50 años del primer -y único- gato en el espacio

Los estadounidenses eligieron simios para sus primeros vuelos espaciales. Los soviéticos y chinos se decantaron por los perros. Pero, ¿y los gatos?¿Es que nadie pensó en los pobres felinos a la hora de mandar bichos al espacio? Pues sí, alguien pensó en ellos. En concreto, fueron los franceses los primeros -y hasta ahora únicos- en enviar a un gato más alto y más lejos que nadie, quizás para llevarle la contraria al resto de potencias espaciales. Aunque pocos se acuerdan de ella, en 1963 Félicette se convirtió en la primera gata en el espacio. Ayer se cumplió medio siglo de aquella odisea felina.

En 1963 Félicette se convirtió en la primera y única gata en el espacio (CNES).

Corrían los primeros años 60 y la Guerra Fría estaba en su apogeo. La Francia del general de Gaulle se resistía a dejar de ser una potencia mundial. Y nada mejor que un programa espacial para mantener la grandeur de la nación. En 1949 los franceses comenzaron a construir un polígono de pruebas para cohetes y misiles en Hammaguir, justo en medio del desierto argelino. El complejo sería conocido como CIEES (Centre Interarmées d’Essais d’Engins Spéciaux) y pronto comenzaron a lanzarse desde allí todo tipo de vehículos. Los más conocidos serían la familia de cohetes Véronique (VERnon électrONIQUE), creados para estudiar la alta atmósfera y perfeccionar los sistemas de guiado y navegación de los futuros misiles franceses. Varias versiones científicas de cohetes sonda Véronique (Véronique N, Véronique NA, Véronique AGI, etc.) fueron lanzadas desde Hammaguir a partir del 19 de octubre de 1954 (por cierto, vale la pena recordar que el Véronique sería el primer cohete lanzado desde el centro de Kourou en la Guayana Francesa en 1968).

Un cohete Véronique en Hammaguir (CNES).

En 1955 se creó el CERMA (Centre de Enseignement et de Récherches de Médicine Aéronautique) de París, un centro que, como su nombre indica, tenía por objetivo estudiar los efectos de los vuelos de gran altitud en el organismo humano. CERMA estaba dirigido por Robert Grandpierre, quien desde 1945 había estado a cargo del CEBA (Centre d’Études de Biologie) antes de su integración en el CERMA. Inmediatamente, el CERMA consideró prioritario el lanzamiento de animales desde Hammaguir para llevar a cabo investigaciones sobre los efectos de la falta de gravedad. Los cohetes Véronique no tenían potencia suficiente para situar un animal en órbita, así que tendrían que contentarse con vuelos suborbitales.

El 22 de febrero de 1961 se lanzó el cohete Véronique AGI24 con la rata Hector (AGI hace referencia al Année Géophysique Internationale, ya que Francia había diseñado originalmente este lanzador para ser lanzado durante el año geofísico de 1957-1958). Hector alcanzó una altura de 111 kilómetros, superando así la subjetiva frontera del espacio (cien kilómetros) y convirtiéndose de paso en el primer ‘ciudadano’ espacial francés. Para estudiar sus reacciones durante el vuelo, el pobre Hector llevaba implantado un aparatoso electrodo en su cráneo, una técnica desarrollada por el doctor Gerard Chatelier. El contenedor donde estaba alojado nuestro amigo ratuno se separó del cohete y descendió por su cuenta en paracaídas. En principio la rata no había sido bautizada con ningún nombre. Fue la prensa francesa, entusiasmada por el éxito de la misión, quien decidió apodarla ‘Hector’. Nuestra heroína moriría seis meses después de su vuelo al ser sacrificada por los investigadores con el propósito de estudiar en detalle su organismo.

Las ratas fueron los primeros astronautas franceses (CNES).
Hector con sus electrodos (CNES).

El 15 de octubre y el 18 de octubre de 1962 despegaron otros dos cohetes con las ratas Castor y Pollox, respectivamente. Castor alcanzó 120 kilómetros de altura gracias a su cohete Véronique AGI37 y regresó sana y salva… sólo para morir poco después por culpa de las altas temperaturas del desierto argelino. El cohete se había desviado de su rumbo y Castor aterrizó mucho más lejos de lo previsto. Como resultado, el equipo de rescate llegó demasiado tarde. Pollux no corrió mejor suerte. El cohete Véronique AGI36 volvió a desviarse de su rumbo y su pequeño ocupante murió poco después, no sin antes alcanzar los 110 kilómetros de altura. Su cuerpo nunca fue recuperado.

Contenedor para ratas espaciales (CNES).

