El cohete PSLV indio ha sufrido su primer fracaso después de veinte años de servicio impecable. El 31 de agosto a las 13:30 UTC la agencia espacial india ISRO lanzó un cohete PSLV-XL en la misión C39 desde el Complejo de Lanzamiento SLP (Second Launch Pad) del Centro Espacial Satish Dawan en la isla de Shriharikota con el satélite de posicionamiento IRNSS-1H a bordo. Desgraciadamente la cofia no se separó del lanzador y la carga útil quedó en una órbita de 167 x 6.555 kilómetros de altura y 19,18º de inclinación, en vez de la órbita de transferencia de 284 x 20.650 kilómetros planeada. Aparentemente el satélite ha quedado totalmente inutilizado y reentrará en la atmósfera dentro de la cofia. Este ha sido el 54º lanzamiento orbital de 2017 y el quinto fallo. También ha sido el 41º lanzamiento de un cohete PSLV, el 14º de la versión PSLV-XL, la más potente, y el tercero de un PSLV en 2017. Se trata del tercer fallo del PSLV en toda su historia, después del fallo que sufrió en septiembre de 1993 durante su primera misión y el fallo parcial de septiembre de 1997 durante el cuarto lanzamiento.

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Satélite IRNSS-1H (ISRO).

IRNSS-1H

El IRNSS-1H es el octavo satélite del sistema de posicionamiento local indio IRNSS (Indian Regional Navigation Satellite System). Es un satélite geosíncrono de 1425 kg (598 kg sin combustible) y ha sido construido por la agencia espacial india ISRO usando la plataforma I-1000. En principio la constelación IRNSS ya estaba completa con siete unidades, pero el ISRO decidió lanzar el IRNSS-1H como sustituto del IRNSS-1A en la longitud 55º después de comprobar que los tres relojes atómicos de rubidio de la unidad habían fallado.

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La estrella favorita de todos sigue dando que hablar. Hablamos, por supuesto, de KIC 8462852, más conocida como la Estrella de Tabby o la Estrella de Boyajian en honor de Tabetha Boyajian, la astrónoma que lideró el grupo encargado de descubrir su anómalo comportamiento gracias a la colaboración de miles de voluntarios que analizaron las curvas de luz obtenidas por el telescopio Kepler con la iniciativa Planet Hunter. ¿Y qué hay de nuevo respecto a esta estrella? Pues por el momento no hay señales de megaestructuras alienígenas o cosas por el estilo, pero no por ello la estrella sigue siendo menos interesante.

Posición de la Estrella de Tabby en el cielo (Earth and Sky).
Posición de la Estrella de Tabby en el cielo (Earth and Sky).

La principal novedad es que un equipo de astrónomos, entre los que se encuentra la propia Tabby, ha confirmado que la disminución gradual de brillo de la estrella también se produce en el ultravioleta y en el infrarrojo cercano. Para ello han usado observaciones del satélite Swift (ultravioleta) y el telescopio Spitzer (infrarrojo) entre octubre de 2015 a diciembre de 2016. La disminución en estas longitudes de onda era de esperar, pero, y esto es nuevo, se ha visto que la reducción es más intensa en el visible y en el ultravioleta que en el infrarrojo. Esto significa que sea lo que sea que cause estas variaciones a largo plazo tiene que estar compuesto por partículas muy pequeñas (con un diámetro de micras). O, dicho de forma más clara, malas noticias para la hipótesis de los aliens.

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El pasado julio un cohete Soyuz puso en órbita 73 satélites. Aunque la carga principal era el satélite de observación de la Tierra Kanopus-V-IK, la atención de los medios la acaparó un pequeño pasajero: el satélite Mayak (Маяк, «faro» en ruso), de apenas 4 kg de masa. La razón era que este pequeño satélite prometía alcanzar una magnitud de -10, convirtiéndose en casi una segunda luna (nuestro satélite tiene un brillo máximo de -13) sobre las zonas donde se pudiese ver. La prensa se llenó de artículos sobre el satélite que iba a iluminar las noches oscuras. ¿Pero qué fue de él? Desgraciadamente —o afortunadamente, según se mire— Mayak no pudo desplegar su reflector y finalmente ha pasado sin pena ni gloria.

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El satélite Mayak con los reflectores desplegados (CosmoMayak).

