Como es bien sabido Estados Unidos decidió hace cerca de una década subvencionar a la iniciativa privada para llevar primero carga y luego astronautas hasta la estación espacial internacional (ISS). Esta iniciativa, conocida con el nombre genérico de CRS (Commercial Resupply Services), tomó un cariz fundamental a partir de 2011, cuando la NASA retiró el transbordador espacial sin un sustituto. Hasta ese momento el shuttle se usaba para llevar cargamento y personas hasta la ISS. Con el transbordador fuera de servicio EE UU no solo se quedó sin un medio de acceso independiente para sus astronautas, que desde entonces dependen de las naves Soyuz rusas para viajar a la ISS, sino también para su carga. La ISS pasó a ser abastecida solamente por las naves rusas Progress (las únicas que pueden trasvasar combustible y elevar la órbita de la estación), las japonesas HTV y las europeas ATV. En 2008 la NASA financió a SpaceX con 1.600 millones de dólares para llevar a cabo doce vuelos de carga hasta 2015 y a Orbital (actualmente Orbital ATK) con 1.900 millones para realizar ocho vuelos en el mismo periodo.

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Dinero invertido por la NASA en la iniciativa privada para desarrollar naves tripuladas y de carga (NASA OIG).

Este dinero permitió el desarrollo de las naves de carga Dragon (SpaceX) y Cygnus (Orbital), pero también de los lanzadores Falcon 9 v1.0 y Antares. Para SpaceX este contrato supuso una inyección de dinero fundamental justo cuando la empresa se encontraba muy cerca de entrar en bancarrota. Mientras SpaceX decidió invertir el dinero de la NASA de acuerdo con la visión de Elon Musk para desarrollar casi toda la tecnología por su cuenta, y así tener el control de la misma, Orbital optó por subcontratar la mayor parte de sistemas. Por eso el Falcon 9 y la Dragon son vehículos casi 100% estadounidenses, pero el cohete Antares es básicamente una creación ruso-ucraniana y los principales componentes de la Cygnus se fabrican en Italia o Japón, entre otros países. El dinero aportado por la NASA supuso aproximadamente la mitad del coste de desarrollo del Falcon 9/Dragon y Antares/Cygnus. El resto fue aportado por ambas empresas.

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¿Cómo es el interior de Marte?¿Tiene un núcleo líquido?¿Cuál es el espesor de su corteza? Todas estas preguntas, y muchas otras, serán respondidas por la sonda InSight, que ha despegado hoy día 5 de mayo de 2018 a las 11:05 UTC rumbo a Marte al inicio de una ventana de lanzamiento de dos horas. La sonda ha partido a bordo de un cohete Atlas V 401 desde la rampa SLC-3E de la Base Aérea de Vandenberg (California) en la misión AV-078. InSight (Interior Exploration using Seismic Investigations, Geodesy and Heat Transport) es la primera sonda diseñada específicamente para estudiar el interior de Marte, aunque no la primera que analiza la estructura interna de un planeta (esa fue la sonda Juno, actualmente alrededor de Júpiter). Entre otros instrumentos InSight lleva la estación meteorológica española TWINS.

Sonda InSight (NASA).
Sonda InSight (NASA).

InSight quedó situada en una trayectoria de escape terrestre 1 hora y 33 minutos después del lanzamiento gracias a dos encendidos de la etapa Centaur. El despegue de InSight marca el lanzamiento orbital número 42 de este año y el primer lanzamiento interplanetario jamás efectuado desde la base de Vandenberg, situada en la costa oeste de EE UU. Junto con InSight también se han lanzado los satélites MarCO 1 y MarCO 2, los primeros cubesats interplanetarios. Los dos MarCO (Mars Cube One) son dos cubesats 6U que intentarán retransmitir telemetría del descenso de InSight, aunque no entrarán en órbita de Marte. Si todo sale bien el 26 de noviembre de este año InSight se convertirá en la octava sonda de la NASA que aterriza con éxito en el planeta rojo después de recorrer 485 millones de kilómetros. Su misión primaria debe durar un año marciano, hasta el 24 de noviembre de 2020.