Después de mandar tres ratas al espacio, el gobierno francés decidió que ya era hora de enviar un animal más ‘digno’ y pronto comenzaron los preparativos para enviar gatos al espacio. La elección de gatos era -y continua siendo- bastante extraña. Los gatos no presentan las similitudes fisiológicas con los humanos que tienen los simios y -comparados con los perros- no son muy buenos que digamos a la hora de acatar órdenes. Nadie entiende muy bien por qué Francia decidió mandar gatos al espacio, pero el caso es que se seleccionaron 14 felinos como candidatos. Los infelices animales fueron sometidos a todo tipo de pruebas -ruidos, vibraciones, cámaras de vacío, centrífugas, etc.- para valorar su predisposición al vuelo espacial. Después de innumerables pruebas, los elegidos para la gloria serían Félix y Félicette. Según cuenta la leyenda, Félix que fue recogido de las calles de París por el dueño de una tienda de animales antes de ser adquirido por el gobierno francés (una historia que recuerda mucho a los perros espaciales soviéticos, recogidos en las calles de Moscú). Otros dos gatos pasarían las pruebas, mientras que los diez restantes serían despedidos del incipiente cuerpo de astronautas felinos por sobrepeso (se ve que los alimentaban bien).

Félicette, la primera astronauta francesa (CNES).
Félix, el gato espacial que se dio a la fuga (CNES).
Entrenamiento para los gatos espaciales (CNES).
Contenedores para ratas (izquierda) y gatos (derecha) para el cohete Véronique (CNES).

Antes de su vuelo, los dos gatos fueron sometidos a una operación de diez horas para implantarles los electrodos craneales correspondientes. En un principio Félix sería el elegido para la misión, pero inexplicablemente escapó antes del vuelo. Quizás se olió algo o no, quién sabe, pero a raíz de su fuga Félicette fue ascendida de ‘suplente’ a ‘tripulación principal’. La gata despegó desde Hammaguir el 18 de octubre de 1963 a las 08:09 hora local mediante el cohete Véronique AGI47 y poco después alcanzó una altura récord de 156 kilómetros. La gata pudo disfrutar de cinco minutos de ingravidez en su pequeño contenedor. Ningún gato había llegado tan lejos. La cápsula aterrizó según lo previsto 13 minutos después del lanzamiento. Félicette estaba viva, aunque algo magullada. La telemetría mostró que el animal había experimentado hasta 9,5 g durante el ascenso y 7 g en el regreso a la Tierra. Félicette se convirtió en una celebrity, pero su imagen con el aparatoso electrodo implantado en el cráneo removió más de una conciencia. Ni que decir tiene, los colectivos protectores de animales franceses montaron en cólera.

Introduciendo el contenedor en el cohete (CNES).
Vuelo de Félicette (CNES).
Constantes vitales de la gata en el vuelo (CNES).

El 24 de octubre de 1963 despegó otro gato desde Hammaguir en el cohete Véronique AGI50, pero moriría pocos minutos después por culpa de una explosión en el lanzador. Su nombre -si lo tuvo- nunca fue hecho público, suponemos que para reducir los efectos mediáticos de la tragedia. En todo caso, el desdichado felino no alcanzó el espacio y solamente llegó a 88 kilómetros de altura. Tras el fracaso, Francia suspendió los vuelos suborbitales de felinos, por lo que a día de hoy Félicette continúa siendo el único gato que ha superado los cien kilómetros de altura. Y algo me dice que su récord no será superado en mucho, mucho tiempo.

PD: Félicette fue la primera gata en el espacio, pero no la única en experimentar la microgravedad. Como muestras, miren este experimento en vuelo parabólico con gatos norteamericanos:


9 Comentarios

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Dr. CousteauDr. Cousteau

Es que no hacía falta meterle semejante frankensteinada en la cabeza al pobre bicho. No entiendo por qué hicieron eso, ni le veo necesidad (desde luego no la tuvieron soviéticos ni americanos) ni tampoco la menor utilidad frente a los habituales electrodos de toda la vida que además ya eran los normales en aquella época incluyendo estudios veterinarios.

Lo que sí quisiera aprovechar el post es para discutir la ubicación del centro de lanzamiento. Obviamente, tras la guerra de Argelia Francia tuvo que reubicar su centro de lanzamiento (lo cual fue una pena, porque una Argelia independiente podría tener un centro próximo a Europa tal y como Baikonur no es ruso -que ruso nunca fue), claramente la ubicacion de Kourou es óptima (sólo el centro brasileño tiene una ubicación mejor en todo el planeta), así que entiendo que los costes de transporte han jugado en las decisiones, aunque desde luego no estoy seguro: ¿de verdad es más barato llevar cohetes por todo el desierto argelino, una vez transportados en tren y barco desde Francia continental, que llevar las piezas hasta la Guayana en barco que a fin de cuentas son los fletes más baratos?

