¿Estás cansado de usar siempre los mismos nombres para los planetas del Sistema Solar? Si la respuesta es sí, siempre puedes recurrir a los clásicos. En la Antigüedad, los planetas tenían varios nombres que hacían referencia a su brillo y/o color, además de la identificación con los dioses del Olimpo que todos conocemos. Veamos esos otros nombres:

  • Mercurio (Hermes, Ερμής): se le denominaba Estilbón o Estilbonte (Στίλβων), “fúlgido”, “reluciente”.
  • Venus (Afrodita, Αφροδίτη): recibía distintos nombres en calidad tanto de lucero de la mañana como de la tarde, sin duda un recuerdo de cuando los griegos consideraban ambos luceros como objetos celestes diferentes. Como lucero de la tarde era llamado Hésperos (Eσπερος), es decir, la “estrella del occidente”, pues en griego, espera (Έσπέρα) significa “oeste”. Como lucero del alba se le denominaba Fósforo (Φωσφóρος), el “portador de la luz”. Igualmente usada era la denominación de Eósforo (Eωσφóρος), es decir, el “portador de la aurora o el amanecer”. Los romanos usaban los nombres latinizados de Hesperus, Fósforus o Lucifer y Aurora en vez de Hésperos, Fósforo y Eósforo respectivamente. Vale la pena recalcar cómo el nombre de Lucifer se convirtió en sinónimo del diablo. Por lo visto, en un pasaje de la Biblia Vulgata del siglo V d.C. se denomina a un rey de Babilonia como “Lucifer”. Posteriormente, ese pasaje se hizo muy popular, especialmente gracias a la Divina Comedia de Dante, y con el tiempo se produjo la identificación de Lucifer con el diablo cristiano.
  • Marte (Ares, Άρης): Pirente o Piroente (Πυρόεις), “rutilante”, debido a su característico color rojizo (en griego “fuego” es pirós, πυρός).
  • Júpiter (Zeus, Ζεύς o Días, Δίας): denominado Fenón o Fenonte (Φαίνων), “brillante”.
  • Saturno (Cronos, Κρόνος): se le llamaba también Faetón o Faetonte (Φαέθων), “espléndido”.

En cuanto a los nombres de Júpiter y Saturno, Fenón y Faetón, tienen una raíz muy parecida, hecho que quizás explica por qué ciertos autores usan estos apelativos para designar estos astros de manera inversa, es decir, Júpiter es llamado a veces Faetón y Saturno, Fenón. Pero dejemos que sea el mismísimo Eratóstenes de Alejandría, el cual compiló las constelaciones y sus mitos en su famosa obra Catasterismos, el que nos explique los nombres alternativos de los planetas:

Las cinco estrellas que llamamos Planetas poseen movimiento propio. Se dice que pertenecen a cinco dioses: el primero, Fenonte, es de gran tamaño y pertenece a Zeus. El segundo, de menor tamaño, se llama Faetonte, y se denomina así por ser hijo de Helio. El tercero pertenece a Ares y se denomina Piroente; no es de gran tamaño y su color es similar al del Águila. El cuarto se llama Fósforo y pertenece a Afrodita, es de color blanco y la mayor de todas estas estrellas; lo llaman tanto Fósforo como Héspero. El quinto pertenece a Hermes, se denomina Estilbonte y es muy brillante y de gran tamaño. Se le otorgó a Hermes por haber sido éste el primero en delimitar el cielo, disponer el orden y las estaciones en que son visibles las estrellas e indicar los signos favorables. Se le llama Estilbonte porque fue Hermes quien tuvo este acto de imaginación.

Eratóstenes, Catasterismos – Mitología del Firmamento, traducción de Antonio Guzmán Guerra, Ed. Alianza (1999).

Comentario: si no se visualizan bien los caracteres griegos, asegúrate que tu navegador puede manejar fuentes unicode. Se han eliminado algunos espíritus y acentos por problemas de compatibilidad.

