Actualmente el principal objetivo de la NASA es convencer a la administración Trump de que el futuro del programa espacial tripulado de la agencia pasa por establecer una estación orbital alrededor de la Luna durante la próxima década. El proyecto, conocido como estación Deep Space Gateway (DSG), contaría con la colaboración de Rusia, Japón, Europa y Canadá. Pero a partir de 2030 el objetivo declarado de la NASA es Marte, así que lógicamente surge un conflicto de intereses entre la estación Gateway y el planeta rojo. Una posible solución sería aparcar las misiones a Marte hasta una fecha posterior y centrarse en la Luna. Al fin y al cabo resulta mucho más sencillo usar la estación Gateway para una misión tripulada a la superficie lunar que para viajar a Marte. Y, como es lógico, ya hay multitud de planes que exploran esta posibilidad.

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La estación Deep Space Gateway con un módulo lunar acoplado (Boeing).

El plan más directo y simple es el propuesto por la empresa Boeing, contratista principal del nuevo cohete SLS que juega un lugar crucial en el programa Gateway y en los proyectos de viaje a Marte de la NASA. El SLS en su versión Block 1B es capaz de llevar hasta la Luna diez toneladas de carga además de la nave tripulada Orión, una capacidad que la NASA quiere aprovechar para construir la estación Gateway usando cuatro misiones del SLS hasta 2026 (misiones EM-2 a EM-5). El plan de Boeing consta de tres fases: la primera es idéntica al plan de la NASA para construir la Gateway, mientras que la segunda fase tendría lugar entre 2027 y 2029 con el objetivo de llevar astronautas a la superficie de la Luna.

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Responde al aburrido nombre de C/2017 U1, pero bien podría ser el primer cometa interestelar de la historia. O quizás no. Se ha armado mucho revuelo al respecto, pero lo cierto es que no es nada fácil determinar si un cometa proviene de nuestro sistema solar o no. Y eso a pesar de que en principio parece sencillo: si un cometa tiene una órbita hiperbólica no cabe duda de que viene del espacio interestelar, mientras que si es elíptica o parabólica es un cometa de ‘los nuestros’. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que determinar la órbita de un cometa no es nada fácil, especialmente si es un cuerpo que puede proceder de la lejana nube de Oort.

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Órbita de C/2017 U1 (astro.vanbuitenen.nl)

Estos cometas tienen órbitas muy elípticas, o sea, con una excentricidad cercana o igual 1, de ahí que a veces se clasifiquen como cometas parabólicos (la excentricidad de una parábola es exactamente uno). La dificultad de calcular su órbita surge porque normalmente solo somos capaces de seguir su trayectoria cuando están muy cerca del Sol, o sea, durante una parte pequeñísima de su inmensa órbita. Por si fuera poco las observaciones más lejanas suelen tener un error considerable, así que el resultado final es que la incertidumbre en la determinación de la órbita suele ser importante.

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A estas alturas el descubrimiento de un sistema estelar con seis planetas extrasolares ya no es una noticia y supongo que eso es positivo, pero no obstante creo que no deja de ser fascinante compararlo con nuestro sistema solar. HD 34445 es un ejemplo de esta maravillosa rutina en la que vivimos: aquí tenemos una estrella de tipo solar (G0V, un 7% mas masiva que el Sol) situada a 152 años luz en la constelación de Orión alrededor de la cual acabamos de descubrir nada más y nada menos que seis planetas.

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Los planetas de HD 34445 en función de su distancia y masa. En verde la zona habitable (Vogt et al.).

Ya en 2004 se descubrió un candidato a exoplaneta por el método de la velocidad radial que no sería confirmado hasta 2009. Con una masa mínima de 0,6 veces la de Júpiter y situado a 300 millones de kilómetros de distancia, la existencia de este gigante gaseoso ha sido confirmado por el equipo de astrónomos que ha descubierto los otros cinco planetas alrededor de HD 34445, entre los que se encuentran pesos pesados como Steven Vogt, Paul Butler o Mikko Tuomi. Para dar con los seis planetas los astrónomos han necesitado 333 observaciones de velocidad radial recabadas en el espacio de 18 años (!).

