Venus es el gran olvidado de la exploración planetaria a pesar de ser el planeta más cercano a la Tierra. Sí, es un infierno en cuya superficie la presión atmosférica es insoportable y la temperatura alcanza los 470º C. Día y noche. Pero a pesar de sus condiciones hostiles, Venus es un enigma que debemos resolver si queremos saber cómo de frecuentes son los planetas habitables similares a la Tierra. Por eso la comunidad científica ha señalado una y otra vez el estudio de Venus como una de las prioridades de la exploración del sistema solar. Y sin embargo, apenas se han enviado misiones al ‘gemelo de la Tierra’. La ESA mantuvo la sonda Venus Express alrededor de Venus entre mayo de 2006 y enero de 2015, y en estos momentos la agencia japonesa JAXA tiene a Akatsuki en órbita desde diciembre de 2015, pero ambas sondas son orbitadores que se centran en el estudio de la atmósfera de Venus. Sin desmerecer el trabajo de estas misiones, lo que la comunidad científica demanda es una misión que explore la superficie y la atmósfera in situ o, en su defecto, que cartografíe la superficie mediante radar —la superficie de Venus no se puede observar en el visible desde la órbita— con una resolución mayor que la alcanzada por la sonda Magallanes en los años 90.

Maqueta de sonda china para el estudio de Venus con un radar de apertura sintética y una sonda atmosférica (Long Wei, China Daily/http://gbtimes.com)
Maqueta de sonda china para el estudio de Venus con un radar de apertura sintética y una sonda atmosférica (Long Wei, China Daily/http://gbtimes.com)

Pero la NASA no ha aprobado una misión a Venus desde Magallanes a pesar de que se han presentado múltiples propuestas en estas últimas décadas. De hecho, en la última selección de misiones Discovery la agencia espacial norteamericana desechó dos propuestas de sondas para el estudio de Venus, VERITAS y DAVINCI, en favor de dos misiones para analizar asteroides, Psyche y Lucy. Es posible que en 2019 la NASA escoja una sonda a Venus como la próxima misión de tipo New Frontiers, pero por el momento toca esperar. O, mejor dicho, tocaba, porque ya tenemos en camino una nueva misión a Venus. Pero no será una sonda de la NASA, sino china.

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El 13 de enero de 2017 a las 11:20 UTC los astronautas miembros de la Expedición 50 Shane Kimbrough (NASA) y Thomas Pesquet (Francia/ESA) llevaron a cabo el paseo espacial número 39 desde el segmento norteamericano de la estación espacial, la US-EVA 39. La actividad extravehicular, que duró 5 horas y 58 minutos, sirvió para completar las tareas de instalación de baterías realizadas durante la US-EVA 38, realizada el pasado 6 de enero. Para Kimbrough esta fue su cuarta EVA, mientras que Pesquet realizaba la primera de su carrera. Pesquet se ha convertido en el cuarto astronauta francés en realizar un paseo espacial, tras Jean-Loup Chrétien, Jean-Pierre Haigneré y Philippe Perrin.

Pesquet durante la EVA 39 (NASA).
Pesquet durante la EVA 39 (ESA).

En la EVA 39 Kimbrough usó el traje EMU 3008 con bandas rojas de EV1 y Pesquet usó la escafandra EMU 3006 blanca como EV2. El dúo completó la instalación de las nuevas baterías de ion litio en el segmento S4 del lado estribor de la viga central de la estación. Kimbrough salió primero de la esclusa Quest. Tras alcanzar la IEA (Integrated Equipment Assembly), la estructura que alberga las baterías del segmento S4, instalaron tres placas adaptadoras para las nuevas baterías. Estas tres nuevas baterías serán instaladas de forma remota por el brazo robot Canadarm 2 usando el manipulador Dextre.

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Se nos ha ido uno de los grandes: Eugene Cernan, astronauta de la NASA que pisó la Luna durante la misión Apolo 17. Cernan fue junto a Harrison Schmitt el último ser humano que visitó nuestro satélite en 1972. Desde entonces nadie ha vuelto a explorar la superficie de la Luna. Cernan se unió a la NASA como parte del tercer grupo de astronautas que seleccionó la agencia espacial norteamericana en 1963. Voló al espacio por primera vez en 1966 en la Gémini 9 junto a Thomas Stafford. Pero sin duda será recordado principalmente por su participación en las misiones lunares Apolo 10 y Apolo 17.

