Hace poco hablábamos aquí del Mecanismo de Antikythera, esa calculadora de hace 2100 años que permitía hallar las posiciones de los astros usando una tecnología que pensábamos que los antiguos griegos no tenían. Pues bien, en exclusiva para los lectores de Eureka, aquí están una serie de fotos tomadas por un servidor en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas:

– Lo que queda del Mecanismo en la actualidad:

– La reconstrucción que se encuentra justo al lado en el museo:

– Un detalle de las marcas de medida del instrumento. Recordemos que se trata del instrumento científico de precisión más antiguo que se conoce:

No debemos olvidar que el próximo otoño se celebrará una conferencia de prensa en Atenas para desvelar los últimos descubrimientos de esta maravilla de la antigüedad. Estaremos atentos.

Siempre se está a tiempo de iniciarse en el mundo de la astronomía y sin duda el verano es una buena época para ello. Por eso recomiendo un par de programas que nos ayudarán en esta tarea:

Cartes du Ciel: es todo un clásico entre los planetarios. Quizás ya se encuentre un poquito desfasado en cuanto a su presentación gráfica, pero sigue siendo muy potente. Además es totalmente gratuito y le puedes incorporar todos los catálogos que quieras, especialmente el Tycho y el USNO.

Stellarium: otro planetario, pero mucho más atractivo visualmente y muy intuitivo a la hora de usarlo. Recomendado para los que se inician en estas lides. Lo mejor: la opción de visualizar las constelaciones de otras civilizaciones.

Celestia: no es un planetario, sino un simulador del sistema solar. Es una auténtica gozada, pues puedes viajar por todos los planetas y satélites que quieras. Lo mejor es que puedes viajar a otras estrellas y ver el cielo desde allí. además, tienes miles de expansiones gratuitas.

WinStar: es una mezcla de planetario y el Celestia. Alguna de sus funciones son de pago, pero está muy bien.

Eso es lo que parece tras los últimos rumores que llegan desde Moscú. Rusia se muestra mucho más interesada en desarrollar un vehículo espacial junto con la ESA que en desarrollar el Klíper. De nada han servido los intentos del gobierno ruso por atraer a los europeos hacia este vehículo de nueva generación, así que se están pensando en empezar desde cero si los europeos aceptan un proyecto conjunto. De ser así, sin duda algunas partes del diseño del Klíper serán usadas en la nueva nave, pero no todas, pues se tratará de un verdadero proyecto internacional tipo Airbus. Sólo esperemos que la posible empresa conjunta tenga una gestión más transparente que la del fabricante de aviones.

Ahora le toca el turno a los materiales de estudio:

lo primero es tener un método que te enseñe paso a paso. Para ello, nada mejor que estos cursos on-line:

  • Learn Greek Online!: se trata de un curso radiofónico chipriota de los años 80 puesto en la red. Está francamente bien, aunque la calidad del sonido es a veces muy pobre y el servidor de la página es una auténtica birria y no es de extrañar que se venga abajo varios días a la semana. Otro engorro es que nos obligan a registrarnos para acceder al material, pero no hay que preocuparse, pues sólo nos piden el mail, e incluso se puede introducir uno falso si no tenemos ganas de andar con rollos.
  • Filoglossia: otro curso en inglés. Su nivel es inferior pero es mucho más atractivo e interesante gracias a su contenido multimedia.
  • Talk Greek (BBC): más que un curso es una pequeña guía del idioma para viajeros, pero no está mal para empezar.

Libros: desgraciadamente, en español no hay mucho material. Mi pequeña colección es la siguiente:

  • Néa Elliniká 2, Sapfo Tloupa y Anna Khatzipanagiotidi (1993): curso intermedio. Está escrito en griego solamente, por lo que está pensado para ser usado en una clase. A pesar de estar un poco desfasado y tener una presentación gráfica penosa, está bastante bien para progresar poco a poco. Hay un primer volumen para principiantes, pero no sé qué tal será.
  • Greek, an essential grammar: simplemente genial. Si quieres estudiar griego moderno, esta es tu elección. El único aspecto un tanto flojillo es el espacio dedicado al uso de los tiempos verbales.
  • The Oxford Greek Dictionary: el mejor diccionario Inglés-Griego / Griego-Inglés que se puede encontrar y que sea a la vez lo suficientemente pequeño como para llevarlo por la calle.
  • El Griego de Bolsillo, Guías Assimil (2005): es una guía de griego para viajeros, pero cubre muy bien los aspectos gramaticales más básicos y tiene muchos comentarios sobre el uso del idioma. Desgraciadamente, está plagado de erratas y el pequeño diccionario que trae no emplea el alfabeto griego, sólo la transcripción fonética.
  • Griego. Guía de Conversación, Ed. Espasa (2005): una guía muy completa y con un buen diccionario de viaje. Sin embargo, no incluye ninguna referencia gramatical y las frases empleadas son a veces un tanto engorrosas y extrañas.
  • Defiéndete en Griego, Ed. Anaya (1997): desconozco si existe una edición más actual, pero esta que tengo está francamente bien. Los temas están muy bien clasificados, lo que hace que sea fácil de usar en la práctica. Desgraciadamente, no incluye ninguna introducción gramatical.
  • Greek, a Rough Guide Phrasebook (1999): es básicamente un diccionario de viaje con una introducción a la gramática griega muy muy interesante y concisa.