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La compañía Blue Origin anunció el 19 de octubre que había llevado a cabo la primera prueba de ignición de su motor estrella, el BE-4 (Blue Engine 4), en sus instalaciones de Texas. La prueba es un paso fundamental en las ambiciones espaciales de la empresa del magnate Jeff Bezos. El BE-4 es un potente motor a base de metano y oxígeno líquido que debe servir para propulsar la joya de la corona de Blue Origin: el cohete pesado New Glenn. Este lanzador, capaz de situar 45 toneladas en órbita baja (LEO) y 13 toneladas en una órbita de transferencia geoestacionaria (GTO), está destinado a convertirse en un rival del Falcon Heavy de la empresa SpaceX, que será capaz de colocar 64 toneladas en LEO y 27 en GTO (es casi seguro que las prestaciones del New Glenn mejorarán con el tiempo). Ambos serán los cohetes comerciales más potentes en servicio (dejando a un lado el SLS de la NASA, con una capacidad mínima de 70 toneladas en LEO en su versión Block 1). Pero sin duda la novedad es que el BE-4 usa metano como combustible. SpaceX también ha apostado por este compuesto para su motor Raptor, que debe equipar el futuro cohete gigante BFR y, quizás, futuras versiones del Falcon 9. ¿Qué tiene el metano de especial?

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Prueba del BE-4 de Blue Origin (Blue Origin).

El metano siempre se ha considerado una opción como combustible para lanzadores y a lo largo de la historia se han diseñado varios motores que usan este compuesto. Sin embargo, ninguno ha entrado en servicio. La razón es que el metano no presenta muchas ventajas en cuanto a prestaciones con respecto a los otros dos combustibles más usados en cohetes: el queroseno (normalmente del tipo RP-1) y el hidrógeno líquido. El metano es más eficiente —tiene mayor impulso específico (Isp)— que el queroseno, pero por muy poco, mientras que pierde claramente con respecto al hidrógeno en este terreno.

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El 10 de abril de 2017 la cápsula Soyuz MS-02 regresaba del espacio después de haber pasado casi seis meses acoplada a la estación espacial internacional (ISS). A bordo viajaban los cosmonautas Serguéi Ryzhikov, Andréi Borisenko (ambos cosmonautas de Roscosmos) y Shane Kimbrough (NASA). Una vez superada la fase crítica de la reentrada atmosférica todo parecía transcurrir sin incidentes. A unos diez kilómetros de altura se abrieron los tres paracaídas piloto (VP) seguidos del paracaídas de frenado (TP) para estabilizar el descenso de la cápsula y prepararla de cara al despliegue del paracaídas principal (OSP) —con una superficie de unos mil metros cuadrados— entre nueve y ocho kilómetros de altura (el despliegue completo tuvo lugar a siete kilómetros). Normalmente esta fase transcurre sin incidentes, pero en esta ocasión una parte del sistema del paracaídas golpeó violentamente el interior del contenedor del paracaídas creando una brecha de 3,5 centímetros. El resultado es que la cápsula se despresurizó de forma parcial prematuramente. Y si viajas en una cápsula espacial una despresurización no son buenas noticias precisamente. Por supuesto, todo el mundo se acordó inmediatamente de lo ocurrido con la Soyuz 11 en 1971, cuando Vladislav Volkov, Gueorgui Dobrovolski y Viktor Patsayev murieron al despresurizarse su cápsula durante la reentrada por culpa de una válvula defectuosa.

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Descenso de la Soyuz MS-02 sobre la estepa Kazajistán (NASA).

El incidente de la Soyuz MS-02 se hizo público en su momento a través del foro ruso Novosti Kosmonavtiki, pero lo cierto es que nadie le dio mucha importancia… y así estaban las cosas hasta hace unos días cuando el diario digital Space News le dedicó una noticia al asunto. La razón fue que la despresurización de la Soyuz se convirtió en la protagonista de una reunión de la NASA sobre el estado de la ISS. La reunión estuvo presidida por el mítico astronauta del Apolo Thomas Stafford —quien, por cierto, mantiene una estrecha relación personal con Rusia desde la misión Apolo-Soyuz en 1975— y al día siguiente el portavoz de la NASA Gary Jordan confirmó el incidente y que había ocurrido durante el regreso la Soyuz MS-02.

