Siempre me ha interesado este periodo oscuro de la historia, supongo que debido a que supone un ejemplo de la transición que tuvo lugar en toda Europa del Imperio Romano a la formación de los estados medievales. Por eso decidí comprarme este libro de Roger Collins (editorial Crítica). Collins es inglés, así que antes de leerlo supuse que sería una buen libro de historia, ya que desgraciadamente, y basándome en mi limitada experiencia, los historiadores anglosajones suelen tener un estilo más práctico y conciso que los españoles, incluso en asuntos “propios” como es la historia visigoda.

El libro no defrauda y nos ofrece una visión global de la historia visigoda que va más allá de la lista biográfica de reyes que figura en otros libros, haciendo uso extensivo de los (limitados) datos arqueológicos para ofrecernos un panorama muy distinto al típico. Collins destruye el mito de los visigodos (y otros pueblos bárbaros) como pueblo invasor de raíces históricas profundas y ofrece la imagen más realista de pequeñas federaciones de pueblos germánicos que se formaron alrededor de los siglos II – III d.C. y que sirvieron como mercenarios del Imperio tardío. Llama la impresión el escaso número de los ejércitos visigodos: puede que no fueran más de 5000 guerreros (casi el tamaño de una legión romana), por lo que eso significa que una pequeña élite logró imponerse sobre una población hispano-romana de un millón de almas, población que no había parado de descender desde tiempos de Augusto por causas poco claras. Collins recuerda que ellos nunca se llamaron así mismos Visigodos (Godos del Este), sino simplemente Godos, y que la división entre Visigodos y Ostrogodos fue un recurso de los historiadores posteriores.

Quizás lo más sorprendente es lo poquísimo que sabemos en realidad sobre este periodo, especialmente los primeros siglos: desconocemos el nombre de muchos reyes y sus fechas de reinado exactas, cómo se integraron realmente en la cultura romana (¿hablaban godo o latín?, ¿hasta cuándo lo hicieron?), sus luchas internas (¿cuál fue el alcance exacto de la dominación bizantina obre el sur de la península?), etc, etc….por si fuera poco, historiadores posteriores se inventaron muchos mitos e historias sobre el periodo, incluyendo mi favorita, la del rey Wamba al que drogaron para quitarle el trono…qué pena, porque era una gran historia. En definitiva, un periodo oscuro de luchas continuas y despoblación de ciudades que hizo que los periodos medievales posteriores pareciesen por comparación un renacimiento cultural espectacular.

Una pega: la falta de ilustraciones y/o fotos que nos den una imagen de cómo eran estos guerreros y sus costumbres. Para esto último, mejor comprar este libro de Osprey.

Es la continuación de la famosa la Radio de Darwin, de mi querido Greg Bear. Se ve que al bueno de Greg le hacían falta perras pa comprar un ordenata nuevo para los niños y accedió a escribir esta cosa…

mi opinión sobre la obra: pues no la tengo porque lamentablemente me he visto incapaz de acabarla…de verdad que lo siento, porque muy rara vez dejo un libro a medias, pero este en concreto se me ha hecho tan soporífero que no he tenido fuerzas para terminarlo…lástima porque la primera parte que merece la pena. Quizás si sacase una edición light sin las 500 páginas que le sobran me lo leería.

Ya vi la (esperemos) última película de la multitrilogía más famosa de todos los tiempos. No me esperaba gran cosa después de las dos primeras, así que quizás eso explique que saliese moderadamente contento del cine. La peli está bien y logra elevar ligeramente el bajo nivel medio de esta trilogía, muy inferior a la original, pero aún así, está lejos de ser un clásico del género, y es una pena, porque Lucas contaba con todos los elementos para bordarlo. Hay muchos puntos oscuros, pero lo peor es que en raras ocasiones la película te transmite emociones intensas: los personajes presentan menos registros que un presentador de telediario y cuando lo hacen, parecen que están actuando en una obra del colegio. Esto se nota especialmente en el personaje de Anakin, ya que el actor no está a la altura del mito de Vader, aunque ha mejorado respecto a su deplorable papel en el Ataque de los Clones. Otra nota negativa es una vez más el sacrificio de la trama frente a la espectacularidad: Lucas dirige con la mente puesta en la pasta que va a sacar con los miles videojuegos para la Play y eso se nota, introduciendo batallas anodinas que no vienen a cuento por la jeta, sin ninguna emoción…empieza la peli, y ¡hala!, una batalla espacial en la capital de la República porque sí, sin explicaciones ni nada. Mucho láser, mucha nave, pero ninguna emoción, porque uno no sabe a qué viene tanto jaleo. Luego nos enteramos de que la batalla se produce porque la Federación de Comercio ha secuestrado a Palpatine…¿pero cómo?, ¿por la cara?¿a alguien le importa?…luego, el maliiiiísimo Conde Dooku del episodio II es aquí un machango que se cepillan en un minuto: otra vez la manía de Lucas de meter personajes y cargárselos sin más, como Darth Maul o Qui Gonn, manía que incomprensiblemente no afecta a ese ser inmundo y deplorable llamado Jar-Jar. Pero Lucas, no contento con ello, introduce otro personaje-machango llamado Grievous, que, como no, se ventila en seguida sin que a nadie le importe un bledo.