Preparando mi inminente viaje a la cuna de la civilización occidental, llevo un mes aprendiendo griego moderno. Para aquellos que desconozcan el idioma, que supongo que será la mayoría, un par de reseñas:

  • Dificultad General: para un hispanoparlante, el Griego Moderno tiene una dificultad parecida a la del Alemán. Al igual que éste, es un idioma con declinaciones, aunque el griego ha perdido el dativo y sólo tiene nominativo, acusativo y genitivo (el vocativo se usa muy poco). A diferencia de aquél, se escribe obviamente con alfabeto griego, así que supongo que esto es un punto que dificulta un poquito su aprendizaje inicial. Por otro lado, también tiene tres géneros gramaticales distintos, aunque su uso es mucho más racional y simple que en Alemán, al igual que la formación del plural. El único aspecto que presenta una mayor dificultad son los verbos y sus diferentes tiempos, bastante más complicados de usar que en Alemán.
  • En cuanto al vocabulario, es un arma de doble filo: por un lado hay miles de palabras que nos resultarán familiares, ya que proceden del Griego Clásico y se usan en la actualidad en todos los ámbitos científico-técnicos. Por otro lado, su significado puede variar respecto al que nosotros estamos acostumbrados. Además, la mayoría de palabras procedentes del latín que se usan en los idiomas europeos son sustituidas por un equivalente griego, por aquello de que si los romanos tomaron como referencia cultural a la Grecia Clásica, sus descendientes no van a permitir que dos mil años después la lengua latina conquiste a la griega. Un problema grave es la duplicidad de términos: en cuanto empezamos a estudiar, nos damos cuenta que muchas veces existen dos palabras para designar el mismo concepto. Esto es así porque durante muchos años la lengua griega experimentó una situación de diglosía: mientras que en la calle se hablaba el Griego Moderno o Dimotikí (Δημοτική, “popular”, “del pueblo”), en las instituciones académicas, técnicas y políticas se hablaba un lenguaje artificial llamado Kazarévusa (Καθαρεύουσα, “purificada”). Y digo artificial, porque no se trataba de Griego Clásico como se enseñaba en el siglo XIX, sino de una mezcla de la Koiné del periodo helenístico con elementos de la época romana y bizantina. Por desgracia para este bello idioma, el uso del Demotikí y la Kazarévusa pronto se politizó, siendo el griego demótico preferido por la gente de izquierdas y el griego clásico por las facciones más conservadoras. Tras la caída de la dictadura en los años setenta, se abolió el uso de la Kazarévusa en las escuelas, pero no sería hasta 1982 que se haría oficial el uso del Griego Moderno en todo el estado heleno, así como la aplicación de la reforma ortográfica que sólo emplea un tipo de acento. Paradójicamente, el Griego Estándar actual, aunque básicamente sigue siendo demótico, emplea muchísimos términos cultos provenientes de esta etapa de diglosía, así que no nos extrañemos si vemos que a la Luna la llaman tanto Selini (Σελήνη) como Fengari (Φεγγάρι), por poner un ejemplo.
  • Otro aspecto es la pronunciación: es prácticamente similar a la española, con sólo cinco vocales, por lo que probablemente sea uno de los idiomas más fáciles de pronunciar para un español.

Allá va el Discovery en la segunda misión del transbordador tras el desastre del Columbia en el 2003. En esta misión, la STS 121, se acoplará a la ISS para llevar suministros. Si todo va bien, las siguientes misiones servirán para finalizar el montaje de la estación antes del 2010. Uno de los siete miembros de la tripulación, el alemán Thomas Reiter, no volverá a casa cuando se separe de la ISS, sino que permanecerá en la estación con la Expedición 13: Jeff Williams y Pavel Vinogradov.