50 años de la tragedia de la Soyuz 11

Por Daniel Marín, el 1 julio, 2021. Categoría(s): Astronáutica • Historias de la Cosmonáutica • Rusia • Soyuz ✎ 71

Estos días se cumple medio siglo de la tragedia de la Soyuz 11 en la que fallecieron los cosmonautas Georgui Dobrovolsky, Vladislav Vólkov y Víktor Patsáyev. Los tres cosmonautas pasaron a la historia con el triste récord de ser los primeros seres humanos en morir en el espacio, pero lo cierto es que fueron además los primeros en vivir en una estación espacial, la Salyut 1. Aunque, en realidad, los primeros cosmonautas a bordo de la Salyut 1 tenían que haber sido Vladímir Shatalov, Alexéi Yeliseyev y Nikolái Rukavishnikov, que despegaron a bordo de la Soyuz 10 el 22 de abril de 1971. Pero, aunque lograron unirse con la estación, no consiguieron un acople en firme y tuvieron que regresar a la Tierra. Rápidamente se tomó la decisión de lanzar otra misión cuanto antes, pero, esta vez, la tripulación estaría formada por los cosmonautas de reserva de la Soyuz 10: Alexéi Leónov, Valeri Kubásov y Pyotr Kolodin. El comandante Leónov, que en 1965 se había convertido en el primer ser humano en realizar un paseo espacial, ya era toda una leyenda dentro y fuera de la URSS. El lanzamiento estaba previsto para el 6 de junio y, esta vez, todo tenía que salir bien.

Vólkov, Patsáyev y Dobrovolsky (Roscosmos/RGANTD).

La tripulación principal y de reserva volaron al cosmódromo de Tyura-Tam —como por entonces de denominaba a Baikonur— el 28 de mayo. Allí, los cosmonautas pudieron visitar su nave guiados por el cosmonauta e ingeniero Konstantín Feoktístov. La Soyuz 11 (7K-T nº 32) llevaba 10 kg adicionales de combustible y tenía capacidad para efectuar hasta cuatro días de vuelo autónomo, uno más que la Soyuz 10, con el fin de garantizar que pudiese intentar el acoplamiento con la estación más ocasiones en caso de problemas. Pero apenas tres días antes del despegue los médicos vieron en una radiografía una mancha sospechosa en el pulmón derecho de Kubásov. Temiendo que fuese alguna enfermedad grave —en concreto, tuberculosis—, la comisión médica tomó la decisión de retirarlo de la misión, aunque Kubásov se encontraba perfectamente de salud. No obstante, la estrategia soviética de la época era sustituir a toda la tripulación si ya se encontraban en el cosmódromo, a diferencia de la NASA, que prefería cambiar solo al astronauta afectado (recordemos la sustitución de Mattingly en el Apolo 13). Así que, en el último momento, la tripulación de la Soyuz 11 pasó a estar formada por Georgui Timoféievich Dobrovolsky (43 años, comandante), Vladislav Nikoláievich Vólkov (35 años, ingeniero de vuelo) y Víktor Ivánovich Patsáyev (37 años en el lanzamiento, cumpliría 38 en el espacio, ingeniero de vuelo). De los tres, solo Vólkov tenía experiencia en vuelos espaciales, pues ya había participado en la Soyuz 7.

Estación espacial Salyut 1 (Roscosmos/RGANTD).

Es fácil imaginar la sorpresa y el entusiasmo de los tres. Les había tocado la lotería con la que soñaba cualquier cosmonauta. En unos pocos meses habían pasado de tripulación de apoyo de la Soyuz 10 a tripulación principal de la Soyuz 11. Por supuesto, a Leónov y a Kolodin la decisión les sentó como una patada en el estómago e intentaron que solo se sustituyese a Kubásov por Vólkov, pero no hubo manera (la decisión última vino directamente desde Moscú). Después de los sinsabores de la carrera lunar, el no poder viajar en la Soyuz 11 fue un duro golpe para Leónov. Por su parte, Kolodin perdió su última oportunidad de volar al espacio (aunque vivió una larga vida y falleció en febrero de 2021 a los 90 años). Kubásov nunca se puso enfermo y la mancha fue, aparentemente, resultado de una alergia a los insecticidas. El 4 de junio se confirmó la decisión de dejar en tierra a la tripulación principal después de que un grupo de médicos que llegaron de Moscú analizasen toda la documentación. Finalmente, la Soyuz 11 despegó exitosamente el 6 de junio de 1971. Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev no llevaban trajes de presión, como en el resto de misiones Soyuz en las que no se había realizado un paseo espacial. Lanzar cosmonautas al espacio vestidos como para ir de paseo al parque no parecía una buena idea, pero la Unión Soviética llevaba siete años tentando a la suerte con esta práctica. 

El cohete Soyuz de la Soyuz 11 en la Rampa de Gagarin de Baikonur (Roscosmos/RGANTD).
La tripulación poco antes del lanzamiento (Roscosmos/RGANTD).

Había varias razones para justificar esta decisión, ya controvertida por entonces. Por un lado, la cápsula (SA) de la Soyuz tenía —y tiene— un volumen muy reducido. El uso de escafandras habría hecho casi imposible que cupiesen tres personas. Por otro lado, el Ingeniero Jefe Serguéi Koroliov había rechazado el empleo de escafandras por innecesarias, una opinión respondida vehementemente por el encargado del cuerpo de cosmonautas, Nikolái Kamanin, que presionó en repetidas ocasiones para que se incluyesen trajes de presión en las naves espaciales soviéticas, pero sin éxito. En cuanto a la comparación con sus adversarios, los astronautas estadounidenses del Apolo llevaban trajes espaciales durante el despegue, sí, pero no solo por motivos de seguridad, sino porque, por un lado, eran los mismos trajes que se usaban para paseos espaciales y, por otro, porque la atmósfera interna del Apolo era de oxígeno puro y era necesario purgar el nitrógeno de la sangre. No en vano, durante la reentrada atmosférica los astronautas del Apolo no llevaban los trajes espaciales puestos, por lo que la tripulación habría muerto de haber surgido un problema similar al de la Soyuz 11. Por contra, la atmósfera de la Soyuz era de oxígeno y nitrógeno, haciendo innecesario llevar una escafandra para purgar el nitrógeno.

