Me fascinan los mecanismos que explican cómo es posible que determinadas noticias anodinas supuestamente científicas o ‘espaciales’ llegan a los medios y cómo otras que son revolucionarias de verdad pasan desapercibidas. A veces se debe a la poderosa maquinaria de prensa de organismos como la NASA o la ESA, pero otras veces es un misterio. En esta ocasión la sorpresa la ha protagonizado el proyecto de rascacielos espacial Analemma Tower, obra del estudio de arquitectura Clouds AO y que por motivos que no alcanzo a comprender se ha hecho viral en todo el mundo. Tras ver un par de imágenes pensé que se trataba de una simple variante del famoso ascensor espacial y, sinceramente no le di más importancia. Pero hete aquí que me he encontrado con la ‘noticia’ de marras en prácticamente todos los medios y, como es bien sabido, lo que aparece en la prensa tiene que ser verdad necesariamente. ¿O no?

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Un rascacielos colgando de un skyhook (Clouds AO).

Empecemos por describir el ‘proyecto’. En principio parece una locura. Estamos hablando de un rascacielos que cuelga de un asteroide situado a 50.000 kilómetros de distancia de tal modo que el centro de masas del sistema esté situado en la órbita geoestacionaria (36.000 kilómetros) y por lo tanto permanece quieto con respecto al suelo. O eso sería lo ideal, porque en vez de estar situado en la órbita geoestacionaria nuestro rascacielos se hallaría en una órbita geosíncrona, es decir, situada a la misma altura pero en una órbita inclinada con respecto al ecuador. Por lo tanto el extremo no permanecería quieto, sino que se desplazaría por la superficie terrestre trazando una figura en forma de ‘8’. O lo que es lo mismo, un analema (de ahí el nombre). Lo gracioso es que hasta aquí la idea no es un disparate.

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Hasta ahora uno de los puntos fuertes del programa espacial ruso eran sus lanzadores. La variedad de vectores orbitales con características muy distintas así como su bajo precio ha jugado a favor de Rusia durante las últimas décadas. Pero Roscosmos sabe que no puede vivir de las rentas del programa espacial soviético para siempre. Entonces, ¿qué planes de futuro existen para la flota de lanzadores rusos?

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El futuro de los cohetes rusos (Roscosmos).

Los dos grandes dilemas a los que se enfrenta el programa espacial ruso tienen que ver con el cosmódromo de Vostochni y el cohete Zenit. El Kremlin ha decidido por motivos políticos abandonar progresivamente el cosmódromo de Baikonur, situado en Kazajistán, para centrarse en el nuevo centro de lanzamiento de Vostochni, localizado en territorio ruso. Eso significa renunciar al viejo lanzador Protón, el vector ruso más rentable en el mercado internacional, y al Zenit, ya que en Vostochni no habrá rampas de lanzamiento para estos cohetes. El Protón debe ser sustituido por el Angará A5, un cohete más costoso que por ahora solo puede despegar desde Plesetsk hasta que se construya su rampa en Vostochni, una rampa que recibirá el nombre de ‘Complejo Amur’ (KRK Amur).

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Un Angará A5P con la nave Federatsia en la rampa de Vostochni (Roscosmos).

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¡Dios mío, está lleno de contenidos! El programa 21 de Radio Skylab ha sido descubierto durante una exploración lunar y ya está disponible para su escucha.

La primera parte del programa está dedicada a la actualidad: la primera reutilización del Falcon 9 en una misión comercial supone un pequeño paso para SpaceX y, quizás, un gran salto para el acceso al espacio. La segunda parte del programa es un especial sobre 2001: Una odisea en el espacio, la película de Stanley Kubrick. La película sirve de referencia para proponer cuatro debates sobre la ciencia y la tecnología: El amanecer del hombre, sobre evolución humana; Viajes interplanetarios, sobre las perspectivas del futuro espacial en 1968 y 2017; HAL9000 y los progresos en la inteligencia artificial; y La Puerta de las Estrellas, sobre el futuro de la humanidad. Atención: ¡se destripa la película! No es estrictamente necesario haberla visto, puesto que se tocan temas genéricos.

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No faltan tampoco las preguntas de los oyentes en retroalimentación y nuevas propuestas de recomendaciones. Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Kavy Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) te invitan a acompañarlos por esta épica travesía por el espacio, la ciencia y otras curiosidades. ¿Te unes? No te olvides de seguirnos en la página de Radio Skylab, en iVoox (Podcast Radio Skylab) o iTunes. También estamos en las redes sociales: Twitter (@radioskylab_es) y Facebook (@radioskylab.es). ¡Adelante con los comentarios!