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Sabemos que existen tubos de lava en la Luna, ¿pero cómo de largos son? Hasta hace poco no lo teníamos claro, pero ahora parece que podríamos tener hasta casi cincuenta kilómetros de tubos totalmente libres en nuestro satélite. La noticia ha aparecido en un paper publicado en Geophysical Research Letters, aunque conviene puntualizarla. Los autores del artículo han usado datos del instrumento radar a bordo de la sonda japonesa Kaguya (también denominada SELENE) para llegar a la conclusión ocho años años después del fin de la misión (ahí es nada) de que estos tubos son realmente largos.

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El radar de Kaguya en acción (JAXA/ISAS).

Muchos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia poniendo el énfasis en que se ha descubierto un agujero en la Luna con un diámetro de cincuenta metros de diámetro que sería la entrada al tubo de lava. Lamentablemente, esto es falso. No porque el agujero no exista, si no porque no es noticia. El agujero ya fue descubierto en 2009 por la propia Kaguya y hasta este blog se hizo eco del anuncio en su momento. El agujero es conocido desde entonces como el ‘agujero de las colinas Marius’ o MHH (Marius Hills Hole) por encontrarse en esta zona de la Luna. Y, por cierto, no es la única cueva descubierta en la superficie lunar. Sirvan de ejemplo los agujeros MTH (Mare Tranquillitatis Hole) y MIH (Mare Ingenii Hole), entre muchos otros.

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El 15 de septiembre de 2017 la sonda Cassini terminó su fructífera y longeva misión de dos décadas quemándose en la atmósfera de Saturno. Durante las veintidós últimas órbitas de la fase Gran Final la sonda sobrevoló los polos de Saturno y pasó por el espacio comprendido entre los anillos y el planeta, permitiendo una serie de observaciones inéditas en la historia. ¿Y qué ha descubierto la veterana sonda? Pues pese a que los investigadores todavía están analizando los datos, ya tenemos algunos resultados preliminares. Pero antes de nada permítanme que les presente esta alucinante imagen:

Imagen de los anillos y Saturno tomada por Cassini durante el sexto paso por el hueco (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute).
Imagen de los anillos y Saturno tomada por Cassini durante el sexto paso por el hueco el 28 de mayo de 2017 (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute).

Es bonita, sí, pero en principio no parece muy espectacular… hasta que entendemos qué estamos viendo. Por lo que se ve es nada más y nada menos que los anillos —a la derecha— y el planeta —a la izquierda— en una perspectiva imposible. Y es que este mosaico de imágenes fue obtenido desde el hueco comprendido entre los anillos y el planeta. Es decir, ¡estamos viendo los anillos desde ‘dentro’! Además, se aprecia la sombra de los anillos sobre el planeta y, si nos fijamos bien, la distorsión que provoca la atmósfera en los anillos al refractar la luz. Impresionante y hermoso a partes iguales.

(NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute).
Saturno visto por Cassini el 13 de septiembre de 2017, dos días antes de su fin (NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute/Kevin M. Gill).

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El 15 de octubre de 2017 a las 07:28 UTC un cohete Atlas V 421 de la empresa ULA (United Launch Alliance) despegó en la misión AV-075 desde la rampa SLC-41 de la Base Aérea de Cabo Cañaveral (Florida) con el satélite militar NROL-52 (USA-279). Este ha sido el 69º lanzamiento orbital de 2017 (el 64º exitoso) y el sexto de un Atlas V este año. También ha sido el 145º lanzamiento de un cohete Atlas en su historia (el séptimo en la versión 421) y el 122º de la empresa ULA, de los cuales el 26º con un satélite militar de la NRO (National Reconnaissance Office). El lanzamiento estaba originalmente previsto para el 7 de octubre, pero la misión sufrió cuatro retrasos en el espacio de una semana por diversos motivos.

Lanzamiento del NROL-52 (ULA).
Lanzamiento del NROL-52 (ULA).

NROL-52

El NROL-52 (USA-279) es un satélite militar geoestacionario de la NRO. Se desconocen las características de la misión, pero los expertos creen que se trata del segundo ejemplar de una nueva generación de satélites de comunicación de la serie Quasar. Estos satélites, también conocidos como SDS (Satellite Data System), sirven para retransmitir datos procedentes de otros satélites militares situados en órbita baja, entre ellos los famosos satélites espía KH-11 Kennan y Crystal de espionaje óptico o los Topaz de espionaje mediante radar. También podrían servir para garantizar comunicaciones directas a vehículos militares como aviones y buques.