La tripulación principal de la Soyuz 11: Kubásov, Leónov y Kolodin (Roscosmos/RGANTD).

Dejando el asunto de las escafandras a un lado, Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev se acoplaron con la primera estación de la historia el 7 de junio usando el sistema de guiado Iglá. La Salyut 1 (DOS nº 1) era un híbrido construido apresuradamente usando elementos de la nave Soyuz y del programa de estaciones militares Almaz de la oficina de diseño de Cheloméi. En esta ocasión, el acoplamiento fue un éxito y los tres hombres pasaron al interior de la estación, convirtiéndose en los primeros seres humanos en vivir dentro de un laboratorio orbital. Víktor Patsáyev fue el primero en entrar en la estación a través del túnel de conexión presurizado, el primero en una nave tripulada soviética. No obstante, el primer día tuvieron que dormir en la Soyuz por culpa de un extraño olor a quemado procedente de los dos ventiladores principales que terminó por desaparecer. La estación tenía numerosos defectos, fruto de lo apresurado de su desarrollo, aunque ninguno de ellos grave. El apretado programa de trabajo hacía que la vida a bordo de la Salyut 1 fuese dura y estresante, pero, a cambio, los cosmonautas pudieron disfrutar por primera vez de un volumen enorme para los estándares de la época y en las imágenes se les ve «volando» felizmente en microgravedad (la Salyut 1 tenía casi 100 metros cúbicos de volumen). Pese a todo, los médicos del control de tierra temían que los cosmonautas estuviesen dejando de lado el entrenamiento físico para cumplir con los objetivos técnicos y científicos de la misión. De hecho, los cosmonautas no usaron mucho la cinta para correr porque causaba fuertes vibraciones en toda la estación. Lo cierto es que en las imágenes tomadas a bordo de la Salyut 1 vemos unos cosmonautas un tanto demacrados, con barba y cara de cansados (la higiene no era una prioridad en estas misiones pioneras). No es de extrañar, pues por aquel entonces no estaba muy claro cómo preparar el cuerpo humano para una estancia en el espacio de varias semanas.

Recreación de la Salyut 1 con una Soyuz acoplada (Andréi Sokolov).

El 16 de junio los tres cosmonautas casi regresan a la Tierra de forma apresurada tras detectar un olor a quemado y ver humo que salía de la parte trasera de la estación, aunque finalmente el olor desapareció cuando el comandante Dobrovolsky decidió apagar la mayor parte de aparatos y conectó el sistema de energía secundario. Afortunadamente, el asunto quedó en nada. El 17 de junio, durante la sesión rutinaria de comunicaciones, Vólkov mostró atisbos de algún desacuerdo con Dobrovolsky por la forma de expresarse. Como resultado, se le indicó explícitamente que debía obedecer las órdenes del comandante Dobrovolsky y, para consternación del control de tierra, se opuso desafiante, comentando que «nosotros lo decidimos todo conjuntamente como la tripulación que somos». En los siguientes días, visiblemente arrepentido, Vólkov cambió de actitud, aunque sería el más temperamental de los tres durante todo el vuelo. El 18 de junio la tripulación realizó una transmisión de televisión en la que mostraron el interior de la Salyut, incluyendo el primer telescopio espacial a bordo de una estación espacial, el Orión-1, capaz de observar en el ultravioleta. Al día siguiente, Patsáyev celebró su 38º cumpleaños. Debido a los pequeños problemas que habían surgido y ante la falta de ejercicio diario, el 23 de junio se decidió que la tripulación regresase antes de lo previsto (inicialmente debían estar cerca de un mes en órbita). Al día siguiente, Dobrovolsky y Patsáyev participaron en el experimento Svinets en el que observaron desde la estación, visualmente y mediante radar, el lanzamiento de misiles balísticos de noche, un experimento que posteriormente se llevaría a cabo en las estaciones militares Almaz de Cheloméi, cuyo lanzamiento estaba próximo. La tripulación también obtuvo espectros del horizonte terrestre para analizar la atmósfera, estudió el flujo de rayos gamma y practicó el control manual de la estación.

Interior de la Salyut 1 (Roscosmos/RGANTD).
Telescopio Orión-1 de la Salyut 1 (Roscosmos).
Vólkov y Dobrovolsky a bordo de la Salyut 1 con barba (Roscosmos/RGANTD).

Al final se decidió que los cosmonautas volviesen el 29 de junio, después de pasar 23 días y 18 horas en órbita, todo un récord para la época. Ya el 26 de junio los tres cosmonautas comenzaron a preparar el regreso llevando a la Soyuz los resultados de los experimentos y poniendo a punto la estación para su vuelo autónomo antes del acoplamiento con la Soyuz 12, planeado para el 20 de julio. El aterrizaje de la cápsula en la estepa kazaja estaba previsto que tuviese lugar pocos minutos antes de la salida del Sol. La separación de la estación no estuvo exenta de problemas. La tripulación intentó cerrar herméticamente la escotilla de la cápsula Soyuz durante cerca de veinte minutos, pero el indicador de despresurización del panel de mandos de la cápsula no se apagaba. Vólkov repitió por radio con angustia «¡la escotilla no es hermética, ¿qué hacemos? ¿qué hacemos?». Sospechando que se trataba de un fallo del sensor, el control de tierra recomendó a Dobrovolsky que debía sujetar el sensor con un trozo de cinta adhesiva mientras cerraban la escotilla. El truco funcionó y el indicador de despresurización se apagó. Pero no sabemos si a algún controlador, o a la propia tripulación, se le pasó por la cabeza que, en caso de que la escotilla no se hubiese podido cerrar herméticamente, los cosmonautas estaban condenados al no llevar escafandras. 

