No todos los días podemos asistir al descubrimiento en directo de un nuevo mundo. Sigue siendo un proceso fascinante, aunque en este caso se trate de un mundo tan minúsculo como el asteroide 162173 Ryugu, de apenas 900 metros de diámetro. Y todo gracias a la sonda japonesa Hayabusa 2, que está en la etapa final de aproximación a Ryugu. Hoy mismo la nave se encuentra a menos de 150 kilómetros de su objetivo y por primera vez podemos ver detalles de su hasta ahora desconocida superficie. Pero Hayabusa 2 no solo nos mostrará los detalles de un nuevo asteroide, sino que además traerá a la Tierra muestras del mismo. Con un poquito de suerte, a finales de 2020 podremos tener un pedazo de Ryugu entre nosotros.

Ryugu visto por Hayabusa 2 el 17 de junio de 2018 (JAXA/Roman Tkachenko).

Hayabusa 2 (はやぶさ2) fue lanzada el 3 de diciembre de 2014 con el objetivo de repetir y mejorar la hazaña de su predecesora, la sonda Hayabusa, que en junio de 2010 se convirtió en la primera nave espacial que trajo a la Tierra una muestra de un asteroide. Desgraciadamente, tras diversas peripecias, Hayabusa solo pudo recolectar unas 1.500 partículas del asteroide Itokawa. Por contra, se espera que Hayabusa 2 traiga una cantidad de muestras de Ryugu que al menos se pueda ver a simple vista sin necesidad de microscopio. Para llegar hasta Ryugu, un asteroide cercano (NEO) de tipo Apolo también conocido como 1999 JU3, Hayabusa 2 ha tenido que usar su sistema de propulsión iónico y una asistencia gravitatoria de la Tierra. El sobrevuelo de nuestro planeta se llevó a cabo el 3 de diciembre de 2015 y le permitió a la sonda cambiar la inclinación del plano de su órbita para que coincidiese con la del del asteroide (el tipo de maniobra más costosa que hay en términos energéticos).

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A veces me pregunto qué se sentiría al volar sobre la superficie de Marte. Aunque han existido proyectos para mandar aviones y globos al planeta rojo, como por ejemplo el ARES (Aerial Regional-scale Environmental Survey) del Centro Langley de la NASA, ninguno ha salido adelante. El riesgo de una misión de este tipo es demasiado alto y su retorno científico sería demasiado escaso para justificar su desarrollo. Pero no hace falta que mandemos aviones al planeta vecino. Hace años que podemos volar por los cielos de Marte de forma virtual gracias a la potente cámara HiRISE a bordo de la sonda MRO (Mars Reconnaissance Orbiter) de la NASA. En concreto, de la mano de los DTM (Digital Terrain Models) de HiRISE cualquiera con habilidad y tiempo puede dedicarse a manipular los datos para producir simulaciones ultrarrealistas de la superficie marciana. Esto no es ninguna novedad, pero hay una gran diferencia entre crear un simple modelo y una simulación de calidad que te transporte hasta Marte. Y si hay alguien bueno en esto, sin duda ese es Seán Doran. Su último vídeo me ha dejado con la boca abierta. Háganse un favor y dediquen varios minutos a verlo (varias veces):

Espectacular. El vídeo no tiene música, pero casi mejor: es una magnífica excusa para que cada uno ponga su melodía favorita y se deje llevar hasta sentir que estamos en la cabina de una aeronave que vuela por Marte. La región que vemos en el vídeo es Gorgonum Chaos, una llamativa zona situada en el hemisferio sur del planeta (a unos 1.500 kilómetros del cráter Gusev que exploró Spirit) y que se caracteriza por su tortuoso paisaje repleto de colinas fragmentadas (de ahí viene lo de chaos).

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Sí, el título es tan extraño como parece. El 20 de mayo de 2018 China lanzó el satélite Quèqiáo (“鹊桥”号中继星) a la Luna para transmitir los datos de la futura sonda Chang’e 4, que dentro de unos meses alunizará en la cara oculta. Pero junto con Quèqiáo también despegaron dos pequeños satélites de apenas 47 kg cada uno, los primeros de estas dimensiones que China lanza a nuestro satélite. Los microsatélites se denominan Lóngjiāng 1 y 2 (龙江一号 y 龙江二号) o DSLWP A y B (Discovering the Sky at Longest Wavelengths Pathfinder), aunque a veces también se les llama ‘los satélites gemelos Lóngjiāng’ (龙江双星). Lamentablemente, el Lóngjiāng 1 sufrió una anomalía de naturaleza indeterminada después de abandonar la gravedad terrestre y no pudo llegar a la Luna. No obstante, el Lóngjiāng 2 (DSLWP B o DSLWP A2) sí lo logró y el 25 de mayo se situó en una órbita elíptica alrededor de nuestro satélite de 300 x 9.000 kilómetros.

