A partir del próximo viernes día 15 de septiembre comienza en Bilbao el evento de divulgación científica de toda España. ¿Soy exagerado? Para nada. Este año Naukas Bilbao 2017 se celebrará en el Auditorium del Palacio del Euskalduna. Sí, has oído bien. Un enorme auditorio dedicado a divulgar ciencia durante dos días. ¿No es maravilloso? Por si acaso has estado los últimos años en otro planeta, te recuerdo que el núcleo de Naukas Bilbao consiste en una serie de minicharlas de diez minutos de duración —¡justos!— sobre todo tipo de temas científicos. En este enlace puedes consultar el programa definitivo. Comprobarás que hay para todos los gustos y que no solo hay charlas: también tenemos entrevistas, talleres y espectáculos variados. ¡Es imposible aburrirse!

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Pero si necesitas más motivos para venir, ahora Naukas Bilbao 2017 ha digievolucionado a un plano superior y se ha convertido en parte de Bizkaia Zientzia Plaza, una iniciativa de la UPV/EHU que abarca nada más y nada menos que diez días de divulgación científica. Además de Naukas Bilbao 2017, a partir del jueves 14 también tendremos Ciencia Show, Naukas Pro y Naukas Kids (este último para los más jóvenes). La parte más espectacular —en el sentido literal— la podrás ver el domingo 17 en Scenio, que se celebrará en el Paraninfo de la UPV/EHU. Como puedes ver, la mayoría de eventos no se solapan, así que podrás asistir a casi todos si así lo deseas.

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La empresa SpaceX lanzó hoy día 7 de septiembre de 2017 a las 14:00 UTC un cohete Falcon 9 v1.2 (F9-42) desde la rampa 39A del Centro Espacial Kennedy (Florida) con el transbordador militar no tripulado X-37B. Se trata de la quinta misión del X-37B, de ahí que haya sido denominada OTV-5 (Orbital Test Vehicle 5). Este ha sido el 55º lanzamiento orbital de 2017 y 50º exitoso. Es el 13º despegue de un Falcon 9 en lo que va de año (el décimo lanzado desde Florida), además de ser el 41º lanzamiento de un Falcon 9 en su historia y el 21º de la versión v1.2. Tras este lanzamiento SpaceX ha recuperado un total de 14 etapas en 16 veces distintas (dos de ellas ya han volado dos veces).

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Lanzamiento del OTV-5 (SpaceX).

Ha sido el séptimo aterrizaje de una etapa tierra firme (el resto lo ha hecho en barcazas situadas en el océano). La órbita del X-37B es secreta, al menos hasta que los aficionados la determinen, aunque se especula que su inclinación podría tener entre 40º y 60º. La primera etapa B1040, del tipo Block 4, aterrizó 8 minutos y 15 segundos después en la plataforma LZ-1 de la Base Aérea de Cabo Cañaveral. La segunda etapa realizó encendido de control para llevar a cabo una reentrada controlada al suroeste de Australia.

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Aterrizaje de la primera etapa (SpaceX).

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Como hemos comentado en innumerables ocasiones en este blog, la prioridad de la comunidad de científicos planetarios es traer muestras de Marte a la Tierra. La NASA también ha declarado públicamente que ese es el objetivo final de su programa de exploración del planeta rojo. ¿La pega? Que la NASA no tiene dinero para este proyecto. Una misión de retorno de muestras necesita de tres pasos obvios: recoger las muestras, colocarlas en un cohete para ponerlas en órbita de Marte y mandarlas a la Tierra. Una misión capaz de realizar estas cuatro fases es totalmente prohibitiva para el presupuesto de la NASA, así que la agencia decidió hace muchos años dividir cada una de las fases en una misión distinta, un proyecto que se ha denominado en conjunto con el nombre genérico de MSR (Mars Sample Return [Mission]). El problema es que esta misión sigue siendo demasiado cara y la NASA la ha pospuesto una y otra vez. Sin embargo, algo se está moviendo al otro lado del Atlántico y ya se puede hablar de una propuesta en firme para lanzar la misión de retorno de muestras en 2026.

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Arquitectura de la misión de retorno de muestras en tres fases (NASA).