Lanzamiento de la Soyuz 11 (Roscosmos/RGANTD).

La Soyuz se separó de la Salyut 1 y los tres dedicaron unos minutos a observar el que había sido su hogar durante más de tres semanas. Durante unas dos órbitas —más de tres horas— la Soyuz 11 voló de forma autónoma antes de realizar el encendido de frenado sobre el océano Atlántico. Los tres hombres debían maniobrar la nave manualmente fuera de la cobertura de comunicaciones y luego se comunicarían con los buques situados en el Atlántico y con la estación de control NIP-16. El control de tierra recibió la denominación Zaryá (‘aurora’), mientras que el nombre en código de la tripulación era Yantar (‘ámbar’). Precisamente, después del accidente las siguientes tripulaciones rechazaron usar nombre en código que hicieran referencias a piedras preciosas (el código de Komarov en la Soyuz 1 había sido ‘rubí’), una tradición supersticiosa que se mantuvo hasta mediados de los 90. Los tres cosmonautas comunicaron el correcto encendido de frenado del sistema de propulsión KTDU y Zaryá les informó «la comunicación se va a cortar. ¡Buen viaje!». Posteriormente, Vólkov añadió «nos vemos mañana. ¡Preparen el coñac!». Estas fueron las últimas palabras que se escucharon de la tripulación (aunque según Kamanin las últimas palabras vinieron de Dobrovolsky, que dijo «todo en orden a bordo de la nave; la tripulación se siente bien; muchas gracias por vuestra preocupación y buenos deseos», aunque es posible que quisiera dejar una buena impresión de la tripulación en su diario).

Vólkov, Patsáyev y Dobrovolsky con la ropa que llevaban en el lanzamiento (Roscosmos/RGANTD).

La telemetría recibida en las estaciones de tierra mostraba que la trayectoria era la correcta. La Soyuz se dirigía hacia la atmósfera terrestre. A unos 150 kilómetros de altura, mientras sobrevolaban Francia, los tres módulos de la Soyuz se separaron mediante mecanismos pirotécnicos fuera de la cobertura de las estaciones de comunicaciones. El módulo orbital (BO), unido a la parte frontal de la cápsula Soyuz (SA), se separó gracias a ocho de estas cargas. Una maniobra rutinaria, pero que en esta ocasión se revelaría mortal. Inmediatamente después de la separación de los módulos, el aire del interior de la cápsula comenzó a escaparse por una válvula situada en la parte frontal. El objetivo de esta válvula era igualar la presión con el aire exterior a unos tres kilómetros de altitud durante el descenso y, de paso, evitar que la tripulación pudiese asfixiarse en caso de no poder abrir la escotilla por algún motivo. La válvula tenía un mecanismo automático de apertura —un sistema pirotécnico de cargas explosivas— y uno manual, que básicamente era un tornillo de mariposa. El mecanismo manual se había introducido para evitar que entrase agua en el vehículo en caso de un amerizaje de emergencia. En realidad, había dos válvulas conectadas en el mismo circuito: una de «alimentación» y otra de «succión». Para que al menos una de las dos se abriese correctamente se debía generar una señal eléctrica adecuada. Más adelante, la comisión de investigación encontró que los mecanismos pirotécnicos para abrir la válvula se activaron durante el descenso, no en el vacío, por lo que una de las dos válvulas solo pudo abrirse eléctricamente, pero no encontraron pruebas de que dicha orden se emitiese por los sistemas de la Soyuz. De algún modo, las ondas de choque generadas por la separación de los módulos provocaron la apertura de la válvula.

Separación de los módulos de una Soyuz TMA moderna (ESA).

Tras escuchar el angustioso sonido del aire escapándose al espacio, la tripulación se quitó los cinturones de seguridad superiores. Es posible que Dobrovolsky, situado en el asiento central de la nave, se irguiese y, todavía en ingravidez, procediese a inspeccionar la parte frontal de la cápsula. Quizá perdiese un tiempo que no tenía comprobando la escotilla frontal —la misma escotilla que había dado problemas pocas horas antes— antes de fijarse en la válvula, aunque nunca lo sabremos con seguridad. A pesar de que el tornillo para cerrar la válvula estaba sobre sus cabezas, el orificio físico por el que escapaba el aire dentro de la cápsula estaba situado tras varios paneles de control. De hecho, Vasili Mishin, el jefe de la oficina de diseño TsKBEM a cargo de la construcción de la Soyuz, sugirió que Dobrovolsky podía haber tapado el agujero con un dedo, pero los ingenieros le señalaron que eso no era posible en las circunstancias en las que tuvo lugar el accidente.

Dobrovolsky, Patsáyev y Vólkov antes del lanzamiento (Roscosmos/RGANTD).