Es un tema que nunca lo he visto claro, igual que la decisión de ubicar Baikonur. Para mí siempre fue mejor sitio las orillas occidentales del Caspio. Imagino que en el fondo juega la política en estas cosas, y no estrictamente cálculos ingenieril-económicos.

Dr. CousteauDr. Cousteau

Pero si es lo que estoy diciendo. Las costas occidentales (y las orientales) del Caspio están bastante más al sur que Baikonur, Baikonur está a 45º N, una latitud aproximada que un punto medio entre La Rochelle y Burdeos; el punto más meridional de Azerbaiyán en la costa del Caspio está a 38º N, más al sur que Badajoz .Y obviamente Kourou mucho más que el punto más meridional de Argelia. Y vuelvo a insistir, es más barato transportar las cosas por el Volga y luego el Caspio que por ferrocarril, y en condiciones climatológicas peores (y ya ni hablemos de llevarlas a mitad del Sáhara). Y por no entrar en consideraciones puntuales, la climatología del desierto la única ventaja que tiene es la falta de humedad, porque los extremos térmicos crean más problemas que otra cosa.

Daniel Marín

Dr. Cousteau: como te comento más abajo, la razón para elegir Baikonur -además de la baja latitud- es que estaba lejos de los sistemas de escucha de los EEUU situados en Turquía. Además, las montañas del Cáucaso dificultaban las comunicaciones. El Mar Caspio también era un obstáculo en vez de una ventaja porque no se podían instalar estaciones de seguimiento y control para el R7 (en un primer momento el misil estaba guiado desde tierra), entre otros factores…

Saludos.

Miguel Rodríguez

A mi me parece que las circunstancias en uno u otro caso son muy distintas. La Argelia recien independizada y coyunturalmente hostil a Francia, difícilmente podría aceptar la presencia de la antigua metrópoli en la forma de este centro de lanzamiento. Mientras tanto, el centro espacial de Baikonur, en efecto está en Kazajstán, pero no dejaba de estar en la URSS. La utilización de Baikonur suponía operar en otra república soviética pero se seguía dentro del ámbito de la unión.

Dr. CousteauDr. Cousteau

Pero a ver, me explico mejor. En realidad yo creo que los “clásicos” (salvo los chinos) están todos mal ubicados xD.

Primero, las razones por las cuales la URSS (que en aquel momento a nadie se le pasó por la cabeza que se iba a desintegrar algún día) escogió Baikonur, las ignoro. Ya sé que era parte de la URSS, pero me refiero a que como ubicación física, tanto por climatología cuanto por comunicaciones (el Volga desemboca en el Caspio), pienso que una mejor ubicación para un centro de lanzamiento sería algún lugar en la cosa occidental del Caspio, que además está considerablemente más cerca del Ecuador. Razones tuvo que haberlas, y obviamente de peso, por eso las pregunto, por si alguien las sabe.

En el caso de Francia, que tampoco se les pasó por la cabeza (supongo) que la “francesísima” Argelia fuera a independizarse, el problema es el mismo: entre escoger una base en el desierto, y otra con acceso marítimo y mucha mejor ubicación, podrían haber escogido ya desde el principio Kourou. Sé muy bien que estoy en los años primeros 60 (en realidad, finales 50), pero los costos son proporcionales a los actuales, e insisto: ¿no les salía mejor fletar todo a la Guayana que un recorrido mucho más peliagudo a la mitad del Sáhara? Por demás, siempre es mejor que etapas de cohetes caigan en un mar que que en tierra firme.

Luego a mayores añado el cierre de las instalaciones francesas. Ya sé que la guerra de Argelia terminó como terminó, pero una vez que las instalaciones están hechas (más que las propias instalaciones, toda la logística para acceder y transportar hasta ellas), no sé qué sentido tiene cancelar todo. Argelia estaría encantada de la vida de cobrarle a Francia como lo está Kazajstán con Rusia, así que supongo que el motivo del cierre debió estar en la contraparte francesa, es decir: política. Porque el peso de Francia en Argelia nunca ha dejado de ser el que es.

Dicho sea de paso, España perdió una oportunidad impresionante (como todo lo de este país, campeón mundial de promesas y proyectos que siempre abortan) de ubicar un centro de lanzamiento en el Sáhara Occidental (ecológicamente hará menos estropicios que en Guinea Ecuatorial, aparte de que no se sobrevuela zonas habitadas), que hoy podría ser una importante fuente de ingresos para un Sáhara independiente.

XeloXelo

¿Como se puede ser tan cruel con los pobres animales?, que pena que en honor a la ciencia se sacrifique el honor humano. Por muchos avances que puedan existir, NUNCA JUSTIFICAN, de ningún modo, la barbarie de experimentar y maltratar a los animales, sea un gato, sea un ratón, sea una mosca. Me apena mucho.

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