El 19 de abril de 2018 fallecía en la ciudad de Ástrajan (Rusia) a los 76 años de edad Vladímir Afanasievich Lyájov (Владимир Афанасьевич Ляхов), antiguo cosmonauta soviético que tuvo la fortuna de visitar tres estaciones espaciales distintas. Lyájov, originalmente teniente de las Tropas de Defensa Aérea de la URSS, fue seleccionado como cosmonauta en 1967 como parte del cuarto grupo del Centro de Entrenamiento de Cosmonautas (TsPK), formado por doce hombres. Lyájov tendría que esperar al 25 de febrero de 1979 para volar al espacio por primera vez. Lo hizo como comandante de la Soyuz 32 y con él viajó el veterano cosmonauta Valeri Ryumin. El objetivo de la misión sería la estación espacial Salyut 6. Los dos hombres permanecieron en el espacio un total de 175 días, todo un récord para la época, durante la que fue la tercera expedición de larga duración de la Salyut 6.

Vladímir Lyájov.
Vladímir Lyájov.

Durante una actividad extravehicular que tuvo lugar el 15 de agosto los dos cosmonautas se encargaron de separar de la estación el radiotelescopio KRT-10, una antena desplegable de diez metros de diámetro que había llegado en la nave de carga Progress 7. Previamente, el 18 de julio de 1979, la Progress 7 se separó de la estación liberando la antena del radiotelescopio que estaba instalada en el túnel de acoplamiento entre ambas naves. El KRT-10 se convirtió así en el primer radiotelescopio instalado en una estación espacial y durante unas semanas funcionó en conjunción con la antena RT-70 de Crimea realizando por primera vez observaciones VLBI desde el espacio (principalmente de la Vía Láctea y el púlsar PSR0329+54). El radiotelescopio había sido diseñado para ser liberado desde el interior de la estación una vez cumplida su misión, pero el mecanismo encargado de esta tarea falló.

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Ío es el mundo con mayor actividad volcánica del sistema solar. Mientras lees estas líneas hay más de cien volcanes activos en la superficie de Ío. En la Tierra el vulcanismo se debe al calor interno generado principalmente por la desintegración de elementos radiactivos, pero en Ío las responsables son las intensas fuerzas de marea generadas por la gravedad de Júpiter y la de las otras tres lunas galileanas, que estiran y comprimen el interior de esta luna hasta calentarla. Sin duda Ío se merece una sonda que estudie sus volcanes en detalle, pero desgraciadamente ha tenido la mala suerte de coincidir en un mismo sistema con otros objetos tan interesantes como Europa, Ganímedes o el propio Júpiter.

(NASA/JPL-Caltech/SwRI/ASI/JIRAM/Roman Tkachenko).
Los volcanes de Ío vistos por el instrumento JIRAM de Juno (NASA/JPL-Caltech/SwRI/ASI/JIRAM/Roman Tkachenko).

En estos momentos la sonda Juno de la NASA se encuentra alrededor de Júpiter, pero desgraciadamente su misión principal no contempla el estudio de las lunas del gigante joviano. No obstante, en los últimos días hemos podido contemplar una fascinante imagen de Ío tomada por Juno. En esta ocasión no se ha usado la pequeña cámara JunoCam, que apenas permite resolver detalles dignos de mención de las lunas, sino el instrumento JIRAM (Jovian Infrared Auroral Mapper). Este sensor trabaja en el infrarrojo (2 a 5 micras) y ha sido diseñado para observar las auroras y el interior de Júpiter, pero se ve que también sirve para ofrecernos una mirada fugaz a los volcanes de Ío, aunque sea de lejos. El nivel de detalle de las imágenes de JIRAM ha sorprendido a propios y a extraños, sobre todo porque somos capaces de ver volcanes en el lado diurno de Ío. Ahora vuelve a ver la imagen que abre este artículo y piensa que cada punto brillante es un volcán activo. Y todo en un mundo del tamaño aproximado de nuestra Luna.

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Los rayos del dios Amon Ra iluminan un nuevo programa de Radio Skylab. El primer tema del programa está dedicado a celebrar el Día de la Cosmonáutica. Hablamos del primer vuelo espacial de la Humanidad, cuando el 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin se puso en órbita a la Tierra a bordo de la Vostok 1. La segunda parte del programa está dedicada a la arqueoastronomía, y hablamos de templos solsticiales y equinoccionales. Más la cita con los oyentes del programa en la sección de retroalimentación y nuevos sugerencias en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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La empresa Orbital ATK no es tan conocida como ULA, SpaceX o Blue Origin, pero es una de las más importantes del panorama aeroespacial estadounidense. En cuestión de lanzadores espaciales Orbital destaca por el pequeño cohete alado Pegasus y el Antares, construido en colaboración con Ucrania y Rusia. Por parte de ATK, recordemos que antes de la fusión de Orbital fue la encargada de construir los potentes aceleradores de combustible sólido del transbordador espacial. Pero a Orbital ATK se le siguen escapando las grandes ligas. Para remediarlo, en 2015 presentó su propuesta de lanzador pesado NGL (Next Generation Launcher), un proyecto que ahora ha sido bautizado como OmegA.

