¿Preparados para entrar en órbita? El programa 56 ya está en la rampa de lanzamiento.

En este programa hablamos sobre cómo ser astronauta: requisitos físicos, formación y pruebas a pasar en la selección para viajar al espacio. Además de las secciones de retroalimentación y recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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Los géiseres del polo sur de Encélado expulsan al exterior vapor de agua y partículas directamente procedentes del océano global que esta pequeña luna alberga en su interior… además de macromoléculas orgánicas. Esa es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores liderados por Frank Postberg y Nozair Khawaja, de la Universidad de Heidelberg, tras analizar nuevamente los datos de dos de los instrumentos de la difunta sonda Cassini de la NASA. La primera pregunta que nos podemos hacer es, ¿qué tipos de sustancias se han encontrado? La segunda, ¿qué implicaciones tiene este descubrimiento?

Los géiseres del hemisferio sur de Encélado (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute).

Antes de nada debemos saber que la sonda Cassini no iba equipada con instrumentos avanzados capaces de identificar la composición de los géiseres en detalle. Nadie esperaba encontrar alrededor de Saturno una pequeña luna que vierte al espacio partículas procedentes de un océano interior. Lo que sí podía hacer era estimar la masa molecular de moléculas complejas mediante espectrómetros de masas. Los dos instrumentos eran el detector CDA (Cosmic Dust Analyzer), centrado en iones, y el espectrómetro de masas INMS (Ion and Neutral Mass Spectrometer), especializado en el estudio de moléculas neutras. Análisis previos de los datos del instrumento CDA habían mostrado que los chorros de Encélado y el anillo E —formado por partículas provenientes de los géiseres— contienen un 25% de sustancias orgánicas simples, aunque esto en sí no significa nada. Recordemos que «sustancias orgánicas» es simplemente un sinónimo de compuestos del carbono, y los hidrocarburos simples y sus derivados (metano, etano, etc.) son muy comunes en el sistema solar.

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La NASA sigue adelante con sus planes para construir la Plataforma Orbital Lunar Gateway o LOP-G (Lunar Orbital Platform Gateway). Aunque todavía no se ha aprobado formalmente, la agencia espacial ha publicado hace poco una solicitud para que la industria privada envíe propuestas de diseño del primer elemento de la Gateway, el módulo PPE (Power and Propulsion Element). En los últimos meses el diseño del estación ha continuado evolucionando y ahora incorpora más módulos de los inicialmente previstos, la mayoría de ellos suministrados por otros países. De este modo, la plataforma Gateway —antes conocida como Deep Space Gateway— se perfila como la próxima estación espacial internacional, pero estará ubicada en órbita lunar en vez de alrededor de la Tierra.

Diseño actual de la estación lunar LOP-Gateway (NASA).

En su última iteración Gateway cuenta con seis módulos permanentes. El primero será, como ya hemos señalado, el PPE. Este módulo contará con dos grandes paneles solares y se encargará del suministro eléctrico, así como de las maniobras propulsivas gracias a un sistema de propulsión eléctrico con motores a base de xenón y otro con motores hipergólicos convencionales. En principio el PPE, con una masa cercana a las ocho toneladas, debía ser lanzado mediante el cohete gigante de la NASA SLS Block 1B durante la misión EM-2 (Exploration Mission 2), la primera tripulada del programa SLS/Orión. Sin embargo, ante los continuados retrasos del programa, la NASA está estudiando la posibilidad de lanzarlo mediante un lanzador comercial como el Falcon Heavy. En cualquier caso el PPE debería despegar en 2022 y luego viajaría hasta la Luna hasta quedar situado en una órbita lunar de tipo NRHO (Near-Rectilinear Halo Orbit).

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En el reducido género de películas dedicadas a la historia de la astronáutica podemos identificar dos tipos. Uno es el de las producciones que intentan ser fieles a la realidad, aunque con las simplificaciones y dramatizaciones obvias del lenguaje cinematográfico. En esta primera categoría podemos incluir Apolo 13, Elegidos para la gloria, Gagarin: el primero en el espacio o El tiempo de los primeros. El segundo tipo son aquellas películas donde priman los aspectos de ficción sobre la realidad y, de hecho, el resultado final poco tiene que ver con lo que ocurrió originalmente. Aquí podemos meter a Salyut 7 (2017), una película rusa dirigida por Klim Shipenko distribuida en España con el nombre Salyut 7: Héroes en el espacio. No les voy a engañar. Cuando vi el tráiler de Salyut 7 me ilusioné muchísimo pensando que iba a ser una producción del estilo de Gagarin o El tiempo de los primeros. Por fin íbamos a ver una producción con las estaciones espaciales Salyut como protagonista. Lamentablemente, el resultado dista mucho de lo esperado. No es exactamente malo, sino digamos, «diferente».

