La empresa española PLD Space no solo sigue adelante con sus planes para lanzar cohetes espaciales desde territorio español, sino que van a toda máquina. Ahora sí que podemos decir que nunca antes nuestro país ha estado más cerca de desarrollar un sistema de lanzamiento orbital propio. En los últimos meses PLD Space ha superado varios hitos que la afianzan como una empresa sólida y la acercan a su meta de llevar a cabo la primera misión suborbital del Arion 1 el año que viene. Por si alguien no está al tanto del recorrido de PLD Space, lo mejor es que hagamos un pequeño resumen histórico antes de centrarnos en las novedades.

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Recreación del lanzamiento del Arion 2. La primer etapa vuelve a la Tierra para ser recuperada (PLD Space).

PLD Space nació en 2011 de la mano de dos jóvenes de Elche, Raúl Torres y Raúl Verdú, con el —¿loco?— objetivo de desarrollar el cohete suborbital Arion 1 y el pequeño lanzador orbital Arion 2. Y digo loco, porque dejando a un lado el escaso interés de nuestros gobernantes en estos temas, en España no había ninguna experiencia con lanzadores de combustible líquido (el programa Capricornio del INTA de los años 90, que como todos sabemos no llegó a buen puerto, se basaba en cohetes de combustible sólido y, en parte, en tecnología estadounidense). Pese a todo, en 2013 consiguieron atraer cerca de un millón de euros procedentes más de veinte inversores privados y en 2015 inauguraron su banco de pruebas para motores de combustible líquido en el aeropuerto de Teruel. Ese mismo año comenzaron las pruebas con prototipos de motores para el Arion. Estas instalaciones, únicas en España, serían usadas también por la agencia espacial alemana DLR dentro del marco del programa SMILE (Small Sat Launcher).

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¡Sí! ¡Ya está aquí! Éste es el esperado programa número 45 de Radio Skylab. Este sí es el especial del Falcon Heavy donde analizamos con todo detalle el lanzamiento de prueba del cohete comercial más potente en servicio. El programa está dividido en cuatro secciones. En la primera, hablamos sobre los cohetes Falcon. En la segunda, revivimos el primer lanzamiento del Falcon Heavy. En la tercera sección, hablamos sobre la extraña carga inútil del Falcon Heavy. Y finalmente, hablamos del impacto de SpaceX y el Falcon Heavy en la industria aeroespecial. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por las fronteras del conocimiento. Más las preguntas de los oyentes y nuevas recomendaciones.

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El pasado 6 de febrero tuvo lugar un hecho insólito. La primera misión del cohete Falcon Heavy del SpaceX lanzó un coche eléctrico Tesla Roadster propiedad de Elon Musk en una órbita alrededor del Sol. Por si fuera poco, tras el volante se encontraba un maniquí con la escafandra de SpaceX que fue bautizado como Starman. Inicialmente estaba previsto que el coche quedase situado en una órbita de transferencia de Hohmann hacia Marte, esto es, con su afelio —el punto más lejano al Sol— en la órbita del planeta rojo y el perihelio en la órbita de la Tierra. Eso sí, de tal forma que el coche no pasase cerca de Marte propiamente dicho. Sin embargo, poco después del lanzamiento el propio Musk anunció que el Roadster había sido inyectado en una órbita con un afelio en el cinturón de asteroides, una afirmación que pronto fue puesta en tela de juicio por muchos observadores. Entonces, ¿cuál es la órbita final del coche espacial? ¿Existe alguna posibilidad de que acabe chocando con la Tierra o Marte? Y si es así, ¿cuándo?

Última imagen de Starman con la Tierra al fondo una vez situado en una trayectoria de escape (SpaceX).
Última imagen de Starman con la Tierra al fondo una vez situado en una trayectoria de escape (SpaceX).

De entrada conviene dejar claro que el Roadster no dispone de ningún sistema de guiado, navegación o comunicaciones y poco después del tercer encendido de la segunda etapa del Falcon Heavy que proporcionó al vehículo la velocidad de escape con respecto a la Tierra se perdieron las comunicaciones con el coche y su poco expresivo piloto. El Roadster permanecerá unido a la segunda etapa del lanzador, que es mucho más grande, lo que ha permitido que haya podido ser visto a mayor distancia (en un principio se creía que el Roadster se separaría de la segunda etapa, pero no ha sido así). El 8 de febrero el coche atravesó la órbita lunar, pasando a una distancia mínima de 140.000 kilómetros de nuestro satélite a las 02:20 UTC. El día 12 sobrepasó la esfera de Hill de nuestro planeta, es decir, la zona de influencia del campo gravitatorio terrestre. A partir de ese momento el Roadster estaba oficialmente en el espacio interplanetario.