Japón tiene un modesto pero muy interesante programa de sondas planetarias. Además de la sonda Hayabusa 2 que va camino del asteroide Ryugu para traer muestras del mismo a la Tierra, Akatsuki en órbita de Venus o la futura sonda MMX de retorno de muestras de Fobos, la agencia espacial japonesa JAXA desarrolla otros proyectos para explorar la Luna o, por qué no, mandar velas solares a Júpiter. Al fin y al cabo Japón lanzó en 2010 la primera vela solar interplanetaria, IKAROS, así que esta nueva vela solar usaría obviamente las tecnologías desarrolladas inicialmente para esta misión.

Una vela solar japonesa que pasaría por Júpiter camino de un asteroide troyano (JAXA).
Una vela solar japonesa que pasaría por Júpiter camino de un asteroide troyano (JAXA).

A pesar de pasar por el gigante joviano, el objetivo principal de la misión no sería Júpiter, sino un asteroide troyano. Es decir, asteroides situados en los puntos de Lagrange L4 y L5 de la órbita de Júpiter que guardan muchos secretos sobre la formación del sistema solar, de ahí que la NASA haya decidido lanzar la sonda Lucy para estudiarlos. El uso de una vela solar serviría para poder viajar directamente hasta el asteroide, situado a casi 800 millones de kilómetros del Sol, y regresar a la Tierra con muestras de su superficie. De lograrlo, estaríamos hablando del retorno de muestras más lejano jamás llevado a cabo. Además, durante el sobrevuelo de Júpiter lógicamente se aprovecharía la oportunidad para observar el planeta gigante y sus lunas.

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Cuando lancen el Falcon 9, entonces hablaremos… Cuando pongan en órbita un satélite de comunicaciones geoestacionario ya hablaremos… Cuando recuperen la primera etapa del Falcon 9 en tierra, entonces sí que hablaremos… Bueno, cuando recuperen la primera etapa de Falcon 9 en una barcaza situada en alta mar, ahí sí que hablaremos… Vale, lo han logrado, pero cuando reutilicen con éxito una primera etapa y logren recuperarla, entonces hablaremos en serio…

Bien, ya lo han hecho. ¿Y ahora qué?¿Será capaz SpaceX de reducir de forma drástica los costes de acceso al espacio? La introducción a esta entrada podría ser el resumen de la actitud del resto de la industria espacial hacia SpaceX durante los últimos diez años. Y es normal, porque afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. La empresa de Elon Musk irrumpió con fuerza en el sector prometiendo reducir drásticamente los costes de acceso al espacio, pero, a diferencia de muchas otras compañías recién llegadas, SpaceX apuntó muy rápido al jugoso corazón comercial del mercado de lanzamientos: los grandes satélites de comunicaciones geoestacionarios. La estrategia de la compañía de Musk era una combinación novedosa: diseñar un lanzador muy sencillo y barato al mismo tiempo que se optaba por la reutilización de la primera etapa para reducir costes. Hasta ese momento la industria había flirteado con las dos ideas por separado, pero nunca al mismo tiempo, al menos no para lanzadores de gran tamaño.

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Espectacular aterrizaje en la barcaza ASDS de la primera etapa de un Falcon 9 durante la misión Iridium Next 1 de enero de 2017 (SpaceX).

La reutilización es una vieja conocida de la exploración espacial, pero todos los estudios que han manejado las compañías aeroespaciales hasta ahora apuntan a que solo es rentable con una altísima tasa de lanzamientos anuales (cerca del medio centenar por año como mínimo). Ergo, como el mercado comercial de satélites es muy limitado, la reutilización es un callejón sin salida. Además el fantasma del transbordador espacial —un sistema en el cual la reutilización parcial de sus componentes no solo no abarató los costes, sino que los disparó— era un espectro que sobrevolaba cualquier iniciativa relacionada con la reutilización. Pese a todo SpaceX apostó por ella y decidió implementar la tecnología de aterrizaje vertical para la recuperación completa de la primera etapa. Esta tecnología llevaba décadas en desarrollo, pero no sería hasta el siglo XXI cuando maduraría lo suficiente como para que pudiera ponerse en práctica.

