“…Nosotros somos la encarnación local del Cosmos, que ha crecido hasta tener consciencia de sí. Hemos empezado a contemplar nuestros orígenes: sustancia estelar que medita sobre las estrellas; conjuntos organizados de decenas de miles de billones de billones de átomos que consideran la evolución de los átomos y rastrean el largo camino a través del cual llegó a surgir la consciencia, por lo menos aquí. Nosotros hablamos en nombre de la Tierra. Debemos nuestra obligación de sobrevivir no sólo a nosotros sino también a este Cosmos, antiguo y vasto, del cual procedemos.”

Cosmos, de Carl Sagan

El gran gurú de la astronáutica online, Mark Wade autor de la maravillosa Encyclopedia Astronautica, ha lanzado desde hace unos meses su blog. Allí se ha dedicado a criticar con muchos argumentos el diseño del CEV. Sin embargo, Wade no tiene en cuenta una serie de argumentos en favor del actual diseño, casi similar a los Apolo:

1- Con este diseño el escudo térmico permanece protegido por el módulo de servicio durante toda la misión. Aunque esto no es de vital importancia para una misión corta, una nave que pase seis meses alrededor de la Luna o años camino a Marte, si debe tener en cuenta que las probabilidades de que algún micrometeorito dañe el escudo son mayores. Si optamos por un diseño de cuerpo sustentador o minitransbordador, el riesgo de dañar el escudo y sufrir una catástrofe como el Columbia serían mayores. Recordemos que el CEV volverá de la Luna y otras misiones interplanetarias a 11 km/s, en vez de los 8 km/s de reentrada para el shuttle, por lo que hay que tener más cuidado en este punto.

2- El diseño permite instalar una torre de escape de forma más sencilla y barata.

3- Se puede poner un módulo de servicio más grande para cada misión distinta sin muchos cambios, en especial una misión a Marte necesitaría probablemente uno mayor.

4- Además es el diseño más rápido y barato, algo de vital importancia para la NASA en la actualidad.

La imagen tradicional de la colonización de América por el ser humano nos dice que éste atravesó el estrecho de Bering desde Asia aprovechando el bajo nivel de los océanos durante a última glaciación. Sin embargo, en plena era glacial no podía cruzar este pasadizo porque estaba cubierto de inhóspitos glaciares, así que el ser humano debió esperar a que los hielos retrocediesen hace unos 13000 años, fecha en la que se empezó a colonizar el continente.

Hace ya algunos años esa imagen tradicional se vino abajo con el descubrimiento de nuevos restos más antiguos y el análisis del ADN, por lo que los primeros humanos en el continente debieron atravesar otra ruta, probablemente costeando Alaska, hace unos 15000 ó 30000 años.

Ahora se acumulan las evidencias respecto a que los primeros americanos fueron europeos que atravesaron el Atlántico en plena era glacial, costeando el casquete de hielo oceánico que se extendía hasta latitudes más bajas. Aunque los restos arqueológicos no son concluyentes, análisis de ADN mitocondrial de nativos americanos han demostrado que ciertas tribus de Norteamérica tienen marcadores genéticos que se hallan sólo en poblaciones europeas.

Una vez más la genética revoluciona la antropología, aunque prosigue el debate: ¿quién llegó primero a América, los asiáticos o los europeos? ¿Cómo sería el encuentro entre los dos grupos de descubridores 16 000 años antes de que Colón redescubriera el continente?

No se pierdan este documental de NOVA.

Pues de forma acumulativa, Serguéi Krikalyov, quien regresó de la ISS el pasado 10 de octubre, con unos 725 días en el espacio, reunidos a lo largo de 6 misiones distintas. Destaca por ser el único astronauta que partió de la Tierra representando a la Unión Soviética y regresó como ciudadano de la Federación Rusa. Por cierto, todavía recuerdo los titulares sensacionalistas de la época que proclamaban que al bueno de Serguéi se lo habían olvidado en la Mir y que no tenían dinero para que regresase (todo absolutamente falso, naturalmente). Además fue el primer ruso en volar en un transbordador americano y miembro de la primera misión a la ISS.

Sin embargo, quien ostenta el récord de permanencia en una sola misión sigue siendo Valeri Polyakov, el cual pasó 14 meses en la Mir entre 1994 y 1995.