplerov (Roscosmos), Scott Tingle (NASA) y Norishige Kanai (JAXA), miembros de la Expedición 55 de la ISS. Los tres terminan así una misión de 168 días de duración (2.688 órbitas), 166 de los cuales los han pasado a bordo de la estación espacial. La Soyuz MS-07 fue lanzada el 17 de diciembre de 2017 y dos días después se acopló con el módulo Rassvet del segmento ruso de la ISS, donde permaneció hasta hoy. La MS-07 se separó de este módulo a las 09:16 UTC del 3 de junio y el motor SKD de la nave se encendió a las 11:47 UTC para frenar la velocidad orbital y permitir el regreso a casa.

Aterrizaje de la Soyuz MS-07 (NASA).
Aterrizaje de la Soyuz MS-07 (NASA).

Tras esta misión Shkaplerov acumula ya 532 días en el espacio, después de realizar un total de tres vuelos espaciales. Durante su estancia Shkaplerov también ha realizado un paseo espacial, el segundo de su carrera, con una duración de 8 horas y 13 minutos (un récord para Roscosmos). Para Tingle y Kanai este ha sido su primer vuelo espacial. Tingle llevó a cabo un paseo espacial de 7 horas y 24 minutos, mientras que Kanai realizó otro de 5 horas y 57 minutos. En estos 168 días los tres cosmonautas han supervisado el acoplamiento de las naves de carga Dragon SpX-14, Progress MS-08 (69P) y Cygnus OA-9, así como la nave tripulada Soyuz MS-08.

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La mayor parte de los casi cuatro mil planetas extrasolares que conocemos son supertierras y minineptunos, dos tipos de mundos que no existen en nuestro sistema solar. Las supertierras son, como su nombre indica, planetas rocosos más grandes que nuestro planeta (con un radio comprendido entre uno y dos veces el terrestre). Este tipo de exoplaneta bien podría ser el más idóneo para albergar vida a lo largo y ancho de la Galaxia. Las supertierras tienen una mayor gravedad y, probablemente, una mayor actividad volcánica a lo largo del tiempo, lo que permitiría mantener una atmósfera densa durante eones. La actividad interna más intensa también se traduciría en una tectónica de placas más longeva y en un campo magnético más intenso, lo que ayudaría a preservar la habitabilidad del planeta por mucho tiempo. Por estos motivos se suele clasificar estos mundos como superhabitables. Pero, desde el punto de vista de una civilización tecnológica, ¿son las supertierras las más idóneas para alcanzar el espacio?

Recreación artística de una supertierra (NASA/Ames/JPL-Caltech).
Recreación artística de una supertierra (NASA/Ames/JPL-Caltech).

Michael Hippke ha analizado este problema en un reciente artículo y lo cierto es es que los «superterrestres» lo tendrían bastante crudo para alcanzar el espacio. Para entender la cuestión necesitamos conocer dos fórmulas muy famosas. La primera es la que nos da el cálculo de la velocidad de escape de un mundo, una sencilla fórmula que se deriva de la expresión de la energía potencial gravitatoria y la conservación de la energía mecánica. Esta formulita nos dice que velocidad mínima tenemos que alcanzar para dejar atrás el pozo gravitatorio de un cuerpo celeste si queremos explorar lo que hay más allá.

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Cuando la sonda New Horizons pasó por Plutón en julio de 2015 nos descubrió un mundo complejo y repleto de características llamativas que nadie creía posible en un mundo tan pequeño. Sin duda el gran descubrimiento fue Sputnik Planitia, el mayor glaciar del sistema solar. Compuesto principalmente por hielo de nitrógeno, Sputnik Planitia es inusualmente joven y destaca por sus estructuras poligonales de varios kilómetros de ancho y sus simas misteriosas de cien metros de profundidad. Ahora debemos añadir una nueva característica: dunas. Sí, como lo oyen, hay dunas en el cinturón de Kuiper. Naturalmente, debido a las gélidas temperaturas de Plutón —unos -230º C—, las dunas no están formadas por arena, sino por hielo de metano. Plutón se convierte así en el sexto mundo del sistema solar que sabemos que posee dunas después de Venus, la Tierra, Marte, Titán y el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.

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Las ondulaciones en la parte de abajo pueden ser dunas de metano sobre el glaciar Sputnik Planitia de Plutón (Telfer et al.).

