Por fin me he acabado la segunda entrega de esta novela que en realidad es una única obra. La editorial ha tenido la incomprensible actitud de castigar a sus lectores dividiendo en dos una obra de 700 páginas, supongo porque así multiplicaba por dos los beneficios. Pues nada, que hay que comprar a Amazon para que no nos timen. Como además, los inútiles de la editorial decidieron sacar ambas partes con seis meses de diferencia, casi ni me acordaba de qué iba la anterior.

El resultado de los dos libros es que Simmons nos ha tomado el pelo. Se confirma que escribió Hyperion bajo los efectos de una musa que le ha abandonado, aunque la rescate, literalmente, para esta novela. Ilión es en realidad una obra de fantasía, pues eso es lo que es este universo recreado de la Ilíada y las apariciones estelares de los caprichosos dioses griegos, aunque todo esté descrito con un lenguaje pseudocientífico. Simmons echa mano de todo lo que se le pasa por la imaginación y vierte en el papel todos los personajes y situaciones más absurdos que uno pueda concebir. De hecho, lo mejor del libro es como el autor se las arregla para dar una apariencia de coherencia y de rigurosidad científica a una trama que parece escrita bajo los efectos de alguna sustancia alucinógena. Lo peor es llegar al final y darte cuenta de que Simmons podrá no ser un genio, pero no es en absoluto tonto y ha decidido en consecuencia arrastrar la trama otro libro más, de próxima aparición en los USA. Es de suponer que la editorial española lo publicará por fascículos el año que viene.Lo mejor: es una buena introducción a la Ilíada. Homero debería reclamarle copyrights.Lo peor: las escenas de los posthumanos y Calibán. Para mí sobran y hunden el de por sí bajo nivel medio del libro.

Pese a todo, es una obra bastante entretenida que se deja leer si uno está aburrido o apunto de dormirse…

Tras acabarme el segundo libro de Dan Brown, el otrora desconocido autor del Código Da Vinci, ahora más feliz y rico que nadie, he confirmado mis sospechas: el tío es un genio. No lo digo por su manejo de la prosa, ni por su capacidad como narrador, ambas cualidades más bien flojitas, sino porque el tío ha tenido el morro de publicar la misma novela dos veces: ¡olé!. ¿Por qué digo esto?, porque esta novela, que fue escrita antes que el Código, pero pasó sin pena ni gloria (comprensiblemente) es exacta a su famosa secuela: tenemos al guapo, inteligente y sabelotodo Robert Langdon, un anciano asesinado por una secta con oscuros propósitos de los que depende el mundo, una chica, familiar del difunto anciano, atractiva, fuerte y enigmática que seduce a nuestro carismático héroe, intrigas relacionadas con la Iglesia Católica de por medio, etc., etc.

Vamos, que nuestro amigo ha iniciado una nueva moda: si tu novela no tiene éxito a la primera, inténtalo una segunda vez. Es decir, publicar con vistas al futuro, como si fuera una inversión en Bolsa.

Críticas aparte, hay que reconocer que algo debe tener este hombre, porque sus obras se dejan leer de manera pasmosa. Uno abre el libro, y ¡zas!, te lo acabas en un par de días como mucho, pese al engorde best-seller al que se ha sometido al libro. Da igual que los personajes sean de cómic o que la acción sea más inverosímil que Chiquito de la Calzada haciendo de Indiana Jones, que sus libros de venden como rosquillas. De hecho, esta novela me ha parecido mucho más entretenida que el Código, quizás porque al autor se le va tanto la olla con lo de la antimateria y el Vaticano que el resultado es muy cómico. Lo más gracioso es que el libro debería clasificarse como ciencia-ficción en vez de thriller.

Sólo me ha molestado profundamente la mala calidad de la traducción, repleta de errores, especialmente en todo lo relacionado con el lenguaje científico.

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Aquí seguimos sin tener ni idea de qué es lo que hay en la superficie de Titán, escondida por esa neblina de hidrocarburos. El reciente paso de la Cassini ha creado más dudas de las que ha resuelto: no se han encontrado evidencias en las imágenes de los esperados lagos u océanos de metano, pero sí en las señales del radar. La superficie muestra unas estructuras muy extrañas, pero es sin duda joven, ya que no hay evidencia de cráteres de impacto. Las esperadas nubes de metano detectadas desde la Tierra parece ser que no están compuestas de esta sustancia según los primeros análisis, etc….Esperaremos al siguiente encuentro el mes que viene.

titan_cassini_041025_false-color_288x292Titán y su extraña superficie en el infrarrojo

Preciosa imagen del cúmulo globular M3 donde se pueden “ver” (es una imagen .gif compuesta) las estrellas variables (principalmente RR Lyrae) que sirven para medir las distancias estelares y galácticas.

No, no me he olvidado del aniversario del tristemente desaparecido Carl Sagan, más conocido como El Profeta entre aquellos, como es el caso del que escribe estas líneas, marcados desde muy tierna infancia por su obra, especialmente la archifamosa serie de TV, Cosmos, también conocida como Las Sagradas Escrituras. Antes de ayer hubiera cumplido 70 años y muy probablemente habría disfrutado de lo lindo con las fotos enviadas desde Marte por los rovers y desde Saturno por la Cassini. No exagero si digo que toda una generación de astrofísicos, biólogos, matemáticos, químicos y hasta historiadores le deben su vocación a este hombre, que más allá de las luces y sombras que toda persona tiene (no, pese a los rumores, no era santo), logró transmitir con su peculiar estilo lo maravillosa que podía ser la aventura del conocimiento, es decir, la ciencia.

Y por si algún hereje despistado lee estas líneas, que vaya rápido a comprar el libro y los DVD de Cosmos que han sido reeditados recientemente, eso sí, sin la maravillosa voz del doblaje original en castellano.

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¡Que San Carl te proteja!

¡Por fin!. Para los amantes de los simuladores de vuelo, aquí está por fin Pacific Fighters, continuación de la magnífica saga IL2 Sturmovik. Se puede instalar como juego independiente o como expansión de Aces Expansion Pack, a su vez expansión del IL2 Forgotten Battles.Personalmente no me ha parecido un juego distinto, sino más bien una expansión. La calidad es impresionante, aunque el juego no es perfecto, naturalmente. De todas formas, muchos de esos fallos deberán desaparecer con el próximo parche. Lo mejor: intentar aterrizar (o para ser correctos, apontar) en portaaviones sin estamparse muchas veces. Lo único que echo de menos en este juego es aquel oficial de señales con sus banderitas que aparecía en el entrañable Combat Flight Simulator 2.

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