Bienvenidos al programa número 46 de Radio Skylab, un programa lleno de incógnitas. En esta ocasión dedicamos el programa completo a la pregunta del trillón de mundos: ¿Estamos solos en el universo? ¿Existen otras civilizaciones en nuestra galaxia? ¿Podríamos comunicarnos? Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por las fronteras del conocimiento. Fieles a la cita las secciones de retroalimentación y recomendaciones.

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Club de la lectura y concurso El marciano

Nuestro segundo club de la lectura es El marciano, de Andy Weir. Además, hemos puesto en marcha un nuevo concurso de relatos cortos. Los tres finalistas recibirán un libro firmado por los cuatro componentes de Radio Skylab, ejemplares cedidos por la editorial Nova. Más información en el programa. Para enviar los relatos, nuestra dirección de correo-e es <radioskylab.es@gmail.com>.

¿Cuánto puede costar construir una «simple» torre de servicio para un cohete? Pues si hablamos del futuro SLS de la NASA el precio puede alcanzar los mil millones de dólares. Como lo oyen. Y no, no es broma. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Veamos. El SLS usará, al igual que el Saturno V, una torre de servicio para gestionar la transferencia de propergoles, gases, datos y electricidad que se desplaza con la plataforma móvil (crawler transporter) que lleva el cohete a la rampa 39B del Centro Espacial Kennedy (KSC). El transbordador espacial no empleaba una torre de servicio móvil, sino una fija situada en la rampa, de ahí que haya sido necesario construir desde cero esta torre, denominada ML (Mobile Launcher). En realidad, no exactamente desde cero, ya que la ML del SLS deriva de la torre construida para el cancelado cohete Ares I del Programa Constelación.

La torre ML del SLS (NASA).
La torre ML del SLS (NASA).

La ML del SLS es una estructura imponente, con una altura de unos 120 metros y una masa superior a las cuatro mil toneladas. Y, por si fuera poco, debe ser capaz de aguantar el traslado entre el edificio de ensamblaje VAB y la rampa 39B. No en vano el SLS será el cohete más grande y potente en servicio, con una capacidad para situar 70 toneladas en órbita baja en su versión Block 1. A pesar de todo, resulta un pelín complicado justificar que el coste de esta estructura alcance… ¡910 millones de dólares!

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Después de muchos años de espera España ya tiene su primer satélite espía en órbita. El 22 de febrero de 2018 a las 14:17 UTC el satélite PAZ y dos prototipos de la futura megaconstelación Starlink de SpaceX fueron lanzados mediante un Falcon 9 v1.2 (F9-50) desde la rampa SLC-4E de la Base Aérea de Vandenberg (California). La primera etapa del Falcon 9, la B1038, era la última de tipo Block 3 y ya había volado previamente en la misión que lanzó el Formosat 5 en agosto de 2017. Al igual que en las anteriores misiones en las que se ha reutilizado una etapa Block 3 no se intentó recuperar y fue desechada. De hecho, para esta misión ni siquiera se instalaron las patas del tren de aterrizaje. En la anterior misión que se desechó una etapa Block 3, durante el lanzamiento del Govsat 1 el pasado enero, la etapa no fue recuperada, pero amerizó suavemente en el océano de una pieza y fue necesario destruirla con explosivos para evitar que supusiera un peligro para la navegación (y, de paso, evitar cualquier tentación de espionaje por parte de otras empresas o gobiernos).

Lanzamiento de PAZ (SpaceX).
Lanzamiento de PAZ (SpaceX).

Tras esta misión SpaceX ha reutilizado nueve etapas, de las cuales se han desechado tres, todas ellas de tipo Block 3. Ninguna ha efectuado más de dos misiones. Se desconoce cuántas veces podrán ser reutilizadas las etapas actuales, de tipo Block 4 (a partir de este año las nuevas etapas de tipo Block 5 se podrán reutilizar hasta diez veces sin operaciones de mantenimiento). Esta misión fue el primer vuelo de la cofia 2.0, ligeramente más grande y dotada de sistemas para su recuperación. Una de las mitades de la cofia usó el sistema de control de posición mediante nitrógeno y abrió un parapente para dirigirse a un lugar predeterminado del Pacífico, donde estaba esperándola el barco Mr. Steven con una red desplegada para cogerla en vuelo. Sin embargo, no pudo ser: la cofia amerizó suavemente a unos pocos cientos de metros del barco y quedó flotando en la superficie. Cada cofia le cuesta a SpaceX unos seis millones de dólares. Su reutilización no es por tanto una prioridad en un principio, pero si durante los próximos años la empresa de Elon Musk logra alcanzar el elevado ritmo de lanzamientos previsto sí que podría suponer un ahorro significativo. Nunca hasta la fecha se había intentado la recuperación de una cofia en un lanzamiento orbital (SpaceX ha probado en misiones anteriores elementos del sistema de recuperación, pero esta era la primera vez que se intentaba recuperar la mitad de una cofia intacta).