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El primer carguero de 2018 para la estación espacial internacional (ISS) ya está en camino. El 13 de febrero de 2018 a las 08:13 UTC la corporación estatal rusa GK Roscosmos lanzó un cohete Soyuz-2.1a desde la Rampa Número 6 (PU-6 o 17P32-6) del Área 31 del cosmódromo de Baikonur con la nave de carga Progress MS-08 (Progress 11F615 nº 438), también denominada 69P de acuerdo con la nomenclatura de la NASA. La nave llevaba 2.746 kg de carga para los seis astronautas de la ISS. La órbita inicial fue de 186 x 223 kilómetros de altura y 51,7º de inclinación. Este ha sido el segundo lanzamiento orbital de Rusia en lo que llevamos de 2018 y el segundo de un cohete Soyuz. Exteriormente esta Progress se diferencia de las anteriores por llevar seis radiadores pertenecientes al experimento Fasoperejod. Se trata de un prototipo de sistema de radiadores a base de amoniaco que serán puestos a prueba durante los meses que estará la Progress acoplada a la ISS.

Lanzamiento de la Progress MS-08 (Roscosmos).
Lanzamiento de la Progress MS-08 (Roscosmos).

La Progress MS-08 debía haber despegado dos días antes para llevar a cabo un acoplamiento récord con la ISS en tan solo dos órbitas (3,5 horas), pero un problema con el ordenador del cohete obligó a posponer el lanzamiento durante los últimos segundos de la cuenta atrás (el ordenador central tuvo que ser sustituido). Por este motivo la Progress MS-08 usará la tradicional secuencia de aproximación de dos días y se acoplará con el puerto trasero del módulo Zvezdá de la ISS el 15 de febrero a las 10:43 UTC. La Progress MS-07 también intentó realizar la maniobra de aproximación en dos órbitas, pero no pudo lograrlo por un retraso similar. Actualmente las naves Soyuz y Progress suelen usar una aproximación de seis horas (cuatro órbitas) como técnica estándar, aunque en caso necesario se sigue empleando la aproximación de dos días.

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El Falcon 9 de SpaceX ha revolucionado la industria de lanzadores espaciales por su capacidad para reutilizar la primera etapa y, un factor que a veces se nos olvida, por la sencillez de su diseño. Este último punto hace que el Falcon 9 guarde ciertas similitudes con varios lanzadores rusos, de ahí que mucha gente se plantee si en este país no se ha estudiado responder al desafío de SpaceX con un lanzador similar. Quizás la propuesta de vector ruso más parecida al Falcon 9 haya sido el Rossiyanka (Россиянка, «rusa»). Este cohete de la empresa GRTs Makeyev, tradicionalmente a cargo de la construcción de los misiles balísticos rusos lanzados desde submarinos, debía tener dos etapas y la primera sería reutilizable con el objetivo de abaratar los costes de lanzamiento.

Cohete Rossiyanka con una primera etapa reutilizable ()
Cohete Rossiyanka con una primera etapa reutilizable (GRTs Makeyev).

Ambas etapas usarían metano (gas natural) y oxígeno líquido para favorecer la reutilización. La primera etapa tendría un curioso aspecto achatado al estar dispuestos los tanques de propelentes a los lados del eje principal. Esta forma obedecía al deseo de los diseñadores de aumentar el control de la etapa durante el vuelo de regreso, ya que de este modo el centro de masas no variaría tanto como si la etapa tuviese una forma convencional (como la del Falcon 9). La primera etapa dispondría de cinco motores y, tras su separación a unos 60 kilómetros de altura y 1,5 km/s de velocidad, realizaría un encendido para volver al lugar de lanzamiento, seguido de otro para frenar la velocidad de reentrada atmosférica después de haber superado los cien kilómetros de altura en su trayectoria. Por último, el encendido final para el aterrizaje se produciría a un kilómetro de altura. Seguro que este esquema nos suena a todos, porque es muy parecido al que usa SpaceX en sus misiones.

