No, no estamos hablando de La Ilíada, sino de esos asteroides que se hallan en la misma órbita que Júpiter, pero por delante y por detrás de él, en los puntos de equilibrio L4 y L5 de Lagrange. Pues bien, ya podemos confirmar la existencia de asteroides (¿cometas?) similares en la órbita de Neptuno. Esto parece consolidar la idea cada vez más popular que Neptuno se formó cerca de Saturno, pero luego fue expulsado por las fuerzas de marea hasta más allá de la órbita de Urano.

No, no me refiero al Spectrum. Ni tampoco al ENIAC. Cuando digo ordenador me refiero a uno analógico, no digital. Se trata del Mecanismo de Antikythera (ο μηχανισμός των Αντικυθήρων), a veces conocido erróneamente como astrolabio de Antikythera, una máquina de relojería construida en Grecia alrededor del año 80 a.C. que representaba fielmente las posiciones de los astros en el cielo. A diferencia de los astrolabios, que son “simplemente” discos con partes móviles, la base de este mecanismo es una serie de engranajes diferenciales de distinto radio que permiten “simular” los complejos movimientos celestes. No es algo de poca importancia, pues antes de su descubrimiento se pensaba que tal mecanismo no podía existir, ya que los engranajes diferenciales supuestamente se inventaron en el siglo XV o XVI. De hecho, la precisión del mecanismo sólo sería superada casi dos mil años después con los relojes fabricados en el siglo XVIII, aunque un mecanismo similar no sería construido en Europa hasta el siglo XIX. Por si fuera poco, el mecanismo cuenta con una regla graduada en su círculo exterior que lo convierte también en el instrumento científico de precisión graduado más antiguo del mundo.

Pero no acaban ahí las sorpresas: en un principio se pensó que este mecanismo “sólo” calculaba los movimientos del Sol y la Luna a través de las constelaciones zodiacales. Sin embargo, estudios recientes sugieren que también servía para calcular los movimientos de todos los planetas clásicos (hasta Saturno). Si se confirma este punto, estaríamos ante una creación de tal sofisticación y complejidad que deberíamos replantear nuestras ideas acerca de la ciencia y la tecnología en el mundo helenístico.

Ver:

Aquí podemos ver la precisión matemática de la construcción del mecanismo.

Más fotos de reconstrucciones.

Son muchos los occidentales que se ríen de los japoneses cuando intentan pronunciar una palabra con la letra “R” y les sale una “L” y viceversa. Esto es así porque para ellos se tata de la misma letra, es decir, son sonidos alófonos. Esto no nos debe sorprender, pues son muchos los idiomas donde la R y la L son alófonos de un mismo fonema. De hecho, en español es muy frecuente escuchar personas que intercambian ambos sonidos, aunque no sea considerado correcto (por ejemplo, en el español hablado en Cuba). Para demostrar esta dificultad que tienen los japoneses, ahí va este gracioso vídeo que he visto vía Mik2121:

Me decía un amigo que no había puesto una imagen mía en este blog. Bueno, para remediar esto, aquí va una foto mía junto al glaciar Perito Moreno en Calafate, Argentina.

Permítanme una breve disgresión sobre la diversidad lingüística desde el punto de vista de un profano: cuando uno pone en un mapa las distintas familias de lenguas, nos damos cuenta de que hay algunas áreas con mayor número de familias que otras. En concreto, destaca la isla de Nueva Guinea o el África subsahariana. Nueva Guinea es el paraíso del lingüista: en un territorio relativamente pequeño hay nada más y nada menos que unos 800 lenguajes distintos, algunos de ellos tan alejados entre sí como el español del chino. ¿Cuál es el origen de esta diversidad? Hace ya algún tiempo que los expertos comparan la diversidad lingüística con la biodiversidad: aquellas zonas con mayor biodiversidad son también aquellas con mayor número de familias lingüísticas. La idea es atrayente y en cierto modo lógica: el clima de las áreas con mayor biodiversidad favorece el asentamiento de grupos humanos distintos, y por lo tanto, con idiomas diferentes. Estos grupos no necesitan moverse mucho ni invadir territorios vecinos para satisfacer sus necesidades vitales. Además, en el caso de Nueva Guinea, los abruptos barrancos de la isla favorecen el aislamiento de los grupos y el cambio lingüístico.

Sin duda es una buena hipótesis, pero está incompleta. No explica porque determinadas zonas con mucha biodiversidad carecen de una diversidad lingüística similar. La respuesta la formuló Jared Diamond en su magnífico libro Armas, gérmenes y acero, donde argumentaba que las zonas de mayor diversidad lingüística coinciden con los primeros focos donde se inventó la agricultura y la ganadería.

Ahora bien, ¿cómo cambian las lenguas?. Como es sabido cualquier idioma vivo está en evolución constante. Las lenguas que no cambian son aquellas que están muertas. Sin embargo, yo todavía no he visto una explicación sencilla de dicho cambio. Me explico: en muchos libros sobre lingüística, al analizar el cambio de varios idiomas modernos en los últimos siglos o milenios llegan a la conclusión de que las lenguas se “simplifican”. Esta opinión está basada normalmente en la comparación de las estructuras gramaticales modernas con las antiguas, ya que con respecto al vocabulario las lenguas modernas son sin duda más ricas. Tal afirmación está muy extendida y casi todos los estudiosos parecen darla por sentado: cualquiera puede comprobar que parece verosímil si comprobamos el latín con las lenguas romances o el griego antiguo con el moderno.