El cartel ya pinta mal desde el punto de vista del respeto a la historia (Telekanal Rossiya).

El programa Salyut/Almaz tuvo momentos dramáticos y tensos, pero la mayoría de misiones fueron bastante «aburridas» para llevarlas al cine. No así la Soyuz T-13. En junio de 1985 Vladímir Dzhanibékov y Víktor Savinij resucitaron la Salyut 7 (DOS-6) después de que el centro de control de vuelos (TsUP) hubiese perdido el control del vehículo. La misión de la Soyuz T-13 fue un hito de la cosmonáutica y tuvo sus momentos peliagudos. A veces se la denomina el «Apolo 13 soviético», aunque realmente la vida de la tripulación nunca estuvo realmente en peligro y sería más lógico compararla con la misión estadounidense Skylab 2. Pero, en todo caso, es una buena historia que merece la pena ser contada. ¿Y qué tal lo ha hecho Salyut 7?

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¿Estás preparado para escuchar el programa 55 de Radio Skylab? 3, 2, 1…

En esta ocasión miramos hacia oriente para hablar de la exploración espacial y la mitología celeste asiática. El primer tema que tratamos es el programa de sondas lunares chinas. Y a continuación hablamos del cielo boreal de verano y la historia de La noche de los sietes, que da pie a la festividad japonesa de las estrellas (Tanabata). Más las preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y sugerencias de nuevos contenidos en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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Este artículo apareció originalmente en Vozpópuli.

El pasado 18 de junio el presidente Trump saltó a los medios por su decisión de crear una Fuerza Espacial con el fin de garantizar «el domino de EEUU en el espacio». Ante esta noticia es inevitable que a muchos les venga a la cabeza la imagen de marines espaciales combatiendo contra xenomorfos, pero la realidad es, obviamente, más prosaica y es poco probable que veamos cambios significativos a corto y medio plazo. De hecho, es posible que la propuesta se quede en eso, una simple propuesta.

Sede del JICSpOC situado en la base Schriever para coordinar operaciones entre el USTRATCOM, el Space Command de la USAF y la NRO (www.defense.gov).

Para empezar conviene señalar que Estados Unidos ya mantiene un vigoroso programa espacial militar. Sin ir más lejos, en 2019 el Pentágono dispondrá de 9.300 millones de dólares para sus distintos proyectos espaciales, incluyendo programas clasificados. Para que nos hagamos una idea, esta cifra es aproximadamente la mitad del presupuesto anual de la NASA. La mayor parte del presupuesto militar espacial está gestionado por la Fuerza Aérea (USAF), que también controla los dos principales centros de lanzamiento del país: la base de Cabo Cañaveral (Florida) y la base de Vandenberg (California). (El Centro Espacial Kennedy está bajo control de la NASA).

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No todos los días podemos asistir al descubrimiento en directo de un nuevo mundo. Sigue siendo un proceso fascinante, aunque en este caso se trate de un mundo tan minúsculo como el asteroide 162173 Ryugu, de apenas 900 metros de diámetro. Y todo gracias a la sonda japonesa Hayabusa 2, que está en la etapa final de aproximación a Ryugu. Hoy mismo la nave se encuentra a menos de 150 kilómetros de su objetivo y por primera vez podemos ver detalles de su hasta ahora desconocida superficie. Pero Hayabusa 2 no solo nos mostrará los detalles de un nuevo asteroide, sino que además traerá a la Tierra muestras del mismo. Con un poquito de suerte, a finales de 2020 podremos tener un pedazo de Ryugu entre nosotros.

Ryugu visto por Hayabusa 2 el 17 de junio de 2018 (JAXA/Roman Tkachenko).

Hayabusa 2 (はやぶさ2) fue lanzada el 3 de diciembre de 2014 con el objetivo de repetir y mejorar la hazaña de su predecesora, la sonda Hayabusa, que en junio de 2010 se convirtió en la primera nave espacial que trajo a la Tierra una muestra de un asteroide. Desgraciadamente, tras diversas peripecias, Hayabusa solo pudo recolectar unas 1.500 partículas del asteroide Itokawa. Por contra, se espera que Hayabusa 2 traiga una cantidad de muestras de Ryugu que al menos se pueda ver a simple vista sin necesidad de microscopio. Para llegar hasta Ryugu, un asteroide cercano (NEO) de tipo Apolo también conocido como 1999 JU3, Hayabusa 2 ha tenido que usar su sistema de propulsión iónico y una asistencia gravitatoria de la Tierra. El sobrevuelo de nuestro planeta se llevó a cabo el 3 de diciembre de 2015 y le permitió a la sonda cambiar la inclinación del plano de su órbita para que coincidiese con la del del asteroide (el tipo de maniobra más costosa que hay en términos energéticos).