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Si hablamos de asteroides cercanos a la Tierra y sus recursos muchos se imaginarán operaciones de minería espacial para extraer elementos de gran valor como oro, platino o tantalio. Y puede que en el futuro así sea —ahí tenemos a empresas como Planetary Resources que buscan explotar este potencial—, pero por el momento el recurso más preciado que guardan los asteroides cercanos es un compuesto aparentemente tan común como el agua. ¿Por qué? Pues porque a partir del agua podemos extraer oxígeno e hidrógeno, que sirven como propelentes para vehículos espaciales. Y además obviamente podemos emplear el oxígeno y el agua para sustentar a las tripulaciones que viajen por el sistema solar. ¿Pero cómo podemos hacer realidad todo esto? Recientemente la empresa TransAstra Corporation realizó un estudio financiado por el programa NIAC (Innovative Advanced Concepts) de la NASA que nos presenta un futuro rutilante para la exploración del sistema solar aprovechando el agua de los asteroides.

Una nave no tripulada Honey Bee capturando un asteroide antes de extraerle los volátiles (TransAstra).
Una nave no tripulada Honey Bee capturando un asteroide antes de extraerle los volátiles (TransAstra).

La opción de usar asteroides cercanos (NEOs) para extraer agua en vez de usar las reservas del polo sur de la Luna o Marte es que, lógicamente, se trata de objetivos mucho más asequibles energéticamente hablando. El núcleo de la estrategia presentada en el informe es la arquitectura Apis (Asteroid-Provided In-Situ Supplies). Siguiendo la metáfora de las abejas, en un primer momento tendríamos dos tipos de naves: las tipo Honey Bee y las de tipo Reusable Worker Bee. Las Honey Bee serían naves no tripuladas destinadas a extraer agua de los asteroides mediante minado óptico. ¿Y cómo funciona esto? La Honey Bee, de cuatro toneladas de masa, despegaría usando un cohete similar al Falcon 9 y, tras un viaje de aproximadamente un año, se acercaría a un asteroide cercano de composición de tipo condrita carbonácea (con mayor contenido en volátiles). Luego procedería a capturar un asteroide pequeño metiéndolo en una bolsa. Sí, efectivamente el sistema sería el mismo que el propuesto para las primeras versiones de la cancelada misión ARM (Asteroid Redirect Mission) de la NASA).

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Conocemos miles de planetas extrasolares y todos ellos están en nuestra Galaxia. La mayoría de estos mundos han sido descubiertos por el telescopio espacial Kepler, pero esta maravillosa herramienta solo es capaz de detectar planetas mediante el método del tránsito hasta unos 3.000 años luz de distancia. El otro método popular, el de la velocidad radial, es todavía más limitado ¿Cómo ir más lejos? Gracias al método de la microlente gravitatoria. Esta técnica nos permite ver planetas que se hallan a más de 25.000 años luz, o sea, la distancia al centro galáctico. No está mal, pero seguimos estando dentro de la Vía Láctea.

El cuásar RXJ 1131−1231 distorisonado por efecto de lente gravitatoria de una galaxia más cercana (University of Oklahoma).
El cuásar RXJ 1131−1231 distorisonado por efecto de lente gravitatoria de una galaxia más cercana (University of Oklahoma).

La técnica de la microlente se basa en que el campo gravitatorio de un planeta —u otro cuerpo— aumenta brevemente el brillo de una estrella de fondo de acuerdo con las ecuaciones de la relatividad general de Einstein. Gracias a la microlente ya hemos descubierto alrededor de 70 exoplanetas. La distorsión de microlente gravitatoria no debe confundirse con el efecto de lente gravitatoria a secas que podemos apreciar cuando los grandes cúmulos de galaxias distorsionan la luz de galaxias situadas mucho más lejos. Pero, ¿qué pasa si combinamos ambos métodos? Usando el aumento propiciado por el efecto de lente gravitatoria se pueden ver galaxias tremendamente lejanas. Ahora bien, a pesar del aumento de la lente gravitatoria, estamos muy lejos de ver objetos individuales como estrellas o planetas. ¿No?