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La Tierra vista desde la Luna por la cámara saudí del Longjiang 2. Por supuesto, la península arábiga ocupa el centro de la imagen (Xinhua).

El Lóngjiāng 2 lleva tres pares de antenas perpendiculares para llevar a cabo experimentos de radioastronomía de muy larga longitud de onda (1 a 30 MHz) usando la Luna como escudo contra las interferencias de radio terrestres, pero sin duda la carga más exótica es una minicámara a color desarrollada por el centro KACST (King Abdulaziz City for Science and Technology) de Arabia Saudí. Y gracias a esta cámara hemos podido contemplar la Tierra desde la Luna. Este tipo de imágenes no tiene ningún valor científico y no son especialmente novedosas, pero qué quieren que les diga, a mí me siguen pareciendo fascinantes.

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Todo listo para el programa número 54 de Radio Skylab. La primera parte de esta semana toca una noticia de actualidad: el descubrimiento de material orgánico en Marte por parte del explorador Mars Curiosity. En la segunda parte, jugamos con la Historia en una serie de juegos intelectuales bajo el título de ¿Qué pasaría si…?: ¿Qué pasaría si un asteroide no hubiera acabado con los dinosaurios? ¿Qué pasaría si la URSS hubiera llegado primero a la Luna? ¿Qué pasaría si la Tierra no tuviera Luna? ¿Qué pasaría si descubriésemos vida extraterrestre? Por supuesto, también respondemos a las preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y nuevas sugerencias en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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PLD Space comenzó el año de forma espectacular de la mano de un nuevo contrato con la agencia espacial europea (ESA). Y la buena racha continúa. La empresa ha cerrado una nueva ronda de inversión con nueve millones de euros adicionales gracias a la participación de la empresa Aciturri y JME Venture Capital, además de GMV y ALZIS, que previamente ya había invertido en la compañía. Eso significa que PLD Space prácticamente ha logrado doblar el dinero recaudado desde que se fundó en 2011 y ahora cuenta con 17 millones de euros. 7,1 millones de la nueva ronda es capital privado, mientras que 1,9 millones corresponde a inversión pública. Al mismo tiempo PLD Space ha presentado la guía de usuario de su primer lanzador, el Arion 1.

El lanzador suborbital Arion 1 (PLD Space).
El lanzador suborbital Arion 1 (PLD Space).

Para aquellos que no estén familiarizados con el tema conviene aclarar que la guía de usuario es un paso fundamental en la presentación de un cohete comercial. Significa que el diseño del lanzador está muy avanzado y que ya se puede ofertar en el mercado internacional. El Arion 1 es un lanzador suborbital de 12,5 metros de longitud y 0,7 metros de diámetro con una masa al lanzamiento de 2.550 kg. Puede lanzar 100 kg de carga útil hasta una altura de unos 150 kilómetros, lo que permite asegurar entre 3,7 y 4,7 minutos de microgravedad. El cohete despegará desde la base de El Arenosillo (Huelva), a cargo del INTA, en una trayectoria hacia el suroeste. El vuelo suborbital tendrá una duración de 12,5 minutos en total.

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El programa chino de exploración lunar —CLEP o Zhōngguó Tàn Yuè (中国探月) — va a ampliar sus objetivos con la introducción de un nuevo tipo de sondas que estudiarán el polo sur de la Luna. Recordemos que este programa solo tiene once años, pero sus progresos han sido espectaculares. En octubre de 2007 China lanzó la Chang’e 1, la primera sonda espacial del país asiático. La Chang’e 1 orbitó nuestro satélite durante 494 días hasta que se decidió estrellarla de forma controlada sobre la superficie lunar en marzo de 2009, no sin antes transmitir numerosos datos del relieve y la geografía selenita (sus ocho instrumentos generaron 1 TB de datos). En octubre de 2010 despegó la Chang’e 2, una versión mejorada de la Chang’e 1 que proporcionó imágenes en alta resolución de la superficie lunar, especialmente de la región de Sinus Iridium y el Mare Imbrium, el lugar de alunizaje de la Chang’e 3. La Chang’e 2 abandonó en junio de 2011 la órbita lunar para dirigirse al punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Sol, convirtiéndose en el primer satélite chino en alcanzar este punto, situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.

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Nueva sonda china para el estudio del polo sur de la Luna (CNSA).