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Su primer viaje a la Luna fue junto a Tom Stafford y John Young en mayo de 1969 como piloto del módulo lunar Snoopy, una misión que fue el ensayo general del histórico alunizaje del Apolo 11. Como comandante del Apolo 17 vivió más de tres días en el valle de Taurus-Littrow, durmiendo dentro del módulo lunar Challenger. Cernan y John Young han sido los dos únicos seres humanos que han participado en dos misiones lunares y han pisado la superficie de la Luna. Ya solo quedan entre nosotros seis personas que hayan caminado sobre otro mundo: Buzz Aldrin (Apolo 11), Alan Bean (Apolo 12), David Scott (Apolo 15), John Young (Apolo 16), Charlie Duke (Apolo 16) y Harrison Schmitt (Apolo 17). Solo seis moonwalkers, exactamente la mitad de los que originalmente existieron.

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Como es sabido, el mercado de satélites de pequeño tamaño está en pleno apogeo, de ahí la necesidad de desarrollar lanzadores de reducidas dimensiones adecuados para esta tarea. Pero por el momento nadie ha llegado tan lejos como Japón y su diminuto SS-520-4, un cohete de tres etapas que es el más pequeño del mundo capaz de alcanzar la órbita terrestre. El 14 de enero de 2017 a las 23:33 la agencia espacial japonesa JAXA lanzó el nanolanzador SS-520-4 desde el centro espacial de Uchinoura con el cubesat TRICOM 1 a bordo, pero lamentablemente la telemetría del vehículo se perdió unos veinte segundos tras el despegue, once segundos antes del fin de la ignición de la primera etapa. La segunda etapa no se separó de acuerdo con las normas de seguridad y el cohete trazó una trayectoria balística con un apogeo de 200 kilómetros antes de caer en el Pacífico. A pesar del fracaso, se trata de un hito histórico: nunca antes se había lanzado un cohete para situar en órbita un único cubesat.

El nanolanzador japonés SS-520-4 (JAXA).
El nanolanzador japonés SS-520-4 (JAXA).

El TRICOM 1 era un cubesat de tipo 3U de 3 kg de masa construido por la Universidad de Tokio dotado de cámaras para observación de la Tierra. La órbita planeada inicial era de unos 180 x 1500 kilómetros de altura y 31º de inclinación, y debía alcanzarse tras solo cuatro minutos de vuelo, todo un récord.

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SpaceX ha vuelto a lanzar un cohete Falcon 9 con éxito. Después de la explosión que sufrió un Falcon 9 el 2 de septiembre de 2016 en Cabo Cañaveral, la empresa había suspendido todas sus misiones hasta que se aclarasen las causas del accidente. El 14 de enero de 2017 a las 17:54 UTC despegó al fin un Falcon 9 v1.2 (F9-30) desde la rampa SLC-4E de la Base de Vandenberg (California) con diez satélites Iridium NEXT. Se trata de la primera de siete misiones que SpaceX debe llevar a cabo para poner a cabo setenta satélites de comunicaciones de la constelación Iridium NEXT. La primera etapa, denominada B1029, fue recuperada y aterrizó en la barcaza ASDS Just Read the Instructions, situada en el Pacífico frente a la costa californiana. Es la primera vez que SpaceX logra recuperar una etapa en un lanzamiento desde Vandenberg después de que una se estrellase contra la barcaza en enero de 2016. Con esta, SpaceX ya ha recuperado siete etapas de un Falcon 9, seis de ellas usando barcazas en alta mar. La órbita inicial, alcanzada tras dos encendidos de la segunda etapa, fue de 670 kilómetros de altura y 86,4º de inclinación. Este ha sido el tercer lanzamiento orbital de 2017 y el primero de EE UU. También ha sido el décimo lanzamiento de un Falcon 9 v1.2 y el noveno exitoso.

lanzamiento de los diez primeros satélites Iridium NEXT (SpaceX).
Lanzamiento de los diez primeros satélites Iridium NEXT (SpaceX).