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La estación espacial internacional (ISS) tiene sus días contados. Si los países miembros del proyecto no cambian de opinión, dejará de funcionar a partir de 2024. Lo que pase luego depende de muchos factores y hay varias opciones sobre la mesa: una reentrada controlada de todo el complejo, la separación previa del segmento ruso para crear una estación espacial independiente (ROS) o la gestión privada del segmento estadounidense. Por supuesto, otra opción es ampliar la vida útil hasta 2028, pero los vientos políticos que soplan desde Washington no apuntan en esta dirección. Y, lógicamente, el resto de socios está buscando alternativas. Tanto Europa como Japón han decidido someterse al liderazgo estadounidense y cooperar con la NASA en la futura estación LOP Gateway, si es que alguna vez es aprobada formalmente. Europa además también colabora en el proyecto SLS/Orión con la construcción del módulo de servicio de esta nave, pero no por ello deja de explorar otras alternativas.

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Orbital Hub (DLR).

Una de ellas ha sido propuesta recientemente por la agencia espacial alemana (DLR) y recibe el nombre de Orbital Hub. Se trata de una pequeña estación espacial que consta de dos partes: la estación propiamente dicha y un módulo de vuelo libre (Free Flyer). La estación estaría formada por tres módulos presurizados con un diseño basado en el del módulo europeo Columbus de la ISS. El primero sería un nodo de 17,5 toneladas con seis puntos de atraque al que se acoplarían un módulo con ventanas como la Cupola de la ISS, además de las naves con carga o tripulación. En este módulo estarían los sistemas de comunicaciones y el equipo para hacer ejercicio de los astronautas. El siguiente sería un módulo de servicio de 22 toneladas con los sistemas de soporte vital y los paneles solares para generar electricidad —30 kilovatios— y el último sería un módulo inflable que serviría como hábitat de la tripulación y lugar de trabajo. Este módulo inflable podría ser el B330 de Bigelow (con 330 metros cúbicos de volumen). Este módulo hábitat-laboratorio tendría una masa de 26 toneladas y un diámetro de 7,5 metros una vez hinchado. También incluiría una esclusa para paseos espaciales.

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Durante la próxima década la NASA quiere hacer de la estación lunar LOP-Gateway (Lunar Orbital Platform Gateway) el núcleo de su programa tripulado, lo que le daría una razón de ser al cohete SLS y la nave Orión. Pero el liderazgo político de la NASA también ha arrastrado al resto de socios de la ISS al proyecto. Las agencias espaciales de Japón (JAXA), Europa (ESA) y Canadá (CSA) han acordado colaborar con la NASA para sacar adelante la estación Gateway. Rusia también desea colaborar, aunque las tensiones con Estados Unidos hacen que este tema sea un asunto espinoso y volátil (recientemente Roscosmos sugirió que los EEUU pagasen a Rusia por la esclusa rusa para la estación lunar). El problema de Gateway es que resulta difícil justificar su existencia desde el punto de vista científico e incluso técnico. Lo ideal sería llevar humanos la superficie lunar, pero no hay dinero ni infraestructuras adecuadas para esta tarea. Por lo tanto un paso previo es llevar a cabo misiones robóticas que impliquen el uso de la estación Gateway.

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Una sonda internacional para traer muestras del polo sur lunar (ESA).

Canadá, Japón y Europa, como socios del proyecto Gateway que son, llevan cierto tiempo estudiando la posibilidad de desarrollar una sonda lunar de retorno de muestras. Tanto Japón como Europa tienen varios proyectos de sondas lunares en marcha, aunque ninguno de ellos ha logrado salir adelante. Mientras la JAXA quiere construir la sonda SLIM, la ESA colabora con Roscosmos en la nueva generación de naves Luna. La ESA participará de forma activa en la misión rusa Luna 27 (Luna Resurs PA), prevista para 2023. Esta sonda estará dotada del taladro europeo PROSPECT y el sistema de aterrizaje de precisión PILOT, pero la agencia europea también participará en las misiones Luna 25 y Luna 26.

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El lanzamiento de TESS va a suponer una nueva revolución en la astronomía exoplanetaria. A fecha de hoy conocemos unos 3.770 planetas extrasolares, una cifra que aumentará en varios miles más gracias a TESS. ¿Pero cuántos exactamente? Resulta obvio que aún es pronto para saberlo, pero podemos hacer estimaciones gracias a los datos del telescopio Kepler. Según la notas de prensa de la NASA que consultemos TESS descubrirá entre unos pocos miles hasta veinte mil. ¿A qué se debe tanta discrepancia? La clave es el número de estrellas que TESS va a observar.