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Cuando el 25 de enero de 2004 el rover Opportunity aterrizó en Marte nadie podía imaginar que seguiría vivito y coleando nada más y nada menos que cinco mil soles después. Cinco mil días en Marte, una cifra redonda que superó el pasado viernes día 16 de febrero. O lo que es lo mismo, casi 5138 días terrestres (el día marciano, o sol, dura 39 minutos más que el día terrestre). Opportunity había sido diseñado, como su hermano gemelo Spirit, para una misión primaria de solo tres meses. Y por entonces incluso esta cifra parecía un imposible. Pero, contra todo pronóstico, ha aguantado las inclemencias meteorológicas —léase tormentas de polvo y dust devils— y las bajas temperaturas del planeta rojo. En su 4999º sol Opportunity obtuvo esta bella foto de un amanecer marciano con sus característicos tonos azulados:

Amanecer en el cráter Endeavour visto por Oppy en su sol 4999 (NASA/JPL).
Amanecer en el cráter Endeavour visto por Oppy en su sol 4999 (NASA/JPL).

Esta bella imagen es una de las últimas de las cerca de 225.000 que la veterana sonda ha obtenido en el transcurso de su misión. Opportunity se encuentra ahora en el borde del cráter Endeavour, de 22 kilómetros de diámetro, y desde mayo de 2017 está en el «valle de la Perseverancia» (Perseverance Valley), que, a pesar de su rimbombante nombre, es un canal poco llamativo que se dirige al suelo del cráter. La pendiente del cráter, que varía entre los 15º y los 22º, es la última zona que le ha tocado estudiar a Opportunity después de recorrer cerca de 45 kilómetros en estos catorce años desde que aterrizó en Meridiani Planum.

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Después de varios años de espera, la empresa SpaceX está lista para introducir la última versión de su lanzador Falcon 9. La versión, conocida como Block 5, debutará el próximo mes y promete facilitar todavía más la reutilización de las primeras etapas, lo que permitirá a su vez aumentar el ritmo de vuelos y consolidar el modelo de negocio de la empresa, basado como todos sabemos en la reducción de costes de lanzamiento gracias a la reutilización. El Block 5 debe ser además la versión definitiva del Falcon 9. Según Elon Musk ya no se introducirán más modificaciones importantes de este lanzador hasta la entrada en servicio del cohete gigante BFR, que debe sustituir al Falcon 9 y al Falcon Heavy en la próxima década.

(Buzz Space Models/@Oli_Braun).
Cohetes Falcon 9 v1.2 (izquierda), Falcon Heavy y Falcon 9 Block 5 (derecha) (Buzz Space Models/@Oli_Braun).

Antes de nada conviene aclarar la confusa nomenclatura que emplea SpaceX con el Falcon 9. Musk es enemigo de complicarse la vida e intenta reducir el número de acrónimos y siglas lo máximo posible, de ahí que oficialmente el nombre del lanzador sea simplemente Falcon 9 a secas. Pero, como ya vimos en una entrada anterior, hasta la fecha se han construido tres versiones principales del Falcon 9, denominadas v1.0, v1.1 y v1.2. La v1.0, en servicio entre 2010 y 2013, era realmente un cohete distinto, bastante más pequeño y menos potente. La versión actual, la v1.2, lleva en servicio desde 2015 y también se denomina FT (Full Thrust). Esta es la versión con la que SpaceX ha logrado recuperar y reutilizar sus etapas. Además de estas versiones principales existen variantes menores denominadas Blocks cuyas características precisas son secretas.

