Ante las nuevas revelaciones, ahí va más información interesante:

El otro día comentábamos el descubrimiento por parte de la Cassini de los esperados lagos de metano-etano en la superficie del mayor satélite de Saturno, Titán. Pues bien, en un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista Nature, científicos del equipo de la sonda Huygens han llegado a la conclusión de que, como se esperaba, existe lluvia de metano en Titán. Sin embargo, y a diferencia de lo que se pensaba, dicha lluvia procede de tenues nubes que se extienden por casi toda la superficie, en vez de las espesas y opacas formaciones nubosas que algunos modelos predecían antes de la llegada de la Cassini-Huygens. Además, se trata de una lluvia muy fina, pero prácticamente constante, lo que explica la presencia de los lechos fluviales que observó la Huygens, así como el estado del suelo donde aterrizó la sonda, que se encontraba húmedo. Una vez más, la imagen que tenían los científicos de Titán se va confirmando poco a poco tras los análisis de los datos. Titán vuelve a ser el mundo fascinante que teníamos en mente. Carl Sagan estaría sin duda contento.

Cuando la sonda Cassini llegó a Saturno en el 2004, una de las prioridades era buscar posibles lagos de metano-etano en Titán usando el radar para penetrar a través de la densa atmósfera del satélite. Un año después la sonda europea Huygens, que había permanecido hasta entonces pegada a la Cassini, aterrizaba en Titán sin encontrar tampoco ninguna evidencia de los supuestos lagos, aunque sí encontró rastros de canales y lechos de ríos que sugerían la existencia de un ciclo hídrico similar al terrestre, aunque en este caso el metano jugaría en Titán el papel del agua en la Tierra. Ahora parece que se confirma la existencia de estos misteriosos lagos de hidrocarburos en imágenes de radar del polo norte del satélite. De ser así, la imagen de Titán se va pareciendo cada vez más a lo que los científicos esperaban antes de la llegada de la Cassini, aunque ha costado mucho tiempo descifrar los confusos datos transmitidos por las sondas.

No, no me refiero a este blog, sino a una serie de televisión del mismo nombre cuyo episodio piloto podemos ver aquí (en inglés). El argumento gira alrededor de un pueblo ultrasecreto donde viven y trabajan los mejores científicos de los EE.UU. inventando nuevos gadgets y descubriendo nuevas leyes de la física. Mezcla acción con pizcas de humor de una forma muy sugerente, así que habrá que seguir esta serie del canal Sci Fi con atención.

Hace poco la NASA hacía público el nombre de los nuevos cohetes que lanzarán el CEV a la órbita terrestre y más allá: Ares I y Ares V. Ahora los rumores apuntan a que la agencia americana escogerá el bonito y evocador nombre de Orión para bautizar al CEV, la nueva nave espacial que sustituirá al transbordador. Personalmente, considero que es la elección más acertada. Esperemos que el “Proyecto Orión” alcance los éxitos de su predecesor, el “Proyecto Apolo”.

El otro día comentábamos que Rusia estaba dispuesta a abandonar el proyecto Klíper para cooperar con la ESA en un nuevo vehículo espacial. Pues bien, leo en RussianSpaceWeb que los europeos están interesados en una nave lunar tipo CEV. Los rusos podrían fácilmente diseñar una nave lunar basándose en la tecnología de las Soyuz, algo que ya propusieron hace dos años, así que esta cooperación promete ser muy interesante, pues podrían “ganar” a los americanos a la hora de volver a la Luna, por lo menos en misiones circumlunares tipo Zond, ya que el aterrizaje sería otra cuestión, pues habría que desarrollar nuevos cohetes pesados (¿basados en el Angara?), en vista de que la cadena de construcción del supercohete Energía está en ruinas. Además sería necesario construir los módulos lunares, etapas de propulsión extra y demás hardware. En definitiva, esto puede ser el inicio de una soterrada carrera espacial hacia la Luna entre los EE.UU. y Rusia-Europa…bien, parece que esto se pone interesante.

