Hace ya muchos años que las sondas soviéticas Venera transmitieron datos desde la superficie de ese infierno que es Venus. En su momento, la mayor parte de esas imágenes carecían de una calidad aceptable, así que fueron relegadas al olvido, aunque también ayudó el hecho que fueron tomadas por naves no americanas, claro. Muchos años después, Don Mitchell se ha dedicado a procesarlas usando tecnología actual para recrear la apariencia de la superficie venusina. Dichas imágenes se pueden ver en esta página, así como las tomadas por las sondas lunares soviéticas. Hace poco, el bueno de Don ha sacado más fotos “restauradas” de las Venera 13 y 14, las cuales podemos ver en su blog. Animamos desde aquí a Don para que continúe con su maravilloso trabajo.

Todos aquellos amantes del Google Earth han visto sus sueños cumplidos por parte de un astrónomo aficionado español: descubrir cráteres de impacto en África. Efectivamente, Emilio González, como muchos de nosotros, estaba mirando estructuras de impacto en África. Para su sorpresa, encontró varias que no aparecían en ninguna base de datos de cráteres. Por si fuera poco, estas estructuras estaban alineadas, una clara indicación de un impacto cometario múltiple, como el Shoemaker-Levy 9 en Júpiter.

Desde aquí le damos la enhorabuena a Emilio por el descubrimiento más sorprendente de la década, porque, a ver, uno no entiende que NADIE se tomase la molestia en analizar los miles de imágenes aéreas y de satélite (visuales, en infrarrojo y por radar) de la zona. Lo dicho, enhorabuena y a dejar que la envidia nos corroa, jeje…

Aunque había visto esta foto antes, me sigue pareciendo maravillosa: la puesta de Sol vista por el rover Spirit cerca de las colinas Columbia, en el cráter Gusev. Aquí es donde Spirit pasará los próximos 8 meses hasta que pase el invierno marciano, para poder así recibir suficiente energía solar aprovechando la inclinación de la colina. Esperemos que aguante.

Pandora’s Star (La Estrella de Pandora) es una de las últimas obras de Peter Hamilton, la gran esperanza de la CF inglesa. Lo primero que llama la atención de la obra es su voluminosidad: 1144 páginas, nada más y nada menos. Sin embargo, puesto que en realidad es la primera parte de la Saga de la Commonwealth, la obra final puede que se acerque a las 3000 páginas de texto impreso.

La novela se presenta como una space-opera, supongo porque Hamilton se ha hecho famoso en este subgénero de la CF, ya que en realidad no hay mucho de space-opera en el libro, por lo menos no en esta primera parte. En realidad Pandora´s Star me ha recordado muchísimo a la gran saga de Hyperion de Dan Simmons. Son numerosas las similitudes: al igual que en aquella, la humanidad se encuentra desperdigada por un gran número de mundos: la Commonwealth en esta obra, la Hegemonía en Hyperion. En ambas series, los mundos se hallan conectados mediante portales transdimensionales: agujeros de gusano en Pandora’s Star y portales teleyectores en Hyperion. La inteligencias artificiales juegan un papel muy importante: el Tecnonúcleo en Hyperion y las SI en Pandora.

Sin embargo, Pandora’s Star está muy lejos de ser una copia de la obra de Simmons. El ritmo de la trama es mucho más lento que la trepidante Hyperion. Hamilton se toma su tiempo para presentar en detalle los numerosísimos personajes y tramas independientes que aparecen en el libro. Uno tiene la sensación de estar contemplando un enorme barco al zarpar: al principio parece que apenas se mueve, pero al cabo de un tiempo, vemos claramente los resultados. Y es que Pandora’s Star es un libro muy cansino, hecho agravado por la manía del autor de interrumpir una trama justo cuando se estaba poniendo interesante. Y por interrumpir en este libro me refiero a 100 páginas de tramas alternativas antes de retomar la que te había parecido digna de atención.

Pese a esto, el resultado es fantástico y me atrevo a decir que es la mejor novela de CF que he leído en los últimos años, lo cual no es decir mucho, la verdad, dado el lamentable estado del género. De todas formas, no puedo dar una opinión final hasta acabar la segunda parte: Judas Unchained, algo que tardará en suceder, pues es igual de larga que su antecesora.

Lo mejor: la multiculturalidad de la Commonwealth y los alienígenas (en realidad, EL alienígena) malos malísimos.

Lo peor: muchos capítulos sobran: el libro parece pedir a gritos que lo editen para hacerlo más legible. Además, Hamilton no acaba de aprovechar el abanico de posibilidades que le ofrece la Commonwealth y muchas veces uno tiene la sensación de que la mayor parte de mundos son clones de California: todos los personajes (salvo algunos alienígenas) son anglosajones, hablan inglés y tienen casas terreras con un jardín en la entrada.

El CaLV (Cargo Launch Vehicle) es el futuro cohete de carga de la NASA que debe abrir el camino para la vuelta del hombre a la Luna y, eventualmente, el viaje a Marte. Pues bien, ahora la NASA ha decidido NO utilizar los motores SSME del transbordador en este cohete, debido a su alto coste. Dichos motores ya habían sido rechazados para el diseño del otro futuro cohete de la NASA: el CLV (Crew Launch Vehicle), que debe lanzar al CEV. Para el CLV se eligió una versión del antiguo motor J-2 de la época del Apolo. Para el CaLV se ha escogido el RS-68 del Delta 4. Con esta decisión, los SSME, en teoría diseñados para ahorrar costes y que se han convertido en los motores cohete más caros de la historia, pasarán a mejor vida al retirarse el transbordador en el 2010. Por otro lado, la inclusión de los RS-68 supondrá que el cohete deberá tener un diámetro de 10 metros (!) en vez de los 8 inicialmente previstos.

El CaLV