El accidente del pasado septiembre fue debido a un incremento repentino de la presión dentro del tanque de oxígeno líquido de la segunda etapa por culpa de la ruptura de un contenedor de helio. Aparentemente el oxígeno líquido se quedó atrapado en huecos situados entre las paredes de aluminio y el recubrimiento de material compuesto del tanque de helio, ocasionando su ruptura y la posterior explosión. Para evitar accidentes similares en el futuro, SpaceX ha decidido doblar el tiempo de carga del oxígeno líquido y reducir así los contrastes térmicos.

La primera etapa tras el aterrizaje en la barcaza Just read the instructions (SpaceX).
La primera etapa tras el aterrizaje en la barcaza Just read the instructions (SpaceX).

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El 12 de enero de 2017 se cumplió el 110º aniversario del nacimiento del mítico ingeniero jefe, el padre del programa espacial soviético: Serguéi Pávlovich Koroliov. En realidad habría que matizar la fecha, porque Koroliov, como muchos ciudadanos del antiguo Imperio Ruso, celebraba su cumpleaños según el antiguo calendario juliano, no el gregoriano, que estuvo vigente hasta 1917 (de acuerdo con este calendario Koroliov nació el 30 de diciembre). De Serguéi Pávlovich hemos hablado largo y tendido en muchas entradas de Eureka. Sin embargo, me gustaría aprovechar esta fecha para abordar un tema recurrente en el blog que, aunque parezca tener una importancia menor, no deja de ser curioso. Me refiero a la cuestión lingüística acerca de si debemos escribir Koroliov —o Korolyov— o Korolev. ¿La respuesta? Pues hay dos, una simple y otra más compleja. La primera es que da igual y ambas son correctas. Pero si te interesa la segunda, sigue leyendo.

Monumento a Koroliov en Baikonur (Eureka).
Monumento a Koroliov en Baikonur (Eureka).

Si el ruso se escribiese usando el alfabeto latino, no habría problema. Simplemente usaríamos la ortografía del idioma para representar los nombres en ese idioma, independientemente de su pronunciación real. Pero, como todos sabemos, el ruso emplea el alfabeto cirílico (en realidad, una de las muchas variantes del cirílico que existen). Y como no es factible que todo el mundo conozca este alfabeto, debemos transliterar los nombres rusos al español. Pero es aquí donde las cosas se complican, porque no hay una única forma de transliterar el alfabeto cirílico, sino que depende del idioma de destino, ya que en cada idioma cada letra puede representar fonemas distintos. De ahí que la transliteración, o romanización, del ruso al castellano no sea idéntica a la usada para el inglés, el francés o el alemán.

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De los más de 3500 planetas extrasolares descubiertos hasta la fecha apenas sabemos nada sobre ellos más allá de su órbita, su masa aproximada o su tamaño. Solo en unos pocos casos conocemos al mismo tiempo la masa y las dimensiones, un requisito necesario para determinar la densidad. Con este dato ya podemos comenzar comparar los exoplanetas con los planetas de nuestro sistema solar con el fin de encontrar las semejanzas y diferencias con respecto a los mundos ya conocidos. Y uno de los descubrimientos más importantes de estos últimos años es que planetas con la misma densidad pueden ser radicalmente distintos. ¿Por qué? Pues porque aquí entra en juego la composición química.

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Izquierda, posible composición interna de un planeta del sistema Kepler 102, con una proporción de silicio similar al Sol. A la derecha, un planeta granate alrededor de Kepler 407 (Robin Dienel, Carnegie DTM).

La proporción de elementos que encontramos en el sistema solar es más o menos universal, pero pequeños cambios en la abundancia relativa de algunos de ellos pueden dar como resultado planetas muy distintos y fascinantes. Quizás el caso más famoso es el de los planetas de carbono, mundos exóticos con mantos de diamante que podrían existir en sistemas donde la proporción entre el carbono y el oxígeno es mayor que la encontrada en el sistema solar. Más recientemente varios astrónomos han sugerido la posibilidad de que existan mundos granate, o lo que es lo mismo, planetas con una mayor proporción de silicio que la solar.