Para ser precisos el primer eslabón del proyecto MSR —recoger las muestras— ya está en marcha. Se trata del rover Mars 2020, el gemelo de Curiosity (en aspecto y en coste). Mars 2020 deberá recoger muestras de lugares selectos de la superficie marciana para almacenarlas en pequeños tubos que luego depositará a lo largo de su recorrido (el lugar de aterrizaje de Mars 2020 no ha sido seleccionado todavía, pero los finalistas son el cráter Jezero, la zona noreste de Syrtis Major y las colinas Columbia). Mars 2020 dejará diseminados por la superficie unos veinte contenedores con muestras, pero hasta ahora se creía que la siguiente misión encargada de recogerlos tardaría muchos años en regresar al lugar. Entonces, ¿a qué se deben las prisas de la NASA?¿Resulta de repente mucho más barato recoger muestras de Marte?

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Hoy día 3 de septiembre de 2017 a las 01:22 UTC ha aterrizado la cápsula (SA, Spuskaemi Apparat) de la Soyuz MS-04 (11F732 Nº 734) al sureste de Dzhezkazgan (Kazajistán) con Fiodor Yurchijin (Roscosmos), Jack Fisher (NASA) y Peggy Whitson (NASA), miembros de las Expediciones 50, 51 y 52 de la ISS. Yurchijin y Fisher despegaron a bordo de la Soyuz MS-04 el pasado 20 de abril, mientras que Whitson partió hacia la estación espacial el 17 de noviembre de 2016 en la Soyuz MS-03. Por este motivo Yurchijin y Fisher han pasado 136 días en el espacio, mientras que Whitson los supera con 288 días en órbita. La Soyuz MS-04 ha sido la 50ª nave Soyuz que ha viajado a la estación espacial internacional.

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Momento del aterrizaje de la Soyuz MS-04. Se aprecia la ignición de los cuatro cohetes de combustible sólido DMP (NASA).

Tras esta misión Peggy Whitson se convierte en la mujer que ha realizado la misión espacial más largo, superando así el reciente récord de hace unos meses logrado por la italiana Samantha Cristoforetti, quien pasó 199 días y 16 horas en el espacio. También es la mujer con más experiencia en paseos espaciales (EVAs) a sus espaldas, acumulando un total de 60 horas y 21 minutos de actividades extravehiculares. Además Whitson es el astronauta estadounidense que ha realizado un vuelo espacial más largo detrás de Scott Kelly, el cual permaneció 340 días en la estación espacial. La misión de Whitson ha sido la novena misión espacial más larga (el récord absoluto lo tiene Valeri Polyakov, con 438 días a bordo de la Mir). Después de tres misiones espaciales Whitson acumula ahora un total de 665 días y 22 horas de permanencia en el espacio, un récord para un astronauta de la NASA. Otros récords alcanzados por Whitson durante esta misión son el convertirse en la primera mujer que ocupa dos veces el puesto de comandante de la ISS y la mujer de más edad (57 años) que ha alcanzado el espacio.

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Continuamente están pasando asteroides muy cerca de nuestro planeta. De hecho, a veces no nos damos cuenta de que el encuentro ha tenido lugar hasta después de que el asteroide se ha alejado de nosotros. Pero la mayoría de ellos son pequeñas rocas de unos cuantos metros de diámetro, así que un encuentro cercano con un asteroide 4,4 kilómetro es un asunto bien distinto. Y eso es lo que pasó el 1 de septiembre de 2017 cuando el asteroide 3122 Florence se acercó a siete millones de kilómetros de nuestro planeta. Siete millones de kilómetros son unas dieciocho veces la distancia de la Tierra a la Luna, por lo que huelga decir que la Tierra no corrió ningún peligro en el encuentro. Pero a la escala del sistema solar —y a la que usan los medios de comunicación— es una distancia increíblemente pequeña. Sobre todo porque nos permite la oportunidad de explorar un mundo cercano directamente.

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Las dos lunas de Florence (NASA/JPL).

Aunque no precisamente a través de telescopios, que también, sino usando el radar. Pese a pasar tan cerca y tener unas dimensiones considerables, Florence apenas alcanzó la magnitud 8,7 visto desde la Tierra, obligando a que cualquiera que quisiese observarlo se agenciase un telescopio. Pero el encuentro fue una oportunidad magnífica para estudiar un asteroide cercano a la Tierra (NEO) mediante radar usando el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) y la antena de Goldstone de la NASA (California). No en vano Florence no se había acercado tanto a la Tierra desde 1890 y no lo volverá a hacer hasta 2500. ¿Y qué hemos descubierto en el encuentro? Pues que Florence ha resultado ser un asteroide triple.