OmegA en la versión pesada (Orbital ATK).
OmegA en la versión pesada (Orbital ATK).

Como ya vimos el año pasado, el OmegA se caracteriza por ser un lanzador que usa combustible sólido en la mayoría de sus etapas. La única novedad con respecto al diseño que pudimos ver por entonces es que la etapa superior de combustible líquido (de hidrógeno y oxígeno líquidos) empleará dos motores RL10C de Aerojet Rocketdyne en vez del BE-3 de Blue Origin. NGL/OmegA ha sido desarrollado conjuntamente con la Fuerza Aérea en estos tres años por un coste de 250 millones de dólares.

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Hoy ha despegado una misión que dará mucho que hablar en los próximos años. Se trata de TESS, la tercera misión espacial dedicada exclusivamente a la búsqueda de planetas extrasolares después de CoRoT y Kepler. TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) descubrirá miles de exoplanetas que, a diferencia de Kepler, podrán ser estudiados a posteriori por observatorios terrestres y otros telescopios espaciales como el James Webb. TESS ha sido lanzado el 18 de abril de 2018 a las 23:51 UTC mediante un cohete Falcon 9 v1.2 que despegó de la rampa SLC-40 de la Base Aérea de Cabo Cañaveral (Florida) en la misión F9-53. El Falcon 9 llevaba la primera etapa B1045, de tipo Block 4, que aterrizó poco después en la barcaza Of Course I Still Love You. La B1045 realizó su primer vuelo y es la última fabricada de tipo Block 4 (la B1046 es la primera de tipo Block 5, o Versión 7 como ahora la llama Elon Musk) y debutará en el lanzamiento del satélite Bangabandhu 1 el próximo mes de mayo.

El descubridor de planetas TESS (NASA).
El descubridor de planetas TESS (NASA).

El lanzamiento estaba originalmente planeado para el 16 de abril, pero un problema con los modelos usados para el sistema de guiado y navegación (GNC) obligó a posponerlo dos días. Una vez más se intentó la recuperación de la cofia, en esta ocasión con el barco GO Pursuit, que debía sacar una de las mitades de la cofia del agua. Este ha sido el 38º lanzamiento orbital de 2018 y el séptimo de un Falcon 9 en lo que va de año. Es la 24ª vez que SpaceX recupera la primera etapa de un Falcon 9. La segunda etapa realizará un encendido para alcanzar una órbita solar y evitar así que pueda convertirse en basura espacial.

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Si por algo se ha hecho famosa SpaceX es por la recuperación espectacular de la primera etapa del cohete Falcon 9. Todavía es pronto para saber si esta técnica le permitirá a la empresa de Elon Musk reducir los costes de lanzamiento de forma radical como promete, pero sin duda la estampa del Falcon 9 aterrizando verticalmente se ha convertido en un icono de la astronáutica actual. Menos conocido es el intento de SpaceX por recuperar y reutilizar la cofia del Falcon 9 tras cada lanzamiento. Esta iniciativa llama la atención porque precisamente la cofia, también conocida como carenado o fairing, es la parte más barata de un cohete. Pero puesto que SpaceX aspira a llevar a cabo un gran número de lanzamientos anuales la recuperación podría suponer un ahorro significativo a largo plazo, especialmente teniendo en cuenta que, por ahora, solo existe un modelo de cofia para el Falcon 9 independientemente del tamaño de la carga útil.

Sistema de recuperación de la cofia (SpaceX/FAA).
Sistema de recuperación de la cofia (SpaceX/FAA).

La masa de la cofia del Falcon 9 es de 1.900 kg y su coste es de unos 6 millones de dólares, lo que es poco comparado con los 62 millones de dólares que cuesta cada lanzamiento. Sin embargo, SpaceX pretende llevar a cabo 240 lanzamientos (!) de vectores Falcon 9 con cofia entre 2018 y 2024, lo que supone unos 1.400 millones de dólares de ahorro, una cifra que es de todo menos despreciable (por supuesto a este dinero hay que restarle los costes de los sistemas de recuperación y tenemos que tener en cuenta que se fabricará más de una cofia). Hasta ahora los detalles de los sistemas de recuperación eran escasos y confusos, pero en un reciente documento de la FAA estadounidense hemos podido ver más detalles.

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China planea lanzar en 2022 un telescopio espacial que observará gran parte del cielo en el espectro visible y en el ultravioleta. El telescopio ha recibido el nombre de Xuntian (巡天), ‘el que surca los cielos’ en mandarín, aunque ya ha sido apodado como ‘el Hubble chino’. No obstante su nombre técnico es simplemente CSS-OM (Chinese Space Station – Optical Module). Y es que la gran novedad de este telescopio es que se acoplará de forma regular a la futura estación espacial china para operaciones de mantenimiento. Esta característica convierte al Xuntian en el primer telescopio espacial de gran tamaño que se unirá a una estación espacial de tanto en cuanto y en el segundo que ha sido diseñado para ser reparado por astronautas en órbita tras el telescopio espacial Hubble.