Mayak era un pequeño cubesat 3U de 3,63 kg con unas dimensiones de 34,05 x 10 x 10 centímetros y fue situado en una órbita baja de 585 x 605 kilómetros y 97,44º de inclinación. En un extremo incorporaba un reflector solar desplegable de forma tetraédrica formado por tres superficies triangulares de 3,9 metros cuadrados cada una. La luz solar debía incidir en la tela reflectora, haciéndola altamente visible al amanecer y al anochecer desde las regiones que sobrevolase el satélite. Aparte del espectáculo luminoso, los reflectores desplegables habrían aumentado la resistencia del satélite por el rozamiento con las capas más altas de la atmósfera.

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¿De dónde viene el agua que forma los océanos de nuestro planeta y sin la cual no podría existir ninguna forma de vida conocida? Los científicos llevan décadas intentando responder a esta pregunta, pero sin éxito por el momento. El agua ocupa dos tercios de la superficie de la Tierra y sin embargo es increíblemente escasa con respecto a la masa total del planeta. No sabemos exactamente por qué, pero es posible que el hidrosfera original creada a partir de los planetesimales que formaron nuestro planeta no sobreviviese las violentas y numerosas colisiones con otros cuerpos durante el nacimiento del sistema solar. Según esta teoría el agua actual habría llegado un poco más tarde dentro de cuerpos menores que chocaron contra la Tierra después. Sin embargo, esta agua tuvo que venir a bordo de cuerpos que se formaron más allá de la ‘línea de nieve’, es decir, la distancia a partir de la cual el hielo es estable y no se sublima con el calor del Sol (y que actualmente está situada a 2,7 unidades astronómicas, o sea, en mitad del cinturón principal de asteroides).

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El volumen del agua de la Tierra es pequeño comparado con nuestro planeta (NASA).

Durante mucho tiempo se pensó que los cometas eran los candidatos ideales para explicar el origen del agua en la Tierra: contienen hielo de agua en abundancia, son muy numerosos y sus órbitas elípticas cruzan en ocasiones el sistema solar interior, por lo que siempre existe la posibilidad de que acaben chocando con la Tierra. La hipótesis es interesante, ¿pero cómo podemos validarla? Pues comparando la proporción de deuterio con respecto al hidrógeno normal que hay en las moléculas de agua de los cometas. Toda el agua de nuestro planeta tiene una cantidad media de deuterio que es distinta a la de otros planetas donde hemos podido medirla, como es el caso de los planetas gigantes del sistema solar.

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El cohete Minotaur IV de la empresa Orbital ATK ha realizado por primera vez una misión desde Cabo Cañaveral. El pasado 26 de agosto de 2017 a las 06:04 UTC despegaba un Minotaur IV/Castor 38 desde la rampa SLC-46 de la Base Aérea de Cabo Cañaveral (Florida) con el satélite ORS-5 (SensorSat) de la USAF destinado a vigilar los movimientos de satélites situados en la órbita geoestacionaria desde la órbita baja. Este ha sido el 53º lanzamiento orbital de 2017 (el 49º exitoso) y el primero de un Minotaur este año. Además ha sido el sexto de un cohete Minotaur 4 desde 2010 (el cuarto orbital) y el 26º de un Minotaur en todas sus versiones. También ha sido la primera vez que un Minotaur IV vuela con una quinta etapa Orion 38, que ha sido empleada para efectuar la maniobra de cambio de plano orbital en órbita baja más importante de la que se tenga noticia. La etapa redujo la inclinación inicial de 28,4º a 0º (!), o sea, situó al ORS-5 en una órbita baja perfectamente ecuatorial. No olvidemos que las maniobras de cambio de plano son las más costosas desde el punto de vista energético.

Lanzamiento del ORS-5 (Orbital ATK/Ben Cooper).
Lanzamiento del ORS-5 (Orbital ATK/Ben Cooper).

Con este lanzamiento ya son cuatro los centros espaciales desde los que ha despegado el Minotaur en su historia: la Base Aérea de Vandenberg (California), el espaciopuerto MARS (Wallops Island, Virginia), el Pacific Spaceport Complex (antes conocido como Kodiak Launch Complex, en Alaska) y, ahora, la Base Aérea de Cabo Cañaveral. La rampa SLC-46 no se usaba para un lanzamiento desde 1999. Junto con el ORS-5 se pusieron en órbita tres pequeños cubesats militares: el DHFR (DARPA High Frequency Receiver experiment), de 3 kg, y dos satélites Prometheus 2, desarrollados por el laboratorio militar de Los Álamos y de 2 kg cada uno.