Posteriormente abandonó la gravedad terrestre y en diciembre de 2012 sobrevoló el asteroide Toutatis en la que fue la primera misión interplanetaria china. Los siete instrumentos de la Chang’e 2 produjeron unos 3 TB de datos. Por fin, el 14 de diciembre de 2013 la sonda Chang’e 3 aterrizó suavemente en el Mare Imbrium con el rover Yutu. Los ocho instrumentos —cuatro en la sonda y otros cuatro en el rover— produjeron cerca de 2 TB de datos. Aunque Yutu sucumbió rápidamente a las fuertes diferencias de temperatura de la superficie lunar, la sonda Chang’e 3 todavía sigue funcionando. Este año China logrará otro hito con el lanzamiento de la Chang’e 4, que será la primera sonda que alunice en la cara oculta de la Luna (en el cráter Von Kármán, situado en la cuenca de impacto Aitken del hemisferio sur). La Chang’e 4 es una versión mejorada de la Chang’e 3 y también incorporará un rover para explorar la superficie.

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En 1958 una recién nacida NASA comenzó a buscar candidatos a astronauta para el proyecto Mercury. El Sputnik soviético había cogido a los Estados Unidos por sorpresa un año antes, pero ese fiasco no se volvería a repetir. La administración Eisenhower creó la NASA con el objetivo específico de poner el primer hombre en el espacio y recuperar así el prestigio de EEUU. Y sí, la palabra ‘hombre’ no es aquí sinónimo de ‘ser humano’, sino que, efectivamente, uno de los requisitos para entrar en el selecto grupo de los candidatos a astronauta era ser de sexo masculino. Cierto es que este criterio no aparecía recogido en las directrices de la NASA. No hacía falta. Todo el mundo lo daba por sentado. Solo los pilotos varones podían acumular el mínimo de 1.500 horas de vuelo en aviones militares de altas prestaciones que pedía la NASA.

Jerrie Cobb frente una cápsula Mercury en un reportaje de la revista LIFE (LIFE).
Jerrie Cobb frente una cápsula Mercury en un reportaje de la revista LIFE (Wikipedia).

La primera mujer estadounidense en el espacio, Sally Ride, no volaría hasta 1983, más de dos décadas después de crearse la NASA y el programa Mercury (Valentina Tereshkova fue la primera mujer en órbita en 1963). Pero Ride no fue la primera mujer de EEUU que intentó llegar al espacio. Entre 1959 y 1962 existió un grupo de mujeres conocido de forma informal como «Mercury 13» que probaron los límites de la sociedad de la época en cuanto a igualdad de derechos se refiere. Lamentablemente, nunca tuvieron ninguna oportunidad real de alcanzar la órbita.

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La segunda misión tripulada de este año ya ha llegado a la estación espacial internacional (ISS). El 6 de junio de 2018 a las 11:12 UTC despegó la Soyuz MS-09 (11F732A48 Nº 739 o 55S según la NASA) mediante un cohete Soyuz-FG desde la Rampa Número 5 (PU-5 o 17P32-5, Gagarinski Start o ‘Rampa de Gagarin’) del Área 1 del Cosmódromo de Baikonur. La tripulación estaba formada por Serguéi Prokopyev (Roscosmos), Alexander Gerst (Alemania/ESA) y Serena Auñón-Chancellor (NASA). Durante su estancia en la ISS Gerst llevará a cabo la misión Horizons a bordo de la ISS.

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Lanzamiento de la Soyuz MS-09 (NASA).

El 8 de junio a las 13:01 UTC la Soyuz MS-09 se acopló con el módulo Rassvet de la ISS y los tres tripulantes se unieron a Oleg Artemiev, Rick Arnold y Andrew Feustel, que ya estaban en la estación, como miembros de la Expedición 56. Gerst será comandante de la ISS durante la segunda parte de su misión (Expedición 57), por lo que se convertirá en el segundo astronauta de la ESA en ocupar este cargo después del belga Frank Winne en 2009. La tripulación de la Soyuz MS-09 debe permanecer 187 días en el espacio. Durante este tiempo realizarán cuatro paseos espaciales y supervisarán el acoplamiento de seis naves espaciales: una Progress, una Cygnus, dos Dragon y un HTV. El código de la tripulación (callsign) de la misión era Altái.