Sea como sea, Dobrovolsky no tuvo tiempo de cerrar la válvula (en condiciones ideales se necesitaban entre 35 y 40 segundos para cerrarla manualmente). Tampoco Patsáyev, situado justo bajo la válvula, pudo hacer nada. Como mucho, solo permanecieron conscientes unos 50 segundos. En 115 segundos la presión cayó a 50 milímetros de mercurio y en tres minutos era prácticamente cero. Mucho antes de eso los cosmonautas tuvieron que desmayarse, falleciendo por hipoxia poco después. Estos datos de presión quedaron registrados en el sistema de grabación Mir, instalado en la cápsula de las naves Soyuz a modo de caja negra tras el accidente de la Soyuz 1. El sistema Mir también registró el pulso y la respiración de los cosmonautas: un segundo tras la separación de los módulos el pulso de Dobrovolsky se disparó hasta las 114 pulsaciones por minuto y el de Vólkov hasta 180, señal inequívoca de que se habían dado cuenta de la fuga de aire mortal. Unos 50 segundos tras la separación, la respiración de Patsáyev alcanzó un ritmo de 42 veces por minuto, otro síntoma de falta de oxígeno. Más o menos al mismo tiempo, el pulso de Dobrovolsky cayó rápidamente y dejó de respirar, probablemente tras quedar inconsciente. A los 110 segundos no se registró pulso alguno de los cosmonautas. Los médicos concluyeron que los tres cosmonautas fallecieron entre 90 segundos y dos minutos tras la separación de los módulos. Una muerte agónica, sí, aunque ciertamente bastante rápida.

Vólkov, Dobrovolsky y Patsáyev dentro del simulador de la Soyuz (Roscosmos/RGANTD).

El control de la misión, el TsUP, no tenía forma de saber nada de lo que estaba ocurriendo. La interrupción de las comunicaciones era normal durante la reentrada por culpa del plasma atmosférico que rodea la cápsula, pero durante el descenso esperaban recuperar el contacto con los cosmonautas. Desgraciadamente, no fue así. Las continuas preguntas por radio solo obtuvieron el silencio como respuesta. Muchos temían lo peor, pero la cápsula fue detectada por los radares siguiendo una trayectoria nominal. El equipo de rescate integrado por un avión Il-14 y cuatro helicópteros Mil Mi-6 y Mi-8 fue capaz de contactar visualmente con la cápsula antes de aterrizar y parecía intacta. La cápsula aterrizó automáticamente a diez kilómetros del punto previsto, un margen de error considerado normal para una Soyuz. Una vez en el suelo, los técnicos se acercaron a la cápsula, que quedó situada de costado en la estepa, y golpearon el fuselaje, pero no hubo respuesta. Se extrañaron, aunque antes del aterrizaje se había decidido que la tripulación no saldría por su propio pie de la cápsula para evitar que se fatigasen de forma innecesaria después de haber pasado tanto tiempo en órbita. Pero al abrir la cápsula desde el exterior se encontraron con un espectáculo dantesco: los tres cosmonautas yacían muertos en sus asientos, con los cinturones desabrochados parcialmente (solo tenían abrochados a la altura de la cintura, menos Dobrovolsky, que se los había quitado y solo estaba sujeto por un cinturón mal colocado; aparentemente, antes de quedar inconsciente tuvo fuerzas para abrochar los cinturones parcialmente, aunque fuera de forma incorrecta).

La foto más famosa de la tripulación de la Soyuz 11, en el simulador de una Soyuz 7K-T (Roscosmos/RGANTD).

Los cosmonautas estaban repletos de moratones e hilillos de sangre caían de los oídos y los orificios nasales. Rápidamente, los sacaron de la Soyuz y los médicos del equipo comenzaron a practicar la reanimación cardiopulmonar a los tres hombres. Solo había pasado un minuto y medio desde que aterrizaron. Los médicos no se rindieron. Los esfuerzos por reanimarlos duraron más de una hora, pero todo fue en vano. Aunque los cuerpos parecían no haber sufrido daños graves, la autopsia posterior reveló hemorragias internas por todo el organismo, tímpanos perforados, coágulos en los pulmones, trombos en el cerebro y lesiones en el corazón, entre otros daños asociados con la exposición prolongada al vacío del espacio. Los niveles de ácido láctico en sangre eran diez veces lo normal, algo común en muertes por hipoxia. Dobrovolsky, Vólkov y Patsáyev habían estado unos diez minutos en el vacío del espacio hasta que alcanzaron la altitud de 10 kilómetros, cuando se abrió el paracaídas. El TsUP de Yevpatoria, Ucrania, recibió las trágicas noticias con algo de retraso. Finalmente, los tres cosmonautas serían incinerados y sus restos enterrados con todos los honores de estado en el cementerio situado junto a los muros del Kremlin, un lugar reservado a los héroes más destacados de la Unión Soviética.

La cápsula de la Soyuz 11 tras aterrizar en Kazajistán (Roscosmos/RGANTD).

A pesar de que rápidamente se supo que la causa de la tragedia habían sido las válvulas, no estaba claro por qué una de ellas se había abierto en el espacio. Se sospechaba que la onda expansiva de la separación del módulo orbital mediante otros mecanismos pirotécnicos pudo abrir una de ellas. Pero en las dos pruebas de separación de los módulos que se realizaron en una cámara de vacío en tierra simulando las mismas condiciones de la Soyuz 11 las válvulas no se abrieron y, actualmente, la causa precisa sigue siendo un misterio. La comisión estatal concluyó que se trataba de un accidente muy poco probable y que la tripulación de la Soyuz 11, simplemente, no tuvo suerte ese día. De hecho, hasta el día de hoy ninguna otra Soyuz ha sufrido un accidente remotamente parecido. Alexéi Leónov siempre se sintió algo culpable por el trágico resultado de la misión. En repetidas ocasiones afirmó que él habría sido capaz de identificar rápidamente la válvula abierta y la habría cerrado sin problemas. En cualquier caso, nunca sabremos si, de haber estado en el lugar de Dobrovolsky, Leónov habría sido capaz de hacerlo mejor tras pasar 24 agotadores días en el espacio y haber sufrido poco antes un problema con una escotilla que no cerraba adecuadamente.

Kubásov y Leónov en el interior del módulo orbital de una Soyuz durante el entrenamiento de la misión Apolo-Soyuz (Soyuz 19). Los dos llevan los trajes Sokol-KV introducidos tras la tragedia de la Soyuz 11 (Roscosmos/RGANTD).