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Desde hace unos pocos años Rusia mantiene un misterioso programa de satélites interceptores dedicados a espiar otros satélites en órbita. Los detalles, como es lógico en cualquier programa militar, son escasos, pero lo cierto es que ya son cuatro los satélites de este tipo lanzados desde 2013. El pasado 23 de junio despegaba desde el cosmódromo militar de Plesetsk, situado en el norte de Rusia, un cohete Soyuz-2.1v con un satélite a bordo. El Ministerio de Defensa de la Federación Rusa se limitó a comunicar que se había puesto en órbita el satélite Kosmos 2519, que viene a ser lo mismo que no decir nada, ya que Kosmos (‘espacio’ en ruso) es la denominación genérica que se emplea para los satélites militares rusos, tanto si son secretos como no (en Estados Unidos las nomenclaturas equivalentes corresponden a las series de satélites NROL y USA).

Lanzamiento del Kosmos (MOR).
Lanzamiento del Kosmos 2519 (REN TV).

Como siempre, poco después los radares del Comando Estratégico de Estados Unidos (USSTRATCOM) detectaron la carga útil en órbita y se le otorgó el código internacional de satélite 2017-037. Inmediatamente se vio que durante el lanzamiento se habían puesto en órbita tres objetos: el objeto 37A, que sería identificado con el satélite Kosmos 2519, el 37B, identificado como la etapa superior Volga, y el 37C, que se determinó que era la segunda etapa del lanzador Soyuz. Pero el 23 de agosto ocurrió algo totalmente inesperado: el ministerio de defensa ruso anunció que del Kosmos 2519 se había separado otro satélite por ahora no identificado «dedicado a la inspección de satélites rusos». Y, efectivamente, ya se ha podido comprobar la existencia de este misterioso satélite, ahora conocido con el código internacional 2017-037D.

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Otro lanzamiento de un Falcon 9 de SpaceX y otra recuperación de su primera etapa. El 24 de agosto de 2017 a las 18:50 UTC despegó un Falcon 9 v1.2 (F9-40, variante Block 3) desde la rampa SLC-4E (Space Launch Complex 4 East) de la base aérea de Vandenberg (California) con el satélite taiwanés Formosat 5. La primera etapa (B1038) aterrizó casi once minutos después en la barcaza ASDS Just Read The Instructions en el océano Pacífico. Este ha sido el 52º lanzamiento orbital de 2017 (el 48º exitoso) y el 12º de un Falcon 9 en lo que va de año (nueve de los cuales se han efectuado desde Florida). También ha sido el 40º lanzamiento de un Falcon 9 en su historia y el 20º de la versión v1.2. Tras este lanzamiento SpaceX ha recuperado un total de trece etapas en quince ocasiones (dos de ellas ya han volado dos veces). Ha sido el noveno aterrizaje de una etapa en una barcaza situada en el océano.

Lanzamiento del Formosat 5 (SpaceX).
Lanzamiento del Formosat 5 (SpaceX).

Formosat 5

El Formosat 5 (福爾摩沙衛星五號) es un satélite para observación de la Tierra de 475 kg construido y operado por la National Space Organization (NSPO) de Taiwán. Es el primer satélite de tamaño importante construido en Taiwán. Su diseño está basado en el del Formosat 2 (Rocsat 2) y tiene forma hexagonal, con unas dimensiones de 2,8 x 1,6 metros. El sistema óptico está formado por un telescopio de 45 centímetros de diámetro de tipo Cassegrain conectado a una cámara capaz de ofrecer imágenes pancromáticas (blanco y negro) con una resolución de 2 metros y multiespectral (color) de 4 metros. También incluye el instrumento AIP (Advanced Ionospheric Probe) para estudiar el plasma de la ionosfera terrestre. El Formosat 5 estará situado en una órbita polar heliosíncrona de 720 kilómetros de altura. Puede almacenar unos diez GB de datos y es capaz de enviar imágenes a una velocidad de 150 megabits por segundo. Su vida útil se estima en cinco años.

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El próximo 15 de septiembre de 2017 la sonda Cassini de la NASA, una de las misiones más fructíferas jamás lanzada por la agencia espacial estadounidense, se destruirá en la atmósfera de Saturno. Será el culmen del Gran Final de Cassini, pero lamentablemente nadie podrá contemplar los últimos momentos de esta veterana y exitosa sonda (aunque daremos buena cuenta del asunto en Naukas Bilbao 2017). ¿O quizás sí? En principio la mera proposición de la pregunta puede parecer una locura. ¿Cómo vamos a ver la destrucción de una diminuta sonda a 1.500 millones de kilómetros? Pero el asunto tiene más miga de lo que parece.