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Curiosity ha encontrado sustancias orgánicas preservadas en el lecho de un antiguo lago de Marte. Increíble, ¿pero qué significa? No, no significa que en Marte haya aparecido la vida necesariamente. ¿Entonces? Para entender esta pregunta preguntémonos primero cuál es el mayor misterio del planeta rojo. Primero fue la existencia de agua, o mejor dicho, hielo. Una vez que se determinó que Marte posee enormes reservas de hielo en el subsuelo, la prioridad fue determinar si había existido agua líquida de forma estable en el pasado (a la presión y las temperaturas del Marte actual el agua líquida no puede aguantar mucho tiempo en la superficie en forma líquida antes de congelarse o sublimarse). Los rovers Opportunity, Spirit y Curiosity, con ayuda de otras sondas en órbita, demostraron que, efectivamente, Marte había tenido en el pasado lagos y, quizás, mares. ¿Pero eran habitables? No estaba claro. Por ejemplo, en las primeras zonas estudiadas por Opportunity se determinó que el agua había tenido un marcado carácter ácido. Posteriormente Spirit y Opportunity encontraron pruebas de que habían existido masas de agua con un pH neutro. La siguiente cuestión era saber durante cuánto tiempo. No en vano unos pocos miles o cientos miles de años es mucho para un ser humano, pero geológicamente es algo anecdótico. Curiosity ha confirmado que en el cráter Gale existió un lago —o mejor dicho, varios lagos— durante al menos decenas de millones de años de forma continua. Un lago que además contenía agua con un pH neutro y una concentración salina no demasiado elevada. En definitiva, el Marte antiguo —no ya el primigenio— fue habitable. ¿Pero estuvo habitado?

Curiosity descubre sustancias orgánicas antiguas (NASA/JPL).
Curiosity descubre sustancias orgánicas antiguas en el cráter Gale (NASA/JPL).

Buscar una respuesta a esa pregunta es complicado. El primer paso consiste en buscar sustancias orgánicas. O sea, compuestos del carbono. Al fin y al cabo la vida en la Tierra se basa en el agua y en el carbono. Sabemos que agua hubo. Ahora hay que averiguar qué ha pasado con el carbono. Pero no es una tarea sencilla. Curiosity fue diseñado como un auténtico laboratorio móvil para suplir las carencias de Spirit y Opportunity. Sus dos instrumentos principales, ChemIn (Chemistry and Mineralogy X-Ray Diffraction) y SAM (Sample Analysis at Mars) son auténticas joyas de la miniaturización y suponen un salto cuántico en cuanto a prestaciones se refiere con respecto a las sondas anteriores. Nunca antes se habían enviado a Marte instrumentos tan sofisticados. Pero a pesar de todo tienen muchas limitaciones cuando se comparan con las capacidades de los laboratorios terrestres. Y, no, no están diseñados para buscar vida.

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A cambio de no cancelar el programa del telescopio espacial James Webb (JWST) el Congreso de Estados Unidos le dio una orden muy simple a la NASA: «no superarás los ocho mil millones de dólares». Pero, cual Adán y Eva en el paraíso original, la NASA se ha visto incapaz de cumplir el mandato. Finalmente el James Webb despegará en 2020 y, sí, superará el tope sagrado de ocho mil millones (ahora mismo ya ha pasado los 7.300 millones). El incremento sin control del coste del JWST ha sido el causante de la cancelación o el retraso de varios proyectos de la división de astrofísica de la agencia espacial. A diferencia de la ESA u otras agencias, la NASA financia las misiones astronómicas de forma independiente, aunque eso no quita que haya otros proyectos que sirven para desarrollar este tipo de misiones (por ejemplo, el telescopio espacial Kepler es una misión de tipo Discovery, financiada por la división planetaria de la NASA). En cualquier caso, la sombra del James Webb es alargada y la NASA acaba de imponer un tope a los presupuestos de los estudios de los próximos telescopios espaciales gigantes que deben despegar más allá de 2030.

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Concepto de telescopio espacial LUVOIR (NASA).

Estas misiones excepcionalmente caras son clasificadas como de tipo Flagship, aunque técnicamente esta denominación corresponde a la división de ciencias planetarias. El James Webb es obviamente una misión astrofísica de tipo Flagship, ¿pero cuáles serán las siguientes? Para la próxima década, además del JWST, la NASA planea lanzar a partir de 2026 el telescopio espacial WFIRST (que tendrá un espejo de 2,4 metros, como el del telescopio Hubble, más pequeño que los 6,5 metros del JWST). A pesar de los rumores de los últimos meses el proyecto sigue adelante, pero la administración Trump le ha dado un toque de atención importante. El proyecto no debe superar los 3.200 millones de dólares o será cancelado para evitar otra jameswebbiada. La aportación de la óptica de los militares de la NRO a la NASA incrementó el coste original del WFIRST hasta los 2.700 millones y, al mismo tiempo, redujo parcialmente su potencial científico (la óptica de los satélites espía no es exactamente la más idónea para estudiar la energía oscura del Universo). Para compensarlo se decidió añadir un coronógrafo para estudiar exoplanetas, pero el coste de este instrumento se ha disparado y la NASA estimó el año pasado que el WFIRST terminaría superando los 3.900 millones, algo que el gobierno quiere evitar a toda costa.

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