Puede parecer sorprendente, pero alcanzar la superficie de Mercurio es más costoso en términos energéticos que viajar a la superficie de Marte. Y es que el planeta más cercano al Sol está tan adentro del pozo gravitatorio del Sol que enviar una sonda de superficie es tremendamente complicado. También influye que se trata de un planeta muy denso, por lo que la aceleración superficial de la gravedad es similar a la de Marte (0,38 g), a pesar de que Mercurio es el planeta más pequeño. Para poner este problema en contexto, veamos algunos números. Viajar hasta una órbita baja alrededor de Mercurio desde una órbita baja terrestre requiere una Delta-V de unos 13 km/s, pero para posarse en la superficie necesitamos 16 km/s. Como comparación, colocarnos en órbita marciana y aterrizar en el planeta rojo requiere una Delta-V de 5,7 km/s y 9,5 km/s, respectivamente. Incluso viajar a la órbita de Venus es más sencillo —6,8 km/s—, aunque sí es cierto que visitar la superficie del planeta gemelo de la Tierra es la maniobra energéticamente más costosa en el sistema solar interior, con una Delta-V total de 34 km/s.

Vela solar para una misión de retorno de muestras de Mercurio (NASA).

Por este motivo, si aterrizar en Mercurio es difícil, ir y volver lo es aún más. Y no hablamos de una misión tripulada, sino de una sonda de retorno de muestras. Las misiones de retorno de muestras son el santo grial de la exploración espacial. No importa lo avanzados y miniaturizados que estén los instrumentos de una sonda; sus contrapartidas terrestres siempre serán más sensibles, más numerosas y más modernas. Sirva como ejemplo el hecho de que la mejor ciencia que se ha hecho con las rocas lunares traídas por los astronautas del Apolo se ha hecho durante las últimas décadas. Las muestras planetarias nos permiten estudiar detalladamente la historia y edad del planeta o, al menos, de la zona donde se recojan. Pero, ¿cómo traer muestras de Mercurio?

Leer más

La pequeña despresurización ocurrida en la estación espacial internacional (ISS) el pasado 29 de agosto fue debida a un defecto de fabricación y no a la acción de un micrometorito o una partícula de basura espacial. En realidad, desde el primer momento la hipótesis de que el pequeño agujero de dos milímetros de diámetro en la Soyuz MS-09 había sido causado por un choque con un objeto externo había quedado en entredicho por las imágenes y declaraciones de los propios astronautas a bordo de la ISS que comentaban que podían ver la pared exterior del módulo orbital de la Soyuz a través del agujero. Los bordes limpios y lisos del agujero tampoco coincidían con lo que cabría esperar en el caso de un impacto. Recordemos que el orificio que causó la alarma fue descubierto en la zona del «baño» del módulo orbital de la Soyuz MS-09. La tripulación procedió a repararlo rápidamente usando una gasa médica impregnada en resina epoxi.

El agujero en el BO de la Soyuz MS-09 (es el más pequeño cerca del dedo del astronauta) (NASA).

Desde el día del incidente los técnicos de Roscosmos y la empresa RKK Energía —fabricante de la nave— han investigado las causas de la despresurización. Pero, aunque el informe final todavía tardará en publicarse, no hace falta esperar. El mismísimo jefe de Roscosmos, Dmitri Rogozin, ha declarado que el suceso fue causado por un fallo de fabricación de la Soyuz. Ante este anuncio, nos pueden asaltar varias dudas. La primera, ¿cómo es posible que el agujero se haya manifestado casi tres meses después del lanzamiento?

Leer más

A finales de los años 80 la agencia espacial europea (ESA) estaba desarrollando el transbordador espacial Hermes. Se trataba de un proyecto liderado por Francia que suscitaba todo tipo de recelos en el resto de socios de la agencia, pero eran los años de la construcción europea y el eje francogermano, así que nadie se atrevía a cuestionar seriamente la viabilidad de un avión espacial que debía garantizar a Europa el acceso independiente al espacio. El desarrollo del Hermes coincidió con la puesta en marcha del proyecto de la estación espacial estadounidense Freedom, en la que Europa debía participar con el módulo Columbus. Pero Francia también mantenía buenas relaciones en materia espacial con la Unión Soviética.

Recreación artística del Hermes acoplado a la estación Mir en la configuración de 1988, con los módulos central, Kvant y Kvant 2 acoplados (CNES/ESA).