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El equipo de Radio Skylab en colaboración internacional con Snegúrochka, Papá Noel y los Reyes Magos entregaron la semana pasada el programa número 12. Los contenidos son muy variados. Por un lado, echamos un vistazo a los eventos más destacados de 2016: el planeta Proxima b, la sonda Juno, las ondas gravitacionales y la misión Gaia. Por otra parte, miramos hacia 2017 y adelantamos algunas de las posibles grandes noticias: el final de la misión Cassini, el lanzamiento del observatorio espacial TESS, la búsqueda del Planeta Nueve y el eclipse total de Sol de EEUU. Víctor Manchado (Pirulo Cósmico), Daniel Marín (Eureka), Kavy Pazos (Mola Saber) y Víctor R. Ruiz (Infoastro) te invitan a una nueva travesía por el espacio, la ciencia y otras curiosidades.

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China lanzó el 9 de enero de 2016 a las 04:11 UTC un cohete Kuaizhou 1A (KZ-1A) desde el centro espacial de Jiuquan con el satélite Linye 1 y los cubesats chinos Xingyun Shiyan 1 (XY-SY1/行云试验一号) y Kaidun 1 (Caton 1/凯盾一号). El lanzamiento lo llevó a cabo la empresa Expace Technology Co., Ltd., una rama de CASIC (China Aerospace Science and Industry Corporation), el contratista principal del programa espacial chino. Expace, que pretende cobrar unos diez mil dólares por cada kilogramo puesto en órbita, quiere cubrir el 20% de la cuota de mercado de pequeños satélites (suponiendo que las restricciones de exportaciones tecnológicas tipo ITAR lo permitan). Se trata de la primera misión del Kuaizhou 1A, una versión del lanzador Kuaizhou más potente. La órbita inicial fue de 528 x 543 kilómetros y una inclinación de 97,5º. Este ha sido el segundo lanzamiento orbital de 2017 y el segundo de China este año.

Lanzamiento del Kuaizhou 1A (Xinhua).
Lanzamiento del Kuaizhou 1A (Xinhua).

Jilin Linye 1

El Jilin 1 Lingqiao 3 (灵巧视频星03星), también conocido como Linye 1 (林业一号), es un satélite comercial de observación de la Tierra de 165 kg. Su objetivo es tomar imágenes de la superficie terrestre con una resolución de 1,3 metros y forma parte de la constelación de satélites de observación Jilin 1. Sus dimensiones son 1,1 x 5,5 x 1,3 metros y la vida útil es de tres años.

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Tenemos noticias frescas de nuestra startup espacial favorita, la empresa española PLD Space. Hoy mismo se ha hecho público que la compañía GMV colaborará con PLD Space en el desarrollo de los dos lanzadores que está construyendo, el Arion 1 (suborbital) y el Arion 2 (orbital). El acuerdo es muy importante dada la tremenda experiencia de GMV en sistemas de guiado, navegación y control (GNC) a nivel internacional, uno de los elementos más críticos en cualquier lanzador.

Equipo actual de PLD Space en la oficina del parque cientÌfico UMH junto con la maqueta a tamaÒo real del cohete suborbital ARION 1 (PLD Space).
Equipo actual de PLD Space en la oficina del parque científico UMH junto con la maqueta a tamaño real del cohete suborbital ARION 1 (PLD Space).

Además del sistema GNC, GMV se encargará de la telemetría y el software de ambos cohetes y colaborará con PLD Space en las operaciones de integración de los lanzadores, calificación y soporte en los lanzamientos desde El Arenosillo (Huelva). Gracias a este respaldo, PLD Space puede ahora tener acceso a una inversión total de 6,7 millones de euros. Ni que decir tiene, para PLD Space supone un apoyo fundamental en el arduo camino que es el desarrollo de los cohetes Arion 1 y Arion 2. Para GMV es una oportunidad de ganar experiencia en la construcción y operaciones de un lanzador espacial desde cero, aunque la empresa ya es responsable del sistema GNC del cohete Vega o el vehículo experimental IXV.

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