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A veces me pregunto qué se sentiría al volar sobre la superficie de Marte. Aunque han existido proyectos para mandar aviones y globos al planeta rojo, como por ejemplo el ARES (Aerial Regional-scale Environmental Survey) del Centro Langley de la NASA, ninguno ha salido adelante. El riesgo de una misión de este tipo es demasiado alto y su retorno científico sería demasiado escaso para justificar su desarrollo. Pero no hace falta que mandemos aviones al planeta vecino. Hace años que podemos volar por los cielos de Marte de forma virtual gracias a la potente cámara HiRISE a bordo de la sonda MRO (Mars Reconnaissance Orbiter) de la NASA. En concreto, de la mano de los DTM (Digital Terrain Models) de HiRISE cualquiera con habilidad y tiempo puede dedicarse a manipular los datos para producir simulaciones ultrarrealistas de la superficie marciana. Esto no es ninguna novedad, pero hay una gran diferencia entre crear un simple modelo y una simulación de calidad que te transporte hasta Marte. Y si hay alguien bueno en esto, sin duda ese es Seán Doran. Su último vídeo me ha dejado con la boca abierta. Háganse un favor y dediquen varios minutos a verlo (varias veces):

Espectacular. El vídeo no tiene música, pero casi mejor: es una magnífica excusa para que cada uno ponga su melodía favorita y se deje llevar hasta sentir que estamos en la cabina de una aeronave que vuela por Marte. La región que vemos en el vídeo es Gorgonum Chaos, una llamativa zona situada en el hemisferio sur del planeta (a unos 1.500 kilómetros del cráter Gusev que exploró Spirit) y que se caracteriza por su tortuoso paisaje repleto de colinas fragmentadas (de ahí viene lo de chaos).

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Sí, el título es tan extraño como parece. El 20 de mayo de 2018 China lanzó el satélite Quèqiáo (“鹊桥”号中继星) a la Luna para transmitir los datos de la futura sonda Chang’e 4, que dentro de unos meses alunizará en la cara oculta. Pero junto con Quèqiáo también despegaron dos pequeños satélites de apenas 47 kg cada uno, los primeros de estas dimensiones que China lanza a nuestro satélite. Los microsatélites se denominan Lóngjiāng 1 y 2 (龙江一号 y 龙江二号) o DSLWP A y B (Discovering the Sky at Longest Wavelengths Pathfinder), aunque a veces también se les llama ‘los satélites gemelos Lóngjiāng’ (龙江双星). Lamentablemente, el Lóngjiāng 1 sufrió una anomalía de naturaleza indeterminada después de abandonar la gravedad terrestre y no pudo llegar a la Luna. No obstante, el Lóngjiāng 2 (DSLWP B o DSLWP A2) sí lo logró y el 25 de mayo se situó en una órbita elíptica alrededor de nuestro satélite de 300 x 9.000 kilómetros.

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La Tierra vista desde la Luna por la cámara saudí del Longjiang 2. Por supuesto, la península arábiga ocupa el centro de la imagen (Xinhua).

El Lóngjiāng 2 lleva tres pares de antenas perpendiculares para llevar a cabo experimentos de radioastronomía de muy larga longitud de onda (1 a 30 MHz) usando la Luna como escudo contra las interferencias de radio terrestres, pero sin duda la carga más exótica es una minicámara a color desarrollada por el centro KACST (King Abdulaziz City for Science and Technology) de Arabia Saudí. Y gracias a esta cámara hemos podido contemplar la Tierra desde la Luna. Este tipo de imágenes no tiene ningún valor científico y no son especialmente novedosas, pero qué quieren que les diga, a mí me siguen pareciendo fascinantes.

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Todo listo para el programa número 54 de Radio Skylab. La primera parte de esta semana toca una noticia de actualidad: el descubrimiento de material orgánico en Marte por parte del explorador Mars Curiosity. En la segunda parte, jugamos con la Historia en una serie de juegos intelectuales bajo el título de ¿Qué pasaría si…?: ¿Qué pasaría si un asteroide no hubiera acabado con los dinosaurios? ¿Qué pasaría si la URSS hubiera llegado primero a la Luna? ¿Qué pasaría si la Tierra no tuviera Luna? ¿Qué pasaría si descubriésemos vida extraterrestre? Por supuesto, también respondemos a las preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y nuevas sugerencias en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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