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La empresa española PLD Space no solo sigue adelante con sus planes para lanzar cohetes espaciales desde territorio español, sino que van a toda máquina. Ahora sí que podemos decir que nunca antes nuestro país ha estado más cerca de desarrollar un sistema de lanzamiento orbital propio. En los últimos meses PLD Space ha superado varios hitos que la afianzan como una empresa sólida y la acercan a su meta de llevar a cabo la primera misión suborbital del Arion 1 el año que viene. Por si alguien no está al tanto del recorrido de PLD Space, lo mejor es que hagamos un pequeño resumen histórico antes de centrarnos en las novedades.

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Recreación del lanzamiento del Arion 2. La primer etapa vuelve a la Tierra para ser recuperada (PLD Space).

PLD Space nació en 2011 de la mano de dos jóvenes de Elche, Raúl Torres y Raúl Verdú, con el —¿loco?— objetivo de desarrollar el cohete suborbital Arion 1 y el pequeño lanzador orbital Arion 2. Y digo loco, porque dejando a un lado el escaso interés de nuestros gobernantes en estos temas, en España no había ninguna experiencia con lanzadores de combustible líquido (el programa Capricornio del INTA de los años 90, que como todos sabemos no llegó a buen puerto, se basaba en cohetes de combustible sólido y, en parte, en tecnología estadounidense). Pese a todo, en 2013 consiguieron atraer cerca de un millón de euros procedentes más de veinte inversores privados y en 2015 inauguraron su banco de pruebas para motores de combustible líquido en el aeropuerto de Teruel. Ese mismo año comenzaron las pruebas con prototipos de motores para el Arion. Estas instalaciones, únicas en España, serían usadas también por la agencia espacial alemana DLR dentro del marco del programa SMILE (Small Sat Launcher).

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¡Sí! ¡Ya está aquí! Éste es el esperado programa número 45 de Radio Skylab. Este sí es el especial del Falcon Heavy donde analizamos con todo detalle el lanzamiento de prueba del cohete comercial más potente en servicio. El programa está dividido en cuatro secciones. En la primera, hablamos sobre los cohetes Falcon. En la segunda, revivimos el primer lanzamiento del Falcon Heavy. En la tercera sección, hablamos sobre la extraña carga inútil del Falcon Heavy. Y finalmente, hablamos del impacto de SpaceX y el Falcon Heavy en la industria aeroespecial. Únete a Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Carlos Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) en esta misión de exploración por las fronteras del conocimiento. Más las preguntas de los oyentes y nuevas recomendaciones.

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El pasado 6 de febrero tuvo lugar un hecho insólito. La primera misión del cohete Falcon Heavy del SpaceX lanzó un coche eléctrico Tesla Roadster propiedad de Elon Musk en una órbita alrededor del Sol. Por si fuera poco, tras el volante se encontraba un maniquí con la escafandra de SpaceX que fue bautizado como Starman. Inicialmente estaba previsto que el coche quedase situado en una órbita de transferencia de Hohmann hacia Marte, esto es, con su afelio —el punto más lejano al Sol— en la órbita del planeta rojo y el perihelio en la órbita de la Tierra. Eso sí, de tal forma que el coche no pasase cerca de Marte propiamente dicho. Sin embargo, poco después del lanzamiento el propio Musk anunció que el Roadster había sido inyectado en una órbita con un afelio en el cinturón de asteroides, una afirmación que pronto fue puesta en tela de juicio por muchos observadores. Entonces, ¿cuál es la órbita final del coche espacial? ¿Existe alguna posibilidad de que acabe chocando con la Tierra o Marte? Y si es así, ¿cuándo?

Última imagen de Starman con la Tierra al fondo una vez situado en una trayectoria de escape (SpaceX).
Última imagen de Starman con la Tierra al fondo una vez situado en una trayectoria de escape (SpaceX).

De entrada conviene dejar claro que el Roadster no dispone de ningún sistema de guiado, navegación o comunicaciones y poco después del tercer encendido de la segunda etapa del Falcon Heavy que proporcionó al vehículo la velocidad de escape con respecto a la Tierra se perdieron las comunicaciones con el coche y su poco expresivo piloto. El Roadster permanecerá unido a la segunda etapa del lanzador, que es mucho más grande, lo que ha permitido que haya podido ser visto a mayor distancia (en un principio se creía que el Roadster se separaría de la segunda etapa, pero no ha sido así). El 8 de febrero el coche atravesó la órbita lunar, pasando a una distancia mínima de 140.000 kilómetros de nuestro satélite a las 02:20 UTC. El día 12 sobrepasó la esfera de Hill de nuestro planeta, es decir, la zona de influencia del campo gravitatorio terrestre. A partir de ese momento el Roadster estaba oficialmente en el espacio interplanetario.

