En estos meses, en el panorama cinematográfico acorde a mis gustos me ha sorprendido gratamente “El Bosque” . “The Village”, o sea, el Pueblo que así se llama en en la V.O. (un día hablaremos del curioso oficio delponedor-de-nombres-en-español-que- no-se-parecen-ni-de-coña-al-original), es una buena película de terror psicológico de esas que uno pensaba que Hollywood era ya incapaz de producir por contener más de dos minutos de diálogo.

El reparto es magnífico y la historia está muy bien contada. El director no recurre nunca a sustos fáciles o gratuitos, pese a que la pelílcula y el ambiente se prestan a ello: de hecho, una de las escenas de más tensión está rodada a plena luz del día, algo muy atrevido.

Bueno, esto se podría aplicar a todas las guerras, pero la de Irak es el mejor ejemplo de guerra innecesaria, ilegal e injusta. Pese a que Rumsfeld, Bush y sus coleguitas se empeñen a pintar la situación de rosa, la verdad es que nadie se iría a vivir allí ni por todo el oro del mundo. Las bajas de los soldados americanos continúan aumentando, aunque las tropas de ocupación apenas salen de sus cuarteles y dejan todas las operaciones que pueden en manos de la inepta policía iraquí o del nuevo ejército nativo, lleno de topos infiltrados de la resistencia sunní y de ese psicópata de al-Qaeda llamado al-Zarqawi. Lo triste es que ya nos hemos acostumbrado a que todos los días mueran cientos de personas en esta “posguerra”, mientras la “reconstrucción” (osease, el expolio del petróleo iraquí por parte de las empresas occidentales) se les está atragantando a todos los que quisieron repartirse el botín de guerra (esto último es lo único positivo de toda esta terrible situación).

Y a todas estas, mientras los imbéciles de la Casa Blanca no han conseguido detectar ni una sola lata de conserva en mal estado que sirva como arma de destrucción masiva, al ladito mismo, en Irán, están empeñados en fabricar un arma nuclear, así que pronto tendremos otro país que hará compañía en el club atómico a ese aliado fiel de los EE.UU. que, sin embargo, es una dictadura, financia movimientos terroristas por todo el mundo y por donde Bin Laden se mueve como Pedro por su casa (me refiero a Pakistán, claro).

Conclusión: tras la guerra de Irak el mundo es más inseguro, se le ha regalado a al-Qaeda un refugio maravilloso, el pueblo iraquí está echo un asco, la imagen internacional de los EE.UU. está por los suelos, la legalidad internacional está en el limbo y se ha creado una inestabilidad en la zona muy peligrosa. Una pena, oiga.

La sonda europea Mars Express, que sigue dando vueltas al planeta rojo junto a las americanas Mars Odyssey y Global Surveyor (sin olvidar a los dos rovers en la superficie) detectó hace un tiempo la presencia de metano en la atmósfera marciana. Este gas es inestable y si no existe una fuente constante, debería desaparecer en unos pocos miles de años. Ahora bien, las únicas fuentes de metano conocidas son la actividad volcánica y la biológica. Ni que decir tiene que ambas posibilidades son muy excitantes, especialmente la segunda. Ahora, la ESA acaba de publicar más datos y se comprueba que las mayores concentraciones de metano coinciden con las de agua. ¿Estamos ante fuentes hidrotermales marcianas o ante marcianos?

Eso sí que es una cámara y lo demás son tonterías. Es la que va a necesitar la misión europea Gaia para hacer un mapa del cielo con una precisión sin precedentes. Ádemás calculará la posición exacta de mil millones de estrellas (¡!). Como sus creadores la han denominado, es una verdadera máquina de hacer descubrimientos. Dará mucho que hablar, sin duda…

Leo en Sky & Telescope que la famosa Batalla de Maratón entre griegos y persas (490 a.C.) tuvo lugar el 12 de agosto en vez del 12 de septiembre, como se pensaba hasta ahora, según los cálculos de Donald Olson. La clave para calcular la nueva fecha está en la Luna, pues la batalla tuvo lugar durante la luna llena del festival espartano de la Karneia. Es de suponer que fue por lo tanto el tremendo calor del verano griego el que mató al mítico corredor Filípides.

Por fin me he leido la novela de Dan Brown que está en boca de todos. ¿Mi opinión?. Pues, hombre, el libro es un buen best-seller, entretenido, ameno, lleno de acción y protagonistas guapos y listos. No es ninguna obra maestra, de acuerdo, pero tampoco entiendo a los que se han dedicado a machacar el libro: se trata de eso, un best-seller y nada más, no el Ulysses de Joyce.