¿Cuántos planetas descubrirá TESS? (NASA).
¿Cuántos planetas descubrirá TESS? (NASA).

TESS observará dos grandes grupos de estrellas. El principal está formado por un catálogo específico de 214.000 estrellas, de las cuales observará en un momento dado aproximadamente unas 15.000 (el equipo de TESS ha dividido el cielo en 26 zonas y cada una de ellas será estudiada durante 27 días). TESS medirá el brillo de estos astros cada dos minutos, una resolución temporal enormemente alta. No obstante, y ahí está el quid de la cuestión, TESS también observará muchos miles de estrellas adicionales de fondo situadas en cada campo, aunque medirá su brillo cada media hora en vez de cada dos minutos. Es en esta población estelar donde radica la mayor parte de la incertidumbre con respecto al número de posibles descubrimientos.

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El domingo 29 de abril de 2018 a las 17:07 UTC la empresa Blue Origin lanzó su cohete suborbital New Shepard por octava vez en la misión M8. Como se suele decir, no news is good news, y en esta ocasión la prueba fue un completo éxito, así que en principio pocas cosas podemos destacar de este vuelo. Sin embargo, esta prueba supone un paso adelante en los planes de Blue Origin para convertirse en la primera empresa que ofrezca un servicio de turismo suborbital, especialmente después del reciente vuelo exitoso del avión cohete VSS Unity de Virgin Galactic que tuvo lugar el pasado 5 de abril, que fue el primer vuelo de la SpaceShipTwo después del fatal accidente de 2014 que terminó con la destrucción de la VSS Enterprise y la muerte del copiloto Michael Alsbury.

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Aterrizaje del NS-3 después de su segunda misión y el octavo vuelo del New Shepard (Blue Origin).

Por lo tanto, con el regreso de Virgin Galactic la competición por ser los primeros en realizar un vuelo suborbital comercial se pone mucho más interesante. Pero no nos engañemos, Blue Origin lleva una ventaja considerable a Virgin Galactic, como ha quedado patente en este octavo vuelo del New Shepard. Esta misión ha sido en realidad el segundo vuelo del tercer cohete New Shepard, NS-3, después de que el primero, NS-1, resultase destruido en el vuelo inaugural de abril de 2015. El segundo cohete, NS-2, llevó a cabo cinco lanzamientos y cinco aterrizajes con éxito.

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La empresa china LinkSpace sigue adelante con los planes de su nuevo microlanzador New Line 1. El New Line 1 es uno de los muchos proyectos de cohetes de pequeñas dimensiones que están siendo desarrollados en China en estos momentos, como por ejemplo el OS-M1 de One Space, el LandSpace de la compañía homónima o el Kuaizhou de Expace. Pero el New Line 1 destaca de entre todos ellos porque dispone de una primera etapa reutilizable que aterrizará verticalmente, unas características que nos recuerdan al Falcon 9 de SpaceX. Y no solo las características, ya que su aspecto también guarda un parecido razonable con este lanzador a pesar de la gran diferencia de tamaños.

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El New line 1 (LinkSpace).

Hasta ahora LinkSpace (翎客 en mandarín) ya había realizado varias pruebas de despegue y aterrizaje vertical (VTVL) con tres prototipos (RLV-T1, RLV-T3A y RLV-T3B), pero el enero pasado la empresa logró un importante avance al conseguir que uno de los prototipos despegase en una plataforma y aterrizase en otra contigua en su polígono de pruebas de Shandong. A finales de enero volvió a repetir la prueba, pero sin ningún umbilical.