Hace poco hablábamos aquí del Mecanismo de Antikythera, esa calculadora de hace 2100 años que permitía hallar las posiciones de los astros usando una tecnología que pensábamos que los antiguos griegos no tenían. Pues bien, en exclusiva para los lectores de Eureka, aquí están una serie de fotos tomadas por un servidor en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas:

– Lo que queda del Mecanismo en la actualidad:

– La reconstrucción que se encuentra justo al lado en el museo:

– Un detalle de las marcas de medida del instrumento. Recordemos que se trata del instrumento científico de precisión más antiguo que se conoce:

No debemos olvidar que el próximo otoño se celebrará una conferencia de prensa en Atenas para desvelar los últimos descubrimientos de esta maravilla de la antigüedad. Estaremos atentos.

Siempre se está a tiempo de iniciarse en el mundo de la astronomía y sin duda el verano es una buena época para ello. Por eso recomiendo un par de programas que nos ayudarán en esta tarea:

Cartes du Ciel: es todo un clásico entre los planetarios. Quizás ya se encuentre un poquito desfasado en cuanto a su presentación gráfica, pero sigue siendo muy potente. Además es totalmente gratuito y le puedes incorporar todos los catálogos que quieras, especialmente el Tycho y el USNO.

Stellarium: otro planetario, pero mucho más atractivo visualmente y muy intuitivo a la hora de usarlo. Recomendado para los que se inician en estas lides. Lo mejor: la opción de visualizar las constelaciones de otras civilizaciones.

Celestia: no es un planetario, sino un simulador del sistema solar. Es una auténtica gozada, pues puedes viajar por todos los planetas y satélites que quieras. Lo mejor es que puedes viajar a otras estrellas y ver el cielo desde allí. además, tienes miles de expansiones gratuitas.

WinStar: es una mezcla de planetario y el Celestia. Alguna de sus funciones son de pago, pero está muy bien.

Eso es lo que parece tras los últimos rumores que llegan desde Moscú. Rusia se muestra mucho más interesada en desarrollar un vehículo espacial junto con la ESA que en desarrollar el Klíper. De nada han servido los intentos del gobierno ruso por atraer a los europeos hacia este vehículo de nueva generación, así que se están pensando en empezar desde cero si los europeos aceptan un proyecto conjunto. De ser así, sin duda algunas partes del diseño del Klíper serán usadas en la nueva nave, pero no todas, pues se tratará de un verdadero proyecto internacional tipo Airbus. Sólo esperemos que la posible empresa conjunta tenga una gestión más transparente que la del fabricante de aviones.

Ahora le toca el turno a los materiales de estudio:

lo primero es tener un método que te enseñe paso a paso. Para ello, nada mejor que estos cursos on-line:

  • Learn Greek Online!: se trata de un curso radiofónico chipriota de los años 80 puesto en la red. Está francamente bien, aunque la calidad del sonido es a veces muy pobre y el servidor de la página es una auténtica birria y no es de extrañar que se venga abajo varios días a la semana. Otro engorro es que nos obligan a registrarnos para acceder al material, pero no hay que preocuparse, pues sólo nos piden el mail, e incluso se puede introducir uno falso si no tenemos ganas de andar con rollos.
  • Filoglossia: otro curso en inglés. Su nivel es inferior pero es mucho más atractivo e interesante gracias a su contenido multimedia.
  • Talk Greek (BBC): más que un curso es una pequeña guía del idioma para viajeros, pero no está mal para empezar.

Libros: desgraciadamente, en español no hay mucho material. Mi pequeña colección es la siguiente:

  • Néa Elliniká 2, Sapfo Tloupa y Anna Khatzipanagiotidi (1993): curso intermedio. Está escrito en griego solamente, por lo que está pensado para ser usado en una clase. A pesar de estar un poco desfasado y tener una presentación gráfica penosa, está bastante bien para progresar poco a poco. Hay un primer volumen para principiantes, pero no sé qué tal será.
  • Greek, an essential grammar: simplemente genial. Si quieres estudiar griego moderno, esta es tu elección. El único aspecto un tanto flojillo es el espacio dedicado al uso de los tiempos verbales.
  • The Oxford Greek Dictionary: el mejor diccionario Inglés-Griego / Griego-Inglés que se puede encontrar y que sea a la vez lo suficientemente pequeño como para llevarlo por la calle.
  • El Griego de Bolsillo, Guías Assimil (2005): es una guía de griego para viajeros, pero cubre muy bien los aspectos gramaticales más básicos y tiene muchos comentarios sobre el uso del idioma. Desgraciadamente, está plagado de erratas y el pequeño diccionario que trae no emplea el alfabeto griego, sólo la transcripción fonética.
  • Griego. Guía de Conversación, Ed. Espasa (2005): una guía muy completa y con un buen diccionario de viaje. Sin embargo, no incluye ninguna referencia gramatical y las frases empleadas son a veces un tanto engorrosas y extrañas.
  • Defiéndete en Griego, Ed. Anaya (1997): desconozco si existe una edición más actual, pero esta que tengo está francamente bien. Los temas están muy bien clasificados, lo que hace que sea fácil de usar en la práctica. Desgraciadamente, no incluye ninguna introducción gramatical.
  • Greek, a Rough Guide Phrasebook (1999): es básicamente un diccionario de viaje con una introducción a la gramática griega muy muy interesante y concisa.

Preparando mi inminente viaje a la cuna de la civilización occidental, llevo un mes aprendiendo griego moderno. Para aquellos que desconozcan el idioma, que supongo que será la mayoría, un par de reseñas:

  • Dificultad General: para un hispanoparlante, el Griego Moderno tiene una dificultad parecida a la del Alemán. Al igual que éste, es un idioma con declinaciones, aunque el griego ha perdido el dativo y sólo tiene nominativo, acusativo y genitivo (el vocativo se usa muy poco). A diferencia de aquél, se escribe obviamente con alfabeto griego, así que supongo que esto es un punto que dificulta un poquito su aprendizaje inicial. Por otro lado, también tiene tres géneros gramaticales distintos, aunque su uso es mucho más racional y simple que en Alemán, al igual que la formación del plural. El único aspecto que presenta una mayor dificultad son los verbos y sus diferentes tiempos, bastante más complicados de usar que en Alemán.
  • En cuanto al vocabulario, es un arma de doble filo: por un lado hay miles de palabras que nos resultarán familiares, ya que proceden del Griego Clásico y se usan en la actualidad en todos los ámbitos científico-técnicos. Por otro lado, su significado puede variar respecto al que nosotros estamos acostumbrados. Además, la mayoría de palabras procedentes del latín que se usan en los idiomas europeos son sustituidas por un equivalente griego, por aquello de que si los romanos tomaron como referencia cultural a la Grecia Clásica, sus descendientes no van a permitir que dos mil años después la lengua latina conquiste a la griega. Un problema grave es la duplicidad de términos: en cuanto empezamos a estudiar, nos damos cuenta que muchas veces existen dos palabras para designar el mismo concepto. Esto es así porque durante muchos años la lengua griega experimentó una situación de diglosía: mientras que en la calle se hablaba el Griego Moderno o Dimotikí (Δημοτική, “popular”, “del pueblo”), en las instituciones académicas, técnicas y políticas se hablaba un lenguaje artificial llamado Kazarévusa (Καθαρεύουσα, “purificada”). Y digo artificial, porque no se trataba de Griego Clásico como se enseñaba en el siglo XIX, sino de una mezcla de la Koiné del periodo helenístico con elementos de la época romana y bizantina. Por desgracia para este bello idioma, el uso del Demotikí y la Kazarévusa pronto se politizó, siendo el griego demótico preferido por la gente de izquierdas y el griego clásico por las facciones más conservadoras. Tras la caída de la dictadura en los años setenta, se abolió el uso de la Kazarévusa en las escuelas, pero no sería hasta 1982 que se haría oficial el uso del Griego Moderno en todo el estado heleno, así como la aplicación de la reforma ortográfica que sólo emplea un tipo de acento. Paradójicamente, el Griego Estándar actual, aunque básicamente sigue siendo demótico, emplea muchísimos términos cultos provenientes de esta etapa de diglosía, así que no nos extrañemos si vemos que a la Luna la llaman tanto Selini (Σελήνη) como Fengari (Φεγγάρι), por poner un ejemplo.
  • Otro aspecto es la pronunciación: es prácticamente similar a la española, con sólo cinco vocales, por lo que probablemente sea uno de los idiomas más fáciles de pronunciar para un español.