Por su parte, el cosmonauta Vladímir Shatálov siempre pensó que la causa había sido un error cometido durante la instalación de las válvulas. Estas válvulas debían colocarse con una llave especial usando hasta 50 kgf de fuerza, pero la zona de instalación era de difícil acceso. Cuando la comisión de investigación comprobó el estado de las válvulas en otras cápsulas, incluida la Soyuz 10, vieron que habían sido colocadas usando menos fuerza de la que indicaban las especificaciones. Sin embargo, no se demostró que este fallo estuviese directamente relacionado con el accidente, aunque fue corregido para misiones posteriores. La consecuencia directa del accidente fue el retraso en las siguientes misiones Salyut y Soyuz, así como la introducción de escafandras Sokol KV, diseñadas por la oficina de diseño Zvezdá, para los cosmonautas (hubo cierta discusión sobre si introducir máscaras de oxígeno en vez de escafandras, pero este apaño no habría salvado la vida de la tripulación y solo habría prolongado su agonía dos o tres minutos adicionales; ¿suficiente para cerrar la válvula manualmente?).

La tripulación de la Soyuz 11 durante el entrenamiento (Roscosmos/RGANTD).

Las escafandras redujeron la tripulación de las Soyuz de tres a dos cosmonautas hasta la introducción de la Soyuz T, que volvió a recuperar la capacidad de llevar tres personas con escafandras modernizadas Sokol KV2 (que todavía siguen en activo). Para la Unión Soviética la tragedia de la Soyuz 11 fue sin duda el momento más negro de la historia de la cosmonáutica al tener lugar justo después de la humillación que significó perder la carrera lunar. Para más inri, el accidente sucedió apenas tres días después del tercer intento fallido de lanzamiento del cohete gigante N1 (N1-6L). La URSS tardaría varios años en recuperarse de la tragedia. Leónov y Kubásov volarían juntos en la famosa misión Apolo-Soyuz de 1975, esta vez con escafandras. La catástrofe de la Soyuz 11 al menos sirvió para que no se volviese a repetir un accidente similar y, desde entonces, no ha muerto ningún cosmonauta a bordo de una Soyuz.

Referencias:

  • Скрытый космос (Tomo 4), Nikolái P. Kamanin (Infortekst, 1995).
  • Ракеты и люди (Tomo 4), Borís Chertok (Mashinostroenie, 2002).


71 Comentarios

  1. Sin duda eran héroes, tanto por parte de EE.UU como por parte de la URSS. El hombre pasó de no disponer de tecnología espacial en 1957 a conquistar la Luna en 1969. Esta gente era gente que se jugaba el tipo y que sabían perfectamente que se estaban jugando el tipo con una tecnología totalmente experimental. Supongo que su idea de nación y la defensa de su modo de vida representado por su sistema político y económico eran para ellos más importantes que sus vidas.
    La astrónautica actual debe tener dos metas. 1) enterrar definitivamente la era de los héroes de la carrera espacial y hacer que ir al espacio sea tan seguro, rutinario y hasta aburrido como montarse en un Airbus o en un Boing 2) Abaratar el coste de los lanzamientos y que satelizar 1 kg de carga útil no cueste 1 kg de oro.

    1. «Supongo que su idea de nación y la defensa de su modo de vida representado por su sistema político y económico eran para ellos más importantes que sus vidas». No digo que no hubiera alguno así de fanático, pero yo creo que en general lo que les impulsaba era el hecho en sí mismo de ir al espacio. Y hacerlo antes que los demás. Yo lo veo así de simple.

      1. Viajar al espacio siempre será arriesgado, como lo sigue siendo viajar en avión. Siempre hay un riesgo potencial.
        Héroes, desde luego.

    2. No me gustaría que los viajes al espacio volvieran a ser algo tan arriesgado como lo eran en los ’60 y ’70 (aunque los peores accidentes han sido los del Shuttle), pero no creo que sea posible la exploración espacial en condiciones de total seguridad.

      Opino que debería haber dos niveles de seguridad, ambos tan seguros como fuera posible, pero distintos: uno, el nivel seguro, destinado a la ISS y proyectos similares, en los que prima la investigación y donde los astronautas son más científicos e ingenieros que exploradores; y otro, más arriesgado, el de las misiones de exploración y apertura de nuevas fronteras (sí, hablo de Marte, pero también de las primeras misiones a la Gateway o de instalación de nuevas bases lunares).

  2. «los tres módulos de la Soyuz se separaron mediante mecanismos pirotécnicos fuera de la cobertura de las estaciones de comunicaciones.»

    Siempre me pregunto si no habría otros mecanismos para la separación, y no mediante «petardos» que me parecen un poco arriesgado.

    1. Los sistemas pirotécnicos de separación de módulos tan críticos son mucho más seguros que un sistema mecánico, si un sistema mecánico no funciona bien, que tiene más probabilidades de que así sea por ser más complejo que un sistema pirotécnico, en la reentrada habría una catástrofe o casi, hay muy pocos fallos de sistemas pirotécnicos en este ámbito, sobre todo que hayan sido graves.

  3. Ser pionero tiene riesgos, también el de perder la vida, igual que los exploradores de la Antártida unos 50 años antes, o los marinos descubriendo tierras nuevas.
    Musk necesitará unos cuantos, y parece que no le faltarán voluntarios.
    ¿Qué sería de la humanidad sin estos valientes? En ciertos temas el avance de nuestra civilización depende de ellos.

  4. Entonces, Daniel, una duda:

    ¿A qué altitud se produjo el fallo de la mencionada válvula? Si estaban en plena reentrada, se supone que andaban por debajo ya de la Línea Karman, entiendo. Así pues, no estarían en el espacio, sino ya dentro de la alta atmósfera, ¿verdad?