Pero un momento. Una duna no es solo una acumulación de partículas sólidas de pequeño tamaño con una forma particular. Para que estemos ante una duna propiamente dicha necesitamos viento. En el caso de Venus, la Tierra, Marte y Titán está claro que tienen atmósfera suficientemente densas para permitir la acción eólica. El caso del cometa 67P el fenómeno es más exótico y el “viento” está formado en realidad por el vapor generado por el hielo sublimado cuando el núcleo se acerca el Sol. Pero, ¿y Plutón?

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En diciembre de 2016 la agencia espacial europea (ESA) canceló la misión AIM para estudiar el asteroide Didymos después de que la cumbre de ministros de los países miembros de la agencia no dieran luz verde al proyecto. AIM (Asteroid Impact Mission) debía haber sido la contribución europea a la misión AIDA (Asteroid Impact and Deflection Assessment), realizada conjuntamente con la NASA. Estados Unidos iba a participar con la sonda DART (Double Asteroid Redirection Test), que chocaría contra la luna del asteroide binario Didymos —conocida como Didymoon—, mientras que AIM estudiaría el sistema en detalle y contemplaría el choque de primera mano. La misión DART de la NASA sigue adelante, pero su retorno científico se ha visto seriamente comprometido por la cancelación de AIM. Por su parte, la ESA lleva muchos años intentando desarrollar una sonda para estudiar un asteroide cercano, pero sin éxito. De hecho AIDA era una versión modesta del proyecto Don Quijote propuesto por la agencia a principios de siglo, una misión que sería descartada a comienzos de esta década por motivos presupuestarios.

Sonda Hera, la reencarnación de AIM (ESA).
Diseño actual de la sonda Hera, la reencarnación de AIM (ESA).

AIM también fue cancelada por culpa de su coste, de ahí que la ESA haya intentado reducir el coste de la misión para ver si en esta ocasión hay más suerte. Inicialmente denominada AIM-Lite o AIM-D2 (Asteroid Impact Mission – Deflection Demonstration), ahora la propuesta ha sido bautizada como Hera (no confundir con otra propuesta europea del mismo nombre para estudiar Saturno). Hera tiene una masa de 640 kg y, de ser aprobada, sería lanzada en octubre de 2023 u octubre de 2024, aunque no se descarta un posible despegue en 2022 si el desarrollo es excepcionalmente rápido. En el primer caso realizaría un sobrevuelo de la Tierra un año más tarde, pero en el segundo no haría falta. En ambos casos la sonda llegaría a Didymos en el verano de 2026, cuatro años después de lo previsto con respecto a los planes originales de AIM.

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¡Atentos, que ya ha despegado el programa 53 de Radio Skylab! El primer tema de esta semana es la misión Mars InSight de la NASA y otras agencias espaciales que llegará en unos meses a Marte. En la segunda parte, hablamos del asteroide anti-sistema que gira en sincronía con Júpiter. No faltan a la cita las preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y nuevos contenidos en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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El satélite DSCOVR de la NASA es una verdadera maravilla de nuestro tiempo que, desgraciadamente, pasa desapercibida para la mayor parte del público. Gracias a su épica cámara EPIC podemos ver imágenes del hemisferio iluminado de la Tierra desde 1,5 millones de kilómetros de distancia. Desde este punto aventajado —en realidad está en una órbita de halo alrededor del punto de Lagrange L1 del sistema Tierra-Sol (SEL-1)— somos capaces de contemplar nuestro planeta como si estuviéramos allí (también hay imágenes parecidas tomadas en el espectro visible por algunos satélites geoestacionarios, pero siempre muestran el mismo hemisferio). Pero además de regalarnos imágenes espectaculares, DSCOVR nos ofrece la posibilidad de estudiar cómo se comporta un planeta terrestre habitable —y habitado— desde la lejanía. O lo que es lo mismo, podemos usar la Tierra como si fuera un exoplaneta para que cuando encontremos un mundo similar al nuestro sepamos qué buscar.

La Tierra vista por DSCOVR el 27 de mayo (NASA/EPIC).
La Tierra vista por DSCOVR el 27 de mayo de 2018 (NASA/EPIC).

