Mi generación fue de las últimas que se tuvieron que aprender los nombres de los reyes visigodos porque, en realidad, eso era a lo que se reducía la ocupación de Hispania durante más de dos siglos por parte de estas huestes bárbaras: una interminable lista de nombres curiosos y más bien chocantes. Juan Antonio Cebrián ha logrado resumir esta historia y ponerla al día para las nuevas generaciones y para todos aquellos que se habían olvidado de los descendientes de Alarico en un libro bastante entretenido. La única pega que le veo a la obra es que el autor se decanta por una narración muy tradicional, contando la historia de los visigodos en función de sus dirigentes, con lo cual la obra se convierte efectivamente en una gran lista de reyes godos, eso sí, bastante amena.

El Franquismo convirtió a estos ocupantes extranjeros en un referente histórico español gracias a unos mecanismos de razonamiento bastante surrealistas por los cuales se consideraba que, al haber reinado sobre el territorio de la Península Ibérica, eran los fundadores de una especie de proto-España. Esto explica porqué en las crónicas del siglo XX sobre esta época no se menciona mucho a los Suevos, Vándalos (a quienes Andalucía debe su nombre), Bizantinos o a los rebeldes hispanos y/o vascones que desafiaron la autoridad de los reyes de Toledo.

Desgraciadamente nunca se hace hincapié en los que son para mi gusto los temas importantes: ¿cómo vivía exactamente la población hispana esta ocupación?, ¿cómo se produjo la gradual asimilación de las costumbres hispanas, aparte de la religión, por parte de los Godos?, ¿hasta cuándo conservaron su lengua y costumbres?, etc., etc.

Yo me quedo con el rey Wamba, al cual drogaron para que pareciese que su muerte era inminente, y así poder vestirlo con los hábitos propios de la ceremonia goda para facilitar el paso a los cielos del monarca. Como la costumbre impedía reinar a nadie que hubiera vestido dichos hábitos, cuando el pobre hombre se recuperó se vio destronado y enviado a un monasterio para vivir los siete años que le quedaban de vida…

¿Cómo?. Pues para eso está el satélite KEO, que será lanzado en el 2006 y orbitará nuestro planeta durante unos 50 000 años. El cacharro es básicamente una bola de acero hueca donde se van a meter recuerdos de nuestra época, entre ellos CDs con los comentarios lúcidos y/o chorras de todos los que quieran escribir algo para la posteridad en la página www.keo.org. Da miedo pensar donde puede estar el ser humano por entonces…esperemos que hayamos conseguido llegar muuuy lejos.

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Curiosa obra del irregular David Brin leída en estos meses estivales. La idea es muy atrayente y original: imagínense que podemos crear copias de nosotros mismos con cuerpos sintéticos que sólo tienen un día de duración, y que es posible cargar los recuerdos vividos por esa copia al final de su vida útil.

Se trata de la típica novela de ciencia-ficción donde lo importante es una idea impactante y novedosa, sin entrar en detalles técnicos de cómo es posible tal tecnología. Brin logra magníficamente mostrar una sociedad donde esta técnica se utiliza de forma tan habitual que copiar personas es tan común como para nosotros hacer una fotocopia del DNI. La trama toma forma de un relato policial con múltiples historias, incluyendo los puntos de vista de las copias (o “golems”, como se les llama), con un tono jocoso e irónico.

Desgraciadamente no todo son elogios, ya que la obra tiene dos defectos graves: por un lado, el final ambiguo y esotérico donde a Brin se le va la olla un poco. Por otro, la ya habitual y desagradable costumbre de añadir páginas sin tino a toda novela moderna hasta que alcance el número mínimo de 500, como todo “buen” best-seller demanda, aunque esto provoque que la trama sea a veces incoherente y pesada. Una pena, porque Gente de Barro hubiera sido casi perfecta con 300 páginas menos…aún así merece la pena leerla.

Más o menos eso es lo que piensan los investigadores que han detectado la forma que toma la materia oscura a gran escala en nuestro universo. Observando las imágenes en rayos-X del telescopio espacial Chandra, han deducido que los cúmulos de galaxias se agrupan en las intersecciones de gigantescos filamentos de materia oscura atraídos por su gravedad. Este resultado ratifica las recientes simulaciones por ordenador que predecían precisamente una disposición en filamentos de la materia oscura…ahora a ver si algún día nos enteramos qué forma esta oscuridad (¿neutralinos?), que esto es muu misteriosorrrrr.