En 1982 Jean-Loup Chrétien se convirtió en el primer francés en el espacio y en la primera persona de Europa occidental que viajó al espacio a bordo de una nave espacial soviética. La política de la perestroika de Gorbachov favoreció aún más el clima de colaboración entre ambos países y en 1987 se propuso que el Hermes volase a la estación espacial soviética Mir, que había sido lanzada el año anterior. Para entonces la pequeña lanzadera europea había sufrido numerosos cambios de diseño y objetivos, así que la posibilidad de realizar misiones adicionales a otra estación espacial además de a la Freedom y la posible miniestación europea MTFF podía servir para afianzar los apoyos políticos al Hermes fuera de Francia.

Leer más

Europa es uno de los mundos más interesantes del sistema solar debido a su potencial astrobiológico. Durante la próxima década la misión Europa Clipper de la NASA y, de forma mucho más limitada, la sonda europea JUICE explorarán esta luna de Júpiter. Ambas naves sobrevolarán el satélite en varias ocasiones para recabar información, ¿pero qué hay de su superficie? En una decisión inédita, en 2015 el Congreso de EEUU obligó a la NASA a incluir una pequela sonda de superficie en la misión Europa Clipper. La agencia espacial investigó varias posibilidades, pero al final comprobó que era imposible y decidió crear una misión por separado. Al principio la sonda, denominada simplemente como Europa Lander, debía ser relativamente modesta, pero cuando la NASA presentó en 2017 la propuesta final pudimos contemplar uno de los proyectos de exploración del sistema solar más ambiciosos jamás concebido. Y todo a pesar de que la comunidad científica no había pedido una misión de este tipo.

Sonda Europa Lander, un quebradero de cabeza para la NASA (NASA).

La sonda Europa Clipper, una misión de tipo Flagship, o sea de las más caras, tendrá una masa de unas seis toneladas. La propuesta de 2017 nos mostraba una sonda de cerca de quince toneladas formada por dos vehículos: la sonda propiamente dicha y una etapa portadora que llevaría la sonda hasta Júpiter y serviría para enviar los datos de la misma a la Tierra. Europa Lander debía usar el cohete SLS de la NASA en la versión Block 1B (Europa Clipper también usará el SLS Block 1B, aunque, a diferencia de Europa Lander, podría despegar mediante un lanzador convencional si es necesario). El año pasado la administración Trump decidió cancelar este proyecto que la comunidad científica no quería, pero el paladín de la sonda, el senador texano John Culberson, volvió a salvar el proyecto, que recibió cerca de doscientos de millones de dólares en los presupuestos de la NASA de 2019. Europa Lander no ha sido formalmente aprobada, pero tampoco ha muerto y se halla en el limbo político de las misiones espaciales.

Leer más

La tripulación de la estación espacial internacional (ISS) ha sellado una pequeña fuga de aire. La situación está controlada, pero evidentemente esto no es algo que pase todos los días y solo mencionar la palabra «despresurización» es suficiente para que todos nos preocupemos. El incidente comenzó a las 18:00 UTC del 29 de agosto de 2018 cuando el control de la misión observó una pequeña disminución en la presión interna de la ISS. La presión de la estación experimenta variaciones a lo largo del tiempo, así que en principio esto no es un problema. Salvo que la bajada de presión sea superior a los 0,5 milímetros de mercurio por hora (la ISS tiene una presión interna de una atmósfera, o sea, 760 mmHg). Y en este caso el descenso de presión era de casi el doble. Pero el asunto fue a peor. Al pasar la «noche» la fuga aumentó y se alcanzó una pérdida de aire de casi 5 mmHg por hora. La situación no era grave, pero si muy seria porque nadie sabía si la fuga podía seguir aumentando o no. A eso de las 23:00 UTC ya era evidente que no se trataba de un asunto menor y los dos controles de la misión, el MCC de Houston y el TsUP de Moscú, declararon oficialmente que estaban ante un problema, aunque los astronautas se fueron a dormir.

La Soyuz MS-09 acoplada a la ISS. En primer plano el módulo orbital (BO) donde se ha producido la fuga (Alexander Gerst/ESA).