Telescopio espacial Xuntian (CAST).
Telescopio espacial Xuntian (CAST).

El proyecto Xuntian nació en 2011 y al año siguiente se unió al programa de la estación espacial china de nueva generación. En 2014 se convirtió en un telescopio espacial independiente pero con capacidad para acoplarse regularmente a la estación, mientras que en 2015 se seleccionó el diseño de la cámara de gran campo que será el instrumento principal del telescopio. Precisamente hace poco hemos podido conocer los detalles técnicos del que en el momento de su lanzamiento será el tercer telescopio espacial más grande jamás construido.

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Se ha hecho esperar, pero al fin los radionautas de Radio Skylab emiten desde Marte. Este es el programa especial sobre El Marciano, con el que llega a su fin nuestro segundo club de la lectura. En él destripamos con detalle tanto la novela de Andy Weir como la película dirigida por Ridley Scott. (Y, por cierto, gracias a Andy por darnos un saludo especial para este programa). En retroalimentación anunciamos los ganadores del concurso de relatos cortos sobre colonización marciana. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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La corporación estatal rusa Roscosmos ha aceptado el diseño inicial del nuevo cohete Soyuz 5. Aunque no lo parezca se trata de un paso decisivo para el futuro del programa espacial ruso. El Soyuz 5 deberá ser el encargado de lanzar la nueva nave rusa Federatsia desde Baikonur y, más adelante, servirá como base para construir el lanzador pesado STK con el que Roscosmos planea realizar misiones tripuladas a la Luna. Paradójicamente, el nuevo Soyuz 5 no tendrá nada que ver con el tradicional cohete Soyuz, derivado del mítico misil R-7 Semyorka de los años 50. Pese a su nombre el Soyuz 5 no es otra cosa que una versión totalmente rusa del cohete Zenit, construido en colaboración con Ucrania.

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El cohete Soyuz 5 con la nave Federatsia (RKK Energía).

Cuando entró en servicio en 1985 el Zenit era el cohete soviético más avanzado. Dotado de un sistema de lanzamiento totalmente automático, el Zenit era también el primer cohete orbital soviético aparte del N1 que no había sido diseñado a partir de un misil. Tras la caída de la URSS la nueva Rusia buscó la independencia espacial de Ucrania y decidió sustituir el Zenit por el Angará, pero no lo logró. El Zenit ha seguido despegando desde Baikonur y desde el océano Pacífico a pesar de las dificultades económicas de la empresa Sea Launch. Sin embargo, a raíz del conflicto con Ucrania en 2014 el Kremlin tomó la decisión de cortar lazos de forma definitiva con la industria espacial del país vecino y decidió sustituir el Zenit por un nuevo cohete totalmente ruso denominado originalmente Féniks.

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La sonda New Horizons nos enseño en julio de 2015 que Plutón es un mundo fascinante y complejo. Una de las mayores sorpresas que encontramos en el planeta enano fue Sputnik Planitia, el glaciar más grande del sistema solar. Pero, a diferencia de los glaciares terrestres, Sputnik está formado por nitrógeno en vez de agua. Efectivamente, en la superficie de Plutón encontramos una mezcla de hielos de nitrógeno, metano y monóxido de carbono repartidos sobre una rígida corteza de hielo de agua. Como Sputnik Planitia demuestra a las claras estos hielos no están distribuidos de manera homogénea, sino que se agrupan en determinadas zonas siguiendo patrones que no comprendemos del todo. El nitrógeno es el componente principal de esta mezcla de hielos y es el protagonista de un ciclo que da forma al paisaje de Plutón.

Plutón y Caronte vistas por la New Horizons. En el centro de Plutón destaca Sputnik Planitia (NASA).
Plutón y Caronte vistas por la New Horizons. En el centro de Plutón destaca Sputnik Planitia (NASA).

El factor más importante para entender el ciclo del nitrógeno es la elevada inclinación del eje de rotación del planeta enano, cercana a los 120º, causante de estaciones muy marcadas. A este hecho hay que sumar la importante excentricidad de la órbita de Plutón, un factor que provoca ‘estaciones dobles’ (unas debidas a la inclinación del eje, como en la Tierra y el resto de planetas, y otra por la diferencia de insolación entre el perihelio y el afelio). Las observaciones de la New Horizons han permitido crear modelos numéricos sobre el comportamiento del ciclo del nitrógeno plutoniano y ahora sabemos que, a diferencia de lo que podríamos pensar, el nitrógeno se condensa en las latitudes medias comprendidas entre los 25º de latitud sur y los 30º norte. Precisamente donde se encuentra Sputnik Planitia, una antigua cuenca de impacto que favorece la acumulación de volátiles. Es decir, en Plutón el hielo de nitrógeno se acumula al revés que en la Tierra, donde los casquetes de hielo aparecen en los polos.

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