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¿Qué sucede cuándo dos estrellas de neutrones chocan? Desde que en 2016 se abrió esa nueva ventana al Universo que son las ondas gravitacionales los científicos estaban con la mosca detrás de la oreja. Los cuatro sucesos en los que se han detectado ondas gravitacionales hasta la fecha se originaron por la unión de dos agujeros negros. ¿Y por qué esto es extraño? Pues porque los modelos teóricos predecían que los choques entre pares de estrellas de neutrones debían ser muy frecuentes. ¿Dónde estaban las estrellas de neutrones?¿Acaso había algo en los procesos de formación estelar que no entendíamos correctamente? Afortunadamente la incógnita se resolvió el 17 de agosto de 2017 a las 12:41:04 UTC. Ese día los dos interferómetros estadounidenses de Advanced LIGO y el interferómetro europeo Advanced Virgo detectaron la señal GW170817, la quinta en la corta historia de las ondas gravitacionales. El análisis de la señal demuestra que los dos objetos que la crearon tenían una masa comprendida entre 1,17 y 1,60 veces la masa del Sol respectivamente. O sea, justo en el rango de las masas esperadas para un par de estrellas de neutrones (las estrellas de neutrones más masivas alcanzan las 2,1 masas solares).

Impresión artística de las ondas gravitacionales generadas por dos estrellas de neutrones (ESA).
Impresión artística de las ondas gravitacionales generadas por dos estrellas de neutrones (ESA).

El descubrimiento sería toda una novedad por sí mismo, pero había más. Apenas 1,7 segundos después de la detección de ondas gravitacionales por los interferómetros el observatorio espacial Fermi de la NASA pudo ver una explosión de rayos gamma (GRB) que sería catalogada como GRB 170817A y que concordaba con la región del cielo donde se produjo el choque de estrellas de neutrones de acuerdo con la escasa resolución de LIGO y Virgo. Aunque la asociación entre los dos sucesos no fue inmediata, pronto se siguió la pista de la posible relación y se descubrieron más contrapartidas en todo el espectro electromagnético. Literalmente, porque hablamos de observaciones usando decenas de telescopios situados en tierra y en el espacio a cargo de más de setenta equipos de investigadores de todo el mundo que han visto la explosión desde, como ya hemos mencionado, los rayos gamma, hasta las ondas de radio. Por fin se había hecho realidad el sueño de encontrar una contrapartida óptica a una señal de ondas gravitacionales.

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Los lanzamientos de cargueros Progress a la estación espacial se han vuelto rutinarios, pero no por ello son menos imprescindibles para las operaciones de la ISS. El 14 de octubre de 2017 a las 08:47 UTC la corporación estatal Roscosmos lanzó un cohete Soyuz-2.1a desde la Rampa Número 6 (PU-6 o 17P32-6) del Área 31 del cosmódromo de Baikonur con la nave de carga Progress MS-07 (Progress 11F615 nº 437), también 68P de acuerdo con la nomenclatura de la NASA. La nave llevaba 2.549 kg de carga (2.697 kg según otras fuentes) para los seis astronautas de la ISS. Este ha sido el 68º lanzamiento orbital de 2017 (el 63º exitoso) y el 12º de un cohete Soyuz este año. La Progress MS-07 se acopló con el módulo Pirs de la ISS el 16 de octubre a las 11:04 UTC, donde permanecerá hasta marzo de 2018.

Lanzamiento de la Progress MS-07 (Roscosmos).
Lanzamiento de la Progress MS-07 (Roscosmos).

Originalmente estaba previsto que la Progress MS-07 llevase a cabo un acoplamiento en solo dos órbitas (tres horas y media), una primicia en la historia de la ISS. Esto es justo la mitad de lo que requiere la técnica actual de seis horas (cuatro órbitas), que a su vez es una enorme mejora con respecto al esquema tradicional de dos días. De este modo se quiere reducir la carga de trabajo sobre la tripulación y facilitar la entrega de víveres frescos. Sin embargo, el lanzamiento de la MS-07 fue cancelado el 13 de octubre doce segundos antes del despegue al no retirarse mástil de servicio de la etapa central como estaba previsto por culpa de un fallo eléctrico. El lanzamiento fue trasladado al día 14 y por este motivo la MS-07 perdió la ventana de lanzamiento para el acoplamiento en dos órbitas y se vio obligada a utilizar la técnica tradicional de dos días.

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