    Si eso es cierto, y a falta de alguna otra información de la que yo carezca en este momento, NO ha habido nunca muertes en el espacio, ¿no? Todos los astronautas han muerto en lanzamiento, pruebas y reentradas, pero QUE YO SEPA (y puedo estar MUY equivocado) NADIE ha muerto AÚN en el espacio como tal (o sea, en órbita o en trayecto a o desde la Luna). ¿Es cierto?

      1. Daniel, una pregunta ¿que hay que de cierto que Mishin, le gustaba mucho la bebida, y era poco profesional?

        Parece que Leonov y Gagarin tenían muy mala opinión de él…

        1. Lo de la bebida cierto, pero hay que ponerse en la piel de Mishin, que se tuvo que sacar adelante los programas N1-L3, Zond, Soyuz y Salyut, entre otros, al mismo tiempo que se peleaba con Cheloméi, Glushkó y Yangel, por un lado, y con los EEUU por otro. Vamos que no creo que nadie hubiese estado a la altura.

          1. Si le toco muy duro trabajo, y encima precedido por Koroliov…vamos su sombra era alargada…gracias por la respuesta…

          2. Hay algunos puestos en los que la presión no es que disculpe, más bien obliga a darle a la botella. Me recuerda a Alexander Novikov, Mariscal y comandante de la fuerza aérea del Ejército Rojo (VVS) de 1943 a 1946. Fue el que consiguió convertir en un arma formidable a la fuerza aérea después del los desastres de 1941-1942.
            Muy competente en su trabajo y le daba a la botella que daba gusto. Normal, teniendo en cuenta que sus cuatro antecesores en el cargo habían sido fusilados….

          3. Vamos, yo bebí mas de una, de dos y tres veces, pero si llevas casi más de un mes en el espacio (se supone que sin alcohol), no creo que nadie esté borracho
            Sería un fenómeno

      2. Ajá.

        Gracias pues, por completar mi información inexacta, Daniel!

        Pues sí, ahora ya puedo decir que SÍ ha habido muertes en el espacio… y yo que pensaba que todavía nadie había muerto fuera de la atmósfera… cachis…

      3. Fue una tragedia que nos dejó grandes enseñanzas para la conquista del espacio sabemos que el más mínimo herror técnico o humano trae fatales consecuencias

  5. El accidente de la misión Soyuz 11 provoco el re-diseño a fondo de las naves Soyuz
    reduciendo los tripulantes de tres a dos, lo que permitió el uso de trajes especiales seguros mas modernos.

  6. Cuando se bordean los limites en tantos aspectos, el más mínimo fallo puede traer fatales consecuencias.

    Creo que en aviación existe la obligatoriedad de hacer públicos los datos de determinadas accidentes o incidentes (incluso se constituyen comisiones internacionales) y se reflejan en una normativa internacional.

    ¿existe actualmente ese fair-play a nivel espacial o cada agencia se guarda sus datos celosamente?

  7. En ese entonces había una carrera espacial salvaje entre la URSS y los EEUU: había un afán de ser los primeros y se saltaron muchas cosas de diseño y por supuesto la seguridad. De todas maneras la exploración de nuevos mundos (como la exploración de la Antártida o del nuevo mundo; me hace recordar la expedición británica perdida de Franklin tratando de encontrar una ruta) y mas la exploración espacial espacial tiene sus riesgos y se pagan con vidas humanas; así como paso con el Apolo 1, Soyuz 1, transbordadores Challenger y Columbia; incluso el suceso del VSS Enterprise.

  8. Interesantísima entrada, pero aunque no lo crean había leído ayer algo al respecto en el diario Infobae de Argentina. Aunque no lo crean, este publicación «generalista» sacó en la portada digital una nota sobre la soyuz 11. Bastante extensa y con fotos impactantes como la de los médicos intentando reanimar a los astronautas. Por si alguno quiere pegarle una mirada:
    https://www.infobae.com/historias/2021/06/29/110-segundos-para-morir-la-agonia-de-los-tres-astronautas-de-la-soyuz-11-cuando-supieron-que-no-iban-a-regresar-vivos/

  9. Una tragedia de la astronáutica que se pudo haber evitado (con trajes de vuelo, a lo que el desafortunado Mishin se opuso hasta el desastre; siguiendo ciegamente la estela de Korolev).

    Pero que, sentó algunas de las bases de la seguridad y fiabilidad de la nave Soyuz-MS actual; que ha mantenido y mantiene aún al ser humano en la órbita.

    Que sigan descansando en paz en los muros de Kremlin.

  10. FUERA DEL TEMA (JEFF BEZOS-WALLY FUNK (MERCURY 13)):

    Uno de los mejores reclamos publicitarios de la historia del turismo espacial (by Jeff Bezos):

    Llevar a un miembro del Mercury 13 de 1959-1962 (https://danielmarin.naukas.com/2018/06/11/mercury-13-luces-y-sombras-de-un-documental-necesario/), la hoy anciana Wally Funk de 82 años; en el primer vuelo tripulado de la cápsula suborbital New New Shepard de la empresa Blue Origin (propiedad de Jeff Bezos, fundador de la empresa Amazon).

    Esto parece una versión realista de la película de Clint Eastwood del año 2000 «Space Cowboys» (https://www.youtube.com/watch?v=gnGYgy744vU).

    Por tanto, llamemosla: «Space Cowgirl 2021»

    Y no es broma:

    https://spacenews.com/blue-origin-to-fly-mercury-13-woman-on-first-crewed-new-shepard-flight/

    https://www.instagram.com/tv/CQyQ_asFQEO/?utm_source=ig_embed&utm_campaign=loading

    1. Esperemos que a la señora mayor no le de un infarto durante el vuelo y el reclamo publicitario se convierta en desgracia publicitaria

    2. Otra Off-Topic pero relacionada con el anterior:

      RICHARD BRANSON este 11 DE JULIO!!!
      …con la SpaceShip II de Virgin Galactic, podría vencer en su carrera al ¿espacio? a Jeff Bezos de Blue Origin, que el 20 de julio despegará con la New Shepard (y la Old Wally Funk) en su primer viaje comercial…
      https://www.space.com/virgin-galactic-richard-branson-vss-unity-flight

      Así que además de contra los Chinos, los Norteamericanos corren entre sí para ver quién vuela primero, o… acapara más noticias de impacto mediático, o… llama la atención del público, de los inversionistas, de los votantes, etc.