Sin embargo, esto no siempre ha sido así: los idiomas llevan cambiando milenios, y algunas veces sus gramáticas se han “simplificado”, mientras que otras se han “complicado”. El proceso evidente de simplificación es algo que sólo ha ocurrido en los últimos siglos o milenios y con determinadas lenguas. ¿Por qué?. Bueno, a riesgo de decir alguna tontería, ahí va mi pequeña aportación: en mi opinión la tasa de cambio de una lengua depende principalmente del número de hablantes y de la distancia que los separa. Si la tasa de cambio supera un determinado valor se produce una “simplificación”, es decir, el número de hablantes es tal que para mantener una comunicación fluida las gramáticas tienden a simplificarse.

Veamos esto en detalle. Sea la lengua A en un determinado periodo de tiempo t: la tasa de cambio de una lengua la podemos aproximar con la siguiente fórmula:

TA(t) = [D*L*log(N1^k1*N2^2k2)+G-I]/[M*E]

N1 es el número de personas que hablan ese idioma como lengua materna: cuanto mayor sea el número, mayores son las posibilidades de introducir cambios. Además, al ser mayor este número, son más los hablantes deben ponerse de acuerdo sobre el uso de determinadas normas. Eso explica en parte el proceso de simplificación en tiempos históricos: la población humana ha crecido casi exponencialmente en los últimos siglos, y con ella el número de hablantes de las lenguas más importantes, incrementando las probabilidades de cambio lingüístico. Generalmente, las lenguas con menos hablantes son más conservadoras: a título de ejemplo, comparemos el catalán con el castellano. Se halla su logaritmo para atenuar las diferencias entre lenguas con cientos de millones de hablantes y otras con sólo unos miles.

k1 = 1+R, siendo R la tasa de crecimiento de la población nativa N1.

N2 es el número de hablantes de ese idioma que lo hablan como segunda o tercera lengua: al estar influidos por otro idioma, tenderán a influir en el cambio de la lengua A. Está elevado al cuadrado porque el cambio será más fuerte que el protagonizado por los hablantes nativos.

k2 = 1+R2, con R2 la tasa de crecimiento de la población que habla A como segunda lengua.

D es la distancia media normalizada entre cada hablante: con distancia media normalizada me refiero no sólo a la distancia física en línea recta, sino que debemos tener en cuenta los obstáculos que pueden separar a los hablantes de dichas lenguas: dos comunidades separadas por ríos, montañas o fronteras tendrán una D mayor que dos comunidades muy lejanas entre sí sin ningún tipo de obstáculo que las separe. Esta distancia no tiene en cuenta los medios modernos de comunicación (teléfono, TV, Internet, etc.). Podemos definirD = k3/densidad de población. k3 es una constante que mide las características de la población, si está muy aislada o no.

I lo denomino “parámetro de invasión” y es difícil de cuantificar: aquellos países sometidos en mayor o menor grado a la cultura de otra nación experimentarán una tasa de cambio muy fuerte, por eso siempre es negativo.

G es la media de crecimiento de la economía de los países donde se habla la lengua A en un determinado periodo: cuanto mayor sea su crecimiento, menos probable es que un hablante la abandone y más probable que otros hablantes renuncien a sus lenguas nativas para hablar A. Si la tasa es negativa, TA(t) podrá ser negativa.

L es el parámetro de frontera y nos indica la longitud de las fronteras de una comunidad lingüística con el exterior.

Ahora veamos los parámetros que disminuyen la tasa de cambio:

E es la tasa de alfabetización en la lengua A. E puede tomar cualquier valor entre 0 y 1. Cuanto más culta sea la población, más prestigio religioso y/o socialtendrá la lengua A y más difícil sea que pueda cambiar.

M es la media de acceso a medios de comunicación modernos y/o transportes: al estar más comunicados entre sí los hablantes de la lengua A, este parámetro contrarresta la distancia media D (M mayor o igual que 1). Hoy en día, el teléfono, la televisión e Internet hacen que la tasa de cambio en los países desarrollados sea menor que en los países en vías de desarrollo. El problema de este parámetro es que una mayor comunicación contribuye también a una mayor simplificación en las estructuras gramaticales, con lo que es difícil calcular si el efecto neto de los medios de comunicación es simplificador o no. Se puede obviar para cálculos en los últimos siglos.

TA(t) sólo será negativa si el número de hablantes nativos N1 o N2 disminuye, si el parámetro de invasión I es muy fuerte o bien si el crecimiento de las economías de los hablantes de A (parámetro G) es negativo. En este caso la tasa de cambio la podemos interpretar como que la lengua se halla en peligro.

Bien, esta fórmula es un poco como la Ecuación de Drake, es decir, muy vaga e imprecisa, pero espero poder dar algún ejemplo de su aplicación más adelante.

Hace ya muchos años que las sondas soviéticas Venera transmitieron datos desde la superficie de ese infierno que es Venus. En su momento, la mayor parte de esas imágenes carecían de una calidad aceptable, así que fueron relegadas al olvido, aunque también ayudó el hecho que fueron tomadas por naves no americanas, claro. Muchos años después, Don Mitchell se ha dedicado a procesarlas usando tecnología actual para recrear la apariencia de la superficie venusina. Dichas imágenes se pueden ver en esta página, así como las tomadas por las sondas lunares soviéticas. Hace poco, el bueno de Don ha sacado más fotos “restauradas” de las Venera 13 y 14, las cuales podemos ver en su blog. Animamos desde aquí a Don para que continúe con su maravilloso trabajo.