Es muy fácil de leer, gracias a su trama, a la minúscula extensión de los capítulos y a que Brown repite sin parar las ideas claves, como si de una clase se tratara, pero por otro lado contiene suficientes elementos de arte, historia y religión como para parecer interesante a otro tipo de público no tan devoto de los típicos libros de acción policiacos.

Además, el libro es tan parecido a un guión cinematográfico que a veces se tiene la impresión de leer una película novelada…no me extraña que vayan a rodarla dentro de poco, porque no creo que necesiten guionista.

Al final parece que se va a poder salvar algo de las preciosas muestras de viento solar de la Génesis. Una reflexión: ¿cuánta gente se habría enterado de esta misión si la cápsula no se hubiese escacharrado?

Esperemos que haya más suerte con la siguiente nave en traer souvenirs del espacio: la Stardust, que nos hará entrega de las muestras del cometa Wild 2 en el 2006.

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Núcleo del cometa Wild-2

Mi generación fue de las últimas que se tuvieron que aprender los nombres de los reyes visigodos porque, en realidad, eso era a lo que se reducía la ocupación de Hispania durante más de dos siglos por parte de estas huestes bárbaras: una interminable lista de nombres curiosos y más bien chocantes. Juan Antonio Cebrián ha logrado resumir esta historia y ponerla al día para las nuevas generaciones y para todos aquellos que se habían olvidado de los descendientes de Alarico en un libro bastante entretenido. La única pega que le veo a la obra es que el autor se decanta por una narración muy tradicional, contando la historia de los visigodos en función de sus dirigentes, con lo cual la obra se convierte efectivamente en una gran lista de reyes godos, eso sí, bastante amena.

El Franquismo convirtió a estos ocupantes extranjeros en un referente histórico español gracias a unos mecanismos de razonamiento bastante surrealistas por los cuales se consideraba que, al haber reinado sobre el territorio de la Península Ibérica, eran los fundadores de una especie de proto-España. Esto explica porqué en las crónicas del siglo XX sobre esta época no se menciona mucho a los Suevos, Vándalos (a quienes Andalucía debe su nombre), Bizantinos o a los rebeldes hispanos y/o vascones que desafiaron la autoridad de los reyes de Toledo.

Desgraciadamente nunca se hace hincapié en los que son para mi gusto los temas importantes: ¿cómo vivía exactamente la población hispana esta ocupación?, ¿cómo se produjo la gradual asimilación de las costumbres hispanas, aparte de la religión, por parte de los Godos?, ¿hasta cuándo conservaron su lengua y costumbres?, etc., etc.

Yo me quedo con el rey Wamba, al cual drogaron para que pareciese que su muerte era inminente, y así poder vestirlo con los hábitos propios de la ceremonia goda para facilitar el paso a los cielos del monarca. Como la costumbre impedía reinar a nadie que hubiera vestido dichos hábitos, cuando el pobre hombre se recuperó se vio destronado y enviado a un monasterio para vivir los siete años que le quedaban de vida…

¿Cómo?. Pues para eso está el satélite KEO, que será lanzado en el 2006 y orbitará nuestro planeta durante unos 50 000 años. El cacharro es básicamente una bola de acero hueca donde se van a meter recuerdos de nuestra época, entre ellos CDs con los comentarios lúcidos y/o chorras de todos los que quieran escribir algo para la posteridad en la página www.keo.org. Da miedo pensar donde puede estar el ser humano por entonces…esperemos que hayamos conseguido llegar muuuy lejos.

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Curiosa obra del irregular David Brin leída en estos meses estivales. La idea es muy atrayente y original: imagínense que podemos crear copias de nosotros mismos con cuerpos sintéticos que sólo tienen un día de duración, y que es posible cargar los recuerdos vividos por esa copia al final de su vida útil.

Se trata de la típica novela de ciencia-ficción donde lo importante es una idea impactante y novedosa, sin entrar en detalles técnicos de cómo es posible tal tecnología. Brin logra magníficamente mostrar una sociedad donde esta técnica se utiliza de forma tan habitual que copiar personas es tan común como para nosotros hacer una fotocopia del DNI. La trama toma forma de un relato policial con múltiples historias, incluyendo los puntos de vista de las copias (o “golems”, como se les llama), con un tono jocoso e irónico.

Desgraciadamente no todo son elogios, ya que la obra tiene dos defectos graves: por un lado, el final ambiguo y esotérico donde a Brin se le va la olla un poco. Por otro, la ya habitual y desagradable costumbre de añadir páginas sin tino a toda novela moderna hasta que alcance el número mínimo de 500, como todo “buen” best-seller demanda, aunque esto provoque que la trama sea a veces incoherente y pesada. Una pena, porque Gente de Barro hubiera sido casi perfecta con 300 páginas menos…aún así merece la pena leerla.