Muy buen libro de Ernst Dolbhofer que repasa los distintos tipos de escritura y su origen. Lo mejor: la profundidad del capítulo sobre los jeroglíficos hititas, muy interesantes, y algunos ejemplos de escritura cuneiforme persa. Lo peor: su enfoque no es muy original, con el consabido desfile de figuras históricas (Champollion…) y sus esfuerzos para desenmarañar los misterios de las escrituras antiguas. Además es muy parecido a muchos otros libros sobre el origen de la escritura y tampoco trata las escrituras del nuevo mundo (en especial me hubiera interesado ver la escritura maya), lo que es una pena.

Por encima de todo es un gran recuerdo del Museo de Pérgamo de Berlín.

El Opportunity ya nos había sorprendido con la confirmación de que en Marte hubo una masa estable de agua líquida que permitió la formación de sedimentos. Ahora unos investigadores, aprovechando datos de la Global Surveyor y la Mars Odyssey han concretado más cómo fue ese Océano. Bueno, no es el Oceanus Borealis de Baker, pero casi.

Hemos tenido un verano movidito con el tema de planetas extrasolares. Primero Roi Alonso, del IAC descubrió un planeta por el método de tránsito (el quinto por este método). Después los europeos descubren el planeta menos masivo (y más pequeño) descubierto hasta la fecha, con sólo 14 masas terrestres, y los americanos otros dos “pequeños Neptunos”. Aunque con las técnicas actuales de velocidades radiales no podrán bajar mucho más el umbral de masas, el zoológico cósmico planetario es cada vez más y más interesante.Ver: The Extrasolar Planets EncyclopaediaExtrasolar Visions

Otro libro que cayó este verano. Dan Simmons vuelve a la carga tras muchos años de silencio en el campo de la ciencia-ficción tras su magnífica Hiperión. El argumento es tan extraño y surrealista que me resisto a resumirlo aquí. Baste decir que está ambientada en un futuro donde coexisten tres tramas narrativas, siendo la más importante la “reconstrucción” en Marte de la Guerra de Troya (Ilión) tal y como la plasmó Homero en la Ilíada. Simmons es un maestro en mantener al lector entretenido a la vez que transforma en reales unos personajes e historias poco creíbles en en un principio. Con todo, me ha parecido que Ilión tiene demasiados recursos narrativos que recuerdan demasiado a Hiperión y a su continuación, Endimión, sin llegar a estar a su altura. Espero ansioso la segunda parte, ya que la editorial española ha decidido una vez más prolongar el sufrimiento de sus lectores dividiendo en dos el original.

Según publican los investigadores Christopher Rose y Gregory Wright en Nature, es posible que a una raza alienígena le resulte más económico (energéticamente hablando) mandar “paquetes” físicos a otras estrellas en vez de señales de radio o láser. Así que ya saben, atentos, que cualquier día nos cae en la cabeza una enciclopedia cósmica. ¿Podría ser ésta una pequeña solución de la Paradoja de Fermi?. Curiosamente, esta noticia llega un par de días después de que los del SETI encontrasen una señal “anómala”.

Otra obra del genial Neal Stephenson tras el fabuloso Criptonomicón. Se trata de un mega libro de miles de páginas que sigue la dinámica de la anterior saga, esta vez ambientada en el Barroco (por algo se llama el Ciclo del Barroco a toda la serie), y casi con los mismo protagonistas (en realidad sus antepasados, naturalmente). Es una obra difícil de catalogar, pues cambia de estilo como de personajes, pero cualquiera que sienta interés por la historia (y en concreto la historia de la ciencia) debería leerlo. El libro consta de tres partes en inglés, de las que se han publicado dos (Quicksilver y The Confusion), cada una con mil páginas. Aquí en España, la editorial ha decidido publicar a su vez Quicksilver en tres partes, por lo que decidí pillarlo por Amazon y ahorrarme una pasta…jeje.

Cuando me acabe los dos informaré del resultado. Por ahora, puedo decir que se trata de esas obras que resulta un placer leerlas página a página, sin tener en cuenta el argumento general o el final…todo un logro en estos tiempos.