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Este no es el especial del Falcon Heavy, habrá que esperar un poco 😉 Pero aún así, tenemos un montón de temas interesantes que tratar en el programa 44 de Radio Skylab. El primer tema es nuestra particular conmemoración del Día del Recordatorio de la NASA, en el que desgranamos el Accidente del transbordador Challenger. En la segunda parte del programa, dirigimos la mirada hacia el cielo para hablar de ilusiones ópticas y fenómenos atmosféricos. ¿Se ve la luna más grande en el horizonte? ¿Qué son las auroras? ¿El cielo es azul en todos los planetas? Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por las fronteras del conocimiento. También son fieles a la cita las secciones de retroalimentación y recomendaciones.

radio skylab 44

Recuerda que puedes pasarte por nuestra página web o en iVoox (Podcast Radio Skylab) o, si lo prefieres, iTunes. Y si quieres, comenta y puntua (favorablemente, claro), mejor que mejor. Además nos puedes seguir en Twitter (@radioskylab_es) y Facebook (@radioskylab.es). Y ahora también está el club de fans en Facebook del que puedes ser parte. Recuerda también que hemos organizado un nuevo club de lectura. Esta vez toca leerse El marciano (The Martian) de Andy Weir, que analizaremos en un programa posterior.

Todavía no se nos ha pasado la resaca del espectacular primer lanzamiento del Falcon Heavy y Elon Musk ya nos ha vuelto a dejar con la miel en los labios con el anuncio de una posible versión pesada del nuevo cohete. En la rueda de prensa posterior al lanzamiento Musk habló de un hipotético Falcon Super Heavy con cinco bloques en la primera etapa. El comentario ha dejado a todo el mundo de piedra, porque recordemos que los planes de SpaceX pasan por sustituir durante la próxima década a los actuales Falcon 9 y Falcon Heavy en favor del futuro cohete gigante BFR (Big Falcon Rocket).

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Primer lanzamiento del Falcon Heavy desde la rampa 39A del KSC (Ryan Chylinski).

El Falcon Super Heavy tendría un empuje de unas 4.000 toneladas al lanzamiento y podría colocar entre 100 y 140 toneladas en órbita baja, es decir, sería comparable al Saturno V y, algo que afectaría de lleno a la NASA, su capacidad sería similar o superior la del SLS Block 2, una variante del SLS que no despegará hasta 2024 aproximadamente. Pero, ¿se trata de un proyecto real o es una broma de Musk? El hecho de que el CEO de SpaceX haya dado esas cifras en la rueda de prensa significa que, al menos, es un concepto que han estudiado más o menos seriamente.

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Hoy 6 de febrero de 2018 es un día histórico. Hemos tardado seis años en llegar hasta aquí, pero la espera ha valido la pena. SpaceX ha lanzado al fin el Falcon Heavy, el cohete más potente en servicio. Y, lo más increíble, lo ha lanzado con éxito. Con casi 64 toneladas de capacidad de carga en órbita baja se trata además del mayor lanzador que surca los cielos desde el último despegue del cohete soviético Energía en 1988, un vehículo que podía llevar hasta cien toneladas. Para que nos hagamos una idea del potencial del Falcon Heavy, el siguiente vector en servicio más potente es el Delta IV Heavy de la empresa ULA, que puede lanzar unas 29 toneladas a la orbita baja. O sea, menos de la mitad. De golpe hoy la humanidad ha visto doblada su capacidad de lanzar carga al espacio.

El Falcon Heavy surca los cielos (John Kraus).
El Falcon Heavy surca los cielos (John Kraus).

El logro ha sido todavía más espectacular porque se intentaron recuperar los tres bloques de la primera etapa. Tras el despegue desde la mítica rampa 39A del Centro Espacial Kennedy —la misma usada por las misiones Apolo y el transbordador espacial— a las 20:45 UTC las dos etapas laterales se separaron y regresaron a tierra, aterrizando al unísono en las dos plataformas LZ-1 y LZ-2 de la contigua Base Aérea de Cabo Cañaveral y dejando de paso una estampa propia de película de ciencia ficción (en realidad las dos etapas aterrizaron con una ligera diferencia para evitar que los radares se interfirieran mutuamente).

Las dos etapas laterales aterrizando al mismo tiempo en la zona LZ-1 y LZ-2 de Cabo Cañaveral (SpaceX).
Las dos etapas laterales aterrizando al mismo tiempo en la zona LZ-1 y LZ-2 de Cabo Cañaveral (SpaceX).
Inspeccionando las etapas después del aterrizaje (SpaceX).
Inspeccionando las etapas después del aterrizaje (SpaceX).

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