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Desde que se descubrieron los siete planetas de tamaño terrestre alrededor de la estrella enana roja TRAPPIST-1 hemos visto docenas de estudios sobre su potencial habitabilidad, la mayoría de ellos negativos por culpa de las elevadas dosis de radiación ultravioleta y rayos X a los que están sometidos. Pero en ciencia lo importante son las observaciones y de esas no hemos tenido tantas. Por suerte el telescopio espacial Hubble ha observado este sistema estelar y, por supuesto, tiene algo que decir sobre su habitabilidad.

Impresión artística poco optimista de la superficie de uno de los mundos de TRAPPIST-1 (ESO/N. Bartmann/spaceengine.org).
Impresión artística poco optimista de la superficie de uno de los mundos de TRAPPIST-1 (ESO/N. Bartmann/spaceengine.org).

TRAPPIST-1 es un sistema único porque posee, como mínimo nada más y nada menos que tres de sus siete planetas en la zona habitable: TRAPPIST-1 e, TRAPPIST-1 f y TRAPPIST-1 g. El Hubble ya había observado el sistema en infrarrojo, pero no fue capaz de sacar nada en claro (habrá que esperar al telescopio James Webb para tener noticias en estas longitudes de onda). La novedad es que las últimas observaciones, realizadas a finales de 2016, son en el ultravioleta. ¿Y qué tiene esto de especial?

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El cohete PSLV indio ha sufrido su primer fracaso después de veinte años de servicio impecable. El 31 de agosto a las 13:30 UTC la agencia espacial india ISRO lanzó un cohete PSLV-XL en la misión C39 desde el Complejo de Lanzamiento SLP (Second Launch Pad) del Centro Espacial Satish Dawan en la isla de Shriharikota con el satélite de posicionamiento IRNSS-1H a bordo. Desgraciadamente la cofia no se separó del lanzador y la carga útil quedó en una órbita de 167 x 6.555 kilómetros de altura y 19,18º de inclinación, en vez de la órbita de transferencia de 284 x 20.650 kilómetros planeada. Aparentemente el satélite ha quedado totalmente inutilizado y reentrará en la atmósfera dentro de la cofia. Este ha sido el 54º lanzamiento orbital de 2017 y el quinto fallo. También ha sido el 41º lanzamiento de un cohete PSLV, el 14º de la versión PSLV-XL, la más potente, y el tercero de un PSLV en 2017. Se trata del tercer fallo del PSLV en toda su historia, después del fallo que sufrió en septiembre de 1993 durante su primera misión y el fallo parcial de septiembre de 1997 durante el cuarto lanzamiento.

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Satélite IRNSS-1H (ISRO).

IRNSS-1H

El IRNSS-1H es el octavo satélite del sistema de posicionamiento local indio IRNSS (Indian Regional Navigation Satellite System). Es un satélite geosíncrono de 1425 kg (598 kg sin combustible) y ha sido construido por la agencia espacial india ISRO usando la plataforma I-1000. En principio la constelación IRNSS ya estaba completa con siete unidades, pero el ISRO decidió lanzar el IRNSS-1H como sustituto del IRNSS-1A en la longitud 55º después de comprobar que los tres relojes atómicos de rubidio de la unidad habían fallado.

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La estrella favorita de todos sigue dando que hablar. Hablamos, por supuesto, de KIC 8462852, más conocida como la Estrella de Tabby o la Estrella de Boyajian en honor de Tabetha Boyajian, la astrónoma que lideró el grupo encargado de descubrir su anómalo comportamiento gracias a la colaboración de miles de voluntarios que analizaron las curvas de luz obtenidas por el telescopio Kepler con la iniciativa Planet Hunter. ¿Y qué hay de nuevo respecto a esta estrella? Pues por el momento no hay señales de megaestructuras alienígenas o cosas por el estilo, pero no por ello la estrella sigue siendo menos interesante.