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Era de esperar, pero las imágenes de Júpiter tomadas por la sonda Juno están siendo aún más espectaculares de lo previsto. El 27 de marzo de 2017 la sonda realizó su quinto paso por el perijovio, el punto más cercano de la órbita a Júpiter, alcanzando brevemente la increíble velocidad de 57,8 km/s (208.000 km/h) y finalizando así la cuarta órbita científica alrededor del gigante joviano desde que llegó a su destino el pasado 4 de julio. Juno se encuentra actualmente en una órbita muy elíptica de 4.400 x 8 millones de kilómetros con un periodo de 53,5 días después de que un fallo en el sistema de propulsión impidiese alcanzar la órbita prevista de 14 días, de ahí que ahora pase por el perijovio cada dos meses aproximadamente. Y mientras tanto la pequeña cámara JunoCam sigue siendo la protagonista de la misión a pesar, paradójicamente, de que no se trata de un instrumento científico oficial de Juno. Como botón de muestra tenemos la siguiente imagen de una tormenta de color rojizo que parece sacada de una obra de arte:

(NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Jason Major).
Tormenta en Júpiter vista el 27 de marzo (el quinto perijovio) por JunoCam a 20.000 kilómetros de distancia (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS/Jason Major).

Esta tormenta está situada cerca de una de las típicas tormentas ovaladas de color blanco que se encuentran en Júpiter. El mayor planeta del sistema solar no tiene superficie sólida, pero sí posee tres capas nubosas: una superior de nubes de amoniaco de color muy blanco, una intermedia de nubes de hidrosulfuro de amonio con un tono marrón y una capa inferior de nubes de agua. Ahora bien, se desconoce el mecanismo preciso causante de la colorida atmósfera joviana. Los colores de la tormenta roja de la imagen superior, así como los de la famosa Gran Mancha Roja no se corresponden con ninguna de estas capas nubosas. Se sabe que estas tormentas rojizas no son depresiones en las nubes, sino que se hallan por encima de la mayoría de capas nubosas (la parte superior de la Gran Mancha Roja está a unos 6 kilómetros más allá de la capa de nubes de amoniaco).

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Después del exitoso paseo espacial EVA 40 del 24 de marzo de 2017 por parte de los astronautas Shane Kimbrough y Thomas Pesquet (miembros de la Expedición 50), el 30 de marzo Kimbrough volvió a salir al exterior de la estación espacial durante la US EVA 41, pero en esta ocasión le acompañó Peggy Whitson. La US EVA 41 (no confundir con la EVA rusa número 41 de 2015) tuvo una duración total de 7 horas y 3 minutos. Tras la actividad extravehicular Whitson se ha convertido en la primera mujer en realizar ocho paseos espaciales (con un total de 53 horas y 22 minutos), un récord que se suma al reciente de ser la primera mujer en pasar más de 500 días en órbita sumando la duración de sus distintas misiones espaciales. A sus 57 años, Whitson también es la mujer de mayor edad que ha realizado una EVA. Para Kimbrough (49 años) este ha sido su sexto paseo espacial (39 horas en total).

Kimbrough durante la EVA 41 (NASA).
Kimbrough durante la EVA 41 (NASA).

El objetivo de la actividad fue recablear las conexiones con el módulo de acoplamiento PMA-3 (Pressurized Mating Adapter 3), que el 26 de marzo había sido trasladado desde el módulo Tranquility (Nodo 3) al puerto zenit del módulo Harmony (Nodo 2) usando el brazo robot Canadarm 2 durante una maniobra que duró tres horas y media. Junto a su módulo hermano PMA-2, el PMA-3, acoplado a la ISS en 2000, permitirá el acoplamiento al segmento norteamericano de las nuevas naves tripuladas estadounidenses CST-100 Starliner y Dragon V2.

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Este es el día con el que SpaceX ha soñado desde su nacimiento, un día que pasará a la historia de la conquista del espacio. Por fin la empresa de Elon Musk ha reutilizado una primera etapa de un Falcon 9 previamente recuperada. El día 30 de marzo de 2017 a las 22:27 UTC ha despegado un Falcon 9 v1.2 desde la rampa 39A del Centro Espacial Kennedy con el satélite de comunicaciones SES 10 como carga útil en la misión F9-33. La etapa recuperada (número B1021) pertenecía al Falcon 9 que lanzó la nave de carga Dragon CRS-8 el 8 de abril de 2016. La etapa se convirtió entonces en la primera en aterrizar con éxito en una barcaza situada en alta mar tras varios fracasos. Y en esta ocasión la primera etapa ha vuelto a aterrizar con éxito en la barcaza ASDS (Autonomous Spaceport Drone Ship) Of course I still love you situada a unos 680 kilómetros frente a las costas de Florida 8 minutos y 32 segundos tras el despegue. Aunque durante el programa del transbordador espacial se reutilizaban de forma rutinaria los propulsores de combustible sólido (SRB) y los motores principales SSME, esta es la primera vez que se reutiliza en un lanzamiento orbital una etapa completa que además ha aterrizado verticalmente (eso sí, el New Shepard de Blue Origin ha sido el primer cohete reutilizado en alcanzar el espacio, que no la órbita).