      Esta variopinta línea de largada se ha puesto de lo más movida de pronto!!!
      Y aunque técnicamente puedan pertenecer a categorías muy diferentes, creo que para el gran público todos están compitiendo por salir primero hacia el espacio. Y en esta carrera aparecen: no solo el viejo SLS del Old Space, contra la Starship de SpaceX (que debatíamos en el artículo anterior de nuestro excelente anfitrión Daniel); sino Bezos/Blue Origin con el New Shepard que lo quiere madrugar a Musk con ese vuelo, y ahora Branson/Virgin Galactic que lo quiere madrugar a Bezos…

      Y por si fuera poco los Rusos para no quedarse tan atrás, ya lanzaron 2 veces el gran Angará-A5 de prueba y preparan su primera misión comercial, sino que parece que se están volviendo a reunir para ponerse las pilas con el proyecto Soyuz-5/Yenisei:
      https://actualidadaeroespacial.com/estudian-el-diseno-de-los-nuevos-soyuz-5/

      Que año este 2021 para los espaciotrastornados!!!

      1. A ver, el comunicado de Branson es una respuesta de relaciones públicas a que Wally Funk desistiera de volar con la propia Virgin Galactic, dados los retrasos e incidentes con el avión suborbital SpaceShipTwo de la compañía. En su antigua aspiración de ser la primera mujer astronauta (en este caso, primera turista suborbital).

        Aspiración e historia que Bezos hábilmente ha explotado con esta oferta a Funk y la campaña publicitaria asociada (que a ella también la traerá beneficios en forma de su imagen pública renovada de «space cowgirl»), tras haber gastado sus principales ahorros obtenidos de sus memorias y derechos de imagen del antiguo Mercury 13 en un infructuoso pasaje en 2012 para la SpaceShipTwo de Virgin Galactic; y así, lograr finalmente su sueño de juventud (se llegó a presentar a astronauta de la NASA en inumerables ocasiones posteriores tras la experiencia con el Mercury 13, en las últimas ocasiones rápidamente descartada por su avanzada edad).

        Por otra parte, Virgin Galactic teme no ser ni la primera ni la principal ni la más mediática operadora de turismo suborbital del mundo occidental. Así que, se ha despertado de su largo letargo para tratar de alcanzar con su «N-1» (SpaceShipTwo) al «Saturno V» que ya es la cásula New Shepard de Blue Origin. Llevan demasiado en este sector para llegar tarde o a nada al final.

        Al menos, en su defecto; con este anuncio, habrán subido las acciones de Virgin Galactic en la bolsa estadounidense; cual Pfizer con los sucesivos anuncios de su vacuna. Siempre viene bien la excitación del público con las acciones de una marca comercial, sobre todo para el beneficio de la marca en cuestión.

        1. Todo lo que quieras, pero si es el primero, es el primero, ese mérito hay que reconocérselo. Sólo con marketing no se llega al espacio.

          1. Bueno, el primero fue el SpaceShipOne de Scaled Composites para la operadora Mojave Aerospace Ventures (la cual más tarde le vendería el proyecto a Virgin y Richard Branson). Un avión suborbital experimental ganador del premio Ansari X, que nunca llevó pasajeros; y eso que tenía supuestamente dos plazas para ello.

            Scaled Composites hizo también el prototipo del SpaceShipTwo (VSS Enterprise), producida su segunda unidad (VSS Unity) y sucesivas por The Spaceship Company (de Virgin Group) para la operadora Virgin Galactic. La cual aún no ha hecho vuelos con turistas suborbitales hoy día, al no haber alcanzado la altura necesaria con seguridad. El gran hándicap de Virgin Galactic y su tecnología actual.

            Mientras, Blue Origin sí ha alcanzado la altura adecuada (> 100 km) con varios vuelos exitosos no-tripulados de la New Shepard. Pero, tampoco ha realizado un lanzamiento tripulado con turistas aún. Ambos están mano a mano por el primer turista suborbital.

            No obstante, la posición de Blue Origin es más fuerte, dado que ya tiene su primer vuelo tripulado programado para este julio, y los vuelos de prueba previos se han desarrollado sin incidentes; llegando a los 107 km de altura (la frontera reconocida internacionalmente del espacio está a 100 km).

            Mientras, Virgin Galactic ha perdido la nave VSS Enterprise en 2014 con la defunción de su copiloto Michael Alsbury y severas lesiones en su piloto Peter Siebold. Restando un única nave superviviente, la VSS Unity; que sólo ha alcanzado los 89.23 km de altura en mayo de 2021.

            Por tanto, Virgin Galactic está a la espera de que dos nuevas unidades (Serial Number Three y Serial Number Four, se habla de nuevas unidades SpaceShipThree; iniciadas en 2020), que completen y sustituyan los problemas y limitaciones de las VSS Enterprise y VVS Unity previas.

            Sinceramente, creo que Virgin Galactic tiene perdida esta carrera. Así que, lo único que les queda es hacer anuncios que difícilmente podrán cumplir.

            Por último, este golpe de mano con Funk ha terminado con la poca moral y mediatización que podrían tener frente a Blue Origin. Y te lo dice alguien que compró acciones de Virgin Galactic en su momento.

            Aunque, de ahí, a no tener futuro hay un trecho. Así que, mis mejores deseos para Virgin Galactic en cualquier caso.