Por ahora no somos capaces de ver directamente planetas de tipo terrestre situados en su zona habitable —o sea, exotierras—, pero en el futuro podremos contemplar estos exoplanetas como píxeles independientes. ¿Qué conclusiones podemos sacar a partir de un único punto de luz? Pues muchas. Por ejemplo, su cobertura nubosa, el periodo de rotación y su composición, aunque sea de forma rudimentaria. Si empleamos los datos de DSCOVR y reducimos las imágenes a un solo punto, el siguiente paso es aplicar análisis de Fourier para descubrir patrones cíclicos. Lo primero que averiguamos es el periodo de rotación del planeta y el de traslación alrededor del Sol simplemente viendo los cambios recurrentes en la iluminación. Pero también se puede inferir que existen cambios periódicos provocados por las nubes, estaciones y las diferencias entre los océanos y los continentes. Obviamente en el caso de la Tierra las nubes están formadas por agua, pero usando esta técnica también se podrían detectar nubes de amoniaco o de metano, por ejemplo.

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Otro de los moonwalkers que se nos va. En esta ocasión nos dice adiós Alan Bean, el cuarto ser humano en pisar la Luna durante la misión Apolo 12. Bean ha fallecido el 26 de mayo a la edad de 86 años. Tras su muerte ya han fallecido todos los miembros de esta misión. Bean entró en la NASA en 1963 como miembro del tercer grupo de astronautas de la agencia. Primero fue asignado al programa Gémini, aunque no llegó a volar en ninguna misión. Posteriormente fue trasladado al AAP (Apollo Applications Program), un programa cajón de sastre que incluía varios proyectos, entre los cuales estaba la que sería la primera estación espacial estadounidense, el Skylab. Bean no tenía muchas posibilidades de participar en las primeras misiones de alunizaje Apolo, pero en 1967 la repentina muerte del astronauta Clifton Williams en un accidente aéreo catapultó a Bean hasta el puesto de piloto del módulo lunar del Apolo 12 por deseo expreso del comandante Pete Conrad.

Alan Bean, el astronauta pintor (NASA).
Alan Bean, el astronauta pintor (NASA).

En el Apolo 12 Bean estuvo diez días en el espacio, junto con Conrad y Dick Gordon. La tripulación del Apolo 12 demostró que el éxito del Apolo 11 no había sido un caso aislado. Hoy nos puede parecer increíble, pero solo cuatro meses después de que Armstrong y Aldrin caminasen por el Mar de la Tranquilidad, Conrad y Bean hicieron lo propio en el Océano de las Tormentas. Y eso que casi no logran salir de la Tierra por culpa de un rayo que alcanzó el Saturno V durante el despegue. El rayo dejó fuera de servicio el sistema de guiado del módulo de mando Apolo, pero por suerte Wernher von Braun se había empeñado en que el gran cohete dispusiese de su propio sistema de guiado independiente (la IU) y la misión logró alcanzar la órbita baja, aunque nadie sabía si los paracaídas habían quedado inservibles a raíz del incidente. Bean jugó un papel clave en el incidente cuando, justo después del impacto del rayo, la nave CSM Yankee Clipper perdió las tres células de combustible momentáneamente. Houston ordenó apretar el interruptor para «cambiar de SCE a auxiliar», pero Conrad no sabía de qué se trataba (su función era conectar el sistema que alimentaba las células de combustible a una fuente auxiliar). Bean se acordó y gracias a su rápida intervención se salvó la misión.

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Es una de las tres naves tripuladas estadounidenses que debutarán en los próximos años, pero hasta ahora habíamos visto muy pocos detalles. Hablamos de la Dragon 2 de SpaceX, también conocida como Dragon V2 o Crew Dragon, la nave espacial que llevará astronautas de la NASA hasta la estación espacial internacional (ISS) junto a la CST-100 Starliner de Boeing a partir del año que viene. Recientemente Elon Musk publicó en sus redes sociales una imagen de la Dragon 2 que realizará el primer vuelo de prueba sin tripulación a la ISS en la misión SpX-Demo1 (DM-1). Señoras y señores, con ustedes la Dragon 2:

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Nave DM-1 Dragon 2 durante una prueba para interferencias electromagnéticas. Antes del lanzamiento se deben cubrir la mayoría de orificios con material térmico protector (SpaceX).