Posición de la Estrella de Tabby en el cielo (Earth and Sky).
Posición de la Estrella de Tabby en el cielo (Earth and Sky).

La principal novedad es que un equipo de astrónomos, entre los que se encuentra la propia Tabby, ha confirmado que la disminución gradual de brillo de la estrella también se produce en el ultravioleta y en el infrarrojo cercano. Para ello han usado observaciones del satélite Swift (ultravioleta) y el telescopio Spitzer (infrarrojo) entre octubre de 2015 a diciembre de 2016. La disminución en estas longitudes de onda era de esperar, pero, y esto es nuevo, se ha visto que la reducción es más intensa en el visible y en el ultravioleta que en el infrarrojo. Esto significa que sea lo que sea que cause estas variaciones a largo plazo tiene que estar compuesto por partículas muy pequeñas (con un diámetro de micras). O, dicho de forma más clara, malas noticias para la hipótesis de los aliens.

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El pasado julio un cohete Soyuz puso en órbita 73 satélites. Aunque la carga principal era el satélite de observación de la Tierra Kanopus-V-IK, la atención de los medios la acaparó un pequeño pasajero: el satélite Mayak (Маяк, «faro» en ruso), de apenas 4 kg de masa. La razón era que este pequeño satélite prometía alcanzar una magnitud de -10, convirtiéndose en casi una segunda luna (nuestro satélite tiene un brillo máximo de -13) sobre las zonas donde se pudiese ver. La prensa se llenó de artículos sobre el satélite que iba a iluminar las noches oscuras. ¿Pero qué fue de él? Desgraciadamente —o afortunadamente, según se mire— Mayak no pudo desplegar su reflector y finalmente ha pasado sin pena ni gloria.

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El satélite Mayak con los reflectores desplegados (CosmoMayak).

Mayak era un pequeño cubesat 3U de 3,63 kg con unas dimensiones de 34,05 x 10 x 10 centímetros y fue situado en una órbita baja de 585 x 605 kilómetros y 97,44º de inclinación. En un extremo incorporaba un reflector solar desplegable de forma tetraédrica formado por tres superficies triangulares de 3,9 metros cuadrados cada una. La luz solar debía incidir en la tela reflectora, haciéndola altamente visible al amanecer y al anochecer desde las regiones que sobrevolase el satélite. Aparte del espectáculo luminoso, los reflectores desplegables habrían aumentado la resistencia del satélite por el rozamiento con las capas más altas de la atmósfera.

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¿De dónde viene el agua que forma los océanos de nuestro planeta y sin la cual no podría existir ninguna forma de vida conocida? Los científicos llevan décadas intentando responder a esta pregunta, pero sin éxito por el momento. El agua ocupa dos tercios de la superficie de la Tierra y sin embargo es increíblemente escasa con respecto a la masa total del planeta. No sabemos exactamente por qué, pero es posible que el hidrosfera original creada a partir de los planetesimales que formaron nuestro planeta no sobreviviese las violentas y numerosas colisiones con otros cuerpos durante el nacimiento del sistema solar. Según esta teoría el agua actual habría llegado un poco más tarde dentro de cuerpos menores que chocaron contra la Tierra después. Sin embargo, esta agua tuvo que venir a bordo de cuerpos que se formaron más allá de la ‘línea de nieve’, es decir, la distancia a partir de la cual el hielo es estable y no se sublima con el calor del Sol (y que actualmente está situada a 2,7 unidades astronómicas, o sea, en mitad del cinturón principal de asteroides).

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El volumen del agua de la Tierra es pequeño comparado con nuestro planeta (NASA).

Durante mucho tiempo se pensó que los cometas eran los candidatos ideales para explicar el origen del agua en la Tierra: contienen hielo de agua en abundancia, son muy numerosos y sus órbitas elípticas cruzan en ocasiones el sistema solar interior, por lo que siempre existe la posibilidad de que acaben chocando con la Tierra. La hipótesis es interesante, ¿pero cómo podemos validarla? Pues comparando la proporción de deuterio con respecto al hidrógeno normal que hay en las moléculas de agua de los cometas. Toda el agua de nuestro planeta tiene una cantidad media de deuterio que es distinta a la de otros planetas donde hemos podido medirla, como es el caso de los planetas gigantes del sistema solar.

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