Según la todopoderosa empresa rusa Energía, el primer lanzamiento de la nueva nave Kliper tendrá lugar en 2011. Si todo marcha bien, al año siguiente se realizará el primer vuelo tripulado. Con estas fechas y, aunque seguramente habrá retrasos, la nueva nave con capacidad para seis personas, se adelantará en el tiempo al americano CEV.

Por cierto, la NASA ha anunciado que el transbordador no volverá a volar hasta marzo del año que viene, como muy pronto…vamos, que a este paso empatan con el CEV. Mientras, las voces que piden la cancelación total de los vuelos de la lanzadera aumentan, a la espera del dictamen técnico del panel de expertos que estudia las modificaciones necesarias para eliminar el riesgo de desprendimiento de espuma del tanque externo. Sin duda estamos viviendo una época crítica para el programa espacial tripulado americano. Se trata de los peores momentos para la agencia americana desde su origen. Tras el desastre del Challenger, los vuelos se reanudaron con aparente normalidad y confianza. Ahora, después de investigar las causas del accidente del Columbia durante dos años, la NASA se ha visto completamente incapaz de volver a lanzar el transbordador con unos niveles de seguridad aceptables.

Navegando por la Wikipedia, ese peaso de enciclopedia gratuita, me he encontrado con esta curiosa referencia a una moneda de 5 yenes, en la que se menciona su uso para medir la radiación a la que estuvieron expuestas varias personas tras un accidente nuclear. Otras referencias nucleares “llamativas” que me he encontrado:

  • La ojiva nuclear W88, con una potencia de unos 500 kilotones usada por los misiles Trident II de los submarinos americanos. Llama la atención la configuración elíptica de la fase primaria (de fisión) y la forma esférica de la ase secundaria (de fusión), que se desvían de las formas típicas del modelo Teller-Ulam convencional.
  • La Bomba Zar, con 50 megatones, el dispositivo nuclear más potente creado hasta la fecha…esperemos que siga ostentando este dudoso mérito para siempre. Se trataba de una bomba de tres fases.
  • El buque Glomar Explorer: construido en los ños 70 según directrices de la CIA para rescatar los restos del submarino soviético K-129, que se había hundido por causas que aún hoy se desconocen, y recuperar las armas nucleares que llevaba. Naturalmente esta misión era alto secreto: oficialmente era un buque de investigación geológico.

Pa’ acojonarse, oiga…

Sigue la polémica entre Mike Brown, el descubridor del “décimo planeta”, 2003 UB313, y el equipo del astrónomo español José Luis Ortiz por el descubrimiento de otro objeto del Cinturón de Kuiper, 2003 EL61, otro gran transneptuniano, aunque más pequeño que Plutón. Resulta que Ortiz publicó su descubrimiento el 29 de julio, y poco después Brown afirmó que llevaba observándolo ya varios meses, pero que no lo había hecho público porque estaba esperando más observaciones del telescopio espacial Spitzer. Al perder la exclusiva del descubrimiento, decidió desvelar la existencia de 2003 UB313 por miedo a que algún otro astrónomo se adelantase y le quitase el mérito. Hasta aquí todo normal: una historia más de descubrimientos astronómicos.

La polémica surgió cuando Brown insinuó sin mucha sutileza que el descubrimiento de Ortiz era un “robo” informático, ya que los archivos de las observaciones del telescopio de su equipo estaban a disposición de cualquiera en Internet (algo completamente normal, por otra parte), por lo que quizás algún miembro de equipo de Ortiz usó esta información para descubrir 2003 EL61. Aunque posteriormente Brown se ha retractado de estos comentarios, ya había arrojado la duda sobre el descubrimiento de Ortiz y muchos medios de divulgación americanos se lanzaron a criticar abiertamente la conducta del astrónomo español.

Alguien debería explicar a Brown que su conducta es la que merece ser condenada, pues aunque Ortiz hubiese usado los datos de 2003 EL61 (cosa que no sucedió), hubiese estado en todo su derecho, pues la comunidad astronómica funciona así. Cualquier nuevo objeto descubierto debe ser puesto en conocimiento de dicha comunidad inmediatamente, o al menos en un breve plazo de tiempo y no esperar meses para poder así acaparar el máximo de gloria posible. Por si fuera poco, Brown ya se había comportado de forma similar con el descubrimiento de Sedna y Quaoar, otros transneptunianos, y los había anunciado al público cuando estos cuerpos estaban en conjunción solar, es decir, cuando nadie más los podía observar. En palabras de Ortiz:

“Este secretismo le servía a Brown para poder estudiar los hallazgos en detalley en exclusiva, lo que va en contra del beneficio de la ciencia y no sigue loscauces establecidos, que implican comunicar la existencia de un objeto nuevo encuanto se descubre”

Brown se ha dejado llevar por su afán de notoriedad y se ha comportado como un ejecutivo agresivo en una empresa privada, no como un astrónomo. Casos como este son un peligroso precedente para la astronomía y la ciencia en general…esperemos que no cunda el ejemplo.