Por fin vemos una cápsula Dragon 2 de verdad y no un simple modelo o versión simplificada. Esta nave, la DM-1, debe volar el próximo agosto, aunque lo más probable es que la misión sufra algún retraso. La Dragon 2 ha recorrido un largo camino desde que a finales de la pasada década se presentó como una versión tripulada de la Dragon de carga. En un principio SpaceX quiso realizar el menor número de cambios posibles para llevar tripulación. El principal cambio con respecto a la versión de carga fue la introducción de propulsores hipergólicos SuperDraco que debían servir al mismo tiempo como sistema de emergencia durante el lanzamiento y para llevar a cabo aterrizajes propulsados.

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En 2017 el descubrimiento del primer asteroide interestelar 1I/ ʻOumuamua nos enseñó que, de tanto en cuanto, nuestro sistema solar recibe la visita de objetos procedentes de otras estrellas. ʻOumuamua se fue para no volver, pero quizás dentro de muy poco volvamos a contemplar un asteroide similar procedente del medio interestelar. ʻOumuamua demostró que, por asombroso que parezca, no hace falta viajar años luz para estudiar cuerpos que se formaron alrededor de otros soles. Pero, ¿y si ya hubiese asteroides del espacio interestelar muy cerca de nosotros desde que se formó el sistema solar? Parece el argumento de una novela de ciencia ficción, pero eso es precisamente lo que proponen los astrónomos Fathi Namouni y Helena Morais, que creen haber descubierto un asteroide con estas características. El protagonista ha recibido el bonito nombre de 2015 BZ509 y es un asteroide situado a 770 millones de kilómetros del Sol —con una órbita inclinada 163º con respecto a la eclíptica y una excentricidad de 0,38— que fue descubierto en noviembre de 2014 desde el observatorio Haleakalā en Hawái.

2015 BZ509: ¿un asteroide interestelar? ( C. Veillet / Large Binocular Telescope Observatory).
2015 BZ509: ¿un asteroide interestelar? ( C. Veillet / Large Binocular Telescope Observatory).

Pero, ¿cómo sabemos que se trata de un asteroide procedente de otro sistema estelar? Al fin y al cabo, afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. La primera característica es que 2015 BZ509 es un asteroide que orbita de forma retrógrada alrededor del Sol. Es decir, gira en sentido contrario al resto de la mayoría de cuerpos del sistema solar. Pero cuidado, porque este dato en sí no es nada especialmente extraño. Ciertamente hay bastantes menos asteroides retrógrados que cometas, pero no son pocos. Hasta ahora hay descubiertos cerca de 95, y eso no significa que los astrónomos piensen que en nuestro sistema solar hay 95 ‘intrusos’ interestelares.

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China ha lanzado el día 20 de mayo de 2018 a las 21:25 UTC su quinta sonda espacial rumbo a la Luna. Sin embargo, esta nave, bautizada como Queqiao (“鹊桥”号中继星), es muy distinta a las demás. Porque Queqiao no estudiará la Luna en sí, sino que servirá como satélite retransmisor para la próxima sonda lunar Chang’e 4, una misión que debe aterrizar en la cara oculta de la Luna a finales de este año. Obviamente, desde la cara oculta no se puede ver la Tierra, por lo que las comunicaciones con la Chang’e 4 serían imposibles si no se lanza primero un satélite como Queqiao.

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Queqiao antes del lanzamiento con la antena plegada (Xinhua).

La sonda Chang’e 4 será el primer artefacto humano que se pose en la cara oculta de la Luna y Queqiao será por tanto el primer satélite dedicado a retransmitir datos de una misión de este tipo. Para ello estará situado en una órbita de halo alrededor del punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Luna (EML-2), situado a unos 64.500 kilómetros sobre la cara oculta de nuestro satélite. El lanzamiento de Queqiao tuvo lugar desde la rampa LC-3 del centro espacial de Xichang, situado en medio del país. Queqiao solo tiene una masa de 425 kg, por lo que se ha usado un lanzador relativamente pequeño, el Larga Marcha CZ-4C (número de serie Y27). El 25 de mayo Queqiao realizará un sobrevuelo lunar a cien kilómetros de distancia de la Luna para alcanzar la órbita de halo alrededor del EML-2, con un diámetro de 13.000 kilómetros, entre 8 y 9 días después del lanzamiento.

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