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La sonda ruso-europea ExoMars TGO (Trace Gas Orbiter), también conocida como ExoMars 2016, ya está situada en su órbita final alrededor de Marte y ha comenzado sus observaciones científicas. TGO fue lanzada el 14 de marzo de 2016 y llegó al planeta rojo el 19 de octubre de 2016, cuando encendió su motor principal para situarse en órbita (y, de paso, también llevó a la malograda sonda Schiaparelli hasta Marte). Pero esta primera órbita era, como suele suceder, altamente elíptica, con un periastro de 250 kilómetros de altura, un apoastro de 98.000 kilómetros y un periodo de cuatro días. El problema es que este tipo de órbita no permite la observación de la superficie y atmósfera marcianas durante un periodo largo de tiempo. Por este motivo la TGO primero ha tenido que cambiar sus parámetros orbitales hasta alcanzar una órbita circular de 400 kilómetros de altura con un periodo de dos horas. Pero no ha sido una aventura fácil.

a (ESA/Roscosmos/CaSSIS).
Primera imagen de la cámara CaSSIS desde la órbita científica de TGO. Se trata del borde del cráter Korolev, de 80 kilómetros de diámetro (ESA/Roscosmos/CaSSIS).

Para reducir la altura de la órbita la sonda hubiera podido usar su propio combustible, pero existe una alternativa mejor, y es emplear el rozamiento con la tenue atmósfera marciana para alcanzar una órbita circular, una técnica usada por primera vez por la sonda Mars Global Surveyor de la NASA en 1997. Este proceso permite ahorrar combustible, pero la pega es que es muy largo y, además, no es uniforme, puesto que el rozamiento atmosférico varía fuertemente según la actividad solar o las tormentas de polvo. Afortunadamente esta no es la primera misión de la ESA que lleva a cabo semejante maniobra, ya que la agencia espacial pudo “practicar” previamente con la sonda Venus Express. Pero antes de comenzar aerofrenado el primer paso de la TGO fue ajustar la inclinación de la órbita, de 7º a 74º, de tal forma que la sonda pudiese cubrir la mayor parte de la superficie marciana. Esto se consiguió gracias a tres encendidos realizados los días 19, 23 y 27 de enero de 2017. Un encendido adicional el 5 de febrero redujo el periastro de 250 kilómetros a 210 kilómetros.

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Todo listo para un nuevo programa de Radio Skylab. ¡El número 52 ya está disponible! En la primera parte del programa hablamos de TESS y de la próxima flota de cazadores espaciales de exoplanetas que está ya en diseño, construcción o a punto de comenzar sus observaciones. Para la segunda parte, la fascinante historia de John Harrison y el problema de la determinación de la longitud, el relojero del siglo XVIII que creó el primer dispositivo de posicionamiento global. Más las preguntas de los oyentes en la sección de retroalimentación y nuestras sugerencias en la sección de recomendaciones. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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No. Ni Vladímir Komarov murió mientras maldecía a los diseñadores de su nave justo antes de impactar con el suelo a gran velocidad en 1967, ni Serguéi Krikaliov fue abandonado en la Mir en 1991 por falta de dinero. Y, por supuesto, tampoco es verdad que Gagarin muriera asesinado o que hubiera algún cosmonauta que alcanzase el espacio antes que él. Pero no falla. Con la idéntica regularidad de los memes absurdos del tipo «este verano Marte se verá más grande que la Luna» nos encontramos con los mismos mitos de la cosmonáutica o, directamente, falsedades, repetidas una y otra vez en todo tipo de medios. Por supuesto, quienes perpetúan estas historias no lo hacen de mala fe, muchas veces todo lo contrario, pero el efecto acumulado es tan apabullante que cuesta encontrar fuentes relativas a la historia del programa espacial soviético que no contengan las sempiternas fake news de la cosmonáutica.

Los restos de la Soyuz 1.
Los restos de la Soyuz 1 todavía en llamas.

Sin duda el éxito de estas historias radica en que son atractivas y, sobre todo, en que la historia detallada del programa espacial soviético sigue siendo una gran desconocida para el gran público. Algunos de estos mitos tienen su origen en Occidente durante la Guerra Fría, donde el secretismo sobre todo lo relacionado con el programa espacial de la URSS provocaba que muchas veces la falta de información se supliese con ayuda de la imaginación. Otros mitos hunden sus raíces en los últimos años de la Unión Soviética, cuando mucha información clasificada del programa espacial comenzó a ver la luz, pero a cuentagotas, y muchas veces de forma contradictoria. De todos estos bulos mis favoritos son, por cansinos y tozudos, los siguientes:

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