Primer lanzamiento de un Falcon 9 con una etapa reutilizada (SpaceX).
Primer lanzamiento de un Falcon 9 con una etapa reutilizada (SpaceX).

Esta ha sido la novena etapa recuperada por SpaceX, de las cuales seis han aterrizado en barcazas situadas en alta mar. También ha sido el sexto aterrizaje con éxito de una primera etapa en la barcaza y la segunda en un lanzamiento desde la rampa 39A. Tras este éxito se abre una nueva fase para SpaceX tanto o más importante que las anteriores: demostrar que con la reutilización de etapas puede reducir de forma significativa los costes de acceso al espacio. Cada etapa puede ser reutilizada hasta diez veces sin reparaciones significativas. El siguiente objetivo de la empresa es recuperar, reparar y lanzar un cohete en menos de 24 horas.

De acuerdo con Elon Musk, la primera etapa representa el 75% del coste de una misión de un Falcon 9 (aunque se desconoce cuánto cuestan los arreglos para prepararla de cara a un nuevo lanzamiento). Este ha sido el 18º lanzamiento orbital de 2017 (el 17º exitoso) y el cuarto de un Falcon 9 (tres desde la rampa 39A). Esta misión ha tenido lugar apenas quince días después de la puesta en órbita del EchoStar 23. SpaceX espera reutilizar al menos otras cinco etapas este año. La etapa B1021 fue desmontada tras el lanzamiento de la Dragon CRS-8. Tras montar los motores otra vez la etapa realizó un encendido de prueba a principios de año en la base de McGregor de SpaceX en Texas y el 27 de marzo Como novedad, en esta misión se ha intentado recuperar la cofia gracias a un sistema de retrocohetes y paracaídas.

Aterrizaje de la primera etapa en la barcaza (SpaceX).
Aterrizaje de la primera etapa en la barcaza (SpaceX).

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¡Alerta! Captada la señal del programa número 20 de Radio Skylab. Este programa va de enigmas. El primer tema está dedicado a un tipo particular de satélites espías: los interceptores, capaces de neutralizar otros satélites. En el segundo tema, debatimos sobre el origen de unas misteriosas señales astronómicas, las ráfagas rápidas de radio (FRBs). Más un buen número de preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y buenos contenidos en la sección de recomendaciones. Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Kavy Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) ya están listos para comenzar otro viaje por el espacio, la ciencia y otras curiosidades. ¿Te unes?

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La NASA se encuentra en una encrucijada de cara al futuro de su programa espacial tripulado. Por un lado el objetivo declarado de la agencia es realizar una misión tripulada a Marte en algún momento a partir de 2030. Por otro lado, el gobierno prácticamente no ha destinado un centavo para alcanzar este fin. Pero al mismo tiempo surge la necesidad de dar una meta asequible al programa SLS/Orión a corto plazo para justificar su existencia. ¿Qué hacer entonces? La solución salomónica de la NASA es construir una estación internacional en órbita lunar —la famosa Gateway— durante la próxima década para engrasar el sistema de lanzamiento SLS y poner a punto la maquinaria para un eventual viaje tripulado a Marte. Y, por fin, después de años de proyectos vagos y genéricos el pasado martes hemos podido conocer los detalles del plan de la NASA para el futuro del programa tripulado estadounidense, que girará alrededor de dos proyectos: la estación lunar Deep Space Gateway y la nave Deep Space Transport.

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La estación lunar Deep Space Gateway (izquierda), con la nave Orión acoplada, y el Deep Space Transport, los elementos de la NASA para ir a Marte pasando por la Luna (NASA).

La NASA ha decidido dividir su estrategia de exploración de espacio profundo en dos fases. La primera tendría lugar entre 2018 y 2026 y sería cislunar, o sea, limitada a la órbita de la Luna (conviene recordar que la NASA no tiene dinero para desarrollar la infraestructura para llevar astronautas a la superficie de nuestro satélite). La primera misión del cohete SLS (Block 1A) con la nave Orión sin tripulación, la EM-1 (Exploration Mission 1), se llevaría a cabo a finales de 2018 tal y como está previsto. El objetivo de la EM-1 es probar el SLS y la nave Orión, que se situaría en órbita lunar —una órbita DRO (Distant Retrograde Orbit)—de 26 a 40 días. Actualmente la NASA está estudiando por orden del Congreso la posibilidad de retrasar la EM-1 a 2019 o 2020 para que pueda llevar una tripulación, pero lo más probable es que finalmente no lo haga por falta de tiempo y presupuesto.

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