Y es que lo peor de la peli es Lucas…sí, sí, el mismísimo George y su manía de controlar todos los detalles de la trama. En vez de dejar que dirija un profesional mientras él se dedica a hacer lo mejor sabe, esto es, videojuegos, efectos especiales y merchandising, las zarpas de Lucas, que sin duda se ha pasado irremisiblemente al lado oscuro, se notan a cada segundo con su jodía manía de dejar atada y bien atada esta peli con la Guerra de las Galaxias original, cuando eso es imposible y no hay necesidad alguna en realidad. Es una pena, porque la única vez que Lucas dejó a alguien dirigir su obra en serio, el resultado fue la mejor película de Star Wars…me refiero naturalmente al Imperio Contraataca. Sin embargo, el resto de ocasiones, con la excepción de la primera película, no ha perdido oportunidad de cagarla con engendros abominables como los Ewoks o los Gungan, o machacando la trama hasta extremos irrisorios, como con la introducción de los midiclorianossss, jaarrrlll!!.

Pero no todo son sombras, y hay unas cuantas escenas que brillan: a mí me gustó mucho la parte en la que Anakin piensa en pasarse al lado oscuro contemplando la ciudad, o el asalto a la Escuela Jedi. Pero, naturalmente, por encima de todo, destaca cuando le ponen la máscara a Darth Vader, aunque luego Lucas vuelva a cagarla y el mejor malvado de la historia del cine se ponga a andar como Frankenstein gritando, “noooo, yo la queríaaa”, o algo así, lo cual resulta un tanto patético.

Pese a todo, una buena peli entretenida que hay que ver, algo que seguro que Darth Lucas ya sabía, así que pensó: “¿pa’ qué voy a romperme la cabeza, si toda la peña va a ir igualmente al cine?”. Pos eso.

El poder de resolución de la sonda Mars Global Surveyor sigue sorprendiendo. Ahora anuncian que han encontrado a la Viking 2 y posiblemente a la Mars Polar Lander. La Viking 2 se posó en la superficie marciana en septiembre de 1976, pero como la zona de aterrizaje tenía poco relieve, no se pudo precisar con precisión el punto exacto, a diferencia de su gemela, la Viking 1. Ahora, con una nueva técnica que permite imágenes con una resolución de 0.5 m, han logrado avistarla sobre la superficie. Más curioso es el caso de la Polar Lander, que desapareció sin dejar rastro antes de aterrizar en diciembre de 1999. Por fin parece ser que se ha detectado en las imágenes de la MGS. De ser así, apoyaría la tesis de que la sonda se estrelló al apagarse los motores de frenado demsiado pronto, debido a un fallo de diseño. Anteriormente la Surveyor había visto desde la órbita a la Viking 1, la Mars Pathfinder y, como no, los rovers Spirit y Opportunity (se ven hasta las huellas que dejaron los bichos). ¿Para cuando se animan a encontrar la Mars 3? Por cierto, he encontrado esta bonita vista oblicua del cráter Gusev que no tiene desperdicio.

Un libro muy interesante de Adrian Goldsworthy editado en español por Akal. A pesar de su excesivo precio (unos 40 €) es una obra que cualquier aficionado a la Antigüedad debe tener. El libro cubre todos los aspectos de la máquina de guerra que hizo de Roma un imperio, pero destaca especialmente por su material gráfico, lo que nos permite hacernos una idea muy precisa de cómo era el día a día de un legionario. Pese a todo, se echan de menos más reconstrucciones artísticas como las que aparecen en los libros de Osprey, en vez de tantas fotos de ruinas y estelas funerarias (curiosamente, una de las mejores fuentes de información sobre el equipamiento del ejército romano). Lo que más me gustó es que también cubre el periodo del imperio tardío, cuando las legiones romanas tenían un aspecto más similar a los soldados medievales que a los ejércitos de legionarios con la famosa lorica segmentata de los primeros siglos d.C.