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El primer carguero de 2018 para la estación espacial internacional (ISS) ya está en camino. El 13 de febrero de 2018 a las 08:13 UTC la corporación estatal rusa GK Roscosmos lanzó un cohete Soyuz-2.1a desde la Rampa Número 6 (PU-6 o 17P32-6) del Área 31 del cosmódromo de Baikonur con la nave de carga Progress MS-08 (Progress 11F615 nº 438), también denominada 69P de acuerdo con la nomenclatura de la NASA. La nave llevaba 2.746 kg de carga para los seis astronautas de la ISS. La órbita inicial fue de 186 x 223 kilómetros de altura y 51,7º de inclinación. Este ha sido el segundo lanzamiento orbital de Rusia en lo que llevamos de 2018 y el segundo de un cohete Soyuz. Exteriormente esta Progress se diferencia de las anteriores por llevar seis radiadores pertenecientes al experimento Fasoperejod. Se trata de un prototipo de sistema de radiadores a base de amoniaco que serán puestos a prueba durante los meses que estará la Progress acoplada a la ISS.

Lanzamiento de la Progress MS-08 (Roscosmos).
Lanzamiento de la Progress MS-08 (Roscosmos).

La Progress MS-08 debía haber despegado dos días antes para llevar a cabo un acoplamiento récord con la ISS en tan solo dos órbitas (3,5 horas), pero un problema con el ordenador del cohete obligó a posponer el lanzamiento durante los últimos segundos de la cuenta atrás (el ordenador central tuvo que ser sustituido). Por este motivo la Progress MS-08 usará la tradicional secuencia de aproximación de dos días y se acoplará con el puerto trasero del módulo Zvezdá de la ISS el 15 de febrero a las 10:43 UTC. La Progress MS-07 también intentó realizar la maniobra de aproximación en dos órbitas, pero no pudo lograrlo por un retraso similar. Actualmente las naves Soyuz y Progress suelen usar una aproximación de seis horas (cuatro órbitas) como técnica estándar, aunque en caso necesario se sigue empleando la aproximación de dos días.

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El Falcon 9 de SpaceX ha revolucionado la industria de lanzadores espaciales por su capacidad para reutilizar la primera etapa y, un factor que a veces se nos olvida, por la sencillez de su diseño. Este último punto hace que el Falcon 9 guarde ciertas similitudes con varios lanzadores rusos, de ahí que mucha gente se plantee si en este país no se ha estudiado responder al desafío de SpaceX con un lanzador similar. Quizás la propuesta de vector ruso más parecida al Falcon 9 haya sido el Rossiyanka (Россиянка, «rusa»). Este cohete de la empresa GRTs Makeyev, tradicionalmente a cargo de la construcción de los misiles balísticos rusos lanzados desde submarinos, debía tener dos etapas y la primera sería reutilizable con el objetivo de abaratar los costes de lanzamiento.

Cohete Rossiyanka con una primera etapa reutilizable ()
Cohete Rossiyanka con una primera etapa reutilizable (GRTs Makeyev).

Ambas etapas usarían metano (gas natural) y oxígeno líquido para favorecer la reutilización. La primera etapa tendría un curioso aspecto achatado al estar dispuestos los tanques de propelentes a los lados del eje principal. Esta forma obedecía al deseo de los diseñadores de aumentar el control de la etapa durante el vuelo de regreso, ya que de este modo el centro de masas no variaría tanto como si la etapa tuviese una forma convencional (como la del Falcon 9). La primera etapa dispondría de cinco motores y, tras su separación a unos 60 kilómetros de altura y 1,5 km/s de velocidad, realizaría un encendido para volver al lugar de lanzamiento, seguido de otro para frenar la velocidad de reentrada atmosférica después de haber superado los cien kilómetros de altura en su trayectoria. Por último, el encendido final para el aterrizaje se produciría a un kilómetro de altura. Seguro que este esquema nos suena a todos, porque es muy parecido al que usa SpaceX en sus misiones.

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