          2. Es la primera empresa:

            1) que ha sido autorizada por la FAA para vuelos comerciales con pasajeros al espacio.

            2) cuyo dueño ha viajado con ella al espacio.

  11. Pobres hombres. Las muertes de astronautas me dan mucha pena. Por eso no puedo releer ni ver dramatizaciones de esos casos, como tampoco lei la entrada.

  12. Hola Daniel, sabia del tema pero con tantos detalles no. Una pena la prepotencia por encima de la seguridad que había entonces. Ellos dieron la vida para que hoy subir en la soyuz sea casi un paseo. Ser pionero es muy difícil y muy arriesgado, ya lo hacían los homínidos al salir a cazar y salir de sus cuevas para buscarse la vida.

    P.D. Daniel podías haber acabado el articulo con el monumento que hay dedicado a ellos en la zona de descenso es muy bonito y son tres baldosas de mármol con sus caras y datos sobre una base de granito

    Saludos Jorge m. g.

    1. Una entrada espectacular, como todas las que Daniel hace sobre la historia de la cosmonautica.
      Además de este monumento, la tripulación de la Soyuz 11 también tienen sus nombres en el “Fallen Astronaut” que David Scott dejó el la Luna durante el Apollo 15

  13. Una tragedia relatada tan bien que hace reflexionar.

    Queda claro que el trabajo de astronauta es para heroes dispuestos a dar su vida por una causa noble, como la ciencia, la seguridad de su país o la seguridad de su planeta.
    Pienso que no se deberían frivolizar los viajes espaciales tripulados con el turismo.

    Seguimos usando los mismos métodos peligrosos para lanzar y descender astronautas que al principio, y no se ve alternativa por mucho tiempo. Por eso no se debería embaucar a la gente con la ilusión de viajes en masa.

    La seguridad, como ya se ha comentado, está en las pruebas. No hay cohete y cápsula más probado que la Soyuz. Ahora se pretenden viajes con cohetes y naves mucho mayores, que veo imposible que pasen tantas pruebas reales como las Soyuz, y que añadirán peligros, sobre todo por la dificultad de poner en órbita y frenar en el descenso masas mayores. Que no engañen a la gente. Eso, en mi humilde opinión, no tiene ningún futuro.

    1. No creo que nadie esté embaucando a nadie. En las décadas de los 20-30 del siglo pasado (no hace ni cien años) tenías que tener narices para montarte en un Fokker trimotor para ir de Londres a Berlín. Por no hablar de tener pasaje en el Graf Zeppelin para ir de Berlín a Nueva York. Si en esos años un visionario dijera que en 80 años cientos de miles de personas estarían en el aire simultáneamente cruzando todos los continentes y que sería más posible morir en un accidente doméstico que volando, ¿lo tacharías de embaucador?

      1. No es comparable ponerse en órbita con viajar por el aire, algo que ya hacían desde insectos hasta aves. Yo lo compararía con bucear en lava. Se puede hacer con mucha ayuda tecnológica por poco tiempo, pero no se puede vender al público.

        1. La física del vuelo que usamos para volar no es derivable de la que usan los insectos (y hasta cierto punto las aves). Y el ser humano vuela.
          Tampoco es comparable ponerse en órbita con viajar por debajo del agua. Y el ser humano lo hace. Y nada tiene que ver la física que usan los peces con la de un submarino.
          Y la gente se monta en aviones y submarinos.
          También había gente que pronosticaba que las «altas» velocidades a las que viajaba el tren a mediados del XIX sería letal para los pasajeros, ya que el cuerpo humano no podría soportarlas.
          Pues ya tenemos gente viviendo de continuo en el espacio. Si no hay más gente es por el coste actual. Si ese coste se abarata la gente buceara en lava, hará turismo y hará negocios.
          Que costara vidas, por supuesto. La gente se sigue matando en aviones y submarinos, se aprende de las lecciones y se continúa.

          1. El tiempo ha demostrado que no son comparables la aviación y la astronáutica. Desde que voló el primer avión hasta los vuelos comerciales pasaron pocos años.
            En astronáutica seguimos estancados en lo que se puede: unos pocos héroes por viaje.

          2. Dices «La física del vuelo que usamos para volar no es derivable de la que usan los insectos (y hasta cierto punto las aves). Y el ser humano vuela»
            La física de los seres vivos y la de los artefactos humanos es la misma. Si no hemos copiado más de los seres vivos para volar o para viajar bajo el agua es por lo limitado de nuestros conocimientos, si no lo haríamos, porque las aves y los peces son muchísimo más eficaces que nuestros aparatos.

          3. Ya hay aparatos que vuelan como insectos o aves desde hace varios años. Youtube esta lleno de eso. Pronto no sabremos si un pajaro es un pajaro o un dron.

          4. Pronto si vas a un telo con tu amante, algo que crees un insecto será un dron pagado por tu pareja formal que te está vigilando.

    2. Como dije antes, genial entrada de Daniel. Ojala no se hubieran perdido vidas, pero si se pierden lo hicieron por un ideal, al cual tu, fisivi, al leerte en cada una de tus entradas, estas muy lejos de aspirar.
      Una pena tu comentario banalizando el sacrificio orgulloso de estos humanos en pos de algo que creian superior. que es lo que falta hoy en dia.

  14. Un final dramático para estos astronautas y pioneros que fueron marcando el camino a seguir.

    No sé por qué me ha venido a la cabeza la muerte de ese mal nacido de Tenerife que mató a sus pequeñas y luego se lanzó al mar con dos pequeñas botellas de oxígeno y plomos a modo de lastre buscando, dicen los medios, no poder subir y tener una ‘muerte dulce’. No parece el caso de estos astronautas. La angustia de esos últimos momentos explica la subida de pulsaciones hasta 180 por minuto.

    Produce angustia imaginar la situación…

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