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El 15 de septiembre de 2017 la sonda Cassini se convertirá en un meteoro en la atmósfera de Saturno. ¿Podremos verlo desde la Tierra? (NASA/JPL-Caltech).

Cassini realizará un sobrevuelo lejano de Titán tres días antes del fin para ajustar su órbita gracias a la gravedad de la mayor luna de Saturno y garantizar que el periapsis —el punto más cercano al planeta— de la órbita quede dentro del planeta. La nave comenzará a sentir el rozamiento con la atmósfera y usará sus propulsores al 10% de empuje para compensarlo y mantener así la antena de alta ganancia apuntada hacia la Tierra transmitiendo datos —pero no imágenes— a 27 kilobits por segundo. Obviamente llegará un momento en que ni siquiera los propulsores funcionando al máximo de su empuje lograrán mantener la sonda estable y esta comenzará a dar tumbos, momento en el que se perderá el contacto con la sonda. Cassini se desintegrará poco después debido a las fuerzas aerodinámicas y a las altas temperaturas (recordemos que no lleva un escudo térmico). Apenas diez segundos tras la pérdida de control la temperatura de la estructura de Cassini será lo suficientemente alta como para que alcance la incandescencia.

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Una de las posibles explicaciones para el anómalo comportamiento de la famosa Estrella de Tabby (KIC 8462852) es la presencia de nubes gigantes de cometas a su alrededor. Pero por el momento no se ha podido confirmar esta hipótesis, ni tampoco que las variaciones de brillo se deban a estructuras alienígenas. Evidentemente, detectar un cometa alrededor de otra estrella no es tan fascinante como descubrir megaestructuras extraterrestres, pero no deja de ser un logro impresionante. Y mientras esperamos noticas de la Estrella de Tabby parece que al fin podemos exclamar ¡eureka! con respecto a los cometas extrasolares, porque un equipo de investigadores con Saul Rappaport a la cabeza ha anunciado el descubrimiento —provisional, como suele pasar siempre— de los primeros exocometas (no conjuntos de cometas o cinturones de Kuiper en otras estrellas, sino exocometas solitarios).

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Exocometas alrededor de una estrella (NASA).

El descubrimiento se ha llevado a cabo, como no, analizando los datos de la misión primaria del telescopio espacial Kepler de la NASA. La estrella donde se encuentran estos exocometas es KIC 3542116 (KIC viene de Kepler Input Catalog, un catálogo de referencia de las estrellas que están en el campo de visión del telescopio), una estrella de tipo espectral F2 más grande —en un 47%— y brillante que el Sol. Durante la misión primaria de Kepler, entre 2009 y 2013, la estrella sufrió seis tránsitos, o sea, ‘algo’ pasó por delante en seis ocasiones. Los tránsitos más profundos bloquean entre el 0,12% y el 0,15% de la luz de la estrella, pero puesto que no se hallan equiespaciados en el tiempo y su profundidad no es igual no puede tratarse de un planeta.

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El eclipse total de sol del 21 de agosto de 2017 ha sido uno de los más esperados, sin duda porque atravesaba Estados Unidos prácticamente de costa a costa. En España podremos resarcirnos la próxima década, puesto que nuestro país disfrutará de dos eclipses totales en 2026 y 2027, además de uno anular en 2028. Pero para amenizar la espera siempre nos quedarán las imágenes del eclipse desde el espacio. Al fin y al cabo la humanidad ha sido testigo de eclipses solares desde hace milenios, pero solo hace unas décadas que es capaz de verlos desde el ‘otro lado’. Empecemos con el satélite que toma las fotos más bellas de la Tierra: el DSCOVR de la NASA. Gracias a su cámara EPIC (Earth Polychromatic Imaging Camera) y a que está situado en el punto de Lagrange L1 del sistema Tierra-Sol a 1,5 millones de kilómetros de distancia, este satélite es capaz de ofrecernos unas vistas continuas del hemisferio diurno de nuestro planeta como ningún otro artefacto humano.

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La sombra de la Luna llega a EEUU (NASA/EPIC).

La mancha que vemos en el disco de la Tierra es, obviamente, la sombra de la Luna. La zona más oscura es la umbra, donde el eclipse es total, mientras que menos oscura y borrosa es la penumbra, que cubre las regiones donde el eclipse es parcial. El siguiente vídeo con las imágenes de EPIC es más espectacular si cabe:

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