La sonda Voyager 1 , lanzada en 1977, está atravesando la frontera del Sistema Solar, la heliopausa, donde el viento solar (el flujo constante de partículas que emite el sol) se debilita tanto que el débil viento interestelar predomina sobre él. Pronto se convertirá en el primer objeto creado por el hombre que se aventure en el espacio interestelar…

…buen viaje, viajero de las estrellas.

El próximo 4 de julio, un proyectil de la sonda Deep Impact chocará contra el cometa Tempel 1, provocando un cráter y exponiendo a las cámaras de la nave (y de los telescopios terrestres) materiales cometarios que arrojarán información sobre la formación del Sistema Solar. Esperemos, que mande buenas imágenes, porque parece ser que la cámara principal se ha estropeado y sólo mandará fotos de resolución media.

Un helicóptero francés del modelo Eurocopter Ecureuil/AStar AS350 B3 se posó el pasado 14 de mayo en la cima del Everest, batiendo así un récord de altura para estos aparatos.

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Bueno, para ser exactos no se posó exactamente en la cima, sino en una ladera, pero durante el vuelo sobrevoló la montaña hasta llegar a una altura de más de 10 km, como un avión comercial.

Así si que me apunto yo a una excursión al techo del mundo…

Desde que se detectaron los primeros exoplanetas los astrónomos se sorprendieron al descubrir que la muchos de ellos tenían órbitas muy excéntricas y que además muchos otros orbitaban muy cerca de su estrella, mientras que en nuestro Sistema Solar todos los planetas tienen órbitas casi circulares y los gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno orbitan a bastante distancia. En seguida hubo que replantearse muchas cosas sobre los modelos de formación de planetas y entre los estudios más recientes figura éste.

Según estos científicos, Júpiter se habría formado un poco más lejos y Saturno más cerca. Unos 700 millones de años después de la formación del Sistema Solar, debido a las interacciones gravitatorias entre los dos gigantes gaseosos, los dos planetas se habrían movido hasta sus posiciones actuales, con varias consecuencias:

1- Júpiter habría “empujado” muchos planetesimales y asteroides hacia el sistema solar interior, explicando así el último bombardeo masivo que se puede apreciar en la Luna, Mercurio o Marte, además de frustrar la formación de otro planeta entre Marte y Júpiter. Además seguro que empujó al resto de planetas rocosos, pues otros estudios sugieren que la Tierra se formó más lejos del Sol.

2- Saturno, al alejarse, habría empujado también, para no ser menos, a Urano y Neptuno, de acuerdo con otros estudios que sugieren una formación más cercana al Sol para estos gigantes de hielo.

Interesante, ¿no?

Siempre me ha interesado este periodo oscuro de la historia, supongo que debido a que supone un ejemplo de la transición que tuvo lugar en toda Europa del Imperio Romano a la formación de los estados medievales. Por eso decidí comprarme este libro de Roger Collins (editorial Crítica). Collins es inglés, así que antes de leerlo supuse que sería una buen libro de historia, ya que desgraciadamente, y basándome en mi limitada experiencia, los historiadores anglosajones suelen tener un estilo más práctico y conciso que los españoles, incluso en asuntos “propios” como es la historia visigoda.

El libro no defrauda y nos ofrece una visión global de la historia visigoda que va más allá de la lista biográfica de reyes que figura en otros libros, haciendo uso extensivo de los (limitados) datos arqueológicos para ofrecernos un panorama muy distinto al típico. Collins destruye el mito de los visigodos (y otros pueblos bárbaros) como pueblo invasor de raíces históricas profundas y ofrece la imagen más realista de pequeñas federaciones de pueblos germánicos que se formaron alrededor de los siglos II – III d.C. y que sirvieron como mercenarios del Imperio tardío. Llama la impresión el escaso número de los ejércitos visigodos: puede que no fueran más de 5000 guerreros (casi el tamaño de una legión romana), por lo que eso significa que una pequeña élite logró imponerse sobre una población hispano-romana de un millón de almas, población que no había parado de descender desde tiempos de Augusto por causas poco claras. Collins recuerda que ellos nunca se llamaron así mismos Visigodos (Godos del Este), sino simplemente Godos, y que la división entre Visigodos y Ostrogodos fue un recurso de los historiadores posteriores.

Quizás lo más sorprendente es lo poquísimo que sabemos en realidad sobre este periodo, especialmente los primeros siglos: desconocemos el nombre de muchos reyes y sus fechas de reinado exactas, cómo se integraron realmente en la cultura romana (¿hablaban godo o latín?, ¿hasta cuándo lo hicieron?), sus luchas internas (¿cuál fue el alcance exacto de la dominación bizantina obre el sur de la península?), etc, etc….por si fuera poco, historiadores posteriores se inventaron muchos mitos e historias sobre el periodo, incluyendo mi favorita, la del rey Wamba al que drogaron para quitarle el trono…qué pena, porque era una gran historia. En definitiva, un periodo oscuro de luchas continuas y despoblación de ciudades que hizo que los periodos medievales posteriores pareciesen por comparación un renacimiento cultural espectacular.

Una pega: la falta de ilustraciones y/o fotos que nos den una imagen de cómo eran estos guerreros y sus costumbres. Para esto último, mejor comprar este libro de Osprey.