En el marco de mi particular cruzada contra el doblaje cinematográfico en España, he encontrado esta página que resume los numerosos y garrafales fallos de traducción de esa gran obra que es Blade Runner. Por cierto, hablando del tema, no sé si soy yo que me hago mayor, pero tengo la impresión que antes la calidad de las voces de los actores de doblaje era mayor. Caí en la cuenta la pasada noche al ver una reposición de Corrupción en Miami, así que no sé si serán los efectos narcóticos de ver a Sonny Crockett a altas horas de la noche.

¿Estás cansado de usar siempre los mismos nombres para los planetas del Sistema Solar? Si la respuesta es sí, siempre puedes recurrir a los clásicos. En la Antigüedad, los planetas tenían varios nombres que hacían referencia a su brillo y/o color, además de la identificación con los dioses del Olimpo que todos conocemos. Veamos esos otros nombres:

  • Mercurio (Hermes, Ερμής): se le denominaba Estilbón o Estilbonte (Στίλβων), “fúlgido”, “reluciente”.
  • Venus (Afrodita, Αφροδίτη): recibía distintos nombres en calidad tanto de lucero de la mañana como de la tarde, sin duda un recuerdo de cuando los griegos consideraban ambos luceros como objetos celestes diferentes. Como lucero de la tarde era llamado Hésperos (Eσπερος), es decir, la “estrella del occidente”, pues en griego, espera (Έσπέρα) significa “oeste”. Como lucero del alba se le denominaba Fósforo (Φωσφóρος), el “portador de la luz”. Igualmente usada era la denominación de Eósforo (Eωσφóρος), es decir, el “portador de la aurora o el amanecer”. Los romanos usaban los nombres latinizados de Hesperus, Fósforus o Lucifer y Aurora en vez de Hésperos, Fósforo y Eósforo respectivamente. Vale la pena recalcar cómo el nombre de Lucifer se convirtió en sinónimo del diablo. Por lo visto, en un pasaje de la Biblia Vulgata del siglo V d.C. se denomina a un rey de Babilonia como “Lucifer”. Posteriormente, ese pasaje se hizo muy popular, especialmente gracias a la Divina Comedia de Dante, y con el tiempo se produjo la identificación de Lucifer con el diablo cristiano.
  • Marte (Ares, Άρης): Pirente o Piroente (Πυρόεις), “rutilante”, debido a su característico color rojizo (en griego “fuego” es pirós, πυρός).
  • Júpiter (Zeus, Ζεύς o Días, Δίας): denominado Fenón o Fenonte (Φαίνων), “brillante”.
  • Saturno (Cronos, Κρόνος): se le llamaba también Faetón o Faetonte (Φαέθων), “espléndido”.

En cuanto a los nombres de Júpiter y Saturno, Fenón y Faetón, tienen una raíz muy parecida, hecho que quizás explica por qué ciertos autores usan estos apelativos para designar estos astros de manera inversa, es decir, Júpiter es llamado a veces Faetón y Saturno, Fenón. Pero dejemos que sea el mismísimo Eratóstenes de Alejandría, el cual compiló las constelaciones y sus mitos en su famosa obra Catasterismos, el que nos explique los nombres alternativos de los planetas:

Las cinco estrellas que llamamos Planetas poseen movimiento propio. Se dice que pertenecen a cinco dioses: el primero, Fenonte, es de gran tamaño y pertenece a Zeus. El segundo, de menor tamaño, se llama Faetonte, y se denomina así por ser hijo de Helio. El tercero pertenece a Ares y se denomina Piroente; no es de gran tamaño y su color es similar al del Águila. El cuarto se llama Fósforo y pertenece a Afrodita, es de color blanco y la mayor de todas estas estrellas; lo llaman tanto Fósforo como Héspero. El quinto pertenece a Hermes, se denomina Estilbonte y es muy brillante y de gran tamaño. Se le otorgó a Hermes por haber sido éste el primero en delimitar el cielo, disponer el orden y las estaciones en que son visibles las estrellas e indicar los signos favorables. Se le llama Estilbonte porque fue Hermes quien tuvo este acto de imaginación.

Eratóstenes, Catasterismos – Mitología del Firmamento, traducción de Antonio Guzmán Guerra, Ed. Alianza (1999).

Comentario: si no se visualizan bien los caracteres griegos, asegúrate que tu navegador puede manejar fuentes unicode. Se han eliminado algunos espíritus y acentos por problemas de compatibilidad.