La tripulación de la ISS (Expedición 56), formada por Andrew Feustel (NASA), Oleg Artemyev (Roscosmos), Richard Arnold (NASA), Serguéi Prokopyev (Roscosmos), Alexander Gerst (Alemania/ESA) y Serena Auñón (NASA) se puso a buscar la fuga en cuanto se despertaron. ¿Y cómo busca uno una fuga en una nave espacial? Pues es mucho más complicado de lo que parece. Si la pérdida de presión no es extremadamente grave, localizarla dentro del mayor vehículo espacial construido por el hombre no es una tarea nada fácil (a diferencia de lo que se ve en las películas, la mayor parte de la superficie de las naves espaciales está cubierta por todo tipo de equipamiento y objetos). La tripulación procedió a cerrar las escotillas entre varios módulos para ver en qué parte de la estación seguía disminuyendo la presión. Una vez identificada la zona —el segmento ruso—, siguieron cerrando escotillas hasta dar con la misma (cada módulo ruso dispone de varios sensores de presión independientes). Además de este método «a ojo de buen cubero», los astronautas usaron un detector ultrasónico de fugas o ULD (Ultrasonic Leak Detector), una especie de micrófono que permite oír el aire escapando al exterior de la estación y que se usa en la Tierra para buscar pérdidas en sistemas de refrigeración.

Leer más

El próximo y polémico gran proyecto de la NASA es la estación lunar Gateway, un laboratorio espacial en órbita alrededor de nuestro satélite que debe ser construido a lo largo de la próxima década. Aunque todavía no ha sido definitivamente aprobada, se trata de un proyecto que goza del favor de la administración Trump y en los últimos días ha recibido una nueva ronda de apoyos políticos. Esta semana se ha celebrado una reunión en el centro Ames de la NASA en la que se han presentado algunas novedades de la estación. Gateway nació en 2012 como un proyecto ruso-estadounidense para justificar el programa SLS/Orión (MPCV), pero la contribución rusa fue disminuyendo hasta casi desaparecer a raíz del desencuentro de ambos países en el panorama internacional. Sin embargo, Gateway ha evolucionado estos últimos dos años para convertirse en una nueva estación internacional, eso sí, liderada inequívocamente por la NASA.

La estación lunar Gateway (NASA).

De entrada, la principal novedad es que la estación ha vuelto a cambiar de nombre y ahora es Gateway a secas. En 2017 el proyecto fue bautizado como Deep Space Gateway, pero este año la NASA decidió ponerle el feo acrónimo de LOP-G (Lunar Orbital Platform Gateway). Ahora vuelve a ser solo Gateway como en los orígenes, aunque conviene matizar que en principio este era un simple apodo y en la actualidad es un nombre oficial. En cuanto al diseño propiamente dicho, realmente no hay cambios significativos con respecto a la configuración que vimos el pasado junio, más allá de algunos pequeños detalles.

Leer más

La NASA tiene entre los objetivos de su programa tripulado mandar un ser humano a Marte. Claro que los planes de la agencia contemplan que no será antes de 2030 y, por ahora, no se ha destinado un centavo al proyecto. El reciente cambio de política espacial de los EE UU por parte de la administración Trump pone a la Luna al mismo nivel en cuanto prioridades que el planeta rojo, lo que significa que la NASA deberá desarrollar primero la estación lunar LOP Gateway antes de dirigirse a Marte. El núcleo de la estrategia de la agencia estadounidense para por usar el polémico cohete gigante SLS y la nave Orión, esta última construida en colaboración con la ESA europea. Como decíamos, no existe ningún plan definitivo para poner un ser humano en Marte, pero hace dos años la NASA, junto con otras organizaciones y empresas, presentaron varias propuestas sobre el tema. La mayoría de ellas incluía llevar a cabo una misión tripulada a Fobos en 2033 y una misión a la superficie marciana en 2039. ¿Siguen siendo válidos estos planes provisionales?

¿Cómo podemos hacer esta escena realidad? (Explore Mars).

En el último informe de la organización Explore Mars podemos comprobar que esta arquitectura ha sufrido algunos cambios significativos. Explore Mars es una organización sin ánimo de lucro formada por técnicos y especialistas de la NASA y de las empresas aeoespaciales involucradas en los proyectos de viajes a Marte, con la notable excepción de SpaceX. A pesar de que se trata de una organización no gubernamental, sus informes nos indican por dónde pueden ir las tendencias en esta materia. Entonces, ¿cómo podemos poner un astronauta en Marte antes de 2040?

Leer más

El paso de la sonda New Horizons por Plutón y sus lunas en julio de 2015 supuso el primer paso en la exploración del cinturón de Kuiper. A veces se critica a las agencias espaciales por crear un exceso de optimismo antes de cada misión planetaria, pero lo cierto es que Plutón resultó ser un mundo increíblemente complejo. Montañas con nieve de metano, una atmósfera dividida en capas, el mayor glaciar del sistema solar, montes de hielo de agua flotando en hielo de nitrógeno o posible criovulcanismo son algunas de las maravillas que nos mostró este pequeño planeta enano. Y, por cierto, una de los descubrimientos de la New Horizons es que Plutón es más grande que Eris —pero no más masivo—, por lo que ha vuelto a recuperar el título de objeto de mayor tamaño en el cinturón de Kuiper, lo cual no deja de ser una paradoja teniendo en cuenta que el hecho de que Eris fuese mayor que Plutón fue el origen de la polémica que llevó a que Plutón fuese degradado de la categoría de planeta a la de planeta enano. Lamentablemente, la New Horizons solo pudo estudiar Plutón unas horas. ¿Deberíamos volver? Y en caso afirmativo, ¿qué tipo de nave deberíamos enviar?

Propuesta de orbitador de Plutón mediante propulsión experimental a base de fusión nuclear (NIAC/NASA).

Huelga decir que una misión a Plutón no es en estos momentos una prioridad para la NASA. Los datos de la New Horizons están todavía muy frescos y además habrá que esperar a que la sonda complete su misión primaria con el sobrevuelo del pequeño objeto del cinturón de Kuiper Ultima Thule el 1 de enero de 2019 para poder poner en contexto sus descubrimientos. Pero en algún momento habrá que regresar y muchos de los encargados de la misión New Horizons, incluido el investigador principal Alan Stern, han elaborado un documento donde esbozan las pautas a seguir en la exploración del planeta enano.

Leer más

La odisea del agua en la Luna no es tan repetitiva como la del agua en Marte, pero casi. Cada cierto tiempo aparece un estudio sobre la presencia de oxidano en nuestro satélite y, como es normal en estos tiempos que corren en los que la capacidad de atención es prácticamente nula, siempre se arma cierto revuelo. Naturalmente, si queremos entender esta historia necesitamos un poco de contexto. La Luna no tiene atmósfera ni, a diferencia de Marte, nunca ha tenido una digna de tal nombre. Eso significa que el agua jamás ha podido fluir por la superficie. Pero es que además la cantidad de agua presente en el suelo lunar es prácticamente nula, otra diferencia significativa con el planeta rojo. Entonces, ¿de dónde viene la idea de que nuestro árido y yermo satélite puede tener agua?

Depósitos de hielo superficiales en el polo sur lunar (izquierda) y polo norte según los datos de la sonda india Chandrayaan 1 (NASA).

Ya en una fecha tan temprana como 1961 algunos astrónomos propusieron que el agua podría acumularse en forma de hielo dentro de algunos cráteres polares cuyo fondo siempre está en sombra. La oscuridad en el fondo de estos cráteres es fruto de la pequeña inclinación del eje de rotación de la Luna, que solo es de 1,5º. Muy bien, ¿pero de dónde procedería esta agua si la Luna es más seca que una mojama? Pues del choque de cometas y asteroides con alto contenido en volátiles. El agua se sublimaría en la colisión con la Luna y se dispersaría por gran parte de la superficie en forma gaseosa. Con el tiempo desaparecería para perderse en el espacio, pero una pequeña cantidad podría acumularse en el fondo de estos cráteres que nunca ven la luz del Sol.

Leer más

En la deliciosa novela de Mundos en el abismo la humanidad habita el cúmulo globular de Akasa Puspa. Para los habitantes de este abigarrado conjunto de astros el viaje interestelar es posible incluso con una tecnología similar a la de nuestra civilización actual gracias a la escasa distancia media a la que se encuentran sus estrellas (y también gracias a otras ayudas que no vienen al caso). Akasa Puspa no es más que una creación de la mente humana, pero, ¿es posible la existencia de planetas potencialmente habitables en cúmulos globulares?

El cúmulo globular Omega Centauri (ESO).

Los cúmulos globulares son agrupaciones densas de estrellas muy antiguas con una forma esférica, de ahí su nombre. Han sido testigos de los procesos de formación de nuestra Galaxia, pero también constituyen el escenario ideal para buscar exoplanetas (hay muchísimas estrellas en el mismo campo de visión). Tras los primeros descubrimientos de planetas extrasolares por el método del tránsito los astrónomos pronto corrieron a buscarlos en cúmulos globulares. En 2000 el telescopio espacial Hubble estudió el cúmulo globular 47 Tucanae, el segundo más grande visto desde la Tierra. Los astrónomos observaron 34.000 estrellas del cúmulo con el Hubble con la esperanza de encontrar unos veinte exoplanetas. ¿El resultado? No descubrieron ni uno.

Leer más